‘Medicina y sanidad’

Las aventuras de un joven cientifista en el rebaño de lobos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Antiguamente los oficios eran transmitidos según una cadena cuyos eslabones eran sucesivamente maestros u oficiales y alumnos o aprendices. En cada momento, el maestro enseñaba a su aprendiz que, sólo con el tiempo y la experiencia acumulada llegaría a ser, a su debido tiempo, maestro.

Para llegar a ser oficial o tener cierta práctica en un asunto cualquiera, el aprendiz debía pasar una larga temporada en el taller de un maestro. Solo así adquiría el conocimiento y habilidades necesarias para el desempeño de su oficio.

Curiosamente, hoy el método se mantiene con bastante rigor en algunos casos pero ha desaparecido completamente en otros. Así en la ciencia, la carrera profesional lleva a sus aspirantes a realizar un doctorado en un laboratorio bajo la supervisión de un científico senior más experimentado (ya doctor, el director de Tesis). Pero, curiosamente y también en la ciencia, va cobrando cada vez más relieve la figura del llamado “divulgador científico” quien no tiene necesidad de haber pasado por una fase previa de investigación, ni tener completado un doctorado, ni siquiera tener conocimiento especial o estudio alguno.

En muchos casos el divulgador científico es un valiente o atrevido free lance, que, aunque se enfrente a su tarea desde la soledad, pronto verá que hay unas tendencias o corrientes principales, que siguiéndolas asegurará su propia aceptación por un grupo numeroso de divulgadores pseudocientíficos.

La conclusión es ruinosa para la ciencia puesto que estos grupos, verdaderos rebaños, pero de lobos, contribuyen a establecer dogmas y puntos de vista que no tienen ningún fundamento, y lo que es peor, unos modales lamentables por su falta de respeto con las posturas ajenas que denota una escasa educación. (más…)

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¿Será la religión una cuestión de élites?

En su entrada titulada Relationship between religion and science, Wikipedia contiene una información que la confirma como lo que hace tiempo venimos advirtiendo: La pesadilla que Orwell predijo en su novela 1984: El Diccionario de Neolengua.

A fecha de hoy (11 de febrero de 2016), al tratar sobre la relación entre Religión y Ciencia indica:

While the conflict thesis remains popular for the public, it has lost favor among most contemporary historians of science and the majority of scientists in elite universities in the US do not hold a conflict view.

 

Es decir:

 

Mientras la tesis del conflicto sigue siendo popular, ha perdido el favor de los historiadores contemporáneos de la ciencia y de la mayoría de los científicos en las universidades de élite de los Estados Unidos, quienes no mantienen tal visión del conflicto.

 

Ahora bien: ¿Por qué la plebe, la gente, la pobre gente, mantiene esa visión de la relación entre Religión y Ciencia como un conflicto?

¿No será acaso porque el Partido se ha empeñado en ello?. ¿No será porque la autoridad, representada entre otros por el Diccionario de Neolengua ha decidido que los pobres no tienen derecho a una Religión que no sea la de la Ciencia o la de la Evolución?

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Prosopagnosia

Autor: F. David Rodríguez

Fuente: Diario de Salamanca

Los enfermos que padecen prosopagnosia no son capaces de reconocer el rostro de un individuo al que miran. No pueden interpretar gestos y expresiones emocionales (aunque sitúan un lunar, o un ojo, o una oreja). Miran y ven pero no comprenden de forma integrada;  ni siquiera son capaces de percibir su propio rostro reflejado en un espejo como una entidad completa –solo perciben las partes, que no guardan relación coordinada e integrada para configurar un todo complejo–. Los pacientes conservan la agudeza visual, ven con absoluta normalidad (color, contraste, movimiento, profundidad del campo visual…) La alteración de la visión puede referirse  también  a objetos y animales (por ejemplo, torpeza para identificar una flor cuya esencia solo es asida al oler el aroma que desprende).

