‘Detallamiento’

Otra regla casi universal que aporta bien poco y un paseo por Kerguelen en el párrafo sexcentésimo octogésimo noveno del Origen de las Especies

 

La regla: las producciones peculiares de las islas están relacionadas con las del continente más próximo.

 

La excepción: la Tierra de Kerguelen (Ver imagen 1)

 

 

 

689

Many analogous facts could be given: indeed it is an almost universal rule that the endemic productions of islands are related to those of the nearest continent, or of the nearest large island. The exceptions are few, and most of them can be explained. Thus, although Kerguelen Land stands nearer to Africa than to America, the plants are related, and that very closely, as we know from Dr. Hooker’s account, to those of America: but on the view that this island has been mainly stocked by seeds brought with earth and stones on icebergs, drifted by the prevailing currents, this anomaly disappears. New Zealand in its endemic plants is much more closely related to Australia, the nearest mainland, than to any other region: and this is what might have been expected; but it is also plainly related to South America, which, although the next nearest continent, is so enormously remote, that the fact becomes an anomaly. But this difficulty partially disappears on the view that New Zealand, South America, and the other southern lands, have been stocked in part from a nearly intermediate though distant point, namely, from the antarctic islands, when they were clothed with vegetation, during a warmer tertiary period, before the commencement of the last Glacial period. The affinity, which, though feeble, I am assured by Dr. Hooker is real, between the flora of the south-western corner of Australia and of the Cape of Good Hope, is a far more remarkable case; but this affinity is confined to the plants, and will, no doubt, some day be explained.

 

Podrían citarse muchos hechos análogos: realmente es una regla casi universal que las producciones peculiares de las islas están relacionadas con las del continente más próximo o con las de la isla grande más próxima. Pocas son las excepciones, y la mayor parte de ellas pueden ser explicadas. Así, aun cuando la Tierra de Kerguelen está situada más cerca de Africa que de América, las plantas están relacionadas -y muy estrechamente-con las de América, según sabemos por el estudio del doctor Hooker; pero esta anomalía desaparece según la teoría de que esta isla ha sido poblada principalmente por semillas llevadas con tierra y piedras en los icebergs arrastrados por corrientes dominantes. Nueva Zelanda, por sus plantas endémicas, está mucho más relacionada con Australia, la tierra firme más próxima, que con ninguna otra región, y esto es lo que podía esperarse; pero está también evidentemente relacionada con América del Sur, que, aun cuando sea el continente que sigue en proximidad, está a una distancia tan enorme, que el hecho resulta una anomalía. Pero esta dificultad desaparece en parte dentro de la hipótesis de que Nueva Zelanda, América del Sur y otras tierras meridionales han sido pobladas en parte por formas procedentes de un punto casi intermedio, aunque distante, o sea las islas antárticas, cuando estaban cubiertas de vegetación, durante un período terciario caliente antes del comienzo del último período glaciar. La afinidad que, aunque débil, me asegura el doctor Hooker que existe realmente entre la flora del extremo sudoeste de Australia y la del Cabo de Buena Esperanza es un caso mucho más notable; pero esta afinidad está limitada a las plantas, e indudablemente se explicará algún día.

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Cambiamos de tema en el párrafo sexcentésimo octogésimo tercero del Origen de las Especies

Hemos hablado ya de las características principales del darvinés, las más notorias. Su verbosidad, es decir hablar mucho sin decir nada (detallamiento), confusión, falsa ingenuidad, todo salpimentado con abundantes referencias a autores de prestigio y renombre (argumento ad hominem)….así como el uso de esa jerga que le es propia y que consiste en una serie de lugares comunes relacionados con la lucha: supervivencia del más apto, lucha por la supervivencia y el oxímoron fundamental: selección natural.

 

Pues bien, aparte de todo esto, una característica secundaria relacionada con el ritmo de la escritura consiste en que la redacción va in crescendo hasta el momento de soltar una barbaridad, un disparate sonado. Acto seguido, cambiamos de tema. Esto acaba de ocurrir en los párrafos anteriores, tras tanta verbosidad inútil sobre los habitantes de las islas, aterrizábamos en la barbaridad con la que terminaba el párrafo anterior:

 

En este caso, la selección natural tendería a aumentar la altura de la planta, cualquiera que fuese el orden a que perteneciese, y de este modo a convertirla, primero, en un arbusto y, después, en un árbol.

 

 

Llegados a este punto, urge cambiar de tema. Dejemos que la selección natural siga haciendo de las suyas en las plantas, y vamos ahora con los animales terrestres…

 

Volvamos a la carga con un nuevo ciclo de texto en el más puro darvinés, ese lenguaje producido para generar confusión…

 

 

 

683

ABSENCE OF BATRACHIANS AND TERRESTRIAL MAMMALS ON OCEANIC ISLANDS.

