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Errores, fraudes y trampas del darwinismo: Actualidad y extensión de la clasificación de Pierre Flourens (1864)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pierre Flourens (1794-1867). Miembro de la Academia de Ciencias Francesa desde 1828 y su secretario permanente (Secrétaire perpétuel) entre los años de 1833 y 1866.

Elegido miembro de la Academia Francesa en 1840 en competición con Victor Hugo, quien tuvo que esperar a otra ocasión.

 

Habíamos visto recientemente la carta dirigida por el Dr Sutton a la Royal Society pidiendo una explicación acerca de la prioridad que la institución sigue dando a Darwin cuando quien describió primero la selección natural era Matthew.  Darwin y Wallace copiaron y desarrollaron una idea que no era suya (y que tampoco era particularmente buena como teoría científica).

Al parecer la Royal Society no ha contestado a la carta del Dr Sutton y esto nos parece preocupante. Significa esta ausencia de respuesta una de dos cosas: 1) Que la Royal Society  admite que la prioridad en el descubrimiento de la Selección Natural no tiene ninguna importancia porque la Selección Natural no existe y es el fruto de un error, en lo cual estaríamos de acuerdo siempre que suspendieran el Premio Darwin;  o bien que: 2) la Royal Society admite que tiene razón el Dr. Sutton y que Darwin copió de Matthew. También es posible que sean ciertas las dos cosas y que tanto si la Royal Society  las admite como si no, no tiene a bien contestar. En cualquier caso debería desaparecer toda mención a Darwin en relación con premios, celebraciones y festivales y aparecer como lo que verdaderamente es: el autor de un plagio, un fraudulento copión.

Por muchas vueltas que le demos no podremos pensar que exista otra opción distinta. Si el Dr Sutton estuviese equivocado, la Royal Society  habría contestado enérgicamente, puesto que no estamos hablando de una cuestión anecdótica y quien firma la carta es un prestigioso criminólogo con un libro y una publicación revisada por pares y publicada defendiendo la tesis del plagio de Darwin.

Varios autores antes que Darwin habían expresado prácticamente las mismas ideas y de manera más clara. Para Darwin la selección tiene una función doble y ciertamente contradictoria que consiste tanto en eliminar variedades y formas desfavorables (modo de extinción) como en crear otras nuevas (?). En otros tiempos, cuando los autores de Historia Natural cuidaban el lenguaje,  era más corriente el uso del término en el primer sentido, puesto que la selección es que a partir de un conjunto inicial son eliminados algunos de sus miembros. No hay creación posible mediante la selección. Buscar un efecto positivo a partir de ella es pedirle peras al olmo y para verlo hay que cometer el error de confundir selección con mejora que es lo que hace Darwin. A partir de ahí todo deviene posible pero sólo a condición de tomar a broma el lenguaje, lo cual es lamentable y, dicho de paso, fraudulento.

Al leer la primera traducción de El Origen de las Especies al francés de Mme Clemènce Royer (1830-1902),  racionalista y fundadora de una logia masónica,  Pierre Flourens había visto todo esto con una claridad meridiana, ayudado porque Mme Royer había traducido Natural Selection como Election Naturelle, algo que a Flourens le producía sensaciones contradictorias con predominio del sarcasmo.

Flourens había detectado cuatro conjuntos de problemas graves en la obra de Darwin que, no sólo se han mantenido,  sino que han aumentado exponencialmente con la ya larga historia del darwinismo. Veamos primero a grandes rasgos cuáles son estos cuatro grupos de errores, grabados con letras de fuego en el epitafio de la Historia Natural:

 

1) Abuso del lenguaje.

2) Desconocimiento de la Historia Natural.

3) Falta de originalidad y plagio de otros autores: Lamarck.

4) Eugenesia.

Cuatro grupos de errores que se han ido confirmando y ampliando con los años.

Por un lado se han estudiado en Darwin encontrándose tanto sus  detalles como nuevos ejemplos. Ahora sabemos que el punto número 3) Plagio de otros autores en Darwin no se limita a Lamarck, sino que se amplia, por ahora a Edward Blyth, Patrick Matthew, Pierre Trémaux, y otros.

 

Y por otro lado el número de problemas en cada uno de los grupos crece al considerar la labor de otros autores porque la tradición darwinista ha seguido fiel a su maestro en cada uno de los cuatro puntos. La máquina incapaz de distinguir originada por Darwin en El Origen de las Especies continúa su obra de destrozo del lenguaje y la generación y empleo continuado de la ambigüedad y de las contradicciones  es de tal magnitud que resulta difícil hacer una selección de ejemplos.  Lo grave del caso es que se ha considerado normal una manera de hablar totalmente irrespetuosa, ambigua y plagada de contradicciones. La generación de esta neolengua no es casual porque tiene una finalidad muy clara que es la de poner a la ciencia al servicio de la autoridad. Como dice muy bien el crítico Bethell:

This is the great problem with science today: That authority more and more replaces evidence

Que viene a confirmar lo que dijera Thompson (1887-1972):

El éxito del darwinismo fue acompañado por una decadencia en la integridad científica

 

Se habla en neolengua cuando se habla de genes egoístas, de la sociedad de los genes, de las mutaciones aleatorias, del DNA chatarra, y toda una serie de oxímoron sin fin. Nadie se ve obligado a disculparse ni a escribir retractación alguna porque es precisamente la autoridad la que aplaude este modo de expresión y cada error se sigue tapando con una cadena de nuevos errores,  como desde el principio. Nada hay mejor para tapar un agujero que hacer un agujero más grande.

 

También pertenecen al Diccionario de Neolengua otros conceptos como los de macro- y micro-evolución, confundiendo cosas tan dispares como cambios en las poblaciones y la formación de una especie. La máquina incapaz de distinguir que a punto había estado de denunciar Richard Lewontin trabaja a pleno rendimiento produciendo expresiones sin sentido, contradicciones, falsas disyuntivas y oxímoron. No interesa distinguir porque  la autoridad medra en la confusión. Por ejemplo el juego de palabras falso entre macro- y micro-evolución permite introducir en la Evolución todo un arsenal de fórmulas matemáticas que desde Fischer, han ido creciendo sin aportar nada a este terreno, pero que cumplen su función principal de hacerlo incomprensible.  Así trabajará quien decrete la autoridad y se publicarán los artículos de quienes le sean fieles.

