‘Transferencia génica horizontal’

Árbol con red: más ejemplos de HGT (Transferencia Génica Horizontal)

Red1

Charles Darwin’s tree of life, which shows how species are related, is “wrong” and “misleading”, claim scientists.

Telegraph. Co. Uk. 22 Enero 2009

Hace unos días, mi maestro y colega, Juanjo Ibáñez se hacía eco en su blog, Universo Invisible, de una reciente noticia aparecida en el diario digital Terra daily en la que se indica que la transferencia génica horizontal, algo habitual en bacterias es ahora proceso igualmente demostrado en hongos.

El artículo original al que se refiere la noticia se publicó en Marzo de este año en Nature y se comentaba en una revisión posterior en la sección Research Highlight de Nature Reviews Microbiology.

Curiosamente ni en el artículo original, cuya discusión es sorprendentemente corta, ni en el comentario posterior se hace mención a la posibles implicaciones evolutivas del hallazgo, un tema que no debe haber escapado a los autores del artículo ni del comentario. En ninguno de ellos se discutían cuestiones de calado, como las que se planteaban a raíz de la noticia en Terra Daily o en el blog Un Universo Invisible.

En Terra daily se indicaba:

On a more basic level, this study provides evidence that the “tree of life,” with one trunk and many branches, is outdated. It should be replaced by a “network of life” in which many horizontal connections occur between different species.

Mientras que el profesor Ibáñez planteaba en su blog:

¿qué tipo de herencia genética domina en los suelos, la vertical (como defienden los ultra-neodarvinistas) o la horizontal?

¿Puede, por lo tanto, la horizontal ser responsable de cambios importantes y heredables?

Un artículo anterior trataba sobre transferencia génica horizontal en rotíferos.

Si la transferencia génica horizontal, aunque no sea tan regular ni tan frecuente como la vertical, ocurre en momentos críticos para dar lugar a cambios importantes entonces nos encontramos ante otro revés para la Teoría Darwinista, basada en el cambio gradual y la transmisión hereditaria vertical, convencional.

No entender lo que es una tautología. No entender que la selección natural es un concepto ambiguo que no vale como explicación de la especiación ya no es suficiente.  Se necesitan demasiadas excusas para mantener la teoría darwinista.

Acertadamente concluía su post el profesor Ibañez:

¿Qué dirán ahora los neodarvinistas? Me lo imagino: no saben, no contestan ni les importa o (….) todo gracias a la “selección natural” ¿¿??. No hay más ciego que el que no quiere ver, ni más sordo que el que no desea escuchar, justamente como los propios creacionistas.

Por mi parte sólo añadir que la transferencia génica horizontal es una manera inmediata de garantizar la herencia de caracteres adquiridos. ¿Les suena?

Imágenes tomadas de Microbiology and Molecular biology reviews, Future FeederCyberwarriorblog y Vikipedia.

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Árbol como símbolo

Del libro “Diccionario de Símbolos” de Juan Eduardo Cirlot,  copio el texto titulado ” árbol”,  por si pudiera  ser interesante para entender y discutir algunos aspectos de la teoría evolutiva:

