‘OSMNS Chapter 8’

La Nave de los Locos: El Origen de las Especies a la Luz de la Nueva Retórica

 

La nave de los locos, además de un famoso cuadro de El Bosco, es el título de una obra del teólogo, jurista y humanista Sebastian Brand publicada en Basilea en 1494. En sus páginas dice:

The world loves to be deceived.
(El mundo se complace en ser engañado)

Afirmación confirmada en los últimos ciento sesenta años por el éxito de la obra de Darwin titulada Sobre el Origen de las Especies por medio de la Selección Natural o la supervivencia delas Razas Favorecidas en la Lucha por la Vida.

La palabra oxímoron procede de la combinación de los vocablos griegos Oxi, agudo y Môron: locura, e indica la cualidad de una expresión que no tiene significado alguno por consistir en la combinación de dos términos incompatibles. Oxímoron son aduaneros sin fronteras, banca amiga, desarrollo sostenible y cientos de expresiones en las que la presencia de un término anula el significado del otro.

Pero a pesar de su incompetencia semántica los oxímora han proliferado en las últimas décadas porque tienen una utilidad notable para el control social que consiste en su capacidad de alienación afirmando la capacidad de un interlocutor para someter al otro.

Herramientas de disciplina social basadas en la destrucción del lenguaje, los oxímora son particularmente abundantes en las áreas de Economía y Biología. Las obras fundamentales de dos pilares de estas disciplinas, Carlos Marx y Carlos Darwin, se basan en sendos oxímoron que son respectivamente La dictadura del proletariado y la selección natural.

Para hacer pasar un oxímoron por teoría científica hace falta cometer muchos errores, pero lo mismo que Pulgarcito dejaba un rastro de garbanzos para encontrar el camino de su casa, en este libro hemos seguido el rastro de los errores dejados por Carlos Darwin para descubrir su oxímoron fundamental: La Selección Natural.

El libro La Nave de los Locos: El Origen de las Especies a la Luz de la Nueva Retórica, de Emilio Cervantes y Guillermo Pérez Galicia puede descargarse gratis aquí:

http://www.darwinodi.com/gratis/pdfs/978-1981532117.pdf

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Robusteciendo una teoría que no lo es mediante una conclusión rotunda en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo quinto de El Origen de las Especies

 

La selección natural es una expresión hueca, no es nada. ¿Nada? Un momento, lean con atención hasta el final del párrafo. ¿Leen ustedes lo que yo he leído?:

 

pero para mi imaginación es muchísimo más satisfactorio considerar instintos, tales como el del cuclillo joven, que expulsa a sus hermanos adoptivos; el de las hormigas esclavistas; el de las larvas de icneumónidos, que se alimentan del cuerpo vivo de las orugas, no como instintos especialmente creados o fundados, sino como pequeñas consecuencias de una ley general que conduce al progreso de todos los seres orgánicos; o sea, que multiplica, transforma y deja vivir a los más fuertes y deja morir a los más débiles.

 

Conclusión:

El autor busca y ha encontrado la satisfacción de su imaginación mediante una ley general que deja vivir a los más fuertes y deja morir a los más débiles.

 

 

 

 

 

 

455

This theory is also strengthened by some few other facts in regard to instincts; as by that common case of closely allied, but distinct, species, when inhabiting distant parts of the world and living under considerably different conditions of life, yet often retaining nearly the same instincts. For instance, we can understand, on the principle of inheritance, how it is that the thrush of tropical South America lines its nest with mud, in the same peculiar manner as does our British thrush; how it is that the Hornbills of Africa and India have the same extraordinary instinct of plastering up and imprisoning the females in a hole in a tree, with only a small hole left in the plaster through which the males feed them and their young when hatched; how it is that the male wrens (Troglodytes) of North America, build “cock-nests,” to roost in, like the males of our Kitty-wrens,—a habit wholly unlike that of any other known bird. Finally, it may not be a logical deduction, but to my imagination it is far more satisfactory to look at such instincts as the young cuckoo ejecting its foster-brothers, ants making slaves, the larvae of ichneumonidae feeding within the live bodies of caterpillars, not as specially endowed or created instincts, but as small consequences of one general law leading to the advancement of all organic beings—namely, multiply, vary, let the strongest live and the weakest die.

