‘Taxonomía’

Usos inconscientes de un criterio en el párrafo septingentésimo vigésimo de El Origen de las Especies

 

Inconscientemente uno, es verdad, puede hacer muchas cosas. Muchísimas. Ahora bien no creo que nadie pueda, como dice el autor de este párrafo, utilizar inconscientemente un criterio para la clasificación. Cuando escribió esto debía estar muy distraído y desde luego, como hemos visto ya en varias ocasiones, nadie se tomó la molestia de corregirlo:

 

 

720.

 

As descent has universally been used in classing together the individuals of the same species, though the males and females and larvae are sometimes extremely different; and as it has been used in classing varieties which have undergone a certain, and sometimes a considerable amount of modification, may not this same element of descent have been unconsciously used in grouping species under genera, and genera under higher groups, all under the so-called natural system? I believe it has been unconsciously used; and thus only can I understand the several rules and guides which have been followed by our best systematists. As we have no written pedigrees, we are forced to trace community of descent by resemblances of any kind. Therefore, we choose those characters which are the least likely to have been modified, in relation to the conditions of life to which each species has been recently exposed. Rudimentary structures on this view are as good as, or even sometimes better than other parts of the organisation. We care not how trifling a character may be—let it be the mere inflection of the angle of the jaw, the manner in which an insect’s wing is folded, whether the skin be covered by hair or feathers—if it prevail throughout many and different species, especially those having very different habits of life, it assumes high value; for we can account for its presence in so many forms with such different habits, only by inheritance from a common parent. We may err in this respect in regard to single points of structure, but when several characters, let them be ever so trifling, concur throughout a large group of beings having different habits, we may feel almost sure, on the theory of descent, that these characters have been inherited from a common ancestor; and we know that such aggregated characters have especial value in classification.

 

Como el criterio de descendencia ha sido universalmente empleado al clasificar juntos los individuos de una misma especie, aun cuando los machos y hembras y larvas sean a veces sumamente diferentes, y como ha sido utilizado al clasificar variedades que han experimentado cierta modificación, considerable a veces, ¿no podría este mismo elemento de la descendencia haber sido utilizado inconscientemente al agrupar las especies en géneros y los géneros en grupos superiores, todos dentro del llamado sistema natural? Yo creo que ha sido usado inconscientemente, y sólo así puedo comprender las diferentes reglas y normas seguidas por nuestros mejores sistemáticos. Como no tenemos genealogías escritas, nos vemos forzados a deducir la comunidad de origen por semejanzas de todas clases. Sin embargo, escogemos aquellos caracteres que son lo menos a propósito para ser modificados, en relación con las condiciones de vida a que ha estado recientemente sometida cada especie. Las estructuras rudimentarias, desde este punto de vista, son tan buenas, y aun quizá mejores, que otras partes de la organización. No nos importa la insignificancia de un carácter -ya sea la simple inflexión del ángulo de la mandíbula, el modo como está plegada el ala de un insecto, el que la piel esté cubierta de pelo o de pluma-; si éste subsiste en muchas y diferentes especies, sobre todo en las que tienen costumbres muy diferentes, adquiere un gran valor, pues sólo por herencia de un antepasado común podemos explicar su presencia en tantas formas con costumbres tan diferentes. En este respecto podemos equivocarnos por lo que se refiere a puntos determinados de conformación; pero cuando varios caracteres, aunque sean insignificantes, concurren en todo un grupo grande de seres que tienen diferentes costumbres, podemos estar casi seguros, según la teoría de la descendencia, que estos caracteres han sido heredados de un antepasado común, y sabemos que estos conjuntos de caracteres tienen especial valor en la clasificación.

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Vuelta a las variedades, vuelta a las palomas en el párrafo septingentésimo décimo octavo de El Origen de las Especies

 

El autor salta de una idea a su contraria. A lo largo de los sucesivos capítulos del libro ha intentado quitar importancia al concepto de especie equiparándolo con el de variedad.  La obra es larga, pero utilizando esta manera de escribir podría ser interminable…

 

Unos párrafos atrás, ya en el penúltimo capítulo pretendía dar importancia al concepto de especie, ahora hablando ahora de las variedades viene a decir:

 

Al clasificar las especies, se siguen casi las mismas reglas.

 

Lo cual es rotundamente falso. Cualquier naturalista sabe que la especie se define porque es una unidad reproductiva. Las variedades, no lo son.

 

 

 

 

 

718.

 

In confirmation of this view, let us glance at the classification of varieties, which are known or believed to be descended from a single species. These are grouped under the species, with the subvarieties under the varieties; and in some cases, as with the domestic pigeon, with several other grades of difference. Nearly the same rules are followed as in classifying species. Authors have insisted on the necessity of arranging varieties on a natural instead of an artificial system; we are cautioned, for instance, not to class two varieties of the pine-apple together, merely because their fruit, though the most important part, happens to be nearly identical; no one puts the Swedish and common turnip together, though the esculent and thickened stems are so similar. Whatever part is found to be most constant, is used in classing varieties: thus the great agriculturist Marshall says the horns are very useful for this purpose with cattle, because they are less variable than the shape or colour of the body, etc.; whereas with sheep the horns are much less serviceable, because less constant. In classing varieties, I apprehend that if we had a real pedigree, a genealogical classification would be universally preferred; and it has been attempted in some cases. For we might feel sure, whether there had been more or less modification, that the principle of inheritance would keep the forms together which were allied in the greatest number of points. In tumbler pigeons, though some of the subvarieties differ in the important character of the length of the beak, yet all are kept together from having the common habit of tumbling; but the short-faced breed has nearly or quite lost this habit; nevertheless, without any thought on the subject, these tumblers are kept in the same group, because allied in blood and alike in some other respects.

