‘Cuvier’

Decididamente Darwin se opone a la idea de Diseño: Algunas opiniones al respecto.

Son muchos entre los lectores de El Origen de las Especies los que detectaron su objetivo de ir en contra de la idea de diseño. Ya vimos por ejemplo la interpretación del Reverendo Charles Hodge en su libro “What is darwinism?” .

Otro lector con interpretación semejante es más conocido y menos religioso. Se trata de Henry James, quien había estado en la casa del naturalista inglés, no sabemos si tomando el té o no, tal vez sí. Y por lo tanto tal vez fuese ahí, en Down, en la casa de Darwin, tomando el té en donde se inspiró para escribir aquel párrafo memorable en el que relacionaba la moral de los ingleses con el té, identificándolos.

Pues bien, Henry James, amigo de Darwin había dicho de su obra que con ella se había eliminado de una vez por todas el diseño de la mente de los científicos:“has once for all displaced design from the minds of the ‘scientific”.

Que hubiese podido ocurrir esto sería difícil de entender sin una ayuda. Pero Henry James sabía lo que decía.  Según indica Kristin Boudreau James sospechaba de la autoridad institucional, aceptando las ideas por su utilidad más que por el status de sus fuentes:

 

James was cheerfully suspicious of institutional authority, accepting ideas because of their usefulness rather than because of the status of their sources.

 

En España un lector de Darwin que se  percató de su intención fue Cánovas del Castillo, quien en un discurso indicó que Darwin se proponía hacer inútil la idea de Dios.

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SOBRE LA UNIDAD DE COMPOSICIÓN Y EL DEBATE ENTRE CUVIER Y GEOFFROY SAINT-HILAIRE

 

 

Presentamos aquí la primera traducción al español del libro titulado De l’Unité de Composition et du Debat entre Cuvier et Geoffroy Saint Hilaire (1865), última obra publicada de Pierre Flourens.
Justo es comenzar por responder a esta pregunta: ¿Quíén era Pierre Flourens?

 

 

Pierre Flourens nació el 13 de abril de 1794 en Maureilhan, un pueblo próximo a Béziers, en el sudeste francés. Estudió Medicina en la Universidad de Montpellier y en 1814 fue a París a estudiar fisiología con Georges Cuvier (1769-1832). Sus trabajos iniciales incluían la investigación en la base física de sensación y lo llevaron a la concesión del prestigioso premio Montyon (1824 y 1825), dedicándose después durante muchos años a la neurofisiología. En París trabajó con el botánico Agustín de Candolle (1779-1841) y con el zoólogo Etienne Geoffroy Saint Hilaire (1772-1844). Fundador de la neurobiología, fue uno de los principales rivales de la frenología, teoría propuesta por el alemán Franz Joseph Gall (1758-1825) que proponía la localización de funciones mentales en áreas específicas del cerebro, con lo cual el aspecto del cráneo podría dar una idea de la constitución mental del individuo. Flourens se opuso a Gall y a la frenología con el argumento de que el cerebro es una unidad. A tal fin realizó numerosos experimentos con palomas reconociendo la existencia de una acción propia en cada zona del cerebro, supeditada a una acción común para la totalidad del órgano. Los resultados de sus investigaciones se reúnen en la que fue una de sus obra principales: Recherches expérimentales sur les propriétés et les fonctions du système nerveux dans les animaux vertébrés.

En neurobiología, sus teorías anticipan los conceptos de equipotencialidad y acción masiva posteriormente formulados por KS Lashley (Brain Mechanisms and Intelligence, p 120 y siguientes; University of Chicago Press, 1929). En 1833, Flourens fue nombrado profesor de anatomía en el Collège de France y en 1838, diputado por la comuna de Béziers. Elegido miembro de la Academia Francesa en 1840, en competición con Víctor Hugo (1802-1885), recibió la Légion d’honneur en 1845. Se retiró completamente de la vida política en 1848 para dedicarse exclusivamente a la ciencia, aceptando la cátedra de Historia Natural en el Colegio de Francia en 1855. Asimismo fue miembro de l’Académie des Sciences de France desde 1828 y su secretario permanente (Secrétaire perpétuel) entre los años de 1833 y 1866.
Aunque las páginas web de la Academie des Sciences indican en 1868 la fecha final del mandato de Flourens como Secrétaire perpétuel, en la página 424 de la publicación titulada L’Année Scientifique et Industrielle, de 1867, al comenzar la sección dedicada a Académies et Sociétés Savantes, en la sección 1: Séance Publique Annuelle de l’Academie des Sciences, du 5 mai 1866, se lee:
Un intêrét particulier s’attachait à cette séance. M. Coste, qui depuis un an reemplace M. Flourens, gravement malade, et atteint peut-être sans retour, devait prononcer l’éloge de rigueur…
(Un interés particular se centraba en esta sesión. M Coste, que desde hace un año reemplazaba a M Flourens, gravemente enfermo, y probablemente sin retorno, debía pronunciar el elogio de rigor…).

Gravemente enfermo en la sesión de 1866, Flourens falleció en Montgeron, cerca de Paris, el 6 de diciembre de 1867. Su penúltimo libro, publicado en 1864 cuando su autor contaba setenta años, fue: “Examen du Livre de Darwin sur l’Origine des Especes”. En él muestra un rigor notable al criticar punto por punto el Origen de las Especies, obra de Darwin que, sin duda había leído a conciencia.
Flourens es reconocido como un pionero de la teoría moderna de la función cerebral, según la cual el cerebro actúa como unidad funcional, aunque determinadas funciones son controladas por partes específicas. Llegó a esta teoría utilizando métodos de ablación y estimulación y realizando muchas investigaciones experimentales con mamíferos, especialmente conejos y también con palomas. La extracción del cerebelo conducía a la pérdida del sentido del equilibrio y a la falta de coordinación muscular del animal. Al separar los hemisferios cerebrales se interrumpían todas las funciones cognitivas en las palomas. Propuso Flourens que la corteza cerebral, el cerebelo y el tronco del encéfalo funcionan a nivel global como un conjunto completo, equipotencial y coordinado con todas las demás partes. Flourens avanzó en la obra de Julien-Cesar Legallois (1770-1814)….

