Archivo para la categoría ‘Ser humano’

Recordando a Rafael Barrett

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hace unos años hablábamos de Rafael Barrett, autor español que desarrolló la mayor parte de su obra en Paraguay y leíamos entonces su artículo titulado La ciencia, en el que brillantemente definía a esta actividad humana como religión corta.

La lectura de las memorias de Pío Baroja nos recuerda ahora a Rafael Barrett. De él dice Baroja:

 

Me dijeron que había hablado de algunos libros míos, quizá recordando que nos habíamos conocido un momento. También me dijeron que se habían publicado dos libros suyos en una biblioteca hispanoamericana; pero cuando pretendí comprarlos, no los encontré. Barrett fue para mí como una sombra que pasa. Barret debía de ser un hombre desequilibrado, con anhelos   de   claridad   y   de   justicia. Tipos así dejan por donde pasan un rastro de enemistad y de cólera. A la gente le gusta la mentira.

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El optimismo de los eunucos, según don Pío Baroja

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leyendo ayer el libro de Don  Pío Baroja titulado Juventud, Egolatría llegaba a unos párrafos que me parecen que ni pintados para celebrar el día de San Alberto Magno, patrono de los científicos (mañana, 15 de noviembre). El texto es de una sorprendente actualidad que indica que aquello que vió Baroja era el embrión de lo que hoy tenemos.

Los párrafos son los siguientes:

 

En un libro de consejos a los investigadores de Ramón y Cajal, libro de una tartufería desagradable, este histólogo, que como pensador siempre ha sido de una mediocridad absoluta, habla de cómo debe ser el joven sabio, ]o mismo que la Constitución de 1812 hablaba de cómo debía ser el ciudadano español.

Sabemos cómo debo ser el joven sabio; sereno, optimista, tranquilo… y con diez o doce sueldos.

 Me han dicho algunos amigos que en la Institución libre de enseñanza de Madrid, donde se intenta dar una orientación artística a los alumnos, se hace tácitamente una clasificación de la importancia de las artes; primero, la pintura; después, la música, y, por último, la literatura.

 Fijándose en la intención que puede tener este orden, se ve que su objeto es no dar al estudiante motivos de pesimismo. Claro, no es contemplando telas viejas pintadas con aceite de linaza, ni con el chim… bum… bum.  de la música, como saldrán descontentos; pero ¡qué sé yo! En un país como España, creo que vale más que haya descontentos que no señoritos correctísimos que vayan al laboratorio con una blusa muy limpia, hablen del Greco y de Cezanne y de la Novena sinfonía  y no protesten, porque detrás de esta corrección se adivina el optimismo de los eunucos.

 

Pío Baroja. Juventud, egolatría.

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Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Decididamente Darwin se opone a la idea de Diseño: Algunas opiniones al respecto.

Son muchos entre los lectores de El Origen de las Especies los que detectaron su objetivo de ir en contra de la idea de diseño. Ya vimos por ejemplo la interpretación del Reverendo Charles Hodge en su libro “What is darwinism?” .

Otro lector con interpretación semejante es más conocido y menos religioso. Se trata de Henry James, quien había estado en la casa del naturalista inglés, no sabemos si tomando el té o no, tal vez sí. Y por lo tanto tal vez fuese ahí, en Down, en la casa de Darwin, tomando el té en donde se inspiró para escribir aquel párrafo memorable en el que relacionaba la moral de los ingleses con el té, identificándolos.

Pues bien, Henry James, amigo de Darwin había dicho de su obra que con ella se había eliminado de una vez por todas el diseño de la mente de los científicos:“has once for all displaced design from the minds of the ‘scientific”.

Que hubiese podido ocurrir esto sería difícil de entender sin una ayuda. Pero Henry James sabía lo que decía.  Según indica Kristin Boudreau James sospechaba de la autoridad institucional, aceptando las ideas por su utilidad más que por el status de sus fuentes:

 

James was cheerfully suspicious of institutional authority, accepting ideas because of their usefulness rather than because of the status of their sources.

 

En España un lector de Darwin que se  percató de su intención fue Cánovas del Castillo, quien en un discurso indicó que Darwin se proponía hacer inútil la idea de Dios.