Las causas de esta rara afección son variadas (traumatismos, accidentes cerebro-vasculares, tumores, alteraciones metabólicas…) y el lugar anatómico del descalabro es  una pequeña región del cerebro situada en la frontera de los lóbulos occipital y temporal. Quien sufre esta afección aprende, con el tiempo, a reconocer a las personas utilizando recursos que dependen de la integridad funcional de otras regiones del cerebro (sonido de la voz, tacto, olor de un perfume, movimientos genuinos del cuerpo, etc.). Como en todo aprendizaje se requiere paciencia, esfuerzo, tesón.  El neurólogo Oliver Sacks describe un caso de prosopagnosia en su libro: El hombre que confundió a su mujer con un sombrero.

Comenzamos un nuevo curso en la Universidad. Los comienzos vienen acompañados de expectativas, sueños, planes, intenciones…, por parte de todos los miembros de la comunidad universitaria.  Es este un buen momento, es mi reflexión, para estar atentos y evitar un fenómeno que intuyo es frecuente en nuestro medio universitario (aunque no exclusivo del mismo). Es la prosopagnosia funcional.  Es decir, se conserva  intacta la capacidad de reconocer rostros pero, por un extraño, complejo y no bien conocido fenómeno, se practica una salida inhibitoria que hace que los estudiantes tengan una faz común, desdibujada. La realidad nos dice que no hay una cara igual a otra, como no hay un ser humano igual a otro, por mucho que exhibamos numerosos parecidos. Sin embargo, afrontamos el curso con un grupo de rostros, a veces desconocidos, a veces familiares,  que acuden al aula, al laboratorio de prácticas, al seminario… sin rostros individualizados. Son rostros anónimos (qué contradicción). Esperemos que nuestra prosopagnosia funcional sea transitoria, se produzca un desbloqueo y comencemos a interpretar las caras de los estudiantes, a descubrir sus peculiaridades y necesidades, a interesarnos por su desarrollo intelectual, a estimular sus capacidades de aprendizaje, estudio, esfuerzo y motivación. A su vez, también sería conveniente que el desbloqueo nos permitiera reconocer los rostros de los compañeros con quienes colaboramos en el trabajo. Reconocer, interpretar  e identificar a los demás y a nosotros mismos son  procesos complejos que integran muchas capacidades del cerebro. Es, pues, conveniente tener conciencia de las mismas y ponerlas al servicio de un desempeño laboral rico y efectivo. Considerar a los demás y a nosotros  es una actividad muy humana. Desde estas líneas deseo a toda la comunidad universitaria un  provechoso curso 2012-2013, pleno de encuentros saludables y fructíferos.

Ver a continuación la entrada titulada

Darwinismo y Prosopagnosia: Algo más que un simple parecido

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La herencia y la medicina en Montaigne (1533-1592)

 

Existe cierta manera de humildad sutil que emana de presunción, como la que hace que reconozcamos nuestra ignorancia en muchas cosas y seamos tan corteses que declaremos la existencia en las obras de la naturaleza de algunas cualidades y condiciones que nos son imperceptibles, y de las cuales nuestra insuficiencia no alcanza a decir los medios y las causas.  Con esta honrada declaración de conciencia esperamos ganar la ventaja de que se nos crea igualmente en aquello que decimos comprender. Inútil es que vayamos escogiendo milagros y casos singulares extraños; paréceme que entre las cosas que ordinariamente vemos hay singularidades incomprensibles que superan la dificultad de los milagros. ¿Qué cosa más estupenda que esa gota de semilla, de la cual somos producto, incluya en ella las impresiones no ya sólo de la forma corporal, sino de los pensamientos e inclinaciones de nuestros padres? Esa gota de agua, ¿dónde acomoda un número tan infinito de formas, y cómo incluye las semejanzas por virtud de mi progreso tan temerario y desordenado que el biznieto responderá a su bisabuelo, y el sobrino al tío? En la familia de Lépido, en Roma, hubo tres individuos que nacieron (no los unos a continuación de los otros, sino por intervalos) con el ojo del mismo lado cubierto con un cartílago. En Tebas había una familia cuyos miembros llevaban estampado desde el vientre de la madre la forma de un hierro de lanza, y quien no lo tenía era considerado como ilegítimo. Aristóteles dice que en cierta nación en que las mujeres eran comunes, los hijos asignábanse por la semejanza a sus padres respectivos.