Seguir leyendo el libro en Digital CSIC…

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La teoría ordinaria de la creación independiente, chivo expiatorio, en el párrafo septingentésimo cuadragésimo primero de El Origen de las Especies

Cada vez que el autor hace referencia a la “La teoría ordinaria de la creación independiente”, es como si  escapase de toda dificultad poniéndose a salvo. Así, después de eludir en el párrafo anterior todo comentario histórico a las teorías de Geoffroy St. Hilaire que le obligaría a tratar de Cuvier y de Lamarck,  en este se pone a salvo. Para evitar tener que dar explicaciones vuelve a su escondite favorito, el chivo expiatorio de todas sus culpas: La teoría ordinaria de la creación independiente.

741.

 

Nothing can be more hopeless than to attempt to explain this similarity of pattern in members of the same class, by utility or by the doctrine of final causes. The hopelessness of the attempt has been expressly admitted by Owen in his most interesting work on the “Nature of Limbs.” On the ordinary view of the independent creation of each being, we can only say that so it is; that it has pleased the Creator to construct all the animals and plants in each great class on a uniform plan; but this is not a scientific explanation.

 

Nada puede haber más inútil que intentar explicar esta semejanza de tipo en miembros de la misma clase por la utilidad o por la doctrina de las causas finales. La inutilidad de intentar esto ha sido expresamente reconocida por Owen en su interesantísima obra sobre la Nature of Limbs. Según la teoría ordinaria de la creación independiente de cada ser, podemos decir solamente que esto es así; que ha placido al Creador construir todos los animales y plantas, en cada una de las grandes clases, según un plan uniforme; pero esto no es una explicación científica.

Lectura aconsejada:

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Ejemplos de la paleontología en el párrafo quingentésimo nonagésimo sexto del Origen de las Especies

Comenzamos nueva sección titulada De las afinidades de las especies extinguidas entre sí y con las formas vivientes, y ya el título encierra una gran ambigüedad, puesto que nos indica que existen afinidades entre especies extinguidas entre sí y con las formas vivientes. Entonces: ¿Dónde va a parar la evolución?, pero no adelantemos acontecimientos y leamos despacio el párrafo. Fíjense en esto que dice al principio:

Se reparten todas entre un corto número de grandes clases, y este hecho se explica en seguida por el principio de la descendencia.

Esto es precisamente lo contrario que indica el sentido común y lo contrario que le criticaron muchos de sus contemporáneos, por ejemplo Agassiz, a quien no tardaremos en encontrar citado en este párrafo. En realidad si todas las especies, vivientes y extinguidas se reparten entre un corto número de grandes clases,  este hecho no se explica en absoluto por ningún principio de la descendencia o transformación.

El autor va a intentar convencernos de lo siguiente:

El que las formas orgánicas extinguidas ayudan a llenar los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes, es ciertísimo

¿Lo conseguirá? Veamos. Ya es algo digno de reconocer que no incluya Clases ni Phylum, ahí parece que no vamos a entrar. Con razón. Pero veamos qué hay al respecto de los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes. A tal fin promete dar unos cuantos ejemplos…….Por mi parte los encuentro muy dispares y de variada significación. Veamos:

 

  1. Si limitamos nuestra atencíón a las especies vivientes, o a las especies extinguidas de la misma clase, la serie es mucho menos perfecta que si combinamos ambas en un sistema general. En los escritos del profesor Owen nos encontramos continuamente con la expresión formas generalizadas aplicada a animales extinguidos, y en los escritos de Agassiz con la expresión tipos proféticos o sintéticos, y estos términos implican el que tales formas son de hecho eslabones intermedios o de unión.

 

La serie es más perfecta cuando consideramos las especies vivientes y las extinguidas. En eso estamos de acuerdo. El problema llega cuando nos preguntamos qué quiere decir que la serie es más perfecta.  Cuando Owen se refiere a formas generalizadas se refiere seguramente a un género, familia u orden. No a forma de transición alguna.  Lo mismo ocurre con la expresión tipos proféticos o sintéticos de Agassiz. Los tipos sintéticos sintetizan una familia, no representan eslabones de unión como erróneamente se indica al final de la frase. De todos modos los ejemplos permanecen en el aire y no demuestran nada, ni lo uno ni lo otro. De nuevo el autor se ha quedado a mitad de camino al exponerlos. Como en el siguiente ejemplo:

 

2.  Otro distinguido paleontólogo, monsieur Gaudry, ha demostrado del modo más notable que muchos de los mamíferos fósiles descubiertos por él en el Ática sirven para llenar los intervalos que existen entre géneros vivientes.

Ahora bien: ¿Qué mamífero fósil descubierto por Gaudry llena el intervalo entre cuál y cuál otro género viviente? El autor no sabe o no contesta.

El siguiente ejemplo puede parecer más ajustado con la propuesta del autor, pero no sabemos si resiste un examen detallado. En su primera parte hace referencia a una simple reordenación taxonómica. Mientras que hay un enlace misterioso entre dos sentencias absolutamente diferentes. Veamos:

 

  1. Cuvier clasificaba los rumiantes y los paquidermos como dos órdenes, de los más distintos, de mamíferos; pero han sido desenterradas tantas formas intermedias fósiles, que Owen ha tenido que alterar toda la clasificación, y ha colocado ciertos paquidermos en un mismo suborden con rumiantes; por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello. Los ungulados o mamíferos de cascos y pezuñas se dividen ahora en un grupo con número par de dedos y otro con número impar de dedos; pero la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones.

En el texto llama la atención lo siguiente:

Owen ha tenido que alterar toda la clasificación, y ha colocado ciertos paquidermos en un mismo suborden con rumiantes; por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello.

