‘Geología’

Analizando la obra de Darwin sobre El Origen de las Especies: Enrique Cuñado entrevista a Emilio Cervantes

(Enrique Cuñado es profesor de Filosofía de Secundaria)

 

–        Desde nuestra asignatura, lo primero que llama nuestra atención es que como científico usted parece tener mucho interés en cuestiones filosóficas o relacionadas con las Humanidades y no sólo con las Ciencias Naturales, tal como refleja el título de su blog personal, “Biología y pensamiento”. ¿A qué se debe esto?

La Ciencia es una actividad social. Tradicionalmente se vienen explicando las diferentes disciplinas científicas por separado y es cierto que para comprender algunas teorías, aspectos puntuales o aplicados de la Ciencia no es necesario tener un gran conocimiento de la Historia, no obstante esta especialización conlleva el enorme riesgo que consiste en que bajo el nombre de Ciencia se pueda llegar a cualquier conclusión, so pretexto de que sólo un grupo de expertos lo entiende bien. Comprender el significado de cada aportación científica significa tener un conocimiento profundo de la Historia de la Ciencia, que es una disciplina histórica.

 

 

–        Un escritor y humanista como Miguel de Cervantes afirma en una de sus obras (Los trabajos de Persiles y Sigismunda) que las puertas de la gramática son aquéllas por donde se entra a las demás ciencias. Usted ha dedicado sus últimas obras a la retórica en la obra de Darwin, ¿qué importancia tiene el lenguaje en la ciencia?

 

El lenguaje es fundamental en la Ciencia por dos motivos: 1) La Ciencia se establece enteramente sobre la base del lenguaje y 2) La precisión requerida por la Ciencia sólo puede obtenerse mediante el uso adecuado del lenguaje. Para la Ciencia no basta con un lenguaje cualquiera usado de cualquier modo, sino que hay que aspirar a un lenguaje apropiado, metódico y cuidarlo con esmero todos los días. Cervantes era un hombre de armas y de letras, pero lo mismo que él reconocía en el Persiles, lo reconocía doscientos años después Lavoisier, y Lavoisier no era de armas ni de letras porque fue científico y uno de los fundadores de la Química. Hoy en día la mayoría de los científicos no parecen darse cuenta de esta incómoda realidad: Sus disciplinas se basan en el lenguaje. A menudo se oye hablar con desprecio de las disciplinas tradicionales como la retórica o la semántica y esto es lamentable.

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Presentación del libro: “Villarroya, yacimiento clave de la Paleontología riojana”

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación del libro Villarroya, yacimiento clave de la Paleontología riojana,

 

viernes, día 28 de octubre, a las 20 h.,  en la Casa de Cultura de Arnedo.

 

20 h. Bienvenida: Santiago Jiménez, Director de la Casa de las Ciencias.
20 h 10 min. Introducción a cargo de los coordinadores del libro.
20h 20 min. Intervención de autores:

Carlos Martín Escorza: Historia del Yacimiento
Arsenio Muñoz: Geología de la Cuenca de Villarroya.
Emilio Pueyo: Paleomagnetismo y datación del Yacimiento de Villarroya.

20 h 40 min. Discusión.

 

Villarroya, Yacimiento clave de la paleontología riojana

Alberdi Alonso, María Teresa; Azanza Asensio, Beatriz y Cervantes Ruiz de la Torre, Emilio (Coordinadores)

 

Instituto de Estudios Riojanos

C/ Portales, 2

26071 Logroño

Tel.: 941 29 15 57  Fax: 941 291 910

E-mail: libreria.ier@larioja.org

Web: www.larioja.org/ier

PVP: 18 €

 

Se presenta en el libro una visión general del Yacimiento paleontológico de Villarroya, situado en la Rioja Baja a 10 Km al sur de Arnedo. El Yacimiento de Villarroya entró en la historia de la mano del ingeniero de caminos Eduardo Carvajal, director de las minas de lignito de Préjano, Turruncún y Villarroya, que lo presentó en una comunicación al XIV Congreso Internacional de Geología realizado en Madrid. Desde entonces lo han visitado numerosos investigadores de todo el mundo. Se encuentran en él restos fósiles procedentes de más  de una veintena de especies de vertebrados que incluyen carnívoros como hienas, lobos, perros, zorros, osos, mustélidos  y varios felinos; siete especies de artiodáctilos (cérvidos y bóvidos) y perisodáctilos (équidos y rinoceróntidos) y abundantes micromamíferos.  Se conservan fósiles de Villarroya en Madrid en el Museo Nacional de Ciencias Naturales y en el Museo Geominero; en Barcelona, en el Museo del Seminario Conciliar y en el Institut Catalá de Paleontología Miquel Crusafont  en Sabadell, así como en el propio Museo de Ciencias Naturales de Arnedo y en algunos museos en Alemania y en Francia como el Musée Guimet y el Musée des Confluences, ambos en Lyon.