 

With respect to the absence of whole orders of animals on oceanic islands, Bory St. Vincent long ago remarked that Batrachians (frogs, toads, newts) are never found on any of the many islands with which the great oceans are studded. I have taken pains to verify this assertion, and have found it true, with the exception of New Zealand, New Caledonia, the Andaman Islands, and perhaps the Solomon Islands and the Seychelles. But I have already remarked that it is doubtful whether New Zealand and New Caledonia ought to be classed as oceanic islands; and this is still more doubtful with respect to the Andaman and Solomon groups and the Seychelles. This general absence of frogs, toads and newts on so many true oceanic islands cannot be accounted for by their physical conditions; indeed it seems that islands are peculiarly fitted for these animals; for frogs have been introduced into Madeira, the Azores, and Mauritius, and have multiplied so as to become a nuisance. But as these animals and their spawn are immediately killed (with the exception, as far as known, of one Indian species) by sea-water, there would be great difficulty in their transportal across the sea, and therefore we can see why they do not exist on strictly oceanic islands. But why, on the theory of creation, they should not have been created there, it would be very difficult to explain.

 

Por lo que se refiere a la ausencia de órdenes enteros de animales en las islas oceánicas, Bory St. Vincent hizo observar, hace mucho tiempo, que nunca se encuentran batracios -ranas, sapos, tritones- en ninguna de las muchas islas de que están sembrados los grandes océanos. Me he tomado el trabajo de comprobar esta afirmación, y la he encontrado exacta, exceptuando Nueva Zelanda, Nueva Caledonia, las islas de Andaman y quizá las islas Salomón y las Seychelles. Pero ya he hecho observar antes que es dudoso que Nueva Zelanda y Nueva Caledonia deban clasificarse como islas oceánicas, y todavía es más dudoso por lo que se refiere a los grupos de Andaman y Salomón y las Seychelles. Esta ausencia general de ranas, sapos y tritones en tantas islas verdaderamente oceánicas no puede explicarse por sus condiciones físicas; realmente parece que las islas son particularmente adecuadas para estos animales, pues las ranas han sido introducidas en la de la Madera, las Azores y Mauricio y se han multiplicado tanto que se han convertido en una molestia. Pero como el agua del mar mata inmediatamente estos animales y sus puestas -con excepción, hasta donde alcanza mi conocimiento, de una especie de la India-, tiene que haber gran dificultad en su transporte a través del mar, y por esto podemos comprender por qué no existen en las islas rigurosamente oceánicas. Pero sería dificilísimo explicar, dentro de la teoría de la creación, por qué no habían sido creados en estas islas.

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Detallamiento y preterición en el párrafo sexcentésimo octogésimo del Origen de las Especies

La afirmación siguiente pide al menos un ejemplo:

 

las especies que llegan ocasionalmente, tras largos intervalos de tiempo, a un distrito nuevo y aislado, y que tienen que competir con nuevos compañeros, tienen que estar sumamente sujetas a modificación y han de producir con frecuencia grupos descendientes modificados.

 

Porque aunque diga “como ya se explicó”, nunca se ha explicado. Es un caso de Preterición, una de las figuras utilizadas a menudo en esta obra. Empero la figura predominante en este párrafo es otra: El detallamiento. Ese recurso que consiste en hablar mucho cuando uno no tiene nada que decir.

 

 

 

 

680

Although in oceanic islands the species are few in number, the proportion of endemic kinds (i.e. those found nowhere else in the world) is often extremely large. If we compare, for instance, the number of endemic land-shells in Madeira, or of endemic birds in the Galapagos Archipelago, with the number found on any continent, and then compare the area of the island with that of the continent, we shall see that this is true. This fact might have been theoretically expected, for, as already explained, species occasionally arriving, after long intervals of time in the new and isolated district, and having to compete with new associates, would be eminently liable to modification, and would often produce groups of modified descendants. But it by no means follows that, because in an island nearly all the species of one class are peculiar, those of another class, or of another section of the same class, are peculiar; and this difference seems to depend partly on the species which are not modified having immigrated in a body, so that their mutual relations have not been much disturbed; and partly on the frequent arrival of unmodified immigrants from the mother-country, with which the insular forms have intercrossed. It should be borne in mind that the offspring of such crosses would certainly gain in vigour; so that even an occasional cross would produce more effect than might have been anticipated. I will give a few illustrations of the foregoing remarks: in the Galapagos Islands there are twenty-six land birds; of these twenty-one (or perhaps twenty-three) are peculiar; whereas of the eleven marine birds only two are peculiar; and it is obvious that marine birds could arrive at these islands much more easily and frequently than land-birds. Bermuda, on the other hand, which lies at about the same distance from North America as the Galapagos Islands do from South America, and which has a very peculiar soil, does not possess a single endemic land bird; and we know from Mr. J.M. Jones’s admirable account of Bermuda, that very many North American birds occasionally or even frequently visit this island. Almost every year, as I am informed by Mr. E.V. Harcourt, many European and African birds are blown to Madeira; this island is inhabited by ninety-nine kinds, of which one alone is peculiar, though very closely related to a European form; and three or four other species are confined to this island and to the Canaries. So that the islands of Bermuda and Madeira have been stocked from the neighbouring continents with birds, which for long ages have there struggled together, and have become mutually co-adapted. Hence, when settled in their new homes, each kind will have been kept by the others to its proper place and habits, and will consequently have been but little liable to modification. Any tendency to modification will also have been checked by intercrossing with the unmodified immigrants, often arriving from the mother-country. Madeira again is inhabited by a wonderful number of peculiar land-shells, whereas not one species of sea-shell is peculiar to its shores: now, though we do not know how sea-shells are dispersed, yet we can see that their eggs or larvae, perhaps attached to seaweed or floating timber, or to the feet of wading birds, might be transported across three or four hundred miles of open sea far more easily than land-shells. The different orders of insects inhabiting Madeira present nearly parallel cases.