 

En confirmación de esta opinión echamos una ojeada a la clasificación de las variedades que se sabe o se cree que descienden de una sola especie. Las variedades se agrupan dentro de las especies y las subvariedades dentro de las variedades, y en algunos casos, como en el de la paloma doméstica, en otros varios grados de diferencia. Al clasificar las especies, se siguen casi las mismas reglas. Los autores han insistido acerca de la necesidad de agrupar las variedades según un sistema natural, en lugar de hacerlo según un sistema artificial; estamos prevenidos, por ejemplo, para no clasificar juntas dos variedades de piña, simplemente porque su fruto, a pesar de ser la parte más importante, ocurra que sea casi idéntico. Nadie coloca juntos el colinabo y el nabo de Suecia, aun cuando sus raíces gruesas y comestibles sean tan parecidas. Una parte, cualquiera que sea, que se ve que es muy constante se emplea para clasificar las variedades; así, el gran agricultor Marshall dice que los cuernos son útiles para este fin en el ganado vacuno porque son menos variables que la forma o el color del cuerpo, etc., mientras que en los carneros los cuernos son menos útiles para este objeto, por ser menos constantes. Al clasificar las variedades observo que, si tuviésemos una genealogía verdadera, la clasificación genealógica sería universalmente preferida, y ésta se ha intentado en algunos casos: podemos estar seguros de que -haya habido poca o mucha modificación- el principio de la herencia tiene que mantener juntas las formas que sean afines en el mayor número de puntos. En las palomas volteadoras, aun cuando algunas de las subvariedades difieren en el importante carácter de la longitud del pico, sin embargo, todas están unidas por tener la costumbre de dar volteretas; pero la raza de cara corta ha perdido esta costumbre por completo o casi por completo; a pesar de lo cual, sin reparar en este punto, estas volteadoras se conservan en el mismo grupo, por ser consanguíneas y parecidas por otros conceptos.

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Explicándose por fin en el párrafo septingentésimo décimo sexto de El Origen de las Especies

Lo que el autor no ha hecho en los setecientos quince párrafos precedentes promete hacerlo ahora. Así, quien acaba de decirnos dos párrafos atrás esto:

 

por lo que se refiere al valor relativo de los diferentes grupos de especies, tales como órdenes, subórdenes, familias, subfamilias y géneros, me parece, por lo menos actualmente, casi arbitrario

 

Y en el párrafo anterior esto:

 

pues toda clasificación verdadera es genealógica;

 

Y esto otro:

 

..que la comunidad de descendencia es el lazo oculto que los naturalistas han estado buscando inconscientemente

 

Ahora viene y nos explica las bases de la clasificación. Uno comprende entonces que Agassiz, que era una buena persona, hubiera reaccionado enérgicamente frente a esta invasión.

 

Y lo que es peor, vuelve para su explicación al cuadro imaginario que había pintado en el capítulo fundamental de su libro, ese en el que pretenciá definir la Selección Natural, y recordando ese cuadro imaginario nos dice ahora:

 

pueden todos ser llamados primos en el mismo millonésimo grado,…

 

Efectivamente, todos podemos llamarnos primos en el millonésimo grado, pero más que por nuestro supuesto parentesco, por nuestra credulidad y la facilidad para manipularnos.

 

 

 

 

716.

 

But I must explain my meaning more fully. I believe that the ARRANGEMENT of the groups within each class, in due subordination and relation to each other, must be strictly genealogical in order to be natural; but that the AMOUNT of difference in the several branches or groups, though allied in the same degree in blood to their common progenitor, may differ greatly, being due to the different degrees of modification which they have undergone; and this is expressed by the forms being ranked under different genera, families, sections or orders. The reader will best understand what is meant, if he will take the trouble to refer to the diagram in the fourth chapter. We will suppose the letters A to L to represent allied genera existing during the Silurian epoch, and descended from some still earlier form. In three of these genera (A, F, and I) a species has transmitted modified descendants to the present day, represented by the fifteen genera (a14 to z14) on the uppermost horizontal line. Now, all these modified descendants from a single species are related in blood or descent in the same degree. They may metaphorically be called cousins to the same millionth degree, yet they differ widely and in different degrees from each other. The forms descended from A, now broken up into two or three families, constitute a distinct order from those descended from I, also broken up into two families. Nor can the existing species descended from A be ranked in the same genus with the parent A, or those from I with parent I. But the existing genus F14 may be supposed to have been but slightly modified, and it will then rank with the parent genus F; just as some few still living organisms belong to Silurian genera. So that the comparative value of the differences between these organic beings, which are all related to each other in the same degree in blood, has come to be widely different. Nevertheless, their genealogical ARRANGEMENT remains strictly true, not only at the present time, but at each successive period of descent. All the modified descendants from A will have inherited something in common from their common parent, as will all the descendants from I; so will it be with each subordinate branch of descendants at each successive stage. If, however, we suppose any descendant of A or of I to have become so much modified as to have lost all traces of its parentage in this case, its place in the natural system will be lost, as seems to have occurred with some few existing organisms. All the descendants of the genus F, along its whole line of descent, are supposed to have been but little modified, and they form a single genus. But this genus, though much isolated, will still occupy its proper intermediate position. The representation of the groups as here given in the diagram on a flat surface, is much too simple. The branches ought to have diverged in all directions. If the names of the groups had been simply written down in a linear series the representation would have been still less natural; and it is notoriously not possible to represent in a series, on a flat surface, the affinities which we discover in nature among the beings of the same group. Thus, the natural system is genealogical in its arrangement, like a pedigree. But the amount of modification which the different groups have undergone has to be expressed by ranking them under different so-called genera, subfamilies, families, sections, orders, and classes.

 