Sería muy difícil identificar todos los casos de abuso del lenguaje, aunque si fuese necesario mencionar algún ejemplo entre los más notables, tendríamos que poner el de Richard Dawkins y su lamentable obra titulada El gen egoísta, ejemplo de panfleto seudocientífico, del cual debería ya haber escrito una retractación en lugar de haberse metido a embadurnar con obras posteriores los terrenos de la teología que desconoce. Pero cuenta con el apoyo de la autoridad y su obra lamentable se imprime en varios idiomas.

El segundo de los sectores de errores detectados por Flourens, el desconocimiento de la Historia Natural debe mantenerse a ultranza so pena de que se derrumben los fundamentos. Bien sabía Dobzhansky que:

No es una paradoja decir que si alguien consigue aportar una definición estática y aplicable universalmente de las especies, pondría en serias dudas la validez de la teoría de la evolución

Por eso se han ocultado obras fundamentales de la Historia Natural como las de von Baer, del que ha desaparecido hasta la carta que escribió a Darwin, a pesar de la ingente recopilación de correspondencia inútil que se acumula en torno a este autor. La obra Entwickelungsgeschitche, que para Haeckel era el trabajo más significante de toda la literatura sobre la ontogenia ha desaparecido del mapa. ¿Alguien ha visto alguna vez un ejemplar de esta obra? ¿Se ha traducido a algún idioma?  Del mismo modo tampoco se ha traducido la crítica de Alfred Kölliker titulada Über die Darwin’sche schöpfungstheorie que puede leerse en Google.

¿Puede por favor traducirla alguien?

Durante muchos años se perdió también o se ocultó información sobre el Yacimiento de Burguess Shale, pues contenía restos fósiles que no eran del gusto darwinista más acorde con el cambio gradual que no con lo que ahí se veía.

 

Entre otros fraudes relacionados con la invención, fabricación o falsificación de datos tenemos el caso del Hombre de Piltdown, el de la Biston betularia, el invento del Bathybius haeckelii, el de la barrera somático germinal de Weismann, las teorías telomática y de la enación, los antepasados del caballo, los dibujos falsificados de Haeckel, la interpretación forzosa del papel de las mutaciones al azar en la evolución. Claro que esto es sólo un puñado de casos de los más conocidos, habrá muchos más, cientos, miles. Unos en relación con la biología, algunos más con la sociología, la psicología “evolutiva”, o sus híbridos (sociobiología, psicobiología, etc, etc. ), otros relacionados con ese dislate de la selección sexual y sus derivaciones. Muchos fraudes han aparecido, otros aparecerán pronto y otros más tarde, pero hay tantos que el problema es que ya casi no interesa encontrar ni describir los nuevos hallazgos. ¿Para qué?

En cuanto a la vinculación del darwinismo con la Eugenesia es un aspecto del mayor interés que tendrá que analizarse con paciencia pero antes quizás podríamos mencionar algunos ejemplos de abuso del lenguaje…

 

 

 

 

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Ciencia y Política: la Genética como herramienta

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hemos visto tantas veces criticado el nombre de Lysenko que nos sorprendió al leer su informe a la Academía de Ciencias Agrícolas, de 1948, ver que tenía un contenido.  No obstante en las contadas ocasiones en que este informe se había publicado en español iba acompañado de comentarios confusos. Hemos escrito este libro para acompañar el informe a la Academia de Lysenko de unos comentarios adecuados.

 

Ciencia y Política: la Genética como herramienta
Emilio Cervantes y Francisco Bravo
Aunque el Logos es común, la mayoría vive como si tuviera una inteligencia particular
(Heráclito de Éfeso, 535-484 a. C.)
La Genética estudia la herencia, la transmisión de los caracteres. Pero existen dos graves peligros en relación con la Genética.
El primero, compartido en general con las demás disciplinas científicas y, en particular, con la Biología, es el de la generalización indebida. Encontrar y describir un mecanismo responsable de la herencia no significa que ese mecanismo sea el único.
El segundo peligro es todavía más general y tiene que ver con la capacidad de manipulación asociada con las ideas más fundamentales de la Genética. En la Ciencia es muy difícil distinguir el conocimiento de la manipulación. La historia de la Genética revela numerosos ejemplos de manipulación y muchos tienen un origen común.
Presentamos aquí el texto completo del Informe de Lysenko a la Academia de Ciencias Agrícolas de la URSS de 1948. En las pocas ocasiones en que hemos visto este informe publicado se ha visto acompañado por textos de gran confusión. Nuestro interés es contribuir a aclarar un poco tanto el contenido de este texto como la difícil relación entre Ciencia y Política y la influencia de la Genética en todo este complejo proceso…
Contenido
Introducción: Ciencia y Política 11
La Genética, una disciplina de gran relevancia política 12
La Genética en sus orígenes I: Cruzamientos 15
La Genética en sus orígenes II: Bioquímica 18
La cuestión de El Origen de las Especies 19
La herencia genocéntrica:
la barrera somático-germinal de August Weismann 27
Las ideas de Thomas Hunt Morgan:
un genético clásico o formal se asoma a la evolución 28
El panorama en la URSS 34
¿Por qué el Congreso Internacional de Genética
no se celebró en Moscú? 35
Lysenko 36
El darwinismo es la verdadera fe de Lysenko:
Comentario a su Informe a la Academia de 1948 39
Waddington y la epigenética 47
Conclusión 51
Apéndice: Texto de Lysenko:
Informe sobre la situación en las ciencias biológicas 52
Referencias 79
1. Introducción: Ciencia y Política
En su obra titulada “Política” Aristóteles caracteriza al ser humano por su racionalidad y también por ser político. Ambos atributos van indisolublemente unidos y, en cuanto un colectivo de individuos pueda tener un cierto conocimiento de sí mismos y de su entorno, surgirá pronto la división de tareas e inmediatamente la representación política, la cesión de ciertas capacidades…
Ver en Amazon el libro Ciencia y Politica: la Genetica como herramienta de Emilio Cervantes y Francisco Bravo.
https://www.amazon.com/Ciencia-Politica-Genetica-herramienta-Spanish-ebook/dp/B06XDBTGDC/ref=asap_bc?ie=UTF8

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Ahora que vamos despacio, vamos a definir la selección natural

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En la imagen se pretende una definición de la Selección Natural. Está tomada de unos comentarios del Dr Sutton en Twitter, pero podría estarlo de cualquier otro sitio.

In a nut shell, dice, o sea condensada como en una nuez. Veamos…

No pondremos particular atención al punto 1 que contiene una  trivialidad ni al 2 que contiene un disparate. Los puntos 3, 4, 5  y 6 contienen la cantinela de siempre: la vida como lucha. Un punto de vista sectario y autoritario.