Puede creerse que yo debo al mío mi mal de piedra, pues murió afligidísimo por una muy gruesa que tenía en la vejiga, y sólo advirtió su mal a los sesenta y siete tiros de su edad; antes de este tiempo nunca sintió amenaza o resentimiento en los riñones, ni en los costados, ni en ningún otro lugar, y había vivido hasta entonces con salud próspera, muy poco sujeto a enfermedad. Siete años duró después del reconocimiento del mal, arrastrando un muy doloroso fin de vida. Yo nací veinticinco años, o más temprano, antes de su enfermedad, cuando se deslizaba su existencia en su mejor estado, y fui el tercero de sus hijos en el orden de nacimiento. ¿Dónde se incubó por espacio de tanto tiempo la propensión a este mal? Y cuando mi padre estaba tan lejos de él, esa ligerísima sustancia con que me edificó, ¿cómo fue capaz de producir una impresión tan grande? ¿y cómo permaneció luego tan encubierta que únicamente cuarenta y cinco años después he comenzado a resentirme, y yo sólo hasta el presente entre tantos hermanos y hermanas nacidos todos de la misma madre? A quien me aclare este problema, creeré cuantos milagros quiera, siempre y cuando que (como suele hacerse) no me muestre en pago de mi curiosidad una doctrina mucho más difícil y abstrusa que no es la cosa misma.

Que los médicos excusen algún tanto mi libertad si digo que merced a esa misma infusión e insinuación fatales he asentado en mi alma el menosprecio y el odio hacia sus doctrinas. Esa antipatía que yo profeso al arte de sanar es en mí hereditaria. Mi padre vivió setenta y cuatro años; mi abuelo sesenta y nueve, y mi bisabuelo cerca de ochenta, sin que llegaran a gustar ninguna suerte de suerte de medicina; y entre todos ellos, cuanto no pertenecía al uso ordinario de la vida era considerado como droga. La medicina se fundamenta en los ejemplos y en la experiencia; así también se engendran mis opiniones. ¿No es el que ofrecen mis abuelos un caso peregrino, prueba de experiencia y de los más ventajosos? Ignoro si los médicos acertarían a señalarme consignado en sus registros otro parecido de personas nacidas, educadas y muertas en el mismo hogar, bajo el mismo techo, que hayan pasado por la tierra bajo un régimen de vida hijo del propio dictamen. Necesario es que confiesen en este punto que si no la razón, al menos la fortuna recae en provecho mío, y téngase en cuenta que entre los médicos acaso vale tanto fortuna como la razón. Que en los momentos presentes no me tomen como argumento de sus miras, y que no me amenacen, aterrado como me encuentro, que esto sería cosa de superchería. De suerte que, a decir la verdad, yo he ganado bastante sobre los médicos con los ejemplos de mi casa, aun cuando en lo dicho se detengan. Las cosas humanas no muestran tanta constancia: doscientos años ha (ocho solamente faltan para que se cumplan) que aquel largo vivir nos dura pues el primero nació en mil cuatrocientos dos; así que, razón es ya que la experiencia comience a escaparnos. Que no me echen encara nuestros Galenos los males que a la hora presente me tienen agarrado por el pescuezo, pues haber vivido libre de ellos cuarenta y siete años, ¿no es ya suficiente? Aunque éstos sean el fin de mi carrera, considérola ya como de las más dilatadas.

 

Montaigne: Ensayos. Libro II,  Capítulo XXXVII: De la semejanza entre padres e hijo. Edición en francés aquí.

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La ciencia al servicio del imperialismo

El texto que sigue, titulado “La ciencia al servicio del imperialismo”, es el  Capítulo 2 pp 41- 46, en:  “El Rapto de Higea

Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad”, por Jesús Garcia Blanca.

«Una ciencia que insiste en poseer el único método correcto y los únicos resultados aceptables es ideología y debe ser separada del estado y especialmente de la educación.»

