‘OSMNS Chapter 8’

Partir del dogma en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo primero de El Origen de las Especies

Aquí viene a concluir el autor sus experiencias tan mediocremente relatadas en párrafos anteriores sobre la técnica de edificación de un panal.  Como vemos, su método es anti-científico y en lugar de exponer ordenadamente las conclusiones de sus observaciones, lo que hace es, en primer lugar, volver con sus prejuicios, con sus preconceptos de su teoría, poniéndolos por delante para intentar explicar todo en base a ellos.

 

 

441

As natural selection acts only by the accumulation of slight modifications of structure or instinct, each profitable to the individual under its conditions of life, it may reasonably be asked, how a long and graduated succession of modified architectural instincts, all tending towards the present perfect plan of construction, could have profited the progenitors of the hive-bee? I think the answer is not difficult: cells constructed like those of the bee or the wasp gain in strength, and save much in labour and space, and in the materials of which they are constructed. With respect to the formation of wax, it is known that bees are often hard pressed to get sufficient nectar; and I am informed by Mr. Tegetmeier that it has been experimentally proved that from twelve to fifteen pounds of dry sugar are consumed by a hive of bees for the secretion of a pound of wax; so that a prodigious quantity of fluid nectar must be collected and consumed by the bees in a hive for the secretion of the wax necessary for the construction of their combs. Moreover, many bees have to remain idle for many days during the process of secretion. A large store of honey is indispensable to support a large stock of bees during the winter; and the security of the hive is known mainly to depend on a large number of bees being supported. Hence the saving of wax by largely saving honey, and the time consumed in collecting the honey, must be an important element of success any family of bees. Of course the success of the species may be dependent on the number of its enemies, or parasites, or on quite distinct causes, and so be altogether independent of the quantity of honey which the bees can collect. But let us suppose that this latter circumstance determined, as it probably often has determined, whether a bee allied to our humble-bees could exist in large numbers in any country; and let us further suppose that the community lived through the winter, and consequently required a store of honey: there can in this case be no doubt that it would be an advantage to our imaginary humble-bee if a slight modification of her instincts led her to make her waxen cells near together, so as to intersect a little; for a wall in common even to two adjoining cells would save some little labour and wax. Hence, it would continually be more and more advantageous to our humble-bees, if they were to make their cells more and more regular, nearer together, and aggregated into a mass, like the cells of the Melipona; for in this case a large part of the bounding surface of each cell would serve to bound the adjoining cells, and much labour and wax would be saved. Again, from the same cause, it would be advantageous to the Melipona, if she were to make her cells closer together, and more regular in every way than at present; for then, as we have seen, the spherical surfaces would wholly disappear and be replaced by plane surfaces; and the Melipona would make a comb as perfect as that of the hive-bee. Beyond this stage of perfection in architecture, natural selection could not lead; for the comb of the hive-bee, as far as we can see, is absolutely perfect in economising labour and wax.

 