 

Entre los fósiles más destacados obtenidos a lo largo de los años en las excavaciones organizadas en  Villarroya se encuentran magníficos ejemplares de mandíbulas de los últimos hipariones de Eurasia que fueron reemplazados seguidamente por caballos del actual género Equus, lo que sitúa a la fauna de Villarroya en una época de transición en donde aún persisten linajes de los grandes mamíferos característicos del Neógeno, junto a otros que aparecieron entonces y han llegado hasta nuestros días.

 

Los estudios sobre este yacimiento incluyen las técnicas más recientes de datación estratigráfica como las basadas en magnetoestratigrafía, que se han aplicado en una amplitud de estratos de sedimentos lacustres verdaderamente excepcional. Los capítulos del libro presentan una aproximación multidisciplinaria al yacimiento con un constante diálogo entre las diversas aportaciones paleontológicas y las procedentes de la estratigrafía.

 

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La noble ciencia de la Geología pierde esplendor por la extrema imperfección de sus registros. en el párrafo octingentésimo trigésimo séptimo de El Origen de las Especies

Con leer la primera frase de este párrafo uno ya ha leído suficiente:

La noble ciencia de la Geología pierde esplendor por la extrema imperfección de sus registros.

La segunda es mejor no leerla. Se trata de la más pura pseudociencia, o más precisamente anti-ciencia:

 

La corteza terrestre, con sus restos enterrados, no puede ser considerada como un rico museo, sino como una pobre colección hecha al azar y en pocas ocasiones

 

 

 

 

 

837.

The noble science of geology loses glory from the extreme imperfection of the record. The crust of the earth, with its embedded remains, must not be looked at as a well-filled museum, but as a poor collection made at hazard and at rare intervals. The accumulation of each great fossiliferous formation will be recognised as having depended on an unusual occurrence of favourable circumstances, and the blank intervals between the successive stages as having been of vast duration. But we shall be able to gauge with some security the duration of these intervals by a comparison of the preceding and succeeding organic forms. We must be cautious in attempting to correlate as strictly contemporaneous two formations, which do not include many identical species, by the general succession of the forms of life. As species are produced and exterminated by slowly acting and still existing causes, and not by miraculous acts of creation; and as the most important of all causes of organic change is one which is almost independent of altered and perhaps suddenly altered physical conditions, namely, the mutual relation of organism to organism—the improvement of one organism entailing the improvement or the extermination of others; it follows, that the amount of organic change in the fossils of consecutive formations probably serves as a fair measure of the relative, though not actual lapse of time. A number of species, however, keeping in a body might remain for a long period unchanged, whilst within the same period, several of these species, by migrating into new countries and coming into competition with foreign associates, might become modified; so that we must not overrate the accuracy of organic change as a measure of time.

 

La noble ciencia de la Geología pierde esplendor por la extrema imperfección de sus registros. La corteza terrestre, con sus restos enterrados, no puede ser considerada como un rico museo, sino como una pobre colección hecha al azar y en pocas ocasiones. Se reconocerá que la acumulación de cada formación fosilífera importante ha dependido de la coincidencia excepcional de circunstancias favorables, y que los intervalos en blanco entre los pisos sucesivos han sido de gran duración; y podemos estimar con alguna seguridad la duración de estos intervalos por la comparación de formas orgánicas precedentes y siguientes. Hemos de ser prudentes al intentar establecer, por la sucesión general de las formas orgánicas, correlación de rigurosa contemporaneidad entre dos formaciones que no comprenden muchas especies distintas. Como las especies se producen y extinguen por causas que obran lentamente y que existen todavía, y no por actos milagrosos de creación; y como la más importante de todas las causas de modificación orgánica es una que es casi independiente del cambio -y aun a veces del cambio brusco- de las condiciones físicas, o sea la relación mutua de organismo a organismo, pues el perfeccionamiento de un organismo ocasiona el perfeccionamiento o la destrucción de otro, resulta que la magnitud de las modificaciones orgánicas en los fósiles de formaciones consecutivas sirve probablemente como una buena medida del lapso de tiempo relativo, pero no del absoluto. Un cierto número de especies, sin embargo, reunidas formando un conjunto, pudieron permanecer sin variación durante un largo período, mientras que dentro del mismo período alguna de estas especies, emigrando a nuevos países y entrando en competencia con formas extranjeras, pudo modificarse; de modo que no podemos exagerar la exactitud de la variación orgánica como medida del tiempo.

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Nuestra repugnancia natural en el párrafo octingentésimo vigésimo quinto de El Origen de las Especies

Después de párrafos y párrafos intentando convencer a un inocente lector, sin prueba alguna, que una especie se convierte en otra, tenemos que leer lo que sigue como argumento:

 

825.

But the chief cause of our natural unwillingness to admit that one species has given birth to other and distinct species, is that we are always slow in admitting any great changes of which we do not see the steps. The difficulty is the same as that felt by so many geologists, when Lyell first insisted that long lines of inland cliffs had been formed, and great valleys excavated, by the agencies which we still see at work. The mind cannot possibly grasp the full meaning of the term of even a million years; it cannot add up and perceive the full effects of many slight variations, accumulated during an almost infinite number of generations.

