Archivo para la categoría ‘Literatura’

Encuentros con lo imposible (Libro-homenaje a Isabel Izquierdo Moya)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El sentimiento de la necesidad de cuidar las colecciones de insectos se encuentra en primer lugar entre las líneas maestras que dirigieron la trayectoria científica de Isabel Izquierdo, Conservadora de colecciones de insectos en el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC en Madrid.

¿A qué puede deberse, nos preguntamos hoy, dicha necesidad?

El naturalista acostumbra a investigar las causas, pensando que la explicación se encuentra siempre antes del efecto pero, a veces, puede resultar conveniente buscar las razones de la existencia de algo no antes, sino por el contrario, más allá de sus consecuencias…

 

Coordinado por: Emilio Cervantes

Textos de: Paloma Blanco Fernández de Caleya, Santos Casado, Emilio Cervantes, Alberto Gomis, Antonio González Bueno, Carlos Martín Escorza, Carmen Rey del Castillo

PRESENTACIÓN

 

Una entrevista publicada en el periódico del Museo Nacional de Ciencias Naturales pone de manifiesto las líneas maestras que dirigieron la trayectoria científica de Isabel Izquierdo. En primer lugar, el sentimiento de una necesidad: la de cuidar de las colecciones de insectos. ¿Y a qué puede deberse, nos preguntamos hoy, dicha necesidad?

El naturalista acostumbra a investigar las causas, pensando que la explicación se encuentra siempre antes del efecto; pero a veces puede resultar conveniente buscar las razones de la existencia de algo no antes, sino por el contrario más allá de sus consecuencias. En el caso de las colecciones de insectos una necesidad conduce a otra, y la de cuidarlas no iba a ser excepción, puesto que inmediatamente obliga a poner todos los medios al alcance. ¿Con qué deseo? Con el de que dichas colecciones tengan un fin público. “Mi meta siempre ha sido hacer accesibles a la sociedad las colecciones del Museo” es el titular que destacaba, tanto en el encabezamiento de la entrevista como en el quehacer cotidiano de Isabel.

Como conservadora de la colección de entomología del Museo Nacional de Ciencias Naturales, Isabel Izquierdo se sabía depositaria del fruto de los desvelos y fatigas de muchos naturalistas, grandes nombres como Mariano de la Paz Graells, Ignacio Bolívar o Manuel Martínez de la Escalera y de otros entomólogos más modestos, muchos de ellos anónimos. Isabel sabía que su principal tarea era la custodia de un tesoro en potencia, porque la colección de insectos, resultado del trabajo de tantos autores durante los años, no constituye tesoro por sí misma. Es necesaria una conversión.

“Hacer accesibles a la sociedad las colecciones” significa eso: convertir una colección de insectos en un tesoro, en muchos tesoros. Una tarea que requiere cualidades especiales y un quehacer continuo, perseverante, inacabable. Una labor de encantamiento que Isabel hacía con esmero en su trabajo diario. Siendo así, algún indicio debería haber en la mencionada entrevista acerca de las claves y habilidades que se necesitan para tarea tan especial.

Los autores participantes en este volumen, colegas, compañeros, amigos de Isabel, hemos sentido la necesidad de dejar por escrito algunas ideas que quedaron pendientes en nuestros encuentros y conversaciones con ella. Estamos de acuerdo en que hay algo especial, enigmático, en su labor. El giro que nos lleva a considerar como un tesoro a un conjunto de insectos atravesados por alfileres entomológicos es semejante al toque de una varita mágica o si se quiere un ejemplo más material, a la labor del artista que convierte un bloque de piedra en la viva imagen de una persona o en el desencadenante de una emoción.