Como la selección natural obra solamente por acumulación de pequeñas modificaciones de estructura o de instinto, útil cada una de ellas al individuo en ciertas condiciones de vida, puede razonablemente preguntarse: ¿Cómo pudo haber aprovechado a los antepasados de la abeja común una larga sucesión gradual de modificaciones del instinto arquitectónico tendiendo todas hacia el presente plan perfecto de construcción? Creo que la respuesta no es difícil: las celdillas construidas como las de la abeja o las de la avispa ganan en resistencia y economizan mucho el trabajo y espacio y los materiales de que están construidas. Por lo que se refiere a la formación de cera, es sabido que las abejas, con frecuencia, están muy apuradas para conseguir el néctar suficiente, y míster Tegetmeier me informa que se ha probado experimentalmente que las abejas de una colmena consumen de doce a quince libras de azúcar seco para la producción de una libra de cera, de modo que las abejas de una colmena tienen que recolectar y consumir una cantidad asombrosa de néctar líquido para la secreción de la cera necesaria para la construcción de sus panales. Además, muchas abejas tienen que quedar ociosas varios días durante el proceso de secreción. Una gran provisión de miel es indispensable para mantener un gran número de abejas durante el invierno, y es sabido que la seguridad de la comunidad depende principalmente de que se mantengan un gran número de abejas. Por consiguiente, el ahorro de cera, por ahorrar mucha miel y tiempo empleado en recolectarla, ha de ser un elemento importante del buen éxito para toda familia de abejas. Naturalmente, el éxito de la especie puede depender del número de sus enemigos o parásitos, o de causas por completo distintas, y así ser totalmente independiente de la cantidad de miel que puedan reunir las abejas. Pero supongamos que esta última circunstancia determinó -como es probable que muchas veces lo haya determinado- el que un himenóptero afín de nuestros abejorros pudiese existir en gran número en un país, y supongamos, además, que la comunidad viviese durante el invierno y, por consiguiente, necesitase una provisión de miel; en este caso, es indudable que sería una ventaja para nuestro abejorro imaginario el que una ligera modificación en sus instintos lo llevase a hacer sus celdillas de cera unas próximas a otras, de modo que se entrecortasen un poco; pues una pared común, aun sólo para dos celdillas contiguas, ahorraría un poco de trabajo y cera. Por consiguiente, sería cada vez más ventajoso para nuestro abejorro el que hiciese sus celdillas cada vez más regulares, más cerca unas de otras, y agregadas formando una masa, como las de Melipona; pues, en este caso, una gran parte de la superficie limitante de cada celdilla serviría para limitar las contiguas, y se economizaría mucho trabajo y cera. Además, por la misma causa, sería ventajoso para Melipona el que hiciese sus celdillas más juntas y más regulares por todos conceptos que las hace al presente; pues, como hemos visto, las superficies esféricas desaparecerían por completo y serían reemplazadas por superficies planas, y la Melipona haría un panal tan perfecto como el de la abeja común. La selección natural no pudo llegar más allá de este estado de perfección arquitectónica; pues el panal de la abeja, hasta donde nosotros podemos juzgar, es absolutamente perfecto por lo que se refiere a economizar trabajo y cera.

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El autor confunde el hexágono con un prisma en el párrafo cuadrigentésimo cuadragésimo de El Origen de las Especies

El autor confunde hexágono con prisma hexagonal. Cuando dice:

 

in this case the bees can lay the foundations of one wall of a new hexagon, in its strictly proper place, projecting beyond the other completed cells.

 

(en este caso las abejas pueden poner los comienzos de una pared de un nuevo hexágono en su lugar preciso, proyectándose más allá de las otras celdillas completas.)

 

Está  equivocado. Los hexágonos son figuras geométricas planas y no tienen paredes. La pared a la que se refiere debe pertenecer a un prisma de base hexagonal.

La explicación se vuelve luego confusa. Debe ser de nuevo porque el autor no tiene espacio:

 

but I have not space here to enter on this subject.

 

Y es la enésima vez que el autor se queja de esta carencia, mientras que, por otra parte inunda el texto con largos  párrafos  de descripciones interminables de cosas que no vienen a cuento o repeticiones demostrando lo contrario de lo que dice, es decir que dispuso de todo el tiempo que consideró conveniente. Lo que no sabemos es para qué necesitaba tanto tiempo ni tanto espacio.

 

 

 

 

 

 

 

 

440

When bees have a place on which they can stand in their proper positions for working—for instance, on a slip of wood, placed directly under the middle of a comb growing downwards, so that the comb has to be built over one face of the slip—in this case the bees can lay the foundations of one wall of a new hexagon, in its strictly proper place, projecting beyond the other completed cells. It suffices that the bees should be enabled to stand at their proper relative distances from each other and from the walls of the last completed cells, and then, by striking imaginary spheres, they can build up a wall intermediate between two adjoining spheres; but, as far as I have seen, they never gnaw away and finish off the angles of a cell till a large part both of that cell and of the adjoining cells has been built. This capacity in bees of laying down under certain circumstances a rough wall in its proper place between two just-commenced cells, is important, as it bears on a fact, which seems at first subversive of the foregoing theory; namely, that the cells on the extreme margin of wasp-combs are sometimes strictly hexagonal; but I have not space here to enter on this subject. Nor does there seem to me any great difficulty in a single insect (as in the case of a queen-wasp) making hexagonal cells, if she were to work alternately on the inside and outside of two or three cells commenced at the same time, always standing at the proper relative distance from the parts of the cells just begun, sweeping spheres or cylinders, and building up intermediate planes.