 

Aun cuando en las islas oceánicas las especies son en corto número, la proporción de especies peculiar -esto es, que no se encuentran en ninguna otra parte del mundo- es con frecuencia grandísima. Si comparamos, por ejemplo, el número de moluscos terrestres peculiares de la isla de Madeira, o de aves peculiares del archipiélago de los Galápagos, con el número de los que se encuentran en cualquier continente, y comparamos después el área de la isla con la del continente, veremos que esto es cierto. Este hecho podía esperarse teóricamente, pues, como ya se explicó, las especies que llegan ocasionalmente, tras largos intervalos de tiempo, a un distrito nuevo y aislado, y que tienen que competir con nuevos compañeros, tienen que estar sumamente sujetas a modificación y han de producir con frecuencia grupos descendientes modificados. Pero en modo alguno se sigue que, porque en una isla sean peculiares casi todas las especies de una clase, lo sean las de otra clase o de otra sección de la misma clase, y esta diferencia parece depender, en parte, de que las especies que no están modificadas han emigrado juntas, de manera que no se han perturbado mucho las relaciones mutuas, y, en parte, de la frecuente llegada de inmigrantes no modificados procedentes del país de origen, con los cuales se han cruzado las formas insulares. Hay que tener presente que la descendencia de estos cruzamientos tiene seguramente que ganar en vigor; de suerte que hasta un cruzamiento accidental ha de producir más efecto del que pudiera esperarse Daré algunos ejemplos de las observaciones precedentes. En las islas de los Galápagos hay 26 aves terrestres; de éstas, 21 -o quizá 23- son peculiares, mientras que de 11 aves marinas sólo lo son 2, y es evidente que las aves marinas pudieron llegar a estas últimas islas con mucha mayor facilidad y frecuencia que las terrestres. Por el contrario, las Bermudas -que están situadas, aproximadamente, a la misma distancia de América del Norte que las islas de los Galápagos lo están de América del Sur, y que tienen un suelo muy particular- no poseen ni una sola ave terrestre peculiar, y sabemos, por la admirable descripción de las islas Bermudas de mister J. M. Jones, que muchísimas aves de América del Norte, accidentalmente o con frecuencia, visitan estas islas. Casi todos los años, según me informa mister E. V. Harcourt, muchas aves europeas y africanas son arrastradas por el viento hasta Madeira. Esta isla es habitada por noventa y nueve tipos, de los cuales una sola es peculiar, aunque muy estrechamente relacionado con una forma europea, y tres o cuatro especies están confinadas a esta isla y de Canarias. Por lo que en las islas de Bermudas y Madeira se han almacenado aves de los continentes vecinos, las cuales durante siglos han luchado juntas allí, y se han co-adaptado mutuamente. Por lo tanto, cuando se establecieron en sus nuevos hogares, cada tipo se ha mantenido por los demás en su lugar y sus costumbres, y en consecuencia han sido muy poco susceptibles de modificación. Cualquier tendencia a la modificación también ha sido verificada por el cruzamiento con los inmigrantes no modificados, que a menudo llegan desde la madre patria. Madeira es asimismo habitada por un número maravilloso de moluscos terrestres peculiares, mientras que ninguna especie de concha marina es peculiar a sus costas: ahora, sin embargo no sabemos cómo se encuentran dispersas las conchas marinas, sin embargo, podemos ver que sus huevos o las larvas, quizás unidos a algas o maderas flotantes, o a los pies de las aves zancudas, pueden ser transportados a través de tres o cuatro mil kilómetros de mar abierto mucho más fácilmente que las conchas terrestres. Los diferentes órdenes de insectos que viven en Madeira presentan casos casi paralelos.

