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EL ESPEJO DE LOS ENIGMAS

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ESPEJO DE LOS ENIGMAS. Resumen del Capítulo titulado El Espejo de los Enigmas en el libro-homenaje a Isabel Izquierdo Moya “Encuentros con lo imposible” (Amazon, 2017)

 

RESUMEN

A lo largo del siglo XX se propusieron tres explicaciones principales para la adaptación: la primera, considerada por lo general extra-académica, a menudo denominada anti-evolucionista y basada, para algunos en fuerzas internas de naturaleza supra-sensible, se oponía a las dos explicaciones consideradas académicas: la lamarckista y la darwinista. Tanto para el francés Étienne Rabaud (1868-1956), como para el español Pedro Laín Entralgo (1908-2001), entre estas tres opciones la segunda estaba ya periclitada a mediados del siglo XX, mientras que la tercera constituía la doctrina normal o canónica, si bien el propio Rabaud en sus escritos mostraba su desacuerdo con este punto de vista. En una demostración sin precedentes de la naturaleza voluble de la ciencia, la situación descrita parece haber dado un vuelco. La explicación darwinista, que el propio Rabaud cuestionaba en sus textos, parece hoy periclitada. La lamarckista, que parecía entonces periclitada, ha recuperado seguidores, si bien carece de pruebas que justifiquen una aplicación amplia. Ante este panorama, nos planteamos si acaso lo que estos académicos del siglo XX, tan corteses con los textos darwinistas, habían denominado como supra-sensible en algunos casos y extra-científico en otros, no merecerá ahora una nueva denominación que permita dirigir la vista a horizontes amplios que en su día fueron descartados por los ímpetus del positivismo.

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Encuentros con lo imposible (Libro-homenaje a Isabel Izquierdo Moya)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentimiento de la necesidad de cuidar las colecciones de insectos se encuentra en primer lugar entre las líneas maestras que dirigieron la trayectoria científica de Isabel Izquierdo, Conservadora de colecciones de insectos en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC en Madrid.

¿A qué puede deberse, nos preguntamos hoy, dicha necesidad?

El naturalista acostumbra a investigar las causas, pensando que la explicación se encuentra siempre antes del efecto pero, a veces, puede resultar conveniente buscar las razones de la existencia de algo no antes, sino por el contrario, más allá de sus consecuencias…

 

Coordinado por: Emilio Cervantes

Textos de: Paloma Blanco Fernández de Caleya, Santos Casado, Emilio Cervantes, Alberto Gomis, Antonio González Bueno, Carlos Martín Escorza, Carmen Rey del Castillo

PRESENTACIÓN

 

Una entrevista publicada en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales pone de manifiesto las líneas maestras que dirigieron la trayectoria científica de Isabel Izquierdo. En primer lugar, el sentimiento de una necesidad: la de cuidar de las colecciones de insectos. ¿Y a qué puede deberse, nos preguntamos hoy, dicha necesidad?

El naturalista acostumbra a investigar las causas, pensando que la explicación se encuentra siempre antes del efecto; pero a veces puede resultar conveniente buscar las razones de la existencia de algo no antes, sino por el contrario más allá de sus consecuencias. En el caso de las colecciones de insectos una necesidad conduce a otra, y la de cuidarlas no iba a ser excepción, puesto que inmediatamente obliga a poner todos los medios al alcance. ¿Con qué deseo? Con el de que dichas colecciones tengan un fin público. “Mi meta siempre ha sido hacer accesibles a la sociedad las colecciones del Museo” es el titular que destacaba, tanto en el encabezamiento de la entrevista como en el quehacer cotidiano de Isabel.

Como conservadora de la colección de entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Isabel Izquierdo se sabía depositaria del fruto de los desvelos y fatigas de muchos naturalistas, grandes nombres como Mariano de la Paz Graells, Ignacio Bolívar o Manuel Martínez de la Escalera y de otros entomólogos más modestos, muchos de ellos anónimos. Isabel sabía que su principal tarea era la custodia de un tesoro en potencia, porque la colección de insectos, resultado del trabajo de tantos autores durante los años, no constituye tesoro por sí misma. Es necesaria una conversión.

“Hacer accesibles a la sociedad las colecciones” significa eso: convertir una colección de insectos en un tesoro, en muchos tesoros. Una tarea que requiere cualidades especiales y un quehacer continuo, perseverante, inacabable. Una labor de encantamiento que Isabel hacía con esmero en su trabajo diario. Siendo así, algún indicio debería haber en la mencionada entrevista acerca de las claves y habilidades que se necesitan para tarea tan especial.

Los autores participantes en este volumen, colegas, compañeros, amigos de Isabel, hemos sentido la necesidad de dejar por escrito algunas ideas que quedaron pendientes en nuestros encuentros y conversaciones con ella. Estamos de acuerdo en que hay algo especial, enigmático, en su labor. El giro que nos lleva a considerar como un tesoro a un conjunto de insectos atravesados por alfileres entomológicos es semejante al toque de una varita mágica o si se quiere un ejemplo más material, a la labor del artista que convierte un bloque de piedra en la viva imagen de una persona o en el desencadenante de una emoción.

En definitiva, hablamos de una labor de encantamiento. Podría haber en aquella entrevista, decíamos arriba, indicios de algunas de las claves necesarias para esta tarea. La primera es la familiaridad con las piezas: “se crea una relación casi afectiva”, se dice en algún punto de la entrevista. Desde ese momento los insectos dejan de ser entes vulgares y pasan a ser queridos, surge el vínculo especial. En segundo lugar, una documentación exhaustiva. La colección científica contiene datos que constantemente nos recuerdan que un insecto particular ha sido elevado a otra categoría: es un ser apreciado, y nuestro aprecio se acompaña con una serie de datos. Finalmente, una vez que el objeto ha sido elevado a un nivel superior, se ha de cerrar el círculo para que nos demos cuenta de que cada uno de esos ejemplares y otros similares que no hemos escogido para nuestra colección, sin necesidad de habernos familiarizado con ellos, ni de haberlos colmado con datos, ni de haberlos ensalzado a otro nivel, tienen un valor en sí mismos. Cada ser vivo tiene un interés propio, de igual valor al de aquel que primero escogimos, al cual nombramos y al que quisimos y cuyo mérito, en definitiva, consiste en que nos ha llevado a conocer a los otros que eran anónimos. Más allá de aquellos primeros, nuestros modelos, todo son imágenes. Así se cierra el círculo y queda confirmada la hipótesis inicial que proponía buscar las causas de algo no sólo antes de su existencia sino también más allá de sus consecuencias.

“Por esa puerta rara es la semana en que no entra una tentación”, decía Isabel al final de la entrevista. Y es que las tentaciones, los objetos dignos de interés, se encuentran a ambos lados de la puerta. Ignorábamos, antes de atravesar por primera vez el umbral del despacho de Isabel Izquierdo, que nuestra llegada era esperada con la curiosidad y ansiedad del entomólogo. Años después, el análisis ha demostrado ser correcto: ella sabía entonces que llegaba una tentación, que se abrían nuevas perspectivas. Después hemos aprendido que la colaboración era fantástica, por estar basada en su generosidad.

Cuidar, conservar una colección de insectos ayuda a ver las partes del mundo apreciándolas. Las cosas que vemos nos llevan a amar las que no vemos y esto puede conducir a resultados que de otro modo habrían sido imposibles pero cada periodo histórico está compuesto por un conjunto de elementos que habrían sido considerados imposibles en épocas anteriores. Los naturalistas tenemos que dar muchas vueltas para comprender lo evidente, pero queremos verlo con nitidez, un compromiso moral que no debemos olvidar.