 

Cuando las abejas tienen lugar en el cual pueden estar en la posición adecuada para trabajar -por ejemplo, un listón de madera colocado directamente debajo del medio de un panal que vaya creciendo hacia abajo, de manera que el panal tenga que ser construido sobre una de las caras del listón-, en este caso las abejas pueden poner los comienzos de una pared de un nuevo hexágono en su lugar preciso, proyectándose más allá de las otras celdillas completas. Es suficiente que las abejas puedan estar colocadas a las debidas distancias relativas, unas de otras, y respecto de las paredes de las últimas celdillas completas y, entonces, mediante sorprendentes esferas imaginarias, pueden construir una pared intermediaria entre dos esferas contiguas; pero, por lo que he podido ver, nunca muerden ni rematan los ángulos de la celdilla hasta que ha sido construida una gran parte, tanto de esta celdilla como de las contiguas. Esta facultad de las abejas de construir en ciertas circunstancias una pared tosca, en su lugar debido, entre las celdillas recién comenzadas, es importante, pues se relaciona con un hecho que parece, al pronto, destruir la teoría precedente, o sea, con el hecho de que las celdillas del margen de los avisperos son rigurosamente hexagonales; pero no tengo aquí espacio para entrar en este asunto. Tampoco me parece una gran dificultad el que un solo insecto -como ocurre con la avispa reina- haga celdillas hexagonales si trabajase alternativamente por dentro y por fuera de dos o tres celdillas empezadas a un mismo tiempo, estando siempre a la debida distancia relativa de las partes de las celdillas recién comenzadas, describiendo esferas o cilindros y construyendo planos intermediarios.

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Observaciones compatibles con una teoría del autor en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo séptimo de El Origen de las Especies

No se entiende muy bien la finalidad que tiene el autor en sus experimentos y observaciones en los panales. En este párrafo parece contradecir en algo la opinión de Huber, más no explica muy bien en qué. Al final dice:

 Algunas de estas observaciones difieren de las hechas por Francisco Huber, tan justamente celebrado; pero estoy convencido de su exactitud, y si tuviese espacio demostraría que son compatibles con mi teoría.

 

Y es ya van unas cuantas veces en las que que este prolífico autor se queja en su obra de falta de espacio. Mi impresión es la contraria:  El autor contó con demasiado espacio para lo poco que tenía que contar.

 

 

 

 

437

From the experiment of the ridge of vermilion wax we can see that, if the bees were to build for themselves a thin wall of wax, they could make their cells of the proper shape, by standing at the proper distance from each other, by excavating at the same rate, and by endeavouring to make equal spherical hollows, but never allowing the spheres to break into each other. Now bees, as may be clearly seen by examining the edge of a growing comb, do make a rough, circumferential wall or rim all round the comb; and they gnaw this away from the opposite sides, always working circularly as they deepen each cell. They do not make the whole three-sided pyramidal base of any one cell at the same time, but only that one rhombic plate which stands on the extreme growing margin, or the two plates, as the case may be; and they never complete the upper edges of the rhombic plates, until the hexagonal walls are commenced. Some of these statements differ from those made by the justly celebrated elder Huber, but I am convinced of their accuracy; and if I had space, I could show that they are conformable with my theory.

 

Por el experimento de la lámina de cera con bermellón podemos ver que, si las abejas pudiesen construir por sí mismas una pared delgada de cera, podrían hacer sus celdas de la forma debida, colocándose a la distancia conveniente unas de otras, excavando con igual velocidad y esforzándose en hacer cavidades esféricas iguales, pero sin permitir nunca que las esferas llegasen unas a otras, produciéndose agujeros. Ahora bien; las abejas, como puede verse claramente examinando el borde de un panal en construcción, hacen una tosca pared o reborde circular todo alrededor del panal, y lo muerden por los dos lados, trabajando siempre circularmente al ahondar cada celdilla. No hacen de una vez toda la base piramidal de tres lados de cada celdilla, sino solamente la laminilla o las dos laminillas rómbicas que están en el borde de crecimiento del panal, y nunca completan los bordes superiores de las placas rómbicas hasta que han empezado las paredes hexagonales. Algunas de estas observaciones difieren de las hechas por Francisco Huber, tan justamente celebrado; pero estoy convencido de su exactitud, y si tuviese espacio demostraría que son compatibles con mi teoría.