Árbol

Es uno de los símbolos esenciales de la tradición.  Con frecuencia no se precisa, pero algunos pueblos eligen un árbol determinado como si concentrase las cualidades genéricas de modo insuperable. Entre los celtas, la encina era el árbol sagrado; el fresno, para los escandinavos; el tilo, en Germania; la higuera en la India. Asociaciones entre árboles y dioses son muy frecuentes en las mitologías; Attis y el Abeto; Osiris y el cedro; Júpiter y la encina; Apolo y el laurel, significando una suerte de “correspondencias electivas”.  El árbol representa en el sentido más amplio, la vida del cosmos, su densidad, crecimiento, proliferación, generación y regeneración. Como vida inagotable equivale a inmortalidad.  Según Elíade, como ese concepto de “vida sin muerte” se traduce cronológicamente por “realidad absoluta”, el árbol deviene dicha realidad (centro del mundo). El simbolismo derivado de su forma vertical transforma acto seguido ese centro en eje. Tratándose de una imagen verticalizante, pues el árbol recto conduce una vida subterránea hasta el cielo, se comprende su asimilación a la escalera o montaña, como símbolos de la relación más generalizada entre los tres mundos (inferior, ctónico o infernal; central, terrestre o de la manifestación; superior, celeste).  El cristianismo y en particular el arte románico le reconocen esta significación esencial de eje entre los mundos, aunque, según Rabano Mauro, en Allegoriae in Sacram Scripturam, también simboliza la naturaleza humana (lo que, de otra parte, es obvio por la ecuación macrocosmo-microcosmo).  Coincide el árbol con la cruz de la Redención, y en la iconografía cristiana la cruz está representada muchas veces como árbol de la vida. La línea vertical de la cruz es la que se identifica con el árbol, ambos como “eje del mundo” (motivo conocido antes del periodo neolítico), lo cual implica, o presupone, otro agregado simbólico: el del lugar central. En efecto, para que el árbol o la cruz puedan realmente comunicar en espíritu los tres mundos se ha de cumplir la condición de que se hallen emplazados en un centro cósmico. Es interesante reconocer en la estructura del árbol la diferenciación morfológica correlativa a la triplicidad de niveles que su simbolismo expresa: raíces, tronco, copa. Ahora bien, las mitologías y folklores distinguen, dentro del significado general del árbol como eje del mundo y expresión de la vida inagotable en crecimiento y propagación, tres o cuatro matices; son éstos, a veces, reducibles a un común denominador, pero en alguna ocasión la denominación implica sutil diferenciación que redunda en enriquecimiento del símbolo. En el estrato más primitivo, más que un árbol cósmico y otro de conocimiento, o “del bien y del mal”, hay un “árbol de vida”, y otro “árbol de muerte” los cuales no se especifican, siendo el segundo mera inversión del sentimiento del primero. El arbor vitae es un símbolo que surge con gran frecuencia y diversidad en el arte de los pueblos orientales. El motivo, en apariencia decorativo, del hom, o árbol central, colocado entre dos animales enfrentados o dos seres fabulosos, es un tema mesopotámico que pasó hacia Extremo Oriente y a Occidente por medio de persas, árabes y bizantinos. En la ornamentación románica, el árbol de la vida aparece más bien como frondas, entrelazados y laberintos (dotados, sin embargo de igual sentido simbólico, más el tema del envolvimiento). En el concepto simbólico del “árbol cósmico” hay un componente de gran interés, y es que, con mucha frecuencia, la imagen del árbol se presenta invertida, es decir, con las raíces desarraigándose del cielo y la copa en la tierra. Aquí el simbolismo natural de la analogía morfológica ha sido desterrado por un significado diferente que ha tomado prevalecimiento: la idea de la involución, ligada a la doctrina emanatista, y para la cual todo crecimiento verificado en lo material es una opus inversa. Por ello dice Blavatski: “En el principio, las raíces del árbol nacían del cielo y emanaban de la raíz sin raíz del Ser Integral. Su trono creció y se desarrolló atravesando las capas de Pleroma, proyectó en todos los sentidos sus ramas frondosas sobre el plano de la materia apenas diferenciada; y después, de arriba abajo para que tocaran el plano de la tierra. Por esto, el árbol de la vida y del ser es representado en esta forma”. Esta idea se encuentra ya en las Upanishads, donde se dice que las ramas del árbol son el éter, el aire, el fuego, el agua, la tierra. En el Zohar hebreo se lee también que “el árbol de la vida se extiende desde lo alto hacia lo bajo y el sol lo ilumina enteramente”. El mismo Dante se representa el conjunto de las esferas celestes como la copa de un árbol cuyas raíces (origen) miran hacia arriba (urano). Sin embargo, en otras tradiciones no se produce esta inversión y se prefiere perder este sentido simbólico para conservar el inherente a la verticalidad. En la mitología nórdica, el árbol cósmico, llamado Yggdrasil, hunde sus raíces en el corazón de la tierra, donde se halla el infierno. Volvamos a considerar la duplicación del árbol, pero ahora según Gn 2, 9: en el paraíso había árbol de la vida, y también el del bien y del mal, o del conocimiento, y ambos estaban en el centro del paraíso. Schneider dice al respecto: “¿Por qué no menciona Dios el árbol de la vida? ¿Porque era un doble árbol de la ciencia, o porque, como algunos han creido, estaba oculto y no podía ser identificado ni era por tanto accesible hasta el instante en que Adán se apropiara del conocimiento del bien y del mal, es decir de la sabiduría? Nos inclinamos por esa hipótesis. El árbol de la vida puede conferir la inmortalidad, pero no es cosa fácil llegar a él. Está “oculto”, como la hierba de la inmortalidad que Gilgamés busca en el fondo del océano, por ejemplo, o custodiado por monstruos, como lo están las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. La existencia de dos árboles no es tan rara como pudiera parecer. A la entrada este del cielo babilónico había dos árboles: el de la verdad y el de la vida”.