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¿Cuán bajo hemos caído? El oxímoron como medida del deterioro del lenguaje

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los oxímoron son expresiones, habitualmente de dos términos, en las que ambos se contradicen, disputan entre sí un espacio que no puede ser ocupado por ambos puesto que lo que uno significa no es compatible con el otro.

El diccionario de oxímoron cuenta con más de cien de estas expresiones. La parte más sencilla en la elaboración de este diccionario es la que consiste en dar las definiciones de estas expresiones puesto que son todas ellas iguales entre sí e iguales a cero: ninguna significa nada. Pero cuidado que esto no quiere decir que estas expresiones no tengan valor. Al contrario, pueden servir  para la destrucción del lenguaje. Son muy útiles para la generación de confusión y por eso a veces se utilizan en procesos de lavado de cerebro masivo. Es por eso que son cada vez más frecuentes en los terrenos de la política y de la educación.

En español se ha denominado a estas expresiones flatus vocis o también fantasmas semánticos.

La cantidad de oxímoron en un lenguaje es indicador de su deterioro y así en el español contemporáneo vemos que hemos caído verdaderamente bajo cuando tan abundantes son los casos encontrados a diario.

Con el desarrollo de las especialidades académicas se han revelado algunas particularmente fecundas en oxímoron. Tal es el caso de la Economía, de las Ciencias de la Educación, por supuesto de la Filosofía y también, como no, de la Biología.

La Economía se basa en gran medida en la gestión y proliferación de este tipo de expresiones y así tenemos la enorme familia de los oxímoron relacionados con el capital y el capitalismo (Capital humano, Capitalismo avanzado, Capitalismo de Estado, etc.) o aquellos en relación con la banca (Banca amiga, Banca ética, Banca solidaria, etc.).

La cultura de masas, la cultura tecnológica o la educación financiera serán ejemplos de oxímoron en el campo de las Ciencias de la Educación. La filosofía materialista es un buen ejemplo del dominio de la Filosofía, cultivada y abonada desde hace décadas por muchos grupos de expertos internacionalmente reconocidos y retribuidos, pero entre los flatos verbales más notables de todos los tiempos tenemos a la selección natural y la inteligencia artificial. El primero nacido y cultivado con esmero en los terrenos de la Biología,  el segundo de la cibernética que viene a ser la interfaz entre aquella y la informática.

Al admitir tales nociones auto-contradictorias e imposibles, el pensamiento queda bloqueado; su mejor parte anulada: la crítica y la auto-crítica desaparecen. El pensamiento se esfuma para dejar lugar a  la ideología. ¿Cuál es la diferencia entre uno, el pensamiento y la otra, la ideología? El primero es abierto y la segunda es cerrada, limitada. El primero extiende los límites de la razón, la segunda los recorta.

El oxímoron vuelve loco al hablante y lo domina. La selección natural no requiere explicación otra que su propia definición (tautología): sobreviven los más aptos, esto es los que sobreviven. La teoría científica queda degradada y la Ciencia convertida en anti-ciencia. Al admitir la inteligencia artificial el hablante se reconoce uno más entre los robots, máqinas pensantes y engendros cibernéticos. El hablante reconoce su propia estupidez, confiesa su incapacidad, y renuncia así a su cualidad principal, el pensamiento, al que entrega en manos de la autoridad del partido. Pero no importa,  dentro de cincuenta años nadie entenderá ya de qué estamos hablando. ¿Verdad?

 

 

 

 

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Decididamente Darwin se opone a la idea de Diseño: Algunas opiniones al respecto.

Son muchos entre los lectores de El Origen de las Especies los que detectaron su objetivo de ir en contra de la idea de diseño. Ya vimos por ejemplo la interpretación del Reverendo Charles Hodge en su libro “What is darwinism?” .

Otro lector con interpretación semejante es más conocido y menos religioso. Se trata de Henry James, quien había estado en la casa del naturalista inglés, no sabemos si tomando el té o no, tal vez sí. Y por lo tanto tal vez fuese ahí, en Down, en la casa de Darwin, tomando el té en donde se inspiró para escribir aquel párrafo memorable en el que relacionaba la moral de los ingleses con el té, identificándolos.

Pues bien, Henry James, amigo de Darwin había dicho de su obra que con ella se había eliminado de una vez por todas el diseño de la mente de los científicos:“has once for all displaced design from the minds of the ‘scientific”.

Que hubiese podido ocurrir esto sería difícil de entender sin una ayuda. Pero Henry James sabía lo que decía.  Según indica Kristin Boudreau James sospechaba de la autoridad institucional, aceptando las ideas por su utilidad más que por el status de sus fuentes:

 

James was cheerfully suspicious of institutional authority, accepting ideas because of their usefulness rather than because of the status of their sources.

 

En España un lector de Darwin que se  percató de su intención fue Cánovas del Castillo, quien en un discurso indicó que Darwin se proponía hacer inútil la idea de Dios.

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Casi una dedicatoria o ¿Por qué Jean Henri Fabre no termina de dedicar su capítulo a Darwin?


En el primer tomo de su obra Souvenirs entomologiques, publicado en Paris en 1882, Fabre describe su encuentro en 1843 con la abeja Chalicodome de las murallas (Chalicodoma muraria para él, hoy Megachile parietina) en los alrededores de Carpentras.  El capítulo VII relata sus experiencias sobre el sentido de la orientación en este insecto.

El capítulo, indica el autor al principio del mismo, iba estar dedicado al recientemente fallecido Charles Darwin, pues era el que había sugerido unos experimentos al autor que, al parecer no estaba de acuerdo con las teorías del naturalista inglés:

 

Mon devoir était de lui rendre compte du résultat de quelques expériences qu’il m’avait suggérées dans notre correspondance, devoir bien doux pour moi, car si les faits, tels que je les observe, m’éloignent de ses théories, je n’ai pas moins en profonde vénération sa noblesse de caractère et sa candeur de savant.

 

Mi deber era darle cuenta de los resultados de algunos experimentos que me había sugerido en nuestra correspondencia, un deber dulce para mí, puesto que si los hechos tal y como los veo, me mantienen lejos de sus teorías, no por ello mi veneración es menos profunda por nobleza de carácter científico y su candidez de sabio.

 

Pero, mediante este  curioso giro, y a pesar de sus buenas palabras, Fabre no termina de hacer efectiva la dedicatoria. ¿Por qué ? enseguida lo veremos…

 

En primer lugar, los resultados de los experimentos propuestos no fueron como se esperaba. Los tratamientos sugeridos por Darwin con intención de “despistar” a las abejas no tuvieron efecto y su sentido de la orientación se mantuvo. Fabre comenta al respecto:

 

Tenons-nous-en là; l’expérience est suffisamment répétée, mais elle ne conclut pas comme l’espérait Charles Darwin, comme je l’espérais aussi, surtout après ce qu’on m’avait raconté sur le chat. En vain, suivant la recommandation faite, je transporte d’abord mes insectes en sens inverse du point où je dois les lâcher; en vain, lorsque je vais revenir sur mes pas, je fais tourner ma fronde avec toute la complication rotatoire que je peux imaginer; en vain, croyant augmenter les difficultés, je répète la rotation jusqu’à cinq fois, au départ, en chemin, à l’arrivée: rien n’y fait: les Chalicodomes reviennent, et la proportion des retours dans la même journée oscille entre 30 et 40 pour 100. Il m’en coûte d’abandonner une idée suggérée par un tel maître et caressée d’autant plus volontiers que je la croyais apte à donner une solution définitive. Les faits sont là, plus éloquents que tous les ingénieux aperçus, et le problème reste tout aussi ténébreux que jamais.

