‘Visión del Mundo’

Substituto de la religión: Una interpretación parcialmente correcta del El Origen de las Especies por Juan Benet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Benet, que no había leído el Origen de las Especies, se refería en una entrevista a la Ciencia como Aparato de Convicciones.

En su libro titulado Londres Victoriano, este autor dedica unos párrafos memorables al Origen de las Especies, libro que, repetimos, no había leído, y por tanto no podía entender.

No obstante acierta en algunos de sus comentarios y destaca realmente lo que es esta obra: Un acontecimiento capital de la Época victoriana.  Empero, se equivoca al decir que el libro resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas. No hay ni una sola investigación biológica original en este libro.

Acierta plenamente en otros puntos de los que resumimos dos:

  1. El libro estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo
  2. Suponía la destrucción de los fundamentos de la religión, del Estado, de la familia y del orden social.

 

Pero lean ustedes estos párrafos, obra cumbre de la escritura sintética, por si pudiese habérsenos escapado algún otro aspecto importante, que seguro será digno de mención y crítica en posteriores ocasiones. Y fíjense sobre todo en los errores y en los aciertos al hablar de El Origen de las Especies, un libro, dice,… que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas, lo cual es falso…y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas. Y esto último es cierto a medias, un libro destinado a desplazar una serie de doctrinas mítico-religiosas, cierto. Pero con… ¿con una teoría científica? No. Eso no es posible. Las doctrinas mítico-religiosas sólo pueden ser reemplazadas por otras doctrinas mítico-religiosas. Se equivoca de nuevo Benet. En el libro de Darwin no había teoría científica ni formulación lógica alguna.

Como bien dice al final de estos párrafos,  se trataba de algo que habían entendido bien las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras. Se trataba  de sentar las bases para la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social. Lo dicho. Lean, piensen y comenten…

….Comienza la cita de Londres victoriano…

Ciertamente, en sus últimos años Alberto había podido asistir a una auténtica erupción de la energía, del talento y del coraje de su pueblo; a un renacimiento —por segunda vez en el siglo— de la ciencia, de la industria y del arte. Cuando en el último cuarto de siglo Oscar Wilde acuñó el concepto de “Renacimiento inglés”, como tema central de sus conferencias en Gran Bretaña y Estados Unidos se estaba sin duda refiriendo a las grandes señales que había en la década de su nacimiento. En el año 1858 se procedió a la botadura del Great Eastern, un monstruo de hierro de 20 000 toneladas de desplazamiento, sólo superado en el siglo XX, que podía transportar 4 000 pasajeros alojados en cinco cubiertas y depositarlos al otro lado del Atlántico en cuatro días de navegación, aunque nunca llegó a hacerlo; Wallace y Darwin impartían sus primeras lecciones sobre la selección natural que apenas despertaron unas pocas controversias entre los especialistas: Maxwell enunciaba las leyes del campo electromagnético. Thompson, posteriormente lord Kelvin, definía los límites térmicos del universo. En aquellos años Dickens publica Tiempos difíciles, Pequeña Dorrit, La historia de dos ciudades y Grandes esperanzas; George Eliot, las Escenas de la vida clerical, Silas Marner y Adam Bede; Stevenson, La isla del tesoro, y De Quincey, la versión final de Las confesiones de un opiómano inglés: Fitzgerald,  la traducción de Rubbaiyat de Ornar Khayyam, y Morris, La defensa de Guenevere al tiempo que funda su compañía de textiles. Millais pinta Sir Isumbras, Vale of Rest y Autumn Leaves. Whistler At the Piano; Scott construye la capilla del colegio de Exeter. Stevens el monumento a Wellington y Landseer los leones de la columna de Nelson, un aditamento que en lo sucesivo se considerará obligado para toda clase de parlamentos, puentes, bancos y muscos. Speke descubre y explora el lago Nyanza y Livingstone el Nyassa; Stanley, en busca de este último, descubre las fuentes del Nilo.

Pero sin duda el acontecimiento capital de entonces fue la publicación por Darwin de El Origen de las Especies, un libro que resumía treinta años de pacientes investigaciones biológicas y que estaba llamado a cambiar la concepción intelectual del mundo al desplazar las doctrinas mítico-religiosas y ocupar con una teoría científica el hueco dejado por ellas.