Pero debo explicar más completamente mi pensamiento. Creo yo que la ordenación de los grupos dentro de cada clase, con la debida subordinación y relación mutuas, para que sea natural, debe ser rigurosamente genealógica; pero que la cantidad de diferencia en las diferentes ramas o grupos, aun cuando sean parientes en el mismo grado de consanguinidad con su antepasado común, puede diferir mucho, siendo esto debido a los diferentes grados de modificación que hayan experimentado, y esto se expresa clasificando las formas en diferentes géneros, familias, secciones y órdenes. El lector comprenderá mejor lo que se pretende decir si se toma la molestia de recurrir al cuadro del capítulo IV. Supondremos que las letras A a L representan géneros afines que existieron durante la época silúrica, descendientes de alguna forma aun más antigua. En tres de estos géneros (A, F e I), una especie ha transmitido hasta la actualidad descendientes modificados, representados por los quince géneros (a14 a z14) de la línea superior horizontal. Ahora bien; todos estos descendientes modificados de una sola especie están relacionados en igual grado por la sangre o descendencia; metafóricamente, pueden todos ser llamados primos en el mismo millonésimo grado, y, sin embargo, se diferencian mucho y en diferente medida unos de otros. Las formas descendientes de A, separadas ahora en dos o tres familias, constituyen un orden distinto de los descendientes de I, divididas también en dos familias. Tampoco las especies vivientes que descienden de A pueden ser clasificadas en el mismo género que el antepasado A, ni las descendientes de I en el mismo género que su antepasado I. Pero el género viviente f14 puede suponerse que se ha modificado muy poco, y entonces se clasificará en un género con su antepasado F, del mismo modo que un corto número de organismos todavía vivientes pertenecen a géneros silúricos. De manera que ha llegado a ser muy diverso el valor relativo de las diferencias entre estos seres orgánicos, que están todos mutuamente relacionados por el mismo grado de consanguinidad. Sin embargo, su ordenación genealógica permanece rigurosamente exacta, no sólo en la actualidad, sino en todos los períodos genealógicos sucesivos. Todos los descendientes de A habrán heredado algo en común de su común antepasado, lo mismo que todos los descendientes de I; lo mismo ocurrirá en cada rama secundaria de descendientes y en cada período sucesivo. Sin embargo, si suponemos que un descendiente de A o de I se ha llegado a modificar tanto que ha perdido todas las huellas de su parentesco, en este caso se habrá perdido su lugar en el sistema natural, como parece haber ocurrido con algunos organismos vivientes. Todos los descendientes del género F en la totalidad de su línea de descendencia se supone que se han modificado muy poco y que forman un solo género; pero este género, aunque muy aislado, ocupará todavía su propia posición intermedia. La representación de los grupos, tal como se da en el cuadro, sobre una superficie plana es demasiado simple. Las ramas tendrían que haber divergido en todas direcciones. Si los nombres de los grupos hubiesen sido escritos simplemente en serie lineal, la representación habría sido todavía menos natural, y evidentemente es imposible representar en una serie o en una superficie plana las afinidades que descubrimos en la naturaleza entre los seres del mismo grupo. Así, pues, el sistema natural es genealógico en su ordenación, como un árbol genealógico; pero la cantidad de modificación que han experimentado los diferentes grupos no pueden expresarse distribuyéndolos en los que se llaman géneros, sublanzilias, familias, secciones, órdenes y clases.

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La importancia para la clasificación en el septingentésimo noveno párrafo de El Origen de las Especies

La importancia, para la clasificación,… comienza este párrafo. Y nosotros nos preguntamos ¿Qué importancia tiene la clasificación?,  ¿Acaso no recuerda el autor que decía en los primeros capítulos que era lo mismo una especie que una variedad?,  ¿A qué viene ahora tanta preocupación por la clasificación cuando ha demostrado en muchas ocasiones su escaso interés por el concepto de especie, el principal en taxonomía?

 

709.

 

The importance, for classification, of trifling characters, mainly depends on their being correlated with many other characters of more or less importance. The value indeed of an aggregate of characters is very evident in natural history. Hence, as has often been remarked, a species may depart from its allies in several characters, both of high physiological importance, and of almost universal prevalence, and yet leave us in no doubt where it should be ranked. Hence, also, it has been found that a classification founded on any single character, however important that may be, has always failed; for no part of the organisation is invariably constant. The importance of an aggregate of characters, even when none are important, alone explains the aphorism enunciated by Linnaeus, namely, that the characters do not give the genus, but the genus gives the character; for this seems founded on the appreciation of many trifling points of resemblance, too slight to be defined. Certain plants, belonging to the Malpighiaceae, bear perfect and degraded flowers; in the latter, as A. de Jussieu has remarked, “The greater number of the characters proper to the species, to the genus, to the family, to the class, disappear, and thus laugh at our classification.” When Aspicarpa produced in France, during several years, only these degraded flowers, departing so wonderfully in a number of the most important points of structure from the proper type of the order, yet M. Richard sagaciously saw, as Jussieu observes, that this genus should still be retained among the Malpighiaceae. This case well illustrates the spirit of our classifications.

 

La importancia, para la clasificación, de los caracteres insignificantes depende de que son correlativos de otros muchos caracteres de mayor o menor importancia. En efecto: es evidente el valor de un conjunto de caracteres en Historia Natural. Por consiguiente, como se ha hecho observar muchas veces, una especie puede separarse de sus afines por diversos caracteres, tanto de gran importancia fisiológica como de constancia casi general, y no dejarnos, sin embargo, duda alguna de cómo tiene que ser clasificada. De aquí también que se haya visto que una clasificación fundada en un solo carácter, por importante que sea, ha fracasado siempre, pues ninguna parte de la organización es de constancia absoluta. La importancia de un conjunto de caracteres, aun cuando ninguno sea importante, explica por si sola el aforismo enunciado por Linneo de que los caracteres no dan el género, sino que el género da los caracteres; pues éste parece fundado en la apreciación de detalles de semejanza demasiado ligeros para ser definidos. Ciertas plantas pertenecientes a las malpigiáceas llevan flores perfectas y flores atrofiadas; en estas últimas, como ha hecho observar A. de Jussieu, «desaparecen la mayor parte de los caracteres propios de la especie, del género, de la familia, de la clase, y de este modo se burlan de nuestra clasificación». Cuando la Aspicarpa produjo en Francia, durante varios años, solamente estas flores degeneradas que se apartan asombrosamente del tipo propio del orden en muchos de los puntos más importantes de conformación, monsieur Richard, no obstante, vio sagazmente, como observa Jussieu, que este género tenía que seguir siendo conservado entre las malpigiáceas. Este caso es un buen ejemplo del espíritu de nuestras clasificaciones.

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Órganos rudimentarios o atrofiados: Su valor taxonómico en el septingentésimo séptimo párrafo de El Origen de las Especies

 

Nadie discutirá que los dientes rudimentarios de la mandíbula superior de los rumiantes jóvenes y ciertos huesos rudimentarios de su pata son utilísimos para mostrar la estrecha afinidad entre los rumiantes y los paquidermos.