En definitiva, hablamos de una labor de encantamiento. Podría haber en aquella entrevista, decíamos arriba, indicios de algunas de las claves necesarias para esta tarea. La primera es la familiaridad con las piezas: “se crea una relación casi afectiva”, se dice en algún punto de la entrevista. Desde ese momento los insectos dejan de ser entes vulgares y pasan a ser queridos, surge el vínculo especial. En segundo lugar, una documentación exhaustiva. La colección científica contiene datos que constantemente nos recuerdan que un insecto particular ha sido elevado a otra categoría: es un ser apreciado, y nuestro aprecio se acompaña con una serie de datos. Finalmente, una vez que el objeto ha sido elevado a un nivel superior, se ha de cerrar el círculo para que nos demos cuenta de que cada uno de esos ejemplares y otros similares que no hemos escogido para nuestra colección, sin necesidad de habernos familiarizado con ellos, ni de haberlos colmado con datos, ni de haberlos ensalzado a otro nivel, tienen un valor en sí mismos. Cada ser vivo tiene un interés propio, de igual valor al de aquel que primero escogimos, al cual nombramos y al que quisimos y cuyo mérito, en definitiva, consiste en que nos ha llevado a conocer a los otros que eran anónimos. Más allá de aquellos primeros, nuestros modelos, todo son imágenes. Así se cierra el círculo y queda confirmada la hipótesis inicial que proponía buscar las causas de algo no sólo antes de su existencia sino también más allá de sus consecuencias.

“Por esa puerta rara es la semana en que no entra una tentación”, decía Isabel al final de la entrevista. Y es que las tentaciones, los objetos dignos de interés, se encuentran a ambos lados de la puerta. Ignorábamos, antes de atravesar por primera vez el umbral del despacho de Isabel Izquierdo, que nuestra llegada era esperada con la curiosidad y ansiedad del entomólogo. Años después, el análisis ha demostrado ser correcto: ella sabía entonces que llegaba una tentación, que se abrían nuevas perspectivas. Después hemos aprendido que la colaboración era fantástica, por estar basada en su generosidad.

Cuidar, conservar una colección de insectos ayuda a ver las partes del mundo apreciándolas. Las cosas que vemos nos llevan a amar las que no vemos y esto puede conducir a resultados que de otro modo habrían sido imposibles pero cada periodo histórico está compuesto por un conjunto de elementos que habrían sido considerados imposibles en épocas anteriores. Los naturalistas tenemos que dar muchas vueltas para comprender lo evidente, pero queremos verlo con nitidez, un compromiso moral que no debemos olvidar.

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¿Cuán bajo hemos caído? El oxímoron como medida del deterioro del lenguaje

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los oxímoron son expresiones, habitualmente de dos términos, en las que ambos se contradicen, disputan entre sí un espacio que no puede ser ocupado por ambos puesto que lo que uno significa no es compatible con el otro.

El diccionario de oxímoron cuenta con más de cien de estas expresiones. La parte más sencilla en la elaboración de este diccionario es la que consiste en dar las definiciones de estas expresiones puesto que son todas ellas iguales entre sí e iguales a cero: ninguna significa nada. Pero cuidado que esto no quiere decir que estas expresiones no tengan valor. Al contrario, pueden servir  para la destrucción del lenguaje. Son muy útiles para la generación de confusión y por eso a veces se utilizan en procesos de lavado de cerebro masivo. Es por eso que son cada vez más frecuentes en los terrenos de la política y de la educación.

En español se ha denominado a estas expresiones flatus vocis o también fantasmas semánticos.

La cantidad de oxímoron en un lenguaje es indicador de su deterioro y así en el español contemporáneo vemos que hemos caído verdaderamente bajo cuando tan abundantes son los casos encontrados a diario.

Con el desarrollo de las especialidades académicas se han revelado algunas particularmente fecundas en oxímoron. Tal es el caso de la Economía, de las Ciencias de la Educación, por supuesto de la Filosofía y también, como no, de la Biología.

La Economía se basa en gran medida en la gestión y proliferación de este tipo de expresiones y así tenemos la enorme familia de los oxímoron relacionados con el capital y el capitalismo (Capital humano, Capitalismo avanzado, Capitalismo de Estado, etc.) o aquellos en relación con la banca (Banca amiga, Banca ética, Banca solidaria, etc.).