 

 

Esta teoría se robustece también por algunos otros hechos relativos a los instintos, como el caso común de especies muy próximas, pero distintas, que, habitando en partes distintas del mundo y viviendo en condiciones considerablemente diferentes, conservan, sin embargo, muchas veces, casi los mismos instintos. Por ejemplo: por el principio de la herencia podemos comprender por qué es que el tordo de la región tropical de América del Sur tapiza su nido con barro, de la misma manera especial que lo hace nuestro zorzal de Inglaterra; por qué los cálaos de África y de India tienen el mismo instinto extraordinario de emparedar y aprisionar las hembras en un hueco de un árbol, dejando sólo un pequeño agujero en la pared, por el cual los machos alimentan a la hembra y a sus pequeñuelos cuando nacen; por qué las ratillas machos (Troglodytes) de América del Norte hacen nidos de macho («cock-nests»), en los cuales descansan como los machos de nuestras ratillas, costumbre completamente distinta de las de cualquier otra ave conocida. Finalmente, puede no ser una deducción lógica, pero para mi imaginación es muchísimo más satisfactorio considerar instintos, tales como el del cuclillo joven, que expulsa a sus hermanos adoptivos; el de las hormigas esclavistas; el de las larvas de icneumónidos, que se alimentan del cuerpo vivo de las orugas, no como instintos especialmente creados o fundados, sino como pequeñas consecuencias de una ley general que conduce al progreso de todos los seres orgánicos; o sea, que multiplica, transforma y deja vivir a los más fuertes y deja morir a los más débiles.

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Resumen de unos esfuerzos prodigiosos en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo cuarto de El Origen de las Especies

 

No puedo creer que el autor se tome en serio a si mismo cuando dice:

 

 

 

En este capítulo me he esforzado en mostrar brevemente que las cualidades mentales de los animales domésticos son variables, y que las variaciones son hereditarias

 

 

 

Para demostrar ambas cosas no necesitaba haber escrito una línea. Ambas han sido probadas hasta la saciedad por docenas de autores de todos los tiempos.

 

 

 

 

 

El tercer punto que ha intentado, sin embargo,  no queda tan claro:

 

 

 

Aún más brevemente, he intentado demostrar que los instintos varían ligeramente en estado natural.

 

 

 

Los instintos no varían. Las celdillas de la abeja son hexagonales y en los hormigueros, las diferentes castas de hormigas son las mismas durante cientos de generaciones.

 

 

 

El cuarto vuelve a ser obvio:

 

 

 

Nadie discutirá que los instintos son de importancia suma para todo animal.

 

 

 

Y en el quinto ya salimos de dudas:

 

 

 

 Por consiguiente, no existe dificultad real en que, cambiando las condiciones de vida, la selección natural acumule hasta cualquier grado ligeras modificaciones de instinto que sean de algún modo útiles.

 

 

 

No, no y mil veces no. Cualquier cambio se deberá a cualquier motivo o circunstancia ambiental o genética. Jamás a la Selección natural.

 

 

 

Pero seguimos jugando:

 

 

 

  1. A imitar a Lamarck, como de costumbre:

 

En muchos casos es probable que la costumbre, el uso y desuso hayan entrado en juego.

 

 

 

  1. Al juego de la falsa modestia o ambigüedad:

 

 No pretendo que los hechos citados en este capítulo robustezcan grandemente mi teoría; pero, según mi leal saber y entender, no la anula ninguno de los casos de dificultad.

 

 

 

 

 

  1. A la búsqueda de la perfección:

 

 

 

Por el contrario, el hecho de que los instintos no son siempre completamente perfectos y están sujetos a errores; de que no puede demostrarle que ningún instinto haya sido producido para bien de otros animales, aun cuando algunos animales saquen provecho del instinto de otros;

 

 

 

  1. Finalmente al engaño:

 

 

 

 de que la regla de Historia natural Natura non facit saltum es aplicable a los instintos lo mismo que a la estructura corporal, y se explica claramente según las teorías precedentes,

 

 

 

 

 

Porque Natura facit saltum.

 

 

 

 

 

Y, 5, para terminar, el dogma impuesto a la fuerza:

 

 

 

pero es inexplicable de otro modo; tiende todo ello a confirmar la teoría de la selección natural.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

454

 

SUMMARY.