 

 

No sabemos si alguien habrá que discuta o no discuta esto. Tampoco entendemos cuál puede ser el interés de la taxonomía para un autor que defiende el cambio gradual y que no ve diferencias entre especies y variedades. Evidentemente la taxonomía no le importa nada puesto que ha comenzado a tratar de ella cuando la obra ya se está acabando. ¿No se tratará acaso de ocultar con tanta verbosidad que su teoría expuesta en el capítulo cuarto y basada en la Selección Natural es sólo un conjunto de disparates?

 

 

707.

 

Again, no one will say that rudimentary or atrophied organs are of high physiological or vital importance; yet, undoubtedly, organs in this condition are often of much value in classification. No one will dispute that the rudimentary teeth in the upper jaws of young ruminants, and certain rudimentary bones of the leg, are highly serviceable in exhibiting the close affinity between Ruminants and Pachyderms. Robert Brown has strongly insisted on the fact that the position of the rudimentary florets is of the highest importance in the classification of the Grasses.

 

Además, nadie dirá que los órganos rudimentarios o atrofiados sean de gran importancia fisiológica o vital, y, sin embargo, indudablemente, órganos en este estado son con frecuencia de mucho valor para la clasificación. Nadie discutirá que los dientes rudimentarios de la mandíbula superior de los rumiantes jóvenes y ciertos huesos rudimentarios de su pata son utilísimos para mostrar la estrecha afinidad entre los rumiantes y los paquidermos. Robert Brown ha insistido sobre el hecho de que la posición de las florecillas rudimentarias es de suma importancia en la clasificación de las gramíneas.

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Fundadamente suponemos en el septingentésimo sexto párrafo de El Origen de las Especies

Cuando el autor utiliza expresiones de este tipo: fundadamente suponemos levanta una verdadera polvareda haciendo sospechar que sus suposiciones no tienen ningún fundamento.

 

El párrafo contiene una cita literal de un texto de Robert Brown pero ni tan siquiera se toma la molestia de indicar de dónde procede.

 

 

706.

 

That the mere physiological importance of an organ does not determine its classificatory value, is almost proved by the fact, that in allied groups, in which the same organ, as we have every reason to suppose, has nearly the same physiological value, its classificatory value is widely different. No naturalist can have worked at any group without being struck with this fact; and it has been fully acknowledged in the writings of almost every author. It will suffice to quote the highest authority, Robert Brown, who, in speaking of certain organs in the Proteaceae, says their generic importance, “like that of all their parts, not only in this, but, as I apprehend in every natural family, is very unequal, and in some cases seems to be entirely lost.” Again, in another work he says, the genera of the Connaraceae “differ in having one or more ovaria, in the existence or absence of albumen, in the imbricate or valvular aestivation. Any one of these characters singly is frequently of more than generic importance, though here even, when all taken together, they appear insufficient to separate Cnestis from Connarus.” To give an example among insects: in one great division of the Hymenoptera, the antennae, as Westwood has remarked, are most constant in structure; in another division they differ much, and the differences are of quite subordinate value in classification; yet no one will say that the antennae in these two divisions of the same order are of unequal physiological importance. Any number of instances could be given of the varying importance for classification of the same important organ within the same group of beings.

 

El que la importancia meramente fisiológica de un órgano no determina su valor para la clasificación está casi probado por el hecho de que en grupos afines, en los cuales el mismo órgano -según fundadamente suponemos- tiene casi el mismo valor fisiológico, es muy diferente en valor para la clasificación. Ningún naturalista puede haber trabajado mucho tiempo en un grupo sin haber sido impresionado por este hecho, reconocido plenamente en los escritos de casi todos los autores. Bastará citar una gran autoridad, Robert Brown, quien, al hablar de ciertos órganos en las proteáceas, dice que su importancia genérica, «como la de todas sus partes, es muy desigual, y en algunos casos parece que se ha perdido por completo, no sólo en esta familia, sino, como he notado, en todas las familias naturales». Además, en otra obra dice que los géneros de las connaráceas «difieren en que tienen uno o más ovarios, en la existencia o falta de albumen, en la estivación imbricada o valvar. Cualquiera de estos caracteres, separadamente, es, con frecuencia, de importancia más que genérica, a pesar de que, en este caso, aun cuando se tomen todos juntos, resultan insuficientes para separar los Cnestis de los Connarus». Para citar un ejemplo de insectos: en una de las grandes divisiones de los himenópteros, las antenas, como ha hecho observar Westwood, son de conformación sumamente constante; en otra división, difieren mucho y las diferencias son de valor completamente secundario para la clasificación; sin embargo, nadie dirá que las antenas, en estas dos divisiones del mismo orden, son de importancia fisiológica desigual. Podría citarse un número grandísimo de ejemplos de la importancia variable, para la clasificación, de un mismo órgano importante dentro del mismo grupo de seres.

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El estructuralismo en Biología: Curiosos motivos para rechazar el comentario de un libro

Hace un año escribí el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) enviándolo para su publicación  a Llull, Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, en donde fue rechazado y después a Asclepio, Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, en donde fue asimismo, rechazado.

Uno de los motivos aducidos por estas revistas para rechazar el comentario,  era que se refería a un libro ya antiguo (el libro es de 1994) y que, por lo general, en dichas revistas se publican comentarios de libros recientes, como si la historia de la ciencia fuese el ouroboros, la serpiente autofágica que va desapareciendo a medida que genera nuevos contenidos . Pero además, entre los comentarios recibidos se encontraban los siguientes párrafos:

 

En realidad, el libro indicado es utilizado como pretexto para abordar el tema central de la Nota, la defensa por el autor de la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo).

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural. Concretamente, en apoyo de sus tesis describe, con una muy extensa cita, el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier. Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

Efectivamente, tiene razón el anónimo evaluador. Confieso haber usado el libro como pretexto para defender la aplicación del estructuralismo a la Biología (en contra del positivismo y del evolucionismo). Considero esto una gran necesidad en el momento presente.  El evolucionismo, y más concretamente el darwinismo, se ha encumbrado a sí mismo como única opción en Biología y esto ha ocasionado un daño de grandes proporciones en esta disciplina. Prueba de ello es el maltrato sistemático a toda opinión o escuela que el darwinismo haya considerado ajena a sus principios.  En particular, es notorio el maltrato a Lamarck, reiteradamente discutido y comprobado en este blog y surge ahora a la vista el maltrato a Cuvier, que aquí se pone de manifiesto y cuyo análisis dará mucho que hablar.