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Dispersión durante el período glaciar: Gmelin versus Agassiz en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo sexto del Origen de las Especies

El naturalista alemán Gmelin (1748-1804), basándose en que cumbres separadas contienen las mismas especies, opinaba que las especies habían sido creadas en lugares separados. Agassiz desterró esta creencia al explicar que las zonas que ahora están separadas, no lo estaban en el periodo glaciar. Nombres, autoridades, que son fundamentales para soportar el peso de tanto párrafo vacío de contenido en un ejemplo memorable de detallamiento…

 

 

646

DISPERSAL DURING THE GLACIAL PERIOD.

 

The identity of many plants and animals, on mountain-summits, separated from each other by hundreds of miles of lowlands, where Alpine species could not possibly exist, is one of the most striking cases known of the same species living at distant points, without the apparent possibility of their having migrated from one point to the other. It is indeed a remarkable fact to see so many plants of the same species living on the snowy regions of the Alps or Pyrenees, and in the extreme northern parts of Europe; but it is far more remarkable, that the plants on the White Mountains, in the United States of America, are all the same with those of Labrador, and nearly all the same, as we hear from Asa Gray, with those on the loftiest mountains of Europe. Even as long ago as 1747, such facts led Gmelin to conclude that the same species must have been independently created at many distinct points; and we might have remained in this same belief, had not Agassiz and others called vivid attention to the Glacial period, which, as we shall immediately see, affords a simple explanation of these facts. We have evidence of almost every conceivable kind, organic and inorganic, that, within a very recent geological period, central Europe and North America suffered under an Arctic climate. The ruins of a house burnt by fire do not tell their tale more plainly than do the mountains of Scotland and Wales, with their scored flanks, polished surfaces, and perched boulders, of the icy streams with which their valleys were lately filled. So greatly has the climate of Europe changed, that in Northern Italy, gigantic moraines, left by old glaciers, are now clothed by the vine and maize. Throughout a large part of the United States, erratic boulders and scored rocks plainly reveal a former cold period.

 

Dispersión durante el período glaciar

La identidad de muchas plantas y animales en las cumbres de montañas separadas por centenares de millas de tierras bajas, en las cuales no podrían existir especies alpinas, es uno de los casos conocidos más llamativos de que las mismas especies vivan en puntos muy distantes sin posibilidad aparente de que hayan emigrado de un punto a otro. Es verdaderamente un hecho notable ver tantas plantas de las mismas especies viviendo en las regiones nevadas de los Alpes y de los Pirineos y en las partes más septentrionales de Europa; pero es un hecho mucho más notable el que las plantas de las White Mountains de los Estados Unidos de América son todas las mismas que las del Labrador, y casi las mismas, según dice Assa Gray, que las de las montañas más elevadas de Europa. Ya en 1747 estos hechos llevaron a Gmelin a la conclusión de que las mismas especies tenían que haber sido creadas independientemente en muchos puntos distintos, y tendríamos que haber permanecido en esta misma creencia si Agassiz y otros no hubiesen llamado vivamente la atención sobre el período glaciar, que, como veremos inmediatamente, aporta una explicación sencilla de estos hechos. Tenemos pruebas de casi todas las clases imaginables -tanto procedentes del mundo orgánico como del inorgánico- de que en un período geológico muy reciente Europa Central y América del Norte sufrieron un clima ártico. Las ruinas de una casa destruida por el fuego no referirían su historia más claramente que las montañas de Escocia y Gales, con sus laderas estriadas, superficies pulimentadas y cantos suspendidos, que nos hablan de las heladas corrientes que no ha mucho llenaban sus valles. Tanto ha cambiado el clima de Europa, que en el norte de Italia están ahora cubiertas de vides y maíz gigantescas morrenas dejadas por los antiguos glaciares. En toda una gran parte de los Estados Unidos, los cantos erráticos y las rocas estriadas revelan claramente un periodo anterior de frío.

 

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El detallamiento continúa en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo quinto del Origen de las Especies

El detallamiento es el relato minucioso y muy prolongado de detalles carentes de interés alguno. Basada en el detallamiento,  la retórica puede alcanzar cotas elevadísimas.

Observen la expresión que abre el párrafo:

 

Considerando que estos diferentes medios de transporte, y otros que indudablemente quedan por descubrir, han estado en actividad, año tras año, durante decenas de miles de años, sería, creo yo, un hecho maravilloso que muchas plantas no hubiesen llegado a ser transportadas muy lejos.