 

Pero la causa principal de nuestra repugnancia natural a admitir que una especie ha dado nacimiento a otra distinta es que siempre somos tardos en admitir grandes cambios cuyos grados no vemos. La dificultad es la misma que la que experimentaron tantos geólogos cuando Lyell sostuvo por vez primera que los agentes que vemos todavía en actividad han formado las largas líneas de acantilados del interior y han excavado los grandes valles. La mente no puede abarcar toda la significación ni siquiera de la expresión un millón de años; no puede sumar y percibir todo el resultado de muchas pequeñas variaciones acumuladas durante un número casi infinito de generaciones.

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Todo el mundo admitirá que los registros geológicos son imperfectos y otra enorme falsedad en el párrafo septingentésimo nonagésimo sexto de El Origen de las Especies

Y ahora, se preguntarán ustedes: ¿Cuál es esa enorme falsedad?. Pues bien. Esta:

 

Si consideramos espacios de tiempo lo bastante largos, la Geología manifiesta claramente que todas las especies han cambiado y que han cambiado del modo exigido por la teoría, pues han cambiado lentamente y de un modo gradual.

 

La Geología no manifiesta en absoluto que las especies hayan cambiado. Y mucho menos que lo hayan hecho de modo gradual.

 

 

796

 

 

That the geological record is imperfect all will admit; but that it is imperfect to the degree required by our theory, few will be inclined to admit. If we look to long enough intervals of time, geology plainly declares that species have all changed; and they have changed in the manner required by the theory, for they have changed slowly and in a graduated manner. We clearly see this in the fossil remains from consecutive formations invariably being much more closely related to each other than are the fossils from widely separated formations.

 

Todo el mundo admitirá que los registros geológicos son imperfectos; muy pocos se inclinarán a admitir que lo son en el grado requerido por nuestra teoría. Si consideramos espacios de tiempo lo bastante largos, la Geología manifiesta claramente que todas las especies han cambiado y que han cambiado del modo exigido por la teoría, pues han cambiado lentamente y de un modo gradual. Vemos esto claramente en que los restos fósiles de formaciones consecutivas están invariablemente mucho más relacionadas entre sí que los de formaciones muy separadas.

 

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Pruebas de la acción glacial en Sudamérica en el párrafo sexcentésimo quincuagésimo séptimo del Origen de las Especies

Se exponen algunas pruebas de la acción glacial en Sudamérica.

 

 

657

Looking to America: in the northern half, ice-borne fragments of rock have been observed on the eastern side of the continent, as far south as latitude 36 and 37 degrees, and on the shores of the Pacific, where the climate is now so different, as far south as latitude 46 degrees. Erratic boulders have, also, been noticed on the Rocky Mountains. In the Cordillera of South America, nearly under the equator, glaciers once extended far below their present level. In central Chile I examined a vast mound of detritus with great boulders, crossing the Portillo valley, which, there can hardly be a doubt, once formed a huge moraine; and Mr. D. Forbes informs me that he found in various parts of the Cordillera, from latitude 13 to 30 degrees south, at about the height of 12,000 feet, deeply-furrowed rocks, resembling those with which he was familiar in Norway, and likewise great masses of detritus, including grooved pebbles. Along this whole space of the Cordillera true glaciers do not now exist even at much more considerable heights. Further south, on both sides of the continent, from latitude 41 degrees to the southernmost extremity, we have the clearest evidence of former glacial action, in numerous immense boulders transported far from their parent source.

 

Por lo que se refiere a América, en su mitad norte se han observado fragmentos de roca transportados por el hielo, en el lado este del continente, hasta la latitud de 36º-37º, y en las costas del Pacifico, donde actualmente el clima es tan diferente, hasta la latitud de 46º. También se han señalado cantos erráticos en las Montañas Rocosas. En América del Sur, en la cordillera de los Andes, casi en el Ecuador, los glaciares llegaban en otro tiempo mucho más abajo de su nivel actual. En la región central de Chile examiné un gran cúmulo de detritus con grandes cantos que cruzaba el valle del Portillo, y que apenas puede dudarse de que en otro tiempo constituyeron una morrena gigantesca; y míster D. Forbes me informó que en diferentes partes de la cordillera de los Andes, entre 13º y 30º de latitud sur, encontró, aproximadamente a la altura de 12.000 pies, rocas profundamente estriadas, semejantes a aquellas con que estaba familiarizado en Noruega, e igualmente grandes masas de detritus con guijarros estriados. En toda esta extensión de la cordillera de los Andes no existen actualmente verdaderos glaciares, ni aun a alturas mucho más considerables. Más al Sur, a ambos lados del continente, desde 41º de latitud hasta el extremo más meridional, tenemos las pruebas más evidentes de una acción glaciar anterior, en un gran número de inmensos cantos transportados lejos de su lugar de origen.

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Acerca de los medios de dispersión y un poco de Geología en el párrafo sexcentésimo trigésimo séptimo del Origen de las Especies

El autor anuncia su intención de tratar con cierto detenimiento acerca de los medios de dispersión. Para comenzar, unas breves nociones de geología.

