Poniendo nombre a los peces del mar. Comentario del libro Anecdotario y vivencias de un Ictiólogo (Anacefaleosis 1971 – 2018), de Domingo Lloris Samo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Conocí a Domingo Lloris Samo gracias a Isabel Izquierdo Moya, entonces investigadora en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC en Madrid, quien me comentó la posibilidad de que Domingo participase en un libro que estaba coordinando (Naturalistas en Debate). Isabel era una persona extraordinaria, una mujer especialmente generosa que, sin ninguna obligación por su parte, había apoyado en todo lo posible aquellos proyectos en los que le había invitado a participar. Así, en el libro-homenaje a Mariano de la Paz Graells, en el que se ponía de manifiesto que este naturalista nacido en Tricio (la Rioja) unos días antes que Darwin, había sido uno de los científicos más activos del XIX español y luego, proscrito. En uno de sus capítulos, Isabel Izquierdo Moya y Carolina Martín Albaladejo habían recopilado y presentaban la asombrosa producción bibliográfica de Graells. A la vista de aquel trabajo es lícito preguntarse: ¿Qué ha pasado aquí?, ¿Por qué al naturalista principal del XIX español no lo conoce nadie mientras que todo el mundo sabe que el abuelo de Darwin se llamaba Erasmus?

Han ocurrido varias cosas que han arrinconado un tipo de investigación tradicional y han favorecido otro tipo moderno. Para saber cuál es la diferencia fundamental entre ambas habrá que leer hasta el final este comentario. Analizar lo ocurrido es tarea compleja para la cual hay que tener en consideración la labor desarrollada por los investigadores en las líneas-clave de la biología, por ejemplo la taxonomía. Pero no sólo su trabajo es importante, sino que a él hay que añadir, en aquellos raros casos que lo permitan, un análisis meticuloso de sus opiniones personales que, a menudo, servirá para poner de manifiesto otras cuestiones más importantes y a las que normalmente los científicos no solemos prestar ninguna atención. Sí, me refiero a los sentimientos y por eso una recopilación biográfica escrita directamente de manos de un taxónomo y basada en las reflexiones que surgen en torno a sus experiencias puede ser una joya si encuentra quien pueda entenderla, interpretarla, y lo que es más difícil, adoptar las medidas necesarias para que la taxonomía vuelva a ser lo que merece: clave de la biología.

El libro dedicado a Graells al que me refería arriba, editado por el Instituto de Estudios Riojanos, era el primero de una trilogía en la que seguiría Naturalistas proscritos, editado por la Universidad de Salamanca y Naturalistas en Debate, editado por el CSIC. La base del desarrollo de la trilogía era la siguiente: Si Graells era un proscrito cuando se cumplían doscientos años de su nacimiento y proscritos como él hay docenas de naturalistas a lo largo de la historia reciente, entonces: ¿En qué consistía la cualidad de proscrito?  ¿A qué se debe que quien ha sido celebrado en una época venga a ser olvidado en otra? En parte, proponíamos la hipótesis de que el proscrito era el perdedor en un debate y por eso en el tercero de los libros de la serie se analizaban los debates de la historia natural, en qué consisten y en qué medida la historia natural propia de cada época responde a los intereses de quienes ostentan el poder. En este libro participó Domingo Lloris con un capítulo adecuadamente titulado Paradojas y Perplejidades de un taxónomo. Capítulo que comenzaba con una introducción en la que pronto se ponía de relieve un grave problema:

El taxónomo siente que la perplejidad le invade cuando constata que el investigador no sólo aplica mal un binomio sino que también recurre, sin cautela alguna, a las listas de especies depositadas en las bases de datos on line dando por sentada la bondad de las mismas, pero ha de saber que quien ignora los fundamentos de la Taxonomía o la Nomenclatura, sólo copia, sin saber qué copia.

Con el desarrollo espectacular de las tecnologías del DNA recombinante, la técnica ha invadido a la ciencia y lo que es de una importancia fundamental y constituye la cuestión clave en Biología se desprecia, se considera superado, obvio o simplemente se piensa (y se dice) que no merece la pena reflexionar sobre ello. En base a muestreos someramente descritos y nunca puestos en tela de juicio como describe el autor (ver página 62 y siguientes del libro) se construyen catálogos y se juega con los números de la biodiversidad (p. 78).  La investigación se financia con base a proyectos aplicados cuyo interés por la taxonomía es prácticamente nulo, o en el mejor de los casos queda supeditado al rendimiento económico. Entre las páginas 230 y 233 encontraremos una anécdota inolvidable al respecto en la que se pone de manifiesto la mentalidad de los biotecnólogos modernos, quienes piensan que todo está en la secuencia del DNA, lo cual es prueba de que han decidido establecer su propia pseudo-ciencia o neo-ciencia pasando por alto los fundamentos de la ciencia. Sus premisas son las conclusiones y en esto nos recuerdan a su santo patrono, Carlos Darwin.

No en vano los capítulos centrales del libro se dedican a la taxonomía. El Capítulo IV (Taxonomía, pp. 107-138) y el V (La importancia de los nombres, pp. 139-184).