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El autor hace trabajar a las abejas en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo sexto de El Origen de las Especies

El autor ha puesto una lámina de cera en un panal para ver cómo trabajan las abejas. En estos párrafos relata los  detalles de este experimento. Como les decía en el párrafo anterior no creo que merezca muchos comentarios.

 

 

436

Considering how flexible thin wax is, I do not see that there is any difficulty in the bees, whilst at work on the two sides of a strip of wax, perceiving when they have gnawed the wax away to the proper thinness, and then stopping their work. In ordinary combs it has appeared to me that the bees do not always succeed in working at exactly the same rate from the opposite sides; for I have noticed half-completed rhombs at the base of a just-commenced cell, which were slightly concave on one side, where I suppose that the bees had excavated too quickly, and convex on the opposed side where the bees had worked less quickly. In one well-marked instance, I put the comb back into the hive, and allowed the bees to go on working for a short time, and again examined the cell, and I found that the rhombic plate had been completed, and had become PERFECTLY FLAT: it was absolutely impossible, from the extreme thinness of the little plate, that they could have effected this by gnawing away the convex side; and I suspect that the bees in such cases stand in the opposed cells and push and bend the ductile and warm wax (which as I have tried is easily done) into its proper intermediate plane, and thus flatten it.

 

Considerando lo flexible que es la cera delgada, no veo que exista dificultad alguna en que las abejas, cuando trabajan en los dos lados de una tira de cera, noten cuándo han mordido la cera, hasta dejarla de la delgadez adecuada, y paren entonces su labor. En los panales ordinarios me ha parecido que las abejas no siempre consiguen trabajar exactamente con la misma velocidad por los dos lados, pues he observado en la base de una celdilla recién empezada rombos medio completos, que eran, ligeramente cóncavos por uno de los lados, donde supongo que las abejas habían excavado con demasiada rapidez, y convexos por el lado opuesto, donde las abejas habían trabajado menos rápidamente. En un caso bien notorio volví a colocar el panal en la colmena, y permití a las abejas ir a trabajar durante un corto tiempo, y, examinando la celdilla, encontré que la laminilla rómbica había sido completada y quedado perfectamente plana; era absolutamente imposible, por la extrema delgadez de la plaquita que las abejas pudiesen haber efectuado esto mordisqueando el lado convexo, y sospecho que, en estos casos, las abejas están en lados opuestos y empujan y vencen la cera, dúctil y caliente -lo cual, como he comprobado, es fácil de hacer, hasta colocarla en su verdadero plano intermedio, y de este modo la igualan.

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Hay una teoría que puede ser comprobada experimentalmente en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo cuarto de El Origen de las Especies

Terminaba el párrafo anterior con una frase memorable que es la siguiente:

 

Mediante estas modificaciones de instintos, que en sí mismos no son maravillosos -apenas más que los que llevan a un ave a hacer su nido-, creo yo que la abeja común ha adquirido por selección natural su inimitable facultad arquitectónica.

 

Pues bien, en los que siguen el autor se va a afanar en la tarea imposible de demostrar esto que es un disparate.

 

 

 

 

 

434

But this theory can be tested by experiment. Following the example of Mr. Tegetmeier, I separated two combs, and put between them a long, thick, rectangular strip of wax: the bees instantly began to excavate minute circular pits in it; and as they deepened these little pits, they made them wider and wider until they were converted into shallow basins, appearing to the eye perfectly true or parts of a sphere, and of about the diameter of a cell. It was most interesting to observe that, wherever several bees had begun to excavate these basins near together, they had begun their work at such a distance from each other that by the time the basins had acquired the above stated width (i.e. about the width of an ordinary cell), and were in depth about one sixth of the diameter of the sphere of which they formed a part, the rims of the basins intersected or broke into each other. As soon as this occurred, the bees ceased to excavate, and began to build up flat walls of wax on the lines of intersection between the basins, so that each hexagonal prism was built upon the scalloped edge of a smooth basin, instead of on the straight edges of a three-sided pyramid as in the case of ordinary cells.