Centrémonos, eso sí en el punto 7:

 

7.  These variations, selected for long enough by the “natural process of selection”,  eventually produce new species  by way of divergence from common ancestors.

7. Las variaciones, seleccionadas suficientemente por el “proceso natural de selección”, eventualmente producen nuevas especies por vía de la divergencia a partir de antepasados comunes.

 

Si.  Han leído ustedes bien. Así se nos pretende explicar la Selección Natural desde hace ya más de cien años, un oxímoron, un error. La idea: Mantener en pie esa estupidez: la vida como lucha. Un punto de vista sectario y autoritario.

 

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Hermosa es la destrucción de las palabras

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

It’s a beautiful thing, the destruction of words

Orwell. 1984

 

A lo largo de los años he intentado, sin éxito, entender lo que pueda ser la Selección Natural. La conclusión es que la Selección Natural no es nada por estar basada en un error.

Darwin, en sus observaciones en las granjas, confundió Selección con Mejora y vino a decir: Lo mismo que en la granja el agricultor o el ganadero seleccionan a sus mejores ejemplares como parentales, así mismo la naturaleza selecciona aquellos que presentan características ventajosas. Pero claro, aquí queda sin definir lo que sea eso de Características ventajosas mientras que  el agricultor o el ganadero conocen perfectamente cuáles serán dichas características. La naturaleza no selecciona como lo hacen el agricultor o el ganadero. En la naturaleza no hay esa intención expresa y manifiesta. No existe el progreso.

La selección en la granja es una parte del proceso de Mejora Genética y sería absurdo pensar que en la naturaleza existe algo así como la Mejora Genética Natural. Para ser exactos Darwin, Wallace y antes que ellos Matthew y otros debieron pensar no en Selección Natural sino en Mejora Natural, lo cual es oxímoron, como también lo es Selección natural.

En vez de retractarse y corregir su error,  en vez de retirar el termino selección natural que es erróneo y sólo conduce a confusión como había indicado Pierre Flourens, contemporáneo de Darwin; en vez de rechazar el error como es el deber de todo científico, lo que ocurrió es verdaderamente increíble.

Debido al enorme poder de Huxley y asociados se impuso la expresión Selección Natural que no tiene ningún significado ni valor alguno para entender lo que sucede en la formación de especies. Se impuso con tanta fuerza que contaminó el significado de la palabra selección, que estaba muy claro hasta entonces.

Pues bien ahora hay diccionarios que proponen para la palabra Selección dos alternativas: La normal y una segunda, fabulosa que traduzco del inglés:

Un proceso en el que las influencias genéticas o ambientales determinan qué tipos de organismos progresan mejor que otros, contemplado como un factor en evolución.

Esta ya no es la definición de Selección Natural sino  la de Selección, así como suena, a secas. El error se ha extendido y ha contaminado zonas más generales del lenguaje. Se acuerdan de lo que profetizaba Orwell en 1984: Reducir el lenguaje para reducir el pensamiento: It’s a beautiful thing, the destruction of words. En ello estamos Mr Orwell.

 

Aquí les dejo un fragmento de 1984 que comienza hablando del Diccionario de Neolengua (la actual Wikipedia):

 

‘The Eleventh Edition is the definitive edition,’ he said. ‘We’re getting the language into its final shape-the shape it’s going to have when nobody speaks anything else. When we’ve finished with it, people like you will have to learn it all over again. You think, I dare say, that our chief job is inventing new words. But not a bit of it! We’re destroying words—scores of them, hundreds of them, every day. We’re cutting the language down to the bone. The Eleventh Edition won’t contain a single word that will become obsolete before the year 2050.

‘He bit hungrily into his bread and swallowed a couple of mouthfuls, then continued speaking, with a sort of pedant’s passion. His thin dark face had become animated, his eyes had lost their mocking expression and grown almost dreamy.

‘It’s a beautiful thing, the destruction of words. Of course the great wastage is in the verbs and adjectives, but there are hundreds of nouns that can be got rid of as well. It isn’t only the synonyms; there are also the antonyms. After all, what justification is there for a word which is simply the opposite of some other word? A word contains its opposite in itself. Take “good”, for instance. If you have a word like “good”, what need is there for a word like “bad”? “Ungood” will do just as well—better, because it’s an exact opposite, which the other is not. Or again, if you want a stronger version of “good”, what sense is there in having a whole string of vague useless words like “excel­lent” and “splendid” and all the rest of them? “Plusgood” covers the meaning; or “doubleplusgood” if you want something stronger still. Of course we use those forms already, but in the final version of Newspeak there’ll be nothing else. In the end the whole notion of goodness and badness will be covered by only six words—in reality, only one word. Don’t you see the beauty of that, Winston? It was B.B.’s idea originally, of course,’ he added as an afterthought.

A sort of vapid eagerness flitted across Winston’s face at the mention of Big Brother. Nevertheless Syme immedi­ately detected a certain lack of enthusiasm.

‘You haven’t a real appreciation of Newspeak, Winston,’ he said almost sadly. ‘Even when you write it you’re still thinking in Oldspeak. I’ve read some of those pieces that you write in the Times occasionally. They’re good enough, but they’re translations. In your heart you’d prefer to stick to Oldspeak, with all its vagueness and its useless shades of meaning. You don’t grasp the beauty of the destruction of words. Do you know that Newspeak is the only language in the world whose vocabulary gets smaller every year?

‘Winston did know that, of course. He smiled, sympa­thetically he hoped, not trusting himself to speak. Syme bit off another fragment of the dark-coloured bread, chewed it briefly, and went on:

‘Don’t you see that the whole aim of Newspeak is to narrow the range of thought? In the end we shall make thoughtcrime literally impossible, because there will be no words in which to express it. Every concept that can ever be needed will be expressed by exactly one word, with its meaning rigidly defined and all its subsidiary meanings rubbed out and forgotten. Already, in the Eleventh Edition, we’re not far from that point. But the process will still be continuing long after you and I are dead. Every year fewer and fewer words, and the range of consciousness always a little smaller. Even now, of course, there’s no reason or excuse for committing thoughtcrime. It’s merely a ques­tion of self-discipline, reality-control. But in the end there won’t be any need even for that. The Revolution will be complete when the language is perfect. Newspeak is Ingsoc* and Ingsoc is Newspeak,’ he added with a sort of mystical satisfaction. ‘Has it ever occurred to you, Winston, that by the year 2050, at the very latest, not a single human being will be alive who could understand such a conversation as we are having now?’