La cultura de masas, la cultura tecnológica o la educación financiera serán ejemplos de oxímoron en el campo de las Ciencias de la Educación. La filosofía materialista es un buen ejemplo del dominio de la Filosofía, cultivada y abonada desde hace décadas por muchos grupos de expertos internacionalmente reconocidos y retribuidos, pero entre los flatos verbales más notables de todos los tiempos tenemos a la selección natural y la inteligencia artificial. El primero nacido y cultivado con esmero en los terrenos de la Biología,  el segundo de la cibernética que viene a ser la interfaz entre aquella y la informática.

Al admitir tales nociones auto-contradictorias e imposibles, el pensamiento queda bloqueado; su mejor parte anulada: la crítica y la auto-crítica desaparecen. El pensamiento se esfuma para dejar lugar a  la ideología. ¿Cuál es la diferencia entre uno, el pensamiento y la otra, la ideología? El primero es abierto y la segunda es cerrada, limitada. El primero extiende los límites de la razón, la segunda los recorta.

El oxímoron vuelve loco al hablante y lo domina. La selección natural no requiere explicación otra que su propia definición (tautología): sobreviven los más aptos, esto es los que sobreviven. La teoría científica queda degradada y la Ciencia convertida en anti-ciencia. Al admitir la inteligencia artificial el hablante se reconoce uno más entre los robots, máqinas pensantes y engendros cibernéticos. El hablante reconoce su propia estupidez, confiesa su incapacidad, y renuncia así a su cualidad principal, el pensamiento, al que entrega en manos de la autoridad del partido. Pero no importa,  dentro de cincuenta años nadie entenderá ya de qué estamos hablando. ¿Verdad?

 

 

 

 

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El optimismo de los eunucos, según don Pío Baroja

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leyendo ayer el libro de Don  Pío Baroja titulado Juventud, Egolatría llegaba a unos párrafos que me parecen que ni pintados para celebrar el día de San Alberto Magno, patrono de los científicos (mañana, 15 de noviembre). El texto es de una sorprendente actualidad que indica que aquello que vió Baroja era el embrión de lo que hoy tenemos.

Los párrafos son los siguientes:

 

En un libro de consejos a los investigadores de Ramón y Cajal, libro de una tartufería desagradable, este histólogo, que como pensador siempre ha sido de una mediocridad absoluta, habla de cómo debe ser el joven sabio, ]o mismo que la Constitución de 1812 hablaba de cómo debía ser el ciudadano español.

Sabemos cómo debo ser el joven sabio; sereno, optimista, tranquilo… y con diez o doce sueldos.

 Me han dicho algunos amigos que en la Institución libre de enseñanza de Madrid, donde se intenta dar una orientación artística a los alumnos, se hace tácitamente una clasificación de la importancia de las artes; primero, la pintura; después, la música, y, por último, la literatura.

 Fijándose en la intención que puede tener este orden, se ve que su objeto es no dar al estudiante motivos de pesimismo. Claro, no es contemplando telas viejas pintadas con aceite de linaza, ni con el chim… bum… bum.  de la música, como saldrán descontentos; pero ¡qué sé yo! En un país como España, creo que vale más que haya descontentos que no señoritos correctísimos que vayan al laboratorio con una blusa muy limpia, hablen del Greco y de Cezanne y de la Novena sinfonía  y no protesten, porque detrás de esta corrección se adivina el optimismo de los eunucos.

 

Pío Baroja. Juventud, egolatría.

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Hermosa es la destrucción de las palabras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

It’s a beautiful thing, the destruction of words

Orwell. 1984

 

A lo largo de los años he intentado, sin éxito, entender lo que pueda ser la Selección Natural. La conclusión es que la Selección Natural no es nada por estar basada en un error.

Darwin, en sus observaciones en las granjas, confundió Selección con Mejora y vino a decir: Lo mismo que en la granja el agricultor o el ganadero seleccionan a sus mejores ejemplares como parentales, así mismo la naturaleza selecciona aquellos que presentan características ventajosas. Pero claro, aquí queda sin definir lo que sea eso de Características ventajosas mientras que  el agricultor o el ganadero conocen perfectamente cuáles serán dichas características. La naturaleza no selecciona como lo hacen el agricultor o el ganadero. En la naturaleza no hay esa intención expresa y manifiesta. No existe el progreso.