 Que Owen haya alterado la clasificación nos parece bien. Las clasificaciones no son algo inmutable. Pero si se trataba de unir a algunos paquidermos con rumiantes ¿Cómo se explica el ejemplo indicado?:

por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello.

¿Qué es eso del intervalo entre el cerdo y el camello?

 

Algo parecido ocurre al final:

 

Los ungulados o mamíferos de cascos y pezuñas se dividen ahora en un grupo con número par de dedos y otro con número impar de dedos; pero la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones.

¿Qué quiere decir que la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones? ¿Acaso significa que hay Macrauchenias con número para  y otras con número impar de dedos?

Pero sigamos explorando las sucesivas pruebas que aporta este párrafo sobre de qué manera las formas extinguidas ayudan a llenar los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes:

 

  1. Nadie negará que el Hipparion es intermedio entre el caballo viviente y ciertas formas unguladas más antiguas;

 

Esta afirmación parece un tanto arriesgada. No se trata de negar que el Hipparion sea la forma intermediaria entre el caballo y otros ungulados. Al revés. Se trata de proporcionar la evidencia que apoye la idea de que el Hipparion pueda ser dicha forma intermedia. Algo semejante ocurre con lo siguiente:

  1. el Typotherium de América del Sur, que no puede ser colocado en ninguno de los órdenes vivientes, ¡qué maravilloso eslabón intermediario constituye en la cadena de los mamíferos, como lo indica el nombre que le ha dado el profesor Gervais!

 

Vayamos pues con el Typotherium, el Mesotherium de Serres. Temprano habla Darwin en el Origen del Typotherium, ya que según informa el diccionario de Neolengua fue descrito por Etienne Serres en 1867, es decir varios años después de la primera edición de OSMNS. Pero debe estar confundido ahí el diccionario de Neolengua puesto que también indica que en Abril de 1863 Hugh Falconer escribió a Darwin lo siguiente:

 

Serres—by a happy inspiration proposed calling it Mesotherium—as being a common centre towards which all mammalia got happily confounded

 

Es decir:

 

Serres-por una inspiración feliz propuso llamarlo Mesotherium-por ser el centro común de confluencia de todos los mamíferos

 

Y luego:

 Bravard sent it home under the name of Typotherium as being the central type from which all mammals diverged.”

 Bravard lo envió a casa bajo el nombre de Typotherium por ser el tipo central del cual todos los mamíferos divergieron.

 

Así pues el nombre de Bravard se impuso. Pero,….. ¿significa esto que el género Typotherium sea intermedio entre grupos distantes? Lo indicado aquí por Darwin está muy lejos de probarlo. Veamos sus restantes ejemplos:

 

  1. Los sirenios forman un grupo bien distinto de mamíferos, y una de las más notables particularidades del dugong y del manatí actuales es la falta completa de miembros posteriores, sin que haya quedado ni siquiera un rudimento; pero el extinguido Halitherium tenía, según el profesor Flower, el fémur osificado «articulado en un acetábulo bien definido en la pelvis», y constituye así una aproximación a los mamíferos ungulados ordinarios, de los cuales los sirenios son afines por otros conceptos.

 

El Halitherium es hoy considerado un Sirenido. ¿Hasta qué punto es lícito decir que constituye así una aproximación a los mamíferos ungulados ordinarios?. Finalmente, un ejemplo de la proximidad de su entorno social:

 

  1. Los cetáceos son muy diferentes de todos los otros mamíferos, pero el Zeuglodon y el Squalodon terciarios que han sido colocados por algunos naturalistas en un orden constituido por ellos solos, son considerados por el profesor Huxley como cetáceos indubitables, «y como constituyendo formas de unión con los carnívoros acuáticos».

¿Qué significa esa misteriosa sentencia final:  como constituyendo formas de unión con los carnívoros acuáticos?

 

A diferencia de otras ocasiones, aquí el autor sí que ha dado ejemplos, pero como siempre, los ha dado de manera parcial,  interesada, tendenciosa, sin demostrar lo que realmente debía haber demostrado: Las evidencias a favor de que estos ejemplos sean realmente eslabones intermediarios.

 

596

ON THE AFFINITIES OF EXTINCT SPECIES TO EACH OTHER, AND TO LIVING FORMS.

 

Let us now look to the mutual affinities of extinct and living species. All fall into a few grand classes; and this fact is at once explained on the principle of descent. The more ancient any form is, the more, as a general rule, it differs from living forms. But, as Buckland long ago remarked, extinct species can all be classed either in still existing groups, or between them. That the extinct forms of life help to fill up the intervals between existing genera, families, and orders, is certainly true; but as this statement has often been ignored or even denied, it may be well to make some remarks on this subject, and to give some instances. If we confine our attention either to the living or to the extinct species of the same class, the series is far less perfect than if we combine both into one general system. In the writings of Professor Owen we continually meet with the expression of generalised forms, as applied to extinct animals; and in the writings of Agassiz, of prophetic or synthetic types; and these terms imply that such forms are, in fact, intermediate or connecting links. Another distinguished palaeontologist, M. Gaudry, has shown in the most striking manner that many of the fossil mammals discovered by him in Attica serve to break down the intervals between existing genera. Cuvier ranked the Ruminants and Pachyderms as two of the most distinct orders of mammals; but so many fossil links have been disentombed that Owen has had to alter the whole classification, and has placed certain Pachyderms in the same sub-order with ruminants; for example, he dissolves by gradations the apparently wide interval between the pig and the camel. The Ungulata or hoofed quadrupeds are now divided into the even-toed or odd-toed divisions; but the Macrauchenia of South America connects to a certain extent these two grand divisions. No one will deny that the Hipparion is intermediate between the existing horse and certain other ungulate forms. What a wonderful connecting link in the chain of mammals is the Typotherium from South America, as the name given to it by Professor Gervais expresses, and which cannot be placed in any existing order. The Sirenia form a very distinct group of the mammals, and one of the most remarkable peculiarities in existing dugong and lamentin is the entire absence of hind limbs, without even a rudiment being left; but the extinct Halitherium had, according to Professor Flower, an ossified thigh-bone “articulated to a well-defined acetabulum in the pelvis,” and it thus makes some approach to ordinary hoofed quadrupeds, to which the Sirenia are in other respects allied. The cetaceans or whales are widely different from all other mammals, but the tertiary Zeuglodon and Squalodon, which have been placed by some naturalists in an order by themselves, are considered by Professor Huxley to be undoubtedly cetaceans, “and to constitute connecting links with the aquatic carnivora.”