Paul Feyerabend1

«No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira [...] es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día [...] de forma que  ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la ciencia y que no puede declararse inocente de nada?»

Agustín García Calvo2

Empecemos por algunas observaciones necesariamente concisas que sirvan para establecer el contexto de las ideas que alimentan este trabajo.

En esencia se comparte —y se utiliza como herramienta— la concepción foucaultiana3,  que podría resumirse así:

– Cada sociedad tiene su «régimen de verdad».

– La «verdad» está centrada sobre la forma del discurso científico y sobre las instituciones que lo producen.

– La «verdad» es producida y trasmitida bajo el control de aparatos políticos y económicos.

– La «verdad» está ligada a sistemas de poder, que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que induce y que la prorrogan.

– «El problema político esencial para el intelectual es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es cambiar “la conciencia” de la gente o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico e institucional de producción de la verdad»4.

La «verdad» es la mentira del Sistema que controla los procesos de producción y comunicación de los discursos. Solo produciendo a contracorriente, creando contra la «verdad» ponemos en marcha un auténtico proceso de transformación social.

Mundo virtual, sufrimiento real

La ciencia está siendo utilizada como fuente «objetiva» de conocimiento y producción de «verdad», constituyéndose por tanto en un mecanismo de poder cuya fuerza y efectividad radica precisamente en que no es percibido como tal5.

La interacción entre este mecanismo totalitario —que hace pasar una determinada construcción de la realidad por la realidad misma— y esa nueva ciencia que se presenta a sí misma como interdisciplinar y se adjudica la función de decidir hasta dónde debe dejarse actuar a la ciencia y sus aplicaciones, me refiero a la flamante bioética, abre la puerta a la impunidad: diagnósticos infalibles, curaciones milagrosas, seres humanos a la carta… la imposición sin trabas de un discurso ideológico con graves consecuencias sanitarias y ecológicas, escamoteado tras la pretendida objetividad científica6.

El siguiente extracto de un artículo del ingeniero Javier Aracil expresa de forma muy clara y sintética en qué consiste el actual paradigma científico y cuáles son las relaciones entre ciencia y técnica:

Hemos alterado nuestro entorno sustituyendo progresivamente el mundo natural [...] por otro medio artificial en el que nuestra vida es más larga y placentera [...]. En la construcción de ese mundo artificial han tenido un papel considerable los ingenieros [...] lo peculiar del ingeniero es relacionar mediante un acto de creación todos los elementos necesarios para producir efectos preconcebidos.7

Podríamos acompañar esta declaración con innumerables ejemplos —drásticamente teñidos de prepotencia mecanicista—referidos al ámbito de las biociencias, ejemplos del tipo: «El genoma es un conjunto de instrucciones agrupadas en unidades de información denominadas genes, que conjuntamente forman los cromosomas, situados en el núcleo de cada célula del organismo humano»8.

Esta visión sirve de sostén al discurso ideológico del capitalismo9 y su efectividad se basa —como decíamos— en pasar desapercibida como visión particular, parcial, construida; y, por supuesto, construida desde el sistema de pensamiento dominante.

El éxito del discurso científico ha sido conseguir que las mayorías crédulas formadas en las instituciones educativas del sistema acepten como realidad objetiva exterior lo que no es más que una construcción subjetiva, cuando no un montaje motivado por intereses inconfesables.