En este debate del árbol único o dual no se altera el simbolismo característico del árbol, sino que se agrega otro significado simbólico por la presencia de Géminis. Aquí la transmutación del árbol al ser afectado por el simbolismo del número dos, se refiere al paralelismo del ser y conocer (árbol de la vida y árbol de la ciencia). Ahora bien, del sentido general expuesto, se han deducido -como en muchísimos casos de otros símbolos- especializaciones diversas. Vamos a citar algunas. En primer lugar, la triplicación del árbol. Según Schneider, el árbol de la vida, cuya copa va solamente hasta la montaña de Marte (manifestación), está considerado como una cariátide del cielo. Consta de tres raíces y de tres troncos, es decir, de uno central, con dos gruesas ramas que corresponden  a las dos cimas de la montaña de Marte (dos rostros de Jano). Aquí, el eje central expresa la síntesis unificante del dualismo crudamente expuesto por el árbol doble. El aspecto lunar del árbol de la vida ratifica a la luna como mundo fenoménico; el aspecto solar se refiere a la sabiduría y a la muerte (con frecuencia asociadas en distintos símbolos). En la iconografía, el árbol de vida (o el lado lunar del árbol doble o triple) se representa florido; el de muerte (o de la ciencia, o su aspecto), seco y con señales de fuego. La psicología ha reducido a expresión sexual este simbolismo de la dualidad. Jung afirma que el árbol posee cierto carácter bisexual simbólico, lo que se expresa en latín por el hecho de que los nombres de árbol sean de género femenino, aun con desinencia masculina. Esta coniunctio ratifica el valor totalizador del árbol cósmico. A éste se asocian muchas veces otros símbolos, bien por influjo de situaciones reales, bien por yuxtaposición de imágenes y de proyecciones psíquicas, para dar lugar así a símbolos más determinados, ricos o complejos, pero, por lo mismo, menos generales y espontáneos. El árbol suele relacionarse con la roca, con la montaña, sobre las que aparece. Por otro lado, cuando se vuelve a encontrar el árbol de la vida en la Jerusalén celeste, lleva doce frutos o formas solares (¿signos del zodiaco?). En muchas imágenes, el sol, la luna y las estrellas están asociados al árbol para especificar su carácter cósmico y astral. En la India se halla el árbol triple con tres soles, imagen de la Trimurti; en China, el árbol con los doce soles zodiacales. En la alquimia, el árbol con lunas significa la opus lunar (pequeño magisterio) y con soles la opus solar (grande obra).  Si tiene los signos de los siete planetas (o metales) representa la materia única (protohylé) de donde nacen todas las diferenciaciones. En alquimia, el árbol de la ciencia recibe el nombre de arbor philosophica (símbolo del proceso evolutivo, de todo crecimiento de una idea, vocación o fuerza). “Plantar el árbol de los filósofos” equivale a poner en marcha la imaginación creadora. Es asimismo interesante el símbolo del “árbol marino” o coral relacionado con el personaje mítico del rey marino. Al árbol se asocia frecuentemente la fuente y también el dragón o la serpiente. El símbolo LVII de la Ars Symbolica del Boschius, muestra el dragón junto al árbol de las Hespérides. En lo que concierne al simbolismo del nivel, podemos establecer analogías en cuanto a la verticalidad. A las raíces del árbol corresponden los dragones y serpientes (fuerzas originarias, primordiales); al tronco, animales como el león, el unicornio y el ciervo, que expresan la idea de elevación, agresión y penetración. A la copa, aves y pájaros o cuerpos celestes. Las correspondencias de color son: raíces, negro; tronco, blanco; copa, rojo. La serpiente arrollada al árbol implica otro símbolo: el helicoidal o espiral. El árbol como eje del mundo es rodeado por el conjunto de ciclos de la manifestación universal. Este sentido puede atribuirse a la serpiente que aparece junto al árbol donde está suspendido el vellocino de oro, en la leyenda de Jasón. Podríamos citar indefinidamente ejemplos de estas asociaciones de símbolos, con sentido psicológico a resaltar. Otra sinestesia simbólica es la célebre del “árbol que canta” que aparece continuamente en cuentos folklóricos. En la Passio S Perpetuae XI (Cambridge 1891) se lee que san Saturio, el compañero de martirio de Santa Perpetua, soñó, la víspera de su martirio, que “despejado de su carne mortal era transportado por cuatro ángeles a la región de Oriente. Siguiendo una dulce pendiente llegaron a un sitio admirablemente iluminado: era el paraíso que se hizo ante nosotros”, añade, “un espacio que era como un jardín, con árboles que tenían rosas y todo género de flores; su altura era como la de los cipreses y cantaban sin cesar”. La estaca de sacrificio, el arpa-lira, el barco funerario y el tambor son símbolos derivados del árbol, como camino del mundo ultraterrestre. Gershom G. Sholem, en Les Origines de la Kabbale (Paris, 1966), habla del simbolismo del árbol en conexión con estructuras jerarquizadas verticales (como el mismo “árbol sefirótico”de la Cábala, tema que no podemos desarrollar aquí) y se pregunta si el “árbol de Porfirio”, símbolo difundido en la Edad Media, era del mismo género. En todo caso, recuerda el Arbor elementalis de Ramon Lull (1295), cuyo tronco simboliza la sustancia primordial de la creación, o hylé, y cuyas ramas y hojas representan sus nueve accidentes. La cifra de diez es la misma que en el caso de los Sefirot, o “suma de todo lo real que puede determinarse por números”