 

De las afinidades de las especies extinguidas entre sí y con las formas vivientes

 

Consideramos ahora las afinidades mutuas de las especies vivientes y extinguidas. Se reparten todas entre un corto número de grandes clases, y este hecho se explica en seguida por el principio de la descendencia. Por regla general, cuanto más antigua es una forma, tanto más difiere de las formas vivientes; pero, como Buckland ha hecho observar hace mucho tiempo, las especies extinguidas pueden clasificarse todas dentro de los grupos todavía existentes o en los intervalos entre ellos. El que las formas orgánicas extinguidas ayudan a llenar los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes, es ciertísimo; pero como esta afirmación ha sido con frecuencia ignorada y hasta negada, puede ser útil hacer algunas observaciones sobre este punto y citar algunos ejemplos. Si limitamos nuestra atencíón a las especies vivientes, o a las especies extinguidas de la misma clase, la serie es mucho menos perfecta que si combinamos ambas en un sistema general. En los escritos del profesor Owen nos encontramos continuamente con la expresión formas generalizadas aplicada a animales extinguidos, y en los escritos de Agassiz con la expresión tipos proféticos o sintéticos, y estos términos implican el que tales formas son de hecho eslabones intermedios o de unión. Otro distinguido paleontólogo, monsieur Gaudry, ha demostrado del modo más notable que muchos de los mamíferos fósiles descubiertos por él en el Ática sirven para llenar los intervalos que existen entre géneros vivientes. Cuvier clasificaba los rumiantes y los paquidermos como dos órdenes, de los más distintos, de mamíferos; pero han sido desenterradas tantas formas intermedias fósiles, que Owen ha tenido que alterar toda la clasificación, y ha colocado ciertos paquidermos en un mismo suborden con rumiantes; por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello. Los ungulados o mamíferos de cascos y pezuñas se dividen ahora en un grupo con número par de dedos y otro con número impar de dedos; pero la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones. Nadie negará que el Hipparion es intermedio entre el caballo viviente y ciertas formas unguladas más antiguas; el Typotherium de América del Sur, que no puede ser colocado en ninguno de los órdenes vivientes, ¡qué maravilloso eslabón intermediario constituye en la cadena de los mamíferos, como lo indica el nombre que le ha dado el profesor Gervais! Los sirenios forman un grupo bien distinto de mamíferos, y una de las más notables particularidades del dugong y del manatí actuales es la falta completa de miembros posteriores, sin que haya quedado ni siquiera un rudimento; pero el extinguido Halitherium tenía, según el profesor Flower, el fémur osificado «articulado en un acetábulo bien definido en la pelvis», y constituye así una aproximación a los mamíferos ungulados ordinarios, de los cuales los sirenios son afines por otros conceptos. Los cetáceos son muy diferentes de todos los otros mamíferos, pero el Zeuglodon y el Squalodon terciarios que han sido colocados por algunos naturalistas en un orden constituido por ellos solos, son considerados por el profesor Huxley como cetáceos indubitables, «y como constituyendo formas de unión con los carnívoros acuáticos».

 

Lectura aconsejada:

 

 

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Ayer, hoy, más allá del tiempo

Publicaba ayer en Digital CSIC la recensión del libro titulado  “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) y con ella presentaba también algunos de los comentarios que un evaluador anónimo había hecho de dicha recensión.  Unos los presentaba al principio, estos:

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico, la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones….

Comentaba  ya  ayer que eso del a priori metafísico me parece una insensatez. Por el contrario, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier se deduce de la más elemental observación.

Otros comentarios de éste anónimo evalauador los reservaba para el final, como premio al valeroso lector que hubiese leído toda la recensión. Eran estos:

En todo caso, la afirmación de que Cuvier es “fundador del Estructuralismo”, con un siglo de antelación, es inaceptable o exige una demostración adecuada (en un artículo), no meras afirmaciones o generalidades (estructuralista es “quien descubre estructuras y relaciones entre sus partes”). El planteamiento del autor es ahistórico, parece concebir el movimiento de las ideas, el desarrollo de nuevas propuestas, de una forma abstracta, al margen del tiempo y de la sociedad, de circunstancias concretas que hay que explicar.

Por todo ello se desaconseja la publicación de la nota.

Y son estos los que voy a comentar hoy. No me refiero a eso de que Cuvier sea o no sea “fundador del Estructuralismo”, que es algo que el tiempo juzgará, siempre con el debido permiso de la autoridad competente; sino a esta otra sentencia final, algo confusa,  que dice:

El planteamiento del autor es ahistórico, parece concebir el movimiento de las ideas, el desarrollo de nuevas propuestas, de una forma abstracta, al margen del tiempo y de la sociedad, de circunstancias concretas que hay que explicar.

Y sí, anónimo evaluador, aunque usted y yo estemos de acuerdo en algunas cosas, en otras discrepamos. No tanto en que mi planteamiento sea a-histórico, que no lo es, como en la naturaleza de las ideas. Las ideas solamente pueden concebirse de manera abstracta. Una botella o un árbol puedo tocarlos, medirlos o pesarlos y esto los convierte en objetos concretos. En el límite puedo decir mi botella (e incluso hasta puedo decir mi árbol). Con las ideas es distinto. No es que yo las conciba como abstractas. Es que las ideas son abstractas. No es que yo las conciba arbitrariamente al margen del tiempo y de la sociedad, es que pueden estarlo.