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La Guerra de los Mundos: impresiones del autor

En su obra Experimento en autobiografía, HG Wells se refiere a su época de estudiante de los cursos de ciencias en la Escuela Normal de Ciencias y Real de Minas de South Kensington,  liderada por Thomas Henry Huxley. Nos cuenta:

Cada vez me parece más sorprendente que tanto la vieja Escuela Normal como la Escuela Rural de Minas, el actual Colegio Imperial de Ciencia y Tecnología, aunque una parte importante de su labor consista aún en preparar a profesores de ciencias, nunca hayan tenido, ni tengan, ni seguramente tendrán nunca, cátedra alguna, profesor o curso de metodología y didáctica de las ciencias. Y que mucho menos exista nada que sea ciencia política, económica o social, y ninguna investigación en cuanto a los objetivos, o ningún intento de señalar, controlar y coordinar la enseñanza de los diferentes departamentos. Para las inteligencias rectoras de South Kensington un curso de geología no es más que un curso de geología. Cuando uno ha realizado un curso, cualquier curso, entonces sabe geología. ¿ Y no es eso útil para la minería y la metalurgia? Guthrie y Judd no eran más que aficionados en la enseñanza de la ciencia, y ninguno de ellos tenía ideas firmes sobre cómo interesar a los estudiantes en sus asignaturas. y en aquella organización no había en puestos de supervisión ningún filósofo pedagógico con el conocimiento y la autoridad para decírselo.

El Colegio Imperial, ahora me doy cuenta, era y todavía es en realidad no un colegio, sino un cúmulo de laboratorios y aulas. Fueran cuales fueran sus fines originales,  éstos hoy se han olvidado. No tiene ninguna idea firme de lo que es y de lo que se supone que ha de ser. Lo que quiere decir que no tiene filosofía. No tiene organización filosófica, idea social, no tiene objetivo racionalizado, que lo mantenga unido… No veo cómo podemos esperar, detener y controlar el desarrollo desastroso de los asuntos del mundo hasta que hayamos unido el desarrollo filosófico y el educativo.

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Ancho es el campo que veo en el párrafo octingentésimo trigésimo octavo de El Origen de las Especies

Párrafo breve pero profético. Necesariamente ha de ser profético puesto que quien escribe es la voz de la autoridad y si no acertase, bien podría esa misma autoridad hacer cambiar las cosas para que pareciera que había acertado. Por ejemplo donde dice:

Se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia.

 

Si no acertase y el futuro no proyectase luz alguna sobre el origen del hombre, entonces bien podríamos inventar lo que fuese necesario y conveniente a tal fin. Lo dicho: Profético, que las profecías a la fuerza también son profecías.

 

 

838.

 

 In the future I see open fields for far more important researches. Psychology will be securely based on the foundation already well laid by Mr. Herbert Spencer, that of the necessary acquirement of each mental power and capacity by gradation. Much light will be thrown on the origin of man and his history.

 

En el porvenir veo ancho campo para investigaciones mucho más interesantes. La Psicología se basará seguramente sobre los cimientos, bien echados ya por míster Herbert Spencer, de la necesaria adquisición gradual de cada una de las facultades y aptitudes mentales. Se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia.

 

Lectura aconsejada:

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Aumentando el valor de las producciones en el párrafo octingentésimo trigésimo quinto de El Origen de las Especies

Una vez que nos hayamos cargado la taxonomía, que era básicamente lo que se proponía en los párrafos anteriores, entonces… Entonces, en este párrafo podemos ver cuáles serán las consecuencias de tamaño disparate. No sorprende ver entre ellas lo siguiente:

 

El estudio de las producciones domésticas aumentará inmensamente de valor.

 

 

Efectivamente. Con las producciones domésticas empezaba la obra y con las producciones domésticas termina. Objetivo cumplido. Si los ganaderos y los granjeros aumentan el valor de sus producciones entonces el autor puede ir a dormir tranquilo. El resto le importa un bledo.

 

El disparate llega a cotas inauditas, pero proféticas:

 

Una nueva variedad formada por el hombre será un objeto de estudio más importante e interesante que una especie más añadida a la infinidad de especies ya registradas.

 

835.

A grand and almost untrodden field of inquiry will be opened, on the causes and laws of variation, on correlation, on the effects of use and disuse, on the direct action of external conditions, and so forth. The study of domestic productions will rise immensely in value. A new variety raised by man will be a far more important and interesting subject for study than one more species added to the infinitude of already recorded species. Our classifications will come to be, as far as they can be so made, genealogies; and will then truly give what may be called the plan of creation. The rules for classifying will no doubt become simpler when we have a definite object in view. We possess no pedigree or armorial bearings; and we have to discover and trace the many diverging lines of descent in our natural genealogies, by characters of any kind which have long been inherited. Rudimentary organs will speak infallibly with respect to the nature of long-lost structures. Species and groups of species which are called aberrant, and which may fancifully be called living fossils, will aid us in forming a picture of the ancient forms of life. Embryology will often reveal to us the structure, in some degree obscured, of the prototypes of each great class.