 

Y la siguiente:

Estos medios de transporte son a veces llamados accidentales; pero esto no es rigurosamente correcto: las corrientes marinas no son accidentales, ni tampoco lo es la dirección de los vientos predominantes

 

Y las siguientes……

 

 

 

 

645

Considering that these several means of transport, and that other means, which without doubt remain to be discovered, have been in action year after year for tens of thousands of years, it would, I think, be a marvellous fact if many plants had not thus become widely transported. These means of transport are sometimes called accidental, but this is not strictly correct: the currents of the sea are not accidental, nor is the direction of prevalent gales of wind. It should be observed that scarcely any means of transport would carry seeds for very great distances; for seeds do not retain their vitality when exposed for a great length of time to the action of sea water; nor could they be long carried in the crops or intestines of birds. These means, however, would suffice for occasional transport across tracts of sea some hundred miles in breadth, or from island to island, or from a continent to a neighbouring island, but not from one distant continent to another. The floras of distant continents would not by such means become mingled; but would remain as distinct as they now are. The currents, from their course, would never bring seeds from North America to Britain, though they might and do bring seeds from the West Indies to our western shores, where, if not killed by their very long immersion in salt water, they could not endure our climate. Almost every year, one or two land-birds are blown across the whole Atlantic Ocean, from North America to the western shores of Ireland and England; but seeds could be transported by these rare wanderers only by one means, namely, by dirt adhering to their feet or beaks, which is in itself a rare accident. Even in this case, how small would be the chance of a seed falling on favourable soil, and coming to maturity! But it would be a great error to argue that because a well-stocked island, like Great Britain, has not, as far as is known (and it would be very difficult to prove this), received within the last few centuries, through occasional means of transport, immigrants from Europe or any other continent, that a poorly-stocked island, though standing more remote from the mainland, would not receive colonists by similar means. Out of a hundred kinds of seeds or animals transported to an island, even if far less well-stocked than Britain, perhaps not more than one would be so well fitted to its new home, as to become naturalised. But this is no valid argument against what would be effected by occasional means of transport, during the long lapse of geological time, whilst the island was being upheaved, and before it had become fully stocked with inhabitants. On almost bare land, with few or no destructive insects or birds living there, nearly every seed which chanced to arrive, if fitted for the climate, would germinate and survive.

 

 

Considerando que estos diferentes medios de transporte, y otros que indudablemente quedan por descubrir, han estado en actividad, año tras año, durante decenas de miles de años, sería, creo yo, un hecho maravilloso que muchas plantas no hubiesen llegado a ser transportadas muy lejos. Estos medios de transporte son a veces llamados accidentales; pero esto no es rigurosamente correcto: las corrientes marinas no son accidentales, ni tampoco lo es la dirección de los vientos predominantes. Hay que observar que casi ningún medio de transporte puede llevar las semillas a distancias muy grandes, pues las semillas no conservan su vitalidad si están expuestas durante mucho tiempo a la acción del mar, ni pueden tampoco ser llevadas mucho tiempo en el buche o intestinos de las aves. Estos medios, sin embargo, bastarían para el transporte ocasional a través de extensiones de mar de 100 millas de ancho, de isla a isla, o de un continente a una isla vecina; pero no de un continente a otro muy distante. Las floras de continentes muy distantes no hubieron de llegar a mezclarse por estos medios, y hubieron de permanecer tan distintas como lo son actualmente. Las corrientes, por su dirección, nunca hubieron de traer semillas de América del Norte a Inglaterra, aun cuando pudieron traer, y traen, de las Antillas a nuestras costas occidentales semillas que, de no quedar muertas por su larguísima inmersión en el agua salada, no pudieron resistir nuestro clima. Casi todos los años una o dos aves marinas son arrastradas por el viento, a través de todo el océano Atlántico, desde América del Norte a las costas occidentales de Irlanda e Inglaterra; pero las semillas no podrían ser transportadas por estos raros viajeros mas que por un medio: por el barro adherido a sus patas o pico; lo que constituye por si mismo una rara casualidad. Aun en este caso, ¡qué pocas probabilidades habría de que una semilla cayese en un suelo favorable y llegase a completo desarrollo! Pero sería un gran error el alegar que porque una isla bien poblada, como la Gran Bretaña, no ha recibido -hasta donde se sabe, y sería dificilísimo el probarlo- en estos últimos siglos inmigrantes de Europa o de otro continente por estos medios ocasionales de transporte, no tenga que recibir colonos por medios semejantes una isla pobremente poblada, aun estando situada más lejos de tierra firme. De cien clases de semillas o animales transportados a una isla, aunque esté mucho menos poblada que la Gran Bretaña, acaso una nada más estarla lo bastante bien adaptada a su nueva patria para que llegase a naturalizarse. Pero este no es un argumento válido contra lo que realizarían los medios ocasionales de transporte durante el largo lapso de tiempo geológico durante el que la isla se iba levantando y antes de que hubiese sido poblada por completo de habitantes. En tierra casi desnuda, en la que viven insectos y aves poco o no destructores, casi cualquier semilla que tenga la fortuna de llegar ha de germinar y sobrevivir, si es adecuada al clima.