Por poner solo dos ejemplos suficientemente conocidos y rigurosamente documentados10 que afectan a figuras intocables de la historia de la ciencia: Galileo no llevó a cabo algunos de los experimentos claves cuyos «resultados» utilizó para refutar a Aristóteles, y Newton «adaptó» los resultados de sus cálculos para hacerlos coincidir con sus previsiones teóricas. El caso del primero es especialmente sangrante al haberse convertido en un símbolo del científico honesto que se opone a lo dogmático. Sin embargo, para justificar su burla del método científico que supuestamente estaba contribuyendo a instituir, escribió: «yo, sin hacer el experimento, estoy seguro de que el efecto tendrá lugar como os digo porque es necesario que así ocurra»11. En cuanto al segundo, considerado como «el científico más grande de todos los tiempos»12, sus manipulaciones fueron descritas por Richard Westfall en Science con el término fudge factor (factor de falsificación), un factor que —como estamos comprobando— no parece precisamente insignificante en los últimos cuatrocientos años de investigación científica. Esto no quiere decir que en los institutos estemos estudiando exclusivamente una sarta de mentiras. Lo que aquí estamos cuestionando es que mediante los métodos que proponen los científicos se puedan establecer verdades. De hecho, Kart Popper planteó precisamente lo contrario13: que lo único que puede demostrarse fehacientemente es lo que es falso, pero no lo que es verdadero. Lo cual implica que las teorías que son aceptadas simplemente lo son porque no han podido ser refutadas, no porque hayan sido demostradas, cosa que según Popper es imposible a partir de la experiencia.

Nos encontramos, pues, en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten; o, en caso de que algún investigador honesto lo consiga, simplemente acallarlo, desprestigiarlo, encarcelarlo y lo que haga falta.

Se cumple así de modo rotundo la profecía de Comte. La ciencia funciona estrictamente como una forma de religión14, cuyos dogmas vienen a entroncar con el discurso reaccionario del capitalismo genocida: progreso científico, progreso lineal, progreso económico… para las minorías privilegiadas.

Frente a ese discurso fundamentalista15, aquí se defiende que lo científico no es objetivo —mucho menos cuando se aplica a lo vivo16—, que el método científico —en realidad un mecanismo autorreferente— no es la única posible aproximación al conocimiento, y que la imposición de la ortodoxia —bajo auspicios de la Farmafia y del imperialismo como expresión final de las instancias de poder de Occidente— tiene consecuencias fatales para el medio ecológico y para la salud y el bienestar de la humanidad.

Retomando las palabras de Aracil: en modo alguno vivimos en un mundo artificial que haya «superado» el mundo natural o siquiera se haya independizado de él. Hemos introducido elementos artificiales en el mundo natural; eso no significa que no sigamos sometidos a las leyes de la naturaleza: «en lugar de pretender corregir la naturaleza, aprendamos de ella», decía Wilhelm Reich.

La ciencia ha construido un mundo virtual en el que sus predicciones funcionan, pero las consecuencias reales de sus actos constituyen una agresión contra el equilibrio vital del planeta.

1 «El mito de la «ciencia» y su papel en la sociedad», Cuadernos Teorema, 53, Valencia, 1979, p. 26.

2 Transcripción de su intervención en la mesa redonda «Ciencia: pro y contra», celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, Archipiélago, 20, primavera de 1995, pp. 75-83.

3 Flavio GIGLI, «Michel Foucault: aportes para una nueva filosofía política», Problemas de Democracia y Política. Revista Peruana de Filosofía Aplicada (http://filosofia-aplicada.humanists.net/).

4 Michel FOUCAULT, Un diálogo sobre el poder (Bib.), p. 145.

5 «Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares la que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica». Enmanuel LIZCANO, Ciencia e ideología. En Diccionario Crítico de Ciencias Sociales . Ver también del mismo autor: «La construcción retórica de la imagen pública de la tecnociencia», Política y Sociedad, 23, 1996, Madrid, pp. 137-146; y «La ciencia, ese mito moderno», Claves de razón práctica, 32, 1993, pp. 66-70.

6 «El progreso científico técnico promovería, en este contexto, la concepción de que su propia práctica responde a un tipo de acción racional descontextualizada

[…] autoadjudicándose asepsia valorativa y aplicando a la obtención de fines “eficaces” que promuevan la disposición técnica. […] La ciencia sería, de todas las actividades humanas, la única que podría sustraerse a la responsabilidad

». María Cristina SOLANGE DONDA, «Producción científica, producción de verdad y discurso ético», Investigación, 8, Universidad Blas Pascal.

7 «Vivimos en un mundo artificial», suplemento Culturas, Diario de Sevilla, 25 de marzo de 1999, pp. 22-23.