 

 

 

I have endeavoured in this chapter briefly to show that the mental qualities of our domestic animals vary, and that the variations are inherited. Still more briefly I have attempted to show that instincts vary slightly in a state of nature. No one will dispute that instincts are of the highest importance to each animal. Therefore, there is no real difficulty, under changing conditions of life, in natural selection accumulating to any extent slight modifications of instinct which are in any way useful. In many cases habit or use and disuse have probably come into play. I do not pretend that the facts given in this chapter strengthen in any great degree my theory; but none of the cases of difficulty, to the best of my judgment, annihilate it. On the other hand, the fact that instincts are not always absolutely perfect and are liable to mistakes; that no instinct can be shown to have been produced for the good of other animals, though animals take advantage of the instincts of others; that the canon in natural history, of “Natura non facit saltum,” is applicable to instincts as well as to corporeal structure, and is plainly explicable on the foregoing views, but is otherwise inexplicable—all tend to corroborate the theory of natural selection.

 

 

En este capítulo me he esforzado en mostrar brevemente que las cualidades mentales de los animales domésticos son variables, y que las variaciones son hereditarias. Aún más brevemente, he intentado demostrar que los instintos varían ligeramente en estado natural. Nadie discutirá que los instintos son de importancia suma para todo animal. Por consiguiente, no existe dificultad real en que, cambiando las condiciones de vida, la selección natural acumule hasta cualquier grado ligeras modificaciones de instinto que sean de algún modo útiles. En muchos casos es probable que la costumbre, el uso y desuso hayan entrado en juego. No pretendo que los hechos citados en este capítulo robustezcan grandemente mi teoría; pero, según mi leal saber y entender, no la anula ninguno de los casos de dificultad. Por el contrario, el hecho de que los instintos no son siempre completamente perfectos y están sujetos a errores; de que no puede demostrarle que ningún instinto haya sido producido para bien de otros animales, aun cuando algunos animales saquen provecho del instinto de otros; de que la regla de Historia natural Natura non lacit saltum es aplicable a los instintos lo mismo que a la estructura corporal, y se explica claramente según las teorías precedentes, pero es inexplicable de otro modo; tiende todo ello a confirmar la teoría de la selección natural.

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Abundando en las explicaciones anteriores en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo tercero de El Origen de las Especies

Deja atónito el ver que el autor piensa que realmente ha explicado en los párrafos anteriores  el origen de los distintos tipos de obreras en las especies de hormigas consideradas. Dice ahora:

 

Pero he de confesar que, con toda mi fe en la selección natural, nunca hubiera esperado que este principio hubiese sido tan sumamente eficaz, si el caso de estos insectos neutros no me hubiese llevado a esta conclusión.

 

Pero hemos de notar que las cosas no han sido así, sino justamente al contrario. Que el autor primero había sentado su principio de la selección natural y que para defenderlo se había ido a buscar ejemplos y excepciones. Si en los instintos, comportamientos avanzados, propios de determinadas especies y por lo tanto no graduales, se veía una gran dificultad para hacer ver el cambio gradual, el autor ha hecho de la dificultad su aliada y ahora ve en donde hay inconvenientes, los principales apoyos. Pero esto es debido como bien dice a que antes que nada ha sentado su principio (con toda mi fe en la selección natural). La actitud es insólita pero todavía hay más:

  

El caso, además, es interesantísimo, porque prueba que en los animales, lo mismo que en las plantas, puede realizarse cualquier grado de modificación por la acumulación de numerosas variaciones espontáneas pequeñas que sean de cualquier modo útiles, sin que haya entrado en juego el ejercicio o costumbre; pues las costumbres peculiares, limitadas a los obreras o hembras estériles, por mucho tiempo que puedan haber sido practicadas, nunca pudieron afectar a los machos y a las hembras fecundas, que son los únicos que dejan descendientes. Me sorprende que nadie, hasta ahora, haya presentado este caso tan

 

En primer lugar el caso no prueba, como indica el autor que

 

puede realizarse cualquier grado de modificación por la acumulación de numerosas variaciones espontáneas pequeñas que sean de cualquier modo útiles,

 

Aun habiendo probado un caso, que no lo ha probado, esto no probaría que pudiese realizarse cualquier grado de modificación.