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Aceptamos iceberg como medio de transporte en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo cuarto del Origen de las Especies

Entre los medios de transporte se encuentran también los iceberg.  No en vano sir C. Lyell escribió a míster Hartung para confirmarlo. Así, el recurso a estas autoridades puede ahora servir para que el detallamiento continúe…

 

 

644

As icebergs are known to be sometimes loaded with earth and stones, and have even carried brushwood, bones, and the nest of a land-bird, it can hardly be doubted that they must occasionally, as suggested by Lyell, have transported seeds from one part to another of the arctic and antarctic regions; and during the Glacial period from one part of the now temperate regions to another. In the Azores, from the large number of plants common to Europe, in comparison with the species on the other islands of the Atlantic, which stand nearer to the mainland, and (as remarked by Mr. H.C. Watson) from their somewhat northern character, in comparison with the latitude, I suspected that these islands had been partly stocked by ice-borne seeds during the Glacial epoch. At my request Sir C. Lyell wrote to M. Hartung to inquire whether he had observed erratic boulders on these islands, and he answered that he had found large fragments of granite and other rocks, which do not occur in the archipelago. Hence we may safely infer that icebergs formerly landed their rocky burdens on the shores of these mid-ocean islands, and it is at least possible that they may have brought thither the seeds of northern plants.

 

Como es sabido que los icebergs están a veces cargados de tierra y piedras, y que hasta han transportado matorrales, huesos y el nido de un pájaro terrestre, apenas puede dudarse que ocasionalmente pudieron haber transportado, como ha sido sugerido por Lyell, semillas de una parte a otra de las regiones árticas y antárticas y, durante el período glaciar, de una parte a otra de las regiones que hoy son templadas. En las Azores -por el gran número de plantas comunes a Europa, en comparación con las especies de otras islas del Atlántico que están situadas más cerca de tierra firme y, como ha sido observado por míster H. C. Watson, por su carácter algo septentrional en comparación con la latitud- sospeché que estas islas han sido en parte pobladas por semillas traídas por los hielos durante la época glaciar. A ruego mío, sir C. Lyell escribió a míster Hartung preguntándole si habla observado cantos erráticos en estas islas, y contestó que habían hallado grandes pedazos de granito y de otras rocas que no se encuentran en el archipiélago. Por consiguiente, podemos deducir con seguridad que los icebergs en otro tiempo depositaron su carga de piedras en las playas de estas islas oceánicas, y es, por lo menos, posible que puedan haber llevado a ellas algunas semillas de plantas del Norte.

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Vuelta a las aves, como transportadoras de semillas, en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo tercero del Origen de las Especies

Ese recurso retórico denominado detallamiento, es decir perderse en detalles cuando uno no tiene nada que decir, es llevado aquí a extremos ejemplares.

 

643

Although the beaks and feet of birds are generally clean, earth sometimes adheres to them: in one case I removed sixty-one grains, and in another case twenty-two grains of dry argillaceous earth from the foot of a partridge, and in the earth there was a pebble as large as the seed of a vetch. Here is a better case: the leg of a woodcock was sent to me by a friend, with a little cake of dry earth attached to the shank, weighing only nine grains; and this contained a seed of the toad-rush (Juncus bufonius) which germinated and flowered. Mr. Swaysland, of Brighton, who during the last forty years has paid close attention to our migratory birds, informs me that he has often shot wagtails (Motacillae), wheatears, and whinchats (Saxicolae), on their first arrival on our shores, before they had alighted; and he has several times noticed little cakes of earth attached to their feet. Many facts could be given showing how generally soil is charged with seeds. For instance, Professor Newton sent me the leg of a red-legged partridge (Caccabis rufa) which had been wounded and could not fly, with a ball of hard earth adhering to it, and weighing six and a half ounces. The earth had been kept for three years, but when broken, watered and placed under a bell glass, no less than eighty-two plants sprung from it: these consisted of twelve monocotyledons, including the common oat, and at least one kind of grass, and of seventy dicotyledons, which consisted, judging from the young leaves, of at least three distinct species. With such facts before us, can we doubt that the many birds which are annually blown by gales across great spaces of ocean, and which annually migrate—for instance, the millions of quails across the Mediterranean—must occasionally transport a few seeds embedded in dirt adhering to their feet or beaks? But I shall have to recur to this subject.

