‘Lecturas románticas’

El delfín en la antigüedad, según Rof Carballo

 

Fue en la antigüedad el delfín símbolo de esta metamorfosis creadora que permite volver a nacer en el momento mismo en que se está a punto de morir. La alegría con que el delfín se lanza desde el elemento oscuro y misterioso  del océano hacia el aire diafano; del agua (expresión delo femenino y de la muerte) hacia el aire, masculino y espiritual, le hizo símbolo de renacimiento, de resurrección. Más, a la vez, no hay que olvidar que el delfín, como una aguja, cose con sus brincos los dos elementos, agua y aire, los pone en comunicación. Schwabe piensa que, de éste símbolo del delfín nació, en época arcaica, el de Piscis, signo dual que señala en el Zodíaco ,el momento de máximo declinar del sol, cuando éste simula va a desaparecer y resurge de nuevo, resucitado. (Lo que no ocurre hoy, pero sí sucedió en el Zodíaco correspondiente .a 5.425 años a. de J. C.). Por esta razón es por lo que se presenta como signo doble:  pez de la vida, del juego y de la alegría y también de la muerte, como en el cuento griego del delfín enamorado.

Entre los órficos, el delfín fue convirtiéndose ,cada vez más en símbolo de la muerte. En cambio Karl Kerenyi hace proceder el nombre del delfín del griego δελρισ (matriz)  y de αδελροσ(uterino, hermano de sangre). Así Delphin, animal-útero del mar, se opondría a Delphas, al cerdo que es sacrificado a los dioses y que sería el animal -útero de la tierra. (C. G. Jung y C. Kerényi: Introduction to a Science of Mythology, pág. 68 y 165). Schwabe, que no está de acuerdo, piensa, no obstante, que el delfín como símbolo del sol, de la resurrección y de la vida se opone al cerdo, animal tifónico, que hoza en la tierra, símbolo de la luna, tragada por los abismos.

Cualquiera que sea la interpretación que se adopta, parece que el delfín ha simbolizado para el hombre dos cosas: renacimiento en el momento mismo en el que se arriesga la muerte y comunicación entre elementos heterogéneos, ¿No es esto precisamente lo que perfila el momento actual de-nuestra civilización,  la cual surge con brío jamás visto en el mismo instante que parecía iba a ser irreparablemente destruida?

 

Juan Rof Carballo. 1963. Diálogo con el delfín. Pp 23-33 en Signos en el Horizonte. Editorial Prensa Española. Madrid.  1972.

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Metamorfosis de las plantas: Una introducción

Francisco Javier Sánchez Marcos firma la introducción a la versión española del Libro La Metamorfosis de las Plantas de Goethe, publicada por la colección Afinidades, de la Asociación Valle-Inclán del País Vasco, con el apoyo del Ministerio de Educación y Ciencia en 1994.

En la breve y concisa introducción al texto se lee:

El concepto de cosmos de Anaximandro, en el siglo VI a C es la fuente documental primera en la que podemos basar nuestro correcto entendimiento de la Metamorfosis de las Plantas y de la obra de Goethe en general. No nos debe extrañar que esto sea así, pues el pensamiento griego es la primera piedra de toque de todo trabajador de la cultura en Occidente.

Goethe, como los antiguos filósofos-poetas, desarrolla una obra exhaustiva en el campo de la ciencia natural, bajo una perspectiva enriquecedora y que supera la vía muerta de la ciencia actual: un orden sistemático impera sobre todo, en palabras del propio Goethe, “todo se teje hacia la totalidad”.

Este concepto fundamental de Anaximandro repercutió en múltiples formas y transformaciones hasta el fin de la antigüedad y todavía después hasta el renacimiento (Giordano Bruno), incluso aflora en Alexander von Humboldt.

El poeta filósofo se acerca al mundo natural para aprender de él. En palabras de W Jaeger, el hombre, “para poder llevar la vida que le corresponde, necesita del conocimiento y del cumplimiento de las leyes que rigen el cosmos” (Paideia).

El filósofo Heráclito capta el pensamiento verdaderamente decisivo, expresándolo magistralmente en su método aforístico: “Sólo en una cosa radica la sabiduría, en conocer el pensamiento por el cual todas las cosas son dirigidas por todas las cosas”. El cosmos, en su eterno nacer y morir, es “una cobertura viviente de la divinidad”, como dice Goethe, que tan a menudo se expresa en el Werther al estilo de Heráclito.

Imagen tomada de Ganas de Escribir

Referencia

Goethe, JW. 1994. La Metamorfosis de las Plantas. Afinidades. Asociación Valle Inclán Elkartea. Universidad del Pais Vaso.


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Muertos sí, más no enmudecidos

En su discurso al recibir el premio Cervantes, decía Delibes:

Los amigos me dicen con la mejor voluntad: que conserve usted la cabeza muchos años. ¿Qué cabeza? ¿La mía, la del viejo Eloy, la del señor Cayo, la de Pacífico Pérez, la de Menchu Sotillo? ¿Qué cabeza es la que debo conservar?

Párrafo que trae a la memoria a otro párrafo de aquel otro don Miguel, cuyo apellido daba nombre al premio quien había escrito: (más…)

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Lecturas románticas V: Camilo Castelo Branco

El escritor portugués Camilo Castelo Branco (1825-1890) es uno de los principales autores de la novela romántica en la Península Ibérica. En el prólogo a la quinta edición de su novela titulada Amor de Perdición, dice:

Pues que estoy para doblar el cabo tormentoso de la muerte, ya no veré donde va a desembocar este arroyo que lleva rodando en su seno la Idea Novísima. Como la honestidad es el alma de la vida civil, y el decoro es el nudo de los lazos que atan a la sociedad, se me ocurre pensar si vergüenza y sociedad se convertirán en ruinas al mismo tiempo, por efecto de una tormentosa evolución….