‘Except—– ‘ began Winston doubtfully, and then stopped.

It had been on the tip of his tongue to say ‘Except the proles**,’ but he checked himself, not feeling fully certain that this remark was not in some way unorthodox. Syme, however, had divined what he was about to say.

‘The proles are not human beings,’ he said carelessly. ‘By 2050—earlier, probably—all real knowledge of Old-speak will have disappeared. The whole literature of the past will have been destroyed. Chaucer, Shakespeare, Milton, Byron—they’ll exist only in Newspeak versions, not merely changed into something different, but actually changed into something contradictory of what they used to be. Even the literature of the Party will change. Even the slogans will change. How could you have a slogan like “freedom is slavery” when the concept of freedom has been abolished? The whole climate of thought will be different. In fact there will be no thought, as we understand it now. Orthodoxy means not thinking—not needing to think. Orthodoxy is unconsciousness.

‘One of these days, thought Winston with sudden deep conviction, Syme will be vaporized. He is too intelligent. He sees too clearly and speaks too plainly. The Party does not like such people. One day he will disappear. It is written in his face. (Págs. 53-56)

 

 

 

 

 

 

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Noosfera – El darwinismo entre ciencia y religión: Emilio Cervantes

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Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Decididamente Darwin se opone a la idea de Diseño: Algunas opiniones al respecto.

Son muchos entre los lectores de El Origen de las Especies los que detectaron su objetivo de ir en contra de la idea de diseño. Ya vimos por ejemplo la interpretación del Reverendo Charles Hodge en su libro “What is darwinism?” .

Otro lector con interpretación semejante es más conocido y menos religioso. Se trata de Henry James, quien había estado en la casa del naturalista inglés, no sabemos si tomando el té o no, tal vez sí. Y por lo tanto tal vez fuese ahí, en Down, en la casa de Darwin, tomando el té en donde se inspiró para escribir aquel párrafo memorable en el que relacionaba la moral de los ingleses con el té, identificándolos.

Pues bien, Henry James, amigo de Darwin había dicho de su obra que con ella se había eliminado de una vez por todas el diseño de la mente de los científicos:“has once for all displaced design from the minds of the ‘scientific”.

Que hubiese podido ocurrir esto sería difícil de entender sin una ayuda. Pero Henry James sabía lo que decía.  Según indica Kristin Boudreau James sospechaba de la autoridad institucional, aceptando las ideas por su utilidad más que por el status de sus fuentes:

 

James was cheerfully suspicious of institutional authority, accepting ideas because of their usefulness rather than because of the status of their sources.

 

En España un lector de Darwin que se  percató de su intención fue Cánovas del Castillo, quien en un discurso indicó que Darwin se proponía hacer inútil la idea de Dios.

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Darwin y la tragedia griega

 

Tratando del lenguaje de OSMNS y refiriéndose a expresiones como selección natural, lucha por la vida y otras semejantes, Stanley Edgar Hyman escribe:

 

In fact, these terms are much more than metaphors. They people the world of nature with protagonists and antagonists where previously we had seen only a solitary cactus or a growing seed. Moreover, the dramatic action they summon up is tragic. In Gilbert Murray’s terms, the basic ritual stages of tragedy are agon or contest, sparagmos or tearing apart, then anagnorisis or discovery and epiphany or joyous showing forth of the resurrected protagonist. Darwin’s struggle for existence is clearly Murray’s agon and sparagmos, and his natural selection or survival of the fittest, anagnorisis and epiphany. For the final exultation that the Greeks felt at the affirmation of Reliving Dionysus, Darwin substitutes a quieter tragic satisfaction.He writes:

When we reflect on this struggle, we may console ourselves with the full belief, that the war of nature is not incessant, that no fear is felt, that death is generally prompt, and that the vigorous, the healthy, and the happy survive and multiply.” The Origin concludes: “Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life….


De hecho, estos términos son mucho más que metáforas. Ellos llenan a la naturaleza de protagonistas y antagonistas donde antes habíamos visto solamente un cactus solitario o una semilla que crece. Por otra parte, la acción dramática que convocan es trágica. En términos de Gilbert Murray, las etapas rituales básicas de la tragedia son agon o confrontación, sparagmos o lucha, anagnórisis o descubrimiento y la epifanía o final feliz, mostrando finalmente al protagonista resucitado. La lucha por la existencia de Darwin  es claramente agon y sparagmos de Murray, y su selección natural o supervivencia de los más aptos, son respectivamente anagnórisis y epifanía. Para la exaltación final que los griegos sentían en la afirmación de revivir a Dionisio, Darwin sustituye una más tranquila trágica satisfacción. Él escribe:

Cuando reflexionamos sobre esta lucha nos podemos consolar con la completa seguridad de que la guerra en la naturaleza no es incesante, que no se siente ningún miedo, que la muerte es generalmente rápida y que el vigoroso, el sano, el feliz, sobrevive y se multiplica.

Y OSMNS termina:

Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life,

Referencia

DARWIN THE DRAMATIST [1]

Stanley Edgar Hyman [2]

The Centennial Review of Arts & Science

Vol. 3, No. 4, 1859-1959: Darwin-Marx Centennial (FALL 1959), pp. 364-375

 

The Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life appeared in 1859, and immediately caught the imagination of the world.

The first edition sold out on the day of publication, and the second shortly after. Within a few years most of the thinking world was convinced[3] of the evolution of species, as it had not been by Buffon, Lamarck, Darwin’s grandfather Erasmus, Robert Chambers’ Vestiges of Creation, or anyone else. It has rarely been doubted that this enormous effect was achieved by the power of scientific argument, that is, by the book’s rhetorical organization[4]. This was certainly Darwin’s view[5]. He begins the book’s final chapter: “As this whole volume is one long argument.” One of Darwin’s latest biographers, Sir Arthur Keith, in Darwin Revalued, best states the prevailing view: “In the Origin he had assembled such a solid mass of observation” that conviction followed inescapably. There can be no doubt that the book’s rhetorical effectiveness is great.

Darwin states his theories simply and plausibly[6], bolsters them with a great deal of convincing evidence (beginning close to home with domestic animals) and scrupulously notes the difficulties and puzzles remaining. Yet the problem remains. The evidence to establish the idea of evolution by natural selection inductively was not really available in 1859[7], and many of Darwin’s processes[8] turn out on closer examination to be plausible hypotheses[9], and his causes tautologies[10]. Nor does the vehemence of the reaction pro and con suggest the characteristic effect of a scientific demonstration.

