‘adaptación’

Lamarck 2014

Este artículo está dedicado al profesor José Francisco Bravo Moreno, quien mantiene una hipótesis sobre cómo es posible franquear la barrera somático-germinal

Introducción

La operación de descrédito que el darwinismo ha realizado con la figura de Lamarck es un ejemplo lamentable a tener en cuenta para la historia de la ciencia. Pero la Historia, siempre paciente,  permite que el tiempo haga justicia y traiga las aguas a su cauce.  No en vano bajo la estatua de Lamarck que se encuentra a la entrada del Jardin des Plantes en Paris se lee esta frase de su hija:

La postérité vous admirera. Elle vous vengera, mon père.

 

Ahora, en 2014, ya ha llegado  la anunciada posteridad y con ella la hora de que se cumplan estas proféticas palabras de la amante hija.

 

En su obra Philosophie Zoologique,  Lamarck menciona dos leyes y da numerosos ejemplos de ellas. (Las traducciones de ambas leyes son mías). La primera se refiere a la adaptación:

 

Primera ley

En todo animal que no ha pasado el final de su desarrollo, el uso más frecuente y sostenido de cualquier órgano, fortalece gradualmente este órgano, lo desarrolla, lo agranda, y le da un poder proporcionado a la duración de su empleo;  mientras que la constante falta de uso de tal órgano,  lo debilita imperceptiblemente, lo deteriora, disminuye progresivamente sus facultades, y eventualmente termina por hacerlo desaparecer.

La segunda ley se refiere a la herencia de caracteres adquiridos:

Segunda Ley

Todo lo que la naturaleza ha hecho que los individuos ganen o pierdan por la influencia de circunstancias o de su raza  se encuentra expuesto desde hace tiempo, y en consecuencia, por la influencia del uso predominante de dicho órgano, o la de la falta constante de su uso, ella lo conserva mediante su generación en los nuevos individuos que vienen, siempre que los cambios adquiridos sean comunes a ambos sexos, o a quienes han producido estos dos individuos.

 

 

En El Origen de las Especies (OSMNS) Darwin se inspira en Lamarck, o más apropiadamente, copia de él todo lo que le parece oportuno citándolo en muy pocas ocasiones. Pocas son las veces en que Lamarck es correctamente citado,  normalmente cuando el autor quiere corregir o apostillar algo con base a resultados o experiencias ajenas (así por ejemplo cuando critica la generación espontánea, basándose en los resultados de Pasteur).

En su obra, Darwin habla tanto del efecto del ambiente en los organismos (primera ley) como de la herencia de caracteres adquiridos (segunda ley) dando ejemplos que, o bien son los mismos que utilizaba Lamarck,  o bien son otros muy parecidos. Entre ellos el famoso ejemplo de la jirafa que, curiosamente ha servido para denostar a Lamarck, siendo utilizado cincuenta años después por Darwin en un par de ocasiones.

La herencia de caracteres adquiridos, idea central de Lamarck, que es necesaria para explicar la evolución, va tomando forma. Cada vez más artículos indican que sí, que es posible que los caracteres adquiridos a lo largo de la vida se transmitan a generaciones sucesivas, se hereden. En este blog hemos visto muchos casos, por ejemplo, el artículo de Brown-Sequard publicado en The Lancet en 1875, el caso descrito en el artículo titulado “Effect of In Utero and Early-Life Conditions on Adult Health and Disease”, firmado por Peter Gluckman, Mark Hanson, Cyrus Cooper and Kent Thornburg en el número 359 (1) de la revista The New England Journal of Medicine. También los numerosos casos descritos por Otto Landman en sendos artículos en Scientific American y Annual Review of Genetics. Hace ya cinco años que comentábamos un curioso artículo en Nature titulado Too Soon for the rehabilitation of Lamarck, comentario seguido por otro que venía en su apoyo.

Hoy tenemos otro ejemplo, pero antes de comentarlo recordaremos: ¿Por qué el darwinismo es contrario a la herencia de caracteres adquiridos?

Muy sencillo. Porque el darwinismo está muy vinculado con la Eugenesia e, históricamente,  la Eugenesia defendió la existencia de razas superiores. Uno de los mayores defensores del darwinismo en Alemania fue August Weismann, el inventor de la barrera somático germinal, que no existe, pero de haber existido podría contribuir a demostrar la pureza de las razas. Una lástima ¿No?

Pasemos ya a comentar un nuevo artículo que viene a defender la herencia de caracteres adquiridos, demostrando que la barrera somático germinal era una ficción gratuita de Weismann y del darwinismo. Y que no hay base alguna para hablar de razas favorecidas. Por cierto,….. ¿Recuerdan el título completo de la obra principal de Darwin, OSMNS o la supervivencia de las razas favorecidas en la lucha por la vida?

 

Lamarck rehabilitado

En Nature Neuroscience,   Brian G Dias y Kerry J Ressler han publicado recientemente el artículo titulado Parental olfactory experience influences behavior and neural structure in subsequent generations.