 

Pero esta teoría puede comprobarse experimentalmente. Siguiendo el ejemplo de míster Tegetmeier, separé dos panales y puse entre ellos una tira rectangular de cera larga y gruesa; las abejas inmediatamente empezaron a excavar en ella pequeñas fosetas circulares; y a medida que profundizaban estas losetas; las hacían cada vez más anchas, hasta que se convirtieron en depresiones poco profundas, apareciendo a la vista perfectamente como una porción de esfera y de diámetro aproximadamente igual al de una celdilla. Era interesantísimo observar, que dondequiera que varias abejas hablan empezado a excavar estas depresiones casi juntas, habían empezado su obra a tal distancia unas de otras, que, con el tiempo, las depresiones habían adquirido la anchura antes indicada -o sea próximamente la anchura de una celdilla ordinaria-, y tenían de profundidad como una sexta parte del diámetro de la esfera de que formaban parte, y los bordes de las depresiones se interceptaban o cortaban mutuamente. Tan pronto como esto ocurría, las abejas cesaban de excavar, y empezaban a levantar paredes planas de cera en las líneas de intersección, entre las depresiones, de manera que cada prisma hexagonal quedaba construido sobre el borde ondulado de una depresión lisa, en vez de estarlo sobre los bordes rectos de una pirámide de tres caras, como ocurre en las celdillas ordinarias.

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Maravillosa perfección y otras muchas suposiciones en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo tercero de El Origen de las Especies

 

Insiste el autor. Si la Melipona obrase como una abeja, sus resultados serían iguales que los de una abeja. No cabe duda. A partir de ahí, el número de suposiciones en éste párrafo supera lo tolerable.

 

433

Hence we may safely conclude that, if we could slightly modify the instincts already possessed by the Melipona, and in themselves not very wonderful, this bee would make a structure as wonderfully perfect as that of the hive-bee. We must suppose the Melipona to have the power of forming her cells truly spherical, and of equal sizes; and this would not be very surprising, seeing that she already does so to a certain extent, and seeing what perfectly cylindrical burrows many insects make in wood, apparently by turning round on a fixed point. We must suppose the Melipona to arrange her cells in level layers, as she already does her cylindrical cells; and we must further suppose, and this is the greatest difficulty, that she can somehow judge accurately at what distance to stand from her fellow-labourers when several are making their spheres; but she is already so far enabled to judge of distance, that she always describes her spheres so as to intersect to a certain extent; and then she unites the points of intersection by perfectly flat surfaces. By such modifications of instincts which in themselves are not very wonderful—hardly more wonderful than those which guide a bird to make its nest—I believe that the hive-bee has acquired, through natural selection, her inimitable architectural powers.

 

Por consiguiente, podemos llegar a la conclusión de que si pudiésemos modificar ligeramente los instintos que posee ya la Melipona, y que en sí mismos no son maravillosos, esta abeja haría una construcción tan maravillosamente perfecta como la de la abeja común. Sería necesario suponer que la Melipona puede formar sus celdillas verdaderamente esféricas y de tamaño casi igual, cosa qué no sería muy sorprendente, viendo que ya hace esto en cierta medida y viendo qué agujeros tan perfectamente cilíndricos hacen muchos insectos en la madera, al parecer, dando vueltas alrededor de un punto fijo. Tendríamos que suponer que la Melipona arregla sus celdillas en capas planas, como ya lo hace con sus celdillas cilíndricas, y tendríamos que suponer -y ésta es la mayor dificultad- que puede, de alguna manera, juzgar, en algún modo, a qué distancia se encuentra de sus compañeras de trabajo cuando varias están haciendo sus esferas; pero la Melipona está ya capacitada para apreciar la distancia, hasta el punto que siempre describe sus esferas de modo que se corten en cierta extensión, y entonces une los puntos de intersección por superficies perfectamente planas. Mediante estas modificaciones de instintos, que en sí mismos no son maravillosos -apenas más que los que llevan a un ave a hacer su nido-, creo yo que la abeja común ha adquirido por selección natural su inimitable facultad arquitectónica.