Se habla de extinciones masivas, pero la misma expresión indica un problema: masivo no puede aplicarse a extinción. Es necesario saber  cuáles son las especies que se extinguen o se encuentran en peligro y para eso hay que saber cuáles son las que hay. Pero como decía el autor de este libro en el prólogo de su capítulo para el libro Naturalistas en Debate (“Paradojas y perplejidades de un taxónomo”) la única extinción perfectamente documentada es la de los taxónomos. La taxonomía no importa, no interesa en un mundo dominado por las ideas de competición y supervivencia del más apto. En definitiva las especies o variedades más aptas sobrevivirán porque siempre ha sido así: cree en lo más profundo de su ser el neo-científico que la naturaleza es sabia y que por ello sabrá recuperarse de los doscientos años a los que los creyentes en la selección natural la habrán sometido.

La taxonomía no se recupera de las acometidas de Darwin, quien en el Origen de las especies se cansó de confundir especies con variedades, despreciando el concepto de especie, base del estudio de la biodiversidad, fundamentando el estudio del origen de las especies en las variedades de granja y concluyendo con párrafos memorables, que contienen las mismas ideas con las que empezaba. Así por ejemplo al final de la introducción leemos:

I am fully convinced that species are not immutable; but that those belonging to what are called the same genera are lineal descendants of some other and generally extinct species, in the same manner as the acknowledged varieties of any one species are the descendants of that species. Furthermore, I am convinced that natural selection has been the most important, but not the exclusive, means of modification.

(Estoy plenamente convencido no sólo de que las especies no son inmutables, sino que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directos de alguna otra especie extinta  de la misma manera que las variedades reconocidas de cualquier especie son descendientes de ésta. Además, estoy convencido de que la selección natural ha sido el más importante, si no el único, medio de modificación.)

Y partiendo de esta base encuentra todo lo que espera o desea encontrar puesto que todo aquello que no encaje en su esquema será descartado y  en los párrafos finales tenemos:

Hereafter we shall be compelled to acknowledge that the only distinction between species and well-marked varieties is, that the latter are known, or believed to be connected at the present day by intermediate gradations, whereas species were formerly thus connected.

(En lo futuro nos veremos obligados a reconocer que la sola distinción entre especies y variedades bien marcadas es que de estas últimas se sabe, o se cree, que están unidas actualmente por gradaciones intermedias, mientras que las especies lo estuvieron en otro tiempo.)

Para continuar:

As all the living forms of life are the lineal descendants of those which lived long before the Cambrian epoch, we may feel certain that the ordinary succession by generation has never once been broken, and that no cataclysm has desolated the whole world. Hence, we may look with some confidence to a secure future of great length. And as natural selection works solely by and for the good of each being, all corporeal and mental endowments will tend to progress towards perfection.

(Como todas las formas orgánicas vivientes son los descendientes directos de las que vivieron hace muchísimo tiempo en la época cámbrica, podemos estar seguros de que jamás se ha interrumpido la sucesión ordinaria por generación y de que ningún cataclismo ha desolado el mundo entero; por tanto, podemos contar, con alguna confianza, con un porvenir seguro de gran duración. Y como la selección natural obra solamente mediante el bien y para el bien de cada ser, todos los dones intelectuales y corporales tenderán a progresar hacia la perfección.)

Terminando:

..la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte.

(Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows.)

Dijo W.J. Thompson en un prólogo al Origen de las Especies editado por Everyman’s Library que el éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica. Desde Darwin, el naturalista se encuentra en extinción y sobreviven unos cuantos ejemplares milagrosamente, el biotecnólogo florece y en su oficio hay una regla no escrita que nos recuerda el autor en la página 79 de su libro en una sección denominada Modelos y Metamodelos dentro del capítulo III titulado “Temas pesqueros y afines” en frase de François Jacob:

La biología, como las restantes ciencias de la naturaleza ha perdido hoy muchas de sus ilusiones. No busca la verdad. Construye la suya.

Bibliografía

Lloris Samo, Domingo.  Anecdotario y vivencias de un Ictiólogo  (Anacefaleosis 1971 – 2018). Amazon. 2019.

Cervantes, Emilio (coord.). El naturalista en su siglo: homenaje a Mariano de la Paz Graells en CC aniversario de su nacimiento. Instituto de Estudios Riojanos. 2009.

Cervantes, Emilio (coord.). Naturalistas proscritos. Universidad de Salamanca. 2011.

Cervantes, Emilio (coord.). Naturalistas en debate. CSIC. Madrid. 2015.

Cervantes, Emilio (coord.). Encuentros con lo imposible. Homenaje a Isabel Izquierdo Moya. Amazon. 2017.

Cervantes, Emilio; Pérez Galicia, Guillermo. La nave de los locos: El origen de las especies a la luz de la nueva retórica. Amazon, OIACDI. 2017.

Darwin, Charles. El Origen de las Especies. EDAF. 1965.

 

 

 

 

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