8 María del Carmen VIDAL CASERO, «El Proyecto Genoma Humano. Sus ventajas, sus inconvenientes y sus problemas éticos», Cuadernos de bioética Vol. 12, 46, 2001 (ejemplar monográfico: «¿En qué fundamentamos la bioética?»), pp. 393-414.

9 «La ciencia del siglo veinte ha abandonado toda prentensión filosófica y se ha convertido en un gigantesco negocio. Ya no amenaza a la sociedad, es uno de sus más poderosos soportes». Paul K. FEYERABEND, obra citada.

10 Federico DI TROCCHIO, Las mentiras de la ciencia (Bib.), pp. 19-38.

11 Diálogo acerca de los sistemas máximos. Citado por Trocchio.

12 http://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton.

13 Karl Raimund POPPER, La lógica de la investigación científica y Conjeturas

y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico (Bib.), entre otras obras.

14 «… la ciencia funciona efectivamente en las sociedades desarrolladas como una forma específica de religión. Su extensión misionera en forma de desarrollo científico-técnico, fuera del cual no cabe salvación, revelaría entonces la llamada modernización como un proceso intrínsecamente religioso. Emanuel LIZCANO, «La Religión científica de la humanidad», Diccionario Crítico de Ciencias Sociales (http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/R/index.html).

15 Emanuel LIZCANO, «El fundamentalismo científico». Kiliedro (http://www.kiliedro.com/index.php?option=com_content&task=view&id=103).

16 Respecto al problema de la objetividad científica, Gustavo Bueno escribe: «los asuntos removidos por estas cuestiones no nos parecen propiamente científicos, ni susceptibles de ser tratados “sin prejuicios” con plena neutralidad ideológica [...] el tratamiento debido es constitutivamente polémico (dialéctico) y por ello la neutralidad es solo aparente y disimula el peor de los partidismos, a saber el partidismo clandestino, el que se enmascara y no se reconoce como tal a sí mismo» (en «Medicina, Magia y Milagro. Conceptos y estructuras mentales», El Basilisco, 14, 1993). Reich ya advirtió en 1948: «la forma en que se idean y ejecutan los experimentos depende del aparato sensóreo del investigador [...] es un error creer que los experimentos por sí solos pueden llevarnos a una conclusión. Siempre es el organismo viviente, sensible y pensante el que explora, experimenta y saca conclusiones» (en «La Biopatía del Cáncer» (Bib.)).

Imagen tomada de blogueros y correpondales de la revolución. Texto: Capítulo 2 pp 41- 46, en: “El Rapto de Higea” de Jesús García Blanca.

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Comer azúcar o ¿por qué la gente se queda satisfecha con la explicación de la Selección Natural?

Recibo una información interesante acerca de la peligrosa costumbre de comer azúcar. Por lo visto es habitual en nuestro entorno que una persona consuma como promedio 1.3 kilos de azúcar al día:  una peligrosa costumbre que conlleva elevados riesgos de obesidad, diabetes, enfermedades coronarias y otras y, no obstante, la sensación puede ser la de estar bien alimentado; o, al menos, de estar alimentado.

Algo semejante ocurre con las pseudo-explicaciones científicas, por ejemplo la Selección Natural.  Desde su blog Los Fallos de Darwin, Platypus está de acuerdo en que el principal problema de Darwin es el concepto de Selección Natural.  Por esto me pregunta:

¿por qué la gente se queda satisfecha con la explicación de la SN?

Con determinadas explicaciones ocurre algo semejante a lo que pasa con el azúcar en la dieta.  Crean una sensación (de alimentación, de satisfacción), cuando en realidad pueden estar provocando algo distinto (enfermedad, manipulación mental).