 

I

 

I would submit that The Origin of Species caught the imagination of its time as a dramatic poem, and a dramatic poem of a very special sort. This view would certainly have surprised Darwin. He was under no illusions about his literary powers, and although he worked quite hard at the writing and rewriting of this book, he saw its prose as “incredibly bad.” [11] His effort was to produce the straightest possible piece of factual writing, and he was only dissuaded by the publisher, John Murray, from calling the book An Abstract of an Essay on the Origin of Species. It is the judgment of a popular textbook that Darwin’s work “cannot be said to belong to literature, if in the definition of literary work is presupposed an effort toward artistic expression.”

Theodore Baird, whose “Darwin and the Tangled Bank” is one of the few efforts I know to correct this conventional estimate, boldly claims that the Origin is not only a work of literature, but “the complicated literary expression known as tragedy.” It is here that any literary consideration should begin. The Origin is much less overtly dramatistic than the Journal of Researches, with the act-scene fitnesses of the earlier book here confined mostly to the great historical pageant of palaeontology, as when Darwin notes that the geological strata mark “only an occasional scene, taken almost at hazard, in an ever slowly changing drama.” The key term in the Origin is “the struggle for existence.” Darwin explains:

In looking at Nature, it is most necessary to keep the foregoing considerations always in mind—never to forget that every single organic being may be said to be striving to the utmost to increase in numbers; that each lives by a struggle at some period of its life; that heavy destruction inevitably falls either on the young or old, during each generation or at recurrent intervals.

All through the book, he refers to “a constant struggle going on,” “the constantly-recurring Struggle for Existence,” “victory in the battle for life,” and so on. From this struggle comes “natural selection,” or, in Herbert Spencer’s more vivid phrase that Darwin adopted, “the survival of the fittest.” Darwin was quite aware that all these terms were ‘metaphoric, a heightening of much less dramatic processes. He writes of “struggle for existence”:

 

I should premise that I use this term in a large and metaphorical sense including dependence of one being on another, and including (which is more important) not only the life of the individual, but success in leaving progeny. Two canine animals, in a time of dearth, may be truly said to struggle with each other which shall get food and live. But a plant on the edge of a desert is said to struggle for life against the drought, though more properly it should be said to be dependent on the moisture. A plant which annually produces a thousand seeds, of which only one of an average comes to maturity, may be more truly said to struggle with the plants of the same and other kinds which already clothe the ground. The mistletoe is dependent on the apple and a few other trees, but can only in a far-fetched sense be said to struggle with these trees, for, if too many of these parasites grow on the same tree, it languishes and dies. But several seedling mistletoes, growing close together on the same branch, may more truly be said to struggle with each other. As the mistletoe is disseminated by birds, its existence depends on then, and it may methodically be said to struggle with other fruit-bearing plants, in tempting the birds to devour and thus disseminate its seeds. In these several senses, which pass into each other, I use for convenience’ sake the general tetra of Struggle for Existence.

 

He writes similarly of “natural selection”:

 

In the literal sense of the word, no doubt, natural selection is a false term; but whoever objected to chemists speaking of the elective affinities of the various elements?—and yet an acid cannot strictly be said to elect the base with which it in preference combines. It has been said that I speak of natural selection as an active power or Deity; but who objects to an author speaking of the attraction of gravity as ruling the movements of the planets? Everyone knows what is meant and is implied by such metaphorical expressions; and they are almost necessary for brevity.

 

In fact, these terms are much more than metaphors. They people the world of nature with protagonists and antagonists where previously we had seen only a solitary cactus or a growing seed. Moreover, the dramatic action they summon up is tragic. In Gilbert Murray’s terms, the basic ritual stages of tragedy are agon or contest, sparagmos or tearing apart, then anagnorisis or discovery and epiphany or joyous showing forth of the resurrected protagonist. Darwin’s struggle for existence is clearly Murray’s agon and sparagmos, and his natural selection or survival of the fittest, anagnorisis and epiphany. For the final exultation that the Greeks felt at the affirmation of Reliving Dionysus, Darwin substitutes a quieter tragic satisfaction. He writes:

 

When we reflect on this struggle, we may console ourselves with the full belief, that the war of nature is not incessant, that no fear is felt, that death is generally prompt, and that the vigorous, the healthy, and the happy survive and multiply.” The Origin concludes: “Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life….

 

We realize that this dramatic and tragic vision of life comes from Darwin, rather than from his subject matter, when we see how undramatic most contemporary formulations of natural selection are. A typical one is that of George Gaylord Simpson in The Meaning of Evolution in 1949: “In the modern theory natural selection is differential reproduction, plus the complex interplay in such reproduction of heredity, genetic variation, and all the other factors that affect selection and determine its results.” Darwin was aware of differential reproduction as early as his draft for the Origin in 1844, but always within a larger context of struggle: a fleeter fox would survive better and “rear more young,” but “the less fleet ones would be rigidly destroyed.”

 

The archetypal image of the Origin is the war of nature, an image Darwin at first believed he had borrowed from Alphonse de Candolle. The 1841 outline for the book begins the section on “Natural Selection”: “De Candolle’s war of nature.—seeing contented face of nature,—may be well at first doubted.”

 

These notes are amplified in the 1844 essay into: “De Candolle, in an eloquent passage, has declared that all nature is at war, one organism with another, or with external nature. Seeing the contented face of nature, this may at first be well doubted; but reflection will inevitably prove it is too true.”

When Darwin had to choose a few pages from his manuscript to accompany Wallace’s paper in the historic presentation of the new theory to the Linnean Society in 1858, he began with that passage which he clearly recognized as the heart of his message. By the time the passage appeared in the Origin the next year, Darwin had recognized that De Candolle had no patent on the war of nature, and lumped him in with others. The important thing now was tearing off the pacific mask that life wears, and Darwin writes of the illusion concealing the tragic reality like a Melville narrator:

 

We behold the face of nature bright with gladness, toe often see superabundance of food; we do not see or we forget, that the birds which are idly singing round us mostly live on in-sects or seeds, and are thus constantly destroying life; or we forget how largely these songsters, or their eggs, or their nest-lings, are destroyed by birds and beasts of prey; we do not al-ways been in mind, that, though food may be now super-abundant, it is not so at all seasons of each recurring year.