 

En segundo lugar, nada importa que los machos y las hembras fecundas sean los únicos que dejan descendientes. Cualquier cambio en las obreras, puede afectar dentro del hormiguero tanto a obreras como a machos y a hembras y si surge una ventaja puntual, mantenerse. Pero no por acción de la selección natural, sino porque sí, porque los cambios en las poblaciones ocurren y algunos tienen lugar en consecuencia a cambios ambientales (adaptación). Ahora bien esto ni puede generalizarse, ni es debido a la selección natural, ni finalmente pero no menos importante, tiene necesariamente que ver con la especiación

 

 

 

 

 

453

I have now explained how, I believe, the wonderful fact of two distinctly defined castes of sterile workers existing in the same nest, both widely different from each other and from their parents, has originated. We can see how useful their production may have been to a social community of ants, on the same principle that the division of labour is useful to civilised man. Ants, however, work by inherited instincts and by inherited organs or tools, while man works by acquired knowledge and manufactured instruments. But I must confess, that, with all my faith in natural selection, I should never have anticipated that this principle could have been efficient in so high a degree, had not the case of these neuter insects led me to this conclusion. I have, therefore, discussed this case, at some little but wholly insufficient length, in order to show the power of natural selection, and likewise because this is by far the most serious special difficulty which my theory has encountered. The case, also, is very interesting, as it proves that with animals, as with plants, any amount of modification may be effected by the accumulation of numerous, slight, spontaneous variations, which are in any way profitable, without exercise or habit having been brought into play. For peculiar habits, confined to the workers of sterile females, however long they might be followed, could not possibly affect the males and fertile females, which alone leave descendants. I am surprised that no one has advanced this demonstrative case of neuter insects, against the well-known doctrine of inherited habit, as advanced by Lamarck.

 

Acabo de explicar cómo, a mi parecer, se ha originado el asombroso hecho de que existan en el mismo hormiguero dos castas claramente definidas de obreras estériles, que difieren, no sólo entre sí, sino también de sus padres. Podemos ver lo útil que debe haber sido su producción para una comunidad social de hormigas, por la misma razón que la división del trabajo es útil al hombre civilizado. Las hormigas, sin embargo, trabajan mediante instintos heredados y mediante órganos o herramientas heredados, mientras que el hombre trabaja mediante conocimientos adquiridos e instrumentos manufacturados. Pero he de confesar que, con toda mi fe en la selección natural, nunca hubiera esperado que este principio hubiese sido tan sumamente eficaz, si el caso de estos insectos neutros no me hubiese llevado a esta conclusión. Por este motivo he discutido este caso con un poco de extensión, aunque por completo insuficiente, a fin de mostrar el poder de la selección natural, y también porque ésta es, con mucho, la dificultad especial más grave que he encontrado en mi teoría. El caso, además, es interesantísimo, porque prueba que en los animales, lo mismo que en las plantas, puede realizarse cualquier grado de modificación por la acumulación de numerosas variaciones espontáneas pequeñas que sean de cualquier modo útiles, sin que haya entrado en juego el ejercicio o costumbre; pues las costumbres peculiares, limitadas a los obreras o hembras estériles, por mucho tiempo que puedan haber sido practicadas, nunca pudieron afectar a los machos y a las hembras fecundas, que son los únicos que dejan descendientes. Me sorprende que nadie, hasta ahora, haya presentado este caso tan demostrativo de los insectos neutros en contra de la famosa doctrina de las costumbres heredadas, según la ha propuesto Lamarck.

 

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Casos que no hay que discutir en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo segundo de El Origen de las Especies

Como mejor se explica la acción de la selección natural es en estos ejemplos. Se dice el nombre del autor, a ser posible un amigo (Mr. Wallace, Frizt Müller ), el de las especies implicadas se sustituye por alguna generalidad (ciertas mariposas del Archipiélago Malayo, ciertos crustáceos del Brasil,….) y con un detalle acerca de sus tipos (regularly appearing under two or even three distinct female forms, likewise appearing under two widely distinct male forms) queda todo bien explicado. Como de costumbre,  a favor de la selección natural. Si los casos precedentes habían sembrado las dudas, aquí todas se han resuelto. Nuestras dificultades se esfuman.

 

 

452

An analogous explanation has been given by Mr. Wallace, of the equally complex case, of certain Malayan butterflies regularly appearing under two or even three distinct female forms; and by Fritz Muller, of certain Brazilian crustaceans likewise appearing under two widely distinct male forms. But this subject need not here be discussed.

