Archivo para la categoría ‘fantasma semántico’

Hoy, 18 de enero de 2016

Ayer  nos enviaba Víctor Pacheco desde Venezuela tres videos bien interesantes.  En ellos  se advertía de los riesgos del abuso del lenguaje. El abuso del lenguaje y su contaminación con eufemismos, oxímoron, obrepciones y subrepciones, es algo habitual en nuestros días. Empero, no por ser algo frecuente deja de ser peligrosísimo. El abuso del lenguaje conduce a  la incomunicación, pero para el totalitarismo es, asímismo, una herramienta de dominación.

En el video de hoy, también enviado por Víctor Pacheco y realizado por el mismo equipo de uno de los anteriores, se nos presenta una posible situación en un mundo corrmpido por un lenguaje inútil y viciado. ¿Nos encontramos lejos de esa situación? Algunos diríamos que ya hemos pasado por ahí o por situaciones semejantes…

 

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Unos videos sobre corrección política, educación progre y otros nuevos oxímoron

Víctor Pacheco desde Venezuela nos envía estos vídeos:

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De ellos hemos obtenido algunos nuevos oximoron:

Ajuste fiscal
Corrección política
Daños colaterales
Edad mental
Educación progre
Hegemonía humana
Igualdad de género
Juegos de la política
Multiculturalismo
Pais en desarrollo
Reacomodo laboral

Que pueden ver ya incorporados en las páginas correspondientes de nuestro diccionario:

Diccionario de Fantasmas Semánticos (A-E): del Accidente Premeditado a lo Extremadamente moderado pasando por la Competición Democrática

 

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El diccionario de oxímoron crece y crece sin parar: Conclusiones impertinentes

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace años comenzábamos una recopilación de oxímoron (#oxymoron) , expresiones que se construyen mediante la unión de dos términos incompatibles y, por lo tanto, no tienen ningún significado. Ya decíamos entonces que la ventaja en este tipo de diccionarios es que las definiciones son todas iguales entre sí e iguales a cero. Ninguna de estas expresiones tiene significado alguno y sólo sirven para entontecer al personal y tenerlo durante horas perdido en discusiones estúpidas o, lo que es lo mismo expresado directamente, para el lavado de cerebro.

Es asombrosa la proliferación de este tipo de expresiones en tiempos recientes y así en las últimas semanas hemos detectado las siguientes:

Ateo católico

Católico protestante

Divine evolution

Ética Universal

Evolución divina

Exhibición privada

Filosofía masónica

Patriotismo universal

Protestante católico

Quality control in Liberals

Región masónica

Religión masónica

Reglamento oficial de las sociedades secretas

Ruinas restauradas

Smart Phone

Teléfono inteligente

Teléfono tonto

Vida extinguida

 

Todas ellas incorporadas en las secciones correspondientes del diccionario.

Orwell estaría muy contento de ver cómo se cumplen sus predicciones: el número de expresiones inútiles crece sin parar, el diccionario de neolengua progresa y el entontecimiento general avanza. No obstante, le sorprendería el gran papel que tenemos casi toda la gente, la mayoría, esos que el llamaba “los proles” en la elaboración y mantenimiento de este estado de caos, algo que supera sus expectativas.

Vengan ahora los académicos e intelectuales a intentar convencernos de aquellos  viejos mitos de evolución y progreso cuando lo evidente es que nos encontramos sometidos a una involución y retroceso sin precedentes.

Pero enmedio de este desconcierto todavía es posible extraer algunas conclusiones. Así llama la atención la cantidad de oxímoron que pertenecen a dos terrenos: por un lado los que se refieren a sectas y sociedades secretas y por otro los propios de  los dominios de la biología evolutiva y de la evolución. ¿Estarán relacionados ambos terrenos tan dispares por algo más que esta simple coincidencia? Sospechamos que sí.

Entre las recientes capturas  destacaremos dos puntos estrechamente relacionados. Primero, que hay biografías que ponen en evidencia que el concepto de oxímoron se puede extender a las personas acuñando así el término de oxímoron ambulante (#oxymoronambulante) del que hemos dado ya algunos ejemplos. Carlos Marx es un caso espectacular de oxímoron ambulante.

En segundo lugar mencionaremos el último oxímoron capturado, la Evolución divina o divine evolution, pues si una finalidad queda clara tras la lectura de El Origen de las Especies de Darwin es que su modelo de evolución basado en la supervivencia de los más aptos, niega todo diseño y va en contra de toda divinidad. Esta expresión, divine evolution, nos ayuda a reafirmar la idea anterior del concepto de oxímoron ambulante o personal , del que Carlos Darwin sería un ejemplo extraordinario. A la altura de su tocayo y contemporáneo. El marxismo y la evolución, dos fuentes constantes de confusión.

 

 

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Errores, fraudes y trampas del darwinismo: Actualidad y extensión de la clasificación de Pierre Flourens (1864)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pierre Flourens (1794-1867). Miembro de la Academia de Ciencias Francesa desde 1828 y su secretario permanente (Secrétaire perpétuel) entre los años de 1833 y 1866.

Elegido miembro de la Academia Francesa en 1840 en competición con Victor Hugo, quien tuvo que esperar a otra ocasión.

 

Habíamos visto recientemente la carta dirigida por el Dr Sutton a la Royal Society pidiendo una explicación acerca de la prioridad que la institución sigue dando a Darwin cuando quien describió primero la selección natural era Matthew.  Darwin y Wallace copiaron y desarrollaron una idea que no era suya (y que tampoco era particularmente buena como teoría científica).

Al parecer la Royal Society no ha contestado a la carta del Dr Sutton y esto nos parece preocupante. Significa esta ausencia de respuesta una de dos cosas: 1) Que la Royal Society  admite que la prioridad en el descubrimiento de la Selección Natural no tiene ninguna importancia porque la Selección Natural no existe y es el fruto de un error, en lo cual estaríamos de acuerdo siempre que suspendieran el Premio Darwin;  o bien que: 2) la Royal Society admite que tiene razón el Dr. Sutton y que Darwin copió de Matthew. También es posible que sean ciertas las dos cosas y que tanto si la Royal Society  las admite como si no, no tiene a bien contestar. En cualquier caso debería desaparecer toda mención a Darwin en relación con premios, celebraciones y festivales y aparecer como lo que verdaderamente es: el autor de un plagio, un fraudulento copión.

Por muchas vueltas que le demos no podremos pensar que exista otra opción distinta. Si el Dr Sutton estuviese equivocado, la Royal Society  habría contestado enérgicamente, puesto que no estamos hablando de una cuestión anecdótica y quien firma la carta es un prestigioso criminólogo con un libro y una publicación revisada por pares y publicada defendiendo la tesis del plagio de Darwin.