Sigue acertando el  anónimo evaluador cuando dice:

En ese punto focaliza como una de las raíces del Estructuralismo a las aportaciones de Cuvier en el ámbito de la Historia Natural.

Y es que basta con leer algunos párrafos de Cuvier para reconocer en ellos el estructuralismo más puro y original. Es precisamente por eso que utilicé en mi comentario la muy extensa cita, mencionando el principio de las correlaciones orgánicas de Cuvier, que parece haber molestado al evaluador.

Pero si hasta aquí estoy de acuerdo con lo que dice el evaluador anónimo, en lo que sigue sólo veo un gran disparate:

Este principio, como otros que defendía el naturalista, parte de un a priori metafísico,  la adaptación perfecta y la armonía de órganos y funciones del ser vivo, de lo que deriva sus conclusiones.

A nadie le puede parecer razonable que el principio de las correlaciones de Cuvier parta de un a priori metafísico. Esto es un disparate porque  el principio de las correlaciones de Cuvier parte de la más elemental observación de la naturaleza. Pero el darwinismo, la creencia en la entidad inventada que es la selección natural, ha generado una enorme confusión en la ciencia. Las más elementales observaciones se confunden con metafísica. Del mismo modo, el año pasado el (también anónimo) evaluador del libro “Manual para detectar la impostura Científica: Examen del libro de Darrwin por Flurens” me indicaba:

Edición crítica ideologizada y anecdótica, falta de rigor filosófico, la crítica debería contextualizarse históricamente, carente de bibliografía. 

¿Falta de rigor filosófico?

El darwinismo ha conseguido sembrar la confusión hasta extremos insospechados……

 

El final de los comentarios del evaluador anónimo que rechazó el comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón (Editorial Anthropos, número 46. CSIC, Madrid 1994) se encuentra al final de dicho comentario que acabo de publicar en Digital CSIC.

 

Referencias

La biblioteca como laboratorio. Comentario del libro “El laboratorio de Foucault (Descifrar y ordenar)” de Mauricio Jalón. Editorial Anthropos , número 46. CSIC, Madrid 1994.

Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Parece que ha muerto don Agustín García Calvo

 

Parece que ha muerto don Agustín García Calvo y digo parece porque bien pudiera,  como tantísimas veces ocurre,  parecer aquello que no es. Y es que sobre el ser y el no ser, lo que existe y lo que no, lo que es y lo que parece,  la realidad y sus verdades, sabemos tan poco que más vale no hacer alarde de seguridad.

Mucho énfasis puso don Agustín precisamente en el cultivo de la duda. Contaba a tal efecto con la principal herramienta:  una sólida formación en letras y el conocimiento de los autores clásicos. Lo vamos a echar de menos,  pero vayamos acostumbrándonos a su ausencia  porque nos van quedando  menos clásicos en pie que dígitos en una mano.

Mucho lo lloraremos quienes pensamos que la formación en latín y griego, en filosofía y el conocimiento de los autores clásicos,  son requisitos previos y fundamentales para participar en cualquier ciencia u ordenamiento del mundo por modesto que sea.  Y es que toda Ciencia no es más que eso: ordenamiento del mundo,  aunque a veces aparente lo contrario, es decir desorden, como en el caso de la Biología desde Darwin.  Para quienes así pensamos y buscamos orden,  la falta de un referente como don Agustín creará un vacío que nada va a poder llenar. Me explico con un par de ejemplos y luego me despido.

Hace sólo un par de semanas en la red social Science Gate se planteaba el doctor B L Bhellum, de Jammu , al norte de la India,  si la especies en la naturaleza existen o no; Do the species really exist in nature? Era literalmente la pregunta.

Seguro que no era la primera vez que alguien se hacía pregunta semejante y que,  por docenas, habrían surgido preguntas de este estilo en las conferencias de don Agustín y en su propios testos, sirva como ejemplo el título de uno de mis (y sospecho que también sus) favoritos:  ¿Qué es lo que pasa?

Hay, entre las respuestas a la pregunta del dr Bhellum, variedad para quien quiera consultarlas, y alguna acercándose como debe ser al meollo de la cuestión, venía a concluir que lo importante es reconocer como diferente aquello que es diferente.  Gran verdad donde las haya.  Lamentablemente la misma respuesta decía antes que la categoría taxonómica no era muy importante, sin darse cuenta de que precisamente la categoría taxonómica es lo que permite reconocer como diferente lo que es diferente.

A la capacidad de discernir,  propiedad fundamental en la Ciencia,  contribuyen los clásicos y su conocimiento. A esto contribuyó don Agustín con infinidad de conferencias y gran variedad de libros editados desde su editorial, Lucina. Entre ellos, traducciones memorables de los clásicos como la versión rítmica de la Iliada y el Poema de Lucrecio; tratados de filosofía; ensayos sobre el lenguaje o su serie de ensayos contra….: Contra la Realidad, Contra el tiempo….. Entre sus testos menores aquellos publicados hace ya algunos años, una serie de artículos en forma de epístola para el diario “El Pais” titulada “Avisos para el derrumbe”. Con un estilo, más que de fantasía o ficción, profético,  nos da cuenta de lo que generaciones futuras podrán esperar encontrarse en este mundo que les vamos legando. Las epístolas empiezan con un familiar “Queridos biznietos y, entre ellas, me conmueve particularmente la cuarta de la serie. Titulada ¿Cómo empezó este desastre? dice:

Porque es que, al mismo tiempo, no podía olvidarme de ese mundo que os habrá tocado, de cómo andaréis ahora ajetreados y sudorosos, tratando de limpiar las tierras y los ríos de las mierdas gigantes con que el Capital os las dejó cagadas en sus últimos pujos de fantasiosa prepotencia y penando por desmontar lo más deprisa y con el menor daño los enormes tinglados de información y planificación con que el Estado había querido en sus últimos delirios organizar las almas y los mundos, y bregando por abrir entre los escombros caminos de sentido común por donde pudiera volver a vivir y a pensar la gente.