 

Míster Wallace ha dado una explicación análoga del caso, igualmente complicado, de ciertas mariposas del Archipiélago Malayo que aparecen normalmente con dos, y aun tres, formas distintas de hembra, y Frizt Müller, del de ciertos crustáceos del Brasil que se presentan también con dos formas muy distintas de macho. Pero este asunto no necesita ser discutido aquí.

 

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Más creencias en el párrafo cuadrigentésimo quincuagésimo primero de El Origen de las Especies

El párrafo se explica por sí solo. En presencia de cualesquiera hechos, de cualquier tipo de variación, todo será debido a la selección natural.

 

 

 

451

With these facts before me, I believe that natural selection, by acting on the fertile ants or parents, could form a species which should regularly produce neuters, all of large size with one form of jaw, or all of small size with widely different jaws; or lastly, and this is the greatest difficulty, one set of workers of one size and structure, and simultaneously another set of workers of a different size and structure; a graduated series having first been formed, as in the case of the driver ant, and then the extreme forms having been produced in greater and greater numbers, through the survival of the parents which generated them, until none with an intermediate structure were produced.

 

En presencia de estos hechos, creo yo que la selección natural, obrando sobre las hormigas fecundas o padres, pudo formar una especie que produjese normalmente neutras de tamaño grande con una sola forma de mandíbulas, o todas de tamaño pequeño con mandíbulas muy diferentes, o, por último, y ésta es la mayor dificultad, una clase de obreras de un tamaño y conformación y, simultáneamente, otra clase de obreras de tamaño y conformación diferentes, habiéndose formado primero una serie gradual, como en el caso de la hormiga cazadora, y habiéndose producido entonces las formas extremas, en número cada vez mayor, por la supervivencia de los padres que las engendraron, hasta que no se produjese ya ninguna de la conformación intermedia.

 

 

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Obreras estériles: Otra dificultad en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo quinto de El Origen de las Especies

Hagamos como proponíamos al comentar el párrafo anterior: Olvidémonos de la dificultad. Quedémonos sólo con la teoría. Dice el autor:

 

puede demostrarse que algunos insectos y otros animales articulados, en estado natural, resultan accidentalmente estériles; y si estos insectos hubiesen sido sociables, y si hubiese sido útil para la sociedad el que cada año hubiese nacido un cierto número, capaces de trabajar pero incapaces de procrear, yo no sé ver dificultad alguna especial en que esto se hubiese efectuado por selección natural.

 

Pero observen que la frase encierra una trampa, un engaño, pues al empezar por

 

puede demostrarse que

Y terminar por

 

que esto se hubiese efectuado por selección natural.

 

Lleva al lector a pensar que el autor haya podido demostrar nada en relación con la selección natural. Pero cuando uno lee despacio la frase entera se da cuenta de que no. Jamás, ni el autor en toda su obra, ni nadie, puede demostrar ningún cambio en la naturaleza debido a la Selección Natural. Siempre habrá otra causa distinta (y más real).

 

 

 

 

 

 

 

445

The subject well deserves to be discussed at great length, but I will here take only a single case, that of working or sterile ants. How the workers have been rendered sterile is a difficulty; but not much greater than that of any other striking modification of structure; for it can be shown that some insects and other articulate animals in a state of nature occasionally become sterile; and if such insects had been social, and it had been profitable to the community that a number should have been annually born capable of work, but incapable of procreation, I can see no especial difficulty in this having been effected through natural selection. But I must pass over this preliminary difficulty. The great difficulty lies in the working ants differing widely from both the males and the fertile females in structure, as in the shape of the thorax, and in being destitute of wings and sometimes of eyes, and in instinct. As far as instinct alone is concerned, the wonderful difference in this respect between the workers and the perfect females would have been better exemplified by the hive-bee. If a working ant or other neuter insect had been an ordinary animal, I should have unhesitatingly assumed that all its characters had been slowly acquired through natural selection; namely, by individuals having been born with slight profitable modifications, which were inherited by the offspring, and that these again varied and again were selected, and so onwards. But with the working ant we have an insect differing greatly from its parents, yet absolutely sterile; so that it could never have transmitted successively acquired modifications of structure or instinct to its progeny. It may well be asked how it is possible to reconcile this case with the theory of natural selection?