 

El tratamiento de ratones con acetofenona, una sustancia olorosa, de manera asociada a un daño (descarga eléctrica), genera una hipersensibilidad a aquella molécula. Los autores utilizan el test llamado Fear-potentiated startle (FPS) mediante el cual la repetida exposición a acetofenona en asociación con el daño genera una reacción de miedo asociada al olor (odor-potentiated startle (OPS)). FPS aumenta con el tratamiento en la generación inicial, pero también en sus descendientes de la primera generación, que nunca estuvieron expuestos al compuesto.

Los autores encuentran cambios en el bulbo olfativo de los descendientes (F1) de los machos  tratados con acetofenona. En ellos, los glomérulos dorsales e intermedios aparecen considerablemente aumentados en relación con los controles.

La secuenciación con bisulfito permite detectar regiones metiladas en el ADN. Así, la secuenciación con bisulfito del DNA extraído del esperma de ratones F0 alrededor del locus Olfr151 (M71) (respuesta a acetofenona)  y del locus Olfr6 (no respuesta a acetofenona) reveló menor metilación en Olfr151 en machos tratados con acetofenona que en los controles. La reducida metilación en Olfr151 detectada en DNA extraído del esperma se hereda en generaciones posteriores pero no se observa en la propia región del bulbo olfatorio (MOE= Main Olfactory Epithelium).  La reducida metilación no se asoció con otros cambios en histonas como acetilación o trimetilación. Los autores concluyen que el mecanismo de herencia podría basarse en otros procesos como la metilación de ADN o en RNAs no codificantes.

Los autores discuten sus resultados en conexión con otros datos y publicaciones de diferentes laboratorios concluyendo que la herencia transgeneracional epigenética realmente ocurre en mamíferos, apoyando las conclusiones en organismos tan diversos como moscas y  gusanos.

 

Por supuesto que muchas preguntas quedan en el aire. Por ejemplo ¿cómo se transmite la señal a las células espermáticas? Sea como sea la hipótesis de una barrera somático germinal queda descartada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Referencias

 

Dias BG and Ressler, KJ. 2014.  Parental olfactory experience influences behavior and neural structure in subsequent generations. Nature neuroscience 17, 89–96.

Lamarck, JB Philosophie Zoologique. 1997. Flammarion. Paris.

 

 

Lectura aconsejada:

Esta entrada se comenta aquí intensamente

Etiquetas:

Figuras retóricas en el párrafo cuadrigentésimo duodécimo de El Origen de las Especies

Comienza el párrafo con pleonasmo: Natural instincts. Todos los instintos son naturales.

Pero la misma frase en la que está contenido el pleonasmo es una sinécdoque puesto que donde dice:

 Natural instincts are lost under domestication

Los instintos naturales se pierden en estado doméstico

Debería decir:

 Some natural instincts are lost under domestication

Algunos instintos naturales se pierden en estado doméstico

Para finalizar el párrafo, como el autor no ha dicho nada de interés, surge de nuevo su tabla de salvación, Lamarck.  A menudo , llegado el momento en el que el autor se da cuenta de que ha escrito largos párrafos sin decir nada, entonces ha de decir algo. Es entonces cuando copia de Lamarck. Siempre ( o casi siempre), Lamarck:

Pero este instinto conservado por nuestros polluelos se ha hecho inútil en estado doméstico, pues la gallina casi ha perdido, por desuso, la facultad de volar.

 

 

 

 

412

 

Natural instincts are lost under domestication: a remarkable instance of this is seen in those breeds of fowls which very rarely or never become “broody,” that is, never wish to sit on their eggs. Familiarity alone prevents our seeing how largely and how permanently the minds of our domestic animals have been modified. It is scarcely possible to doubt that the love of man has become instinctive in the dog. All wolves, foxes, jackals and species of the cat genus, when kept tame, are most eager to attack poultry, sheep and pigs; and this tendency has been found incurable in dogs which have been brought home as puppies from countries such as Tierra del Fuego and Australia, where the savages do not keep these domestic animals. How rarely, on the other hand, do our civilised dogs, even when quite young, require to be taught not to attack poultry, sheep, and pigs! No doubt they occasionally do make an attack, and are then beaten; and if not cured, they are destroyed; so that habit and some degree of selection have probably concurred in civilising by inheritance our dogs. On the other hand, young chickens have lost wholly by habit, that fear of the dog and cat which no doubt was originally instinctive in them, for I am informed by Captain Hutton that the young chickens of the parent stock, the Gallus bankiva, when reared in India under a hen, are at first excessively wild. So it is with young pheasants reared in England under a hen. It is not that chickens have lost all fear, but fear only of dogs and cats, for if the hen gives the danger chuckle they will run (more especially young turkeys) from under her and conceal themselves in the surrounding grass or thickets; and this is evidently done for the instinctive purpose of allowing, as we see in wild ground-birds, their mother to fly away. But this instinct retained by our chickens has become useless under domestication, for the mother-hen has almost lost by disuse the power of flight.