Y así me imaginaba yo que, cuando hicierais algún alto en esa faena que os había dejado la demencia de vuestros mayores, limpiándoos las caritas sudorosas, os quedaríais preguntándoos acaso, como yo me quedaba ahora, “Pero ¿Cómo pudieron llegar a una fe y una estupidez tan devastadora? ¿Por dónde pudo empezar una locura semejante, que llegara a imponerse al mundo entero como ley, como norma y normalidad?”. Y como pensaba yo que tendríais que seguiros preguntándoos eso al cabo de los años, viditas mías, por eso quería hoy ayudaros y ayudarme a entender este misterio tremebundo.

Os lo relataría como un cuento rápido y escueto, como si todo eso que llamamos la Historia, desde que apareció en una roca la primera muesca de escritura, quedase en cuatro zancadas resumido.

 

Recuerdo un amable  encuentro hace un par de años con don Agustín en su casa de Zamora, en el que habló bien de la obra y la figura de Linneo, por quien mostró un aprecio especial y también su expresión cuando le pregunté sobre la causa formal aristotélica. Me parecía a mí haber entendido entonces bien las tres otras (material, eficiente y final).

 Su explicación fue memorable y demoledora viniendo a decir:

-          De entender alguna, yo entiendo la causa formal. Las otras tres las entiendo menos y es que hay que tener en cuenta que Aristóteles escribía como quien prepara una clase.

Mientras la inquietud y la necesidad de conocer permanezcan,  mientras permanezca la duda, don Agustín permanece. Como vino a decir a los presentes  en una de sus últimas tertulias políticas del Ateneo de Madrid:  Seguid reuniéndoos, yo estaré ………..

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La variación en la naturaleza: La ciencia de la taxonomía y el concepto de Especie según Manuel Martínez de la Escalera

 

 

Pronto terminaremos la lectura del segundo capítulo de OSMNS titulado “La Variación en la Naturaleza”. Ya hemos leido veintiuno de sus veintiocho párrafos  y en ellos hemos encontrado algunas cosas inesperadas mientras que faltan otras que pensábamos encontrar bajo tal título.  Entre las primeras abundan contradicciones, errores y falacias (perogrulladas).  Entre las ausencias, se echa de menos la descripción de las categorías taxonómicas mostrando el escaso interés del autor por la ciencia de la taxonomía.

 

Observar la variación en la naturaleza es observar  un orden.  El término especie no significa, como dice el autor en este segundo capítulo, unas simples palabras dadas arbitrariamente, por razón de conveniencia, a un grupo de individuos muy semejantes y que no difiere esencialmente de la variedad :

 

…….the term species as one arbitrarily given, for the sake of convenience, to a set of individuals closely resembling each other, and that it does not essentially differ from the term variety,….

 

No. Las especies no son lo mismo que las variedades. Además de las especies otras categorías taxonómicas importantes son los géneros, las familias, los órdenes y las clases, por no hablar de los Reinos, que el autor   ni siquiera ha mencionado en su capítulo dedicado a la variación en la naturaleza.  Le guste o no al autor, en la naturaleza hay un Orden,  dentro del cual,  las especies ocupan un lugar muy importante.

 

El libro titulado “Al encuentro del Naturalista. Manuel Martínez de la Escalera (1867-1849)” ha sido coordinado por las investigadoras del Museo Nacional de Ciencias Naturales Carolina Martín Albaladejo e Isabel Izquierdo Moya y  publicado recientemente en la colección Monografías del CSIC.  Su capítulo doce, titulado “Reflexiones sobre la labor científica de M. Martínez de la Escalera” está firmado por José L. Ruiz y Mario García-París y pone de manifiesto la relevancia (magnitud y diversidad) de la obra del naturalista. Dicen los autores en la presentación del capítulo:

 

..publicó trabajos taxonómicos de 21 familias distintas de coleópteros, en los que describió 862 nuevos taxones para la ciencia, a la par que estudios faunísticos de gran calado, entre los que destaca sobremanera la fauna de coleópteros de Marruecos (Martínez de la Escalera, 1914)…

 

Y un poco más adelante:

Es realmente destacable el modo en el que Martínez de la Escalera utilizaba los criterios taxonómicos y, sobre todo, su percepción de los conceptos evolutivos subyacentes, una percepción realmente avanzada para su época que debería haber transcendido con mucha más fuerza de la que lo hizo

 

Veremos a continuación algunos ejemplos que los autores presentan en su capítulo extraídos de la obra del naturalista, pero no podemos pasar por alto que este párrafo contiene una pregunta  que espera respuesta.

¿Por qué un modo tan notable de utilizar los conceptos taxonómicos, basado en ideas evolutivas, permanece en el olvido? Quizás, podríamos ya adelantar una respuesta aventurada al estilo de: …..porque lo que interesa es que la tradición de ignorar los conceptos taxonómicos comenzada por Charles Darwin en su obra OSMNS continúe. Pero,…….no obremos precipitadamente.  La lectura del capítulo de José L. Ruiz y Mario García-París puede ayudarnos a responder la pregunta con más detenimiento y reflexión.

 

La lectura da pistas, claves que ayudan a elaborar respuestas metódicas a preguntas tan importantes. En ella encontramos un largo apartado dedicado precisamente al concepto de especie y la percepción evolutiva. A continuación,  un apartado algo más breve con el título “El principio de autoridad: Una visión premonitoria”. Para terminar,  un apartado breve dedicado a “El trabajo de Campo, pilar básico en la forja de un entomólogo”.

 

Vamos a destacar algunos contenidos de capítulo tan central en este nuevo e interesante libro que,  como indican los autores,  se ocupa de la investigación de Escalera sobre la familia Meloidae, integrada en la superfamilia Tenebrionoidea del Orden Coleópteros.