La lógica dice esto, pero la Providencia que usa más de la metafísica que de la lógica, probablemente hará otra cosa. Si, por virtud de la metempsicosis, reapareciere yo en la sociedad del siglo XXI, acaso me regocijara al ver otra vez de moda las lágrimas en brazos de la retórica, y esta quinta edición del “Amor de perdición”, casi agotada.

San Miguel de Seide, 8 de Febrero de 1879.

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Lecturas románticas IV: Luis Montiel, una visión actual de la medicina romántica

En las entradas anteriores hemos venido tratando acerca del romanticismo alemán. Desde el principio decíamos que sus puntos de vista y planteamientos son bien diferentes a los que abundan hoy en día, y poníamos como ejemplo, la especialización actual en las ciencias, tan opuesta el espíritu romántico. El principal interés para estudiar hoy el romanticismo y el objetivo de acercarse a sus textos no consiste en acumular detalles acerca de un movimiento antiguo o tan diferente al pensamiento actual, sino más bien en lo contrario; es decir, que, por vivir en un Mundo en buena medida desconocido y lleno de paradojas, en el cual es bien sabido que los extremos se tocan, quizás un estilo de hacer ciencia tan opuesto al romanticismo como el que estamos viviendo en las últimas décadas, pueda estar próximo, o incluso anunciar una evolución inmediata hacia un neo-romanticismo.

En cualquier caso, comprender la historia de la ciencia será siempre fundamental y, es bien sabido que este intento por comprender, puede resultar en descubrimientos interesantes y sorprendentes, como consecuencia de aquella cualidad paradójica del Mundo. El avance de la ciencia no es tan simple como una progresión lineal desde un estado de desconocimiento hasta momentos de mayor erudición, sino algo mas complejo e influenciado por los factores, a veces enigmáticos, del entorno. El conocimiento del Mundo no es cosecha que vaya siempre aumentando linealmente sino que, por el contrario, está sometido a múltiples influencias que incluyen modas y reflejos desde puntos de vista altamente variables poniendo de relieve aspectos sorprendentes. Hoy no es frecuente en los entornos académicos hablar de fenómenos de curación mágica, magnetismo animal, posesión demoníaca, adivinación o profecía, pero estos y otros más fueron el objeto de estudio de cuidadosos médicos y científicos del pasado, quienes dedicaron sus vidas al análisis metódico de pacientes con una sintomatología que, aunque comparta aspectos esenciales con casos actuales, era explicada de manera bien diversa.

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Lecturas románticas III: von Schelling

La tercera de las lecturas propuestas, aunque doble, será más corta que las precedentes. Se relaciona con el significado de conceptos filosóficos tan importantes como el ser y el tiempo y su apreciación por el romanticismo que, en filosofía, recuerda a Parménides, en física a Einstein y, entre ambos a una frase que ya mencionamos de Maupertuis. Difícilmente podríamos concentrar más significado en menos espacio.

Se trata de dos frases de von Schelling:

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Lecturas románticas II: Novalis

La imagen presenta a tres semillas de Arabidopsis thaliana vistas en microscopía de fluorescencia. Porque las ideas, como las semillas, tienen un destino que es el de germinar para luego poder dar flores y frutos que contengan en sí a nuevas semillas.

Ilustra esta imagen una segunda lectura todavía más corta que la primera, pero que no por ello será de menor interés o habremos de dedicarle menos tiempo. Es seguro que quedará grabada de manera indeleble en la memoria de algún lector que, a su vez habrá de transmitirla, y así puede que, saltando de memoria en memoria, de lector a lector, la idea que contiene irá llegando a sus destinos naturales que, ansiosamente, aunque tal vez sin saberlo, le estarán esperando, y en los que podrá germinar y más adelante, dar frutos .

Se trata de un fragmento de Novalis, de su obra titulada los discípulos en Saïs, un tratado único acerca del descubrimiento de la Naturaleza que, leído con la debida paciencia puede revelar claves interesantes demostrando que el romanticismo atraviesa hoy por un momento de gran actualidad e interés.

Dice así:

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Lecturas románticas I: Jean Paul

La lectura adecuada de los autores románticos reserva grandes sorpresas, tanto para el biólogo aficionado como para el profesional. Hasta  es posible que alguno de sus textos guarde como un secreto oculto el sueño de un genio, esperando a ser re-encontrado por algún lector afortunado doscientos años después, de manera similar a como vimos con las ideas de Geoffroy.

En esta y en la siguiente entrada, propongo dos lecturas como ejemplo. Se trata de textos breves, que hay que leer pausadamente. Tomándose para ello el tiempo que sea necesario y, sobre todo, reflexionando. Abriendo ventanas a la imaginación e intentando participar en el misterio del Mundo tal y como lo entendieron los románticos, que, aunque parezca diferente, es el mismo que puede ser hoy visto a la luz de la moderna tecnología.

Las imágenes son granos de polen vistos al microscopio de fluorescencia. Las dos de abajo proceden del intestino de una abeja.

Acompañando estas imágenes y con más ingenuidad que malicia, propongo para la primera lectura un fragmento de Albert Béguin, un lúcido explorador del mundo de los sueños de Jean Paul:

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