La selección en la granja es una parte del proceso de Mejora Genética y sería absurdo pensar que en la naturaleza existe algo así como la Mejora Genética Natural. Para ser exactos Darwin, Wallace y antes que ellos Matthew y otros debieron pensar no en Selección Natural sino en Mejora Natural, lo cual es oxímoron, como también lo es Selección natural.

En vez de retractarse y corregir su error,  en vez de retirar el termino selección natural que es erróneo y sólo conduce a confusión como había indicado Pierre Flourens, contemporáneo de Darwin; en vez de rechazar el error como es el deber de todo científico, lo que ocurrió es verdaderamente increíble.

Debido al enorme poder de Huxley y asociados se impuso la expresión Selección Natural que no tiene ningún significado ni valor alguno para entender lo que sucede en la formación de especies. Se impuso con tanta fuerza que contaminó el significado de la palabra selección, que estaba muy claro hasta entonces.

Pues bien ahora hay diccionarios que proponen para la palabra Selección dos alternativas: La normal y una segunda, fabulosa que traduzco del inglés:

Un proceso en el que las influencias genéticas o ambientales determinan qué tipos de organismos progresan mejor que otros, contemplado como un factor en evolución.

Esta ya no es la definición de Selección Natural sino  la de Selección, así como suena, a secas. El error se ha extendido y ha contaminado zonas más generales del lenguaje. Se acuerdan de lo que profetizaba Orwell en 1984: Reducir el lenguaje para reducir el pensamiento: It’s a beautiful thing, the destruction of words. En ello estamos Mr Orwell.

 

Aquí les dejo un fragmento de 1984 que comienza hablando del Diccionario de Neolengua (la actual Wikipedia):

 

‘The Eleventh Edition is the definitive edition,’ he said. ‘We’re getting the language into its final shape-the shape it’s going to have when nobody speaks anything else. When we’ve finished with it, people like you will have to learn it all over again. You think, I dare say, that our chief job is inventing new words. But not a bit of it! We’re destroying words—scores of them, hundreds of them, every day. We’re cutting the language down to the bone. The Eleventh Edition won’t contain a single word that will become obsolete before the year 2050.

‘He bit hungrily into his bread and swallowed a couple of mouthfuls, then continued speaking, with a sort of pedant’s passion. His thin dark face had become animated, his eyes had lost their mocking expression and grown almost dreamy.

‘It’s a beautiful thing, the destruction of words. Of course the great wastage is in the verbs and adjectives, but there are hundreds of nouns that can be got rid of as well. It isn’t only the synonyms; there are also the antonyms. After all, what justification is there for a word which is simply the opposite of some other word? A word contains its opposite in itself. Take “good”, for instance. If you have a word like “good”, what need is there for a word like “bad”? “Ungood” will do just as well—better, because it’s an exact opposite, which the other is not. Or again, if you want a stronger version of “good”, what sense is there in having a whole string of vague useless words like “excel­lent” and “splendid” and all the rest of them? “Plusgood” covers the meaning; or “doubleplusgood” if you want something stronger still. Of course we use those forms already, but in the final version of Newspeak there’ll be nothing else. In the end the whole notion of goodness and badness will be covered by only six words—in reality, only one word. Don’t you see the beauty of that, Winston? It was B.B.’s idea originally, of course,’ he added as an afterthought.

A sort of vapid eagerness flitted across Winston’s face at the mention of Big Brother. Nevertheless Syme immedi­ately detected a certain lack of enthusiasm.

‘You haven’t a real appreciation of Newspeak, Winston,’ he said almost sadly. ‘Even when you write it you’re still thinking in Oldspeak. I’ve read some of those pieces that you write in the Times occasionally. They’re good enough, but they’re translations. In your heart you’d prefer to stick to Oldspeak, with all its vagueness and its useless shades of meaning. You don’t grasp the beauty of the destruction of words. Do you know that Newspeak is the only language in the world whose vocabulary gets smaller every year?

‘Winston did know that, of course. He smiled, sympa­thetically he hoped, not trusting himself to speak. Syme bit off another fragment of the dark-coloured bread, chewed it briefly, and went on:

‘Don’t you see that the whole aim of Newspeak is to narrow the range of thought? In the end we shall make thoughtcrime literally impossible, because there will be no words in which to express it. Every concept that can ever be needed will be expressed by exactly one word, with its meaning rigidly defined and all its subsidiary meanings rubbed out and forgotten. Already, in the Eleventh Edition, we’re not far from that point. But the process will still be continuing long after you and I are dead. Every year fewer and fewer words, and the range of consciousness always a little smaller. Even now, of course, there’s no reason or excuse for committing thoughtcrime. It’s merely a ques­tion of self-discipline, reality-control. But in the end there won’t be any need even for that. The Revolution will be complete when the language is perfect. Newspeak is Ingsoc* and Ingsoc is Newspeak,’ he added with a sort of mystical satisfaction. ‘Has it ever occurred to you, Winston, that by the year 2050, at the very latest, not a single human being will be alive who could understand such a conversation as we are having now?’

‘Except—– ‘ began Winston doubtfully, and then stopped.

It had been on the tip of his tongue to say ‘Except the proles**,’ but he checked himself, not feeling fully certain that this remark was not in some way unorthodox. Syme, however, had divined what he was about to say.

‘The proles are not human beings,’ he said carelessly. ‘By 2050—earlier, probably—all real knowledge of Old-speak will have disappeared. The whole literature of the past will have been destroyed. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron—they’ll exist only in Newspeak versions, not merely changed into something different, but actually changed into something contradictory of what they used to be. Even the literature of the Party will change. Even the slogans will change. How could you have a slogan like “freedom is slavery” when the concept of freedom has been abolished? The whole climate of thought will be different. In fact there will be no thought, as we understand it now. Orthodoxy means not thinking—not needing to think. Orthodoxy is unconsciousness.

‘One of these days, thought Winston with sudden deep conviction, Syme will be vaporized. He is too intelligent. He sees too clearly and speaks too plainly. The Party does not like such people. One day he will disappear. It is written in his face. (Págs. 53-56)

 

 

 

 

 

 

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Algunas características de la épica ilustradas con ejemplos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  1. Abundancia de Epítetos, metáforas y comparaciones

Atenea, la de ojos de lechuza

Aquiles, el de los pies ligeros

El anciano Néstor

Natural Selection, as we shall hereafter see, is a power incessantly ready for action

 2.       Prosopopeya, personificación:

Zeus que ordena las nubes

Organs, originally formed by the aid of natural selection, when rendered useless may well be variable, for their variations can no longer be checked by natural selection.

…so in a state of nature natural selection will be enabled to act on and modify organic beings at any age, by the accumulation of variations profitable at that age, and by their inheritance at a corresponding age……….

3.  Exaltación de la lucha:

As the individuals of the same species come in all respects into the closest competition with each other, the struggle will generally be most severe between them; it will be almost equally severe between the varieties of the same species, and next in severity between the species of the same genus.

 

The store of nutriment laid up within the seeds of many plants seems at first sight to have no sort of relation to other plants. But from the strong growth of young plants produced from such seeds, as peas and beans, when sown in the midst of long grass, it may be suspected that the chief use of the nutriment in the seed is to favour the growth of the seedlings, whilst struggling with other plants growing vigorously all around.

 

4. La Figura del héroe: El superviviente único

Ulises, que sobrevivió los diez años que duró la guerra de Troya y otros diez que transcurrieron desde el fin de la guerra hasta su llegada a Ítaca.

This preservation of favourable individual differences and variations, and the destruction of those which are injurious, I have called Natural Selection, or the Survival of the Fittest. Variations neither useful nor injurious would not be affected by natural selection, and would be left either a fluctuating element, as perhaps we see in certain polymorphic species, or would ultimately become fixed, owing to the nature of the organism and the nature of the conditions.

5. Los orígenes: El superviviente único procede de un árbol filogenético.

 

 

 

 

 

 

 

Y no se olviden del caballo, que en el Origen de las Especies aparece 77 veces y de la espada que también aparece.

 

Con mi agradecimiento a Guillermo Pérez Galicia por ayudarme a entender El Origen de las Especies.

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La épica en el Origen de las Especies

 

 

 

 

 

 

 

 

La literatura épica constituye un género especial muy diferente de los géneros científicos o didácticos al uso. Su finalidad, lejos de describir fenómenos naturales o de plantear hipótesis científicas, consiste en conmover, emocionar al lector para cambiar sus esquemas mentales.

La lectura de El Origen de las Especies realizada en este blog a lo largo de los años y el análisis retórico de esta obra ha permitido obtener como conclusión que El Origen de las Especies es, como la Iliada o la Eneida, un clásico de la épica.

Entre los detalles que confirman esta conclusión encontramos la presencia de los elementos característicos, los símbolos propios de este estilo literario, el caballo y la espada.

¿Saben ustedes cuántas veces aparece la palabra caballo en El Origen de las Especies?  Setenta y siete.

Lógico, dirán algunos. El caballo es una especie y el libro trata sobre el origen de las especies. Puede ser, pero eso no justifica setenta y siete citas.

Y entonces…¿ la espada? Se preguntarán otros ¿Cuántas veces aparece la espada, el otro gran símbolo de la épica en El Origen de las Especies? Sólo una, pero impresionante. Dice:

The males of carnivorous animals are already well armed; though to them and to others, special means of defence may be given through means of sexual selection, as the mane of the lion, and the hooked jaw to the male salmon; for the shield may be as important for victory as the sword or spear.

 

Los machos de los carnívoros están siempre bien armados, aun cuando a ellos y a otros pueden ser dados medios especiales de defensa mediante la selección natural, como la melena del león o la mandíbula ganchuda del salmón macho, pues tan importante puede ser para la victoria el escudo como la espada o la lanza.

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Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Charles Darwin y el verdadero Club Dante

En la página 81 de su libro El Hispanismo en Norte-América (1917), Miguel Romera Navarro, profesor en la Universidad de Pensilvania,  indica que Jaime Russell Lowell (1819-1891) emprendió la traducción al español de alguna obra de Darwin, según comunicaba el mismo Lowell en carta a la Señora WE Darwin, hija del naturalista, con fecha 1 de septiembre de 1878. Aunque no dice Romera Navarro  de qué obra se trataba,  sí que indica que para la tarea contaba con cierta  colaboración de su profesor, Don Hermenegildo Giner de los Ríos (1847-1923), hermano de don Francisco, el fundador de la Institución Libre de Enseñanza.

No resulta difícil saber de qué obra se trataba, pero antes debemos aclarar un poco quién era esa Señora WE Darwin, hija del naturalista, puesto que Darwin no tenía ninguna hija cuyas iniciales fuesen WE, sino un hijo. La persona a quien se dirige la carta de Lowell era en realidad la esposa de William Erasmus Darwin, hijo del naturalista, Sara Price Ashburner Sedgwick,  con quien Lowell tenía una gran amistad manifiesta en su amplia correspondencia.

A sketch of Mr Darwin life, un fragmento de la vida de Darwin,  es lo que confiesa en su carta haber traducido Lowell al español:

-…no, not your Mr Darwin, certainly you foolish Little person, but his father.

(- no, no de tu Mr Darwin, pequeña locuela, sino de su padre.)

Una información que nos abre algunas pistas muy interesantes. Así por ejemplo, la hermana de  Sara Price Ashburner  Sedgwick era  Susan Ridley Sedgwick, esposa de Charles Eliot Norton, literato y profesor de Arte en Harvard. Ambos, Lowell y Norton formaron parte del club Dante, el verdadero club Dante, que existió y cuya intención era la traducción de la Divina Comedia de Dante  del Italiano al inglés. Otros miembros de este club eran Henry Wadsworth Longfellow y Oliver Wendell Holmes. Como en tantas ocasiones, su importante obra queda hoy eclipsada por una novela de aventuras y la consiguiente película.