 

 

El asunto merece ser discutido con gran extensión pero tomaré aquí nada más que un solo caso: el de las hormigas obreras estériles. De qué modo las obreras se han vuelto estériles, constituye una dificultad; pero no mucho mayor que la de cualquier otra modificación notable de conformación, pues puede demostrarse que algunos insectos y otros animales articulados, en estado natural, resultan accidentalmente estériles; y si estos insectos hubiesen sido sociables, y si hubiese sido útil para la sociedad el que cada año hubiese nacido un cierto número, capaces de trabajar pero incapaces de procrear, yo no sé ver dificultad alguna especial en que esto se hubiese efectuado por selección natural. Pero he de pasar por alto esta dificultad preliminar. La gran dificultad estriba en que las hormigas obreras difieren mucho de los machos y de las hembras fecundas en su conformación, como en la forma del tórax, en estar desprovistas de alas y a veces de ojos, y en el instinto. Por lo que se refiere sólo al instinto, la abeja común hubiese sido un ejemplo mejor de la maravillosa diferencia, en este particular, entre las obreras y las hembras perfectas. Si una hormiga obrera u otro insecto neutro hubiese sido un animal ordinario, habría yo admitido sin titubeo que todos sus caracteres habían sido adquiridos lentamente por selección natural, o sea, por haber nacido individuos con ligeras modificaciones útiles, que fueron heredadas por los descendientes, y que éstos, a su vez, variaron y fueron seleccionados, y así sucesivamente. Pero en la hormiga obrera tenemos un instinto que difiere mucho del de sus padres, aun cuando es completamente estéril; de modo que nunca pudo haber transmitido a sus descendientes modificaciones de estructura o instinto adquiridas sucesivamente. Puede muy bien preguntarse cómo es posible conciliar este caso con la teoría de la selección natural.

 

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Constantes oposiciones y dificultades para una teoría que no lo es en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo cuarto de El Origen de las Especies

 

Este párrafo muestra claramente una de las estrategias del autor: Presenta una serie tan amplia de dificultades de complejidad tan elevada que por fuerza, esto debe servir para mantener en pie a su teoría. El problema es que si damos la vuelta a su razonamiento, es decir, nos olvidamos de toda dificultad para responder a la pregunta ¿En qué consiste la Teoría? Entonces vemos que no hay tal teoría. Eliminadas las dificultades, el libro queda reducido a una serie de anécdotas, una visión parcial, sectaria y maltusiana de la naturaleza y poco más.

 

 

 

 

444

No doubt many instincts of very difficult explanation could be opposed to the theory of natural selection—cases, in which we cannot see how an instinct could have originated; cases, in which no intermediate gradations are known to exist; cases of instincts of such trifling importance, that they could hardly have been acted on by natural selection; cases of instincts almost identically the same in animals so remote in the scale of nature that we cannot account for their similarity by inheritance from a common progenitor, and consequently must believe that they were independently acquired through natural selection. I will not here enter on these several cases, but will confine myself to one special difficulty, which at first appeared to me insuperable, and actually fatal to the whole theory. I allude to the neuters or sterile females in insect communities: for these neuters often differ widely in instinct and in structure from both the males and fertile females, and yet, from being sterile, they cannot propagate their kind.

 

Indudablemente podrían oponerse a la teoría de la selección natural muchos instintos de explicación dificilísima: casos en los cuales no podemos comprender cómo se pudo haber originado un instinto; casos en que no se sabe que existan gradaciones intermedias; casos de instintos de importancia tan insignificante, que la selección natural apenas pudo haber obrado sobre ellos; casos de instintos casi idénticos en animales tan distantes en la escala de la naturaleza, que no podemos explicar su semejanza por herencia de un antepasado común, y que, por consiguiente, hemos de creer que fueron adquiridos independientemente por selección natural. No entraré aquí en estos varios casos, y me limitaré a una dificultad especial, que al principio me pareció insuperable y realmente fatal para toda la teoría. Me refiero a las hembras neutras o estériles de las sociedades de los insectos, pues estas neutras, frecuentemente, difieren mucho en instintos y conformación, tanto de los machos como de las hembras fecundas, y, sin embargo, por ser estériles no pueden propagar su clase.