 

Los instintos naturales se pierden en estado doméstico: un ejemplo notable de esto se ve en las razas de las gallinas, que rarísima vez, o nunca, se vuelven cluecas, o sea, que nunca quieren ponerse sobre sus huevos. Sólo el estar tan familiarizados, nos impide que veamos cuánto y cuán permanentemente se han modificado las facultades mentales de nuestros animales domésticos. Apenas se puede poner en duda que el amor al hombre se ha hecho instintivo en el perro. Los lobos, zorros, chacales y las especies del género de los gatos, cuando se les retiene domesticados sienten ansia de atacar a las aves de corral, ovejas y cerdos, y esta tendencia se ha visto que es irremediable en los perros que han sido importados, cuando cachorros, desde países como la Tierra del Fuego y Australia, donde los salvajes no tienen estos animales domesticados. Por el contrario, qué raro es que haya que enseñar a nuestros perros civilizados, aun siendo muy jóvenes, a que no ataquen a las aves de corral, ovejas y cerdos. Indudablemente alguna vez atacan, y entonces se les pega, y si no se corrigen se les mata; de modo que la costumbre y algún grado de selección han concurrido probablemente a civilizar por herencia a nuestros perros. Por otra parte, los pollitos han perdido, enteramente por costumbre, aquel temor al perro y al gato, que sin duda fue en ellos primitivamente instintivo; pues me informa el capitán Hutton que los pollitos pequeños del tronco primitivo, el Gallus banquiva, cuando se les cría en la India, empollándolos una gallina, son al principio extraordinariamente salvajes. Lo mismo ocurre con los polluelos de los faisanes sacados en Inglaterra con una gallina. No es que los polluelos hayan perdido todo temor, sino solamente el temor a los perros y los gatos, pues si la gallina hace el cloqueo de peligro, se escaparán -especialmente los pollos de pavo- de debajo de ella, y se esconderán entre las hierbas y matorrales próximos; y esto lo hacen evidentemente con el fin instintivo de permitir que su madre escape volando, como vemos en las aves terrícolas salvajes. Pero este instinto conservado por nuestros polluelos se ha hecho inútil en estado doméstico, pues la gallina casi ha perdido, por desuso, la facultad de volar.

Lectura aconsejada:

Etiquetas: ,

Los Pleuronéctidos están adaptados y una supuesta transición gradual en el párrafo tricentésimo sexagésimo segundo de El Origen de las Especies

 

Es evidente que los pleuronéctidos están admirablemente adaptados a su modo de vida …………..

Evidente, todo en la naturaleza se encuentra adaptado a su modo de vida. El autor se empeña en buscar ventajas relacionadas con su particular modo de ver el mundo:

Las principales ventajas obtenidas de este modo parecen ser protección contra sus enemigos y facilidad para alimentarse en el fondo.

La transición gradual, es más que dudosa:

Los diferentes miembros de la familia presentan, sin embargo, como hace observar Schiödte, «una larga serie de formas que muestran una transición gradual, desde Hippoglossus pinguis, que no cambia mucho de la forma en que abandona el huevo, hasta los lenguados, que están enteramente echados sobre un lado».

 

 

362

 

The Pleuronectidae, or Flat-fish, are remarkable for their asymmetrical bodies. They rest on one side—in the greater number of species on the left, but in some on the right side; and occasionally reversed adult specimens occur. The lower, or resting-surface, resembles at first sight the ventral surface of an ordinary fish; it is of a white colour, less developed in many ways than the upper side, with the lateral fins often of smaller size. But the eyes offer the most remarkable peculiarity; for they are both placed on the upper side of the head. During early youth, however, they stand opposite to each other, and the whole body is then symmetrical, with both sides equally coloured. Soon the eye proper to the lower side begins to glide slowly round the head to the upper side; but does not pass right through the skull, as was formerly thought to be the case. It is obvious that unless the lower eye did thus travel round, it could not be used by the fish while lying in its habitual position on one side. The lower eye would, also, have been liable to be abraded by the sandy bottom. That the Pleuronectidae are admirably adapted by their flattened and asymmetrical structure for their habits of life, is manifest from several species, such as soles, flounders, etc., being extremely common. The chief advantages thus gained seem to be protection from their enemies, and facility for feeding on the ground. The different members, however, of the family present, as Schiodte remarks, “a long series of forms exhibiting a gradual transition from Hippoglossus pinguis, which does not in any considerable degree alter the shape in which it leaves the ovum, to the soles, which are entirely thrown to one side.”

 

Los pleuronéctidos o peces planos son notables por la asimetria de su cuerpo. Permanecen acostados sobre un lado, en la mayor parte de las especies sobre el izquierdo, pero en algunas sobre el derecho, y, a veces, se presentan ejemplares adultos inversos. El lado inferior o superficie de descanso parece, a primera vista, el lado ventral de un pez ordinario: es de un color blanco y está, por muchos conceptos, menos desarrollado que el lado superior, y frecuentemente tiene las aletas laterales de tamaño menor. Pero los ojos ofrecen una particularidad notabilísima, pues ambos están situados en el lado superior de la cabeza. En la primera edad, sin embargo, los ojos están opuestos uno a otro, y todo el cuerpo es entonces simétrico, teniendo ambos lados de igual color. Pronto el ojo propio del lado inferior empieza a resbalar lentamente alrededor de la cabeza hacia el lado superior, pero no pasa a través del cráneo, como antes se creyó que ocurría. Es evidente que, a menos que el ojo inferior girase de esta manera, no podría ser usado por el pez mientras yace en su posición habitual sobre un lado. El ojo inferior, además, habría estado expuesto a rozarse con el fondo arenoso. Es evidente que los pleuronéctidos están admirablemente adaptados a su modo de vida mediante su conformación aplastada y asimétrica, pues diferentes especies, como los lenguados, platijas, etc., son comunísimas. Las principales ventajas obtenidas de este modo parecen ser protección contra sus enemigos y facilidad para alimentarse en el fondo. Los diferentes miembros de la familia presentan, sin embargo, como hace observar Schiödte, «una larga serie de formas que muestran una transición gradual, desde Hippoglossus pinguis, que no cambia mucho de la forma en que abandona el huevo, hasta los lenguados, que están enteramente echados sobre un lado».