 

En el apartado titulado El concepto de especie y la percepción evolutiva leemos:

 

A lo largo de sus trabajos taxonómicos, M. Martínez de la Escalera utiliza un concepto de especie (y subespecie) extraordinariamente avanzado e inusual para su tiempo, en el que introduce implícita o explícitamente, elementos de lo que hoy vienen en denominarse “concepto evolutivo”, “concepto filogenético” e incluso “concepto biológico” de especie………., en los cuales los factores histórico y espacial o geográfico son determinantes. Este hecho, que a nuestro entender marca su obra, cobra verdadera dimensión en la época en la que desarrolló su trabajo, sobre todo en el primer cuarto del siglo XX, cuando en entomología era imperante y generalizada la concepción tipológica de especie…..

A modo de ejemplos del proceder del naturalista los autores destacan algunos párrafos de su obra. Así los siguientes:

 

“Respondiendo á estas condiciones de vida, la fauna cavernícola, dentro de la uniformidad de tipo en el grupo Bathyscia, presenta gran número de especificaciones acomodadas á hábitat diferente, y en grado tan variado que cada gruta ó núcleo de ellas tiene una ó varias formas exclusivamente suyas; fenómeno en un todo semejante al que presentan las faunas insulares y alpinas y tan fácilmente explicable.”

“En las especies del género Bathyscia  no hay variedades. Por sus condiciones especialísimas de vida; encerradas en una gruta ó grupo de ellas, imposibilitadas de dispersión geográfica actual, sometidos á medios uniformes y constantes sus individuos, privados de cruzamientos por la imposibilidad de nacimiento de razas (pues una especie determinada no puede en igualdad de condiciones variar de modos diferentes, sino uniforme y conjuntamente en generaciones sucesivas), las especies del género Batllyscia no tienen a su lado variedades actuales.”

 

Las dos últimas citas de Martínez de la Escalera, M. Examen del grupo Bathysciae de España. Ann Soc Esp Hist Nat, XXVIII. 1899.

 

Y también:

 

“Sabemos que en todo grupo de especies afines, ya entre las muy próximas, ó bien entre otras más alejadas, se nota dentro de la variabilidad de cada especie producida por el medio y agentes exteriores a que está sometida una causa más antigua que acciona sobre todas ellas simultáneamente, la ley de herencia que tiende á retrotraer la especie al tipo primitivo de origen. Pero este tipo es imposible de determinar si es que coexiste con las especies actuales ó desapareció en fecha más ó menos remota; también es imposible, por el momento, afirmar qué formas actuales son las más próximas á dicho ascendiente común, puesto que aunque dentro de un grupo natural haya ciertas especies muy afines que dejen pocos espacios entre si ó aún parezcan fundirse en un núcleo compacto en el que sea difícil separar las especies, no quiere decir ello que el ascendiente común de este núcleo, bien representado hoy, fuera en tiempos el que mejor conservara el tipo ancestral de todas las especies del género; antes, por el contrario, esta abundancia y divergencia de formas de él derivadas parece indicar que dicho ascendiente próximo común habíase distanciado hacía tiempo del ancestral de todas las especies que hoy incluimos en el género, pues que de no ser así, habría mayor proximidad entre ese núcleo de especies similares y las otras especies más alejadas que coexisten con él.”

 

En relación con el concepto de especie, los autores recuerdan las siguientes citas del naturalista :

 

“Viniendo á la especie, he considerado á ésta como el estado presente de una forma animal que ya concreta y fija de momento ó ya con una gran variabilidad y siempre en área geográfica bien limitada presenta en sus individuos una tal suma de caracteres idénticos que impiden su división en otros grupos secundarios.”

 

Las dos últimas citas tomadas de Martínez de la Escalera, M. Sistema de las especies ibéricas del gen. Asida)) Latr. Bol. Soc Esp Hist Nat 5: 377-402.

 

Y, también en relación con el concepto de especie:

 

“Nada hay más falso, á mi juicio, que el afirmar que una especie es válida solamente cuando no existen puntos de enlace con otras, considerándola, cual á un hito en medio de un campo, aislada; corno si nadie pudiera afirmar que la falta de transiciones es debida á imperfecto conocimiento de la fauna viva ó á extinción próxima ó remota de dichos intermediarios.”

“¿Qué mejor argumento para hacer dos subgéneros puede aducirse que esta imposibilidad de habitar las especies de uno de ellos, el área de las del otro, aún desaparecidas, después de millares de años, las causas que desviaron dichas adaptaciones de un antecesor, que tampoco puede negarse fue el mismo otros millares de años antes?”

 

Ambas citas tomadas de Martínez de la Escalera, M. Sistema de las especies ibéricas del gen. Asida Latr. Bol. Soc Esp Hist Nat 5: 430-450.

 

Otra cita importante se refiere, indican José L. Ruiz y Mario García-París en su artículo, a las subespecies o variedades geográficas y la influencia de agentes externos en la génesis de dichas variedades:

 

“Estas variedades geográficas, ó mejor subespecies, tienen un muy distinto valor que ciertas formas que en la evolución de una especie coexisten con el tipo en la misma área geográfica y representan tan sólo diferentes tendencias de ella y no la influencia de agentes externos, actuando sobre una especie en distintos medios de vida como ocurre en el primer caso.”

Martínez de la Escalera, M. Sistema de las especies ibéricas del gen. Asida)) Latr. Bol. Soc Esp Hist Nat 5: 377-402.

 

Llama la atención en el artículo el texto que sigue:

 

Como la mayoría de sus colegas, Martínez de la Escalera utilizaba unos pocos caracteres morfológicos considerados de importancia taxonómica como base para la descripción de taxones nuevos (variables según el tipo de coleópteros tratado).

Pero en sus trabajos, el valor de estos rasgos no es absoluto, sino que depende del contexto geográfico y de la cantidad de material disponible, siendo esta última circunstancia de especial importancia, pues nuestro autor prestaba gran atención a la variabilidad interespecífica y a la constancia o fijación en las poblaciones de determinados rasgos a la hora de nominar nuevos taxones. Aunque esta praxis aparentemente arbitraria produjo cierta discusión por parte de algunos entomólogos coetáneos, un examen de las diversas atribuciones revela que la arbitrariedad, al menos en el caso de las descripciones de taxones de la familia Meloidae, se encuadra en un esquema preciso que sólo falla cuando el número de ejemplares es limitado.