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Una lección de geometría en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo segundo de El Origen de las Especies

 

Efectivamente, al recibir su carta, el profesor Miller, de Cambridge, contesta al autor que sí,  que es cierto que operando como la abeja, se obtienen panales como los de la abeja. Brillante geómetra. Indeed.

 

432

If a number of equal spheres be described with their centres placed in two parallel layers; with the centre of each sphere at the distance of radius x sqrt(2) or radius x 1.41421 (or at some lesser distance), from the centres of the six surrounding spheres in the same layer; and at the same distance from the centres of the adjoining spheres in the other and parallel layer; then, if planes of intersection between the several spheres in both layers be formed, there will result a double layer of hexagonal prisms united together by pyramidal bases formed of three rhombs; and the rhombs and the sides of the hexagonal prisms will have every angle identically the same with the best measurements which have been made of the cells of the hive-bee. But I hear from Professor Wyman, who has made numerous careful measurements, that the accuracy of the workmanship of the bee has been greatly exaggerated; so much so, that whatever the typical form of the cell may be, it is rarely, if ever, realised.

 

Si se describe un número de esferas iguales, cuyos centros estén situados en dos planos paralelos, estando el centro de cada esfera a una distancia igual al radio x la raíz cuadrada de 2 (o sea, al radio x 1,41421) o a una distancia menor de los centros de las seis esferas que la rodean en el mismo plano, y a la misma distancia de los centros de las esferas adyacentes en el otro plano paralelo; entonces, tomando los planos de intersección entre las diferentes esferas de los dos planos paralelos, resultarán dos capas de prismas hexagonales, unidas entre sí por bases piramidales formadas por tres rombos, y los rombos y los lados de los prismas hexagonales tendrán todos los ángulos idénticamente iguales a los dados por las mejores medidas que se han hecho de las celdas de la abeja común. Pero el profesor Wyman, que ha hecho numerosas medidas cuidadosas, me dice que la precisión de la labor de la abeja ha sido muy exagerada, hasta tal punto, que lo que podría ser la forma típica de la celdilla pocas veces o nunca se realiza.

 

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La inexactitud de la Melipona en el párrafo cuadrigentésimo trigésimo primero de El Origen de las Especies

 

Si la Melipona hubiera hecho sus panales de la manera como los hace la abeja, entonces, concluye nuestro autor, los panales de la Melipona serían como son los de la abeja. ¿No es ciertamente el razonamiento propio de un genio? Empero,  para confirmarlo debidamente, el autor escribe al Profesor Miller, de Cambridge…….

 

 

431

 

Reflecting on this case, it occurred to me that if the Melipona had made its spheres at some given distance from each other, and had made them of equal sizes and had arranged them symmetrically in a double layer, the resulting structure would have been as perfect as the comb of the hive-bee. Accordingly I wrote to Professor Miller, of Cambridge, and this geometer has kindly read over the following statement, drawn up from his information, and tells me that it is strictly correct:—

 

Reflexionando sobre este caso, se me ocurrió que, si la Melipona hubiera hecho sus esferas a igual distancia unas de otras, y las hubiera hecho de igual tamaño, y las hubiera dispuesto simétricamente en dos capas, la construcción resultante hubiese sido tan perfecta como el panal de la abeja común. De consiguiente, escribí al profesor Miller, de Cambridge, y este geómetra ha revisado amablemente el siguiente resumen, sacado de sus informes, y me dice que es rigurosamente exacto.

 

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Más costumbres de las hormigas esclavistas en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo cuarto de El Origen de las Especies

La descripción de las costumbres de las hormigas esclavistas deviene más y más confusa. En unas especies las amas llevan a las esclavas en sus mandíbulas, mientras que en otras ocurre todo lo contrario. Sigue la descripción de un combate en el que el autor describe haber participado activamente.