En lo que atañe al lenguaje en general, ya sabemos que su control es muy importante y por eso, tanto en la ficción como en la realidad, desde el poder se promueven diccionarios y enciclopedias.  El fenómeno lo describió Orwell en su novela 1984, cuyo protagonista Winston Smith, trabaja en el Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad, responsable entre otras tareas de la elaboración del diccionario de Neolengua; porque, no olvidemos que:

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado

La misma cuestión en el campo de la realidad, en el cual estaba inspirada la obra de Orwell,  la ha tratado Herbert Marcuse en su obra  “One dimensional man”.  Algunos de sus párrafos son muy ilustradores  al respecto.  Por ejemplo:

Las tendencias dominantes del habla, que niegan estas distinciones, son expresión de los cambios en los modos de pensamiento discutidos en los capítulos anteriores: el lenguaje funcionalizado, contraído y unificado es el lenguaje del pensamiento unidimensional. Para ilustrar esta novedad, lo compararé brevemente con una clásica filosofía de la gramática que trasciende el universo del comportamiento y relaciona las categorías lingüísticas con las ontológicas.

Y también:

He aludido a la filosofía de la gramática para mostrar el grado en el que las contracciones lingüísticas indican una contracción del pensamiento que, a su vez, ellas fortalecen y promueven. La insistencia en los elementos filosóficos en la gramática, o en la relación entre el “sujeto” gramatical, lógico y ontológico señala los contenidos que son suprimidos en el lenguaje funcional, eliminados de la expresión y la comunicación. La contracción del concepto en imágenes fijas; el desarrollo detenido en fórmulas hipnóticas que se auto-validan; la inmunidad contra la contradicción; la identificación de las cosas (y de las personas) con su función: estas tendencias revelan a la mente unidimensional en el idioma que habla.

O así mismo:

Si la conducta lingüística impide el desarrollo conceptual, si se opone a la abstracción y la mediación, si se rinde a los hechos inmediatos, rechaza el reconocimiento de los factores detrás de los hechos, y por lo tanto rechaza el reconocimiento de los hechos, y de su contenido histórico. En y para la sociedad, esta organización del discurso funcional es de importancia vital, sirve como vehículo de coordinación y subordinación. El lenguaje unificado y funcional es un lenguaje irreconciliablemente anti-crítico y anti-dialéctico. En él, la racionalidad operacional y behaviorista absorbe los elementos trascendentes, los negativos, y de oposición a la razón.

……………………………………………

El lenguaje cerrado no demuestra ni  explica: comunica decisiones, fallos, órdenes. Cuando define, la definición se convierte en ” separación de lo bueno y lo malo”, establece lo que es correcto y lo equivocado sin permitir dudas, y un valor como justificación de otro. Se mueve por medio de tautologías, pero las tautologías son frases terriblemente eficaces. Expresan el juicio de una “forma prejuzgada”, pronuncian condenas. Por ejemplo, el “contenido objetivo”, es decir, la definición de términos como” desviacionista “,” revisionista “, es la de un código penal, y este tipo de validación hace nacer una conciencia para la que el lenguaje de los poderes fácticos es el lenguaje de la verdad [24].

…………………………………………………..

Este lenguaje controla mediante la reducción de las formas lingüísticas y los símbolos de reflexión, abstracción, desarrollo, contradicción, sustituyendo los conceptos por imágenes

Por todo esto, el lenguaje de Darwin es ejemplo de lenguaje cerrado, contraído, funcionalizado. Inmune a toda contradicción. Como consecuencia de todo ello la Selección Natural es una poderosa imagen, sí. Pero una imagen anticientífica. Un fantasma semántico.

Bibliografía

One dimensional man. Herbert Marcuse. 1964. El enlace lleva directamente al capítulo 4, de interesante lectura.

Versión española de Antonio Elorza para RBA Proyectos Editoriales. Planeta D’Agostini. Barcelona.

Imagen tomada del blog Cambia el mundo despierta. Entrada  Azúcar, epidemia mundial

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La Selección Natural refutada: Un ejemplo

No siempre sobrevive el más apto ni tampoco es cierto que gane sin excepción el más fuerte. Si las gaviotas del basurero mallorquìn apoyaban recientemente a la Selección Natural, otros ejemplos vienen a demostrar lo contrario, es decir apoyan su refutación.