 

 

Lectura aconsejada:

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

Etiquetas:
Categorias: adaptación

Etienne Rabaud critica severamente el párrafo tricentésimo quincuagésimo tercero de El Origen de las Especies

 

La imaginación del autor supera toda elocuencia. Su fe en lo que nadie ha visto ni probado supera toda duda:

 Pero en todos los casos precedentes los insectos, en su estado primitivo, presentaban indudablemente alguna tosca semejanza accidental con algún objeto común en los parajes por ellos frecuentados; lo cual no es, en modo alguno, improbable, si se considera el número casi infinito de objetos que los rodean y la diversidad de formas y colores de las legiones de insectos existentes.

 

Nótese el contraste. Primero: presentaban indudablemente alguna tosca semejanza

 

Después: lo cual no es, en modo alguno, improbable.

 

Pero vamos a ver: siendo indudable, ¿cómo va a ser improbable?

El párrafo acaba de nuevo de manera increible:

Verdaderamente, tendría fuerza la objeción de míster Mivart si tuviésemos que explicar estas semejanzas por simple variabilidad fluctuante, independientemente de la selección natural; pero tal como es el caso no la tiene.

Etienne Rabaud en su libro L’adaptation et l’evolution viene a apoyar firmemente la crítica de Mivart. Destaca  este modo ambiguo de ver las cosas y nos dice:

 

Cette doctrine soulève, à divers points de vue, des objections extrêmement graves [1]. Pour nous borner à celle qui nous importe ici, une simple remarque suffit. Supposons que la ressemblance crée véritablement un avantage et prenons, pour fixer les termes, un animal qui ait l’aspect d’une feuille morte. Cette ressemblance résulte d’une variation qui porte sur une partie seulement des individus d’une espèce; ceux-là seuls qui auront l’aspect feuille-morte se confondront avec le substrat et passeront inaperçus, tous les autres disparaîtront tôt ou tard et nous ne devrions trouver aucun individu de cette espèce qui n’ait l’aspect feuille-morte. Bien mieux, il faudra que l’aspect feuille-morte s’établisse en un seul temps, que les individus deviennent invisibles d’emblée. Car l’invisibilité seule constitue un avantage et elle ne le constituera que si elle est complète. Des « adaptations » successives, qui mèneraient par étapes d’une grande visibilité à l’invisibilité, ne procureraient aucun avantage partiel ; la visibilité persisterait, en effet, et ces individus intermédiaires devraient disparaître, aussi bien que les individus non modifiés. S’ils ne disparaissaient pas, à quoi tiendrait leur persistance, puisque l’amorce de mimétisme ne saurait les dissimuler aux yeux des agresseurs ? A supposer, d’ailleurs, que leur visibilité un peu moindre constitue un léger avantage, devraient-ils disparaître quand surviennent les individus moins visibles encore ? Si le premier « avantage » a réalisé une sauvegarde suffisante, comment la venue d’individus moins visibles encore supprimerait-elle l’effet utile de ce premier avantage ?



[1] Etienne Rabaud, a) Les défenses de l’organisme et la persistance des espèces, Rev. phil., 1917; b) Essai sur la vie et la mort des espèces. Bul. SCI., Fr. Belg. 1917; c) Eléments de Biologie générale, Paris. Alcan. 1920.

Que traduzco:

 

Esta doctrina levanta, bajo diversos puntos de vista, objeciones extremadamente graves. Para limitarnos a lo que nos importa aquí, una observación simple basta. Supongamos que la semejanza verdaderamente crea una ventaja y tomemos, para fijar los términos, un animal que tuviera el aspecto de una hoja seca. Esta semejanza resulta de una variación que ocurre en una parte solamente a individuos de una especie; sólo los que tengan el aspecto de hoja-muerta se confundirán con el substrato y pasarán inadvertidos, todos los demás desaparecerán tarde o temprano y no deberíamos encontrar a ningún individuo de esta especie que no tuviera el aspecto hoja-muerta. Más aún, hará falta que el aspecto de hoja-muerta se establezca de una sola vez, que los individuos se vuelvan invisibles de golpe. Porque la invisibilidad sola constituye una ventaja y lo constituirá sólo si es completa. Las supuestas «adaptaciones» sucesivas, que llevarían por etapas de una gran visibilidad hasta la invisibilidad, no proporcionarían ninguna ventaja parcial; la visibilidad persistiría, en efecto, y estos individuos intermediarios deberían desaparecer, tanto como los individuos modificados. Pero, ….¿Si no desapareciesen, a qué sería debida su persistencia, ya que el cebo de mimetismo no sabría disimularlos a los ojos de los agresores? Al suponer, por otra parte, que su menor visibilidad constituye una ventaja ligera, …..¿ Deberían entonces desaparecer cuando sobrevienen los individuos menos visibles todavía? Si la primera “ventaja” supuso una salvaguardia suficiente, ¿cómo podría ser que la llegada de individuos menos visibles todavía viniese a suprimir el efecto útil de esta primera ventaja?

