‘Geología’

Geología confusa y anticuada en el párrafo quingentésimo septuagésimo de El Origen de las Especies

Dice el autor:

Por consiguiente, quizá podamos deducir que, durante los períodos paleozoico y secundario, no existieron continentes ni islas continentales donde ahora se extienden los océanos,

 

Y también:

 

Si podemos, pues, deducir algo de estos hechos, tenemos que deducir que, donde ahora se extienden los océanos ha habido océanos desde el período más remoto de que tenemos alguna noticia, y, por el contrario, donde ahora existen continentes han existido grandes extensiones de tierra desde el período cámbrico, sometidas indudablemente a grandes oscilaciones de nivel

 

Evidentemente el autor no consideraba la posibilidad de que los continentes se desplazasen…..Sus nociones de geología están hoy anticuadas. ¿Cuánto habrá que esperar para reconocer lo mismo de sus nociones de historia natural?

 

 

570

Looking to the existing oceans, which are thrice as extensive as the land, we see them studded with many islands; but hardly one truly oceanic island (with the exception of New Zealand, if this can be called a truly oceanic island) is as yet known to afford even a remnant of any palaeozoic or secondary formation. Hence, we may perhaps infer, that during the palaeozoic and secondary periods, neither continents nor continental islands existed where our oceans now extend; for had they existed, palaeozoic and secondary formations would in all probability have been accumulated from sediment derived from their wear and tear; and would have been at least partially upheaved by the oscillations of level, which must have intervened during these enormously long periods. If, then, we may infer anything from these facts, we may infer that, where our oceans now extend, oceans have extended from the remotest period of which we have any record; and on the other hand, that where continents now exist, large tracts of land have existed, subjected, no doubt, to great oscillations of level, since the Cambrian period. The coloured map appended to my volume on Coral Reefs, led me to conclude that the great oceans are still mainly areas of subsidence, the great archipelagoes still areas of oscillations of level, and the continents areas of elevation. But we have no reason to assume that things have thus remained from the beginning of the world. Our continents seem to have been formed by a preponderance, during many oscillations of level, of the force of elevation. But may not the areas of preponderant movement have changed in the lapse of ages? At a period long antecedent to the Cambrian epoch, continents may have existed where oceans are now spread out, and clear and open oceans may have existed where our continents now stand. Nor should we be justified in assuming that if, for instance, the bed of the Pacific Ocean were now converted into a continent we should there find sedimentary formations, in recognisable condition, older than the Cambrian strata, supposing such to have been formerly deposited; for it might well happen that strata which had subsided some miles nearer to the centre of the earth, and which had been pressed on by an enormous weight of superincumbent water, might have undergone far more metamorphic action than strata which have always remained nearer to the surface. The immense areas in some parts of the world, for instance in South America, of naked metamorphic rocks, which must have been heated under great pressure, have always seemed to me to require some special explanation; and we may perhaps believe that we see in these large areas the many formations long anterior to the Cambrian epoch in a completely metamorphosed and denuded condition.

 

Considerando los océanos existentes, que son tres veces mayores que la tierra, los vemos salpicados de muchas islas; pero apenas se sabe, hasta ahora, de ninguna isla verdaderamente oceánica -excepto Nueva Zelanda, si es que ésta puede llamarse verdaderamente así- que aporte ni siquiera un resto de alguna formación paleozoica o secundaria. Por consiguiente, quizá podamos deducir que, durante los períodos paleozoico y secundario, no existieron continentes ni islas continentales donde ahora se extienden los océanos, pues, si hubieran existido, se hubiesen acumulado, según toda probabilidad, formaciones paleozoicas y secundarias formadas de sedimentos derivados de su desgaste y destrucción, y éstos, por lo menos en parte, se hubiesen levantado en las oscilaciones de nivel que tienen que haber ocurrido durante estos períodos enormemente largos. Si podemos, pues, deducir algo de estos hechos, tenemos que deducir que, donde ahora se extienden los océanos ha habido océanos desde el período más remoto de que tenemos alguna noticia, y, por el contrario, donde ahora existen continentes han existido grandes extensiones de tierra desde el período cámbrico, sometidas indudablemente a grandes oscilaciones de nivel. El mapa en colores unido a mi libro sobre los Arrecifes de Corales me llevó a la conclusión de que, en general, los grandes océanos son todavía áreas de hundimiento, y los grandes archipiélagos, áreas de oscilación de nivel, y los continentes, áreas de elevación; pero no tenemos razón alguna para suponer que las cosas hayan sido así desde el principio del mundo. Nuestros continentes parecen haberse formado por la preponderancia de una fuerza de elevación, durante muchas oscilaciones de nivel; pero, ¿no pueden, en el transcurso de edades, haber cambiado las áreas de mayor movimiento? En un período muy anterior a la época cámbrica pueden haber existido continentes donde ahora se extienden los océanos, y claros océanos sin límites donde ahora están nuestros continentes. Tampoco estaría justificado el admitir que si, por ejemplo, el lecho del Océano Pacífico se convirtiese ahora en un continente, tendríamos que encontrar allí formaciones sedimentarias, en estado reconocible, más antiguas que los estratos cámbricos, suponiendo que tales formaciones se hubiesen depositado allí en otro tiempo; pues pudiera ocurrir muy bien que estratos que hubiesen quedado algunas millas más cerca del centro de la tierra, y que hubiesen sufrido la presión del enorme peso del agua que los cubre, pudiesen haber sufrido una acción metamórfica mayor que los estratos que han permanecido siempre más cerca de la superficie. Siempre me ha parecido que exigían una explicación especial los inmensos territorios de rocas metamórficas desnudas existentes en algunas partes del mundo, por ejemplo, en América del Sur, que tienen que haber estado calentadas a gran presión, y quizá podamos pensar que en estos grandes territorios contemplamos las numerosas formaciones muy anteriores a la época cámbrica, en estado de completa denudación y metamorfosis.