No es fácil imaginar hoy en día una polémica que se trasladó hacia los principios morales y religiosos en que reposaba la sociedad en lugar de centrarse sobre los hechos o las familias de hechos estudiados por Darwin y reunidos todos en una única y lógica formulación. En el pasado, la ciencia era una actividad un tanto marginal y esotérica, casi una actividad de brujos, sus hallazgos sólo tenían una limitada aplicación en la vida social, y de hecho la ciudad y el campo podían vivir ajenos a ellos, y si sus teorías chocaban con las doctrinas oficiales bastaba con declararlas heréticas y dejar que siguiera el curso de la historia. Pero la Ilustración, los progresos y descubrimientos  científicos de los siglos XVIII y XIX y la Revolución Industrial, habían hecho de la ciencia, sobre todo de la experimental, uno de los pilares de la sociedad, tan imprescindible como los otros. En tiempos de Darwin, un conflicto entre ciencia y doctrina ofrecía ya pocas posibilidades de componendas y obligaba a elegir. La teoría de la evolución fue recibida con horror por las mentes ortodoxas-y las anglicanas, las más fieras- persuadidas de que cualquier hipótesis contraria a la creación del mundo por seis actos de potestad divina en seis días de una semana muy cargada de trabajo, suponía la destrucción de los fundamentos de la religión del Estado, de la familia y del orden social.

…Fin de la cita.

 

Bibliografía

Benet, J. 1989. Londres victoriano. Editorial Planeta. Barcelona.

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Bad news for the Darwinist sector

 

Dr Michael (Mike) Sutton, criminologist, is the founding General Editor of the Internet open access Journal of Criminology. As a Reader in Criminology, he teaches hi-tech crime and crime reduction, and is founding Director of the Centre for the Study and Reduction of Hate Crimes at Nottingham Trent University. In the field of Hate Crimes, Sutton has published journal articles on the subject of inter-racial relationships, hate-crimes and associated violence.

Since 2014, Dr Michael Sutton has been writing about the results of his academic research into the discovery of natural selection.  This led to an investigation of possible plagiarism by Darwin and Wallace of the prior-published original ideas a previous author: Patrick Matthew.

Sutton’s work will lead to two spectacular results. The first has already come and it is the fact-led demonstration that Darwin and Wallace ‘more-likely-than-not’ copied from Matthew without giving any credit. In Science, as a principle, something has to be demonstrated even if it appears obvious. Although the fact that Darwin and Wallace copied may appear obvious, the conclusive proof by Dr Sutton consists of a valuable series of documents obtained with new technologies. Results have been published by diverse means:

A book: Nullius in Verba: Darwin’s Greatest Secret. Published as an e-book by Thinker Media USA

A research article: On Knowledge Contamination: New Data Challenges Claims of Darwin’s and Wallace’s Independent Conceptions of Matthew’s Prior-Published Hypothesis

 

This article is now an interesting research resource in itself since it seems that one of the journal’s expert and eminent Darwinist advisors, Dr John van Wyhe, resigned in the wake of the journal publishing the proven facts that Darwin lied about the prior-readership of Matthew’s book.

The Blog:

http://patrickmatthew.com/

Among this information it is highly recommended to read Dr Sutton’s letter to the Royal Society:

http://patrickmatthew.com/protest%20to%20the%20royal%20society.html

Besides all results, Dr Sutton is also the protagonist of a verbal diatribe with Wikipedia, demonstrating again that 1) Wikipedia is the Newspeak Dictionary, the prophecy that Orwell published in his novel 1984,  and 2) that the Wikipedia editors have an enormous interest to support by keeping afloat now proven lies, fallacies, myths and other deceits disseminated by Darwin scholars.

Dr Sutton’s second discovery – is one that he does not agree with at all – but in my opinion is yet to come. And when it does come, it will fall down by its own weight as soon as the first one has had the necessary diffusion.

The second discovery will consist of the fact that what Darwin and Wallace, neither of them being professional scientists, copied from Matthew; and that they tried to pass for a scientific theory something that does not have any value in science. Nature does not select and the concept of Natural Selection is simply a mistake that is compelling only because it plays so well on words.