 

 

 

637

Before discussing the three classes of facts, which I have selected as presenting the greatest amount of difficulty on the theory of “single centres of creation,” I must say a few words on the means of dispersal.

MEANS OF DISPERSAL.

 

Sir C. Lyell and other authors have ably treated this subject. I can give here only the briefest abstract of the more important facts. Change of climate must have had a powerful influence on migration. A region now impassable to certain organisms from the nature of its climate, might have been a high road for migration, when the climate was different. I shall, however, presently have to discuss this branch of the subject in some detail. Changes of level in the land must also have been highly influential: a narrow isthmus now separates two marine faunas; submerge it, or let it formerly have been submerged, and the two faunas will now blend together, or may formerly have blended. Where the sea now extends, land may at a former period have connected islands or possibly even continents together, and thus have allowed terrestrial productions to pass from one to the other. No geologist disputes that great mutations of level have occurred within the period of existing organisms. Edward Forbes insisted that all the islands in the Atlantic must have been recently connected with Europe or Africa, and Europe likewise with America. Other authors have thus hypothetically bridged over every ocean, and united almost every island with some mainland. If, indeed, the arguments used by Forbes are to be trusted, it must be admitted that scarcely a single island exists which has not recently been united to some continent. This view cuts the Gordian knot of the dispersal of the same species to the most distant points, and removes many a difficulty; but to the best of my judgment we are not authorized in admitting such enormous geographical changes within the period of existing species. It seems to me that we have abundant evidence of great oscillations in the level of the land or sea; but not of such vast changes in the position and extension of our continents, as to have united them within the recent period to each other and to the several intervening oceanic islands. I freely admit the former existence of many islands, now buried beneath the sea, which may have served as halting places for plants and for many animals during their migration. In the coral-producing oceans such sunken islands are now marked by rings of coral or atolls standing over them. Whenever it is fully admitted, as it will some day be, that each species has proceeded from a single birthplace, and when in the course of time we know something definite about the means of distribution, we shall be enabled to speculate with security on the former extension of the land. But I do not believe that it will ever be proved that within the recent period most of our continents which now stand quite separate, have been continuously, or almost continuously united with each other, and with the many existing oceanic islands. Several facts in distribution—such as the great difference in the marine faunas on the opposite sides of almost every continent—the close relation of the tertiary inhabitants of several lands and even seas to their present inhabitants—the degree of affinity between the mammals inhabiting islands with those of the nearest continent, being in part determined (as we shall hereafter see) by the depth of the intervening ocean—these and other such facts are opposed to the admission of such prodigious geographical revolutions within the recent period, as are necessary on the view advanced by Forbes and admitted by his followers. The nature and relative proportions of the inhabitants of oceanic islands are likewise opposed to the belief of their former continuity of continents. Nor does the almost universally volcanic composition of such islands favour the admission that they are the wrecks of sunken continents; if they had originally existed as continental mountain ranges, some at least of the islands would have been formed, like other mountain summits, of granite, metamorphic schists, old fossiliferous and other rocks, instead of consisting of mere piles of volcanic matter.

 

Antes de discutir las tres clases de hechos que he elegido por presentar las mayores dificultades dentro de la teoría de los centros únicos de creación, he de decir algunas palabras acerca de los medios de dispersión.