 

The flatness at the end is almost deliberate; Darwin’s vision is tragic, but it is not hysterical. It never rises in pitch to melodrama, as in the “Nature, red in tooth and claw” of Tennyson’s “In Memoriam,” or the Grand Guignol vision of some of Darwin’s followers. After millions of years of evolution, Romanes writes typically in 1892:

 

We find that more than half of the species which have survived the ceaseless struggle are parasitic in their habits, lower and insentient forms of life feasting on higher and sentient forms; we find teeth and talons whetted for slaughter, hooks and suckers moulded for torment—everywhere a reign of terror, hunger, and sickness, with oozing blood and quivering limb, with gasping breath and eyes of innocence that dimly close in deaths of brutal torture!

 

Darwin is aware of the tragic ambivalence of life and death, that for use thousand years “pigeons have been watched and tended with the utmost care, and loved by many people,” and for just as long have been as considerately raised and tended for the pot. In the Journal of Researches, Darwin was moved to horror and revulsion by the fact that the natives of Tierra del Fuego, in times of hunger, kill and eat the old women of the tribe sooner than their dogs[12], because “Doggies catch otters, old women no.” By the time of the Origin, this is accepted with calm objectivity:

We see the value set on animals even by the barbarians of Tierra del Fuego, by their killing and devouring their old women, in times of dearth, as of less value than their dogs.

 

II

 

When the Origin appeared, it was reviewed in the American Journal of Science and Arts by Asa Gray, perhaps the shrewdest (as Huxley was the most brilliant) of the Darwinians. Gray noted that Darwin’s frankness about objections and unsolved problems gave the book the character of a mythic quest. He writes: “The interest for the general reader heightens as the author advances on his perilous way and grapples manfully with the most formidable difficulties.” In the Origin, Darwin tends to make the imperilled knight not himself but his theory: a difficulty would be “fatal to the whole theory,” an argument is “a fatal objection,” “Such objections as the above would be fatal to my views,” and so on endlessly. But Darwin’s imagery in correspondence makes it clear that the life at stake is Darwin’s own. Sending an advance copy of the book to Hugh Falconer in 1859, he wrote: “Lord, how savage you will be if you read it, and how you will long to crucify me alive!” He wrote to H. G. Bronn in 186o: “The objections and difficulties which may be urged against my view are indeed heavy enough almost to break my back, but it is not yet broken!” When Lyell refused to come out in support of the theory publicly, Darwin wrote to him: “You cut my throat, and your own throat; and I believe will live to be sorry for it.” In later years Darwin’s correspondence is full of “It is clear to me that I ought to be exterminated,” “I know well that I deserve many a good slap on the face,” “If I am wrong, the sooner I am knocked on the head and annihilated so much the better.” He seems to have seen himself as the scapegoat, the sacrificial victim, sometimes the Judaeo-Christian blameless victim without blemish, but sometimes the guilty pagan slayer who must himself be slain. When the theory of evolution first took publishable form, in 1844, Darwin wrote to Hooker “I am almost convinced (quite contrary to the opinion that I started with) that species are not (it is like confessing a murder) immutable.”

 

If Darwin’s tragic vision embraced bloodshed and murder, it also embraced beauty and joy. The Origin is as full of the word “beauty” as the Journal of Researches, but now it is a utilitarian beauty. Sometimes it is a “beautiful adaptation” to function, like that of the woodpecker, the mistletoe, or the giraffe; sometimes it has a visual loveliness too, as in “the beautifully plumed seed of the dandelion”; sometimes it is an abstraction, like the power engaged “in slowly and beautifully adapting each form to the most complex relations of   life”; sometimes it is pure exultant generalization, “there is so much beauty throughout nature.” The last sentence of the book, beginning “There is grandeur in this view of life,” concludes “from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.” The “wonderful” means, of course, “wonderfully adapted to survive.” In 1863, Darwin wrote to Huxley: “With a book, as with a fine day, one likes it to end with a glorious sunset.”

The Origin, although it resolutely postpones consideration of human origins for a later work, is oddly anthropocentric. One reason is that Darwin constantly humanizes animals in what used to be called the “pathetic fallacy”: male alligators have courtship rites “like Indians in a war dance”; frightened ants “took heart” and a single ant stood “an image of despair over its ravaged home”; in the consolatory statement quoted above, the surviving animals are not only vigorous and healthy, but “happy.” Man is always on Darwin’s mind as he talks of the lower orders. The criteria for an “advance in organization” among the vertebrate are “the degree of intellect and an approach in structure to mats.” When the Origin announces the descent of man, he is not named, simply lumped in: “According to this view it may be inferred that all vertebrate animals with true lungs are descended by ordinary generation from an ancient and unknown prototype, which was furnished with a floating apparatus or swimbladder.” Later in the Origin Darwin concludes in more detail that the higher vertebrates “are the modified descendants of some ancient progenitor, which was furnished in its adult state with branchiae, a swim-bladder, four fin-like limbs, and a long tail, all fitted for an aquatic life.” (More explicitly, Darwin wrote to Lyell in 186o: “Our ancestor was an animal which breathed water, had a swim bladder, a great swimming tail, an imperfect skull, and undoubtedly was an hermaphrodite! Here is a pleasant genealogy for mankind.”).

 

III

 

The chief thematic metaphor in The Origin of Species, constituting the book’s principal imaginative design, is a visual figure that develops in richness and complexity as it goes through a series of metamorphoses. It begins as the ladderlike polity of life, a form of the medieval Great Chain of Being (so exhaustively studied by A. 0. Lovejoy in his book of that title). Early in the book, Darwin writes of “places in the polity” of nature, “places which are either unoccupied or not perfectly occupied by other beings,” “a place in the natural polity of the country,” “new places in the polity of nature.” Eventually this progresses from simple to complex, and becomes a vision of “one long and branching chain of life,” of which we know from the past only a few links (the nonsense of the “Missing Link” apeman seems to be based on this passage). As the book goes on, the figure modifies from the chain, either simple or complex, to that of a living tree, in a remarkable extended metaphor (earlier used in a letter to Gray that was one of the documents presented to the Linnean Society):

 

The affinities of all the beings of the some class have some-times been represented by a great tree. I believe this simile largely speaks the truth. The green and budding twigs may represent existing species; and those produced during former years may represent the long succession of extinct species. At each period of growth all the growing twigs have tried to branch out on all sides, and to overtop and kill the surrounding twigs and branch., in the some manner as species and groups of species have at all times overmastered other species in the great battle for life. The limbs divided into great branch, and these into lesser and lesser branches, were themselves once, when the tree was young, budding twigs, and this connection of the former and present buds by ramifying branches may well represent the classification of all extinct and living species in groups subordinate to groups. Of the many twigs which flourished when the tree was a mere bush, only two or three, now grown into great branches, yet survive and bear the other branches; so with the species which lived during long-past geological periods, very few have left living and modified descendants. From the first growth of the tree, many a limb and branch has decayed and dropped off; and these fallen branches of various sizes may represent those whole orders, families, and genera which have now no living representatives, and which are known to as only in a fossil state. As we here and there see a thin straggling branch springing from a fork low down in a tree, and which by some chance has been favoured and is still alive on its summit, so we occasionally see an animal like the Ornithorhynchus or Lepidosiren, which in some small degree connects by its affinities two large branches of life, and which has apparently been saved from fatal competition by having inhabited a protected station. As buds give rise by growth to fresh buds, and these, if vigorous, branch out and overtop on all sides many a feebler branch, so by generation I believe it has been with the great Tree of Life, which fills with its dead and broken brandies the crust of the earth, and covers the surface with its ever-branching and beautiful ramifications.