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Esas cosas que los ingleses han impuesto en todo lugar, según don Pío Baroja

 

 

Para una buena crítica sobre los ingleses nada mejor que sus propios literatos. Así, por ejemplo David Herbert Lawrence, en su obra Mujeres Enamoradas, indicaba que en Inglaterra nunca se bajaba el pistón;  Henry James nos hacía ver que a los ingleses no les gustan las situaciones netas, observación que resultaba de gran interés en el ámbito del darwinismo y la Biología Evolutiva;  Orwell nos recordaba, entre otras cualidades,  su mundialmente famosa hipocresía, su sonambulismo y su incapacidad para la filosofía.

Particularmente graciosa era la cuestión moral en manos de Henry James, quien en su obra “La Copa Dorada”,  relaciona la moral de los ingleses con aquello  que puede ser su base y sustento: las tazas de té. La relación es sencilla y directa: A más té, más moral.

Pero también hay jugosos comentaristas del temperamento inglés fuera de los confines de la isla, en el continente. Así en su obra Las ciudades, Pio Baroja nos recuerda cuatro cosas que los ingleses han impuesto en todo lugar:

  1. Las salsas embotelladas
  2. La carne sangrante
  3. La frialdad clásica en los hoteles y… ¿Cómo no? Unas páginas antes:
  4. El pragmatismo darwiniano, al que César Moncada presume ante su amigo Alzugaray de haberle añadido algunos matices.

 

Imagen de #SapereCondiviso

 

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Vasconcelos sobre el darwinismo II

 

“Los británicos predican la selección natural, con la consecuencia tácita de que el reino del mundo corresponde por derecho natural y divino al dolicocéfalo de las islas y sus descendientes… (…)…Lo cierto es que ninguna raza se basta a sí sola, y que la Humanidad perdería, pierde, cada vez que una raza desaparece por medios violentos”.

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La Guerra de los Mundos: impresiones del autor

En su obra Experimento en autobiografía, HG Wells se refiere a su época de estudiante de los cursos de ciencias en la Escuela Normal de Ciencias y Real de Minas de South Kensington,  liderada por Thomas Henry Huxley. Nos cuenta:

Cada vez me parece más sorprendente que tanto la vieja Escuela Normal como la Escuela Rural de Minas, el actual Colegio Imperial de Ciencia y Tecnología, aunque una parte importante de su labor consista aún en preparar a profesores de ciencias, nunca hayan tenido, ni tengan, ni seguramente tendrán nunca, cátedra alguna, profesor o curso de metodología y didáctica de las ciencias. Y que mucho menos exista nada que sea ciencia política, económica o social, y ninguna investigación en cuanto a los objetivos, o ningún intento de señalar, controlar y coordinar la enseñanza de los diferentes departamentos. Para las inteligencias rectoras de South Kensington un curso de geología no es más que un curso de geología. Cuando uno ha realizado un curso, cualquier curso, entonces sabe geología. ¿ Y no es eso útil para la minería y la metalurgia? Guthrie y Judd no eran más que aficionados en la enseñanza de la ciencia, y ninguno de ellos tenía ideas firmes sobre cómo interesar a los estudiantes en sus asignaturas. y en aquella organización no había en puestos de supervisión ningún filósofo pedagógico con el conocimiento y la autoridad para decírselo.

El Colegio Imperial, ahora me doy cuenta, era y todavía es en realidad no un colegio, sino un cúmulo de laboratorios y aulas. Fueran cuales fueran sus fines originales,  éstos hoy se han olvidado. No tiene ninguna idea firme de lo que es y de lo que se supone que ha de ser. Lo que quiere decir que no tiene filosofía. No tiene organización filosófica, idea social, no tiene objetivo racionalizado, que lo mantenga unido… No veo cómo podemos esperar, detener y controlar el desarrollo desastroso de los asuntos del mundo hasta que hayamos unido el desarrollo filosófico y el educativo.

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La muerte de un caballo y una metáfora sobre la ciencia

La noticia reciente de un caballo muerto en Barcelona debido a un golpe de calor trae a la memoria una metáfora que Adrian Desmond relata en su biografía de Thomas Henry Huxley.