Medios de dispersión

Sir C. Lyell y otros autores han tratado admirablemente este asunto. No puedo dar aquí sino un resumen brevísimo de los hechos más importantes. El cambio de clima tiene que haber ejercido una influencia poderosa en la emigración. Una región infranqueable, por la naturaleza de su clima, para ciertos organismos pudo haber sido una gran vía de emigración cuando el clima era diferente. Tendré, sin embargo, que discutir ahora este aspecto de la cuestión con algún detalle. Los cambios de nivel del suelo han de haber sido también de gran influencia: un estrecho istmo separa ahora dos faunas marinas; supongamos que se sumerge, o que ha estado antes sumergido, y las dos faunas marinas se mezclarán o pudieron haberse mezclado antes. Donde ahora se extiende el mar, puede la tierra, en un período anterior, haber unido islas, o quizá hasta continentes, y de este modo haber permitido a las producciones terrestres pasar de unos a otros. Ningún geólogo discute el hecho de que han ocurrido grandes cambios de nivel dentro del período de los organismos actuales. Edward Forbes ha insistido sobre el hecho de que todas las islas del Atlántico tienen que haber estado, en época reciente, unidas a Europa o África, y también Europa con América. De igual modo, otros autores han levantado puentes hipotéticos sobre todos los océanos, y han unido casi todas las islas con algún continente. Realmente, si hay que dar fe a los argumentos empleados por Forbes, tenemos que admitir que apenas existe una sola isla que no haya estado unida a algún continente. Esta opinión corta el nudo gordiano de la dispersión de una misma especie a puntos sumamente distantes y suprime muchas dificultades; pero, según mi leal saber y entender, no estamos autorizados para admitir tan enormes cambios geográficos dentro del período de las especies actuales. Me parece que tenemos abundantes pruebas de grandes oscilaciones en el nivel de la tierra o del mar; pero no de cambios tan grandes en la posición y extensión de nuestros continentes para que en período reciente se hayan unido entre sí y con las diferentes islas oceánicas interpuestas. Admito sin reserva la existencia anterior de muchas islas, sepultadas hoy en el mar, que han servido como etapas a las plantas y a muchos animales durante sus emigraciones. En los océanos en que se producen corales, estas islas hundidas se señalan ahora por los anillos de corales o atolones que hay sobre ellas. Cuando se admita por completo, como se admitirá algún día, que cada especie ha procedido de un solo lugar de origen, y cuando, con el transcurso del tiempo, sepamos algo preciso acerca de los medios de distribución, podremos discurrir con seguridad acerca de la antigua extensión de las tierras. Pero no creo que se pruebe nunca que dentro del período moderno la mayor parte de nuestros continentes, que actualmente se encuentran casi separados, hayan estado unidos entre sí y con las numerosas islas oceánicas existentes sin solución, o casi sin solución, de continuidad. Diferentes hechos relativos a la distribución geográfica, tales como la gran diferencia en las faunas marinas en los lados opuestos de casi todos los continentes; la estrecha relación de los habitantes terciarios de diferentes tierras, y aun mares, con los habitantes actuales; el grado de afinidad entre los mamíferos que viven en las islas y los del continente más próximo, determinado en parte, como veremos después, por la profundidad del océano que los separa, y otros hechos semejantes, se oponen a la admisión de las prodigiosas revoluciones geográficas en el período moderno, que son necesarias dentro de la hipótesis propuesta por Forbes y admitida por los que le siguen. La naturaleza y proporciones relativas de los habitantes de las islas oceánicas se oponen también a la creencia de su antigua continuidad con los continentes, y la composición, casi siempre volcánica, de estas islas tampoco apoya el admitir que son restos de continentes hundidos, pues si primitivamente hubiesen existido como cordilleras de montañas continentales, algunas, por lo menos, de las islas habrían estado formadas, como otras cumbres de montañas, de granito, esquistos metamórficos, rocas fosilíferas antiguas y otras rocas, en vez de consistir en simples masas de materia volcánica.

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Resumiendo una enorme confusión con un invitado sorprendente en el párrafo sexcentésimo décimo octavo del Origen de las Especies

El resumen de un discurso ha de contener sus partes principales. En el caso que nos ocupa, he aquí un conjunto resumido de falacias:

 

que los registros geológicos son sumamente incompletos;

que sólo una parte del globo ha sido geológicamente explorada con cuidado;

que sólo ciertas clases de seres orgánicos se han conservado en abundancia en estado fósil;

que tanto el número de ejemplares como el de especies conservados en nuestros museos es absolutamente como nada, comparado con el número de generaciones que tuvieron que haber desaparecido durante una sola formación;

 

que, debido a que el hundimiento del suelo es casi necesario para la acumulación de depósitos ricos en especies fósiles de muchas clases, y lo bastante gruesos para resistir la futura erosión, tuvieron que haber transcurrido grandes intervalos de tiempo entre la mayor parte de nuestras formaciones sucesivas;

 

que probablemente ha habido más extinción durante los períodos de elevación,

 

y que durante estos últimos los registros se habrán llevado del modo más imperfecto; que cada una de las formaciones no se ha depositado de un modo continuo; que la duración de cada formación es probablemente corta, comparada con la duración media de las formas especificas; que la migración ha representado un papel importante en la aparición de nuevas formas en una región o formación determinada; que las especies de extensa distribución geográfica son las que han variado con más frecuencia y las que han dado más frecuentemente origen a nuevas especies; que las variedades han sido al principio locales,

Y enmedio de todo este marasmo de falacias, la contradicción:

….y, finalmente, que, aun cuando cada especie tiene que haber pasado por numerosos estados de transición, es probable que los períodos durante los cuales experimentó modificaciones, aunque muchos y largos si se miden por años, hayan sido cortos, en comparación con los períodos durante los cuales cada especie permaneció sin variación.

En qué quedamos: ¿El cambio es gradual o no lo es?:

Estas causas reunidas explicarán, en gran parte, por qué, aun cuando encontremos muchos eslabones, no encontramos innumerables variedades que enlacen todas las formas vivientes y, extinguidas mediante las más delicadas gradaciones. Había que tener, además, siempre presente que cualquier variedad que pueda encontrarse intermedia entre dos formas tiene que ser considerada como especie nueva y distinta, a menos que pueda restaurarse por completo toda la cadena, pues no se pretende que tengamos un criterio seguro por el que puedan distinguirse las especies de las variedades.

Nos quedaremos sin saberlo, pero esta claro que quien escribió esto no podía defender de ningún modo ninguna teoría que propusiera un cambio gradual.  Un autor contemporáneo de Darwin, Pierre Trémaux. había propuesto que las transiciones entre especies no tienen lugar de modo contínuo, sino discontínuo. Lo que luego se vino a llamar el Equilibrio Puntuado. Pero para aclarar un poco toda esta confusion  nos servirá de ayuda el artículo titulado Trémaux and Darwin, and Gould, del que son autores John S. Wilkins (Department of Philosophy, University of Queensland, Brisbane 4072, Australia) y  Gareth J. Nelson (School of Botany, University of Melbourne, Melbourne 3010, Australia). Copiaremos  y traduciremos unos párrafos de este artículo:

 

 

Although so far as we can establish, Darwin never cited or referred to Trémaux’s work in any of his publications and correspondence, he did have the 1865 work, in French, in his library.