 

Aun cuando el pico y las patas de las aves generalmente están limpios, a veces se les adhiere tierra: en un caso quité de la pata de una perdiz 61 granos de tierra arcillosa seca, y en otro caso, 22 granos, y en la tierra habla una piedrecita del tamaño de una arveja. Un ejemplo mejor: un amigo me envió una pata de chocha con una plastita de tierra seca pegada al tarso que pesaba sólo 9 granos y contenía una semilla de resbalabueyes (Juncus bulonius), que germinó y floreció. Míster Swaysland, de Brighton, que durante los últimos cuarenta años ha prestado gran atención a nuestras aves emigrantes, me informa que, con frecuencia, ha matado aguzanieves (Motacilla) y culiblancos (Saxicola), al momento de llegar a nuestras costas, antes de que se hubiesen posado, y muchas veces ha observado pequeñas plastitas de tierra pegadas a sus pies. Podrían citarse muchos hechos que muestran cuán general es que el suelo esté cargado de semillas. Por ejemplo: el profesor Newton me envió la pata de una perdiz (Caccabis rufa) que había sido herida y no podía volar, con una bola de tierra dura adherida, que pesaba seis onzas y media. La tierra fue conservada durante tres años; pero cuando fue rota, regada y colocada bajo una campana de cristal salieron de ella nada menos que 82 plantas: consistían éstas en 12 monocotiledóneas, entre ellas la avena común, y, por lo menos, otra especie de gramínea, y en 70 dicotiledóneas, que pertenecían, a juzgar por sus hojas jóvenes, a tres especies distintas, por lo menos. Con estos hechos a la vista, ¿podemos dudar de que las muchas aves que anualmente son arrastradas por las tormentas a grandes distancias sobre el océano, y las muchas que anualmente emigran -por ejemplo, los millones de codornices que atraviesan el Mediterráneo-, han de transportar ocasionalmente unas pocas semillas empotradas en el barro que se adhiere a sus patas y picos? Pero tendré que volver sobre este asunto.

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La langosta migratoria, transportadora de semillas, en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo segundo del Origen de las Especies

Se da un ejemplo de la función de la langosta como transportadora de semillas. Como ejemplo de Detallamiento no puede ser mejor…

 

642

Locusts are sometimes blown to great distances from the land. I myself caught one 370 miles from the coast of Africa, and have heard of others caught at greater distances. The Rev. R.T. Lowe informed Sir C. Lyell that in November, 1844, swarms of locusts visited the island of Madeira. They were in countless numbers, as thick as the flakes of snow in the heaviest snowstorm, and extended upward as far as could be seen with a telescope. During two or three days they slowly careered round and round in an immense ellipse, at least five or six miles in diameter, and at night alighted on the taller trees, which were completely coated with them. They then disappeared over the sea, as suddenly as they had appeared, and have not since visited the island. Now, in parts of Natal it is believed by some farmers, though on insufficient evidence, that injurious seeds are introduced into their grass-land in the dung left by the great flights of locusts which often visit that country. In consequence of this belief Mr. Weale sent me in a letter a small packet of the dried pellets, out of which I extracted under the microscope several seeds, and raised from them seven grass plants, belonging to two species, of two genera. Hence a swarm of locusts, such as that which visited Madeira, might readily be the means of introducing several kinds of plants into an island lying far from the mainland.

 

Las langostas son arrastradas muchas veces por el viento a gran distancia de tierra; yo mismo cogí una a 370 millas de la costa de África, y he sabido de otras cogidas de distancias mayores. El reverendo R. T. Lower comunicó a sir C. Lyell que, en noviembre de 1844, llegaron a la isla de la Madera nubes de langostas. Eran en cantidad innumerable, y tan tupidas como los copos de nieve en la mayor nevada, y se extendían en altura hasta donde podían verse con un anteojo. Durante dos o tres días fueron lentamente de un lado a otro, describiendo una inmensa elipse de cinco o seis millas de diámetro, y de noche se posaban en los árboles más altos, que quedaban completamente cubiertos por ellas. Después desaparecieron hacia el mar, tan súbitamente como habían aparecido, y desde entonces no se han vuelto a presentar en la isla. Ahora bien; en algunas partes de Natal creen algunos granjeros, aunque sin pruebas suficientes, que por los excrementos que dejan los grandes vuelos de langostas, que con frecuencia se presentan en aquella comarca, son introducidas en su región de praderas semillas perjudiciales. A causa de esta suposición, mister Weale me envió en una carta un paquetito de bolitas secas de excremento de langosta, de las cuales separé al microscopio diferentes semillas, y obtuve de ellas siete gramineas pertenecientes a dos especies de dos géneros distintos. Por consiguiente, una nube de langosta como la que apareció en la isla de la Madera pudo fácilmente ser el medio de introducir diferentes clases de plantas en una isla situada lejos del continente.