Como indicaba ayer y he indicado en más ocasiones, el darwinismo ha generado mucha confusión. La introducción en el panorama científico de una entidad ambigua y fantasmagórica como la selección natural (contraditio in adyecto, flatus vocis, fantasma semántico, oxímoron basado en una metonimia) ha provocado un mar de confusiones. No he sido yo el primero en detectarlo. Richard Lewontin, profesor de la cátedra Alexander Agassiz en Harvard, en su libro “The Genetic Basis of Evolutionary Change” (1974) explicaba:

Durante muchos años la genética de poblaciones constituyó una teoría poderosa e inmensamente rica sin virtualmente hechos satisfactorios sobre los que trabajar. Fue como una compleja y exquisita máquina diseñada para elaborar una materia prima que nadie había explotado con éxito. Ocasionalmente, algún prospector desusadamente listo o afortunado se encontró con un afloramiento natural de mena de alta graduación, y parte de la maquinaria se puso en marcha para demostrar a sus fiadores que realmente funcionaba. Pero la mayor parte de dicha maquinaria se dejó en manos de los ingenieros, siempre arreglándola, siempre mejorándola, anticipándose al día en que sería llamada a funcionar a pleno rendimiento.

De improviso, la situación cambió. La veta principal fue barrenada y una profusión de hechos fueron vertidos sobre los cubos de esta máquina teórica. Sin embargo, de la máquina no ha salido nada. No es que la máquina no funcione, pues para una gran cantidad de ruidos de engranajes es claramente audible, si no son amortiguados, pero de alguna forma no puede transformar en productos acabados la gran cantidad de materias primas con que ha sido provista. Toda la relación entre teoría y hechos necesita una reconsideración.

Durante muchos años…… Durante muchos años, concretamente desde Darwin, los principales teóricos del estudio de la evolución, entre los que se encuentra Dobzhansky, a quien Lewontin ha dedicado su libro, son incapaces de distinguir entre teoría y hecho, entre lo abstracto y lo concreto. Durante muchos años, desde que se impuso el fantasma semántico, ha reinado la oscuridad y la confusión. No en vano los versos de Dante abren la citada obra de Lewontin:

 

Nel mezzo del cammin di nostra vita

Mi ritrovai per una selva oscura

Che la diritta via era smarrita.

Ahí quanto a dir qual era è cosa dura

Questa selva selvaggia ed aspra e forte,

Che nel pensier rinnova la paura.

 

¿Querrá más evidencia mi anónimo evaluador de que las ideas están fuera del tiempo?

 

En cuanto al final del párrafo, eso que dice:

 parece concebir el movimiento de las ideas, el desarrollo de nuevas propuestas, de una forma abstracta, al margen del tiempo y de la sociedad, de circunstancias concretas que hay que explicar.

no lo entiendo, a no ser que interprete que su autor se ha perdido: Ibant obscuri sola sub nocte per umbram

 

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El estructuralismo en Biología: Curiosos motivos para rechazar el comentario de un libro

Hace un año escribí el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) enviándolo para su publicación  a Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, en donde fue rechazado y después a Asclepio, Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, en donde fue asimismo, rechazado.

Uno de los motivos aducidos por estas revistas para rechazar el comentario,  era que se refería a un libro ya antiguo (el libro es de 1994) y que, por lo general, en dichas revistas se publican comentarios de libros recientes, como si la historia de la ciencia fuese el ouroboros, la serpiente autofágica que va desapareciendo a medida que genera nuevos contenidos . Pero además, entre los comentarios recibidos se encontraban los siguientes párrafos:

 

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

Efectivamente, tiene razón el anónimo evaluador. Confieso haber usado el libro como pretexto para defender la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo). Considero esto una gran necesidad en el momento presente.  El evolucionismo, y más concretamente el darwinismo, se ha encumbrado a sí mismo como única opción en Biología y esto ha ocasionado un daño de grandes proporciones en esta disciplina. Prueba de ello es el maltrato sistemático a toda opinión o escuela que el darwinismo haya considerado ajena a sus principios.  En particular, es notorio el maltrato a Lamarck, reiteradamente discutido y comprobado en este blog y surge ahora a la vista el maltrato a Cuvier, que aquí se pone de manifiesto y cuyo análisis dará mucho que hablar.

Sigue acertando el  anónimo evaluador cuando dice:

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural.

Y es que basta con leer algunos párrafos de Cuvier para reconocer en ellos el estructuralismo más puro y original. Es precisamente por eso que utilicé en mi comentario la muy extensa cita, mencionando el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier, que parece haber molestado al evaluador.

Pero si hasta aquí estoy de acuerdo con lo que dice el evaluador anónimo, en lo que sigue sólo veo un gran disparate:

Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

A nadie le puede parecer razonable que el principio de las correlaciones de Cuvier parta de un a priori metafísico. Esto es un disparate porque  el principio de las correlaciones de Cuvier parte de la más elemental observación de la naturaleza. Pero el darwinismo, la creencia en la entidad inventada que es la selección natural, ha generado una enorme confusión en la ciencia. Las más elementales observaciones se confunden con metafísica. Del mismo modo, el año pasado el (también anónimo) evaluador del libro “Manual para detectar la impostura Científica: Examen del libro de Darrwin por Flurens” me indicaba:

Edición crítica ideologizada y anecdótica, falta de rigor filosófico, la crítica debería contextualizarse históricamente, carente de bibliografía. 

¿Falta de rigor filosófico?

El darwinismo ha conseguido sembrar la confusión hasta extremos insospechados……

 

El final de los comentarios del evaluador anónimo que rechazó el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) se encuentra al final de dicho comentario que acabo de publicar en Digital CSIC.

 

Referencias

La biblioteca como laboratorio. Comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón. Editorial Anthropos , número 46. CSIC, Madrid 1994.