Whether or not Darwin was aware of Trémaux’s view of speciation consciously, a year later, in the very next edition of the Origin , in 1866 (fourth edition), Darwin added the italicised words to his summary of the arguments of the chapters on geology (chapters IX and X, pp409f):

… although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why though we do find many links between the species of the same group we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps

.

(Darwin 1866: 409f)

 

 

Aunque hasta donde podemos establecer, Darwin nunca citó o se refirió al trabajo de Trémaux’s en ninguna de sus publicaciones ni en su correspondencia, él realmente tenía el trabajo de 1865, en francés, en su biblioteca. Fuese o no Darwin consciente del punto de vista de Trémaux’s sobre la especiación, un año más tarde, en la siguiente edición del Origen, en 1866 (cuarta edición), añadió las palabras puestas en cursiva a su resumen de los argumentos de los capítulos sobre la geología (capítulos IX y X, pp 409f):

 

… although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why though we do find many links between the species of the same group we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps

 

 

 

 

Now, it is not established that Darwin did read Trémaux and revise his ideas accordingly, but it is suspiciously coincident, as Darwin was fluent in French and read French naturalists assiduously. Moreover, this precedes the work of Moritz Wagner, whose geographical theory of speciation is remarkably similar to Trémaux’s and who also doesn’t cite him, by two years (Wagner 1868). Darwin cites Wagner’s work extensively, and they had a famous debate in publication over the cause of speciation, whether it was due directly to selection, as Darwin thought, or indirectly due to local adaptation, as Wagner thought. It is very likely that Darwin was influenced by Trémaux’s raising of the issues, if not his formulation.

It is also possible, though we can find no evidence in Wagner’s works, that he, too, was influenced by Trémaux.

This passage of the Origin , incidentally, is often cited by commentators on the punctuated equilibrium theory of Gould and Eldredge, to show that it is not a novel

idea. And this leads us to a curious episode in the history of Trémaux interpretation. Only one post-Engels commentator (apart from Paul) actually has taken the trouble to read Trémaux’s work–Stephen Jay Gould, and here is the full extent of what he had to say (apart from a mention of a diagram of Trémaux’s in his 1997 : 39f):

I had long been curious about Trémaux and sought a copy of his book for many years. I finally purchased one a few years ago and I must say that I have never read a more absurd or more poorly documented thesis. Basically, Trémaux argues that the nature of the soil determines national characteristics and that higher civilizations tend to arise on more complex soils formed in later geological periods. If Marx really believed that such unsupported nonsense could exceed the Origin of Species in importance, then he could not have properly understood or appreciated the power of Darwin’s facts and ideas. (Gould 1999: 90).

 

 

Ahora, no queda establecido que Darwin realmente hubiese leido a Trémaux y revisado sus ideas en consecuencia, pero es con sospechosamente  coincidente, ya que Darwin conocía el francés y leía a naturalistas franceses asiduamente. Además, esto precede en dos años al trabajo de Moritz Wagner, cuya teoría geográfica de la especiación es notablemente similar a la de Trémaux y quien tampoco lo cita (Wagner 1868). Darwin cita el trabajo de Wagner extensivamente, y ellos tenían un debate famoso en la publicación sobre la causa de la especiación, si era debida directamente a la selección, como Darwin pensaba, o indirectamente debido a la adaptación local, como Wagner pensaba. Es muy probable que Darwin estuviese bajo la inflluencia de los temas tratados por Trémaux, si no su misma formulación.

Es también posible, aunque nosotros no podamos encontrar ningunas pruebas en los trabajos de Wagner, que él, también, estuviese bajo la inflluencia de Trémaux. Este fragmento del Origen, a propósito, a menudo es citado por comentaristas sobre la teoría de equilibrio puntuado de Gould y Eldredge, para mostrar que esto no es una idea nueva. Y esto nos conduce a un episodio curioso en la historia de la interpretación de Trémaux. Sólo un comentarista posterior a Engels (aparte de Paul) se ha tomado la molestia de leer el trabajo de  Trémaux- Stephen Jay Gould, y aquí está lo que él tuvo que decir al respecto (aparte de una mención de un diagrama de Trémaux’s en su libro de 1997):

 

Durante mucho tiempo tuve curiosidad por Trémaux y había buscado una copia de su libro muchos años. Finalmente compré un ejemplar hace unos años y debo decir que nunca leí una tesis más absurda o peor documentada. Básicamente, Trémaux argumenta que la naturaleza del suelo determina las características nacionales y que civilizaciones más altas tienden a surgir sobre suelos más complejos formados en períodos geológicos posteriores. Si Marx realmente creyera que tales tonterías sin fundamento podrían exceder al Origen de las Especies en importancia, entonces él no podría haber entendido correctamente o no apreciar el poder de los hechos e ideas de Darwin. (Gould, 1999: 90)

En resumidas cuentas, que:

 

(1) Trémaux habría escrito en relación con el origen de las especies y proponiendo,  en contra del cambio gradual propuesto por Darwin, la alternancia de periodos de cambio con otros de estabilidad (stasis).