Nos referimos aquí al veredicto final del caso que ha enfrentado al Instituto del Cáncer contra Alberto de Luis. Alberto se ha quedado sin Tesis pero ha salido absuelto.

Aunque el documento indicado no es el mejor modo para enterarse de lo ocurrido sí que resulta muy interesante el siguiente párrafo:

“Nos hallamos por tanto ante simple suposiciones o conjeturas , en cuanto a que el acusado haya sido la persona que hubiera bloqueado el servidor web durante el curso de Bioinformática, pues aunque el denunciante Dr. F.R.S. sostiene la denuncia por haberse comprobado que el acusado accedió al servidor web el día y sobre la hora que se bloqueó y que días antes había tenido un enfrentamiento con el acusado al reclamarle éste la autoría de un trabajo que se había publicado”

Fijarse bien en la frase:

“que días antes había tenido un enfrentamiento con el acusado al reclamarle éste la autoría de un trabajo que se había publicado”

Se refiere probablemente al artículo titulado “GATExplorer: Genomic and Transcriptomic Explorer;
mapping expression probes to gene loci, transcripts, exons and ncRNAs”
, en el que se echa de menos a un autor: el que ha escrito el código principal del programa.  Curiosamente el código se encuentra aquí disponible.

La imagen está tomada del blog Humor Darwinista, de su entrada titulada A Teoria da Evolução pode ser falseada?

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Para vencer gigantes: Comentario al libro Alcohol y Cerebro de F. David Rodríguez García. Ediciones Absalón. Cádiz. 2010

Un buen libro siempre nos pone en compromisos.  Desafía nuestro conocimiento mostrando sus limitaciones y puede llevarnos a parar a los desolados terrenos del mito. En el preámbulo de éste, de inexcusable lectura se indica una intención, un objetivo (p 19):

Se pretende estimular la reflexión crítica y serena sobre el uso de un compuesto dañino que nos resulta tan familiar, tan próximo y tan accesible.

Pero una vez cumplido con creces este objetivo, la lectura invita a buscar más allá y así en la contraportada leemos:

Se invita a los lectores a emprender un viaje de reflexión sosegada, despojada de prejuicios, permisividad o culpabilidad. La información, la discusión, el diálogo y el esfuerzo conjunto son nuestros aliados.

Que es casi igual pero no igual que la invitación anterior puesto que aquí se menciona además un viaje, un peculiar viaje que, además,  debe de tener algo de contienda puesto que, al parecer, contamos con “aliados” ¿A dónde nos llevará David?

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La función social del científico: preliminares para un debate


En su Blog “Esos pequeños bichitos”, Miguel Vicente abría antayer el debate sobre un aspecto esencial en estos momentos que es el que atañe a la formación humanística de los científicos.

El texto indicaba algunas deficiencias de la formación científica, refiriéndose en particular a España y hacía referencia a un artículo de Newsweek en el que Alan Brinkley manifestaba alguna idea interesante, como por ejemplo que la necesidad de decidir entre ciencia y humanidades es falsa (the idea that institutions or their students must decide between humanities and science is false). En nuestro pais,  y creo que en general también,  tal decisión no sólo no es falsa, es bien verdadera  y determinante en la vida del estudiante y además ha de tomarse a edades muy tempranas. El artículo de Newsweek destacaba la importancia de ambos tipos de actividad:

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Video sobre el sida: la duda como camino


En una entrada reciente se presentaba el video House of Numbers, dedicado a la posibilidad de que la etiología del SIDA no coincida exactamente con lo que se nos ha venido contando y que la enfermedad no sea exclusivamente la consecuencia de una infección vírica. Un comentario en dicha entrada nos remitía a un debate actual y otra a un video anterior sobre el mismo tema. Aunque ya data de hace unos dos años, el video contiene entrevistas interesantes incluyendo algunas con Peter Duesberg, Kary Mullis, Luc Montaigner, Harry Rubin. Fundamentales son sus últimos segundos ( a partir del min 49) en los que Daniel Koshland responde a la siguiente pregunta:

P- ¿Considera positivo que personas como Duesberg y otros mantengan abierta la polémica?

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