 

Se abrirá un campo de investigación, grande y casi no pisado, sobre las causas y leyes de la variación, la correlación, los efectos del uso y del desuso, la acción directa de las condiciones externas, y así sucesivamente. El estudio de las producciones domésticas aumentará inmensamente de valor. Una nueva variedad formada por el hombre será un objeto de estudio más importante e interesante que una especie más añadida a la infinidad de especies ya registradas. Nuestras clasificaciones llegarán a ser genealógicas hasta donde puedan hacerse de este modo, y entonces expresarán verdaderamente lo que puede llamarse el plan de creación. Las reglas de la clasificación, indudablemente, se simplificarán cuando tengamos a la vista un fin definido. No poseemos ni genealogías ni escudos de armas, y hemos de descubrir y seguir las numerosas líneas genealógicas divergentes en nuestras genealogías naturales, mediante los caracteres de todas clases que han sido heredados durante mucho tiempo. Los órganos rudimentarios hablarán infaliblemente sobre la naturaleza de conformaciones perdidas desde hace mucho tiempo; especies y grupos de especies llamadas aberrantes, y que pueden elegantemente llamarse fósiles vivientes, nos ayudarán a formar una representación de las antiguas formas orgánicas. La embriología nos revelará muchas veces la conformación, en algún grado obscurecida, de los prototipos de cada una de las grandes clases.

Lectura aconsejada:

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Charles Darwin en El Club de los Suicidas, de Stevenson

 

 

Nos encontramos inmersos en  el primer capítulo. El príncipe Florizel de Bohemia y el coronel Geraldine se encuentran en el Club de los suicidas. Cada uno de los personajes explica sus motivaciones para encontrarse en el mismo:

 

¡A la eterna memoria del baron Trenck, ejemplo de suicidas! -gritó uno-. Pasó de una celda pequeña a otra más pequeña, para poder alcanzar al fin la libertad.

-Por mi parte -dijo un segundo-, sólo deseo una venda para los ojos y algodón para los oídos. Sólo que no hay algodón lo bastante grueso en este mundo.

Un tercero quería averiguar los misterios de la vida futura y un cuarto aseguraba que nunca se hubiera unido al club si no le hubieran inducido a creer en Darwin.

No puedo tolerar la idea de descender de un mono -afirmaba aquel curioso suicida.

Sí. Hemos leído bien. A un miembro del club le habían inducido a creer en Darwin. No es que él se hubiese convencido naturalmente o como fruto de sus propias lecturas independientes. Al parecer había sido el resultado de un lavado de cerebro: Lo indujeron. Seguro que no fue el único. Algo habría oído Stevenson para ponerlo tan claro…………

 

 

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Ladis Montiel: Una imagen para el recuerdo

 

La fotografía está tomada en la mañana de un día de verano en un viñedo de la Ribera de Navarra o de la Rioja Baja, seguramente alguno perteneciente a la Bodega de Camilo Castilla, en Corella, en la que Ladis trabajó como enólogo durante tantos años. En ella, con sombrero blanco y camisa blanca arremangada, Ladis se inclina ante una viña para comprobar el punto de sazón de sus granos. Su gesto es el del caballero que saluda a una dama haciendo cortésmente el besamanos (Encantado de saludarla, veo que hoy tiene sus dedillos algo redondos y morados, ¿Se encuentra bien hoy la señora?), o el de quien con veneración se inclina ante imagen o autoridad religiosa. La foto muestra, digámoslo de una vez, su reverencia, y ese respeto manifiesto por los objetos y por las personas que es la contraseña, la clave,  para  ganarse inmediatamente el respeto de quienes lo rodean sentando así la convivencia sobre esa base firme, cálida y transparente que otros llamarían entrañable. En su mano izquierda, a juego con el sombrero y la camisa, hay un objeto también blanco, tal vez un cuadernillo de anotaciones, y mientras la derecha sostiene las uvas de un racimo, va adelantando un poco la cara, con la vista fija, clavada en el mismo como preguntándole: ¿Qué me cuentas hoy? ¿Qué tal vas? Busca así, mediante esa aproximación, el momento de poner en juego su cualidad más asombrosa que es la permeabilidad, esa capacidad para absorber información del entorno, que en su modo más general equivale a la de escuchar,  acción bien simple y necesaria, pero que muy pocos afortunados, Ladis entre ellos, han podido cultivar con éxito a lo largo de sus días.  Aquel del retrato no sabemos lo que la viña tendría que contarle, pero su actitud es elocuente y nos presenta dos de sus cualidades principales: respeto y permeabilidad. Saber escuchar.