Varios autores antes que Darwin habían expresado prácticamente las mismas ideas y de manera más clara. Para Darwin la selección tiene una función doble y ciertamente contradictoria que consiste tanto en eliminar variedades y formas desfavorables (modo de extinción) como en crear otras nuevas (?). En otros tiempos, cuando los autores de Historia Natural cuidaban el lenguaje,  era más corriente el uso del término en el primer sentido, puesto que la selección es que a partir de un conjunto inicial son eliminados algunos de sus miembros. No hay creación posible mediante la selección. Buscar un efecto positivo a partir de ella es pedirle peras al olmo y para verlo hay que cometer el error de confundir selección con mejora que es lo que hace Darwin. A partir de ahí todo deviene posible pero sólo a condición de tomar a broma el lenguaje, lo cual es lamentable y, dicho de paso, fraudulento.

Al leer la primera traducción de El Origen de las Especies al francés de Mme Clemènce Royer (1830-1902),  racionalista y fundadora de una logia masónica,  Pierre Flourens había visto todo esto con una claridad meridiana, ayudado porque Mme Royer había traducido Natural Selection como Election Naturelle, algo que a Flourens le producía sensaciones contradictorias con predominio del sarcasmo.

Flourens había detectado cuatro conjuntos de problemas graves en la obra de Darwin que, no sólo se han mantenido,  sino que han aumentado exponencialmente con la ya larga historia del darwinismo. Veamos primero a grandes rasgos cuáles son estos cuatro grupos de errores, grabados con letras de fuego en el epitafio de la Historia Natural:

 

1) Abuso del lenguaje.

2) Desconocimiento de la Historia Natural.

3) Falta de originalidad y plagio de otros autores: Lamarck.

4) Eugenesia.

Cuatro grupos de errores que se han ido confirmando y ampliando con los años.

Por un lado se han estudiado en Darwin encontrándose tanto sus  detalles como nuevos ejemplos. Ahora sabemos que el punto número 3) Plagio de otros autores en Darwin no se limita a Lamarck, sino que se amplia, por ahora a Edward Blyth, Patrick Matthew, Pierre Trémaux, y otros.

 

Y por otro lado el número de problemas en cada uno de los grupos crece al considerar la labor de otros autores porque la tradición darwinista ha seguido fiel a su maestro en cada uno de los cuatro puntos. La máquina incapaz de distinguir originada por Darwin en El Origen de las Especies continúa su obra de destrozo del lenguaje y la generación y empleo continuado de la ambigüedad y de las contradicciones  es de tal magnitud que resulta difícil hacer una selección de ejemplos.  Lo grave del caso es que se ha considerado normal una manera de hablar totalmente irrespetuosa, ambigua y plagada de contradicciones. La generación de esta neolengua no es casual porque tiene una finalidad muy clara que es la de poner a la ciencia al servicio de la autoridad. Como dice muy bien el crítico Bethell:

This is the great problem with science today: That authority more and more replaces evidence

Que viene a confirmar lo que dijera Thompson (1887-1972):

El éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica

 

Se habla en neolengua cuando se habla de genes egoístas, de la sociedad de los genes, de las mutaciones aleatorias, del DNA chatarra, y toda una serie de oxímoron sin fin. Nadie se ve obligado a disculparse ni a escribir retractación alguna porque es precisamente la autoridad la que aplaude este modo de expresión y cada error se sigue tapando con una cadena de nuevos errores,  como desde el principio. Nada hay mejor para tapar un agujero que hacer un agujero más grande.

 

También pertenecen al Diccionario de Neolengua otros conceptos como los de macro- y micro-evolución, confundiendo cosas tan dispares como cambios en las poblaciones y la formación de una especie. La máquina incapaz de distinguir que a punto había estado de denunciar Richard Lewontin trabaja a pleno rendimiento produciendo expresiones sin sentido, contradicciones, falsas disyuntivas y oxímoron. No interesa distinguir porque  la autoridad medra en la confusión. Por ejemplo el juego de palabras falso entre macro- y micro-evolución permite introducir en la Evolución todo un arsenal de fórmulas matemáticas que desde Fischer, han ido creciendo sin aportar nada a este terreno, pero que cumplen su función principal de hacerlo incomprensible.  Así trabajará quien decrete la autoridad y se publicarán los artículos de quienes le sean fieles.

Sería muy difícil identificar todos los casos de abuso del lenguaje, aunque si fuese necesario mencionar algún ejemplo entre los más notables, tendríamos que poner el de Richard Dawkins y su lamentable obra titulada El gen egoísta, ejemplo de panfleto seudocientífico, del cual debería ya haber escrito una retractación en lugar de haberse metido a embadurnar con obras posteriores los terrenos de la teología que desconoce. Pero cuenta con el apoyo de la autoridad y su obra lamentable se imprime en varios idiomas.

El segundo de los sectores de errores detectados por Flourens, el desconocimiento de la Historia Natural debe mantenerse a ultranza so pena de que se derrumben los fundamentos. Bien sabía Dobzhansky que:

No es una paradoja decir que si alguien consigue aportar una definición estática y aplicable universalmente de las especies, pondría en serias dudas la validez de la teoría de la evolución

Por eso se han ocultado obras fundamentales de la Historia Natural como las de von Baer, del que ha desaparecido hasta la carta que escribió a Darwin, a pesar de la ingente recopilación de correspondencia inútil que se acumula en torno a este autor. La obra Entwickelungsgeschitche, que para Haeckel era el trabajo más significante de toda la literatura sobre la ontogenia ha desaparecido del mapa. ¿Alguien ha visto alguna vez un ejemplar de esta obra? ¿Se ha traducido a algún idioma?  Del mismo modo tampoco se ha traducido la crítica de Alfred Kölliker titulada Über die Darwin’sche schöpfungstheorie que puede leerse en Google.

¿Puede por favor traducirla alguien?

Durante muchos años se perdió también o se ocultó información sobre el Yacimiento de Burguess Shale, pues contenía restos fósiles que no eran del gusto darwinista más acorde con el cambio gradual que no con lo que ahí se veía.

 

Entre otros fraudes relacionados con la invención, fabricación o falsificación de datos tenemos el caso del Hombre de Piltdown, el de la Biston betularia, el invento del Bathybius haeckelii, el de la barrera somático germinal de Weismann, las teorías telomática y de la enación, los antepasados del caballo, los dibujos falsificados de Haeckel, la interpretación forzosa del papel de las mutaciones al azar en la evolución. Claro que esto es sólo un puñado de casos de los más conocidos, habrá muchos más, cientos, miles. Unos en relación con la biología, algunos más con la sociología, la psicología “evolutiva”, o sus híbridos (sociobiología, psicobiología, etc, etc. ), otros relacionados con ese dislate de la selección sexual y sus derivaciones. Muchos fraudes han aparecido, otros aparecerán pronto y otros más tarde, pero hay tantos que el problema es que ya casi no interesa encontrar ni describir los nuevos hallazgos. ¿Para qué?