 

Mantengámonos ahí; la experiencia ha sido suficientemente  repetida, pero no concluye como lo esperaba Charles Darwin, como yo mismo lo esperaba también, sobre todo después de lo que se me había contado sobre el gato. En vano, según la recomendación hecha, transporto primero mis insectos en sentido opuesto del punto donde debo soltarlos; en vano, cuando voy a volver sobre mis pasos, hago girar mi honda con toda la complicación rotatoria que puedo imaginar; en vano, creyendo aumentar las dificultades, repito la rotación hasta cinco veces, al principio, de camino, para la llegada: nada de eso tiene efecto: Las abejas vuelven, y la proporción de las que regresan en un mismo día oscila entre 30 y 40 por 100. Me cuesta abandonar una idea sugerida por tal maestro y tanto más acariciada en cuanto a que yo la consideraba apta para dar una solución definitiva. Los hechos están allí, más elocuentes que todas las visiones ingeniosas de conjunto, y el problema queda también tenebroso como jamás.

 

La démonstration est suffisante. Ni les mouvements enchevêtrés d’une rotation comme je l’ai décrite; ni l’obstacle de collines à franchir et de bois à traverser; ni les embûches d’une voie qui s’avance, rétrograde et revient par un ample circuit, ne peuvent troubler les Chalicodomes dépaysés et les empêcher de revenir au nid. J’avais fait part à Ch. Darwin de mes premiers résultats négatifs, ceux de la rotation. S’attendant à un succès, il fut très surpris de l’échec. Ses pigeons, s’il avait eu le loisir de les expérimenter, se seraient comportés comme mes hyménoptères; la rotation préalable ne les aurait pas troublés. Le problème exigeait une autre méthode, et voici ce qui me fut proposé:

 

«_To place the insect within an induction coil, so as to disturb any magnetic or diamagnetic sensibility which it seems just possible that they may possess._»

 

La demostración es suficiente. Ni los movimientos embarullados por una rotación como la descrita; ni el obstáculo de las colinas que hay que superar y el bosque que hay que atravesar; ni las trampas de una vía que se adelanta, vuelve atrás y regresa por un circuito amplio, nada de eso puede confundir a las abejas desubicados para impedirles volver al nido. Había dado parte a Ch. Darwin de mis primeros resultados negativos, los de la rotación. Esperando un éxito, estuvo muy sorprendido del fracaso. Sus palomas, si hubiera tenido oportunidad de experimentar con ellas, se habrían comportado como mis himenópteros; la rotación previa no los habría disturbado. El problema exigía otro método, y he aquí lo que me fue propuesto:

 

Colocar al insecto en una bobina de inducción, para interferir con cualquier sensibilidad magnética o diamagnética que parece posible que pueda tener…

 

 

Lógicamente, este método es considerado imposible de practicar con los medios al alcance de Fabre quien, tras comentarlo con cierta ironía, da noticia del segundo método propuesto por Darwin. Atención:

 

‘ Convertir una aguja muy delgada en un imán; y luego romperla en pedazos muy pequeños, que todavía serían magnéticos, y pegar estos pedazos con algún tipo de pegamento sobre el tórax de los insectos para experimentar con ellos. Creo que un imán tan pequeño, de su proximidad cercana al sistema nervioso del insecto, lo afectaría más que las corrientes terrestres. ‘

 

 

Tal propuesta hace surgir en Fabre el siguiente comentario:

Al escribir estas líneas, me refugio detrás de la reputación poderosa del sabio que engendró tal idea. Si procediese de una persona humilde como yo, no parecería serio. La oscuridad no puede permitirse estas teorías audaces.

Siguiendo los consejos del sabio naturalista inglés, Fabre nos cuenta su experimento. Después de colocar un trozo de imán en el dorso del insecto:

 

El imán se sujeta sobre el tórax; y el insecto se deja ir. En el momento en que  es libre, la abeja se cae a la tierra y vaga, como una loca, en el espacio del suelo. Ella reasume su vuelo, cae abajo otra vez, vuelca sobre su lado, sobre su espalda, golpea contra las cosas en su camino, emite zumbidos ruidosamente, se arroja desesperadamente y acaba por lanzarse por la ventana abierta en un  vuelo precipitado.

¿Qué significa todo esto? ¡El imán parece tener un efecto curioso sobre el sistema de mi paciente! ¡Qué alboroto provoca! ¡Cuán aterrorizada se encuentra la abeja! La Abeja pareció completamente aturullada, haber perdido la tramontana bajo la influencia de mis trucos. Pero vayamos a ver que pasa en el nido. No tenemos que esperar mucho tiempo: El insecto regresa, pero librado de su artilugio magnético. Lo reconozco por los rastros de goma que todavía se adhieren al pelo del tórax. Vuelve a su celda y reasume sus trabajos.

 

Siempre en guardia cuando interrogo a lo desconocido, indispuesto para sacar conclusión alguna antes de sopesar bien los argumentos pro y contra, siento la duda que me invade  con respeto a lo que he visto. ¿ Era realmente la influencia magnética lo que molestó mi abeja de una manera tan extraña? ¿Cuándo ella luchó y dio patadas en el suelo, agitándose desordenadamente tanto con las patas como con las alas, cuando ella escapó en medio del terror, lo hacía bajo la influencia del imán a su espalda? ¿Puede mi artilugio haber frustrado a la influencia de las corrientes terrestres sobre su sistema nervioso? ¿O bien su angustia era simplemente el resultado del aparataje desacostumbrado? Esto es lo que queda por ser visto y sin retraso.

 

Construí un nuevo aparato, pero mediante una paja corta en el lugar del imán. El insecto que lo lleva sobre su espalda se tira al suelo, da patadas y se comporta de modo parecido a como lo hacía con el primero, hasta quitarse de encima la molesta invención, arrancándose con ello una parte de la piel sobre el tórax. La paja produce los mismos efectos que el imán, en otras palabras, el magnetismo no tuvo nada que ver. Mi invención, en ambos casos igualmente, es un artefacto incómodo del cual la abeja trata de librarse inmediatamente por todos los medios posibles. Esperar de ella acciones normales mientras que lleva un aparato, magnetizado o no, sobre su espalda es lo mismo que esperar estudiar los hábitos naturales de un Perro después haberle atado un caldero  a la cola.

 

El experimento con el imán es impracticable. ¿Qué nos diría esto si el insecto lo consintiese? En mi opinión, esto no nos diría nada. Para estudiar el regreso al nido,  un imán no tendría más influencia que un poco de paja.

 

Cuando uno ha leido completo el capítulo, entiende bien por qué Fabre no hizo una dedicatoria al uso. Entenderlo requiere leer el capítulo completo, mejor en francés que en una traducción inglesa. La sutileza de Favre da una redacción educada al texto que no llega a disimular su indignación con los métodos propuestos por el “sabio naturalista inglés”.

 

 

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Resumen de una teoría que no lo es en el párrafo octingentésimo tercero de El Origen de las Especies

Se delata el autor, se pone de manifiesto su incompetencia cuando dice:

 

Pues si los animales y plantas varían, por poco y lentamente que sea, ¿por qué no tendrán que conservarse y acumularse por selección natural o supervivencia de los más adecuados las variaciones o diferencias individuales que sean en algún modo provechosas?