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Se han hecho algunas objeciones en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo tercero de El Origen de las Especies

 

No nos indica el autor quién ha sido el que ha hecho la objeción tan razonable, es decir:

 

«las variaciones de estructura y de instinto tienen que haber sido simultáneas y exactamente acopladas entre sí,

 

Tampoco argumenta en contra de dicha objeción, sino al contrario, indica que su fuerza descansa por completo en la admisión de que los cambios en los instintos y conformación son bruscos. Pero esto no es exactamente así. Bruscos o no,  los cambios han de producirse simultáneamente y de manera acoplada. Nadie dice (y mucho menos prueba) que haya de ocurrir nada de manera brusca. Sea como fuere, brusca, suave, súbita o paulatinamente, los cambios, tiene razón quien hace la objeción, han de producirse simultáneamente.

 

Ante esta situación, el autor vuelve por sus fueros:

 

 

¿qué especial dificultad habría en que la selección natural conservase todas las ligeras variaciones individuales en la forma del pico que fuesen o que estuviesen mejor adaptadas para abrir las simientes hasta que se formasen un pico tan bien conformado para este fin como el del trepatroncos, al mismo tiempo que la costumbre, o la necesidad, o la variación espontánea del gusto llevasen al ave a hacerse cada vez más granívora?

 

Especial dificultad, ninguna. O mejor dicho dos:

 

  1. En Ciencia no se suelen admitir como válidas o ciertas todas aquellas ideas para las cuales no se ve especial dificultad. La selección Natural quedaría por tanto descartada.
  2. Si es cierto, como indica el autor que las ligeras variaciones se van conservando. Queda por demostrar que esto ocurra en paralelo con el cambio de especie. Una vez demostrado no parece conveniente llamar a esto Selección Natural. Sería mezclar el caso con otros completamente diferentes y generar confusión. Pero atención! Antes de nada hay que demostrar que los cambios indicados ocurren con el cambio de especie y demostrarlo no significa decir que no sea imposible.

 

 

 

 

443

OBJECTIONS TO THE THEORY OF NATURAL SELECTION AS APPLIED TO INSTINCTS: NEUTER AND STERILE INSECTS.

 

It has been objected to the foregoing view of the origin of instincts that “the variations of structure and of instinct must have been simultaneous and accurately adjusted to each other, as a modification in the one without an immediate corresponding change in the other would have been fatal.” The force of this objection rests entirely on the assumption that the changes in the instincts and structure are abrupt. To take as an illustration the case of the larger titmouse, (Parus major) alluded to in a previous chapter; this bird often holds the seeds of the yew between its feet on a branch, and hammers with its beak till it gets at the kernel. Now what special difficulty would there be in natural selection preserving all the slight individual variations in the shape of the beak, which were better and better adapted to break open the seeds, until a beak was formed, as well constructed for this purpose as that of the nuthatch, at the same time that habit, or compulsion, or spontaneous variations of taste, led the bird to become more and more of a seed-eater? In this case the beak is supposed to be slowly modified by natural selection, subsequently to, but in accordance with, slowly changing habits or taste; but let the feet of the titmouse vary and grow larger from correlation with the beak, or from any other unknown cause, and it is not improbable that such larger feet would lead the bird to climb more and more until it acquired the remarkable climbing instinct and power of the nuthatch. In this case a gradual change of structure is supposed to lead to changed instinctive habits. To take one more case: few instincts are more remarkable than that which leads the swift of the Eastern Islands to make its nest wholly of inspissated saliva. Some birds build their nests of mud, believed to be moistened with saliva; and one of the swifts of North America makes its nest (as I have seen) of sticks agglutinated with saliva, and even with flakes of this substance. Is it then very improbable that the natural selection of individual swifts, which secreted more and more saliva, should at last produce a species with instincts leading it to neglect other materials and to make its nest exclusively of inspissated saliva? And so in other cases. It must, however, be admitted that in many instances we cannot conjecture whether it was instinct or structure which first varied.

 

