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Encuentros con lo imposible (Libro-homenaje a Isabel Izquierdo Moya)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentimiento de la necesidad de cuidar las colecciones de insectos se encuentra en primer lugar entre las líneas maestras que dirigieron la trayectoria científica de Isabel Izquierdo, Conservadora de colecciones de insectos en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC en Madrid.

¿A qué puede deberse, nos preguntamos hoy, dicha necesidad?

El naturalista acostumbra a investigar las causas, pensando que la explicación se encuentra siempre antes del efecto pero, a veces, puede resultar conveniente buscar las razones de la existencia de algo no antes, sino por el contrario, más allá de sus consecuencias…

 

Coordinado por: Emilio Cervantes

Textos de: Paloma Blanco Fernández de Caleya, Santos Casado, Emilio Cervantes, Alberto Gomis, Antonio González Bueno, Carlos Martín Escorza, Carmen Rey del Castillo

PRESENTACIÓN

 

Una entrevista publicada en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales pone de manifiesto las líneas maestras que dirigieron la trayectoria científica de Isabel Izquierdo. En primer lugar, el sentimiento de una necesidad: la de cuidar de las colecciones de insectos. ¿Y a qué puede deberse, nos preguntamos hoy, dicha necesidad?

El naturalista acostumbra a investigar las causas, pensando que la explicación se encuentra siempre antes del efecto; pero a veces puede resultar conveniente buscar las razones de la existencia de algo no antes, sino por el contrario más allá de sus consecuencias. En el caso de las colecciones de insectos una necesidad conduce a otra, y la de cuidarlas no iba a ser excepción, puesto que inmediatamente obliga a poner todos los medios al alcance. ¿Con qué deseo? Con el de que dichas colecciones tengan un fin público. “Mi meta siempre ha sido hacer accesibles a la sociedad las colecciones del Museo” es el titular que destacaba, tanto en el encabezamiento de la entrevista como en el quehacer cotidiano de Isabel.

Como conservadora de la colección de entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Isabel Izquierdo se sabía depositaria del fruto de los desvelos y fatigas de muchos naturalistas, grandes nombres como Mariano de la Paz Graells, Ignacio Bolívar o Manuel Martínez de la Escalera y de otros entomólogos más modestos, muchos de ellos anónimos. Isabel sabía que su principal tarea era la custodia de un tesoro en potencia, porque la colección de insectos, resultado del trabajo de tantos autores durante los años, no constituye tesoro por sí misma. Es necesaria una conversión.

“Hacer accesibles a la sociedad las colecciones” significa eso: convertir una colección de insectos en un tesoro, en muchos tesoros. Una tarea que requiere cualidades especiales y un quehacer continuo, perseverante, inacabable. Una labor de encantamiento que Isabel hacía con esmero en su trabajo diario. Siendo así, algún indicio debería haber en la mencionada entrevista acerca de las claves y habilidades que se necesitan para tarea tan especial.

Los autores participantes en este volumen, colegas, compañeros, amigos de Isabel, hemos sentido la necesidad de dejar por escrito algunas ideas que quedaron pendientes en nuestros encuentros y conversaciones con ella. Estamos de acuerdo en que hay algo especial, enigmático, en su labor. El giro que nos lleva a considerar como un tesoro a un conjunto de insectos atravesados por alfileres entomológicos es semejante al toque de una varita mágica o si se quiere un ejemplo más material, a la labor del artista que convierte un bloque de piedra en la viva imagen de una persona o en el desencadenante de una emoción.

En definitiva, hablamos de una labor de encantamiento. Podría haber en aquella entrevista, decíamos arriba, indicios de algunas de las claves necesarias para esta tarea. La primera es la familiaridad con las piezas: “se crea una relación casi afectiva”, se dice en algún punto de la entrevista. Desde ese momento los insectos dejan de ser entes vulgares y pasan a ser queridos, surge el vínculo especial. En segundo lugar, una documentación exhaustiva. La colección científica contiene datos que constantemente nos recuerdan que un insecto particular ha sido elevado a otra categoría: es un ser apreciado, y nuestro aprecio se acompaña con una serie de datos. Finalmente, una vez que el objeto ha sido elevado a un nivel superior, se ha de cerrar el círculo para que nos demos cuenta de que cada uno de esos ejemplares y otros similares que no hemos escogido para nuestra colección, sin necesidad de habernos familiarizado con ellos, ni de haberlos colmado con datos, ni de haberlos ensalzado a otro nivel, tienen un valor en sí mismos. Cada ser vivo tiene un interés propio, de igual valor al de aquel que primero escogimos, al cual nombramos y al que quisimos y cuyo mérito, en definitiva, consiste en que nos ha llevado a conocer a los otros que eran anónimos. Más allá de aquellos primeros, nuestros modelos, todo son imágenes. Así se cierra el círculo y queda confirmada la hipótesis inicial que proponía buscar las causas de algo no sólo antes de su existencia sino también más allá de sus consecuencias.