Bibliografía

Cirlot,  Juan Eduardo “Diccionario de Símbolos”. Siruela, décima edición 2006.

Relacionada con:

La semejanza como guía del conocimiento

Correspondencias, analogías, símbolos

 

 Manual para detectar la impostura científica: Examen del libro de Darwin por Flourens. Digital CSIC, 2013. 225 páginas.

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Polémico artículo sobre la evolución de insectos con metamorfosis III : Conclusiones en las que el lector descubrirá quién fué el primer antidarwinista

Que las larvas puedan haber sido introducidas súbitamente a partir de otros grupos zoológicos en los procesos de desarrollo de insectos parece haber sido sugerido anteriormente por Balfour y Page. Si este es el caso entonces otros muchos ejemplos podrían haber seguido caminos parecidos. Si esto hubiese ocurrido con las larvas, lo mismo podría haber ocurrido con otros tipos de estructuras, por ejemplo, en plantas los granos de polen o las semillas. Posibilidades que habrá que analizar cuidadosamente.

En cualquier caso hay que reconocer que Williamson acierta cuando dice:

If larval transfer occurred the evolution of animals with larvae should be depicted by reticula rather than by dichotomous branching. Nature does not consider the convenience of taxonomists

Que traduzco:

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Polémico artículo sobre la evolución de insectos con metamorfosis II: Descripción del contenido

El artículo comienza exponiendo los puntos de vista clásicos (darwinistas) según los cuales, todas las larvas, así como sus adultos derivarían de un antecesor común por sucesivos cruzamientos. En opinión de su autor, por el contrario, las larvas tendrían su origen en la transferencia de precursores de larva, adultos de otros grupos filogenéticos. Así, por ejemplo, el genoma de los insectos con metamorfosis estaría constituido por dos sub- genomas de diferentes orígenes que se expresan en una secuencia temporal:

My idea is that metamorphosis represents an evolutionary legacy: A change in genetic expression during development from one taxon to another, and it is testable.