(2) Que Darwin habría probablemente leído a Trémaux después de haber escrito la primera edición de su libro, lo cual le habría ayudado a darse cuenta de que el cambio gradual es absurdo.

(3) Que habiendo defendido el cambio gradual a lo largo de muchas páginas de su obra, que está basada en los trabajos de los ganaderos y agricultores que conocemos como Mejora Genetica (no selección , que es sólo una parte), entonces Darwin se vió obligado a mantener su error (el cambio gradual es otro más de los errores que Darwin tiene que mantener a la fuerza; entre ellos es anterior la selección natural que no existe,  fruto a su vez de la confusión de selección con mejora).

(4) Por todo la anterior, Darwin está obligado a mantener a la vez una opinión y su contraria (Cambio gradual y cambio no gradual, a saltos). La primera por fidelidad asu obra, basada en la doctrina económica de Malthus y en las experiencias de granjeros y agricultores; la segunda, basada en la lectura de Trémaux.

(5) Gould descubre la obra de Trémaux y en lugar de reconocer que su contenido es científico, mientras que El Origen de las Especies contiene charlatanería, se dedica a:

5.1. Calumniar a Trémaux.

5.2. Adular a Darwin.

5.3. Difundir como si fuera suya suya una teoría copiada del primero (El equilibrio puntuado).

 

618

SUMMARY OF THE PRECEDING AND PRESENT CHAPTERS.

 

I have attempted to show that the geological record is extremely imperfect; that only a small portion of the globe has been geologically explored with care; that only certain classes of organic beings have been largely preserved in a fossil state; that the number both of specimens and of species, preserved in our museums, is absolutely as nothing compared with the number of generations which must have passed away even during a single formation; that, owing to subsidence being almost necessary for the accumulation of deposits rich in fossil species of many kinds, and thick enough to outlast future degradation, great intervals of time must have elapsed between most of our successive formations; that there has probably been more extinction during the periods of subsidence, and more variation during the periods of elevation, and during the latter the record will have been least perfectly kept; that each single formation has not been continuously deposited; that the duration of each formation is probably short compared with the average duration of specific forms; that migration has played an important part in the first appearance of new forms in any one area and formation; that widely ranging species are those which have varied most frequently, and have oftenest given rise to new species; that varieties have at first been local; and lastly, although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why—though we do find many links—we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps. It should also be constantly borne in mind that any linking variety between two forms, which might be found, would be ranked, unless the whole chain could be perfectly restored, as a new and distinct species; for it is not pretended that we have any sure criterion by which species and varieties can be discriminated.

 

Resumen del capítulo anterior y del presente

He intentado demostrar que los registros geológicos son sumamente incompletos; que sólo una parte del globo ha sido geológicamente explorada con cuidado; que sólo ciertas clases de seres orgánicos se han conservado en abundancia en estado fósil; que tanto el número de ejemplares como el de especies conservados en nuestros museos es absolutamente corno nada, comparado con el número de generaciones que tuvieron que haber desaparecido durante una sola formación; que, debido a que el hundimiento del suelo es casi necesario para la acumulación de depósitos ricos en especies fósiles de muchas clases, y lo bastante gruesos para resistir la futura erosión, tuvieron que haber transcurrido grandes intervalos de tiempo entre la mayor parte de nuestras formaciones sucesivas; que probablemente ha habido más extinción durante los períodos de elevación, y que durante estos últimos los registros se habrán llevado del modo más imperfecto; que cada una de las formaciones no se ha depositado de un modo continuo; que la duración de cada formación es probablemente corta, comparada con la duración media de las formas especificas; que la migración ha representado un papel importante en la aparición de nuevas formas en una región o formación determinada; que las especies de extensa distribución geográfica son las que han variado con más frecuencia y las que han dado más frecuentemente origen a nuevas especies; que las variedades han sido al principio locales, y, finalmente, que, aun cuando cada especie tiene que haber pasado por numerosos estados de transición, es probable que los períodos durante los cuales experimentó modificaciones, aunque muchos y largos si se miden por años, hayan sido cortos, en comparación con los períodos durante los cuales cada especie permaneció sin variación. Estas causas reunidas explicarán, en gran parte, por qué, aun cuando encontremos muchos eslabones, no encontramos innumerables variedades que enlacen todas las formas vivientes y, extinguidas mediante las más delicadas gradaciones. Había que tener, además, siempre presente que cualquier variedad que pueda encontrarse intermedia entre dos formas tiene que ser considerada como especie nueva y distinta, a menos que pueda restaurarse por completo toda la cadena, pues no se pretende que tengamos un criterio seguro por el que puedan distinguirse las especies de las variedades.

 

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Eslabones perdidos en el párrafo quingentésimo octogésimo noveno del Origen de las Especies

El párrafo anterior planteaba una pregunta inquietante y difícil respuesta con la base de una supuesta gradación.

En este párrafo nuestras dudas se confirman. ¿Cuál es la especie antecesora de Macrauchenia patachonica? ¿Qué especies se formaron por la evolución del Mylodon darwini?

 

 

 

589

These observations, however, relate to the marine inhabitants of the world: we have not sufficient data to judge whether the productions of the land and of fresh water at distant points change in the same parallel manner. We may doubt whether they have thus changed: if the Megatherium, Mylodon, Macrauchenia, and Toxodon had been brought to Europe from La Plata, without any information in regard to their geological position, no one would have suspected that they had co-existed with sea-shells all still living; but as these anomalous monsters co-existed with the Mastodon and Horse, it might at least have been inferred that they had lived during one of the later tertiary stages.

 

Estas observaciones, sin embargo, se refieren a los habitantes marinos del mundo; no tenemos datos suficientes para juzgar si las producciones terrestres y de agua dulce, en puntos distantes, cambian del mismo modo paralelo. Podemos dudar de si han cambiado. Si el Megatherium, el Mylodon, la Macrauchenia y el Toxodon hubiesen sido traídos desde La Plata a Europa, sin datos relativos a su posición geográfica, nadie habría sospechado que han coexistido con moluscos marinos, todos ellos vivientes todavía, y, como estos extraños monstruos coexistieron con el mastodonte y el caballo, se podía por lo menos haber supuesto que habían vivido en uno de los últimos pisos terciarios.

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De cómo las formas orgánicas cambian casi simultáneamente en el mundo entero en el párrafo quingentésimo octogésimo octavo del Origen de las Especies

Las formas vivientes cambian casi simultáneamente en todo el mundo, dice este párrafo. Así por ejemplo la formación cretácica europea puede ser reconocida en muchas regiones distantes.  En general se observa un paralelismo en las sucesivas formas orgánicas en los pisos paleozoicos y terciarios, y podría fácilmente establecerse la correlación entre las diferentes formaciones. Ahora bien ¿Cómo encajar estos datos con una evolución progresiva?

 

 

 

 

 

588

ON THE FORMS OF LIFE CHANGING ALMOST SIMULTANEOUSLY THROUGHOUT THE WORLD.

 

Scarcely any palaeontological discovery is more striking than the fact that the forms of life change almost simultaneously throughout the world. Thus our European Chalk formation can be recognised in many distant regions, under the most different climates, where not a fragment of the mineral chalk itself can be found; namely, in North America, in equatorial South America, in Tierra del Fuego, at the Cape of Good Hope, and in the peninsula of India. For at these distant points, the organic remains in certain beds present an unmistakable resemblance to those of the Chalk. It is not that the same species are met with; for in some cases not one species is identically the same, but they belong to the same families, genera, and sections of genera, and sometimes are similarly characterised in such trifling points as mere superficial sculpture. Moreover, other forms, which are not found in the Chalk of Europe, but which occur in the formations either above or below, occur in the same order at these distant points of the world. In the several successive palaeozoic formations of Russia, Western Europe and North America, a similar parallelism in the forms of life has been observed by several authors; so it is, according to Lyell, with the European and North American tertiary deposits. Even if the few fossil species which are common to the Old and New Worlds were kept wholly out of view, the general parallelism in the successive forms of life, in the palaeozoic and tertiary stages, would still be manifest, and the several formations could be easily correlated.

 

 

Apenas ningún descubrimiento paleontológico es más llamativo que el hecho de que las formas vivientes cambian casi simultáneamente en todo el mundo. Así, nuestra formación cretácica europea puede ser reconocida en muchas regiones distantes, en climas los más diferentes, donde no puede encontrarse ni un pedazo de la creta mineral, como en América del Norte, en la región ecuatorial de América del Sur, en la Tierra del Fuego, en el Cabo de Buena Esperanza y en la península de la India, pues en estos puntos tan distantes los restos orgánicos presentan en ciertas capas una semejanza evidente con los del cretácico. No es que se encuentren las mismas especies, pues en algunos casos ninguna especie es idénticamente igual; pero pertenecen a las mismas familias, géneros y secciones de géneros, y a veces tienen caracteres semejantes en puntos tan accesorios como la simple labor superficial. Además, otras formas, que no se encuentran en el cretácico de Europa, pero que se presentan en las formaciones superiores o inferiores, aparecen en el mismo orden en estos puntos tan distantes del mundo. En las diferentes formaciones paleozoicas sucesivas de Rusia, Europa occidental y América del Norte, diferentes autores han observado un paralelismo semejante en las formas orgánicas, y lo mismo ocurre, según Lyell, en los depósitos terciarios de Europa y América del Norte. Aun prescindiendo por completo de algunas especies fósiles que son comunes al Mundo Antiguo y al Nuevo, sería todavía manifiesto el paralelismo general en las sucesivas formas orgánicas en los pisos paleozoicos y terciarios, y podría fácilmente establecerse la correlación entre las diferentes formaciones.

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