 

Las variaciones o diferencias individuales que sean en algún modo provechosas, se acumularán por ser provechosas. En cada caso habrá una causa y una explicación. Nunca la Selección Natural explicará nada.

 

803

 

 

If, then, animals and plants do vary, let it be ever so slightly or slowly, why should not variations or individual differences, which are in any way beneficial, be preserved and accumulated through natural selection, or the survival of the fittest? If man can by patience select variations useful to him, why, under changing and complex conditions of life, should not variations useful to nature’s living products often arise, and be preserved or selected? What limit can be put to this power, acting during long ages and rigidly scrutinising the whole constitution, structure, and habits of each creature, favouring the good and rejecting the bad? I can see no limit to this power, in slowly and beautifully adapting each form to the most complex relations of life. The theory of natural selection, even if we look no further than this, seems to be in the highest degree probable. I have already recapitulated, as fairly as I could, the opposed difficulties and objections: now let us turn to the special facts and arguments in favour of the theory.

 

Pues si los animales y plantas varían, por poco y lentamente que sea, ¿por qué no tendrán que conservarse y acumularse por selección natural o supervivencia de los más adecuados las variaciones o diferencias individuales que sean en algún modo provechosas? Si el hombre puede con paciencia seleccionar variaciones útiles para él, ¿por qué, en condiciones de vida variables y complicadas, no habrán de surgir con frecuencia y ser conservadas o seleccionadas variaciones útiles a las producciones vivientes de la naturaleza? ¿Qué límite puede fijarse a esta fuerza actuando durante tiempos larguísimos y escudriñando rigurosamente toda la constitución, con formación y costumbres de cada ser, favoreciendo lo bueno y rechazando lo malo? No sé ver límite alguno para esta fuerza al adaptar lenta y admirablemente cada forma a las más complejas relaciones de vida. La teoría de la selección natural, aun sin ir más lejos, parece probable en sumo grado. He recapitulado ya, lo mejor que he podido, las dificultades y objeciones presentadas contra nuestra teoría; pasemos ahora a los argumentos y hechos especiales en favor de ella.

Lectura aconsejada:

 

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De nuevo una falsa disyuntiva en el párrafo septingentésimo trigésimo cuarto de El Origen de las Especies

Entre tanto texto el autor se encuentra libre para escribir lo que le viene en gana. Hemos visto ya como utiliza palabras sin significado, dogmas, aberraciones, contradicciones y todo tipo de falacias. Ahora nos obsequia con una falsa disyuntiva que ya veíamos párrafos atrás:

 

Como se cree que estos puntos de afinidad son reales y no meramente adaptativos,

 

¿Qué significa afinidad real y por qué la afinidad real no puede ser adaptativa?

 

 

 

734.

 

Mr. Waterhouse has remarked that when a member belonging to one group of animals exhibits an affinity to a quite distinct group, this affinity in most cases is general and not special: thus, according to Mr. Waterhouse, of all Rodents, the bizcacha is most nearly related to Marsupials; but in the points in which it approaches this order, its relations are general, that is, not to any one Marsupial species more than to another. As these points of affinity are believed to be real and not merely adaptive, they must be due in accordance with our view to inheritance from a common progenitor. Therefore, we must suppose either that all Rodents, including the bizcacha, branched off from some ancient Marsupial, which will naturally have been more or less intermediate in character with respect to all existing Marsupials; or that both Rodents and Marsupials branched off from a common progenitor, and that both groups have since undergone much modification in divergent directions. On either view we must suppose that the bizcacha has retained, by inheritance, more of the character of its ancient progenitor than have other Rodents; and therefore it will not be specially related to any one existing Marsupial, but indirectly to all or nearly all Marsupials, from having partially retained the character of their common progenitor, or of some early member of the group. On the other hand, of all Marsupials, as Mr. Waterhouse has remarked, the Phascolomys resembles most nearly, not any one species, but the general order of Rodents. In this case, however, it may be strongly suspected that the resemblance is only analogical, owing to the Phascolomys having become adapted to habits like those of a Rodent. The elder De Candolle has made nearly similar observations on the general nature of the affinities of distinct families of plants.

 

Míster Waterhouse ha hecho observar que cuando una forma que pertenece a un grupo de animales muestra afinidad con un grupo completamente distinto, esta afinidad, en la mayor parte de los casos, es general y no especial; así, según míster Waterhouse, de todos los roedores, la vizcacha es la más relacionada con los marsupiales; pero en los puntos en que se aproxima a este orden, sus relaciones son generales, esto es, no son mayores con una especie de marsupial que con otra. Como se cree que estos puntos de afinidad son reales y no meramente adaptativos, tienen que deberse, de acuerdo con nuestra teoría, a herencia de un antepasado común. Por esto tendríamos que suponer: o bien que todos los roedores, incluso la vizcacha, han descendido de algún antiguo marsupial que naturalmente habrá sido por sus caracteres más o menos intermedio con relación a todos los marsupiales vivientes; o bien que, tanto los roedores como los marsupiales, son ramificaciones de un antepasado común, y que ambos grupos han experimentado después mucha modificación en direcciones divergentes. Según ambas hipótesis, tendríamos que suponer que la vizcacha ha conservado por herencia más caracteres de su remoto antepasado que los otros roedores, y que por esto no estará relacionada especialmente con ningún marsupial viviente, sino indirectamente con todos o casi todos los marsupiales, por haber conservado en parte los caracteres de su común progenitor o de algún miembro antiguo del grupo. Por otra parte, de todos los marsupiales, según ha hecho observar míster Waterhouse, el Phascolomys es el que se parece más, no a una especie determinada, sino al orden de los roedores en general. En este caso, sin embargo, hay grave sospecha de que la semejanza es sólo analógica, debido a que el Phascolomys se ha adaptado a costumbres como las de los roedores. Aug. Pyr. de Candolle ha hecho casi las mismas observaciones acerca de las afinidades de distintas familias de plantas.

Lectura aconsejada:

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Lo desconocido como ejemplo en el párrafo septingentésimo vigésimo octavo de El Origen de las Especies

Resulta increíble como para explicar que especies de distintos grupos se parecen entre sí, el autor recurre ahora a un ejemplo del cual no tiene absolutamente ningún dato. Se refiere al mimetismo, ese gran misterio, y se refiere a ello como:

curiosa clase de casos en los que la gran semejanza externa no depende de adaptación a costumbres semejantes, sino que se ha conseguido por razón de protección

 

Pero,… vamos a ver:

 

  1. ¿Por qué sabe y quién le autoriza a decir que la semejanza se ha conseguido por razón de la protección?
  2. ¿Cómo puede decir a la vez que se ha conseguido la semejanza por razón de la protección y que no depende de la adaptación? ¿Acaso la protección no tendría que ver con la adaptación?

 

El autor se refiere al parecido entre Ithomia y Leptalis, indicando que se trata del trabajo de Mr. Bates. No sabemos por qué no menciona un trabajo semejante de su amigo el aventurero Wallace:

 

PROTECTIVE MIMICRY IN ANIMALS.

BY ALFRED RUSSEL WALLACE, F.L.S., AUTHOR OF “THE MALAY ARCHIPELAGO,” ETC.

 

 

Quizás porque la acumulación de semejanzas entre ambos trabajos, el presente y el de Wallace, indicaría que ambos podían tener fuentes de inspiración, además de sus conocidos patrocinadores en común.

 

 

 

728.