 

Darwin continues to use the tree figure, later referring to the variety of species as “like the branching of a great tree from a single stem.” Even this image, however, ultimately will not contain the infinite richness of ecological relationships in nature, which he describes as progressing “onwards in ever-increasing circles of complexity.” The book’s final paragraph achieves the ultimate transformation. It begins:

It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us.

 

With the image of the tangled bank, so reminiscent of Shakespearean lyric, Darwin embraces all the rich complexity of life. The image of the great Chain of Life is ordered, hierarchic, and static, essentially medieval; the great Tree of Life is ordered, hierarchic, but dynamic and competitive, a Renaissance vision; but the great Tangled Bank of Life is disordered, democratic, and subtly interdependent as well as competitive, essentially a modern vision.

 

The minor metaphors in the work fall into place within this great organizing metaphor. “Struggle for existence” and “survival of the fittest,” noted above, are other ways of looking at the tangled bank. The metaphors are epiphanies or showings forth; for the most part they image process in dramatic action, provide scenes “in an ever slowly changing drama”: “as with mariners shipwrecked near a coast”; “to feel no surprise at sickness, but, when the sick man dies, to wonder and to suspect that he died by some deed of violence”; “when we no longer look at an organic being as a savage looks at a ship.” A constant metaphor is language itself: “a breed, like a dialect of a language”; “It may be worthwhile to illustrate this view of classification, by taking the case of languages”; “Rudimentary organs may be compared with the letters in a word”; and so on. J. Arthur Thomson, in Dar-win and Modern Science, praises Darwin’s “clear visions” and they are all metaphors: “visions of the web of life, of the fountain of change within the organism, of the struggle for existence and of its winnowing, and of the spreading genealogical tree.” Darwin says of morphology, defined in the Origin’s Glossary as “The law of form or structure independent of function”: “This is one of the most interesting departments of natural history, and may almost be said to be its very soul.” Similarly, Aristotle says in the Poetics (in By-water’s translation): “But the greatest thing by far is to be a master of metaphor. It is the one thing that cannot be learnt from others; and it is also a sign of genius, since a good metaphor implies an intuitive perception of the similarity in dissimilars.” By this criterion Darwin displayed genius as morphologist and metaphorist alike.

 

Perhaps the most surprising thing in The Origin of Species, to those who think of Darwin as the type of the prosaic scientist, is that it repeatedly calls not for an act of understanding but for an act of the imagination. Darwin writes: “It is good thus to try in imagination,” “How strange are these facts!” “no one with the most vivid imagination would ever have thought,” “no one can have marvelled more than I have done,” “the fact is a marvelous one,” “But these cases are so wonderful,” “Glancing et instincts, marvellous as some are,” “We see the full meaning of the wonderful fact,” and so on. The call is not only for imagination, marvel, wonder, but for the sort of immersion in nature that led Emerson to say “Books are for the scholars’s idle hours.” Darwin writes:

It is hardly possible for me to recall to the reader who is not a practical geologist, the facts leading the mind to comprehend the lapse of time…. Not that it suffices to study the Principles of Geology, or to read special treatises by different observers on separate formations, and to mark how each author at-tempts to give an inadequate idea of the duration of each formation, or even of each stratum. We can best gain some idea of past time by knowing the agencies at work, and learning how deeply the surface of the land has been denuded, and how much sediment has been deposited…. Therefore a man should examine for himself the great piles of superimposed strata, and watch the rivulets bringing down mud, and the waves wearing away the sea-cliffs, in order to comprehend something about the duration of past time, the monuments of which we see all around us. It is good to wander along the coast, when formed of moderately hard rocks, and mark the process of degradation.

 

Perhaps not to far as it might seem from Proust’s comparable venture in comprehending the duration of past time.



[1] The article entitled Darwin the dramatist, was written by Stanley Edgar Hyman and published in The Centennial Review of Arts & Science in 1959. The annotations contain my commentaries to it. Information about the author is taken from Wikipedia (Newspeak dictionary).

[2] Stanley Edgar Hyman (1919–1970) was a literary critic who wrote primarily about critical methods: the distinct strategies critics use in approaching literary texts.  He was influential for the development of literary theory in the 1940s and 1950s. Equally skeptical of every major critical methodology of his time, he worked out an early instance of a critical theory, exploring ways that critics can be foiled by their own methods. “Each critic,” Hyman wrote in The Armed Vision, “tends to have a master metaphor or series of metaphors in terms of which he sees the critical function. This metaphor then shapes, informs, and sometimes limits his work.” Hyman saw it as his own critical task to point out these overriding themes by which, tacitly, other critics organized their work and their thinking.

Hyman was born in Brooklyn, New York and graduated from Syracuse University in 1940. He was a staff writer for The New Yorker for much of his life, and although he did not possess a graduate degree, taught at Bennington College in Bennington, Vermont. From 1961 to 1965, Hyman was the literary critic of The New Leader.

[3] A rather curious sentence: most of the thinking world was convinced of the evolution of species. It shows:  1) how little evidence is required to convince so many people, 2) How scarcely thinking is the thinking world. Perhaps the non-thinking world may be clever.

[4] Confusion between scientific argument and rhetorical organization. These are here shown as equivalent, but indeed these are quite different things. OSMNS is very weak in the first, but strong in the second.

[5] Please see footnote number 11.

[6] In a strict sense there is not a scientific theory that may be attributed to Darwin.

[7] Establish an idea? Is this a scientific objective?

[8] What are those Darwin’s processes?

[9] Is it possible to confuse processes with hypotheses?