 

Jaime Russell Lowell fue Ministro plenipotenciario (Embajador) de Estados Unidos en España desde 1877 hasta 1880, fecha en que partiría a su nuevo destino como Ministro plenipotenciario  (Embajador),  en Gran Bretaña, país en el que permanecería hasta 1885.   En abril de 1882 sería uno de los diez ilustres portadores del ataúd de Charles Darwin en su funeral en la Abadía de Westminster.

 

 

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Comentario a una frase de Carl Sagan que parece de Descartes

 

La frase es la siguiente:

La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe

¡He ahí la verdadera voz de la razón! , ¡Cuánta verdad condensada en tan breve frase! Diríamos que es Descartes redivivo quien habla a través de Carl Sagan. Acierta: Nunca tengamos certeza de nada, porque la sabiduría comienza con la duda.

Ahora que, veamos……..bien pensado…….y siendo efectivamente la duda una gran virtud de la que habla Sagan como ya hablase Descartes………

¿No podría ser cierto justo lo contrario?, es decir:

 

La primera gran virtud del hombre fue la fe y el primer gran defecto la duda

Porque cierto es que basar el conocimiento en la duda equivale a participar en un campeonato de atletismo descansando sentado en el sillón de la casa de uno, o también a pintar magnificos cuadros  con un color único, o a escribir partituras musicales que sólo contengan el silencio.

La duda es necesaria, fundamental. Igual que lo es el descanso para el atleta, el color blanco para el pintor o el silencio para el músico, pero sólo con la duda no hay ciencia posible.

 

 

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Los gusanos en el sermón

 

 

-          La retórica permite analizar el discurso.

-          Y bien? -Dirán algunos-, nada nuevo bajo el sol.

 

Pero… cuidado! La retórica permite también analizar el discurso científico que también es discurso. Así,  quienes pensaban que la ciencia sigue su curso independiente de las llamadas “letras” se pueden llevar grandes sorpresas.

Una sorpresa nos llevábamos el otro día al realizar el análisis retórico de El Origen de las Especies y encontrar que de las tres finalidades que Ciceron atribuía al lenguaje: Docere, movere, delectare, la obra de Darwin se dedica a la segunda (movere, conmover) y no a la primera como correspondería a un texto científico. Dicho de otro modo, que el Origen de las Especies es obra de la Épica y no de la Ciencia.

Hay, en esta obra, párrafos y sentencias que son propios de un sermón. No en vano la formación académica de Charles Darwin era la de un clérigo. Así el párrafo final que comienza de esta manera:

 

Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor.

 

Ahí están esos gusanos. Ah! los gusanos, sempiternos gusanos, tan frecuentes a lo largo y ancho de la Biblia y presentes en multitud de sermones  como éste del predicador del Oeste  que encontramos en la novela Tierra de Gigantes de OE Rolvaag:

 

Se dijo el pastor que había descendido al terreno de los lugares comunes, pero siguió hablando, poniendo todo su corazón en las palabras… La gente le escuchaba con toda atención; la madre de los tres niños cesó de ahuyentar a la mosca; daban ganas de decirle que siguiera cumpliendo su deber y no prestara atención… Pero, de pronto, pareció convertirse en la propia madre del pastor, como si esta se hallara delante en carne y hueso; y el pastor recordó como su madre había luchado y sufrido, una de tantas precursoras, primero en Illinois y después en Minnesota. Se conmovió profundamente al percibir el reflejo del destino de la que le dio el ser; sus palabras brotaron ahora fluidas, sin el menor esfuerzo… “Pero cuando un amor así existe entre una madre inmigrante y sus hijos ¿Qué no será cuando el amor se eleva hacia la divinidad, cuando el amor de quien es fuente de todo amor, de quien cuida de toda vida, si, hasta de la vida del gusano que se arrastra por la tierra?…”

 

Lectura recomendada:

 

Está usted de broma Mr Darwin? La retórica en el corazón del darwinismo.

 

 

 

Imagen: “Early bird stereograph2″ by E.R. McCollister – Library of Congress[1]. Licensed under Public Domain via Commons – https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Early_bird_stereograph2.jpg#/media/File:Early_bird_stereograph2.jpg

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