 

There is another and curious class of cases in which close external resemblance does not depend on adaptation to similar habits of life, but has been gained for the sake of protection. I allude to the wonderful manner in which certain butterflies imitate, as first described by Mr. Bates, other and quite distinct species. This excellent observer has shown that in some districts of South America, where, for instance, an Ithomia abounds in gaudy swarms, another butterfly, namely, a Leptalis, is often found mingled in the same flock; and the latter so closely resembles the Ithomia in every shade and stripe of colour, and even in the shape of its wings, that Mr. Bates, with his eyes sharpened by collecting during eleven years, was, though always on his guard, continually deceived. When the mockers and the mocked are caught and compared, they are found to be very different in essential structure, and to belong not only to distinct genera, but often to distinct families. Had this mimicry occurred in only one or two instances, it might have been passed over as a strange coincidence. But, if we proceed from a district where one Leptalis imitates an Ithomia, another mocking and mocked species, belonging to the same two genera, equally close in their resemblance, may be found. Altogether no less than ten genera are enumerated, which include species that imitate other butterflies. The mockers and mocked always inhabit the same region; we never find an imitator living remote from the form which it imitates. The mockers are almost invariably rare insects; the mocked in almost every case abounds in swarms. In the same district in which a species of Leptalis closely imitates an Ithomia, there are sometimes other Lepidoptera mimicking the same Ithomia: so that in the same place, species of three genera of butterflies and even a moth are found all closely resembling a butterfly belonging to a fourth genus. It deserves especial notice that many of the mimicking forms of the Leptalis, as well as of the mimicked forms, can be shown by a graduated series to be merely varieties of the same species; while others are undoubtedly distinct species. But why, it may be asked, are certain forms treated as the mimicked and others as the mimickers? Mr. Bates satisfactorily answers this question by showing that the form which is imitated keeps the usual dress of the group to which it belongs, while the counterfeiters have changed their dress and do not resemble their nearest allies.

 

Existe otra curiosa clase de casos en los que la gran semejanza externa no depende de adaptación a costumbres semejantes, sino que se ha conseguido por razón de protección. Me refiero al modo maravilloso con que ciertas mariposas imitan, según míster Bates describió por vez primera, a otras especies completamente distintas. Este excelente observador ha demostrado que en algunas regiones de América del Sur, donde, por ejemplo, una Ithomia abunda en brillantes enjambres, otra mariposa, una Leptalis, se encuentra con frecuencia mezclada en la misma bandada, y esta última se parece tanto a la Ithomia en cada raya y matiz de color, y hasta en la forma de sus alas, que míster Bates, con su vista aguzada por la recolección durante once años, se engañaba de continuo, a pesar de estar siempre alerta. Cuando se coge y se compara a los imitadores y los imitados, se encuentra que son muy diferentes en su conformación esencial y que pertenecen, no sólo a géneros distintos, sino con frecuencia a distintas familias. Si este mimetismo ocurriese sólo en uno o dos casos, podría haber sido pasado por alto como una coincidencia extraña. Pero si salimos de una región donde una Leptalis imita a una Ithomia, podemos encontrar otras especies imitadoras e imitadas, pertenecientes a los dos mismos géneros, cuya semejanza es igualmente estrecha. En conjunto se han enumerado nada menos que diez géneros que comprenden especies que imitan a otras mariposas. Los imitadores y los imitados viven siempre en la misma región: nunca encontramos un imitador que viva lejos de la forma que imita. Los imitadores son casi siempre insectos raros; los imitados, en casi todos los casos, abundan hasta formar enjambres. En el mismo distrito en que una especie de Leptalis imita estrechamente a una Ithomia, hay a veces otros lepidópteros que remedan la misma Ithomia; de manera que en el mismo lugar se encuentran tres géneros de mariposas ropalóceras y hasta una heterócera, que se asemejan todas mucho a una mariposa ropalócera perteneciente a cuarto género. Merece especial mención el que se puede demostrar, mediante una serie gradual, que algunas de las formas miméticas de Leptalis, lo mismo que algunas de las formas imitadas, son simplemente variedades de la misma especie, mientras que otras son indudablemente especies distintas. Pero puede preguntarse: ¿por qué ciertas formas son consideradas como imitadoras y otras como imitadas? Míster Bates contesta satisfactoriamente a esta pregunta haciendo ver que la forma que es imitada conserva la vestimenta usual del grupo a que pertenece; mientras que las falsas han cambiado de vestimenta y no se parecen a sus parientes más próximos.

Lectura aconsejada:

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El estructuralismo en Biología: Curiosos motivos para rechazar el comentario de un libro

Hace un año escribí el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) enviándolo para su publicación  a Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, en donde fue rechazado y después a Asclepio, Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, en donde fue asimismo, rechazado.

Uno de los motivos aducidos por estas revistas para rechazar el comentario,  era que se refería a un libro ya antiguo (el libro es de 1994) y que, por lo general, en dichas revistas se publican comentarios de libros recientes, como si la historia de la ciencia fuese el ouroboros, la serpiente autofágica que va desapareciendo a medida que genera nuevos contenidos . Pero además, entre los comentarios recibidos se encontraban los siguientes párrafos:

 

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

Efectivamente, tiene razón el anónimo evaluador. Confieso haber usado el libro como pretexto para defender la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo). Considero esto una gran necesidad en el momento presente.  El evolucionismo, y más concretamente el darwinismo, se ha encumbrado a sí mismo como única opción en Biología y esto ha ocasionado un daño de grandes proporciones en esta disciplina. Prueba de ello es el maltrato sistemático a toda opinión o escuela que el darwinismo haya considerado ajena a sus principios.  En particular, es notorio el maltrato a Lamarck, reiteradamente discutido y comprobado en este blog y surge ahora a la vista el maltrato a Cuvier, que aquí se pone de manifiesto y cuyo análisis dará mucho que hablar.

Sigue acertando el  anónimo evaluador cuando dice:

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural.

Y es que basta con leer algunos párrafos de Cuvier para reconocer en ellos el estructuralismo más puro y original. Es precisamente por eso que utilicé en mi comentario la muy extensa cita, mencionando el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier, que parece haber molestado al evaluador.

Pero si hasta aquí estoy de acuerdo con lo que dice el evaluador anónimo, en lo que sigue sólo veo un gran disparate:

Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

A nadie le puede parecer razonable que el principio de las correlaciones de Cuvier parta de un a priori metafísico. Esto es un disparate porque  el principio de las correlaciones de Cuvier parte de la más elemental observación de la naturaleza. Pero el darwinismo, la creencia en la entidad inventada que es la selección natural, ha generado una enorme confusión en la ciencia. Las más elementales observaciones se confunden con metafísica. Del mismo modo, el año pasado el (también anónimo) evaluador del libro “Manual para detectar la impostura Científica: Examen del libro de Darrwin por Flurens” me indicaba:

Edición crítica ideologizada y anecdótica, falta de rigor filosófico, la crítica debería contextualizarse históricamente, carente de bibliografía. 

¿Falta de rigor filosófico?

El darwinismo ha conseguido sembrar la confusión hasta extremos insospechados……

 

El final de los comentarios del evaluador anónimo que rechazó el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) se encuentra al final de dicho comentario que acabo de publicar en Digital CSIC.

 

Referencias

La biblioteca como laboratorio. Comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón. Editorial Anthropos , número 46. CSIC, Madrid 1994.