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Si la teoría es verdadera en el párrafo quingentésimo sexagésimo séptimo de El Origen de las Especies

Si la teoría es verdadera, comienza este párrafo. En ese hipotético caso, no sería una teoría. A las teorías no debe pedirse que sean verdaderas, sino que sean útiles, que muestren relaciones nuevas entre los objetos.

Introduce aquí el autor un problema que todavía hoy da vueltas y al que llama ahora una “formidable objeción”. El problema viene a ser: Si los seres vivos se originan por un cambio gradual del cual desconocemos absolutamente todo, y al cual burdamente estamos dispuestos a atribuir al azar,  entonces no  ha habido tiempo para que tal cambio ocurra. Mejor haga usted una propuesta científica y déjese de metafísica, sería una respuesta prudente a estas disquisiciones.

Interesante la escala temporal propuesta:

 

Sir W. Thompson llega a la conclusión de que la consolidación de la corteza difícilmente pudo haber ocurrido hace menos de veinte millones de años ni más de cuatrocientos, y que probablemente ocurrió no hace menos de noventa y ocho ni más de doscientos. Estos límites amplísimos demuestran lo dudosos que son los datos, y, en lo futuro, otros elementos pueden tener que ser introducidos en el problema.

 

 

567

Consequently, if the theory be true, it is indisputable that before the lowest Cambrian stratum was deposited long periods elapsed, as long as, or probably far longer than, the whole interval from the Cambrian age to the present day; and that during these vast periods the world swarmed with living creatures. Here we encounter a formidable objection; for it seems doubtful whether the earth, in a fit state for the habitation of living creatures, has lasted long enough. Sir W. Thompson concludes that the consolidation of the crust can hardly have occurred less than twenty or more than four hundred million years ago, but probably not less than ninety-eight or more than two hundred million years. These very wide limits show how doubtful the data are; and other elements may have hereafter to be introduced into the problem. Mr. Croll estimates that about sixty million years have elapsed since the Cambrian period, but this, judging from the small amount of organic change since the commencement of the Glacial epoch, appears a very short time for the many and great mutations of life, which have certainly occurred since the Cambrian formation; and the previous one hundred and forty million years can hardly be considered as sufficient for the development of the varied forms of life which already existed during the Cambrian period. It is, however, probable, as Sir William Thompson insists, that the world at a very early period was subjected to more rapid and violent changes in its physical conditions than those now occurring; and such changes would have tended to induce changes at a corresponding rate in the organisms which then existed.

 

Por consiguiente, si la teoría es verdadera, es indiscutible que, antes de que se depositase el estrato cámbrico inferior, transcurrieron largos períodos, tan largos, o probablemente mayores, que el espacio de tiempo que ha separado la edad cámbrica del día de hoy, y, durante estos vastos períodos, los seres vivientes hormigueaban en el mundo. Nos encontramos aquí con una objeción formidable, pues parece dudoso que la tierra, en estado adecuado para habitarla seres vivientes, haya tenido la duración suficiente. Sir W. Thompson llega a la conclusión de que la consolidación de la corteza difícilmente pudo haber ocurrido hace menos de veinte millones de años ni más de cuatrocientos, y que probablemente ocurrió no hace menos de noventa y ocho ni más de doscientos. Estos límites amplísimos demuestran lo dudosos que son los datos, y, en lo futuro, otros elementos pueden tener que ser introducidos en el problema. Míster Croll calcula que desde el período cámbrico han transcurrido aproximadamente sesenta millones de años; pero esto -juzgado por el pequeño cambio de los seres orgánicos desde el comienzo de la época glacial- parece un tiempo cortísimo para los muchos y grandes cambios orgánicos que han ocurrido ciertamente desde la formación cámbrica, y los ciento cuarenta millones de años anteriores apenas pueden considerarse como suficientes para el desarrollo de las variadas formas orgánicas que existían ya durante el período cámbrico. Es, sin embargo, probable, como afirma sir William Thompson, que el mundo, en un período muy remoto, estuvo sometido a cambios más rápidos y violentos en sus condiciones físicas que los que actualmente ocurren, y estos cambios habrían tendido a producir modificaciones proporcionadas en los organismos que entonces existiesen.