 

 

 

 

424

One day I fortunately witnessed a migration of F. sanguinea from one nest to another, and it was a most interesting spectacle to behold the masters carefully carrying their slaves in their jaws instead of being carried by them, as in the case of F. rufescens. Another day my attention was struck by about a score of the slave-makers haunting the same spot, and evidently not in search of food; they approached and were vigorously repulsed by an independent community of the slave species (F. fusca); sometimes as many as three of these ants clinging to the legs of the slave-making F. sanguinea. The latter ruthlessly killed their small opponents and carried their dead bodies as food to their nest, twenty-nine yards distant; but they were prevented from getting any pupae to rear as slaves. I then dug up a small parcel of the pupae of F. fusca from another nest, and put them down on a bare spot near the place of combat; they were eagerly seized and carried off by the tyrants, who perhaps fancied that, after all, they had been victorious in their late combat.

 

Un día, afortunadamente, fui testigo de una emigración de F. sanguinea de un hormiguero a otro, y era un espectáculo interesantísimo el ver las amas llevando cuidadosamente a sus esclavas en las mandíbulas, en vez de ser llevadas por ellas, como en el caso de F. rufescens. Otro día llamó mi atención una veintena aproximadamente de hormigas esclavistas rondando por el mismo sitio, y evidentemente no en busca de comida; se acercaron, y fueron vigorosamente rechazadas por una colonia independiente de la especie esclava (F. fusca); a veces, hasta tres de estas hormigas se agarraban a las patas de la especie esclavista F. sanguinea. Esta última mataba cruelmente a sus pequeñas adversarias, cuyos cuerpos muertos llevaba como comida a su hormiguero, distante veintinueve yardas; pero les fue impedido el conseguir ninguna ninfa para criarla como esclava. Entonces desenterré algunas ninfas de F. fusca de otro hormiguero, y las puse en un sitio despejado, cerca del lugar del combate, y fueron cogidas ansiosamente y arrastradas por las tiranas, que quizá se imaginaron que después de todo habían quedado victoriosos en su último combate.

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Curiosidades de las hormigas en el párrafo cuadrigentésimo vigésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor relata su experiencia personal con Formica sanguinea, una hormiga esclavista. Contiene algunas afirmaciones extrañas en obra que pueda considerarse científica, y más propias de un relato de fantasía o, a lo sumo de divulgación.  Por ejemplo:

 

  1. Hence, it is clear that the slaves feel quite at home.

 

(es evidente que las esclavas se encuentran completamente como en su casa.)

 

  1. Mr. Smith informs me that he has watched the nests at various hours during May,  June and August, both in Surrey and Hampshire, and has never seen the slaves, though present in large numbers in August, either leave or enter the nest. Hence, he considers them as strictly household slaves.

 

 

(míster Smith me informa que ha observado los hormigueros a diferentes horas en mayo, junio y agosto, tanto en Surrey como en Hampshire, y, a pesar de existir en gran número en agosto, nunca ha visto a las esclavas entrar o salir del hormiguero; y, por consiguiente, las considera como esclavas exclusivamente domésticas.)

 

  1. The masters, on the other hand, may be constantly seen bringing in materials for the nest, and food of all kinds

 

(A las amas, por el contrario, se les puede ver constantemente llevando materiales para el hormiguero y comidas de todas clases)

 

 

Extraño que las amas lleven constantemente materiales mientras las esclavas quedan en su casa, pero lo que sigue tampoco tiene mucho sentido…..

 

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Another species, Formica sanguinea, was likewise first discovered by P. Huber to be a slave-making ant. This species is found in the southern parts of England, and its habits have been attended to by Mr. F. Smith, of the British Museum, to whom I am much indebted for information on this and other subjects. Although fully trusting to the statements of Huber and Mr. Smith, I tried to approach the subject in a sceptical frame of mind, as any one may well be excused for doubting the existence of so extraordinary an instinct as that of making slaves. Hence, I will give the observations which I made in some little detail. I opened fourteen nests of F. sanguinea, and found a few slaves in all. Males and fertile females of the slave-species (F. fusca) are found only in their own proper communities, and have never been observed in the nests of F. sanguinea. The slaves are black and not above half the size of their red masters, so that the contrast in their appearance is great. When the nest is slightly disturbed, the slaves occasionally come out, and like their masters are much agitated and defend the nest: when the nest is much disturbed, and the larvae and pupae are exposed, the slaves work energetically together with their masters in carrying them away to a place of safety. Hence, it is clear that the slaves feel quite at home. During the months of June and July, on three successive years, I watched for many hours several nests in Surrey and Sussex, and never saw a slave either leave or enter a nest. As, during these months, the slaves are very few in number, I thought that they might behave differently when more numerous; but Mr. Smith informs me that he has watched the nests at various hours during May, June and August, both in Surrey and Hampshire, and has never seen the slaves, though present in large numbers in August, either leave or enter the nest. Hence, he considers them as strictly household slaves. The masters, on the other hand, may be constantly seen bringing in materials for the nest, and food of all kinds. During the year 1860, however, in the month of July, I came across a community with an unusually large stock of slaves, and I observed a few slaves mingled with their masters leaving the nest, and marching along the same road to a tall Scotch-fir tree, twenty-five yards distant, which they ascended together, probably in search of aphides or cocci. According to Huber, who had ample opportunities for observation, the slaves in Switzerland habitually work with their masters in making the nest, and they alone open and close the doors in the morning and evening; and, as Huber expressly states, their principal office is to search for aphides. This difference in the usual habits of the masters and slaves in the two countries, probably depends merely on the slaves being captured in greater numbers in Switzerland than in England.