El sol extiende sus rayos por el viñedo en la foto de aquella mañana de verano. La luz llena a golpes las hojas superiores de las cepas, los campos del fondo por encima de sus ramas más altas y por debajo, atravesando sus tallos, dibuja en el suelo un conjunto de sombras continuas con las de la camisa, en su brazo, en su cara y en el sombrero. A pesar de la hora temprana en la mañana me hago cargo del calor y puedo suponer cuánto se agradecerá al andar por la viña el menor soplo de brisa, el mínimo correr del aire fresco que, moviendo la camisa, pueda llegar a transmitir esa sensación que es como decir: estoy aquí, te escucho y te entiendo. En alguna ocasión he disfrutado de esa experiencia del aire y también de la de acercarme a una viña siguiendo a Ladis. Por eso puedo imaginar cómo llegó aquel día al lugar en donde le tomaron la foto. Aproximándose con impaciencia y acelerando el paso a medida que se acercaba a la viña. Dejando a sus compañeros atrás para llegar el primero y así poder comunicar las novedades: Están secas. Hay poco grano. Tienen mosca.

Escribir, que es difícil cuando el recuerdo es algo todavía vivo, se convierte en tarea imposible, pesadilla, cuando el recuerdo arde mostrando el hueco irreparable que ha quedado y la memoria viene exigiendo lo necesario pero ya imposible, que no es recuerdo alguno, sino otra cosa distinta, su fuente, vivencia compartida. Salir al campo un día, andar por el viñedo, por las calles y luego regresar a la bodega, al laboratorio, para llenar todo tipo de recipientes con caldos de todos los orígenes, colores, olores y temperaturas. Recomenzar la cata dolorosamente interrumpida. Aquí un Pinot Noir, allá un Sirah. Primero el moscatel, después el Sauternes. Aquello de allá, no, que está malo. Este se ha calentado, hay que abrir la nevera y sacar otro. Copas, frascos, vasos y matraces van llenando mesas y estantes mientras los sentidos que van alimentando a la memoria, la ponen también a prueba.

Haciendo de tripas corazón uno puede creer que puede llegar a superarlo, cuando en realidad es justo lo contrario: cuanto hay nos supera. El remedio empieza al reconocer la debilidad propia y buscar en nuestro auxilio lo de siempre, lugares comunes, anécdotas, todo ese material congelado que, si no sale, acaba por doler en la memoria y que, cuando sale, lo hace a veces en la forma estrepitosa de una carcajada o como solemos decir, con humor. Recuerdos fríos, anécdotas congeladas a fuerza de repetirlas, como en aquellas tardes durante las fiestas de Arnedo, cuando Ladis a la salida de los toros se pasaba a dar una vuelta por casa. En una ocasión había entrado en el gallinero, en donde tenían preparado su cuarto mi hermano Manolo y sus amigos, escondiéndose detrás de la puerta, para darles un susto. Pero el susto se lo llevó mi tía Carmen, solterona octogenaria que entonces vivía con nosotros y había ido a dar una vuelta por allí. No se preocupe señora, que soy el Ladis Montiel, vino a reconfortarla con su explicación cortés. En otra ocasión semejante, entrando a recomendarse para oficial de la milicia universitaria con mi tío Vicente Grande, a la sazón Comandante de Estado Mayor en Zaragoza. Afortunadamente las plazas se ganaban mediante un examen riguroso y no mediante recomendación. Sin embargo el rato de conversación no fue en balde y vino a dar una amistad permanente. Otra. Las anécdotas se acumulan pero están, como digo, frías, como los pasteles, destinados a proyectiles en una batalla campal, con los que Ladis nos obsequió un día en aquel cuarto del Arco de las Nieves. Memorias todas congeladas. Y sin embargo, algo vivo queda que está ardiendo en medio de todas ellas, con insistencia, con la firmeza de toda duda, como por ejemplo aquel papel colgado en la pared del laboratorio del enólogo mediante una chincheta. Su texto, escrito a mano, algo así como esto:

Nada te turbe, Nada te espante, Todo se pasa, Dios no se muda. La paciencia Todo lo alcanza; Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta.

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Metempsicosis, darwinismo y otras extrañas conversiones en un párrafo de Elias Canetti

 

De una entrada antigua extraída del blog que lleva por fantástico título el de Contra esto y aquello, voy a copiar el contenido. Dice así:

 

A los innumerables fans de los doctores Denkins y Dawnett ofrezco este diamante extraído del inexhaustible Elías Canetti:


El deseo de convertir a los hombres en animales ha sido el impulso más potente para el desarrollo de la esclavitud. Es imposible sobreestimar la fuerza de este deseo, como tampoco la de su contrario: convertir a animales en hombres. A este último deben su existencia grandiosas creaciones del espíritu humano, como la doctrina de la metempsicosis y el darwinismo, pero también ciertas diversiones populares, como la exhibición de animales amaestrados.

 

La imagen está tomada de la entrada La cabra nunca bajó, del Deepastelehena’s blog

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