En cuanto a la vinculación del darwinismo con la Eugenesia es un aspecto del mayor interés que tendrá que analizarse con paciencia pero antes quizás podríamos mencionar algunos ejemplos de abuso del lenguaje…

 

 

 

 

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¿Cuán bajo hemos caído? El oxímoron como medida del deterioro del lenguaje

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los oxímoron son expresiones, habitualmente de dos términos, en las que ambos se contradicen, disputan entre sí un espacio que no puede ser ocupado por ambos puesto que lo que uno significa no es compatible con el otro.

El diccionario de oxímoron cuenta con más de cien de estas expresiones. La parte más sencilla en la elaboración de este diccionario es la que consiste en dar las definiciones de estas expresiones puesto que son todas ellas iguales entre sí e iguales a cero: ninguna significa nada. Pero cuidado que esto no quiere decir que estas expresiones no tengan valor. Al contrario, pueden servir  para la destrucción del lenguaje. Son muy útiles para la generación de confusión y por eso a veces se utilizan en procesos de lavado de cerebro masivo. Es por eso que son cada vez más frecuentes en los terrenos de la política y de la educación.

En español se ha denominado a estas expresiones flatus vocis o también fantasmas semánticos.

La cantidad de oxímoron en un lenguaje es indicador de su deterioro y así en el español contemporáneo vemos que hemos caído verdaderamente bajo cuando tan abundantes son los casos encontrados a diario.

Con el desarrollo de las especialidades académicas se han revelado algunas particularmente fecundas en oxímoron. Tal es el caso de la Economía, de las Ciencias de la Educación, por supuesto de la Filosofía y también, como no, de la Biología.

La Economía se basa en gran medida en la gestión y proliferación de este tipo de expresiones y así tenemos la enorme familia de los oxímoron relacionados con el capital y el capitalismo (Capital humano, Capitalismo avanzado, Capitalismo de Estado, etc.) o aquellos en relación con la banca (Banca amiga, Banca ética, Banca solidaria, etc.).

La cultura de masas, la cultura tecnológica o la educación financiera serán ejemplos de oxímoron en el campo de las Ciencias de la Educación. La filosofía materialista es un buen ejemplo del dominio de la Filosofía, cultivada y abonada desde hace décadas por muchos grupos de expertos internacionalmente reconocidos y retribuidos, pero entre los flatos verbales más notables de todos los tiempos tenemos a la selección natural y la inteligencia artificial. El primero nacido y cultivado con esmero en los terrenos de la Biología,  el segundo de la cibernética que viene a ser la interfaz entre aquella y la informática.

Al admitir tales nociones auto-contradictorias e imposibles, el pensamiento queda bloqueado; su mejor parte anulada: la crítica y la auto-crítica desaparecen. El pensamiento se esfuma para dejar lugar a  la ideología. ¿Cuál es la diferencia entre uno, el pensamiento y la otra, la ideología? El primero es abierto y la segunda es cerrada, limitada. El primero extiende los límites de la razón, la segunda los recorta.

El oxímoron vuelve loco al hablante y lo domina. La selección natural no requiere explicación otra que su propia definición (tautología): sobreviven los más aptos, esto es los que sobreviven. La teoría científica queda degradada y la Ciencia convertida en anti-ciencia. Al admitir la inteligencia artificial el hablante se reconoce uno más entre los robots, máqinas pensantes y engendros cibernéticos. El hablante reconoce su propia estupidez, confiesa su incapacidad, y renuncia así a su cualidad principal, el pensamiento, al que entrega en manos de la autoridad del partido. Pero no importa,  dentro de cincuenta años nadie entenderá ya de qué estamos hablando. ¿Verdad?

 

 

 

 

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Noosfera – El darwinismo entre ciencia y religión: Emilio Cervantes

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Darwin y la tragedia griega

 

Tratando del lenguaje de OSMNS y refiriéndose a expresiones como selección natural, lucha por la vida y otras semejantes, Stanley Edgar Hyman escribe:

 

In fact, these terms are much more than metaphors. They people the world of nature with protagonists and antagonists where previously we had seen only a solitary cactus or a growing seed. Moreover, the dramatic action they summon up is tragic. In Gilbert Murray’s terms, the basic ritual stages of tragedy are agon or contest, sparagmos or tearing apart, then anagnorisis or discovery and epiphany or joyous showing forth of the resurrected protagonist. Darwin’s struggle for existence is clearly Murray’s agon and sparagmos, and his natural selection or survival of the fittest, anagnorisis and epiphany. For the final exultation that the Greeks felt at the affirmation of Reliving Dionysus, Darwin substitutes a quieter tragic satisfaction.He writes:

When we reflect on this struggle, we may console ourselves with the full belief, that the war of nature is not incessant, that no fear is felt, that death is generally prompt, and that the vigorous, the healthy, and the happy survive and multiply.” The Origin concludes: “Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life….


De hecho, estos términos son mucho más que metáforas. Ellos llenan a la naturaleza de protagonistas y antagonistas donde antes habíamos visto solamente un cactus solitario o una semilla que crece. Por otra parte, la acción dramática que convocan es trágica. En términos de Gilbert Murray, las etapas rituales básicas de la tragedia son agon o confrontación, sparagmos o lucha, anagnórisis o descubrimiento y la epifanía o final feliz, mostrando finalmente al protagonista resucitado. La lucha por la existencia de Darwin  es claramente agon y sparagmos de Murray, y su selección natural o supervivencia de los más aptos, son respectivamente anagnórisis y epifanía. Para la exaltación final que los griegos sentían en la afirmación de revivir a Dionisio, Darwin sustituye una más tranquila trágica satisfacción. Él escribe:

Cuando reflexionamos sobre esta lucha nos podemos consolar con la completa seguridad de que la guerra en la naturaleza no es incesante, que no se siente ningún miedo, que la muerte es generalmente rápida y que el vigoroso, el sano, el feliz, sobrevive y se multiplica.

Y OSMNS termina:

Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life,

Referencia

DARWIN THE DRAMATIST [1]

Stanley Edgar Hyman [2]

The Centennial Review of Arts & Science

Vol. 3, No. 4, 1859-1959: Darwin-Marx Centennial (FALL 1959), pp. 364-375

 

The Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life appeared in 1859, and immediately caught the imagination of the world.