 

Huber descubrió también, por vez primera, que otra especie, Formica sanguinea, era hormiga esclavista. Esta especie se encuentra en las regiones meridionales de Inglaterra, y sus costumbres han sido objeto de estudio por míster J. Smith, del British Museum, a quien estoy muy obligado por sus indicaciones sobre éste y otros asuntos. Aunque dando crédito completo a las afirmaciones de Huber y de míster Smith, procuré llegar a este asunto con una disposición mental escéptica, pues a cualquiera puede muy bien excusársele de que dude de la existencia de un instinto tan extraordinario como el de tener esclavas. Por consiguiente, daré con algún detalle las observaciones que hice. Abrí catorce hormigueros de F. sanguinea, y en todos encontré algunas esclavas. Los machos y las hembras fecundas de la especie esclava (F. fusca) se encuentran sólo en sus propias comunidades, y nunca han sido observados en los hormigueros de F. sanguinea. Las esclavas son negras, y su tamaño no mayor de la mitad del de sus amas, que son rojas, de modo que el contraste de aspecto es grande. Si se inquieta algo el hormiguero, las esclavas salen de vez en cuando y, lo mismo que sus amas, se muestran muy agitadas y defienden el hormiguero; si se perturba mucho el hormiguero y las larvas y ninfas quedan expuestas, las esclavas trabajan enérgicamente, junto con sus amas, en transportarlas a un lugar seguro; por lo tanto, es evidente que las esclavas se encuentran completamente como en su casa. En los meses de junio y julio, en tres años sucesivos, observé durante muchas horas varios hormigueros en Surrey y Sussex, y nunca vi a ninguna esclava entrar o salir del hormiguero. Como en estos meses las esclavas son en cortísimo número, pensé que debían conducirse de modo diferente cuando fuesen más numerosas; pero míster Smith me informa que ha observado los hormigueros a diferentes horas en mayo, junio y agosto, tanto en Surrey como en Hampshire, y, a pesar de existir en gran número en agosto, nunca ha visto a las esclavas entrar o salir del hormiguero; y, por consiguiente, las considera como esclavas exclusivamente domésticas. A las amas, por el contrario, se les puede ver constantemente llevando materiales para el hormiguero y comidas de todas clases. Durante el año 1860, sin embargo, en el mes de julio, tropecé con un hormiguero con una provisión extraordinaria de esclavas, y observé algunas de ellas que, unidas con sus amas, abandonaban el hormiguero y marchaban, por el mismo camino, hacia un gran pino silvestre, distante veinticinco yardas, al que subieron juntas, probablemente, en busca de pulgones o cóccidos. Según Huber, qué tuvo muchas ocasiones para la observación, las esclavas, en Suiza, trabajan habitualmente con sus amos en hacer el hormiguero; pero ellas solas abren y cierran las puertas por la mañana y la noche, y, como Huber afirma expresamente, su principal oficio es buscar pulgones. Esta diferencia en las costumbres ordinarias de las amas y de las esclavas, en los dos países, probablemente depende sólo de que las esclavas son capturadas en mayor número en Suiza que en Inglaterra.

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