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Imitando a Cuvier en el párrafo quingentésimo cuadragésimo quinto de El Origen de las Especies

Dice el autor:

 

y cuando vemos una especie que aparece por vez primera en una formación, lo probable es que simplemente emigró entonces por vez primera a aquel territorio.

 

Con lo cual expresa la misma opinión de Cuvier. Si el autor fuese un verdadero defensor de la transformación de las especies debería decir:

 

y cuando vemos una especie que aparece por vez primera en una formación, lo probable es que se hubiese formado a partir de otra especie anterior en  aquel u otro territorio.

 

 

 

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We may safely infer that with marine animals of all kinds there has been a large amount of migration due to climatal and other changes; and when we see a species first appearing in any formation, the probability is that it only then first immigrated into that area. It is well known, for instance, that several species appear somewhat earlier in the palaeozoic beds of North America than in those of Europe; time having apparently been required for their migration from the American to the European seas. In examining the latest deposits, in various quarters of the world, it has everywhere been noted, that some few still existing species are common in the deposit, but have become extinct in the immediately surrounding sea; or, conversely, that some are now abundant in the neighbouring sea, but are rare or absent in this particular deposit. It is an excellent lesson to reflect on the ascertained amount of migration of the inhabitants of Europe during the glacial epoch, which forms only a part of one whole geological period; and likewise to reflect on the changes of level, on the extreme change of climate, and on the great lapse of time, all included within this same glacial period. Yet it may be doubted whether, in any quarter of the world, sedimentary deposits, INCLUDING FOSSIL REMAINS, have gone on accumulating within the same area during the whole of this period. It is not, for instance, probable that sediment was deposited during the whole of the glacial period near the mouth of the Mississippi, within that limit of depth at which marine animals can best flourish: for we know that great geographical changes occurred in other parts of America during this space of time. When such beds as were deposited in shallow water near the mouth of the Mississippi during some part of the glacial period shall have been upraised, organic remains will probably first appear and disappear at different levels, owing to the migrations of species and to geographical changes. And in the distant future, a geologist, examining these beds, would be tempted to conclude that the average duration of life of the embedded fossils had been less than that of the glacial period, instead of having been really far greater, that is, extending from before the glacial epoch to the present day.

Podemos seguramente presumir que en los animales marinos de todas clases ha habido mucha emigración, debida a cambios de clima u otros, y cuando vemos una especie que aparece por vez primera en una formación, lo probable es que simplemente emigró entonces por vez primera a aquel territorio. Es bien sabido, por ejemplo, que diferentes especies aparecieron un poco antes en las capas paleozoicas de América del Norte que en las de Europa, evidentemente, por haberse requerido tiempo para su emigración de los mares de América a los de Europa. Examinando los depósitos más recientes en las diferentes regiones del mundo, se ha observado, en todas partes, que un corto número de especies todavía vivientes son comunes en un depósito, pero se han extinguido en el mar contiguo; o, al revés, que algunas abundan ahora en el mar vecino, pero son raras o faltan en aquel depósito determinado. Es una excelente lección reflexionar acerca de la comprobada e importante migración de los habitantes de Europa durante la época glacial, que forma sólo una parte de un período geológico, e igualmente reflexionar acerca de los cambios de nivel, del cambio extremo del clima y del largo tiempo transcurrido, todo ello comprendido dentro del mismo período glacial. Se puede, sin embargo, dudar de que en alguna parte del mundo se han ido acumulando continuamente, dentro de los mismos límites, durante todo este período, depósitos sedimentarios, que comprendan restos fósiles. No es probable, por ejemplo, que se depositasen, durante todo el período glacial, sedimentos cerca de la boca del Misisipí, dentro de los límites de profundidad entre los que pueden prosperar más los animales marinos; pues sabemos que, durante este espacio de tiempo, ocurrieron grandes cambios geológicos en otras partes de América. Cuando se hayan levantado capas como las que se depositaron durante una parte del período glacial, en aguas poco profundas cerca de la boca del Misisipí, los restos orgánicos probablemente aparecerán y desaparecerán en diferentes niveles, debido a migraciones de especies y a cambios geográficos; y dentro de muchísimo tiempo, un geólogo, examinando estas capas, estaría tentado de sacar en conclusión que el promedio de la duración de la vida de las especies fósiles enterradas ha sido menor que la duración del período glacial, mientras que en realidad ha sido mucho mayor, pues se ha extendido desde antes de la época glacial hasta el día de hoy.

Lectura aconsejada:

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Rúbrica de Cuvier en el párrafo tricentésimo vigésimo cuarto de El Origen de las Especies

 

El confuso capítulo sexto viene a arreglarse al final con una rúbrica de Cuvier, quien a punto había estado de descubrir la Selección Natural. Lástima que Cuvier no estuviese ya presente para defenderse.  Pierre Flourens, su discípulo, escribió el libro Examen de M Darwin sur l’Origine des Especes, criticando rigurosamente la obra de Darwin.  Su crítica  ha permanecido desde entonces en el olvido.

 

 

 

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It is generally acknowledged that all organic beings have been formed on two great laws—Unity of Type, and the Conditions of Existence. By unity of type is meant that fundamental agreement in structure which we see in organic beings of the same class, and which is quite independent of their habits of life. On my theory, unity of type is explained by unity of descent. The expression of conditions of existence, so often insisted on by the illustrious Cuvier, is fully embraced by the principle of natural selection. For natural selection acts by either now adapting the varying parts of each being to its organic and inorganic conditions of life; or by having adapted them during past periods of time: the adaptations being aided in many cases by the increased use or disuse of parts, being affected by the direct action of external conditions of life, and subjected in all cases to the several laws of growth and variation. Hence, in fact, the law of the Conditions of Existence is the higher law; as it includes, through the inheritance of former variations and adaptations, that of Unity of Type.