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Una historia de la epigenética

Autor: José Francisco Bravo Moreno

 

Contenido:

  1.  Historia de la construcción básica del modelo genético neodarwiniano
  2. A)  El concepto de la epigenética, y crítica al modelo hereditario de Watson y Crick

        2. B) Investigaciones recientes que ponen en entredicho la idea original de Watson y Crick y sus seguidores

Bibliografía

 

 

 

  1. Historia de la construcción básica del modelo genético neodarwiniano

Frederich Miescher (Wikipedia)

Según se sabe, el descubridor del ADN antes de que la molécula fuera llamada así, fue Frederich Miescher (1844 -1895) trabajando con esperma de salmón. Es necesario aclarar que la sustancia que el encontró y a la cual llamó nucleína en 1874, contenía, -según los análisis químicos de aquel tiempo-, ácido fosfórico asociado con una sustancia sui generis que hoy sabemos que son las bases nitrogenadas. Miescher aisló esta molécula lo que permitió su análisis posterior. Oskar Hertwig,  junto con Weismann –una voz oficial de mucha autoridad-, se habrían expresado en el sentido de que “…es altamente probable que la nucleína sea la responsable no solo de la fertilización sino de la transmisión de los caracteres”. Más tarde, Walter Fleming descubriría una molécula dentro del núcleo a la que llamó “cromatina”, Fleming la relacionó directamente con la nucleína. Más tarde, Thomas Hunt Morgan vindicaría la idea a la que habían llegado las especulaciones de varios investigadores de finales del siglo XIX, respaldados por Weismann, de que los cromosomas son los únicos transmisores de la herencia. Pero, según se sabe,  Weismann le daba una connotación muy reduccionista y mística a la función de las moléculas hereditarias, situándolas en el papel de principal transmisor de los caracteres, haciendo a un lado el papel del citoplasma, de quien evidentemente se podría pensar, sería el intermediario entre el medio ambiente extracelular y el núcleo. Eso hacía más imposible el siquiera considerar que cualquier factor medioambiental afectara el núcleo, ya sea en la célula somática o germinal. Weismann de hecho aseveraba que los cromosomas formaban un mundo apartado del cuerpo del organismo y de sus condiciones de vida, que era “una substancia hereditaria inmortal, independiente de las peculiaridades cualitativas del desarrollo del cuerpo vivo y que dirige el cuerpo perecedero, pero no es engendrada por él”.

 

Imagen de Desproporción áurea.

Al respecto, los siguientes párrafos referidos por Enrique Beltrán (1945), son de particular importancia pues fueron recientemente re-visitados experimentalmente con las técnicas modernas de la biología molecular, tanto en plantas protistas y mamíferos, en estos últimos se ha implementado una conjunción de técnicas que involucran la electrofisiología y la observación del comportamiento animal, derivándose de ello importantes publicaciones estando a punto de cumplirse el primer decenio del siglo XXI, las cuales referiremos más adelante, pero que apuntalan el buen nombre del sabio Lamarck. Pero de hecho han habido observaciones sencillas que demuestran plenamente lo dicho por el invertebrista antes de que estas recientes publicaciones circularan por todo el orbe (ver artículo de Otto Landman en este blog). Cómo decíamos, Beltrán ya señalaba en el año de 1945 lo siguiente:

“Guyenot (1930) y Prenant (1936), aunque teniendo esa posición (el que los cromosomas son los principales transmisores), critican a los extremistas que piensan que la acción de los factores extraños a los genes, especialmente del citoplasma, no tienen importancia al respecto”.

Al respecto, y siguiendo con la línea dejada por Weismann, los descubridores de la estructura del ADN (si es que lo fueron), dirían que se inspiraron en el libro de Schrödinger titulado: ¿Qué es la vida desde el punto de vista de lo físico?

Schrödinger parecía profetizar el descubrimiento de la molécula transmisora dándole un carácter providencial. Schrödinger en efecto, escribiría lo siguiente en 1944:

“El alma individual es igual al alma omnipotente omnímoda e inmortal… es lo más que puede alcanzar un biólogo que quiera demostrar de un solo golpe la existencia de Dios y la inmortalidad del alma”.

Lisenko creerá que está haciendo alusión a la molécula inmortal de Weismann.

Es por ello pertinente el citar nuevamente a Schrödinger quien escribiría luego en un tono neolamarckiano en 1958, haciendo referencia al creador del término epigenética Conrad H. Waddington. Aquí vemos que no necesariamente se inscribe en el ideario que más tarde impondrá el dogma de la biología molecular:

“A primera vista, las ideas de Darwin (frente a las de Lamarck) parecieran otorgar un escaso significado para la evolución de la conducta de las plantas y animales individuales; por ejemplo, a la preferencia que un animal individual puede mostrar por una nueva especie de alimento o por un nuevo método de caza. La idea nueva de la teoría de la selección orgánica, es que estas formas de conducta individual pueden influir en la evolución del filum por medio de la selección natural. La idea es sencilla: cada nueva modalidad de comportamiento puede considerarse la selección de un nicho ecológico nuevo…al adoptar un mismo entorno… hay una nueva influencia ambiental,..una nueva presión selectiva. Y es entonces cuando esta nueva presión selectiva guía el desarrollo genético y produce la adaptación al nuevo entorno. Esta teoría sencilla y convincente es de hecho antigua –según muestra Alister Hardy-, es anterior a Darwin e incluso a Lamarck, pero durante los últimos años se ha vuelto a descubrir, siendo desarrollada y contrastada experimentalmente, por ejemplo, por Waddington. Esta teoría demuestra, mucho más claramente que Lamarck, que la conducta, como el deseo de explorar, la curiosidad del animal, y los gustos y aversiones de un animal, puede ejercer una influencia decisiva en el desarrollo filogenético de los genes. Así pues, cada novedad conductual de un organismo individual tiene consecuencias filogenéticas creadoras y a menudo revolucionarias. Esto muestra que la iniciativa individual desempeña un papel activo en el desarrollo darwiniano. Esta observación invalida la impresión desesperada y deprimente que ha rodeado al darwinismo desde hace tanto tiempo, cuando parecía que la actividad del organismo no podría desempeñar ningún papel en el mecanismo de selección”.

Watson y Crick, habiéndose inspirado en el libro del cuarenta y cuatro de Shrödinger, corroborarían de manera circunstancial el concepto que sobre el ADN tenía Weismann, pues posteriormente sucedió que, junto con otros científicos premios Nobel, construirían los cimientos de toda una estructura moderna neodarwiniana, al decir de manera monolítica y en bloque con una determinación casi fanática, que el proceso secuencial en la expresión del ADN a ARN y proteína, se desenvuelve de manera unidireccional e irreversible, (ADN-ARN-proteína), alegando el que esto dejaba fuera cualquier incidencia medioambiental sobre cualquier modificación en la estructura de un gen. Luego obtendrían algún sustento en investigaciones realizadas en microorganismos, lo que parecía darles la razón. Pero de eso a decir que la funcionalidad del ADN dejaba fuera el concepto lamarckiano, sería un exceso que habrán de pagar caro, sobre todo aquellos que se han arrodillado ante las tesis preconizadas por Watson, Crick, Luria, Jacob y Monod. Es verdad también que el modelo en su dinámica funcional: replicación y transcripción, además de la traducción, respondería muy bien a las expectativas de Weismann, desmarcándose empero de la opinión de Shrödinger en todos sus puntos (según podemos inferir) aunque él haya sido el motivo de su inspiración.