“Por esa puerta rara es la semana en que no entra una tentación”, decía Isabel al final de la entrevista. Y es que las tentaciones, los objetos dignos de interés, se encuentran a ambos lados de la puerta. Ignorábamos, antes de atravesar por primera vez el umbral del despacho de Isabel Izquierdo, que nuestra llegada era esperada con la curiosidad y ansiedad del entomólogo. Años después, el análisis ha demostrado ser correcto: ella sabía entonces que llegaba una tentación, que se abrían nuevas perspectivas. Después hemos aprendido que la colaboración era fantástica, por estar basada en su generosidad.

Cuidar, conservar una colección de insectos ayuda a ver las partes del mundo apreciándolas. Las cosas que vemos nos llevan a amar las que no vemos y esto puede conducir a resultados que de otro modo habrían sido imposibles pero cada periodo histórico está compuesto por un conjunto de elementos que habrían sido considerados imposibles en épocas anteriores. Los naturalistas tenemos que dar muchas vueltas para comprender lo evidente, pero queremos verlo con nitidez, un compromiso moral que no debemos olvidar.

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La mayor parte de nuestras mayores autoridades están convencidas en el párrafo septingentésimo sexagésimo sexto de El Origen de las Especies

Hay aquí una expresión muy sospechosa. Cuando dice:

 

La mayor parte de nuestras mayores autoridades están convencidas…

 

Uno inmediatamente lo lee y tiende a pensar que hay gato encerrado en este párrafo.

 

Que si es cierto (que La mayor parte de nuestras mayores autoridades están convencidas de algo), entonces ese algo será seguramente falso; pero por otra parte si fuese falso lo que dice, es decir si no estuviesen La mayor parte de nuestras mayores autoridades convencidas de algo, entonces ese algo sería cierto, con lo cual como de costumbre, el autor consigue dos fines: 1) Generar Confusión 2) Levantar sospechas.

 

Cita a continuación el autor a Favre, célebre entomólogo francés que había indicado:

 

Le Transformisme en particulier qui croyait expliquer, par l’intervention de l’intelligence,un grand nombre d’actions accomplies par les insectes, ne semble avoir justifié en rien ses prétentions.

 

Le domaine de l’Instinct est régi par des lois qui échappent a toutes nos théories. C’est donc avec les mêmes convictions inébranlables que je maintiens les idées que je n’ai cessé de soutenir et de défendre.

 

 

El Transformismo en particular que creía explicar, por la intervención de la inteligencia, un gran número de acciones cumplidas por los insectos, no parece haber justificado en nada sus pretensiones. El dominio del Instinto es regido por leyes que escapan a todas nuestras teorías. Es pues con las mismas convicciones inquebrantables que mantengo las ideas que nunca dejé de sostener y de defender.

 

Favre.  Préface aux Souvenirs entomologiques
Read more: http://www.madrimasd.org/blogs/biologia_pensamiento/2013/10/17/137606#ixzz3RSSfh1bp

 

 

 

766.

 

From the remarks just made we can see how by changes of structure in the young, in conformity with changed habits of life, together with inheritance at corresponding ages, animals might come to pass through stages of development, perfectly distinct from the primordial condition of their adult progenitors. Most of our best authorities are now convinced that the various larval and pupal stages of insects have thus been acquired through adaptation, and not through inheritance from some ancient form. The curious case of Sitaris—a beetle which passes through certain unusual stages of development—will illustrate how this might occur. The first larval form is described by M. Fabre, as an active, minute insect, furnished with six legs, two long antennae, and four eyes. These larvae are hatched in the nests of bees; and when the male bees emerge from their burrows, in the spring, which they do before the females, the larvae spring on them, and afterwards crawl on to the females while paired with the males. As soon as the female bee deposits her eggs on the surface of the honey stored in the cells, the larvae of the Sitaris leap on the eggs and devour them. Afterwards they undergo a complete change; their eyes disappear; their legs and antennae become rudimentary, and they feed on honey; so that they now more closely resemble the ordinary larvae of insects; ultimately they undergo a further transformation, and finally emerge as the perfect beetle. Now, if an insect, undergoing transformations like those of the Sitaris, were to become the progenitor of a whole new class of insects, the course of development of the new class would be widely different from that of our existing insects; and the first larval stage certainly would not represent the former condition of any adult and ancient form.

 

Por las observaciones que se acaban de hacer podemos comprender cómo por cambios de estructura en el joven, acordes con los cambios de costumbres, junto con la herencia a las edades correspondientes, pueden los animales llegar a pasar por fases de desarrollo completamente diferentes de la condición primitiva de sus antepasados adultos. La mayor parte de nuestras mayores autoridades están convencidas de que los diferentes estados de larva y ninfa de los insectos han sido adquiridos por adaptación y no por herencia de alguna forma antigua. El curioso caso de Sitaris -coleóptero que pasa por ciertos estados extraordinarios de desarrollo- servirá de ejemplo de cómo pudo ocurrir esto. Fabre describe la primera forma larva como un pequeño insecto activo, provisto de seis patas, dos largas antenas y cuatro ojos. Estas larvas salen del huevo en los nidos de abejas y cuando las abejas machos salen en primavera de sus agujeros, lo que hacen antes que las hembras, las larvas saltan sobre aquéllos y después pasan a las hembras cuando éstas están apareadas con los machos. En cuanto la abeja hembra deposita sus huevos en la superficie de la miel almacenada en las cavidades, las larvas del Sitaris se lanzan sobre los huevos y los devoran. Después sufren un cambio completo: sus ojos desaparecen, sus patas y antenas se vuelven rudimentarias; de manera que entonces se asemejan más a las larvas ordinarias de los insectos; luego, sufren una nueva transformación, y finalmente salen en estado de coleópteros perfectos. Ahora bien; si un insecto que experimentase transformaciones como las de Sitaris llegase a ser el progenitor de toda una nueva clase de insectos, el curso del desarrollo de la nueva clase sería muy diferente de la de nuestros insectos actuales, y el primer estado larval ciertamente no representaría la condición primitiva de ninguna antigua forma adulta.

Lectura aconsejada:

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Introducción a la lectura del capítulo VIII de OSMNS que trata sobre los instintos

 

Le Transformisme en particulier qui croyait expliquer, par l’intervention de l’intelligence,un grand nombre d’actions accomplies par les insectes, ne semble avoir justifié en rien ses prétentions.

 

Le domaine de l’Instinct est régi par des lois qui échappent a toutes nos théories. C’est donc avec les mêmes convictions inébranlables que je maintiens les idées que je n’ai cessé de soutenir et de défendre.

 

 

El Transformismo en particular que creía explicar, por la intervención de la inteligencia, un gran número de acciones cumplidas por los insectos, no parece haber justificado en nada sus pretensiones. El dominio del Instinto es regido por leyes que escapan a todas nuestras teorías. Es pues con las mismas convicciones inquebrantables que mantengo las ideas que nunca dejé de sostener y de defender.

 

Favre.  Préface aux Souvenirs entomologiques

 

Además:

If with the Progressionists we conceive the species of living things undergo transmutation at the present day; that this transmutation is from a lower to a higher type; and that all the kinds of living beings which have ever existed upon the Earth’s surface have originated in this way; the idea is a perfectly legitimate one and must be admitted or rejected according to the evidence available; but if fully proved, it would not be, in any sense any explanation of creation; “such creation in the manner of natural law” would in fact simply be an orderly miracle. (Hooker,1856).

Si con los Progresistas concebimos que las especies de seres vivos sufren la transmutación actualmente; que esta transmutación es de un inferior a un tipo más alto; y que todas las clases de las criaturas vivas que alguna vez han existido sobre la superficie de la Tierra han surgido de este modo; la idea absolutamente legítima y debe ser admitida o rechazada según las pruebas disponibles;  pero el caso de ser totalmente demostrada, no sería, en ningún sentido una explicación de la creación; ” tal creación en manera de ley natural ” de hecho simplemente sería un milagro ordenado. (Hooker, 1856).

 

Hooker, J.D. (1856). Quote from Hooker’s Journal of Botany, London, Lovell, Vol.8, p. 252. Tomada de aquí.

 

 

Lectura aconsejada:

 

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