Al parecer en los años cincuenta del siglo XIX se estaba reestructurando la Ciencia en Inglaterra. El dominio de los grupos conservadores liderados par la aristocracia y la jerarquía eclesiástica debería dejar lugar a otras parcelas de poder que estarían representadas por científicos de apariencia más independiente. En aquella época,  nos cuenta Desmond,  la ciencia debería venir a ser como los caballos que tirasen del carro de la Industria. Muy bien. Aplaudimos hasta ahí la metáfora: Una nueva ciencia a la que se le pide músculo.

El cambio tuvo un enorme éxito y desde entonces se viene pidiendo a la Ciencia eso: Músculo, potencia para tirar de carro de la industria.  Más músculo que reflexión,  sin duda, porque lo que no dice Desmond es quién iría sentado en el pescante gobernando las riendas de dicho carro que portaría la carga de la industria y sería arrastrado por la potencia equina de la ciencia. ¿Quién llevará las riendas en el carro de su metáfora, Mr Desmond? ¿Tal vez la banca?

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Ancho es el campo que veo en el párrafo octingentésimo trigésimo octavo de El Origen de las Especies

Párrafo breve pero profético. Necesariamente ha de ser profético puesto que quien escribe es la voz de la autoridad y si no acertase, bien podría esa misma autoridad hacer cambiar las cosas para que pareciera que había acertado. Por ejemplo donde dice:

Se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia.

 

Si no acertase y el futuro no proyectase luz alguna sobre el origen del hombre, entonces bien podríamos inventar lo que fuese necesario y conveniente a tal fin. Lo dicho: Profético, que las profecías a la fuerza también son profecías.

 

 

838.

 

 In the future I see open fields for far more important researches. Psychology will be securely based on the foundation already well laid by Mr. Herbert Spencer, that of the necessary acquirement of each mental power and capacity by gradation. Much light will be thrown on the origin of man and his history.

 

En el porvenir veo ancho campo para investigaciones mucho más interesantes. La Psicología se basará seguramente sobre los cimientos, bien echados ya por míster Herbert Spencer, de la necesaria adquisición gradual de cada una de las facultades y aptitudes mentales. Se proyectará mucha luz sobre el origen del hombre y sobre su historia.

 

Lectura aconsejada:

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Aumentando el valor de las producciones en el párrafo octingentésimo trigésimo quinto de El Origen de las Especies

Una vez que nos hayamos cargado la taxonomía, que era básicamente lo que se proponía en los párrafos anteriores, entonces… Entonces, en este párrafo podemos ver cuáles serán las consecuencias de tamaño disparate. No sorprende ver entre ellas lo siguiente:

 

El estudio de las producciones domésticas aumentará inmensamente de valor.

 

 

Efectivamente. Con las producciones domésticas empezaba la obra y con las producciones domésticas termina. Objetivo cumplido. Si los ganaderos y los granjeros aumentan el valor de sus producciones entonces el autor puede ir a dormir tranquilo. El resto le importa un bledo.

 

El disparate llega a cotas inauditas, pero proféticas:

 

Una nueva variedad formada por el hombre será un objeto de estudio más importante e interesante que una especie más añadida a la infinidad de especies ya registradas.

 

835.

A grand and almost untrodden field of inquiry will be opened, on the causes and laws of variation, on correlation, on the effects of use and disuse, on the direct action of external conditions, and so forth. The study of domestic productions will rise immensely in value. A new variety raised by man will be a far more important and interesting subject for study than one more species added to the infinitude of already recorded species. Our classifications will come to be, as far as they can be so made, genealogies; and will then truly give what may be called the plan of creation. The rules for classifying will no doubt become simpler when we have a definite object in view. We possess no pedigree or armorial bearings; and we have to discover and trace the many diverging lines of descent in our natural genealogies, by characters of any kind which have long been inherited. Rudimentary organs will speak infallibly with respect to the nature of long-lost structures. Species and groups of species which are called aberrant, and which may fancifully be called living fossils, will aid us in forming a picture of the ancient forms of life. Embryology will often reveal to us the structure, in some degree obscured, of the prototypes of each great class.