 

 

353

 

But in all the foregoing cases the insects in their original state no doubt presented some rude and accidental resemblance to an object commonly found in the stations frequented by them. Nor is this at all improbable, considering the almost infinite number of surrounding objects and the diversity in form and colour of the hosts of insects which exist. As some rude resemblance is necessary for the first start, we can understand how it is that the larger and higher animals do not (with the exception, as far as I know, of one fish) resemble for the sake of protection special objects, but only the surface which commonly surrounds them, and this chiefly in colour. Assuming that an insect originally happened to resemble in some degree a dead twig or a decayed leaf, and that it varied slightly in many ways, then all the variations which rendered the insect at all more like any such object, and thus favoured its escape, would be preserved, while other variations would be neglected and ultimately lost; or, if they rendered the insect at all less like the imitated object, they would be eliminated. There would indeed be force in Mr. Mivart’s objection, if we were to attempt to account for the above resemblances, independently of natural selection, through mere fluctuating variability; but as the case stands there is none.

 

Pero en todos los casos precedentes los insectos, en su estado primitivo, presentaban indudablemente alguna tosca semejanza accidental con algún objeto común en los parajes por ellos frecuentados; lo cual no es, en modo alguno, improbable, si se considera el número casi infinito de objetos que los rodean y la diversidad de formas y colores de las legiones de insectos existentes. Como es necesaria alguna tosca semejanza para el primer paso, podemos comprender por qué es que los animales mayores y superiores -con la excepción, hasta donde alcanza mi conocimiento, de un pez- no se asemejan para protección a objetos determinados, sino tan sólo a la superficie de lo que comúnmente les rodea, y esto, sobre todo, por el color. Admitiendo que primitivamente ocurriese que un insecto se asemejase algo a una ramita muerta o a una hoja seca, y que este insecto variase ligeramente de muchos modos, todas las variaciones que hiciesen a este insecto en algún modo más semejante a alguno de tales objetos, favoreciendo así el que se salvase de sus enemigos, tendrían que conservarse, mientras que otras variaciones tendrían que ser desdeñadas, y finalmente perdidas, o, si hacían al insecto en algún modo menos parecido al objeto imitado, serían eliminadas. Verdaderamente, tendría fuerza la objeción de míster Mivart si tuviésemos que explicar estas semejanzas por simple variabilidad fluctuante, independientemente de la selección natural; pero tal como es el caso no la tiene.

 

Lecturas aconsejadas:

 

Etiquetas:

Herencia de caracteres adquiridos: artículo de Brown Sequard citado por Darwin en OSMNS

 

He traducido al español  el  artículo de C.E. Brown-Sequard al que se refería Darwin en el párrafo ducentésimo cuarto de OSMNS. El artículo se publicó en The Lancet, 2. y la traducción es como sigue (al final, el artículo en versión original):

 

 Sobre la transmisión hereditaria de los efectos de ciertos daños al sistema nervioso

 

C. E. BROWN-SÉQUARD, M.D., F.R.S., F.R.C.P.L.

 

 

En una comunicación que hice, en 1870, en Liverpool, a los miembros de la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia, mencioné haber sido testigo de una serie de datos que muestran que las alteraciones de las orejas o miembros, y ciertas condiciones mórbidas, habían aparecido por herencia de los padres en los que las mismas alteraciones o condiciones habían sido provocados por ciertas lesiones en el sistema nervioso. Los hechos que he observado, algunos antes, otros desde esa reunión, relativos a la transmisión hereditaria en muchos animales de los estados mórbidos causados en uno u otro de sus padres por una lesión en el sistema nervioso, se pueden resumir de la siguiente manera:

 

l.  Aparición de epilepsia en animales nacidos de padres epilépticos  por una lesión en la médula espinal. *

 

2 º. Aparición de epilepsia también en animales nacidos de padres epilépticos por la sección del nervio ciático.

 

3 º. Un cambio en la forma de la oreja en los animales nacidos de padres en el que dicho cambio fue el efecto de una división del nervio simpático cervical.

 

4 º. El cierre parcial de los párpados en los animales nacidos de los padres en que había sido el estado de los párpados causado ya sea por la sección del nervio simpático cervical o la eliminación del ganglio cervical superior.

 

5 º. Exoftalmia en animales nacidos de padres en los que una lesión en el cuerpo restiforme había producido tal protrusión del globo ocular. Hecho interesante que he visto un buen número de veces, y en el que he visto que la transmisión del estado mórbido del ojo continúa a través de cuatro generaciones. En estos animales, modificados por la herencia, los dos ojos generalmente sobresalían, aunque en los padres por lo general sólo uno mostró exoftalmia, la lesión ha sido hecha en la mayoría casos sólo en uno de los cuerpos restiformes.

 

6. Hematoma y gangrena seca del oído en los animales nacidos de padres en los que estas alteraciones del oído, habían sido causadas por una lesión en el cuerpo restiforme cerca de la punta de el cálamo.