  1. A)  El concepto de la epigenética, y crítica al modelo hereditario de Watson y Crick

Existió la posibilidad de investigar en términos de la genética moderna, la explicación epigenética preconizada por Waddington (1942), es decir, sobre si ésta podría ser complementaria a aquellas dadas por la biología molecular. Pero esto no fue posible, al respecto, Monod diría lo siguiente para de una vez por todas –y según él- matar el ideario que sobre el devenir de la historia había dejado resabios del Lineo Francés:

“Es preciso añadir, finalmente -y este es un punto es de una gran importancia-, que el mecanismo de la traducción es estrictamente irreversible. Ni se ha observado, no es concebible, que la información sea jamás transformada en el sentido inverso es decir de proteína a ADN. Esta noción se apoya en un conjunto de sus observaciones tan completas y tan seguras hoy en día, y sus consecuencias en la teoría, de la evolución, principalmente, son tan importantes que se las debe considerar como uno de los principios fundamentales de la moderna biología. De esto se deduce, en efecto, que no hay mecanismo posible por el que la estructura y las performances pudieran ser modificadas y estas modificaciones transmitidas aunque solo fuera parcialmente a la descendencia, si no es como consecuencia de una alteración de las estructuras representadas por un segmento de la secuencia del ADN.

El sistema entero, por consecuencia, es totalmente, intensamente conservador, cerrado sobre sí mismo, y absolutamente incapaz de recibir cualquier instrucción del mundo exterior.

Nada permite suponer que nuestras concepciones sobre este punto deberán o incluso podrán ser revisadas en otro”…”..Es pues la noción, o más bien el espectro que debe a toda costa exorcizar todas las ideologías vitalistas y animalistas.

Y sin embargo, la falsa paradoja del enriquecimiento epigenético se puede ver, pues, una contradicción en el hecho de decir que el genoma define enteramente la función de una proteína mientras que esta función está ligada a una estructura tridimensional cuyo contenido informativo es más rico que la contribución directamente aportada a esta estructura por el determinismo genético.

Esta contradicción no ha dejado de ser revisada por ciertos críticos de la teoría biológica moderna. Especialmente Elsasser, quien ve precisamente en el desarrollo epigenético de las estructuras macroscópicas de los seres vivos, un fenómeno físicamente inexplicable, en razón del enriquecimiento sin causas que él parece testimoniar. Este mecanismo desaparece cuando se observan los mecanismos de la epigénesis molecular, el enriquecimiento de información, proviene de lo que la información genética (representada por la secuencia) expresa de hecho en condiciones iniciales bien definidas tales que entre todas las estructuras posibles, una sola de ellas es de hecho realizable

Más tarde, entonces, habría dejado claro que la autorregulación en el ADN tiene ciertos límites que curiosamente se ciñe a algunas propuestas darwinistas, pero por otro lado, deja claro que de acuerdo a ello y a la unidireccionalidad de la información genética que “la conducta adquirida no se puede transferir a la siguiente generación”.

Según lo parecía, y de acuerdo a varias autoridades cuasi-sagradas que podían hablar sobre la evolución, con el descubrimiento parcial del funcionamiento del ADN, se obtenían las pruebas definitivas y contundentes que sepultaban con una losa muy pesada la figura de Lamarck (cómo por ejemplo, lo que habría dejado establecido un hiperdarwiniano cómo Ernst Mayr en un artículo claramente denigratorio hacia la figura del invertebrista realizado en1973).

Tales actos de deslinde hacia la figura del invertebrista, también lo eran en términos modernos para Conrad Hal Waddington (1905-1975), embriólogo Inglés destacado, quien en los años cuarenta del siglo XX, se habría decidido a no dejar morir del todo el ideario del Linneo Francés, hace uso del ahora muy conocido término “epigenética”. El término de epigenética en el siglo XX, ya había sido establecido por el mismo Waddington definiéndolo como aquellas interacciones de los genes con su medio ambiente las que finalmente conllevan a la consolidación del fenotipo, enfatiza con ello el que los mecanismos epigenéticos varían en respuesta al medio ambiente. Waddington habría sido excluido del registro de la historia por tener una cierta inclinación a lo expresado por Lamarck. Esta explicación moderada sobre el lamarckismo intentaba el no oponerse de manera directa a la idea original darwiniana, pues él siempre creyó en la selección natural. Para 1963, todavía Waddington trata de llamar la atención hacia la importancia de la estrategia epigenética, pero ya sin mencionarla cómo tal:

“Usualmente los resultados de la interacción entre el núcleo y el citoplasma no son visibles, pero tienen que ver con reacciones químicas en las cuales los genes toman parte. Nosotros lo podemos observar en la siguiente vía: suponga que en un particular tipo de citoplasma, los genes se activan. Estos genes pueden así producir sustancias que serán adicionadas al citoplasma, alterándolo. Esta alteración del citoplasma puede ahora tener una diferente reacción con el núcleo para que otros genes entren en operación. Así, el citoplasma puede ser alterado de nuevo y hacer que otros genes entren en juego”.

Conrad Hal Waddington. Del blog Sputnik shuffle (Morphogenetic Metaphors in Architecture – The Quixotic Contributions of Conrad Waddington)

 

A manera de advertencia que se cumpliría sin lugar a dudas, y con cierta ironía sobre las mutaciones seleccionistas neo-darwinianas, nos dice Waddington:

“Nosotros podríamos mantenernos expectantes y esperanzados de que la naturaleza opera en semejante vía (alelos benéficos= mayor descendencia), es decir, que la naturaleza opera en la dirección de producir solo las mutaciones favorables. Sin embargo, esto no acontece, debe observarse entonces que las mutaciones o cambios en los genes siguen operando en una dirección que sigue siendo más bien un misterio”.

Ya con el apoyo indiscriminado de la comunidad científica hacia la tesis de la unidireccional de la información genética, fue que surgieron libros en donde de manera intencionada los títulos de estos ya hacen un claro desdén a los mecanismos citoplasmáticos o extra-ADN que pudiesen afectar la expresión de los genes, como por ejemplo aquel famoso título: “El ADN la clave de la vida”, aduciendo el que hay una explicación reduccionista y determinista en el sentido de que el ADN explica todos los proceso vitales.

No todos se ciñeron a esta explicación, en los años sesenta, tenemos el caso no sólo de Waddington sino del Dr Barry Commoner, quien en su libro “Ciencia y Supervivencia”, nos hace ver sus sospechas sobre la forma extremadamente reduccionista en que se estaba llevando a cabo la explicación sobre el funcionamiento del ADN. Siendo asesor científico del gobierno en el mismísimo Washington en los años sesenta, hizo la siguiente observación:

“Se ha alegado, por ejemplo, que la ciencia del siglo XX pasará a los anales históricos por sus logros en el campo biológico, y no por la física nuclear.

Semejante alegato refleja la convicción de que por ahora se han desentrañado las leyes biológicas básicas y particularmente, que ahora conocemos la vida bajo sus verdadero aspecto, es decir, cómo una forma química”

“Quien quiera que haya aprendido biología efectuando la disección de una rana, se quedará extrañado y confuso ante los informes de investigación biológica actual: moléculas que se reproducen por sí mismas, códigos moleculares que predicen cuando un huevo ha de dar origen a una tortuga o a un tigre, esfuerzos para crear vida en un tubo de ensayo”.

Esas innovaciones parecen impugnar los principios biológicos que nos son familiares. Si una molécula posee lo esencial para la vida –duplicación autónoma-, entonces se debe desestimar la teoría celular que afirma que los atributos de la vida residen en la célula cómo unidad, y no en una de sus partes menores, como la molécula. Si se lograra sintetizar la vida en un tubo de ensayo, el principio hasta ahora indiscutible, -omne vivum ex ovo – toda vida proviene de otra pre-existente debería pasar al olvido”.