The first edition sold out on the day of publication, and the second shortly after. Within a few years most of the thinking world was convinced[3] of the evolution of species, as it had not been by Buffon, Lamarck, Darwin’s grandfather Erasmus, Robert Chambers’ Vestiges of Creation, or anyone else. It has rarely been doubted that this enormous effect was achieved by the power of scientific argument, that is, by the book’s rhetorical organization[4]. This was certainly Darwin’s view[5]. He begins the book’s final chapter: “As this whole volume is one long argument.” One of Darwin’s latest biographers, Sir Arthur Keith, in Darwin Revalued, best states the prevailing view: “In the Origin he had assembled such a solid mass of observation” that conviction followed inescapably. There can be no doubt that the book’s rhetorical effectiveness is great.

Darwin states his theories simply and plausibly[6], bolsters them with a great deal of convincing evidence (beginning close to home with domestic animals) and scrupulously notes the difficulties and puzzles remaining. Yet the problem remains. The evidence to establish the idea of evolution by natural selection inductively was not really available in 1859[7], and many of Darwin’s processes[8] turn out on closer examination to be plausible hypotheses[9], and his causes tautologies[10]. Nor does the vehemence of the reaction pro and con suggest the characteristic effect of a scientific demonstration.

 

I

 

I would submit that The Origin of Species caught the imagination of its time as a dramatic poem, and a dramatic poem of a very special sort. This view would certainly have surprised Darwin. He was under no illusions about his literary powers, and although he worked quite hard at the writing and rewriting of this book, he saw its prose as “incredibly bad.” [11] His effort was to produce the straightest possible piece of factual writing, and he was only dissuaded by the publisher, John Murray, from calling the book An Abstract of an Essay on the Origin of Species. It is the judgment of a popular textbook that Darwin’s work “cannot be said to belong to literature, if in the definition of literary work is presupposed an effort toward artistic expression.”

Theodore Baird, whose “Darwin and the Tangled Bank” is one of the few efforts I know to correct this conventional estimate, boldly claims that the Origin is not only a work of literature, but “the complicated literary expression known as tragedy.” It is here that any literary consideration should begin. The Origin is much less overtly dramatistic than the Journal of Researches, with the act-scene fitnesses of the earlier book here confined mostly to the great historical pageant of palaeontology, as when Darwin notes that the geological strata mark “only an occasional scene, taken almost at hazard, in an ever slowly changing drama.” The key term in the Origin is “the struggle for existence.” Darwin explains:

In looking at Nature, it is most necessary to keep the foregoing considerations always in mind—never to forget that every single organic being may be said to be striving to the utmost to increase in numbers; that each lives by a struggle at some period of its life; that heavy destruction inevitably falls either on the young or old, during each generation or at recurrent intervals.

All through the book, he refers to “a constant struggle going on,” “the constantly-recurring Struggle for Existence,” “victory in the battle for life,” and so on. From this struggle comes “natural selection,” or, in Herbert Spencer’s more vivid phrase that Darwin adopted, “the survival of the fittest.” Darwin was quite aware that all these terms were ‘metaphoric, a heightening of much less dramatic processes. He writes of “struggle for existence”:

 

I should premise that I use this term in a large and metaphorical sense including dependence of one being on another, and including (which is more important) not only the life of the individual, but success in leaving progeny. Two canine animals, in a time of dearth, may be truly said to struggle with each other which shall get food and live. But a plant on the edge of a desert is said to struggle for life against the drought, though more properly it should be said to be dependent on the moisture. A plant which annually produces a thousand seeds, of which only one of an average comes to maturity, may be more truly said to struggle with the plants of the same and other kinds which already clothe the ground. The mistletoe is dependent on the apple and a few other trees, but can only in a far-fetched sense be said to struggle with these trees, for, if too many of these parasites grow on the same tree, it languishes and dies. But several seedling mistletoes, growing close together on the same branch, may more truly be said to struggle with each other. As the mistletoe is disseminated by birds, its existence depends on then, and it may methodically be said to struggle with other fruit-bearing plants, in tempting the birds to devour and thus disseminate its seeds. In these several senses, which pass into each other, I use for convenience’ sake the general tetra of Struggle for Existence.

 

He writes similarly of “natural selection”:

 

In the literal sense of the word, no doubt, natural selection is a false term; but whoever objected to chemists speaking of the elective affinities of the various elements?—and yet an acid cannot strictly be said to elect the base with which it in preference combines. It has been said that I speak of natural selection as an active power or Deity; but who objects to an author speaking of the attraction of gravity as ruling the movements of the planets? Everyone knows what is meant and is implied by such metaphorical expressions; and they are almost necessary for brevity.

 

In fact, these terms are much more than metaphors. They people the world of nature with protagonists and antagonists where previously we had seen only a solitary cactus or a growing seed. Moreover, the dramatic action they summon up is tragic. In Gilbert Murray’s terms, the basic ritual stages of tragedy are agon or contest, sparagmos or tearing apart, then anagnorisis or discovery and epiphany or joyous showing forth of the resurrected protagonist. Darwin’s struggle for existence is clearly Murray’s agon and sparagmos, and his natural selection or survival of the fittest, anagnorisis and epiphany. For the final exultation that the Greeks felt at the affirmation of Reliving Dionysus, Darwin substitutes a quieter tragic satisfaction. He writes:

 

When we reflect on this struggle, we may console ourselves with the full belief, that the war of nature is not incessant, that no fear is felt, that death is generally prompt, and that the vigorous, the healthy, and the happy survive and multiply.” The Origin concludes: “Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life….

 

We realize that this dramatic and tragic vision of life comes from Darwin, rather than from his subject matter, when we see how undramatic most contemporary formulations of natural selection are. A typical one is that of George Gaylord Simpson in The Meaning of Evolution in 1949: “In the modern theory natural selection is differential reproduction, plus the complex interplay in such reproduction of heredity, genetic variation, and all the other factors that affect selection and determine its results.” Darwin was aware of differential reproduction as early as his draft for the Origin in 1844, but always within a larger context of struggle: a fleeter fox would survive better and “rear more young,” but “the less fleet ones would be rigidly destroyed.”

 

The archetypal image of the Origin is the war of nature, an image Darwin at first believed he had borrowed from Alphonse de Candolle. The 1841 outline for the book begins the section on “Natural Selection”: “De Candolle’s war of nature.—seeing contented face of nature,—may be well at first doubted.”

 

These notes are amplified in the 1844 essay into: “De Candolle, in an eloquent passage, has declared that all nature is at war, one organism with another, or with external nature. Seeing the contented face of nature, this may at first be well doubted; but reflection will inevitably prove it is too true.”