[10] First, Darwin confused selection with breeding (a methonimy). To escape this mistake he uses the expression natural selection (an oxymoron). To escape this he defines it as survival of the fittest (pleonasm). Then he starts constructing several prosopopeyas, attributing actions to these constructions. The rhetorical analysis of chapter IV of OSMNS shows an accumulation of mistakes. Tautology is only a small part of it. Please see the book Está usted de broma Mr Darin? La retórica en el corazón del darwinismo for an explanation (English version in progress).

[11] He may have had the help of others, such as for example Thomas Henry Huxley. Adrian Desmond, the biographer of both, Darwin and Huxley, points to a paragraph in OSMNS as being a product of Huxley. There are very probably some more paragraphs in OSMNS due to Huxley.

[12] This has been repeated in many instances but never confirmed by any anthropology study or even the simplest evidence.

 

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El Origen de las Especies, una larga serie de errores

 

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Figura 1:  Conjunto de figuras retóricas firmemente ancladas unas sobre otras que se deduce del análisis del capítulo 4 del Origen de las Especies.

El error fundamental o fundacional del darwinismo consiste en la confusión entre selección y mejora, la parte por el todo, una metonimia. Dicho error es la consecuencia de haber elegido un modelo inconveniente: la granja no sirve como modelo para estudiar el origen de las especies.

Un error no reconocido se puede intentar camuflar con otros errores y así al error fundamental del darwinismo, la metonimia fundacional producto de confusión de selección y mejora se añade una larga cadena de errores visibles mediante las correspondientes figuras retóricas.

Referencia

Cervantes E, Pérez Galicia G. 2015. ¿Está usted de broma Mr Darwin? La retórica en el corazón del darwinismo. OIACDI. Amazon.

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La felicidad de contemplar cuatro gusanos en el párrafo octingentésimo cuadragésimo y último de El Origen de las Especies

Acaba la obra que hemos leido despacio, párrafo a párrafo, día a día, durante casi cuatro años.

Acaba la obra y lloramos de emoción al leer este último párrafo.

En uno de sus largos paseos, el autor se ha sentado y contempla a la naturaleza. Naturaleza que él mismo va a transformar mediante el imperativo de su mirada. No exageramos por tanto si decimos que el momento descrito en este párrafo es el final de la edad antigua y el comienzo de la nueva. El final de la Historia Natural y el principio de la Biología. El final de un mundo en que la humildad es virtud y el principio de un mundo que exige al ser humano ser arrogante.

El autor, el profeta máximo de la arrogancia y la pseudociencia, se ha sentado y contempla un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases. Si fuese un botánico o un naturalista, mencionaría las especies, pero él no distingue especies, clases o variedades. En realidad él solo estudió para clérigo y de esto hace ya mucho, mucho tiempo. Pero el estudio no cayó en saco roto.

Las aves cantan en los matorrales, tampoco importa qué aves sean, ruiseñores, canarios o …buitres. En el mundo moderno, ave es suficiente.

Diferentes insectos revolotean, pero si para las plantas y para las aves no importaba la especie, te diré lo que importa en el caso de los insectos: Nada. Un insecto ya debe conformarse con tener este nombre: Insecto. Más que suficiente.

Los gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda nos invitan a reflexionar en todas estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos.

Todas ellas, gusanos, insectos, aves, plantas y otras incluyendo al propio observador, el autor de este desafortunado libro que nunca debió ser publicado, todas ellas han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor. Leyes que son, a saber: crecimiento con reproducción; herencia; variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso.

Pero,…. Un momento: ¿Puede llamarse ley a todo esto? ¿Existe algo que pueda llamarse  Ley del crecimiento con reproducción? Sospecho que no

¿Algo que se pueda llamar Ley de la herencia? Me temo que no.

 

Sí existe, en cambio, algo que puede llamarse ley de la variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso. Estas son  leyes que estableció Lamarck a quien Darwin ha venido copiando desde el principio hasta el final de su obra.

El resto, ya saben, lo de siempre: Malthus,… Malthus y Dios. Es decir, la selección natural.

 

 

 

..una razón del aumento, tan elevada, tan grande, que conduce a una lucha por la vida, y como consecuencia a la selección natural, que determina la divergencia de caracteres y la extinción de las formas menos perfeccionadas. Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.

 

 

 

 

 

840.

 

It is interesting to contemplate a tangled bank, clothed with many plants of many kinds, with birds singing on the bushes, with various insects flitting about, and with worms crawling through the damp earth, and to reflect that these elaborately constructed forms, so different from each other, and dependent upon each other in so complex a manner, have all been produced by laws acting around us. These laws, taken in the largest sense, being Growth with reproduction; Inheritance which is almost implied by reproduction; Variability from the indirect and direct action of the conditions of life, and from use and disuse; a Ratio of Increase so high as to lead to a Struggle for Life, and as a consequence to Natural Selection, entailing Divergence of Character and the Extinction of less improved forms. Thus, from the war of nature, from famine and death, the most exalted object which we are capable of conceiving, namely, the production of the higher animals, directly follows. There is grandeur in this view of life, with its several powers, having been originally breathed by the Creator into a few forms or into one; and that, whilst this planet has gone circling on according to the fixed law of gravity, from so simple a beginning endless forms most beautiful and most wonderful have been, and are being evolved.

 

Es interesante contemplar un enmarañado ribazo cubierto por muchas plantas de varias clases, con aves que cantan en los matorrales, con diferentes insectos que revolotean y con gusanos que se arrastran entre la tierra húmeda, y reflexionar que estas formas, primorosamente construidas, tan diferentes entre sí, y que dependen mutuamente de modos tan complejos, han sido producidas por leyes que obran a nuestro alrededor. Estas leyes, tomadas en un sentido más amplio, son: la de crecimiento con reproducción; la de herencia, que casi está comprendida en la de reproducción; la de variación por la acción directa e indirecta de las condiciones de vida y por el uso y desuso; una razón del aumento, tan elevada, tan grande, que conduce a una lucha por la vida, y como consecuencia a la selección natural, que determina la divergencia de caracteres y la extinción de las formas menos perfeccionadas. Así, la cosa más elevada que somos capaces de concebir, o sea la producción de los animales superiores, resulta directamente de la guerra de la naturaleza, del hambre y de la muerte. Hay grandeza en esta concepción de que la vida, con sus diferentes fuerzas, ha sido alentada por el Creador en un corto número de formas o en una sola, y que, mientras este planeta ha ido girando según la constante ley de la gravitación, se han desarrollado y se están desarrollando, a partir de un principio tan sencillo, infinidad de formas las más bellas y portentosas.

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