El autor había presentado ya su hipótesis en publicaciones anteriores que no habían generado tanta polémica como esta, quizás por aparecer en libros o en revistas más especializadas y de menor difusión que PNAS. ¿Cuál es la novedad de este artículo respecto a los anteriores en los que se presentaba la misma idea? En éste, se nos indica en el segundo párrafo, se presenta evidencia nueva obtenida en polillas Micropterigidas y a partir de un lóbopodo del Cámbrico. Además:

This specific example of my larval transfer thesis is: The onychoforan origin of caterpillars is now amenable to verification or to disproof by genome analysis

Según la propuesta de Williamson, las larvas han evolucionado como adiciones a la historia evolutiva de sus grupos correspondientes y, por lo tanto, si ponemos énfasis en ellas esto nos llevará a errores en la clasificación. Si esto hubiese ocurrido con las larvas, lo mismo podría haber ocurrido con otros tipos de estructuras, por ejemplo, en plantas los granos de polen o las semillas.

La posibilidad es interesante y reclama un análisis profundo pero los casos mostrados en el artículo son diversos y su examen incompleto.

Así, el artículo que se reduce a poco más de tres páginas no se refiere únicamente a la posible relación entre onicóforos y orugas, como podría deducirse de su título sino que contiene al menos tres casos independientes para los que se presentan ejemplos. Se propone que la tesis puede confirmarse mediante el análisis genómico, lo cual es (como veremos) polémico y como objetivo desde luego no se cumple en éste artículo.

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Polémico artículo sobre la evolución de insectos con metamorfosis I: Presentación

-Como me quieres bien, Sancho, hablas desa manera -dijo don Quijote-; y, como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles; pero andará el tiempo, como otra vez he dicho, y yo te contaré algunas de las que allá abajo he visto, que te harán creer las que aquí he contado, cuya verdad ni admite réplica ni disputa.

Miguel de Cervantes. Don Quijote de la Mancha.

Donald Williamson, profesor retirado de Biología Marina en la Universidad de Liverpool publicaba recientemente un artículo en la versión online de la revista PNAS titulado “Caterpillars evolved from onychophorans by hybridogenesis “.

Como es bien conocido y el propio nombre indica, PNAS (Proceedings of the Nacional Academy of Sciences of the USA) es la revista oficial de la Academia de Ciencias de los USA y sus artículos se publican siempre con el apoyo de un académico, que en este caso era Lynn Margulis.

Publicado en la versión online en Agosto, el artículo que, al parecer, no ha pasado a la versión en papel, ha levantado múltiples críticas y comentarios. Entre ellas encontramos algunas bien fundamentadas, basadas en deficiencias propias del artículo mientras que puede que otras vengan a poner de manifiesto otra vez cierta estrechez mental en los observatorios de la biología. Veamos primero un breve resumen de su contenido.

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La Naturaleza como problema: Cuando la realidad molesta al científico

Anonadado me quedaba el viernes al leer en la sección Blog del día de Noticias de Madrimasd el comienzo de una entrada del Blog Bio (Ciencia+Tecnología), dedicada a la transferencia génica horizontal. Leía un párrafo y me frotaba los ojos pensando que aquello no era posible. Que estaría viendo visiones por ser ya viernes y que  lo leído sería fruto de mi confusión. Pero volvía a leerlo una y otra vez y aquello seguía igual.

Hoy lunes, ya más descansado, lo he vuelto a leer.  El párrafo existe tal cual. Helo aquí tan cierto como el pastel de la imagen de arriba:

La transferencia génica horizontal consiste en el fenómeno de paso de un fragmento de material genético desde un organismo a otro y su fijación, en este último, mediante selección natural. Para los científicos que trabajan en filogenia es un problema, ya que los análisis que realizan los hacen asumiendo una descendencia lineal (en vertical).

Al igual que el pastel de arriba,  el texto contiene algunas relucientes guindas.  En este caso,  amargas. Porque veamos……

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