When Darwin had to choose a few pages from his manuscript to accompany Wallace’s paper in the historic presentation of the new theory to the Linnean Society in 1858, he began with that passage which he clearly recognized as the heart of his message. By the time the passage appeared in the Origin the next year, Darwin had recognized that De Candolle had no patent on the war of nature, and lumped him in with others. The important thing now was tearing off the pacific mask that life wears, and Darwin writes of the illusion concealing the tragic reality like a Melville narrator:

 

We behold the face of nature bright with gladness, toe often see superabundance of food; we do not see or we forget, that the birds which are idly singing round us mostly live on in-sects or seeds, and are thus constantly destroying life; or we forget how largely these songsters, or their eggs, or their nest-lings, are destroyed by birds and beasts of prey; we do not al-ways been in mind, that, though food may be now super-abundant, it is not so at all seasons of each recurring year.

 

The flatness at the end is almost deliberate; Darwin’s vision is tragic, but it is not hysterical. It never rises in pitch to melodrama, as in the “Nature, red in tooth and claw” of Tennyson’s “In Memoriam,” or the Grand Guignol vision of some of Darwin’s followers. After millions of years of evolution, Romanes writes typically in 1892:

 

We find that more than half of the species which have survived the ceaseless struggle are parasitic in their habits, lower and insentient forms of life feasting on higher and sentient forms; we find teeth and talons whetted for slaughter, hooks and suckers moulded for torment—everywhere a reign of terror, hunger, and sickness, with oozing blood and quivering limb, with gasping breath and eyes of innocence that dimly close in deaths of brutal torture!

 

Darwin is aware of the tragic ambivalence of life and death, that for use thousand years “pigeons have been watched and tended with the utmost care, and loved by many people,” and for just as long have been as considerately raised and tended for the pot. In the Journal of Researches, Darwin was moved to horror and revulsion by the fact that the natives of Tierra del Fuego, in times of hunger, kill and eat the old women of the tribe sooner than their dogs[12], because “Doggies catch otters, old women no.” By the time of the Origin, this is accepted with calm objectivity:

We see the value set on animals even by the barbarians of Tierra del Fuego, by their killing and devouring their old women, in times of dearth, as of less value than their dogs.

 

II

 

When the Origin appeared, it was reviewed in the American Journal of Science and Arts by Asa Gray, perhaps the shrewdest (as Huxley was the most brilliant) of the Darwinians. Gray noted that Darwin’s frankness about objections and unsolved problems gave the book the character of a mythic quest. He writes: “The interest for the general reader heightens as the author advances on his perilous way and grapples manfully with the most formidable difficulties.” In the Origin, Darwin tends to make the imperilled knight not himself but his theory: a difficulty would be “fatal to the whole theory,” an argument is “a fatal objection,” “Such objections as the above would be fatal to my views,” and so on endlessly. But Darwin’s imagery in correspondence makes it clear that the life at stake is Darwin’s own. Sending an advance copy of the book to Hugh Falconer in 1859, he wrote: “Lord, how savage you will be if you read it, and how you will long to crucify me alive!” He wrote to H. G. Bronn in 186o: “The objections and difficulties which may be urged against my view are indeed heavy enough almost to break my back, but it is not yet broken!” When Lyell refused to come out in support of the theory publicly, Darwin wrote to him: “You cut my throat, and your own throat; and I believe will live to be sorry for it.” In later years Darwin’s correspondence is full of “It is clear to me that I ought to be exterminated,” “I know well that I deserve many a good slap on the face,” “If I am wrong, the sooner I am knocked on the head and annihilated so much the better.” He seems to have seen himself as the scapegoat, the sacrificial victim, sometimes the Judaeo-Christian blameless victim without blemish, but sometimes the guilty pagan slayer who must himself be slain. When the theory of evolution first took publishable form, in 1844, Darwin wrote to Hooker “I am almost convinced (quite contrary to the opinion that I started with) that species are not (it is like confessing a murder) immutable.”

 

If Darwin’s tragic vision embraced bloodshed and murder, it also embraced beauty and joy. The Origin is as full of the word “beauty” as the Journal of Researches, but now it is a utilitarian beauty. Sometimes it is a “beautiful adaptation” to function, like that of the woodpecker, the mistletoe, or the giraffe; sometimes it has a visual loveliness too, as in “the beautifully plumed seed of the dandelion”; sometimes it is an abstraction, like the power engaged “in slowly and beautifully adapting each form to the most complex relations of   life”; sometimes it is pure exultant generalization, “there is so much beauty throughout nature.” The last sentence of the book, beginning “There is grandeur in this view of life,” concludes “from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.” The “wonderful” means, of course, “wonderfully adapted to survive.” In 1863, Darwin wrote to Huxley: “With a book, as with a fine day, one likes it to end with a glorious sunset.”

The Origin, although it resolutely postpones consideration of human origins for a later work, is oddly anthropocentric. One reason is that Darwin constantly humanizes animals in what used to be called the “pathetic fallacy”: male alligators have courtship rites “like Indians in a war dance”; frightened ants “took heart” and a single ant stood “an image of despair over its ravaged home”; in the consolatory statement quoted above, the surviving animals are not only vigorous and healthy, but “happy.” Man is always on Darwin’s mind as he talks of the lower orders. The criteria for an “advance in organization” among the vertebrate are “the degree of intellect and an approach in structure to mats.” When the Origin announces the descent of man, he is not named, simply lumped in: “According to this view it may be inferred that all vertebrate animals with true lungs are descended by ordinary generation from an ancient and unknown prototype, which was furnished with a floating apparatus or swimbladder.” Later in the Origin Darwin concludes in more detail that the higher vertebrates “are the modified descendants of some ancient progenitor, which was furnished in its adult state with branchiae, a swim-bladder, four fin-like limbs, and a long tail, all fitted for an aquatic life.” (More explicitly, Darwin wrote to Lyell in 186o: “Our ancestor was an animal which breathed water, had a swim bladder, a great swimming tail, an imperfect skull, and undoubtedly was an hermaphrodite! Here is a pleasant genealogy for mankind.”).