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Las aves, transportadoras de semillas, en el párrafo sexcentésimo cuadragésimo primero del Origen de las Especies

La función de las aves como transportadoras de semillas se discute aquí con gran detenimiento y meticulosidad. Otro ejemplo de Detallamiento, ese fantástico recurso de la retórica que nos permite hablar mucho cuando no tenemos nada que decir,  cuando queremos ocultar que no tenemos nada que decir, o también cuando tenemos otras cosas que queremos ocultar….

 

 

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Living birds can hardly fail to be highly effective agents in the transportation of seeds. I could give many facts showing how frequently birds of many kinds are blown by gales to vast distances across the ocean. We may safely assume that under such circumstances their rate of flight would often be thirty-five miles an hour; and some authors have given a far higher estimate. I have never seen an instance of nutritious seeds passing through the intestines of a bird; but hard seeds of fruit pass uninjured through even the digestive organs of a turkey. In the course of two months, I picked up in my garden twelve kinds of seeds, out of the excrement of small birds, and these seemed perfect, and some of them, which were tried, germinated. But the following fact is more important: the crops of birds do not secrete gastric juice, and do not, as I know by trial, injure in the least the germination of seeds; now, after a bird has found and devoured a large supply of food, it is positively asserted that all the grains do not pass into the gizzard for twelve or even eighteen hours. A bird in this interval might easily be blown to the distance of five hundred miles, and hawks are known to look out for tired birds, and the contents of their torn crops might thus readily get scattered. Some hawks and owls bolt their prey whole, and after an interval of from twelve to twenty hours, disgorge pellets, which, as I know from experiments made in the Zoological Gardens, include seeds capable of germination. Some seeds of the oat, wheat, millet, canary, hemp, clover, and beet germinated after having been from twelve to twenty-one hours in the stomachs of different birds of prey; and two seeds of beet grew after having been thus retained for two days and fourteen hours. Fresh-water fish, I find, eat seeds of many land and water plants; fish are frequently devoured by birds, and thus the seeds might be transported from place to place. I forced many kinds of seeds into the stomachs of dead fish, and then gave their bodies to fishing-eagles, storks, and pelicans; these birds, after an interval of many hours, either rejected the seeds in pellets or passed them in their excrement; and several of these seeds retained the power of germination. Certain seeds, however, were always killed by this process.

 

Las aves vivas apenas pueden dejar de ser agentes eficacísimos en el transporte de las semillas; podría citar muchos hechos que demuestran lo frecuentísimo que es el que aves de muchas clases sean arrastradas por huracanes a grandes distancias en el océano. Podemos seguramente admitir que, en estas circunstancias, su velocidad de vuelo tiene que ser con frecuencia de 35 millas por hora, y algunos autores la han calculado en mucho más. Nunca he visto un ejemplo de semillas alimenticias que pasen por todo el intestino de un ave; pero semillas duras de frutos carnosos pasan sin alterarse hasta por los órganos digestivos de un pavo. En el transcurso de dos meses he recogido en mi jardín, de los excrementos de pequeñas aves, doce clases de semillas, y parecían perfectas, y algunas de ellas que fueron ensayadas germinaron. Pero el hecho siguiente es más importante; el buche de las aves no segrega jugo gástrico y no perjudica en lo más mínimo la germinación de las semillas, según he averiguado experimentalmente. Ahora bien; cuando un ave ha encontrado y ha ingerido una gran cantidad de comida, se ha afirmado positivamente que todas las semillas no pasan a la molleja antes de doce o de diez y ocho horas. En este intervalo, un ave puede fácilmente ser arrastrada por el viento a una distancia de 500 millas, y es sabido que los halcones buscan las aves cansadas, y el contenido de su buche desgarrado puede de este modo esparcirse pronto. Algunos halcones y buhos tragan sus presas enteras, y después de un intervalo de doce a veinte horas vomitan pelotillas que, según sé por experimentos hechos en los Zoological Gardens, encierran simientes capaces de germinar. Algunas simientes de avena, trigo, mijo, alpiste, cáñamo, trébol y remolacha germinaron después de haber estado veinte o veintiuna horas en los estómagos de diferentes rapaces, y dos semillas de remolacha germinaron después de haber estado en estas condiciones durante dos días y catorce horas. Los peces de agua dulce veo que comen semillas de muchas plantas de tierra y de agua; los peces son frecuentemente devorados por aves, y, de este modo, las semillas podrían ser transportadas de un lugar a otro. Introduje muchas clases de semillas en estómagos de peces muertos, y después los di a águilas pesqueras, cigüeñas y pelicanos; estas aves, después de muchas horas, devolvieron las semillas en pelotillas, o las expulsaron con sus excrementos, y varias de estas semillas conservaron el poder de germinación. Ciertas semillas, sin embargo, murieron siempre por este procedimiento.

 

 

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