 

Se reconoce generalmente que todos los seres orgánicos han sido formados según dos grandes leyes: la de unidad de tipo y la de las condiciones de existencia. Por unidad de tipo se entiende la concordancia general en la conformación que vemos en los seres orgánicos de la misma clase, y que es completamente independiente de sus costumbres. Según mi teoría, la unidad de tipo se explica por la unidad de origen. La expresión condiciones de existencia, sobre la que tantas veces insistió el ilustre Cuvier, queda por completo comprendida en el principio de la selección natural; pues la selección natural obra, o bien adaptando actualmente las partes, que varían en cada ser a sus condiciones orgánicas o inorgánicas de vida, o bien por haber adaptado éstas durante períodos de tiempos anteriores, siendo ayudadas en muchos casos las adaptaciones por el creciente uso o desuso de las partes, y estando influidas por la acción directa de las condiciones externas de vida, y sujetas, en todos los casos, a las diferentes leyes de crecimiento y variación. Por consiguiente, de hecho, la ley de las condiciones de existencia es la ley superior, pues mediante la herencia de variaciones anteriores comprende a la ley de unidad de tipo.

 

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

 

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Lección de Anatomía Comparada por Cuvier

Todo ser organizado forma un conjunto, un sistema único y cerrado, cuyas partes se corresponden mutuamente y concurren a la misma acción definitiva, mediante una reacción recíproca. Ninguna de estas partes puede cambiar sin que las otras cambien, y por consiguiente cualquiera de ellas, tomada por separado, indica y determina todas las demás: así, si los intestinos de un animal están organizados de tal manera que han de digerir  carne fresca, hace falta también que sus mandíbulas sean construidas para devorar una presa; sus uñas, para agarrarla y desgarrarla; sus dientes, para cortarla y trocearla; el sistema entero de sus órganos del movimiento, para perseguirla  y alcanzarla; sus órganos de los sentidos, para percibirla de lejos; hasta hace falta que la naturaleza haya colocado en su cerebro el instinto necesario para saber esconderse y tender trampas a sus víctimas. Tales serán las condiciones generales del régimen carnívoro: todo animal destinado a este régimen las reunirá infaliblemente, porque su raza no habría podido subsistir sin ellas; pero bajo estas condiciones generales, existen otras particulares, relativas al tamaño, a la especie; a la presa para la cual el animal está dispuesto; y de cada una de estas condiciones particulares resultan modificaciones de detalle en las formas que derivan de las condiciones generales; no sólo la clase, sino que el orden, el género, y hasta la especie, se encuentran expresados en la forma de cada parte. En efecto, para que la mandíbula pueda coger, necesitará que su cóndilo tenga cierta forma; que haya cierta relación  entre la posición de la resistencia y la de la potencia con su punto de apoyo,  cierto volumen en el músculo temporal que exige una cierta extensión en el hoyo que le recibe, y una cierta convexidad del arco cigomático bajo el cual pasa; este arco cigomático debe también tener una cierta fuerza para dar apoyo al músculo masetero.

Para que el animal pueda llevarse su presa, le hace falta cierto vigor en los músculos que levantan su cabeza, de donde resulta una forma determinada en las vértebras donde estos músculos tienen sus ligamentos, y en el occipucio donde se insertan.

Para que los dientes puedan cortar la carne, hace falta que sean cortantes, y que lo sean más o menos, según tengan,  más o menos, que cortar exclusivamente carne. Su base deberá ser tanto más sólida, cuanto más y más gruesos sean los huesos que deban quebrantar. Todas estas circunstancias influirán también en el desarrollo de todas las partes que sirven para mover la mandíbula.

Para que las uñas puedan coger esta presa, será necesaria cierta movilidad en los dedos, cierta fortaleza en las uñas, de donde resultan formas determinadas en todas las falanges, y distribuciones necesarias de músculos y de tendones; hará falta que el antebrazo tenga una cierta facilidad para el giro, de donde todavía resultarán formas determinadas en los huesos que lo componen; pero los huesos del antebrazo que se articulan sobre el húmero, no pueden cambiar de formas sin provocar cambios  en éste. Los huesos del hombro deberán tener un cierto grado de firmeza en los animales que emplean sus brazos para coger, y todavía resultará de eso que ellos tendrán formas particulares. El juego de todas estas partes exigirá en todos sus músculos ciertas proporciones, y los ligamentos de estos músculos tan proporcionados, determinarán todavía más particularmente las formas de los huesos. Es fácil ver que se pueden sacar conclusiones semejantes para las extremidades posteriores que contribuyen a la rapidez del movimiento general; para la composición del tronco y las formas de las vértebras, que influyen en la facilidad, la flexibilidad de este movimiento, para las formas de los huesos de la nariz, de la órbita, de la oreja, cuyas relaciones con los sentidos del olfato, de la vista, del oído son evidentes. En una palabra, la forma del diente provoca la forma del cóndilo, la del omóplato, la de las uñas, …..tal y como la ecuación de una curva provoca todas sus propiedades; y lo mismo que tomando cada propiedad por separado como base de una ecuación particular, encontraríamos, tanto la ecuación ordinaria, como todas sus demás propiedades, lo mismo la uña, el omóplato, el cóndilo, el fémur, y todos los demás huesos tomados cada uno por separado,   dan el diente o se dan recíprocamente; y comenzando con cada uno de ellos, quien tuviese racionalmente las leyes de la economía orgánica, podría rehacer todo el animal.

Imagen: Encyclopedie Larousse

Texto en francés:

Tout être organisé forme un ensemble, un système unique et clos, dont les parties se correspondent mutuellement et concourent à la même action définitive, par une réaction réciproque. Aucune de ces parties ne peut changer sans que les autres changent aussi, et par conséquent aucune d’elles, prises séparément, indique et donne toutes les autres: ainsi si les intestins d’un animal sont organisés d’une manière à ne digèrer que de la chair récente, il faut aussi que ses mâchoires soient construites pour dévorer une proie; ses griffes,  pour la saissir et la déchirer; ses dents, pour la couper et la diviser; le système entier de ses organes du mouvement, pur l apoursuivre et pour l’atteindre; ses organes du sens, pour l’apercevoir de loin;  il faut même que la nature ait placé dans son cerveau l’instinct nécessaire pour savoir se cacher et tendre des pièges à ses victimes. Telles seront les conditions generales du régime carnivore: tout animal destiné à ce régime les reunirá infailliblement, car sa race n’aurait pu subsister sans elles; mais sous ces conditions générales, il en existe de particulières, relatives à la grandeur, , à l’espèce; au séjour de la proie pour laquelle l’animal est disposé; et de chacune de ces conditions  particulières résultent des modifications de détail dans les formes qui dérivent des conditions générales; ainsi non seulement la clase, mais l’ordre, mais le genre, et jusqu’à l’espèce, se trouvent exprimés dans la forme de chaque partie. En effet, pour que la mâchoire puisse saisir, il lui faut une certaine forme de condyle, un certain rapport entre la position de la résistance et celle de la puissance avec le point d’appui, un certain volume dans le muscle crotaphite qui exige une certaine étendue dans la fosse qui le reçoit, et une certaine convexité de l’arcade zygomatique sous laquelle il passe; cette arcade zygomatique doit aussi avoir une certaine force pour donner appui au muscle masséter.

 

Pour que l’animal puisse emporter sa proie, il lui faut une certaine vigeur dans les muscles qui soulève sa tête, d’où résulte une forme déterminée dans les vertèbres où ces muscles ont leurs attaches, et dans l’occiput où ils s’insèrent.

 

Pour que les dents puissent couper la chair, il faut qu’elle soient tranchantes, et qu’elles le soient plus ou moins, selon qu’elles auront plus ou moins exclusivement de la chair à couper. Leur base devra être d’autant plus solide, qu’elle auront plus d’os, et de plus gros os à briser. Toutes ces circonstances influeront aussi sur le développement de toutes les parties qui servent à mouvoir la mâchoire.

 

Pour que les griffes puissent saisir cette proie, il faudra une certaine mobilité dans les doigts, une certaine force dans les ongles, d’où résulteront des formes détermineées dans toutes les phalanges, et des distributions nécessaires de muscles et de tendons; il faudra que l’avant-bras ait une certaine facilité à se tourner, d’où résulteront encore des formes déterminées dans les os qui le composent; mais les os de l’avant-bras s’articulant sur l’humérus, ne peuvent changer de formes sans entraîner des changemens dans celui-ci. Les os de l’épaule devront avoir un certain degré de fermeté dans les animaux qui emploient leurs bras pour saisir, et il en résultera encore pour eux des formes particulères. Le jeu de toutes ces parties exigera dans tous leurs muscles de certaines proportions, et les impressions de ces muscles ainsi proportionnés, détermineront encore plus particulièrement les formes des os.

 

Il est aisé de voir que l’on peut tirer des conclusions semblables pour les extrémités postérieures qui contribuent à la rapidité des mouvemens généraux; pour la composition du tronc et les formes des vertèbres, qui influent sur la facilité, la flexibilité de ces mouvemens, pour les formes des os du nez, de l’orbite, de l’oreille, dont les rapports avec la perfection des sens de l’odorat, de la vue, de l’ouïe sont évidens. En un mot, la forme de la dent entraîne la forme du condyle, celle de l’omoplate, celle des ongles, tout comme l’équation d’une courbe entraîne toutes ses propriétés; et de même qu’en prenant chaque propriété séparément pour base d’une équation particulière, on retrouverait, et l’équation ordinaire, et toutes les autres propriétés quelconques, de même l’ongle, l’omoplate, le condyle, le fémur, et tous les autres os pris chacun séparément, donnent la dent ou se donnent réciproquement; et en commençant par chacun d’eux, celui qui posséderait rationnellement les lois de l’économie organique, pourrait refaire tout l’animal.

 

Texto comentado aquí:

http://www.madrimasd.org/informacionidi/noticias/noticia.asp?id=56790&origen=notiweb&dia_suplemento=lunes

 

Lectura aconsejada:

 

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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El debate entre Cuvier y Geoffroy en 1830: Su hondo significado para el devenir humano

 

El libro de Hervé Le Guyader, titulado “Geoffroy de Saint Hilaire. Un naturaliste visionnaire”, contiene el texto íntegro del tratado “Principes de Philosophie zoologique (Discutés en Mars 1830 au sein de l’Academie Royale des Science)”, de Geoffroy, y los escritos correspondientes al debate con Cuvier. En la vuelta de su portada se encuentra la imagen de arriba, que representa dibujos del corte de un cuadrúpedo plegado sobre sí mismo (A) y el corte de un pulpo (B).

Aunque el debate versaba acerca de la conveniencia o no de buscar un plan único en el desarrollo de los animales, su significado es más profundo. Si aceptamos el plan único, estaremos admitiendo que el hombre es, ni más ni menos que eso: un animal. Pero en 1830 el terreno académico no estaba todavía bien preparado para esto.

Para admitir en los medios académicos que el hombre es un animal será necesario que llueva mucho y que la historia deje caer todavía unos cuantos golpes sobre las espaldas de los intelectuales, que no sobre las del hombre de la calle, para quien las cosas siempre estuvieron más claras. Así, en la primera mitad del siglo XIX; mucho antes de existir una biología moderna; antes de haberse escuchado los azotes repartidos a diestro y siniestro por Nietzsche, por Marx y por Freud, Geoffroy defiende la que luego será una idea central de la biología.

 

Empieza así a aparecer una densa niebla en torno al reconocimiento generalizado por la Academia de que el hombre es un ser superior, al cual algunas especies animales se parecen más y el que, por lo tanto, ha de ser tomado como referencia en los tratados de Anatomía comparada. El ser humano es, nos dice Geoffroy, simplemente, otro resultado más de la aplicación del mismo plan general.

Copiaré aquí algunos textos de este tratado:

 

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