A la opinión precedente sobre el origen de los instintos se ha hecho la objeción de que «las variaciones de estructura y de instinto tienen que haber sido simultáneas y exactamente acopladas entre sí, pues una modificación en aquélla sin el correspondiente cambio inmediato en éste, hubiese sido fatal. La fuerza de esta objeción descansa por completo en la admisión de que los cambios en los instintos y conformación son bruscos. Tomemos como ejemplo el caso del carbonero (Parus major), al que se ha hecho alusión en un capitulo precedente; esta ave, muchas veces, estando en una rama, sujeta entre sus patas las simientes del tejo y las golpea con el pico, hasta que llega al núcleo. Ahora bien; ¿qué especial dificultad habría en que la selección natural conservase todas las ligeras variaciones individuales en la forma del pico que fuesen o que estuviesen mejor adaptadas para abrir las simientes hasta que se formasen un pico tan bien conformado para este fin como el del trepatroncos, al mismo tiempo que la costumbre, o la necesidad, o la variación espontánea del gusto llevasen al ave a hacerse cada vez más granívora? En este caso, se supone que el pico se modifica lentamente por selección natural, después de lentos cambios de costumbres o gustos, y de acuerdo con ellos; pero dejemos que los pies del carbonero varíen y se hagan mayores por correlación con el pico, o por alguna otra causa desconocida, y no es imposible que estos pies mayores lleven al ave a trepar cada vez más, hasta que adquiera el instinto y la facultad de trepar tan notables del trepatroncos. En este caso, se supone que un cambio gradual de conformación lleva al cambio de costumbres instintivas. Tomemos otro ejemplo: pocos instintos son tan notables como el que lleva a la salangana a hacer su nido por completo de saliva condensada. Algunas aves construyen sus nidos de barro, que se cree que está humedecido con saliva, y una de las golondrinas de América del Norte hace su nido, según he visto, de tronquitos aglutinados con saliva, y hasta con plaquitas formadas de esta substancia. ¿Es, pues, muy improbable que la selección natural de aquellos individuos que segregasen cada vez más saliva produjese al fin una especie con instintos que la llevasen a despreciar otros materiales y a hacer sus nidos exclusivamente de saliva condensada? Y lo mismo en otros casos. Hay que admitir, sin embargo, que en muchos no podemos conjeturar si fue el instinto o la conformación lo que primero varió.

Lectura aconsejada:

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Lo que las abejas no sabían en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo segundo de El Origen de las Especies

 

La selección natural ha llevado paulatinamente a las abejas a describir esferas iguales a una distancia mutua dada,

Esto es, de nuevo, consecuencia de la creencia del autor, quien tiene una fe ciega en la Selección Natural que, según nos dice:

 

ha llevado paulatinamente a las abejas a describir esferas iguales a una distancia mutua dada,

 

El resto, es decir,  lo poco que puede haber de sensible en el párrafo es,  como de costumbre, obra de Jean Baptiste de Lamarck.

 

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Thus, as I believe, the most wonderful of all known instincts, that of the hive-bee, can be explained by natural selection having taken advantage of numerous, successive, slight modifications of simpler instincts; natural selection having, by slow degrees, more and more perfectly led the bees to sweep equal spheres at a given distance from each other in a double layer, and to build up and excavate the wax along the planes of intersection. The bees, of course, no more knowing that they swept their spheres at one particular distance from each other, than they know what are the several angles of the hexagonal prisms and of the basal rhombic plates; the motive power of the process of natural selection having been the construction of cells of due strength and of the proper size and shape for the larvae, this being effected with the greatest possible economy of labour and wax; that individual swarm which thus made the best cells with least labour, and least waste of honey in the secretion of wax, having succeeded best, and having transmitted their newly-acquired economical instincts to new swarms, which in their turn will have had the best chance of succeeding in the struggle for existence.

 

De este modo, a mi parecer, el más maravilloso de todos los instintos conocidos el de la abeja común, puede explicarse porque la selección natural ha sacado provecho de numerosas modificaciones pequeñas y sucesivas de instintos sencillos; porque la selección natural ha llevado paulatinamente a las abejas a describir esferas iguales a una distancia mutua dada, dispuestas en dos capas, y a construir y excavar la cera en los planos de intersección de un modo cada vez más perfecto: las abejas, evidentemente, no sabían que describían sus esferas a una distancia mutua particular, más de lo que saben ahora como son los diferentes ángulos de los prismas hexagonales y de las placas rómbicas basales; pues la fuerza propulsora del proceso de selección natural fue la construcción de celdillas de la debida solidez y del tamaño y forma adecuados para las larvas, realizado esto con la mayor economía posible del tamaño y cera. Aquellos enjambres que hicieron de este modo las mejores celdillas con el menor trabajo y el menor gasto de miel para la secreción de cera, tuvieron el mejor éxito y transmitieron sus instintos nuevamente adquiridos a nuevos enjambres, los cuales, a su vez, habrán tenido las mayores probabilidades de buen éxito en la lucha por la existencia.

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