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Iconoclast: One Journalist’s Odyssey through the Darwin Debates

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This is the great problem with science today: That authority more and more replaces evidence

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Rueda de Prensa de la Presentación del Libro sobre el Yacimiento de Villarroya

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Todo el mundo admitirá que los registros geológicos son imperfectos y otra enorme falsedad en el párrafo septingentésimo nonagésimo sexto de El Origen de las Especies

Y ahora, se preguntarán ustedes: ¿Cuál es esa enorme falsedad?. Pues bien. Esta:

 

Si consideramos espacios de tiempo lo bastante largos, la Geología manifiesta claramente que todas las especies han cambiado y que han cambiado del modo exigido por la teoría, pues han cambiado lentamente y de un modo gradual.

 

La Geología no manifiesta en absoluto que las especies hayan cambiado. Y mucho menos que lo hayan hecho de modo gradual.

 

 

796

 

 

That the geological record is imperfect all will admit; but that it is imperfect to the degree required by our theory, few will be inclined to admit. If we look to long enough intervals of time, geology plainly declares that species have all changed; and they have changed in the manner required by the theory, for they have changed slowly and in a graduated manner. We clearly see this in the fossil remains from consecutive formations invariably being much more closely related to each other than are the fossils from widely separated formations.

 

Todo el mundo admitirá que los registros geológicos son imperfectos; muy pocos se inclinarán a admitir que lo son en el grado requerido por nuestra teoría. Si consideramos espacios de tiempo lo bastante largos, la Geología manifiesta claramente que todas las especies han cambiado y que han cambiado del modo exigido por la teoría, pues han cambiado lentamente y de un modo gradual. Vemos esto claramente en que los restos fósiles de formaciones consecutivas están invariablemente mucho más relacionadas entre sí que los de formaciones muy separadas.

 

Lectura aconsejada:

 

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Categorias: AAA (ver todas las entradas), Binomio Con-Con, Ciencia ficción, Concepto de Especie, confusión, Confusión mental, Conocimiento, contradicción, Creencia, Crítica, Darwinismo, Debates históricos y debates de ficción, Diseño, Diseño Inteligente (ID), Doblepensar, Dogmas, Episteme, Equilibrio puntuado, Estructuralismo, Evolución, Filosofía, Fraude, Geología, Historia Natural, Ideas, idioma darwiniano o darvinés, Infierno, Ingsoc, Institucionalización de la ciencia, Lenguaje, Máquina incapaz de distinguir, Materialismo, Mitos y Leyendas de la Ciencia, Naturaleza fantástica, On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life, OSMNS, OSMNS Contradicciones, OSMNS Errores, OSMNS Falacias, Paleontología, Pseudociencia, Sectarismo

Resumiendo una enorme confusión con un invitado sorprendente en el párrafo sexcentésimo décimo octavo del Origen de las Especies

El resumen de un discurso ha de contener sus partes principales. En el caso que nos ocupa, he aquí un conjunto resumido de falacias:

 

que los registros geológicos son sumamente incompletos;

que sólo una parte del globo ha sido geológicamente explorada con cuidado;

que sólo ciertas clases de seres orgánicos se han conservado en abundancia en estado fósil;

que tanto el número de ejemplares como el de especies conservados en nuestros museos es absolutamente como nada, comparado con el número de generaciones que tuvieron que haber desaparecido durante una sola formación;

 

que, debido a que el hundimiento del suelo es casi necesario para la acumulación de depósitos ricos en especies fósiles de muchas clases, y lo bastante gruesos para resistir la futura erosión, tuvieron que haber transcurrido grandes intervalos de tiempo entre la mayor parte de nuestras formaciones sucesivas;

 

que probablemente ha habido más extinción durante los períodos de elevación,

 

y que durante estos últimos los registros se habrán llevado del modo más imperfecto; que cada una de las formaciones no se ha depositado de un modo continuo; que la duración de cada formación es probablemente corta, comparada con la duración media de las formas especificas; que la migración ha representado un papel importante en la aparición de nuevas formas en una región o formación determinada; que las especies de extensa distribución geográfica son las que han variado con más frecuencia y las que han dado más frecuentemente origen a nuevas especies; que las variedades han sido al principio locales,

Y enmedio de todo este marasmo de falacias, la contradicción:

….y, finalmente, que, aun cuando cada especie tiene que haber pasado por numerosos estados de transición, es probable que los períodos durante los cuales experimentó modificaciones, aunque muchos y largos si se miden por años, hayan sido cortos, en comparación con los períodos durante los cuales cada especie permaneció sin variación.

En qué quedamos: ¿El cambio es gradual o no lo es?:

Estas causas reunidas explicarán, en gran parte, por qué, aun cuando encontremos muchos eslabones, no encontramos innumerables variedades que enlacen todas las formas vivientes y, extinguidas mediante las más delicadas gradaciones. Había que tener, además, siempre presente que cualquier variedad que pueda encontrarse intermedia entre dos formas tiene que ser considerada como especie nueva y distinta, a menos que pueda restaurarse por completo toda la cadena, pues no se pretende que tengamos un criterio seguro por el que puedan distinguirse las especies de las variedades.

Nos quedaremos sin saberlo, pero esta claro que quien escribió esto no podía defender de ningún modo ninguna teoría que propusiera un cambio gradual.  Un autor contemporáneo de Darwin, Pierre Trémaux. había propuesto que las transiciones entre especies no tienen lugar de modo contínuo, sino discontínuo. Lo que luego se vino a llamar el Equilibrio Puntuado. Pero para aclarar un poco toda esta confusion  nos servirá de ayuda el artículo titulado Trémaux and Darwin, and Gould, del que son autores John S. Wilkins (Department of Philosophy, University of Queensland, Brisbane 4072, Australia) y  Gareth J. Nelson (School of Botany, University of Melbourne, Melbourne 3010, Australia). Copiaremos  y traduciremos unos párrafos de este artículo:

 

 

Although so far as we can establish, Darwin never cited or referred to Trémaux’s work in any of his publications and correspondence, he did have the 1865 work, in French, in his library.

Whether or not Darwin was aware of Trémaux’s view of speciation consciously, a year later, in the very next edition of the Origin , in 1866 (fourth edition), Darwin added the italicised words to his summary of the arguments of the chapters on geology (chapters IX and X, pp409f):

… although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why though we do find many links between the species of the same group we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps

.