Todo esto le sugiere a Barry Commoner que hay una prefigurada y distorsionada idea de que:

“….la vida podría existir en un solo componente celular, lo cual tolera la noción de una molécula viva”.

“Si la replicación y la herencia originan las restantes rasgos de la vida, entonces el ADN  se destaca como rector químico de la célula y secreto de la vida”

“Pero el triunfo aparente del ADN no obedece a una victoriosa revolución del largo debate, en su lugar se ha llegado a esa discusión por el método menos arduo de desterrar la cuestión teórica básica. Realmente, los nuevos experimentos no han respondido a esa cuestión, pues, en realidad, no sustentan la idea de que el ADN sea una molécula autoduplicativa”.

“la evidencia crucial y experimental para la conclusión de que el ADN es una molécula autoduplicativa requeriría de la demostración de que en un sistema de tubos de ensayo conteniendo una partícula molecular de ADN, se formaran nuevas moléculas de ADN, réplicas exactas de la primera, lo que no se ha realizado todavía. Aunque en los sistemas de probetas se sintetiza una nueva partícula de ADN similar a la empleada para cebar el proceso, la similitud no es tan exacta, ni mucho menos, como lo requiere la teoría”.

“Lo que nos dice el experimento en tubos de ensayo es esto: un solo mensaje molecular no determina la herencia del organismo vivo”.

Y he aquí la principal consideración antilamarckiana que no es posible demostrar:

“El dogma central entraña una preocupación no demostrada, a saber, que mientras los ácidos nucleicos pueden guiar la síntesis de otros ácidos nucleicos y proteínas, el efecto inverso es imposible, es decir, que las proteínas no pueden guiar la síntesis de ácidos nucleicos”.

“Pero las observaciones experimentales actuales niegan la segunda –y crucial- parte de tal presuposición. Y añade Commoner: ”Ni el ácido nucleico ni la proteína son capaces por si solas de guiar el proceso químico sintético. Ninguna molécula es autoduplicativa o rectora química de la célula”.

Concluirá Commoner diciendo que aun agrupando los componentes químicos, estos no dan origen a la vida, es decir: “ no se ha encontrado el mecanismo coordinador que presida la coordinación esencial de sus numerosas reacciones separadas”.

De ahí que creemos oportuno nuevamente repetir el hecho de que se hayan editado libros con títulos como “El ADN: Clave de la vida”. Pero, ciertamente, existió en contraposición a ellos, un título cómo: “La célula: Clave de la vida” en donde por cierto, le dan la primacía a Lamarck como el real descubridor de la teoría celular.

 

2         B)- Investigaciones recientes que ponen en entredicho la idea original de Watson y Crick y sus seguidores

No hace mucho, algunos biólogos consideraron que el stress medio ambiental puede, en algunos casos, dirigir las mutaciones. La idea es herética pues recordaba el espectro de Lamarck y la herencia de los caracteres adquiridos. Esta noción de que el medio ambiente puede remodelar (¿al azar?) la herencia, cayó del favor del ámbito científico cuando Weismann expuso la doctrina de la separación estricta del germoplasma respecto de las células somáticas. Sin embargo, se ha dicho que lo que la gente olvida es que muchos organismos no secuestran sus células germinales, es el caso de las plantas y de los organismos unicelulares (ver el artículo de Otto Landman en este blog ).

Todo lo que hoy se ha desarrollado sobre mutación dirigida comenzó en 1988, cuando John Cairns, de la Universidad de Harvard se hizo la pregunta de si en realidad era válido el principio dogmático de que las mutaciones desfavorables en ningún modo y sin ninguna probabilidad, permiten la sobrevivencia de microorganismos cómo las bacterias .

Cairns creció bacterias en un medio donde el azúcar que podía metabolizar la bacteria (glucosa y/o sacarosa) se encontraba en escasa cantidad, por otro lado, el otro azúcar llamado lactosa, que bajo ninguna probabilidad podía metabolizar, debido a la mutación que presentaba, estaba presente en cantidad suficiente. Cairns encontró que las bacterias no morían cuando escaseaba por completo la glucosa o la sacarosa y que por el contrario, de alguna manera habían adquirido algún gen que les permitía metabolizar la lactosa. Sus asombrosos resultados le han llevado a creer que las mutaciones reactivan a los genes defectuosos de las bacterias supliéndolos por aquellos que permiten la digestión de la lactosa, esto ocurre con una frecuencia que derriba la tesis de las mutaciones al azar.

Por tanto, la fuerza de la selección no es meramente el escardeo para que no se desajuste el organismo, sino que activamente encamina la mutación en una dirección benéfica. Esto por supuesto hacía revivir la figura de Lamarck, lo que causó en su tiempo gran controversia en el mundo científico.

Pocos meses más tarde, Barry G. Hall de la Universidad de Rochester, presentó una evidencia más contundente utilizando la inducción de mutaciones selectivas. El realizó experimentos similares en los cuales esta vez las bacterias “hambrientas” necesitarían realizar dos mutaciones que por cierto, no están relacionadas funcionalmente en ningún modo para utilizar una nueva fuente de alimentación. Hall calculó que debido a la diferencia en cuanto al tipo de mutaciones que se habrían inducido con respecto al experimento de Cairns, sería astronómicamente imposible el producir siquiera una mutación benéfica. Hall encontró -para su sorpresa-, que el número de bacterias que evolucionaron para ajustarse a las nuevas condiciones era enorme. Otros investigadores, posteriormente, refrendaron los resultados de Hall. Hall anunció luego que también había observado lo mismo en hongos microscópicos y dijo: “Ahora sí puedo decir lo que actualmente se sabe sobre los mecanismos mutacionales: ¡nada!”.

Cabe aclarar que los mecanismos lamarckianos descubiertos por Cairns y Hall no hacen referencia a la estrategia epigenética, pero forman parte del proceso histórico que está derribando el concepto del dogma de la biología molecular.

Ya solo para terminar esta segunda parte sobre mi historia de la epigenética, diré que si hubo cierto científico del tiempo presente, que aparentemente se alineó de algún modo a lo dicho por Shrödinger y Weismann, pues habría mencionado que al final de cuentas la función de la molécula del ADN si tiene un determinismo teleológico .

 

BIBLIOGRAFIA

Commoner, B. (1970). Ciencia y supervivencia. Ed. Plaza & Janes. Barcelona

Beltran, E. (1945). Lamarck interprete de la naturaleza. Ed. Talleres de la Nación, México.

Landman, O. E. (1993) Inheritance of acquired characteristics. Sci. Am. 266(3): 88 96

Mirsky, A. E. (1968). The discovery of DNA. Sci. Am. 218(6): 78-90

Monod, J.(1989). El azar y la necesidad. Ed. Orbis, España.

Pérez-Tamayo, R. (1994). Existe el método científico. Ed. La ciencia para todos, SEP., México.

Piaget, J. (1980). Biología y conocimiento. Ed. Siglo XXI, México

Rennie, J (1993). DNA`s New Twist. Sci. Am. 266(3): 88 96

Schrödinger, E. (1944). What is Life? The physical aspect of the living cell, Cambridge University Press.

Schrödinger, E. (1958). Mind and Matter. Ed. Cambridge University Press, Cambridge

Waddington, C.H. (1963). Biology for the modern world. Ed., Barnes & Noble, New York

Waddington, C.H. (1942). Canalization of development and the inheritance of acquired characters. Nature, 150: 563-565.

 



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