 

III

 

The chief thematic metaphor in The Origin of Species, constituting the book’s principal imaginative design, is a visual figure that develops in richness and complexity as it goes through a series of metamorphoses. It begins as the ladderlike polity of life, a form of the medieval Great Chain of Being (so exhaustively studied by A. 0. Lovejoy in his book of that title). Early in the book, Darwin writes of “places in the polity” of nature, “places which are either unoccupied or not perfectly occupied by other beings,” “a place in the natural polity of the country,” “new places in the polity of nature.” Eventually this progresses from simple to complex, and becomes a vision of “one long and branching chain of life,” of which we know from the past only a few links (the nonsense of the “Missing Link” apeman seems to be based on this passage). As the book goes on, the figure modifies from the chain, either simple or complex, to that of a living tree, in a remarkable extended metaphor (earlier used in a letter to Gray that was one of the documents presented to the Linnean Society):

 

The affinities of all the beings of the some class have some-times been represented by a great tree. I believe this simile largely speaks the truth. The green and budding twigs may represent existing species; and those produced during former years may represent the long succession of extinct species. At each period of growth all the growing twigs have tried to branch out on all sides, and to overtop and kill the surrounding twigs and branch., in the some manner as species and groups of species have at all times overmastered other species in the great battle for life. The limbs divided into great branch, and these into lesser and lesser branches, were themselves once, when the tree was young, budding twigs, and this connection of the former and present buds by ramifying branches may well represent the classification of all extinct and living species in groups subordinate to groups. Of the many twigs which flourished when the tree was a mere bush, only two or three, now grown into great branches, yet survive and bear the other branches; so with the species which lived during long-past geological periods, very few have left living and modified descendants. From the first growth of the tree, many a limb and branch has decayed and dropped off; and these fallen branches of various sizes may represent those whole orders, families, and genera which have now no living representatives, and which are known to as only in a fossil state. As we here and there see a thin straggling branch springing from a fork low down in a tree, and which by some chance has been favoured and is still alive on its summit, so we occasionally see an animal like the Ornithorhynchus or Lepidosiren, which in some small degree connects by its affinities two large branches of life, and which has apparently been saved from fatal competition by having inhabited a protected station. As buds give rise by growth to fresh buds, and these, if vigorous, branch out and overtop on all sides many a feebler branch, so by generation I believe it has been with the great Tree of Life, which fills with its dead and broken brandies the crust of the earth, and covers the surface with its ever-branching and beautiful ramifications.

 

Darwin continues to use the tree figure, later referring to the variety of species as “like the branching of a great tree from a single stem.” Even this image, however, ultimately will not contain the infinite richness of ecological relationships in nature, which he describes as progressing “onwards in ever-increasing circles of complexity.” The book’s final paragraph achieves the ultimate transformation. It begins:

It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us.

 

With the image of the tangled bank, so reminiscent of Shakespearean lyric, Darwin embraces all the rich complexity of life. The image of the great Chain of Life is ordered, hierarchic, and static, essentially medieval; the great Tree of Life is ordered, hierarchic, but dynamic and competitive, a Renaissance vision; but the great Tangled Bank of Life is disordered, democratic, and subtly interdependent as well as competitive, essentially a modern vision.

 

The minor metaphors in the work fall into place within this great organizing metaphor. “Struggle for existence” and “survival of the fittest,” noted above, are other ways of looking at the tangled bank. The metaphors are epiphanies or showings forth; for the most part they image process in dramatic action, provide scenes “in an ever slowly changing drama”: “as with mariners shipwrecked near a coast”; “to feel no surprise at sickness, but, when the sick man dies, to wonder and to suspect that he died by some deed of violence”; “when we no longer look at an organic being as a savage looks at a ship.” A constant metaphor is language itself: “a breed, like a dialect of a language”; “It may be worthwhile to illustrate this view of classification, by taking the case of languages”; “Rudimentary organs may be compared with the letters in a word”; and so on. J. Arthur Thomson, in Dar-win and Modern Science, praises Darwin’s “clear visions” and they are all metaphors: “visions of the web of life, of the fountain of change within the organism, of the struggle for existence and of its winnowing, and of the spreading genealogical tree.” Darwin says of morphology, defined in the Origin’s Glossary as “The law of form or structure independent of function”: “This is one of the most interesting departments of natural history, and may almost be said to be its very soul.” Similarly, Aristotle says in the Poetics (in By-water’s translation): “But the greatest thing by far is to be a master of metaphor. It is the one thing that cannot be learnt from others; and it is also a sign of genius, since a good metaphor implies an intuitive perception of the similarity in dissimilars.” By this criterion Darwin displayed genius as morphologist and metaphorist alike.

 

Perhaps the most surprising thing in The Origin of Species, to those who think of Darwin as the type of the prosaic scientist, is that it repeatedly calls not for an act of understanding but for an act of the imagination. Darwin writes: “It is good thus to try in imagination,” “How strange are these facts!” “no one with the most vivid imagination would ever have thought,” “no one can have marvelled more than I have done,” “the fact is a marvelous one,” “But these cases are so wonderful,” “Glancing et instincts, marvellous as some are,” “We see the full meaning of the wonderful fact,” and so on. The call is not only for imagination, marvel, wonder, but for the sort of immersion in nature that led Emerson to say “Books are for the scholars’s idle hours.” Darwin writes:

It is hardly possible for me to recall to the reader who is not a practical geologist, the facts leading the mind to comprehend the lapse of time…. Not that it suffices to study the Principles of Geology, or to read special treatises by different observers on separate formations, and to mark how each author at-tempts to give an inadequate idea of the duration of each formation, or even of each stratum. We can best gain some idea of past time by knowing the agencies at work, and learning how deeply the surface of the land has been denuded, and how much sediment has been deposited…. Therefore a man should examine for himself the great piles of superimposed strata, and watch the rivulets bringing down mud, and the waves wearing away the sea-cliffs, in order to comprehend something about the duration of past time, the monuments of which we see all around us. It is good to wander along the coast, when formed of moderately hard rocks, and mark the process of degradation.

 

Perhaps not to far as it might seem from Proust’s comparable venture in comprehending the duration of past time.



[1] The article entitled Darwin the dramatist, was written by Stanley Edgar Hyman and published in The Centennial Review of Arts & Science in 1959. The annotations contain my commentaries to it. Information about the author is taken from Wikipedia (Newspeak dictionary).

[2] Stanley Edgar Hyman (1919–1970) was a literary critic who wrote primarily about critical methods: the distinct strategies critics use in approaching literary texts.  He was influential for the development of literary theory in the 1940s and 1950s. Equally skeptical of every major critical methodology of his time, he worked out an early instance of a critical theory, exploring ways that critics can be foiled by their own methods. “Each critic,” Hyman wrote in The Armed Vision, “tends to have a master metaphor or series of metaphors in terms of which he sees the critical function. This metaphor then shapes, informs, and sometimes limits his work.” Hyman saw it as his own critical task to point out these overriding themes by which, tacitly, other critics organized their work and their thinking.

Hyman was born in Brooklyn, New York and graduated from Syracuse University in 1940. He was a staff writer for The New Yorker for much of his life, and although he did not possess a graduate degree, taught at Bennington College in Bennington, Vermont. From 1961 to 1965, Hyman was the literary critic of The New Leader.