(Darwin 1866: 409f)

 

 

Aunque hasta donde podemos establecer, Darwin nunca citó o se refirió al trabajo de Trémaux’s en ninguna de sus publicaciones ni en su correspondencia, él realmente tenía el trabajo de 1865, en francés, en su biblioteca. Fuese o no Darwin consciente del punto de vista de Trémaux’s sobre la especiación, un año más tarde, en la siguiente edición del Origen, en 1866 (cuarta edición), añadió las palabras puestas en cursiva a su resumen de los argumentos de los capítulos sobre la geología (capítulos IX y X, pp 409f):

 

… although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why though we do find many links between the species of the same group we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps

 

 

 

 

Now, it is not established that Darwin did read Trémaux and revise his ideas accordingly, but it is suspiciously coincident, as Darwin was fluent in French and read French naturalists assiduously. Moreover, this precedes the work of Moritz Wagner, whose geographical theory of speciation is remarkably similar to Trémaux’s and who also doesn’t cite him, by two years (Wagner 1868). Darwin cites Wagner’s work extensively, and they had a famous debate in publication over the cause of speciation, whether it was due directly to selection, as Darwin thought, or indirectly due to local adaptation, as Wagner thought. It is very likely that Darwin was influenced by Trémaux’s raising of the issues, if not his formulation.

It is also possible, though we can find no evidence in Wagner’s works, that he, too, was influenced by Trémaux.

This passage of the Origin , incidentally, is often cited by commentators on the punctuated equilibrium theory of Gould and Eldredge, to show that it is not a novel

idea. And this leads us to a curious episode in the history of Trémaux interpretation. Only one post-Engels commentator (apart from Paul) actually has taken the trouble to read Trémaux’s work–Stephen Jay Gould, and here is the full extent of what he had to say (apart from a mention of a diagram of Trémaux’s in his 1997 : 39f):

I had long been curious about Trémaux and sought a copy of his book for many years. I finally purchased one a few years ago and I must say that I have never read a more absurd or more poorly documented thesis. Basically, Trémaux argues that the nature of the soil determines national characteristics and that higher civilizations tend to arise on more complex soils formed in later geological periods. If Marx really believed that such unsupported nonsense could exceed the Origin of Species in importance, then he could not have properly understood or appreciated the power of Darwin’s facts and ideas. (Gould 1999: 90).

 

 

Ahora, no queda establecido que Darwin realmente hubiese leido a Trémaux y revisado sus ideas en consecuencia, pero es con sospechosamente  coincidente, ya que Darwin conocía el francés y leía a naturalistas franceses asiduamente. Además, esto precede en dos años al trabajo de Moritz Wagner, cuya teoría geográfica de la especiación es notablemente similar a la de Trémaux y quien tampoco lo cita (Wagner 1868). Darwin cita el trabajo de Wagner extensivamente, y ellos tenían un debate famoso en la publicación sobre la causa de la especiación, si era debida directamente a la selección, como Darwin pensaba, o indirectamente debido a la adaptación local, como Wagner pensaba. Es muy probable que Darwin estuviese bajo la inflluencia de los temas tratados por Trémaux, si no su misma formulación.

Es también posible, aunque nosotros no podamos encontrar ningunas pruebas en los trabajos de Wagner, que él, también, estuviese bajo la inflluencia de Trémaux. Este fragmento del Origen, a propósito, a menudo es citado por comentaristas sobre la teoría de equilibrio puntuado de Gould y Eldredge, para mostrar que esto no es una idea nueva. Y esto nos conduce a un episodio curioso en la historia de la interpretación de Trémaux. Sólo un comentarista posterior a Engels (aparte de Paul) se ha tomado la molestia de leer el trabajo de  Trémaux- Stephen Jay Gould, y aquí está lo que él tuvo que decir al respecto (aparte de una mención de un diagrama de Trémaux’s en su libro de 1997):

 

Durante mucho tiempo tuve curiosidad por Trémaux y había buscado una copia de su libro muchos años. Finalmente compré un ejemplar hace unos años y debo decir que nunca leí una tesis más absurda o peor documentada. Básicamente, Trémaux argumenta que la naturaleza del suelo determina las características nacionales y que civilizaciones más altas tienden a surgir sobre suelos más complejos formados en períodos geológicos posteriores. Si Marx realmente creyera que tales tonterías sin fundamento podrían exceder al Origen de las Especies en importancia, entonces él no podría haber entendido correctamente o no apreciar el poder de los hechos e ideas de Darwin. (Gould, 1999: 90)

En resumidas cuentas, que:

 

(1) Trémaux habría escrito en relación con el origen de las especies y proponiendo,  en contra del cambio gradual propuesto por Darwin, la alternancia de periodos de cambio con otros de estabilidad (stasis).

(2) Que Darwin habría probablemente leído a Trémaux después de haber escrito la primera edición de su libro, lo cual le habría ayudado a darse cuenta de que el cambio gradual es absurdo.

(3) Que habiendo defendido el cambio gradual a lo largo de muchas páginas de su obra, que está basada en los trabajos de los ganaderos y agricultores que conocemos como Mejora Genetica (no selección , que es sólo una parte), entonces Darwin se vió obligado a mantener su error (el cambio gradual es otro más de los errores que Darwin tiene que mantener a la fuerza; entre ellos es anterior la selección natural que no existe,  fruto a su vez de la confusión de selección con mejora).

(4) Por todo la anterior, Darwin está obligado a mantener a la vez una opinión y su contraria (Cambio gradual y cambio no gradual, a saltos). La primera por fidelidad asu obra, basada en la doctrina económica de Malthus y en las experiencias de granjeros y agricultores; la segunda, basada en la lectura de Trémaux.

(5) Gould descubre la obra de Trémaux y en lugar de reconocer que su contenido es científico, mientras que El Origen de las Especies contiene charlatanería, se dedica a:

5.1. Calumniar a Trémaux.

5.2. Adular a Darwin.

5.3. Difundir como si fuera suya suya una teoría copiada del primero (El equilibrio puntuado).

 

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SUMMARY OF THE PRECEDING AND PRESENT CHAPTERS.