 

Y, a continuación,  los autores dan ejemplos de este método utilizado por el naturalista, de quien dicen:

 

Sin lugar a dudas, Martínez de la Escalera fue un evolucionista convencido. Su visión evolutiva del mundo vivo impregnó buena parte de su obra y, por ende, del quehacer taxonómico y sistemático en ella plasmado. Conforme a esa línea de pensamiento, en relación a los grupos que estudió en mayor profundidad, persiguió un objetivo primordial: generar clasificaciones naturales, basadas en las relaciones de afinidad y parentesco, tratando en la medida de lo posible de desvelar la historia evolutiva de los taxones implicados, para lo cual utiliza la información paleogeográfica disponible. En esencia, pretende establecer la posible filogenia de estos grupos, a lo que llamó “genealogía” según sus analogías naturales, enraizada en un ancestro común (………………; si bien en 1925 utilizó el término “filogenético” para titular un trabajo que no llegó a publicar,…..), aunque, evidentemente sin el concurso de metodología cladista, no desarrollada hasta varias décadas más tarde.

 

Para terminar destacaré un par de párrafos de la sección titulada “El principio de autoridad: Una visión premonitoria”. Dicen los autores:

 

Otro aspecto especialmente significativo del trabajo de Martínez de la Escalera, a nuestro parecer, es su rechazo implícito al principio de autoridad. Quizás cansado de las críticas de otros entomólogos, Martínez de la Escalera (1944) escribe:

 

“Y del libro estrictamente científico, documentado, quizá por exceso de datos y colecciones disponibles y espíritu- de generalización, también cabe desconfiar; puesto que lleva a los unos a considerar una forma nueva como mera subespecie, variedad o raza local de alguna especie de área más extensa; y a los otros, a estimarla de mayor categoría creando para ella un subgénero, que hará la desesperación del bando opuesto, dando lugar a discusiones bizantinas entre naturalistas del xix y del xx, en que he tomado parte alguna vez.”

Cita que va acompañada de unos comentarios  sobre el principio de autoridad, de tal modo que, después de leer el capítulo podríamos volver a plantearnos la cuestión dejada en el aire al principio y que era la siguiente:

 

¿Por qué un modo tan notable de utilizar los conceptos taxonómicos, basado en ideas evolutivas, permanece en el olvido?

 

Podríamos ahora elaborar una respuesta más razonada o concienzuda, pero no sería muy diferente de aquella que precipitadamente dejábamos caer antes:

 

Porque lo que interesa es que la tradición de ignorar los conceptos taxonómicos comenzada por Charles Darwin en su obra OSMNS continúe.

 

 

El capítulo de José L. Ruiz y Mario García-París, de recomendada lectura, hace el número doce en  posición central de un libro del que seguiremos ocupándonos en otra ocasión.  Su lectura plantea importantes cuestiones pendientes que puede ayudar a responder.  La primera no es otra que la que concierne a la importancia de la taxonomía y que podría asimismo expresarse de esta otra manera: ¿Acertó Martínez de la Escalera dedicando tanto tiempo y esfuerzo  a la taxonomía? algunos pensamos que sí, que acertó plenamente.

 

El artículo comentado se titula Reflexiones sobre la labor científica de M. Martínez de la Escalera. Sus autores son José L. Ruiz y Mario García Paris y es el capítulo 12 en el libro titulado “Al encuentro del naturalista Manuel Martínez de la Escalera (1867-1949)”, editado por Carolina Martín Albaladejo e Isabel Izquierdo Moya y publicado en la Colección Monografías del Museo Nacional de Ciencias Naturales. CSIC. Madrid. 2011. Imagen: Speonemadus escalerai, una especie cavernícola. Ejemplar de la colección del MNCN. Fotografía obtenida del CD que acompaña al libro mencionado.

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La Variación en la Naturaleza: Louis Agassiz

 

En el capítulo II de su libro Essay on Classification, Agassiz pone todo su empeño en describir lo que son las categorías taxonómicas. Empieza así el capítulo:

 

The use of the terms types, classes, orders, families, genera, and species in the systems of Zoology and Botany is so universal, that it would be natural to suppose that their meaning and extent are well determined and generally understood; but this is so far from being the cause that it may on the contrary be said that there is no subject in Natural History respecting which there exists more uncertainty or a greater want of precission. Indeed, I have failed to find anywhere a definition of the character of most of the more comprehensive of these divisions, while the current views respecting genera and species are very conflicting. Under these circumstances it has appeared to me particularly desirable to inquire into the foundation of these distinctions, and to ascertain if possible how far they have a real existence. And, while I hope the results of this inquiry may be welcome and satisfactory, I am free to confess that it has cost me years of labor to arrive at a clear conception of their true character.

 

El uso de los términos tipo, clases, órdenes, familias, géneros y especies en los sistemas de Zoología y Botánica es tan universal, que sería natural suponer que su significado y alcance están bien determinados y en general se entienden, pero está esto tan lejos de ser así que, por el contrario,  se puede decir que no hay tema en la historia natural respecto al cual exista una mayor incertidumbre o falta de precisión. De hecho, no he podido encontrar en lugar alguno una definición del carácter de la mayoría de las más amplias de estas divisiones, mientras que las visiones actuales de géneros y especies son muy contradictorias. Bajo estas circunstancias, me ha aparecido particularmente deseable investigar el fundamento de estas distinciones, y para determinar si es posible, hasta qué punto tienen una existencia real. Y, mientras espero que los resultados de esta investigación puedan ser acogidos y satisfactorios, tengo la libertad de confesar que me ha costado años de trabajo llegar a una concepción clara de su verdadero carácter.

 

Prueba de que sus resultados fueron satisfactorios y bien acogidos, como Agassiz esperaba, se encuentra en que, como pronto veremos, fueron resumidos por el filósofo y lingüista Charles Sanders Peirce………………..

 

 

 

Agassiz L. Chapter II.  Essay on Classification. Edited by Edward Lurie. The Belknap Press of Harvard University Press. Cambridge Mass. 1962. (En Google Books). (En Internet Archive)

 

 

 

Imagen: fotografía de Louis Agassiz de Science Photo Library

 

 

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