[3] A rather curious sentence: most of the thinking world was convinced of the evolution of species. It shows:  1) how little evidence is required to convince so many people, 2) How scarcely thinking is the thinking world. Perhaps the non-thinking world may be clever.

[4] Confusion between scientific argument and rhetorical organization. These are here shown as equivalent, but indeed these are quite different things. OSMNS is very weak in the first, but strong in the second.

[5] Please see footnote number 11.

[6] In a strict sense there is not a scientific theory that may be attributed to Darwin.

[7] Establish an idea? Is this a scientific objective?

[8] What are those Darwin’s processes?

[9] Is it possible to confuse processes with hypotheses?

[10] First, Darwin confused selection with breeding (a methonimy). To escape this mistake he uses the expression natural selection (an oxymoron). To escape this he defines it as survival of the fittest (pleonasm). Then he starts constructing several prosopopeyas, attributing actions to these constructions. The rhetorical analysis of chapter IV of OSMNS shows an accumulation of mistakes. Tautology is only a small part of it. Please see the book Está usted de broma Mr Darin? La retórica en el corazón del darwinismo for an explanation (English version in progress).

[11] He may have had the help of others, such as for example Thomas Henry Huxley. Adrian Desmond, the biographer of both, Darwin and Huxley, points to a paragraph in OSMNS as being a product of Huxley. There are very probably some more paragraphs in OSMNS due to Huxley.

[12] This has been repeated in many instances but never confirmed by any anthropology study or even the simplest evidence.

 

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La felicidad de contemplar cuatro gusanos en el párrafo octingentésimo cuadragésimo y último de El Origen de las Especies

Acaba la obra que hemos leido despacio, párrafo a párrafo, día a día, durante casi cuatro años.

Acaba la obra y lloramos de emoción al leer este último párrafo.

En uno de sus largos paseos, el autor se ha sentado y contempla a la naturaleza. Naturaleza que él mismo va a transformar mediante el imperativo de su mirada. No exageramos por tanto si decimos que el momento descrito en este párrafo es el final de la edad antigua y el comienzo de la nueva. El final de la Historia Natural y el principio de la Biología. El final de un mundo en que la humildad es virtud y el principio de un mundo que exige al ser humano ser arrogante.

El autor, el profeta máximo de la arrogancia y la pseudociencia, se ha sentado y contempla un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases. Si fuese un botánico o un naturalista, mencionaría las especies, pero él no distingue especies, clases o variedades. En realidad él solo estudió para clérigo y de esto hace ya mucho, mucho tiempo. Pero el estudio no cayó en saco roto.

Las aves cantan en los matorrales, tampoco importa qué aves sean, ruiseñores, canarios o …buitres. En el mundo moderno, ave es suficiente.

Diferentes insectos revolotean, pero si para las plantas y para las aves no importaba la especie, te diré lo que importa en el caso de los insectos: Nada. Un insecto ya debe conformarse con tener este nombre: Insecto. Más que suficiente.

Los gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda nos invitan a reflexionar en todas estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos.

Todas ellas, gusanos, insectos, aves, plantas y otras incluyendo al propio observador, el autor de este desafortunado libro que nunca debió ser publicado, todas ellas han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor. Leyes que son, a saber: crecimiento con reproducción; herencia; variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso.

Pero,…. Un momento: ¿Puede llamarse ley a todo esto? ¿Existe algo que pueda llamarse  Ley del crecimiento con reproducción? Sospecho que no

¿Algo que se pueda llamar Ley de la herencia? Me temo que no.

 

Sí existe, en cambio, algo que puede llamarse ley de la variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso. Estas son  leyes que estableció Lamarck a quien Darwin ha venido copiando desde el principio hasta el final de su obra.

El resto, ya saben, lo de siempre: Malthus,… Malthus y Dios. Es decir, la selección natural.

 

 

 

..una razón del aumento, tan elevada, tan grande, que conduce a una lucha por la vida, y como consecuencia a la selección natural, que determina la divergencia de caracteres y la extinción de las formas menos perfeccionadas. Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.

 

 

 

 

 

840.

 

It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us. These laws, taken in the largest sense, being Growth with reproduction; Inheritance which is almost implied by reproduction; Variability from the indirect and direct action of the conditions of life, and from use and disuse; a Ratio of Increase so high as to lead to a Struggle for Life, and as a consequence to Natural Selection, entailing Divergence of Character and the Extinction of less improved forms. Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed by the Creator into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone circling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.

 

Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor. Estas leyes, tomadas en un sentido más amplio, son: la de crecimiento con reproducción; la de herencia, que casi está comprendida en la de reproducción; la de variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso; una razón del aumento, tan elevada, tan grande, que conduce a una lucha por la vida, y como consecuencia a la selección natural, que determina la divergencia de caracteres y la extinción de las formas menos perfeccionadas. Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.

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La lógica del pensamiento darwinista y la fuerza de la tergiversación en el párrafo octingentésimo vigésimo primero de El Origen de las Especies

Sigan ustedes los pasos del modo y manera como se nos indica en este párrafo:

 

  1. Las especies se han modificado durante una larga serie de generaciones.

 

¿Qué especies? Todas. ¿Algún ejemplo? Ninguno

 

  1. Esto se ha efectuado principalmente por la selección natural de numerosas variaciones sucesivas, pequeñas y favorables, auxiliada de modo importante por los efectos hereditarios del uso y desuso de las partes, y de un modo accesorio -esto es, en relación a las conformaciones de adaptación, pasadas o presentes- por la acción directa de las condiciones externas y por variaciones que, dentro de nuestra ignorancia, nos parece que surgen espontáneamente.

 

 

¿Algún ejemplo en 2? Imposible. Ninguno

 

  1. Grande es la fuerza de la tergiversación continua.

 

De aquí si que tenemos un ejemplo: La Selección Natural que no existe y que en este libro se pretende hacer pasar por un agente (o es una acción?; Teoría tal vez?…..)

 

Y finalmente, dice el autor:

 

  1. ; pero la historia de la Ciencia muestra que, afortunadamente, esta fuerza no perdura mucho.

 

 

 

821

I have now recapitulated the facts and considerations which have thoroughly convinced me that species have been modified, during a long course of descent. This has been effected chiefly through the natural selection of numerous successive, slight, favourable variations; aided in an important manner by the inherited effects of the use and disuse of parts; and in an unimportant manner, that is, in relation to adaptive structures, whether past or present, by the direct action of external conditions, and by variations which seem to us in our ignorance to arise spontaneously. It appears that I formerly underrated the frequency and value of these latter forms of variation, as leading to permanent modifications of structure independently of natural selection. But as my conclusions have lately been much misrepresented, and it has been stated that I attribute the modification of species exclusively to natural selection, I may be permitted to remark that in the first edition of this work, and subsequently, I placed in a most conspicuous position—namely, at the close of the Introduction—the following words: “I am convinced that natural selection has been the main but not the exclusive means of modification.” This has been of no avail. Great is the power of steady misrepresentation; but the history of science shows that fortunately this power does not long endure.

 

He recapitulado ahora los hechos y consideraciones que me han convencido por completo de que las especies se han modificado durante una larga serie de generaciones. Esto se ha efectuado principalmente por la selección natural de numerosas variaciones sucesivas, pequeñas y favorables, auxiliada de modo importante por los efectos hereditarios del uso y desuso de las partes, y de un modo accesorio -esto es, en relación a las conformaciones de adaptación, pasadas o presentes- por la acción directa de las condiciones externas y por variaciones que, dentro de nuestra ignorancia, nos parece que surgen espontáneamente. Parece que anteriormente rebajé el valor y la frecuencia de estas últimas formas de variación, en cuanto que llevan a modificaciones permanentes de conformación, con independencia de la selección natural. Y como mis conclusiones han sido recientemente muy tergiversadas y se ha afirmado que atribuyo la modificación de las especies exclusivamente a la selección natural, se me permitirá hacer observar que en la primera edición de esta obra y en las siguientes he puesto en lugar bien visible -o sea al final de la Introducción- las siguientes palabras: «Estoy convencido de que la selección natural ha sido el modo principal, pero no el único, de modificación». Esto no ha sido de utilidad ninguna. Grande es la fuerza de la tergiversación continua; pero la historia de la Ciencia muestra que, afortunadamente, esta fuerza no perdura mucho.

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Hay fundamento para creer y otras tomaduras de pelo en el párrafo septingentésimo nonagésimo de El Origen de las Especies

La frase es imperdonable:

 

Por una parte, hay fundamento para creer que los cambios pequeños en las condiciones de existencia dan vigor y fecundidad a todos los seres orgánicos.

 

¿Será cierto eso? ¿Será verdad que todos los cambios pequeños en las condiciones de existencia darán vigor y fecundidad a todos los seres orgánicos? ¿A qué cambios se refiere?

 

Pero nuestras dudas se desvanecen porque pronto vamos a leer lo contrario:

 

Por otra parte, sabemos que las especies que han estado sometidas mucho tiempo a condiciones casi uniformes, cuando son sometidas en cautividad a condiciones nuevas y muy diferentes, o perecen o, si sobreviven, se vuelven estériles aunque conserven perfecta salud.

 

En qué consiste la diferencia entre estas condiciones nuevas y muy diferentes que hacen perecer a las especies y aquellos cambios pequeños en las condiciones de existencia dan vigor y fecundidad a todos los seres orgánicos? ¿Habrá alguna manera de distinguir entre lo uno y lo otro evitando así esa incómoda sensación de que nos están tomando el pelo?

 

 

 

 

790

 

 

 

A double and parallel series of facts seems to throw much light on the sterility of species, when first crossed, and of their hybrid offspring. On the one side, there is good reason to believe that slight changes in the conditions of life give vigour and fertility to all organic beings. We know also that a cross between the distinct individuals of the same variety, and between distinct varieties, increases the number of their offspring, and certainly gives to them increased size and vigour. This is chiefly owing to the forms which are crossed having been exposed to somewhat different conditions of life; for I have ascertained by a labourious series of experiments that if all the individuals of the same variety be subjected during several generations to the same conditions, the good derived from crossing is often much diminished or wholly disappears. This is one side of the case. On the other side, we know that species which have long been exposed to nearly uniform conditions, when they are subjected under confinement to new and greatly changed conditions, either perish, or if they survive, are rendered sterile, though retaining perfect health. This does not occur, or only in a very slight degree, with our domesticated productions, which have long been exposed to fluctuating conditions. Hence when we find that hybrids produced by a cross between two distinct species are few in number, owing to their perishing soon after conception or at a very early age, or if surviving that they are rendered more or less sterile, it seems highly probable that this result is due to their having been in fact subjected to a great change in their conditions of life, from being compounded of two distinct organisations. He who will explain in a definite manner why, for instance, an elephant or a fox will not breed under confinement in its native country, whilst the domestic pig or dog will breed freely under the most diversified conditions, will at the same time be able to give a definite answer to the question why two distinct species, when crossed, as well as their hybrid offspring, are generally rendered more or less sterile, while two domesticated varieties when crossed and their mongrel offspring are perfectly fertile.

 

Dos series paralelas de hechos parecen arrojar mucha luz sobre la esterilidad de las especies cuando se cruzan por vez primera y la de su descendencia híbrida. Por una parte, hay fundamento para creer que los cambios pequeños en las condiciones de existencia dan vigor y fecundidad a todos los seres orgánicos. Sabemos también que el cruzamiento entre individuos distintos de la misma variedad y entre variedades distintas aumenta el número de sus descendientes y les da ciertamente mayor tamaño y vigor. Esto se debe sobre todo a que las formas que se cruzan han estado sometidas a condiciones de existencia algo diferentes, pues he comprobado, mediante una laboriosa serie de experimentos, que, si todos los individuos de la misma variedad son sometidos durante varias generaciones a las mismas condiciones, la ventaja resultante del cruzamiento con frecuencia disminuye mucho o desaparece del todo. Este es uno de los aspectos del caso. Por otra parte, sabemos que las especies que han estado sometidas mucho tiempo a condiciones casi uniformes, cuando son sometidas en cautividad a condiciones nuevas y muy diferentes, o perecen o, si sobreviven, se vuelven estériles aunque conserven perfecta salud. Esto no ocurre, u ocurre sólo en grado pequeñísimo, con las producciones domésticas que han estado sometidas mucho tiempo a condiciones variables. Por consiguiente, cuando vemos que los híbridos producidos por un cruzamiento entre dos especies distintas son en corto número, debido a que perecen inmediatamente después de la concepción o a una edad muy temprana, o que, si sobreviven, se han vuelto más o menos estériles, parece sumamente probable que este resultado sea debido a que han sido de hecho sometidos a un gran cambio en sus condiciones de existencia por estar compuestos de dos organizaciones distintas. Quien explique de un modo preciso por qué, por ejemplo, un elefante o un zorro no crían cautivos en su país natal, mientras que el perro o el cerdo doméstico crían sin limitación en condiciones las más diversas, podrá dar al mismo tiempo una respuesta precisa a la pregunta de por qué dos especies distintas, cuando se cruzan, lo mismo que su descendencia híbrida, resultan generalmente más o menos estériles, mientras que dos variedades domésticas, al cruzarse, y sus descendientes mestizos son perfectamente fecundos.

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