 

I have attempted to show that the geological record is extremely imperfect; that only a small portion of the globe has been geologically explored with care; that only certain classes of organic beings have been largely preserved in a fossil state; that the number both of specimens and of species, preserved in our museums, is absolutely as nothing compared with the number of generations which must have passed away even during a single formation; that, owing to subsidence being almost necessary for the accumulation of deposits rich in fossil species of many kinds, and thick enough to outlast future degradation, great intervals of time must have elapsed between most of our successive formations; that there has probably been more extinction during the periods of subsidence, and more variation during the periods of elevation, and during the latter the record will have been least perfectly kept; that each single formation has not been continuously deposited; that the duration of each formation is probably short compared with the average duration of specific forms; that migration has played an important part in the first appearance of new forms in any one area and formation; that widely ranging species are those which have varied most frequently, and have oftenest given rise to new species; that varieties have at first been local; and lastly, although each species must have passed through numerous transitional stages, it is probable that the periods, during which each underwent modification, though many and long as measured by years, have been short in comparison with the periods during which each remained in an unchanged condition. These causes, taken conjointly, will to a large extent explain why—though we do find many links—we do not find interminable varieties, connecting together all extinct and existing forms by the finest graduated steps. It should also be constantly borne in mind that any linking variety between two forms, which might be found, would be ranked, unless the whole chain could be perfectly restored, as a new and distinct species; for it is not pretended that we have any sure criterion by which species and varieties can be discriminated.

 

Resumen del capítulo anterior y del presente

He intentado demostrar que los registros geológicos son sumamente incompletos; que sólo una parte del globo ha sido geológicamente explorada con cuidado; que sólo ciertas clases de seres orgánicos se han conservado en abundancia en estado fósil; que tanto el número de ejemplares como el de especies conservados en nuestros museos es absolutamente corno nada, comparado con el número de generaciones que tuvieron que haber desaparecido durante una sola formación; que, debido a que el hundimiento del suelo es casi necesario para la acumulación de depósitos ricos en especies fósiles de muchas clases, y lo bastante gruesos para resistir la futura erosión, tuvieron que haber transcurrido grandes intervalos de tiempo entre la mayor parte de nuestras formaciones sucesivas; que probablemente ha habido más extinción durante los períodos de elevación, y que durante estos últimos los registros se habrán llevado del modo más imperfecto; que cada una de las formaciones no se ha depositado de un modo continuo; que la duración de cada formación es probablemente corta, comparada con la duración media de las formas especificas; que la migración ha representado un papel importante en la aparición de nuevas formas en una región o formación determinada; que las especies de extensa distribución geográfica son las que han variado con más frecuencia y las que han dado más frecuentemente origen a nuevas especies; que las variedades han sido al principio locales, y, finalmente, que, aun cuando cada especie tiene que haber pasado por numerosos estados de transición, es probable que los períodos durante los cuales experimentó modificaciones, aunque muchos y largos si se miden por años, hayan sido cortos, en comparación con los períodos durante los cuales cada especie permaneció sin variación. Estas causas reunidas explicarán, en gran parte, por qué, aun cuando encontremos muchos eslabones, no encontramos innumerables variedades que enlacen todas las formas vivientes y, extinguidas mediante las más delicadas gradaciones. Había que tener, además, siempre presente que cualquier variedad que pueda encontrarse intermedia entre dos formas tiene que ser considerada como especie nueva y distinta, a menos que pueda restaurarse por completo toda la cadena, pues no se pretende que tengamos un criterio seguro por el que puedan distinguirse las especies de las variedades.

 

Lectura aconsejada:

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Ejemplos de la paleontología en el párrafo quingentésimo nonagésimo sexto del Origen de las Especies

Comenzamos nueva sección titulada De las afinidades de las especies extinguidas entre sí y con las formas vivientes, y ya el título encierra una gran ambigüedad, puesto que nos indica que existen afinidades entre especies extinguidas entre sí y con las formas vivientes. Entonces: ¿Dónde va a parar la evolución?, pero no adelantemos acontecimientos y leamos despacio el párrafo. Fíjense en esto que dice al principio:

Se reparten todas entre un corto número de grandes clases, y este hecho se explica en seguida por el principio de la descendencia.

Esto es precisamente lo contrario que indica el sentido común y lo contrario que le criticaron muchos de sus contemporáneos, por ejemplo Agassiz, a quien no tardaremos en encontrar citado en este párrafo. En realidad si todas las especies, vivientes y extinguidas se reparten entre un corto número de grandes clases,  este hecho no se explica en absoluto por ningún principio de la descendencia o transformación.

El autor va a intentar convencernos de lo siguiente:

El que las formas orgánicas extinguidas ayudan a llenar los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes, es ciertísimo

¿Lo conseguirá? Veamos. Ya es algo digno de reconocer que no incluya Clases ni Phylum, ahí parece que no vamos a entrar. Con razón. Pero veamos qué hay al respecto de los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes. A tal fin promete dar unos cuantos ejemplos…….Por mi parte los encuentro muy dispares y de variada significación. Veamos:

 

  1. Si limitamos nuestra atencíón a las especies vivientes, o a las especies extinguidas de la misma clase, la serie es mucho menos perfecta que si combinamos ambas en un sistema general. En los escritos del profesor Owen nos encontramos continuamente con la expresión formas generalizadas aplicada a animales extinguidos, y en los escritos de Agassiz con la expresión tipos proféticos o sintéticos, y estos términos implican el que tales formas son de hecho eslabones intermedios o de unión.

 

La serie es más perfecta cuando consideramos las especies vivientes y las extinguidas. En eso estamos de acuerdo. El problema llega cuando nos preguntamos qué quiere decir que la serie es más perfecta.  Cuando Owen se refiere a formas generalizadas se refiere seguramente a un género, familia u orden. No a forma de transición alguna.  Lo mismo ocurre con la expresión tipos proféticos o sintéticos de Agassiz. Los tipos sintéticos sintetizan una familia, no representan eslabones de unión como erróneamente se indica al final de la frase. De todos modos los ejemplos permanecen en el aire y no demuestran nada, ni lo uno ni lo otro. De nuevo el autor se ha quedado a mitad de camino al exponerlos. Como en el siguiente ejemplo:

 

2.  Otro distinguido paleontólogo, monsieur Gaudry, ha demostrado del modo más notable que muchos de los mamíferos fósiles descubiertos por él en el Ática sirven para llenar los intervalos que existen entre géneros vivientes.