 

Se abrirá un campo de investigación, grande y casi no pisado, sobre las causas y leyes de la variación, la correlación, los efectos del uso y del desuso, la acción directa de las condiciones externas, y así sucesivamente. El estudio de las producciones domésticas aumentará inmensamente de valor. Una nueva variedad formada por el hombre será un objeto de estudio más importante e interesante que una especie más añadida a la infinidad de especies ya registradas. Nuestras clasificaciones llegarán a ser genealógicas hasta donde puedan hacerse de este modo, y entonces expresarán verdaderamente lo que puede llamarse el plan de creación. Las reglas de la clasificación, indudablemente, se simplificarán cuando tengamos a la vista un fin definido. No poseemos ni genealogías ni escudos de armas, y hemos de descubrir y seguir las numerosas líneas genealógicas divergentes en nuestras genealogías naturales, mediante los caracteres de todas clases que han sido heredados durante mucho tiempo. Los órganos rudimentarios hablarán infaliblemente sobre la naturaleza de conformaciones perdidas desde hace mucho tiempo; especies y grupos de especies llamadas aberrantes, y que pueden elegantemente llamarse fósiles vivientes, nos ayudarán a formar una representación de las antiguas formas orgánicas. La embriología nos revelará muchas veces la conformación, en algún grado obscurecida, de los prototipos de cada una de las grandes clases.

Lectura aconsejada:

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Sembrando el caos en el párrafo octingentésimo trigésimo segundo de El Origen de las Especies

Advierte el autor, anticipando acontecimientos:

Cuando las opiniones propuestas por mí en este libro y por míster Wallace, o cuando opiniones análogas sobre el origen de las especies estén generalmente admitidas, podremos prever vagamente que habrá una considerable revolución en la Historia Natural.

Y acierta. Aquí plenamente. No solo es cierto, como dice, que habrá una considerable revolución en la Historia Natural. Más aún: desaparecerá la Historia Natural.

Continua con arrogancia, cual salvador de la Sistemática (cosa que es justo lo contrario):

Los sistemáticos podrán proseguir sus trabajos como hasta el presente; pero no estarán obsesionados incesantemente por la obscura duda de si esta o aquella forma son verdaderas especies; lo cual -estoy seguro, y hablo por experiencia- será no pequeño alivio.

Los sistemáticos irán desapareciendo poco a poco, porque si es lo mismo especie que variedad y, como él dice, desaparece esa preocupación por saber (si esta o aquella forma son verdaderas especies) entonces, el caos está sembrado.

 

 

832.

When the views advanced by me in this volume, and by Mr. Wallace or when analogous views on the origin of species are generally admitted, we can dimly foresee that there will be a considerable revolution in natural history. Systematists will be able to pursue their labours as at present; but they will not be incessantly haunted by the shadowy doubt whether this or that form be a true species. This, I feel sure and I speak after experience, will be no slight relief. The endless disputes whether or not some fifty species of British brambles are good species will cease. Systematists will have only to decide (not that this will be easy) whether any form be sufficiently constant and distinct from other forms, to be capable of definition; and if definable, whether the differences be sufficiently important to deserve a specific name. This latter point will become a far more essential consideration than it is at present; for differences, however slight, between any two forms, if not blended by intermediate gradations, are looked at by most naturalists as sufficient to raise both forms to the rank of species.

 

Cuando las opiniones propuestas por mí en este libro y por míster Wallace, o cuando opiniones análogas sobre el origen de las especies estén generalmente admitidas, podremos prever vagamente que habrá una considerable revolución en la Historia Natural. Los sistemáticos podrán proseguir sus trabajos como hasta el presente; pero no estarán obsesionados incesantemente por la obscura duda de si esta o aquella forma son verdaderas especies; lo cual -estoy seguro, y hablo por experiencia- será no pequeño alivio. Cesarán las interminables discusiones de si unas cincuenta especies de zarzas británicas son o no buenas especies. Los sistemáticos tendrán sólo que decidir -lo que no será fácil- si una forma es suficientemente constante y diferente de las otras para ser susceptible de definición, y, caso de serlo, si las diferencias son lo bastante importantes para que merezca un nombre específico. Este último punto pasará a ser una consideración mucho más esencial de lo que es actualmente, pues las diferencias, por pequeñas que sean, entre dos formas cualesquiera, si no están unidas por gradaciones intermedias, son consideradas por la mayor parte de los naturalistas como suficientes para elevar ambas formas a la categoría de especies.

Lectura aconsejada:

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Rearranging prejudices, by William James (?)

 

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