 

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Los objetos fractales según Eugène Delacroix (1798-1863)

 

La naturaleza es singularmente consecuente consigo misma: en Trouville dibujé unos fragmentos de roca a la orilla del mar, con todos sus accidentes proporcionados de manera tal que daban sobre el papel la impresión de un acantilado enorme; sólo faltaba un objeto que pudiera establecer la escala del tamaño. En este mismo instante, estoy escribiendo al lado de un hormiguero que se ha formado al pie de un árbol, a medias sobre pequeños accidentes de terreno y a medias por el trabajo paciente de las hormigas; hay en él taludes, partes dominantes que forman pequeños desfiladeros, por los cuales pasan y vuelven a pasar los habitantes con aire atareado, como si fuesen la población de un país pequeño que la imaginación puede ampliar en un instante. Lo que no es más que una topera, yo lo veo por mi gusto como si fuera una vasta extensión poblada de escarpadas rocas, de cuestas empinadas, gracias al tamaño diminuto de sus habitantes. Un fragmento de carbón, de tierra o de sílex, o una piedra cualquiera, podrá representar en proporción reducida, la forma de rocas inmensas.

 

Observo lo mismo en Dieppe, en las rocas a flor de agua que el mar recubre a cada marea; yo veía en ellas golfos, brazos de mar, picos altivos suspendidos encima de abismos, valles dividiendo con sus sinuosidades toda una comarca que presentaba los mismos accidentes de terreno que vemos a nuestro alrededor. Lo mismo acaece con las olas del mar, divididas en olitas pequeñas, que se subdividen aún más y presentan  los mismos accidentes de luz y el mismo dibujo. Las grandes olas de ciertos mares, las de El Cabo, por ejemplo, de las que se dice que algunas tienen media legua de ancho, se componen de multitud de olas que, en su mayoría, suelen ser tan pequeñas como las que vemos nosotros en el estanque de nuestro jardín.

A menudo observé, al dibujar árboles, que tal rama separada es como un árbol pequeño: bastaría, para verlo así, con que las hojas fueran proporcionadas.

 

Delacroix. Diario. 5 de agosto de 1854.

 

Tomado de Claude Levi-Strauss. Mirar, Escuchar Leer, p 61. Ed Siruela. 1993

Imagen: Delacroix, La roca de Etretat. Tomada de Caminando en círculos.

 

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Las especies de los paleontólogos en el párrafo quingentésimo cuadragésimo noveno de El Origen de las Especies

El autor indica que es notorio lo extraordinariamente pequeñas que son las diferencias sobre las que muchos paleontólogos han fundado sus especies. Como no cita ningún ejemplo ni se refiere a caso concreto alguno, sus palabras valen poco o nada.

 

La segunda frase continúa con el mismo estilo:

 

Algunos conquiliólogos experimentados están ahora rebajando a la categoría de variedades muchas de las hermosísimas especies de D’Orbigny y otros autores, y en este criterio encontramos la prueba de las transformaciones que, según la teoría, teníamos que encontrar.

 

¿Algunos conquiliólogos? ¿Quiénes?. ¿Qué prueba se encuentra en este criterio? Ninguna.

 

 

 

549

It is notorious on what excessively slight differences many palaeontologists have founded their species; and they do this the more readily if the specimens come from different sub-stages of the same formation. Some experienced conchologists are now sinking many of the very fine species of D’Orbigny and others into the rank of varieties; and on this view we do find the kind of evidence of change which on the theory we ought to find. Look again at the later tertiary deposits, which include many shells believed by the majority of naturalists to be identical with existing species; but some excellent naturalists, as Agassiz and Pictet, maintain that all these tertiary species are specifically distinct, though the distinction is admitted to be very slight; so that here, unless we believe that these eminent naturalists have been misled by their imaginations, and that these late tertiary species really present no difference whatever from their living representatives, or unless we admit, in opposition to the judgment of most naturalists, that these tertiary species are all truly distinct from the recent, we have evidence of the frequent occurrence of slight modifications of the kind required. If we look to rather wider intervals of time, namely, to distinct but consecutive stages of the same great formation, we find that the embedded fossils, though universally ranked as specifically different, yet are far more closely related to each other than are the species found in more widely separated formations; so that here again we have undoubted evidence of change in the direction required by the theory; but to this latter subject I shall return in the following chapter.