Ahora bien: ¿Qué mamífero fósil descubierto por Gaudry llena el intervalo entre cuál y cuál otro género viviente? El autor no sabe o no contesta.

El siguiente ejemplo puede parecer más ajustado con la propuesta del autor, pero no sabemos si resiste un examen detallado. En su primera parte hace referencia a una simple reordenación taxonómica. Mientras que hay un enlace misterioso entre dos sentencias absolutamente diferentes. Veamos:

 

  1. Cuvier clasificaba los rumiantes y los paquidermos como dos órdenes, de los más distintos, de mamíferos; pero han sido desenterradas tantas formas intermedias fósiles, que Owen ha tenido que alterar toda la clasificación, y ha colocado ciertos paquidermos en un mismo suborden con rumiantes; por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello. Los ungulados o mamíferos de cascos y pezuñas se dividen ahora en un grupo con número par de dedos y otro con número impar de dedos; pero la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones.

En el texto llama la atención lo siguiente:

Owen ha tenido que alterar toda la clasificación, y ha colocado ciertos paquidermos en un mismo suborden con rumiantes; por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello.

 Que Owen haya alterado la clasificación nos parece bien. Las clasificaciones no son algo inmutable. Pero si se trataba de unir a algunos paquidermos con rumiantes ¿Cómo se explica el ejemplo indicado?:

por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello.

¿Qué es eso del intervalo entre el cerdo y el camello?

 

Algo parecido ocurre al final:

 

Los ungulados o mamíferos de cascos y pezuñas se dividen ahora en un grupo con número par de dedos y otro con número impar de dedos; pero la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones.

¿Qué quiere decir que la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones? ¿Acaso significa que hay Macrauchenias con número para  y otras con número impar de dedos?

Pero sigamos explorando las sucesivas pruebas que aporta este párrafo sobre de qué manera las formas extinguidas ayudan a llenar los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes:

 

  1. Nadie negará que el Hipparion es intermedio entre el caballo viviente y ciertas formas unguladas más antiguas;

 

Esta afirmación parece un tanto arriesgada. No se trata de negar que el Hipparion sea la forma intermediaria entre el caballo y otros ungulados. Al revés. Se trata de proporcionar la evidencia que apoye la idea de que el Hipparion pueda ser dicha forma intermedia. Algo semejante ocurre con lo siguiente:

  1. el Typotherium de América del Sur, que no puede ser colocado en ninguno de los órdenes vivientes, ¡qué maravilloso eslabón intermediario constituye en la cadena de los mamíferos, como lo indica el nombre que le ha dado el profesor Gervais!

 

Vayamos pues con el Typotherium, el Mesotherium de Serres. Temprano habla Darwin en el Origen del Typotherium, ya que según informa el diccionario de Neolengua fue descrito por Etienne Serres en 1867, es decir varios años después de la primera edición de OSMNS. Pero debe estar confundido ahí el diccionario de Neolengua puesto que también indica que en Abril de 1863 Hugh Falconer escribió a Darwin lo siguiente:

 

Serres—by a happy inspiration proposed calling it Mesotherium—as being a common centre towards which all mammalia got happily confounded

 

Es decir:

 

Serres-por una inspiración feliz propuso llamarlo Mesotherium-por ser el centro común de confluencia de todos los mamíferos

 

Y luego:

 Bravard sent it home under the name of Typotherium as being the central type from which all mammals diverged.”

 Bravard lo envió a casa bajo el nombre de Typotherium por ser el tipo central del cual todos los mamíferos divergieron.

 

Así pues el nombre de Bravard se impuso. Pero,….. ¿significa esto que el género Typotherium sea intermedio entre grupos distantes? Lo indicado aquí por Darwin está muy lejos de probarlo. Veamos sus restantes ejemplos:

 

  1. Los sirenios forman un grupo bien distinto de mamíferos, y una de las más notables particularidades del dugong y del manatí actuales es la falta completa de miembros posteriores, sin que haya quedado ni siquiera un rudimento; pero el extinguido Halitherium tenía, según el profesor Flower, el fémur osificado «articulado en un acetábulo bien definido en la pelvis», y constituye así una aproximación a los mamíferos ungulados ordinarios, de los cuales los sirenios son afines por otros conceptos.

 

El Halitherium es hoy considerado un Sirenido. ¿Hasta qué punto es lícito decir que constituye así una aproximación a los mamíferos ungulados ordinarios?. Finalmente, un ejemplo de la proximidad de su entorno social:

 

  1. Los cetáceos son muy diferentes de todos los otros mamíferos, pero el Zeuglodon y el Squalodon terciarios que han sido colocados por algunos naturalistas en un orden constituido por ellos solos, son considerados por el profesor Huxley como cetáceos indubitables, «y como constituyendo formas de unión con los carnívoros acuáticos».

¿Qué significa esa misteriosa sentencia final:  como constituyendo formas de unión con los carnívoros acuáticos?

 

A diferencia de otras ocasiones, aquí el autor sí que ha dado ejemplos, pero como siempre, los ha dado de manera parcial,  interesada, tendenciosa, sin demostrar lo que realmente debía haber demostrado: Las evidencias a favor de que estos ejemplos sean realmente eslabones intermediarios.

 

596

ON THE AFFINITIES OF EXTINCT SPECIES TO EACH OTHER, AND TO LIVING FORMS.