 

7 º. Ausencia de dos dedos de los pies de los tres de la pata trasera, y a veces de los tres, en aquellos animales cuyos padres habían devorado los dedos de los pies de sus patas traseras por anestesia a partir de una sección del nervio ciático solo, o del nervio y también de la crural. A veces, en lugar de completa ausencia de los dedos del pie, sólo una parte de uno o dos o tres faltaban en los jóvenes, aunque en sus parentales no sólo los dedos de los pies, sino que todo el pie estaba ausente (en parte comido, en parte destruido por la inflamación, ulceración o gangrena).

 

8. Aparición de varios estados mórbidos de la piel y pelo del cuello y de la cara de los animales nacidos de padres que tienen alteraciones similares en las mismas partes, como efectos de una lesión en el nervio ciático.

En éste hecho me detendré en este breve artículo, pero antes de hacerlo, creo que es esencial hacer algunos comentarios generales sobre las circunstancias relativas a los diversos hechos arriba mencionados.

En cuanto a la transmisión de la epilepsia, está claro que hay que contemplarla cuando aparece en la descendencia como debida a la herencia, ya que en las especies de animales  (cobayas) en el que estos hechos se han observado nunca he visto epilepsia excepto en aquellos animales con ciertas lesiones capaces de producir el daño nervioso, o en las crías de estos animales lesionados y con ello epilépticos. Mi observación sobre cobayas ha sido de tal magnitud (en un tiempo, antes del sitio de París, tenía 584 en mi laboratorio) que puedo decir que he tenido muchos miles, y muchos bajo observación desde 1843 hasta ahora-un período de más de treinta años. De los diversos tipos de transmisión hereditaria que he mencionado, sólo dos son muy frecuentes-exoftalmia y el cambio en la forma de la oreja. La ausencia de dedos de los pies es rara. Desde que le he prestado atención a sólo lo he registrado trece veces, aunque sé que lo he visto en más de trece animales. He llegado a la conclusión de que esta condición del pie privado de sus dedos se debe a la herencia ya que nunca he visto un cobaya nacido sin pie que no fuese hijo de padres accidentalmente privados de los dedos del pie. Además, la ausencia congénita de los dedos nunca ha existido sino en las patas traseras, extremidades que eran también las únicas sin dedos en los padres. Debo decir, sin embargo, que en dos animales ambas patas traseras eran en parte sin dedos, mientras que el padre, en un caso, y la madre en el otro, tenían los dedos que faltan sólo en una de las patas traseras.

 

Una observación similar que he hecho, y ya se ha mencionado, se refiere a la protrusión de los globos oculares: un número de animales tenía los dos ojos saltones, aunque sus padres estaban enfermos en la mayoría de los casos de herencia que he observado sólo uno de los padres había sido operado, y tenía la alteración que se ha transmitido.

 

Paso ahora a la realidad sobre la que quiero llamar especialmente la atención. He hecho las siguientes observaciones sólo en dos animales, pero en ambos de ellos todas las características que se mencionan eran perfectamente manifiestas.

 

Ya he dicho que las crías de cobayas nacidas de padres que tienen una sección del nervio ciático a veces se vuelven epilépticas. Esta epilepsia heredada nunca la he observado en animales distintos de los que habían heredado también una ausencia de dedos. Ahora, en cuanto a estos animales sin dedos, he podido en dos de ellos, como ya se ha dicho, dar seguimiento a los cambios que se mencionan a continuación.

Es muy bien sabido que he encontrado que algún tiempo después de la sección del nervio ciático en cobayas,  la sensibilidad de la piel de algunas partes de la cara y el cuello en el lado de la operación es muy diferente de lo que era, disminuyendo  a medida que se refiere a su poder de dar lugar a dolor bajo un pinchazo, un pellizco, o una corriente galvánica, al mismo tiempo que aparece en la piel la capacidad para producir un movimiento reflejo convulsivo, al hacer cosquillas o con pellizcos suaves.

Al principio sólo hay un espasmo reflejo de algunos músculos de la cara y el cuello, poco a poco el número de músculos que se contraen y la energía de los espasmos aumentan, y después de unos días toda la parte del cuerpo en que se ha dividido el nervio se contrae poderosamente. Un poco más tarde los músculos del otro lado también convulsionan, y la cabeza se sacude de un lado a otro lado. Unos días más tarde, el ataque se hace más completo. No sólo las convulsiones son más fáciles de producir y se vuelven más violentas, sino que también a veces hay pérdida de conciencia y un estado de letargo, estupidez, e incluso en algunos casos de locura, un poco después del ataque. Mientras tanto los extremos divididos del nervio ciático comienzan a unirse, y cuando avanza la unión, podemos ser testigos de tres hechos muy notables. La piel de la cara y el cuello recupera poco a poco su sensibilidad a la irritación mecánica o galvánica, el ajuste gradualmente disminuye en intensidad, los cambios positivos que ocurren sólo por gradaciones opuestas a las seguidas mientras que el problema va en aumento, y encontramos también que el cabello se cae poco a poco de la zona cutánea, cuya excitación por cosquilleo o pellizco suave fue capaz de dar lugar a un ataque epiléptico. El inicio de esta caída del cabello marca el punto de inflexión de la afección nerviosa. Tan pronto como aparece, una disminución de la violencia de la queja convulsiva empieza a hacerse notar.