 

Es notorio lo extraordinariamente pequeñas que son las diferencias sobre las que muchos paleontólogos han fundado sus especies, y hacen esto tanto más fácilmente si los ejemplares provienen de diferentes subpisos de la misma formación. Algunos conquiliólogos experimentados están ahora rebajando a la categoría de variedades muchas de las hermosísimas especies de D’Orbigny y otros autores, y en este criterio encontramos la prueba de las transformaciones que, según la teoría, teníamos que encontrar. Consideremos, además, los depósitos terciarios más recientes, que encierran muchos moluscos considerados por la mayor parte de los naturalistas como idénticos de las especies vivientes; pero, algunos excelentes naturalistas, como Agassiz y Pictet, sostienen que todas estas especies terciarias son específicamente distintas, aun cuando admiten que la diferencia es muy pequeña; de modo que en este caso tenemos la prueba de la frecuente existencia de ligeras modificaciones de la naturaleza requerida, a menos que creamos que estos eminentes naturalistas han sido extraviados por su imaginación, y que estas especies del terciario superior no presentan realmente diferencia alguna de sus especies representativas vivientes, o a menos que admitamos, en contra de la opinión de la mayor parte de los naturalistas, que estas especies terciarias son todas realmente distintas de las modernas. Si consideramos espacios de tiempo algo mayores, como los pisos distintos, pero consecutivos, de una misma formación grande, encontramos que los fósiles en ellos enterrados, aunque clasificados universalmente como especies diferentes, son, sin embargo, mucho más afines entre sí que las especies que se encuentran en formaciones mucho más separadas; de modo que aquí tenemos también pruebas indudables de cambios en el sentido exigido por mi teoría; pero sobre este último punto he de insistir en el capítulo siguiente.

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La regla de oro: Una imaginación desbordada en el párrafo quingentésimo cuadragésimo octavo de El Origen de las Especies

El párrafo empieza con una falacia:

Los naturalistas no tienen una regla de oro para distinguir las especies de las variedades.

De acuerdo, pero entonces,……¿No tiene valor alguno el trabajo de los naturalistas? ¿Y la experiencia no tiene valor? ¿Dónde va a parar la obra de Linneo?

El problema se complica y pasamos a mayor confusión:

 

..; pero, cuando se encuentran con una diferencia algo mayor entre dos formas cualesquiera, las consideran ambas como especies, a menos que sean capaces de enlazarlas mediante gradaciones intermedias muy próximas, y……

 

¿Habla el autor de lago concreto, real, o simplemente especula?

 

Especula o, más bien,  inventa. Y si no veamos:

 

…y esto, por las razones que se acaban de señalar, pocas veces podemos esperar efectuarlo en un corte geológico. Suponiendo que B y C sean dos especies y A una tercera que se encuentre en una capa subyacente, aun cuando fuese exactamente intermedia entre B y C, sería considerada simplemente como una tercera especie distinta, a menos que al mismo tiempo estuviese estrechamente enlazada por variedades intermedias, ya con una, ya con varias formas. Tampoco hay que olvidar, como antes se explicó, que A pudo ser el verdadero progenitor de B y C, y, sin embargo, no habría de ser por necesidad rigurosamente intermedio entre ellas por todos conceptos. De modo que podríamos encontrar la especie madre y sus varios descendientes modificados en las capas superiores e inferiores de la misma formación, y, a menos de encontrar numerosas gradaciones de transición, no reconoceríamos su parentesco de consanguinidad, y las consideraríamos, por consiguiente, como especies distintas.

 

Inventos puros de una imaginación desbordada.

 

 

 

548

It is all-important to remember that naturalists have no golden rule by which to distinguish species and varieties; they grant some little variability to each species, but when they meet with a somewhat greater amount of difference between any two forms, they rank both as species, unless they are enabled to connect them together by the closest intermediate gradations; and this, from the reasons just assigned, we can seldom hope to effect in any one geological section. Supposing B and C to be two species, and a third, A, to be found in an older and underlying bed; even if A were strictly intermediate between B and C, it would simply be ranked as a third and distinct species, unless at the same time it could be closely connected by intermediate varieties with either one or both forms. Nor should it be forgotten, as before explained, that A might be the actual progenitor of B and C, and yet would not necessarily be strictly intermediate between them in all respects. So that we might obtain the parent-species and its several modified descendants from the lower and upper beds of the same formation, and unless we obtained numerous transitional gradations, we should not recognise their blood-relationship, and should consequently rank them as distinct species.