 

Let us now look to the mutual affinities of extinct and living species. All fall into a few grand classes; and this fact is at once explained on the principle of descent. The more ancient any form is, the more, as a general rule, it differs from living forms. But, as Buckland long ago remarked, extinct species can all be classed either in still existing groups, or between them. That the extinct forms of life help to fill up the intervals between existing genera, families, and orders, is certainly true; but as this statement has often been ignored or even denied, it may be well to make some remarks on this subject, and to give some instances. If we confine our attention either to the living or to the extinct species of the same class, the series is far less perfect than if we combine both into one general system. In the writings of Professor Owen we continually meet with the expression of generalised forms, as applied to extinct animals; and in the writings of Agassiz, of prophetic or synthetic types; and these terms imply that such forms are, in fact, intermediate or connecting links. Another distinguished palaeontologist, M. Gaudry, has shown in the most striking manner that many of the fossil mammals discovered by him in Attica serve to break down the intervals between existing genera. Cuvier ranked the Ruminants and Pachyderms as two of the most distinct orders of mammals; but so many fossil links have been disentombed that Owen has had to alter the whole classification, and has placed certain Pachyderms in the same sub-order with ruminants; for example, he dissolves by gradations the apparently wide interval between the pig and the camel. The Ungulata or hoofed quadrupeds are now divided into the even-toed or odd-toed divisions; but the Macrauchenia of South America connects to a certain extent these two grand divisions. No one will deny that the Hipparion is intermediate between the existing horse and certain other ungulate forms. What a wonderful connecting link in the chain of mammals is the Typotherium from South America, as the name given to it by Professor Gervais expresses, and which cannot be placed in any existing order. The Sirenia form a very distinct group of the mammals, and one of the most remarkable peculiarities in existing dugong and lamentin is the entire absence of hind limbs, without even a rudiment being left; but the extinct Halitherium had, according to Professor Flower, an ossified thigh-bone “articulated to a well-defined acetabulum in the pelvis,” and it thus makes some approach to ordinary hoofed quadrupeds, to which the Sirenia are in other respects allied. The cetaceans or whales are widely different from all other mammals, but the tertiary Zeuglodon and Squalodon, which have been placed by some naturalists in an order by themselves, are considered by Professor Huxley to be undoubtedly cetaceans, “and to constitute connecting links with the aquatic carnivora.”

 

De las afinidades de las especies extinguidas entre sí y con las formas vivientes

 

Consideramos ahora las afinidades mutuas de las especies vivientes y extinguidas. Se reparten todas entre un corto número de grandes clases, y este hecho se explica en seguida por el principio de la descendencia. Por regla general, cuanto más antigua es una forma, tanto más difiere de las formas vivientes; pero, como Buckland ha hecho observar hace mucho tiempo, las especies extinguidas pueden clasificarse todas dentro de los grupos todavía existentes o en los intervalos entre ellos. El que las formas orgánicas extinguidas ayudan a llenar los intervalos que existen entre géneros, familias y órdenes vivientes, es ciertísimo; pero como esta afirmación ha sido con frecuencia ignorada y hasta negada, puede ser útil hacer algunas observaciones sobre este punto y citar algunos ejemplos. Si limitamos nuestra atencíón a las especies vivientes, o a las especies extinguidas de la misma clase, la serie es mucho menos perfecta que si combinamos ambas en un sistema general. En los escritos del profesor Owen nos encontramos continuamente con la expresión formas generalizadas aplicada a animales extinguidos, y en los escritos de Agassiz con la expresión tipos proféticos o sintéticos, y estos términos implican el que tales formas son de hecho eslabones intermedios o de unión. Otro distinguido paleontólogo, monsieur Gaudry, ha demostrado del modo más notable que muchos de los mamíferos fósiles descubiertos por él en el Ática sirven para llenar los intervalos que existen entre géneros vivientes. Cuvier clasificaba los rumiantes y los paquidermos como dos órdenes, de los más distintos, de mamíferos; pero han sido desenterradas tantas formas intermedias fósiles, que Owen ha tenido que alterar toda la clasificación, y ha colocado ciertos paquidermos en un mismo suborden con rumiantes; por ejemplo, anula, mediante graduaciones, el intervalo, grande en apariencia, entre el cerdo y el camello. Los ungulados o mamíferos de cascos y pezuñas se dividen ahora en un grupo con número par de dedos y otro con número impar de dedos; pero la Macrauchenia de América del Sur enlaza hasta cierto punto estas dos grandes divisiones. Nadie negará que el Hipparion es intermedio entre el caballo viviente y ciertas formas unguladas más antiguas; el Typotherium de América del Sur, que no puede ser colocado en ninguno de los órdenes vivientes, ¡qué maravilloso eslabón intermediario constituye en la cadena de los mamíferos, como lo indica el nombre que le ha dado el profesor Gervais! Los sirenios forman un grupo bien distinto de mamíferos, y una de las más notables particularidades del dugong y del manatí actuales es la falta completa de miembros posteriores, sin que haya quedado ni siquiera un rudimento; pero el extinguido Halitherium tenía, según el profesor Flower, el fémur osificado «articulado en un acetábulo bien definido en la pelvis», y constituye así una aproximación a los mamíferos ungulados ordinarios, de los cuales los sirenios son afines por otros conceptos. Los cetáceos son muy diferentes de todos los otros mamíferos, pero el Zeuglodon y el Squalodon terciarios que han sido colocados por algunos naturalistas en un orden constituido por ellos solos, son considerados por el profesor Huxley como cetáceos indubitables, «y como constituyendo formas de unión con los carnívoros acuáticos».

 

Lectura aconsejada:

 

 

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Eslabones perdidos en el párrafo quingentésimo octogésimo noveno del Origen de las Especies

El párrafo anterior planteaba una pregunta inquietante y difícil respuesta con la base de una supuesta gradación.

En este párrafo nuestras dudas se confirman. ¿Cuál es la especie antecesora de Macrauchenia patachonica? ¿Qué especies se formaron por la evolución del Mylodon darwini?

 

 

 

589

These observations, however, relate to the marine inhabitants of the world: we have not sufficient data to judge whether the productions of the land and of fresh water at distant points change in the same parallel manner. We may doubt whether they have thus changed: if the Megatherium, Mylodon, Macrauchenia, and Toxodon had been brought to Europe from La Plata, without any information in regard to their geological position, no one would have suspected that they had co-existed with sea-shells all still living; but as these anomalous monsters co-existed with the Mastodon and Horse, it might at least have been inferred that they had lived during one of the later tertiary stages.

 

Estas observaciones, sin embargo, se refieren a los habitantes marinos del mundo; no tenemos datos suficientes para juzgar si las producciones terrestres y de agua dulce, en puntos distantes, cambian del mismo modo paralelo. Podemos dudar de si han cambiado. Si el Megatherium, el Mylodon, la Macrauchenia y el Toxodon hubiesen sido traídos desde La Plata a Europa, sin datos relativos a su posición geográfica, nadie habría sospechado que han coexistido con moluscos marinos, todos ellos vivientes todavía, y, como estos extraños monstruos coexistieron con el mastodonte y el caballo, se podía por lo menos haber supuesto que habían vivido en uno de los últimos pisos terciarios.

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De cómo las formas orgánicas cambian casi simultáneamente en el mundo entero en el párrafo quingentésimo octogésimo octavo del Origen de las Especies

Las formas vivientes cambian casi simultáneamente en todo el mundo, dice este párrafo. Así por ejemplo la formación cretácica europea puede ser reconocida en muchas regiones distantes.  En general se observa un paralelismo en las sucesivas formas orgánicas en los pisos paleozoicos y terciarios, y podría fácilmente establecerse la correlación entre las diferentes formaciones. Ahora bien ¿Cómo encajar estos datos con una evolución progresiva?

 

 

 

 

 

588

ON THE FORMS OF LIFE CHANGING ALMOST SIMULTANEOUSLY THROUGHOUT THE WORLD.

 

Scarcely any palaeontological discovery is more striking than the fact that the forms of life change almost simultaneously throughout the world. Thus our European Chalk formation can be recognised in many distant regions, under the most different climates, where not a fragment of the mineral chalk itself can be found; namely, in North America, in equatorial South America, in Tierra del Fuego, at the Cape of Good Hope, and in the peninsula of India. For at these distant points, the organic remains in certain beds present an unmistakable resemblance to those of the Chalk. It is not that the same species are met with; for in some cases not one species is identically the same, but they belong to the same families, genera, and sections of genera, and sometimes are similarly characterised in such trifling points as mere superficial sculpture. Moreover, other forms, which are not found in the Chalk of Europe, but which occur in the formations either above or below, occur in the same order at these distant points of the world. In the several successive palaeozoic formations of Russia, Western Europe and North America, a similar parallelism in the forms of life has been observed by several authors; so it is, according to Lyell, with the European and North American tertiary deposits. Even if the few fossil species which are common to the Old and New Worlds were kept wholly out of view, the general parallelism in the successive forms of life, in the palaeozoic and tertiary stages, would still be manifest, and the several formations could be easily correlated.

 

 

Apenas ningún descubrimiento paleontológico es más llamativo que el hecho de que las formas vivientes cambian casi simultáneamente en todo el mundo. Así, nuestra formación cretácica europea puede ser reconocida en muchas regiones distantes, en climas los más diferentes, donde no puede encontrarse ni un pedazo de la creta mineral, como en América del Norte, en la región ecuatorial de América del Sur, en la Tierra del Fuego, en el Cabo de Buena Esperanza y en la península de la India, pues en estos puntos tan distantes los restos orgánicos presentan en ciertas capas una semejanza evidente con los del cretácico. No es que se encuentren las mismas especies, pues en algunos casos ninguna especie es idénticamente igual; pero pertenecen a las mismas familias, géneros y secciones de géneros, y a veces tienen caracteres semejantes en puntos tan accesorios como la simple labor superficial. Además, otras formas, que no se encuentran en el cretácico de Europa, pero que se presentan en las formaciones superiores o inferiores, aparecen en el mismo orden en estos puntos tan distantes del mundo. En las diferentes formaciones paleozoicas sucesivas de Rusia, Europa occidental y América del Norte, diferentes autores han observado un paralelismo semejante en las formas orgánicas, y lo mismo ocurre, según Lyell, en los depósitos terciarios de Europa y América del Norte. Aun prescindiendo por completo de algunas especies fósiles que son comunes al Mundo Antiguo y al Nuevo, sería todavía manifiesto el paralelismo general en las sucesivas formas orgánicas en los pisos paleozoicos y terciarios, y podría fácilmente establecerse la correlación entre las diferentes formaciones.

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Diente de caballo que no es diente de caballo en el párrafo quingentésimo octogésimo primero del Origen de las Especies

De nuevo los sujetos imprecisos en falacias personales, hablar sin decir nada como en esta falacia ad ignorantiam:

 

Algunos autores incluso han supuesto que, del mismo modo que el individuo tiene una vida de duración determinada, también las especies tienen una duración determinada.

¿Qué autores?

 

Y esta otra falacia:

Nadie puede haberse asombrado más que yo de la extinción de las especies.

 

Que bien podría parafrasear de este modo:

Nadie puede haberse asombrado más que yo de lo que encuentro en este libro.

 

 

Ahora sí se menciona a Owen como experto paleontólogo, más la opinión de Owen acerca de este libro no será tenida en cuenta. La aparición de un diente de caballo, que según Owen no es un diente de caballo, da pie a un conjunto de especulaciones y disparates que sirve para que nuestro autor llene otro folio.

 

 

 

 

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The extinction of species has been involved in the most gratuitous mystery. Some authors have even supposed that, as the individual has a definite length of life, so have species a definite duration. No one can have marvelled more than I have done at the extinction of species. When I found in La Plata the tooth of a horse embedded with the remains of Mastodon, Megatherium, Toxodon and other extinct monsters, which all co-existed with still living shells at a very late geological period, I was filled with astonishment; for, seeing that the horse, since its introduction by the Spaniards into South America, has run wild over the whole country and has increased in numbers at an unparalleled rate, I asked myself what could so recently have exterminated the former horse under conditions of life apparently so favourable. But my astonishment was groundless. Professor Owen soon perceived that the tooth, though so like that of the existing horse, belonged to an extinct species. Had this horse been still living, but in some degree rare, no naturalist would have felt the least surprise at its rarity; for rarity is the attribute of a vast number of species of all classes, in all countries. If we ask ourselves why this or that species is rare, we answer that something is unfavourable in its conditions of life; but what that something is, we can hardly ever tell. On the supposition of the fossil horse still existing as a rare species, we might have felt certain, from the analogy of all other mammals, even of the slow-breeding elephant, and from the history of the naturalisation of the domestic horse in South America, that under more favourable conditions it would in a very few years have stocked the whole continent. But we could not have told what the unfavourable conditions were which checked its increase, whether some one or several contingencies, and at what period of the horse’s life, and in what degree they severally acted. If the conditions had gone on, however slowly, becoming less and less favourable, we assuredly should not have perceived the fact, yet the fossil horse would certainly have become rarer and rarer, and finally extinct—its place being seized on by some more successful competitor.

 

La extinción de las especies ha sido rodeada del más injustificado misterio. Algunos autores incluso han supuesto que, del mismo modo que el individuo tiene una vida de duración determinada, también las especies tienen una duración determinada. Nadie puede haberse asombrado más que yo de la extinción de las especies. Cuando encontré en La Plata el diente de un caballo yaciendo en unión de restos Mastodon, Megatherium, Toxodon y otros monstruos extinguidos, que coexistieron todos con moluscos, aun vivientes, en un período geológico muy reciente, quedé lleno de asombro; pues, viendo que el caballo, desde su introducción por los españoles en América del Sur, se ha vuelto salvaje por todo el país, y que ha aumentado en número con una rapidez sin igual, me pregunté cómo pudo haberse exterminado tan recientemente el caballo antiguo, en condiciones de vida al parecer tan favorables. Pero mi asombro era infundado: el profesor Owen pronto notó que el diente, aunque muy parecido a los del caballo actual, pertenecía a una especie extinguida. Si este caballo hubiese vivido todavía, aunque siendo algo raro, ningún naturalista habría encontrado nada sorprendente su rareza, pues la rareza es atributo de un gran número de especies de todas clases, en todos los países. Si nos preguntamos por qué esta o aquella especie es rara, contestamos que existe alguna cosa desfavorable en las condiciones de vida, pero cuál sea esta cosa casi nunca podemos decirlo. Suponiendo que el caballo fósil existiese todavía como una especie rara -por analogía con todos otros mamíferos, incluso con los elefantes, que crían tan lentamente, y por la historia de la naturalización del caballo doméstico en América del Sur-, podríamos haber dado por seguro que en condiciones más favorables habría poblado en poquísimos años todo el continente; pero no podríamos haber dicho cuáles eran las condiciones desfavorables que impedían su crecimiento, ni si eran una o varias causas, ni en qué periodo de la vida del caballo actuaba cada una, ni en qué medida. Si las condiciones hubieran continuado, por muy lentamente que hubiese sido, haciéndose cada vez menos favorables, seguramente no hubiésemos observado el hecho, y, sin embargo, el caballo fósil indudablemente se hubiese ido volviendo cada vez más raro, y, finalmente, se hubiese extinguido, siendo ocupado su lugar por algún competidor más afortunado.

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El estructuralismo en Biología: Curiosos motivos para rechazar el comentario de un libro

Hace un año escribí el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) enviándolo para su publicación  a Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, en donde fue rechazado y después a Asclepio, Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, en donde fue asimismo, rechazado.

Uno de los motivos aducidos por estas revistas para rechazar el comentario,  era que se refería a un libro ya antiguo (el libro es de 1994) y que, por lo general, en dichas revistas se publican comentarios de libros recientes, como si la historia de la ciencia fuese el ouroboros, la serpiente autofágica que va desapareciendo a medida que genera nuevos contenidos . Pero además, entre los comentarios recibidos se encontraban los siguientes párrafos:

 

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

Efectivamente, tiene razón el anónimo evaluador. Confieso haber usado el libro como pretexto para defender la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo). Considero esto una gran necesidad en el momento presente.  El evolucionismo, y más concretamente el darwinismo, se ha encumbrado a sí mismo como única opción en Biología y esto ha ocasionado un daño de grandes proporciones en esta disciplina. Prueba de ello es el maltrato sistemático a toda opinión o escuela que el darwinismo haya considerado ajena a sus principios.  En particular, es notorio el maltrato a Lamarck, reiteradamente discutido y comprobado en este blog y surge ahora a la vista el maltrato a Cuvier, que aquí se pone de manifiesto y cuyo análisis dará mucho que hablar.

Sigue acertando el  anónimo evaluador cuando dice:

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural.

Y es que basta con leer algunos párrafos de Cuvier para reconocer en ellos el estructuralismo más puro y original. Es precisamente por eso que utilicé en mi comentario la muy extensa cita, mencionando el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier, que parece haber molestado al evaluador.

Pero si hasta aquí estoy de acuerdo con lo que dice el evaluador anónimo, en lo que sigue sólo veo un gran disparate:

Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

A nadie le puede parecer razonable que el principio de las correlaciones de Cuvier parta de un a priori metafísico. Esto es un disparate porque  el principio de las correlaciones de Cuvier parte de la más elemental observación de la naturaleza. Pero el darwinismo, la creencia en la entidad inventada que es la selección natural, ha generado una enorme confusión en la ciencia. Las más elementales observaciones se confunden con metafísica. Del mismo modo, el año pasado el (también anónimo) evaluador del libro “Manual para detectar la impostura Científica: Examen del libro de Darrwin por Flurens” me indicaba:

Edición crítica ideologizada y anecdótica, falta de rigor filosófico, la crítica debería contextualizarse históricamente, carente de bibliografía. 

¿Falta de rigor filosófico?

El darwinismo ha conseguido sembrar la confusión hasta extremos insospechados……

 

El final de los comentarios del evaluador anónimo que rechazó el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) se encuentra al final de dicho comentario que acabo de publicar en Digital CSIC.

 

Referencias

La biblioteca como laboratorio. Comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón. Editorial Anthropos , número 46. CSIC, Madrid 1994.

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Los cirrípedos sésiles y otros acontecimientos inesperados en el párrafo quingentésimo sexagésimo tercero de El Origen de las Especies

El autor tiene una curiosa manera de pensar, sobre la que vienen a caer a plomo los acontecimientos más inesperados . Veamos primero cómo empieza éste párrafo:

 

Puedo citar otro ejemplo, que me ha impresionado mucho, por haber ocurrido ante mis propios ojos.

 

Así dice el autor que no había encontrado cirrípedos fósiles de la era secundaria. Que todos los que encuentra, y son muchos, proceden del terciario. Esto no conviene a sus ideas del gradualismo, puesto que parece así que todos los cirrípedos han aparecido súbitamente en el terciario. Esto es consecuencia de la manera de pensar obtusa, puesto que si hubiese cirrípedos en las era secundaria, esto tampoco diría nada a favor del gradualismo. Pero sigamos leyendo:

 

 

Esto era para mí una penosa contrariedad, pues constituía un ejemplo más de aparición brusca de un grupo grande de especies. Pero, apenas publicada mi obra, un hábil paleontólogo, míster Bosquet, me envió un dibujo de un ejemplar perfecto de un cirrípedo sesil inconfundible, que él mismo había sacado del cretácico de Bélgica; y, como para que el caso resultase lo más llamativo posible, este cirrípedo, era un Chthamalus, género muy común, grande y extendido por todas partes, del que ni una sola especie se ha encontrado hasta ahora, ni siquiera en los estratos terciarios. Todavía más recientemente, un Pyrgoma, que pertenece a una subfamilia diferente de cirrípedos sesiles, ha sido descubierto por míster Woodward en el cretácico superior; de modo que actualmente tenemos pruebas abundantes de la existencia de este grupo de animales durante el período secundario.

 

Pero, ¿qué sabemos hoy de este Chthamalus?

 

Con todo lujo de detalles nos lo explican John W.M Jagt y René-Pierre Carriol, en su artículo titulado The allegedly Late Cretaceous Chthamalus darwini Bosquet, 1857: a junior synonym of extant Chthamalus stellatus (Poli, 1791) (Cirripedia, Balanomorpha, Chthamalidae). En el resumen leemos:

 

The type specimen of the allegedly Late Cretaceous (Maastrichtian) Chthamalus darwini Bosquet, 1857 from the Schneeberg, northwest of Aachen (Germany), is reevaluated and redescribed. Opinions expressed by previous authors, including Bosquet himself (between 1860 and 1863), that this did not actually represent a latest Cretaceous fossil taxon, but an extant species which must have found its way to the Schneeberg as kitchen waste, are corroborated. In fact, we hold it to be conspecific with C. stellatus (Poli, 1791), a widely distributed species on the coasts of the Atlantic and in the English Channel, the North Sea and the Mediterranean. Thus, the genus Chthamalus, and the species C. darwini, can be struck definitively from the list of Late Cretaceous cirripede taxa occurring in the Aachen area. The only sessile cirripedes found here in situ in Upper Cretaceous strata are verrucomorphans (verrucids, proverrucids) and brachylepadomorphs (brachylepadids).

 

 

Y traducimos:

 

 

El espécimen tipo del,  según se dice,  Cretácico Tardío (Maastrichtian) Chthamalus darwini Bosquet, 1857 de Schneeberg, el noroeste de Aquisgrán (Alemania), es reconsiderado y descrito de nuevo. Las opiniones expresadas por autores anteriores, incluyendo Bosquet mismo (entre 1860 y 1863), que esto en realidad no representó un último taxon fósil Cretáceo, sino una especie existente que debe haber encontrado su camino al Schneeberg junto a la basura de la cocina, son corroboradas. De hecho, lo cumplimos con ser con-especifico con C. stellatus (Poli, 1791), una especie extensamente distribuida sobre las costas de Atlántico y enel Canal Inglés, Mar del Norte y Mediterráneo. Así, el género Chthamalus, y la especie C. darwini, puede ser borrado definitivamente de la lista de cirrípedos del Cretáceo Tardío ocurriendo en Aquisgrán. .  Los únicos cirrípedos sésiles encontrado aquí in situ en estratos Cretáceos Superiores son los verrucomorfos (verrucids, proverrucids) y brachylepadomorfos (brachylepadids).

 

 

 

 

 

 

 

 

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I may give another instance, which, from having passed under my own eyes has much struck me. In a memoir on Fossil Sessile Cirripedes, I stated that, from the large number of existing and extinct tertiary species; from the extraordinary abundance of the individuals of many species all over the world, from the Arctic regions to the equator, inhabiting various zones of depths, from the upper tidal limits to fifty fathoms; from the perfect manner in which specimens are preserved in the oldest tertiary beds; from the ease with which even a fragment of a valve can be recognised; from all these circumstances, I inferred that, had sessile cirripedes existed during the secondary periods, they would certainly have been preserved and discovered; and as not one species had then been discovered in beds of this age, I concluded that this great group had been suddenly developed at the commencement of the tertiary series. This was a sore trouble to me, adding, as I then thought, one more instance of the abrupt appearance of a great group of species. But my work had hardly been published, when a skilful palaeontologist, M. Bosquet, sent me a drawing of a perfect specimen of an unmistakable sessile cirripede, which he had himself extracted from the chalk of Belgium. And, as if to make the case as striking as possible, this cirripede was a Chthamalus, a very common, large, and ubiquitous genus, of which not one species has as yet been found even in any tertiary stratum. Still more recently, a Pyrgoma, a member of a distinct subfamily of sessile cirripedes, has been discovered by Mr. Woodward in the upper chalk; so that we now have abundant evidence of the existence of this group of animals during the secondary period.

 

 

Puedo citar otro ejemplo, que me ha impresionado mucho, por haber ocurrido ante mis propios ojos. En una memoria sobre los cirrípedos sésiles fósiles afirmé que, por el gran número de especies vivientes y fósiles terciarlas; por la extraordinaria abundancia de individuos de muchas especies en todo el mundo, desde las regiones árticas hasta el Ecuador, que viven en diferentes zonas de profundidad, desde los límites superiores de las mareas hasta 50 brazas; por el modo perfecto como los ejemplares se conservan en las capas terciarias más antiguas; por la facilidad con que puede ser reconocido hasta un pedazo de una valva; por todas estas circunstancias juntas, sacaba yo la conclusión de que, si los cirrípedos sésiles hubieran existido durante los períodos secundarios, seguramente se hubiesen conservado y hubiesen sido descubiertos; y como no se había encontrado entonces ni una sola especie en capas de esta edad, llegaba a la conclusión de que este gran grupo se había desarrollado súbitamente en el comienzo de la serie terciaria. Esto era para mí una penosa contrariedad, pues constituía un ejemplo más de aparición brusca de un grupo grande de especies. Pero, apenas publicada mi obra, un hábil paleontólogo, míster Bosquet, me envió un dibujo de un ejemplar perfecto de un cirrípedo sesil inconfundible, que él mismo había sacado del cretácico de Bélgica; y, como para que el caso resultase lo más llamativo posible, este cirrípedo, era un Chthamalus, género muy común, grande y extendido por todas partes, del que ni una sola especie se ha encontrado hasta ahora, ni siquiera en los estratos terciarios. Todavía más recientemente, un Pyrgoma, que pertenece a una subfamilia diferente de cirrípedos sesiles, ha sido descubierto por míster Woodward en el cretácico superior; de modo que actualmente tenemos pruebas abundantes de la existencia de este grupo de animales durante el período secundario.

 

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