 

Ahora todas estas particularidades-el aumento gradual de la afección, la disminución de la sensibilidad en la zona epileptogénica, la llegada de un período de ataques de epilepsia completos, y luego la pérdida de cabello, y la disminución gradual de la sensibilidad del sistema nervioso, todas estas cosas en todos sus detalles tienen lugar también en dos cobayas nacidos sin dedos  por la herencia, y que tienen también por herencia tendencia a ser epilépticos.

 

Existe, pues, una herencia, no sólo de la aptitud para ser presa de convulsiones, sino de todo el síndrome nervioso del padre o de la madre en todas sus funciones, de principio a fin, y en el mismo orden. Esto ciertamente es bastante notable, pero lo que es todavía más notable es que en los padres hay cambios que sabemos que ocurren en el nervio ciático, que encontramos conectados con las diferentes etapas de la alteración convulsiva, y especialmente allí es la co-existencia de la reunión del nervio dividido y de la mejora en el momento de la caída del cabello, mientras que en los animales nacidos sin dedos no hay división del nervio ciático para dar lugar al daño, y mucho menos una reunión de extremos separados del nervio para explicar la mejoría.

 

 

Debemos concluir, pues, que el nervio ciático en el animal congénitamente privado de dedos ha heredado el poder de pasar por todos los diferentes estados morbosos que se han producido en uno de sus padres en el extremo central del nervio ciático desde el momento de la división hasta después su reencuentro con el fin periférica. No es, pues, simplemente el poder de realizar una acción que se hereda, sino la potencia de la realización de la totalidad de una serie de acciones, y en un cierto orden.

 

En casi todos, si no en todos, los casos de transmisión hereditaria que he observado en aquellos animales en cuyos padres se había herido tanto el nervio ciático, el nervio simpático cervical o en el corpus restiformis, lo más probable es que lo que se transmite sea el estado mórbido de el sistema nervioso. Es posible que exista una excepción en el hecho de que algunos animales nacieron sin dedos a partir de padres que habían perdido los dedos de los pies, pero los otros hechos sólo implican la transmisión de un estado mórbido del nervio simpático o ciático o de una parte de el bulbo raquídeo.

Estos hechos, sumados a muchos otros mencionados por P. * Lucas y por Charles Darwin, demuestran claramente la posibilidad de la transmisión hereditaria de los efectos de meras lesiones accidentales.

 

********************************************************************************************

ON THE HEREDITARY TRANSMISSION OF EFFECTS OF CERTAIN INJURIES TO THE NERVOUS SYSTEM.

BY C. E. BROWN-SÉQUARD, M.D., F.R.S., F.R.C.P.L.

In a communication I made, in 1870, at Liverpool, to the members of the British Association for the Advancement of Science, I mentioned having witnessed a number of facts showing that alterations of ears or limbs, and certain morbid conditions, had appeared through heredity from parents in which the same alterations or conditions had been brought on by certain injuries to the nervous system. The facts I have observed-some before, others since that meeting concerning the hereditary transmission to many animals of morbid states caused in one or other of their parents by some injury to the nervous system, can be summed up as follows :

 

lst. Appearance of epilepsy in animals born of parents having been rendered epileptic by an injury to the spinal

cord.*

 

2nd. Appearance of epilepsy also in animals born of parents having been rendered epileptic by the section of the

sciatic nerve.

 

3rd. A change in the shape of the ear in animals born of parents in which such a change was the effect of a division of the cervical sympathetic nerve.

 

4th. Partial closure of the eyelids in animals born of parents in which that state of the eyelids had been caused

either by the section of the cervical sympathetic nerve or the removal of the superior cervical ganglion.

 

 

5th. Exophthalmia in animals born of parents in which an injury to the restiform body had produced that protrusion of the eyeball. This interesting fact I have witnessed a good many times, and I have seen the transmission of the morbid state of the eye continue through four generations. In these animals, modified by heredity, the two eyes generally

protruded, although in the parents usually only one showed exophthalmia, the lesion having been made in most cases only on one of the corpora restiformia.

 

 

6th. Hematoma and dry gangrene of the ears in animals born of parents in which these ear-alterations had been caused by an injury to the restiform body near the nib of the calamus.

 

7th. Absence of two toes out of the three of the hind leg, and sometimes of the three, in animals whose parents had

eaten up their hind-leg toes which had become anaesthetic from a section of the sciatic nerve alone, or of that nerve and also of the crural. Sometimes, instead of complete absence of the toes, only a part of one or two or three was missing in the young, although in the parent not only the toes but the whole foot was absent (partly eaten off, partly destroyed by inflammation, ulceration, or gangrene).

 

8th. Appearance of various morbid states of the skin and hair of the neck and face in animals born of parents having had similar alterations in the same parts, as effects of an injury to the sciatic nerve.