 

Es importantísimo recordar que los naturalistas no tienen una regla de oro para distinguir las especies de las variedades; conceden cierta pequeña variabilidad a todas las especies; pero, cuando se encuentran con una diferencia algo mayor entre dos formas cualesquiera, las consideran ambas como especies, a menos que sean capaces de enlazarlas mediante gradaciones intermedias muy próximas, y esto, por las razones que se acaban de señalar, pocas veces podemos esperar efectuarlo en un corte geológico. Suponiendo que B y C sean dos especies y A una tercera que se encuentre en una capa subyacente, aun cuando fuese exactamente intermedia entre B y C, sería considerada simplemente como una tercera especie distinta, a menos que al mismo tiempo estuviese estrechamente enlazada por variedades intermedias, ya con una, ya con varias formas. Tampoco hay que olvidar, como antes se explicó, que A pudo ser el verdadero progenitor de B y C, y, sin embargo, no habría de ser por necesidad rigurosamente intermedio entre ellas por todos conceptos. De modo que podríamos encontrar la especie madre y sus varios descendientes modificados en las capas superiores e inferiores de la misma formación, y, a menos de encontrar numerosas gradaciones de transición, no reconoceríamos su parentesco de consanguinidad, y las consideraríamos, por consiguiente, como especies distintas.

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Muchos casos podrían citarse pero ninguno se cita en el párrafo quingentésimo cuadragésimo séptimo de El Origen de las Especies

El párrafo es ejemplo de ese estilo antiacadémico que preside toda la obra:

 

Podrían citarse muchos casos de capas, de sólo unos pocos pies de grueso, que representan formaciones que en cualquier otra parte tienen miles de pies de grosor, y que tienen que haber exigido un período enorme para su acumulación; y, sin embargo, nadie que ignorase este hecho habría ni siquiera sospechado el larguísimo espacio de tiempo representado por aquella formación tan delgada. Muchos casos podrían citarse en que las capas superiores de una formación se han levantado, han sido denudadas, se han sumergido y luego han sido cubiertas por las capas superiores de la misma formación, hechos que muestran qué espacios de tiempo tan grandes -y sin embargo fáciles de pasar inadvertidos- han transcurrido en su acumulación.

 

El final del párrafo tampoco tiene desperdicio:

 

Por tanto, si la especie hubo de experimentar modificaciones considerables durante la sedimentación de una formación geológica, un corte no tendría que comprender todas las delicadas gradaciones intermedias que, según nuestra teoría, tuvieron que haber existido, sino cambios de forma bruscos, aunque quizá ligeros.

 

 

 

547

It would seem that each separate formation, like the whole pile of formations in any country, has generally been intermittent in its accumulation. When we see, as is so often the case, a formation composed of beds of widely different mineralogical composition, we may reasonably suspect that the process of deposition has been more or less interrupted. Nor will the closest inspection of a formation give us any idea of the length of time which its deposition may have consumed. Many instances could be given of beds, only a few feet in thickness, representing formations which are elsewhere thousands of feet in thickness, and which must have required an enormous period for their accumulation; yet no one ignorant of this fact would have even suspected the vast lapse of time represented by the thinner formation. Many cases could be given of the lower beds of a formation having been upraised, denuded, submerged, and then re-covered by the upper beds of the same formation—facts, showing what wide, yet easily overlooked, intervals have occurred in its accumulation. In other cases we have the plainest evidence in great fossilised trees, still standing upright as they grew, of many long intervals of time and changes of level during the process of deposition, which would not have been suspected, had not the trees been preserved: thus Sir C. Lyell and Dr. Dawson found carboniferous beds 1,400 feet thick in Nova Scotia, with ancient root-bearing strata, one above the other, at no less than sixty-eight different levels. Hence, when the same species occurs at the bottom, middle, and top of a formation, the probability is that it has not lived on the same spot during the whole period of deposition, but has disappeared and reappeared, perhaps many times, during the same geological period. Consequently if it were to undergo a considerable amount of modification during the deposition of any one geological formation, a section would not include all the fine intermediate gradations which must on our theory have existed, but abrupt, though perhaps slight, changes of form.

 

Se diría que cada formación separada, lo mismo que la serie entera de formaciones de un país, ha sido, por lo general, intermitente en su acumulación. Cuando vemos, como ocurre muchas veces, una formación constituida por capas de composición química muy diferente, podemos razonablemente sospechar que el proceso de depósito ha estado más o menos interrumpido. La inspección más minuciosa de una formación tampoco nos da idea del tiempo que puede haber invertido su sedimentación. Podrían citarse muchos casos de capas, de sólo unos pocos pies de grueso, que representan formaciones que en cualquier otra parte tienen miles de pies de grosor, y que tienen que haber exigido un período enorme para su acumulación; y, sin embargo, nadie que ignorase este hecho habría ni siquiera sospechado el larguísimo espacio de tiempo representado por aquella formación tan delgada. Muchos casos podrían citarse en que las capas superiores de una formación se han levantado, han sido denudadas, se han sumergido y luego han sido cubiertas por las capas superiores de la misma formación, hechos que muestran qué espacios de tiempo tan grandes -y sin embargo fáciles de pasar inadvertidos- han transcurrido en su acumulación. En los grandes árboles fosilizados que se conservan todavía en pie, como cuando vivían, tenemos en otros casos la prueba más evidente de muchos larguísimos intervalos de tiempo y de cambios de nivel durante el proceso de sedimentación, que no se hubieran sospechado si no se hubiesen conservado los árboles: así, sir C. Lyell y el doctor Dawson encontraron en Nueva Escocia capas carboníferas de 1.400 pies de grueso, con estratos antiguos que contenían raíces, unas encima de otras, en sesenta y ocho niveles distintos por lo menos. Por consiguiente, cuando una misma especie se presenta en la base, en el medio y en lo alto de una formación, es probable que no haya vivido en el mismo sitio durante todo el período de sedimentación, sino que haya desaparecido y reaparecido quizá muchas veces en el mismo período geológico. Por tanto, si la especie hubo de experimentar modificaciones considerables durante la sedimentación de una formación geológíca, un corte no tendría que comprender todas las delicadas gradaciones intermedias que, según nuestra teoría, tuvieron que haber existido, sino cambios de forma bruscos, aunque quizá ligeros.

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Dificultades insuperables nos impiden llegar a una conclusión justa sobre este punto en el párrafo quingentésimo cuadragésimo cuarto de El Origen de las Especies

El autor encuentra temerarias todas aquellas opiniones que no coinciden en punto y hora con las suyas propias.

 

 

 

544

 

Although each formation may mark a very long lapse of years, each probably is short compared with the period requisite to change one species into another. I am aware that two palaeontologists, whose opinions are worthy of much deference, namely Bronn and Woodward, have concluded that the average duration of each formation is twice or thrice as long as the average duration of specific forms. But insuperable difficulties, as it seems to me, prevent us from coming to any just conclusion on this head. When we see a species first appearing in the middle of any formation, it would be rash in the extreme to infer that it had not elsewhere previously existed. So again, when we find a species disappearing before the last layers have been deposited, it would be equally rash to suppose that it then became extinct. We forget how small the area of Europe is compared with the rest of the world; nor have the several stages of the same formation throughout Europe been correlated with perfect accuracy.

 

Aun cuando cada formación tiene que exigir un lapso de años grandísimo, probablemente cada formación es corta comparada con el período requerido para que una especie se transforme en otra. Ya sé que dos paleontólogos, cuyas opiniones son dignas del mayor respeto, Bronn y Woodward, han llegado a la conclusión de que el promedio de duración de cada formación es igual a dos o tres veces el promedio de duración de las formas específicas; pero dificultades insuperables, a mi parecer, nos impiden llegar a una conclusión justa sobre este punto. Cuando vemos que una especie aparece por vez primera en medio de una formación cualquiera, sería en extremo temerario deducir que esta especie había no existido anteriormente en parte alguna; y, del mismo modo, cuando vemos que una especie desaparece antes de que se hayan depositado las últimas capas, sería igualmente temerario suponer que la especie se extinguió entonces. Olvidamos lo pequeño de la superficie de Europa, comparada con el resto del mundo, y que los diferentes pisos de una misma formación no han sido tampoco correlativos en toda Europa con completa exactitud.

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Ausencia de variedades intermedias en el párrafo quingentésimo cuadragésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor buscará con tesón lo que desea encontrar: Variedades intermedias. Si no las encuentra,  entonces buscará justificaciones de su ausencia. Todo antes de admitir que pueda haber un cambio súbito, que sea incompatible con la gradualidad que el propone sin haberla demostrado en ningún momento.  Los ejemplos que da están muy poco documentados.

 

ON THE ABSENCE OF NUMEROUS INTERMEDIATE VARIETIES IN ANY SINGLE FORMATION.

543 

 From these several considerations it cannot be doubted that the geological record, viewed as a whole, is extremely imperfect; but if we confine our attention to any one formation, it becomes much more difficult to understand why we do not therein find closely graduated varieties between the allied species which lived at its commencement and at its close. Several cases are on record of the same species presenting varieties in the upper and lower parts of the same formation. Thus Trautschold gives a number of instances with Ammonites, and Hilgendorf has described a most curious case of ten graduated forms of Planorbis multiformis in the successive beds of a fresh-water formation in Switzerland. Although each formation has indisputably required a vast number of years for its deposition, several reasons can be given why each should not commonly include a graduated series of links between the species which lived at its commencement and close, but I cannot assign due proportional weight to the following considerations. 

 

Ausencia de variedades intermedias numerosas en cada formación separada

 

Por estas diferentes consideraciones resulta indudable que los registros geológicos, considerados en conjunto, son sumamente imperfectos; pero, si limitamos nuestra atención a una formación, es mucho más difícil comprender por qué no encontramos en ella series graduales de variedades entre las especies afines que vivieron al principio y al final de la formación. Se han descrito diferentes casos de una misma especie que presenta variedades en las partes superiores e inferiores de la misma formación; así, Trautschold cita varios ejemplos de Ammonites, y también Hilgendorf ha descrito un caso curiosísimo de diez formas graduales de Planorbis multiformis en las capas sucesivas de una formación de agua dulce de Suiza. Aun cuando cada formación ha requerido, indiscutiblemente, un número grandísimo de años para su depósito, pueden darse diferentes razones de por qué comúnmente cada formación no ha de comprender una serie gradual de eslabones entre las especies que vivieron al principio y al final, aunque no pueda determinar yo el debido valor relativo de las consideraciones siguientes.

 

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Preterición en el párrafo quingentésimo cuadragésimo segundo de El Origen de las Especies

Dice el autor:

 

Durante los períodos de elevación, aumentará la extensión de la tierra y de las partes adyacentes de mar muy poco profundas, y muchas veces se formarán nuevas estaciones, circunstancias todas ellas favorables, como antes se explicó, para la formación de nuevas especies y variedades; pero durante estos períodos habrá generalmente un blanco en los registros geológicos.

 

 

Pero no indica cuándo ha explicado antes que estas circunstancias sean favorables para la formación de nuevas especies. Tampoco ha mencionado un solo ejemplo de ello. Además al decir para la formación de nuevas especies y variedades; viene a establecer una falsa equivalencia entre especie y variedad.

 

 

 

542

One remark is here worth a passing notice. During periods of elevation the area of the land and of the adjoining shoal parts of the sea will be increased and new stations will often be formed—all circumstances favourable, as previously explained, for the formation of new varieties and species; but during such periods there will generally be a blank in the geological record. On the other hand, during subsidence, the inhabited area and number of inhabitants will decrease (excepting on the shores of a continent when first broken up into an archipelago), and consequently during subsidence, though there will be much extinction, few new varieties or species will be formed; and it is during these very periods of subsidence that the deposits which are richest in fossils have been accumulated.

Hay una observación que merece mencionarse de pasada. Durante los períodos de elevación, aumentará la extensión de la tierra y de las partes adyacentes de mar muy poco profundas, y muchas veces se formarán nuevas estaciones, circunstancias todas ellas favorables, como antes se explicó, para la formación de nuevas especies y variedades; pero durante estos períodos habrá generalmente un blanco en los registros geológicos. Por el contrario, durante los movimientos de hundimiento, la superficie habitada y el número de habitantes disminuirán -excepto en las costas de un continente al romperse, formando un archipiélago- y, por consiguiente, durante el hundimiento, aunque habrá muchas extinciones, se formarán pocas variedades y especies nuevas, y precisamente durante estos mismos períodos de depresión es cuando se han acumulado los depósitos que son más ricos en fósiles.

 

 

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Algo de confusión en el párrafo quingentésimo cuadragésimo primero de El Origen de las Especies

Resulta difícil comprender el principio de este párrafo:

 

Míster Hopkins expresa también su creencia de que las capas sedimentarias de extensión horizontal considerable rara vez han sido destruidas por completo. Pero todos los geólogos, excepto los pocos que creen que nuestros esquistos metamórficos y rocas plutónicas formaron el núcleo primordial del globo, admitirán que estas últimas rocas han sido enormemente denudadas, pues es casi imposible que estas rocas se hayan solidificado y cristalizado mientras estuvieron descubiertas, aunque, si la acción metamórfica ocurrió en las grandes profundidades del océano, la primitiva capa protectora puede no haber sido muy gruesa

 

¿Quiénes son esos pocos geólogos que creen que nuestros esquistos metamórficos y rocas plutónicas formaron el núcleo primordial del globo?

 

¿Cuáles las rocas que han sido enormemente denudadas?

 

¿Qué tiene que ver lo que dice al principio, es decir “que las capas sedimentarias de extensión horizontal considerable rara vez han sido destruidas por completo” con lo que dice a continuación?

Con todo esto quiere el autor indicar, al parecer,  que enormes regiones de rocas sedimentarias han desaparecido de su posición original.

 

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Mr. Hopkins also expresses his belief that sedimentary beds of considerable horizontal extent have rarely been completely destroyed. But all geologists, excepting the few who believe that our present metamorphic schists and plutonic rocks once formed the primordial nucleus of the globe, will admit that these latter rocks have been stripped of their covering to an enormous extent. For it is scarcely possible that such rocks could have been solidified and crystallised while uncovered; but if the metamorphic action occurred at profound depths of the ocean, the former protecting mantle of rock may not have been very thick. Admitting then that gneiss, mica-schist, granite, diorite, etc., were once necessarily covered up, how can we account for the naked and extensive areas of such rocks in many parts of the world, except on the belief that they have subsequently been completely denuded of all overlying strata? That such extensive areas do exist cannot be doubted: the granitic region of Parime is described by Humboldt as being at least nineteen times as large as Switzerland. South of the Amazon, Boue colours an area composed of rocks of this nature as equal to that of Spain, France, Italy, part of Germany, and the British Islands, all conjoined. This region has not been carefully explored, but from the concurrent testimony of travellers, the granitic area is very large: thus Von Eschwege gives a detailed section of these rocks, stretching from Rio de Janeiro for 260 geographical miles inland in a straight line; and I travelled for 150 miles in another direction, and saw nothing but granitic rocks. Numerous specimens, collected along the whole coast, from near Rio de Janeiro to the mouth of the Plata, a distance of 1,100 geographical miles, were examined by me, and they all belonged to this class. Inland, along the whole northern bank of the Plata, I saw, besides modern tertiary beds, only one small patch of slightly metamorphosed rock, which alone could have formed a part of the original capping of the granitic series. Turning to a well-known region, namely, to the United States and Canada, as shown in Professor H.D. Rogers’ beautiful map, I have estimated the areas by cutting out and weighing the paper, and I find that the metamorphic (excluding the “semi-metamorphic”) and granite rocks exceed, in the proportion of 19 to 12.5, the whole of the newer Palaeozoic formations. In many regions the metamorphic and granite rocks would be found much more widely extended than they appear to be, if all the sedimentary beds were removed which rest unconformably on them, and which could not have formed part of the original mantle under which they were crystallised. Hence, it is probable that in some parts of the world whole formations have been completely denuded, with not a wreck left behind.

 

Míster Hopkins expresa también su creencia de que las capas sedimentarias de extensión horizontal considerable rara vez han sido destruidas por completo. Pero todos los geólogos, excepto los pocos que creen que nuestros esquistos metamórficos y rocas plutónicas formaron el núcleo primordial del globo, admitirán que estas últimas rocas han sido enormemente denudadas, pues es casi imposible que estas rocas se hayan solidificado y cristalizado mientras estuvieron descubiertas, aunque, si la acción metamórfica ocurrió en las grandes profundidades del océano, la primitiva capa protectora puede no haber sido muy gruesa. Admitiendo que el gneis, micasquisto, granito, diorita, etc., estuvieron primero necesariamente cubiertos, ¿cómo podemos explicar las grandes extensiones desnudas de estas rocas en muchas partes del mundo, si no es en la suposición de que han sido posteriormente denudadas de todos los estratos que las cubrían? Que existen estos grandes territorios, es indudable. Humboldt describe la región granítica de Parima como diez y nueve veces, por lo menos, mayor que Suiza. Al sur del Amazonas, Bone pinta un territorio compuesto de rocas de esta naturaleza igual a España, Francia, Italia, parte de Alemania y las Islas Británicas juntas. Esta región no ha sido explorada cuidadosamente; pero, según testimonios concordes de los viajeros, el área granítica es enorme; así, von Eschwege da un corte detallado de estas rocas, que, partiendo de Río de Janeiro, se extiende 260 millas geográficas, tierra adentro, en línea recta, y yo recorrí 150 millas en otra dirección, y no vi nada más que rocas graníticas. Examiné numerosos ejemplares recogidos a lo largo de toda la costa, desde cerca de Río de Janeiro hasta la desembocadura del río de la Plata, o sea una distancia de 1.100 millas geográficas, y todos ellos pertenecían a esta clase de rocas. Tierra adentro, a lo largo de toda la orilla norte del río de la Plata, no vi, aparte de capas modernas terciarias, más que un pequeño manchón de rocas ligeramente metamórficas, que pudieron haber formado parte de la cubierta primitiva de las series graníticas. Fijándonos en una región bien conocida, en los Estados Unidos y Canadá, según se ve en el hermoso mapa del profesor H. D. Rogers, he valuado las expansiones, recortándolas y pesando el papel, y he encontrado, que las rocas graníticas y metamórficas -excluyendo las semimetamórficas- exceden, en la relación de 19 a 12,5, al conjunto de las formaciones paleozoicas superiores. En muchas regiones se encontraría que las rocas metamórficas y graníticas están mucho más extendidas de lo que parece, si se quitasen todas las capas sedimentarias que están sobre ellas discordantes, y que no pudieron formar parte del manto primitivo bajo el cual aquéllas cristalizaron. Por consiguiente, es probable que, en algunas partes de la tierra, formaciones enteras hayan sido completamente denudadas sin que haya quedado ni un vestigio.

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