 

 

This is the fact I shall dwell upon in this short paper; but before I do so I think it is essential to make some general remarks about the circumstances relating to the various facts above mentioned. –

 

As regards the transmission of epilepsy, it is clear that we must look upon that affection when it appears in the offspring as due to heredity, because in the species of animals (guinea-pigs) in which these facts have been observed I have never seen epilepsy except in those having had certain injuries able to produce that nervous complaint, or in the young born of these injured and thereby epileptic animals. My watching over guinea-pigs has been on such a scale (at one time, before the siege of Paris, I had 584 in my laboratory) that I can say I have had many and many thousands under observation from 1843 till now-a period of more than thirty years. Of the various kinds of hereditary transmission I have mentioned, only two are very frequent-exophthalmia and the change in shape of the ear. The absence of toes is rare. Since I have paid attention to it as an instance of hereditary transmission I have only recorded it thirteen times, although I know that I have seen it in more than thirteen animals. I have come to the conclusion that this condition of the foot deprived of toes is due to heredity from this reason, that I have never seen a guinea-pig born toeless which was not the offspring of parents accidentally deprived of toes. Besides, the congenital absence of toes has never existed but in the hind legs, limbs which were also the only toeless ones in the parents. I should say, however, that in two animals both hind legs were partly toeless, while the father in one case, and the mother in the other, had toes missing only in one of the hind legs. A

similar observation I have made, and already mentioned, as regards the protrusion of the eyeballs ; a number of animals had both eyes protruding, although their parents had ill In most of the instances of heredity that I have observed only one of the parents had been operated upon, and had the alteration which has been transmitted.

 

I now come to the fact to which I wish especially to call attention. I have made the following observations only in two animals, but in both of them all the features I will mention were perfectly manifest.

 

I have already stated that the young of guinea-pigs born of parents having had a section of the sciatic nerve sometimes become epileptic. This inherited epilepsy I have never observed in other animals than those which had also inherited an absence of toes. Now, as regards these toeless animals, I have been able in two of them, as already stated, to follow up the changes I will mention.

 

 

It is pretty well known that I have found that some time after the section of the sciatic nerve in guinea-pigs the sensibility of the skin of some parts of the face and neck on

the side of the operation becomes very different from what it was; it diminishes as regards its power of giving rise to pain under a prick, a pinch, or a galvanic current, at the same time that appears in that skin the power, when tickled or gently pinched, to produce some convulsive reflex movement. At first there is only a reflex spasm of some muscles of the face and neck; gradually the number of muscles contracting and the energy of the spasm increase, and after a few days the whole side of the body on which the nerve has been divided contracts powerfully. A little later the muscles of the other side become also convulsed, and the head is shaken to and fro from side to side. A few days later the attack becomes more complete. Not only the convulsions are more easily produced and become more violent, but also there is sometimes loss of consciousness and a state of torpor, stupidity, and even in a few instances of insanity, for a while after the attack. In the meanwhile the divided ends of the sciatic nerve begin to unite, and when reunion progresses, three very remarkable facts can be witnessed. The skin

of the face and neck recover gradually their sensibility to mechanical or galvanic irritation, the fits gradually diminish in intensity, the changes for the better occurring just by opposite steps to those followed while the trouble was increasing, and we find also that the hair gradually falls off from the cutaneous zone, the excitation of which by tickling or gentle pinching was able to give rise to an epileptic attack. The beginning of this fall of hair marks the turning-point of the nervous affection. As soon as it appears, a decrease of violence of the convulsive complaint begins to be noticed.

 

 

Now all these peculiarities-the gradual increase of the affection, the diminution of sensibility in the epileptogenouts zone, the coming of a period of complete attacks of epilepsy, and then the loss of hair, and the gradual diminution of the nervous complaint-all these things in all their details I have witnessed also in two guinea-pigs born toeless by heredity, and having also by heredity become epileptic.

 

There is therefore an inheritance not only of an aptitude of being seized with convulsions, but of the whole nervous affection of the father or mother in all its features, from beginning to end, and in the same order. This certainly is quite remarkable, but what is still more so is that in the parent there are changes which we know to occur in the sciatic nerve, which we find to be connected with the different

stages of the convulsive affection, and especially there is the co-existence of the reunion of the divided nerve and of the amelioration at the time of the fall of hair; while in the

toeless-born animals there is no division of the sciatic nerve to give rise to the trouble, and still less a reunion of separated ends of nerve to explain the amelioration.

 

We must conclude therefore that the sciatic nerve in the congenitally toeless animal has inherited the power of’ passing through all the different morbid states which have occurred in one of its parents in the central end of the sciatic nerve from the time of the division till after its reunion with the peripheric end. It is not therefore simply the power of performing an action which is inherited, but the power of performing the whole of a series of actions, and in a certain order.

In almost all, if not in all, the cases of hereditary transmission I have observed in animals in whose parents I had injured either the sciatic nerve, the cervical sympathetic nerve, or the corpus restiformis, most likely what is transmitted is the morbid state of the nervous system. There is possibly an exception in the fact that some animals were born toeless from their parents having lost their toes; but the other facts only imply the transmission of a morbid state of the sympathetic or sciatic nerve or of a part of the medulla oblongata.

These facts, added to many others mentioned by P. Lucas* and by Charles Darwin, clearly prove the possibility of hereditary transmission of effects of mere accidental injuries.

 

Pare leer más sobre Brown-Sequard.

 

Etiquetas: