Posts etiquetados con ‘Fundamentalismo científico’

La fe de Melvin Calvin en el Ciclo de Calvin

 

En un apartado denominado dogmas, en la p. 762 de su libro titulado “Discoveries in Photosynthesis”, Govindjee nos explica:

 

Antes de la segunda guerra mundial se había hecho poco trabajo productivo en la bioquímica del metabolismo del carbono en organismos autótrofos. El descubrimiento del 14C por Martin Kamen (Ruben and Kamen, 1941) fue el acontecimiento que transformó la situación. Después de la guerra, en la estela de este descubrimiento, el equipo dirigido por Calvin resolvió la compleja ruta de fijación del CO2 en algas y plantas en un tiempo relativamente corto (Bassham et al, 1954). La adopción de la técnica de cromatografía en papel inventada por Consden et al. (1940), fue esencial para el éxito de esta historia.

 

Poco después, se obtuvo la evidencia de un ciclo reductor de las pentosas fosfato (RPPC) en bacterias púrpura (Stoppani et al., 1955) y en bacterias quimioautótrofas (Trudinger 1955, 1956). Esto encajaba muy bien con la idea filosófica dominante en el tiempo conocida como de la “unidad de la bioquímica”. Se desarrolló el dogma de que la RPPC (El Ciclo de Calvin) era la ruta de fijación del CO2 universal en autótrofos. Sid Elsden lo denominó el “mecanismo autotrófico” (1962) y la idea dominaría el pensamiento en el campo de la fijación del CO2 durante años. Mi colega Reidun Sirevag recuerda que en un congreso celebrado en 1980 en Trondheim se encontraba sentada en una cena al lado de Melvin Calvin.  Calvin le preguntó sobre qué estaba trabajando. “Dudo si decirlo” contestó ella, “”estoy trabajando con una bacteria autotrófica,  fotosintética, que fija el CO2 , pero no por el Ciclo de Calvin”. “No lo creo”. Respondió Calvin sonriendo.

La vía de fijación del Carbono a la que se refería Reidun Sirevaag es el Ciclo Reductor del Ácido Carboxílico (Reductive Carboxilic Acid Cycle), que procede en dirección inversa al Ciclo de Krebs o de los Ácidos tricarboxílicos.

 

Imagen tomada de Research Review 1997.

 

 

 

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Imponer el pensamiento: Un ejemplo (Los editores contra el principio teleológico)

 

 

 

 

 

 

En  la introducción de su clásico tratado titulado “Plantas Medicinales, el Dioscórides renovado”, nos cuenta Pío Font Quer  éste caso tan curioso:

Esta misma empresa editorial que ha estampado “El Dioscórides renovado”  tiene en proyecto publicar un tratado de vulgarización botánica traducido de la obra francesa titulada “La vie des plantes”. En la figura 2 de la página 130 del original francés se lee el siguiente epígrafe:

“La Selaginelle, dite aussi fougère de la résurrection, par temps se replie sur elle même afin de limiter sa transpiration.”

Poco tiempo después de recibir la obra, la casa editora nos mandaba una lista de erratas a tener en cuenta al traducirla. Una de las tales enmiendas corresponde al epígrafe de la indicada figura. En lugar de “a fin de limiter”, hay que poner “ce qui limite”. Este pequeño cambio es transcendente porque me dice que la planta no se recoge sobre sí misma para evitar la transpiración excesiva, sino que, simplemente, la evita porque se recoge.

Con su habitual claridad indica  Font Quer  que los editores no quieren que su obra muestre ningún tipo de finalidad en la naturaleza (teleología).  El caso podría parecer curioso pero no es, ni mucho menos único. Ya vimos que para el reverendo Hodge, el principal objetivo de Darwin no era otro que desterrar la idea de diseño de la naturaleza y puede que a este motivo y no otro,  se deba que Darwin haya sido autor favorito de los editores durante décadas (para confirmar esto último no hay más que ver el número de ediciones de El Origen).

Tal empeño  editorial  por imponer el pensamiento en las mentes de sus incautos lectores borrando de ellas  toda noción de teleología , es decir la existencia o al menos la posibilidad de una finalidad, propósito o diseño en la Naturaleza,  no se limita a los casos descritos y podría ser mucho más antiguo.  Así cuando en su introducción a la obra Los Caracteres de Teofrasto, editada por Planeta d’Agostini en su colección Los Clásicos de Grecia y Roma,  Elisa Ruíz García nos describe la obra de Teofrasto que ha llegado hasta nosotros, dice:
En la actualidad poseemos:

Dos tratados relacionados con el mundo de la botánica: Historia de las Plantas, en nueve libros, y sobre los Orígenes de las Plantas, en seis.

Y sobre la palabra seis un número trece en superíndice remite a una nota a pie de página en donde se lee:

Algunos estudiosos opinan que la división en dos obras de sus escritos botánicos no fue establecida por el autor, sino por los editores de la época alejandrina, quienes distinguieron entre los pasajes  en los que invoca el principio teleológico y en los que lo evita cuidadosamente.

Y fíjense bien que no dice que se haya distinguido entre pasajes que invocan el principio teleológico y los que no lo invocan sino entre los que lo invocan y los que cuidadosamente lo evitan, siendo esto último, al parecer, más del gusto de los editores.

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Fundamento del darwinismo: La fe en la selección natural manifiesta en el noveno párrafo de El Origen de las Especies

 

Poco sabemos del origen de las especies: casi tan poco  como hace ciento cincuenta años.  Tampoco sabemos mucho acerca de las relaciones entre los seres que viven a nuestro alrededor, cuestión que  nos importa menos hoy que hace ciento cincuenta años.

Empero,  algo sabemos. Por ejemplo, que la Ciencia no trata tanto de si las cosas son o no posibles, como de las demostrables.  No consiste en llevar la contraria a una supuesta mayoría ignorante, y menos inventada por el propio autor, sino más bien al contrario, en reconocer cuanto hay de valor en las opiniones, sean mayoritarias, minoritarias o el producto de mentes excepcionales.

No se trata,  ni hoy ni hace cien o doscientos años, de saber si  las especies son o no son inmutables,  sino de saber cómo cambian.  Lamarck ya se había hecho la pregunta correcta cuando Darwin vestía pantalón corto.  El  error de Darwin se disimula mal y, aunque la magnitud de sus consecuencias todavía  se desconoce, en el punto de partida  tiene  dos aspectos:

1.  Confundirse de cuestión.  Presentando una que no lo es (¿Cambian las especies?) en lugar de la adecuada (¿Cómo cambian las especies?)

2. Asociar Hecho y Mecanismo, proceso y explicación. Todo en uno. Quedarse contento con una explicación que no explica y concluir ya en la introducción de manera que la Selección Natural es presentada como principio, dogma o axioma y no como conclusión de un conjunto de trabajos:

estoy convencido de que la selección natural ha sido el más importante, si no el único, medio de modificación.

Convencido, es decir tengo fe, porque tal convencimiento es expresado en la introducción y no en las conclusiones. Como si un juez pudiera dictar su veredicto antes del juicio. Pues no. Primero escuche los argumentos,  póngalos por escrito en los capítulos de su libro y a continuación, saque usted sus conclusiones.  No antes.

La misma fe, carente de todo fundamento, que Charles Darwin tiene en la selección natural, es la fe que Richard Dawkins tiene en la lucha entre genes para construir máquinas de supervivencia.

Pero en Ciencia no es suficiente con que un autor esté convencido, sino que su tarea consiste en  convencer a los demás.  A tal fin,  y antes de  manifestarlo , debería haber explicado Darwin el porqué de su convencimiento.  Haber aportado las pruebas suficientes. Si así fuese, la expresión de tal convencimiento estaría al final de la obra y no al final de su introducción. Si el autor se convence a sí mismo y pretende convencer a los demás sin pruebas eso no es ciencia, sino  poder de persuasión.  Nos encontramos así, no ante un científico, sino ante un gurú. El  darwinismo consiste en tener esa fe en la selección natural que, tanto en Darwin como en Dawkins , es independiente de toda evidencia científica.

 

 

 

 

 

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No one ought to feel surprise at much remaining as yet unexplained in regard to the origin of species and varieties, if he make due allowance for our profound ignorance in regard to the mutual relations of the many beings which live around us. Who can explain why one species ranges widely and is very numerous, and why another allied species has a narrow range and is rare? Yet these relations are of the highest importance, for they determine the present welfare and, as I believe, the future success and modification of every inhabitant of this world. Still less do we know of the mutual relations of the innumerable inhabitants of the world during the many past geological epochs in its history. Although much remains obscure, and will long remain obscure, I can entertain no doubt, after the most deliberate study and dispassionate judgment of which I am capable, that the view which most naturalists until recently entertained, and which I formerly entertained—namely, that each species has been independently created—is erroneous. I am fully convinced that species are not immutable; but that those belonging to what are called the same genera are lineal descendants of some other and generally extinct species, in the same manner as the acknowledged varieties of any one species are the descendants of that species. Furthermore, I am convinced that natural selection has been the most important, but not the exclusive, means of modification.

Nadie debe sentirse sorprendido por tanto como queda todavía inexplicado respecto al origen de las especies y variedades, si tenemos en cuenta nuestra profunda ignorancia en lo que respecta a las relaciones mutuas de los muchos seres que viven a nuestro alrededor. ¿Quién puede explicar por qué una especie se extiende ampliamente y es muy numerosa, y por qué otra especie afín tiene un rango estrecho, y es rara? Sin embargo, estas relaciones son de suma importancia, ya que determinan el bienestar presente y, como creo, el éxito futuro y la variación de todos los habitantes de este mundo. Menos aún sabemos de las relaciones mutuas de los innumerables habitantes del mundo durante las muchas épocas geológicas pasadas de su historia. Aunque mucho es lo que queda oscuro, y quedará en la oscuridad durante largo tiempo, puedo mantener, sin duda, después del estudio más deliberado y del más desapasionado juicio de que soy capaz, que la opinión que la mayoría de los naturalistas han mantenido hasta  hace poco , y que yo he mantenido anteriormente , es decir, que cada especie ha sido creada independientemente, es errónea. Estoy plenamente convencido no sólo de que las especies no son inmutables, sino que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directos de alguna otra especie extinta  de la misma manera que las variedades reconocidas de cualquier especie son descendientes de ésta . Además, estoy convencido de que la selección natural ha sido el más importante, si no el único, medio de modificación.

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Cuando las teorías no son teorías: Teorías de la Enación y Telomática (When Theories are not Theories: Enation and Telome Theories)

 

kaplan1

 

 

Muchos tratados de botánica, entre ellos alguno tan difundido como el Strasburger, han ido incluyendo en sus páginas, edición tras edición, las teorías  de la Enación y Telomática para explicar el origen evolutivo de los haces vasculares en plantas.  El problema es que estas teorías no son tales teorías, sino más bien un soporte para las visiones evolutivas al uso (preconceptos, dogmas, tautologías,…..) y que, desde hace muchos años,  tales pseudo-teorías se han venido manteniendo única y exclusivamente con tal propósito (apuntalamiento de dogmas).  Dicho de otro modo, ni la Teoría de la Enación ni la Teoría Telomática son teorías científicas, sino más bien puras especulaciones para soportar los puntos de vista al uso.

 

En su artículo titulado “The science of plant morphology: definition, history, and role in modern biology”, publicado en 2001 (American Journal of Botany 88 (10): 1711-1741),  Donald R Kaplan nos explica:

 

The problem with both the enation and the telome theories is that they are gap-filling theories, or hypotheses. There is a gap between levels of plant organization, that of leafless rhyniophyte like plant body and that of leafy shoots. Both the enation and telome theories attempt to bridge this gap by inventing a set of intermediates between these two character states (Fig 6B, C and 6G, H). The problem is that the fossil plants discovered after this theoretical derivation are then slotted into the theory rather than being used to test and challenge it. Because these two theories have a phylogenetic slant, in contrast to the typologies of idealistic morphology, they have been taken more seriously than Troll’s models because they have been viewed as having been based in a more concrete reality (Zimmermann, 1931, 1953). In fact, Zimmerman’s theory is as hypothetical and as much a case of idealistic morphology as Troll typologies based on contemporary plants. It is just that Zimmerman pushed his type back earlier in time and based it on the morphology of a particular, seemingly concrete fossil form. Given their fundamental similarities, it is ironic that Troll and Zimmermann should have become such arch antagonists.

 

Que traduzco:

 

El problema tanto con la Teoría de la Enación como con la Teoría Telomática es que son teorías para llenar huecos, o hipótesis. Hay una brecha entre los niveles de organización de la planta, por un lado el tipo Rhynia sin hojas, y por el otro todas las plantas de tallos con hojas. Tanto la teoría de la Enación como la Telomática intentan llenar este vacío mediante la invención de una serie de intermediarios entre estos dos estados de caracteres (Fig. 6B, C y 6G, H). El problema es que las plantas fósiles descubiertas después de esta derivación teórica han venido incorporándose en la teoría en lugar de ser utilizadas para ponerla a prueba. Por tener estas dos teorías un sesgo filogenético, en contraste con las tipologías de la morfología idealista, se han tomado más en serio que los modelos de Troll, ya que se han visto como  basadas en una realidad más concreta (Zimmermann, 1931, 1953). De hecho, la teoría de Zimmerman es tan hipotética y hasta un caso de morfología idealista como la tipologías de Troll basadas en las plantas actuales. Zimmerman simplemente empujó su modelo  antes en el tiempo y lo basó en la morfología de una forma particular, aparentemente concreta, de fósiles. Teniendo en cuenta sus similitudes fundamentales, resulta irónico que el Troll y Zimmermann se han convertido en antagonistas.

 

Referencia

Kaplan, DR. 2001.  The science of plant morphology: definition, history, and role in modern biology. American Journal of Botany 88 (10): 1711-1741.

 

Lectura aconsejada:

 

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Centenario de El Sentimiento Trágico de la Vida: Proyección del pensamiento de Unamuno sobre la biología actual

 

Se cumplen este año cien de la publicación de “El Sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos”, importante obra de Miguel de Unamuno que contenía su frase-experimento: ¡Que inventen ellos!

Con tal motivo, he publicado en Digital CSIC y en Scribd el artículo titulado: Proyección del pensamiento de Unamuno en Biología Actual.  Presento aquí unos extractos de dicho artículo:

 

No parece, por lo tanto, que la frase sea un error ni un simple desliz,  sino que Unamuno se tomó la molestia de explicarla y justificarla en el último capítulo y conclusión de una de sus obras principales. Para el autor, el carácter del español, tanto del individuo como de la lengua, es más dado a la reflexión filosófica que a la práctica científica y ambas actividades deben entenderse en un mismo contexto, el del conocimiento humano, en el cual deben ser complementarias, o más en general todavía en el contexto de las aspiraciones del ser humano. En otros capítulos de la misma obra, queda bien clara esta importante idea…………..

 

 

………Aunque dicho debate es muy activo en Estados Unidos y en el entorno del idioma inglés, tal vez podría ser más productivo en español, y cuando los participantes tuviesen una base humanista. Esta afirmación está basada en la lectura de Unamuno, cuyos textos demuestran que el nuestro es un idioma apropiado para la cuestión. Una cosa es hacer ciencia y otra, bien diferente, saber qué es la ciencia. Con su frase-bomba-experimento, Unamuno quería decir que, en español, se hace mejor lo segundo. Por ejemplo, en español podremos captar mejor que en inglés que la palabra Creacionismo es absurda y que fue inventada por el darwinismo con objeto de tener un enemigo al que poder vencer………..

 

 

 

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La ciencia como religión corta

Como aportación al curso sobre Periodismo Científico que se desarrolla actualmente en diversas entradas del Blog Universo Invisible y a la tarea de discutir aspectos de la divulgación científica que se lleva a cabo en el grupo Periodismo Científico de la red LinkedIN, traigo hoy al recuerdo un viejo texto de Rafael Barrett (1876-1919), escritor de origen español que desarrolló su tarea en Paraguay.

La ciencia

La ciencia, la del momento, es una religión corta. Como en las demás religiones, la turba no iniciada cree a pies juntos, y son los altos sacerdotes los que vacilan. Hay devotos de los rayos X y devotos de San Expedito. La ignorancia está siempre en terreno firme. Ocupa el seno seguro de los valles, largamente apisonado por las acémilas. Arriba reina el vértigo. ¿Qué papa no habrá sido ateo un instante? ¿A qué sabio no ha estremecido de angustia el soplo de lo ignorado?

Para los débiles, dudar es desplomarse; para los fuertes, dudar es creer. Sólo nos acercamos a la verdad mientras dudamos; sólo mientras dudamos somos religiosos. La duda al desgarrar ensancha. La certidumbre es una falsedad y un sacrilegio. No hay pensador -hablo de los auténticos, limpios de popularidad- cuya obra no haya sido negación y duda. Los que suspendidos en el vacío de la duda avanzan sin caer, son los que tienen alas: con ellas pasarán sobre la sima, y subirán hacia la luz de las tinieblas.

Los débiles necesitan demostrar lo que ven y lo que no ven, o darlo por demostrado; necesitan la fe, una barra que les sostenga, aunque les empale; necesitan la prueba, el signo, el milagro. De puro débiles no juzgan posible vivir sino por milagro. Necesitan un Dios prestidigitador. La ciencia en uso, eminentemente prestidigitadora, les satisface. Los milagros antiguos eran desordenados y a veces inoportunos. Cuando hacían más falta no acudían y llegaban cuando se les esperaba menos. Los de ahora son dóciles, naturales. Las academias los explican. El débil se figura que la ciencia explica, que la ciencia resuelve, y que debemos maravillarnos de unas cosas más que de otras. En cambio el fuerte sabe que todo es igualmente sobrenatural.

Además, el débil no concibe bien sino la fuerza. Es preciso ser fuerte para comprender que más allá de la fuerza hay algo. El Dios juglar de los débiles ha de manifestarse también hercúleo y suntuoso. Ha de hendir, incendiar, anegar, aplastar y machacar cuando convenga. Ha de conquistar, deslumbrar y explotar el mundo. Así se postra la turba ante la ciencia de la dinamita y de los martillos pilones, la ciencia industrial cebadora de trusts, la ciencia inevitable y práctica que acumula en moles ciclópeas el hierro y el oro.

¿De qué sirve al elegido, al que marcha delante, esa tumultuosa confianza, amplificada por la única fuerza de los débiles, que es el número? ¿De qué le sirve la baja ilusión de los beneficiados a máquina? Ni siquiera le alcanza el clamoreo común. No oye a los hombres, ni es oído. Está solo; es la proa de la humanidad; de frente al infinito, no toca más que aguas oscuras y la sombra magnífica. La ciencia en sus manos no es un arma, ni un amuleto, sino una sonda. Cada eslabón que añade ahonda el precipicio; cada antorcha que enciende revela lo impenetrable de los cielos. La soberbia magnitud de lo desconocido le hace temblar. Embriagado de misterio, y dueño de enriquecerlo y de esparcirlo mediante la ciencia, se siente creador del espectáculo sagrado. Descubre que el drama de la realidad se cumple en su propia conciencia, y que al hundir en la noche el follaje de su espíritu, expresa lo absoluto. De este modo se le aparece el Universo como el molde cambiante y fiel de lo invisible.

Publicado en “Germinal”, N.º 7, 13 de septiembre de 1908

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La ciencia al servicio del imperialismo

El texto que sigue, titulado “La ciencia al servicio del imperialismo”, es el  Capítulo 2 pp 41- 46, en:  “El Rapto de Higea

Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad”, por Jesús Garcia Blanca.

«Una ciencia que insiste en poseer el único método correcto y los únicos resultados aceptables es ideología y debe ser separada del estado y especialmente de la educación.»

Paul Feyerabend1

«No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira [...] es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día [...] de forma que  ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la ciencia y que no puede declararse inocente de nada?»

Agustín García Calvo2

Empecemos por algunas observaciones necesariamente concisas que sirvan para establecer el contexto de las ideas que alimentan este trabajo.

En esencia se comparte —y se utiliza como herramienta— la concepción foucaultiana3,  que podría resumirse así:

– Cada sociedad tiene su «régimen de verdad».

– La «verdad» está centrada sobre la forma del discurso científico y sobre las instituciones que lo producen.

– La «verdad» es producida y trasmitida bajo el control de aparatos políticos y económicos.

– La «verdad» está ligada a sistemas de poder, que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que induce y que la prorrogan.

– «El problema político esencial para el intelectual es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es cambiar “la conciencia” de la gente o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico e institucional de producción de la verdad»4.

La «verdad» es la mentira del Sistema que controla los procesos de producción y comunicación de los discursos. Solo produciendo a contracorriente, creando contra la «verdad» ponemos en marcha un auténtico proceso de transformación social.

Mundo virtual, sufrimiento real

La ciencia está siendo utilizada como fuente «objetiva» de conocimiento y producción de «verdad», constituyéndose por tanto en un mecanismo de poder cuya fuerza y efectividad radica precisamente en que no es percibido como tal5.

La interacción entre este mecanismo totalitario —que hace pasar una determinada construcción de la realidad por la realidad misma— y esa nueva ciencia que se presenta a sí misma como interdisciplinar y se adjudica la función de decidir hasta dónde debe dejarse actuar a la ciencia y sus aplicaciones, me refiero a la flamante bioética, abre la puerta a la impunidad: diagnósticos infalibles, curaciones milagrosas, seres humanos a la carta… la imposición sin trabas de un discurso ideológico con graves consecuencias sanitarias y ecológicas, escamoteado tras la pretendida objetividad científica6.

El siguiente extracto de un artículo del ingeniero Javier Aracil expresa de forma muy clara y sintética en qué consiste el actual paradigma científico y cuáles son las relaciones entre ciencia y técnica:

Hemos alterado nuestro entorno sustituyendo progresivamente el mundo natural [...] por otro medio artificial en el que nuestra vida es más larga y placentera [...]. En la construcción de ese mundo artificial han tenido un papel considerable los ingenieros [...] lo peculiar del ingeniero es relacionar mediante un acto de creación todos los elementos necesarios para producir efectos preconcebidos.7

Podríamos acompañar esta declaración con innumerables ejemplos —drásticamente teñidos de prepotencia mecanicista—referidos al ámbito de las biociencias, ejemplos del tipo: «El genoma es un conjunto de instrucciones agrupadas en unidades de información denominadas genes, que conjuntamente forman los cromosomas, situados en el núcleo de cada célula del organismo humano»8.

Esta visión sirve de sostén al discurso ideológico del capitalismo9 y su efectividad se basa —como decíamos— en pasar desapercibida como visión particular, parcial, construida; y, por supuesto, construida desde el sistema de pensamiento dominante.

El éxito del discurso científico ha sido conseguir que las mayorías crédulas formadas en las instituciones educativas del sistema acepten como realidad objetiva exterior lo que no es más que una construcción subjetiva, cuando no un montaje motivado por intereses inconfesables.

Por poner solo dos ejemplos suficientemente conocidos y rigurosamente documentados10 que afectan a figuras intocables de la historia de la ciencia: Galileo no llevó a cabo algunos de los experimentos claves cuyos «resultados» utilizó para refutar a Aristóteles, y Newton «adaptó» los resultados de sus cálculos para hacerlos coincidir con sus previsiones teóricas. El caso del primero es especialmente sangrante al haberse convertido en un símbolo del científico honesto que se opone a lo dogmático. Sin embargo, para justificar su burla del método científico que supuestamente estaba contribuyendo a instituir, escribió: «yo, sin hacer el experimento, estoy seguro de que el efecto tendrá lugar como os digo porque es necesario que así ocurra»11. En cuanto al segundo, considerado como «el científico más grande de todos los tiempos»12, sus manipulaciones fueron descritas por Richard Westfall en Science con el término fudge factor (factor de falsificación), un factor que —como estamos comprobando— no parece precisamente insignificante en los últimos cuatrocientos años de investigación científica. Esto no quiere decir que en los institutos estemos estudiando exclusivamente una sarta de mentiras. Lo que aquí estamos cuestionando es que mediante los métodos que proponen los científicos se puedan establecer verdades. De hecho, Kart Popper planteó precisamente lo contrario13: que lo único que puede demostrarse fehacientemente es lo que es falso, pero no lo que es verdadero. Lo cual implica que las teorías que son aceptadas simplemente lo son porque no han podido ser refutadas, no porque hayan sido demostradas, cosa que según Popper es imposible a partir de la experiencia.

Nos encontramos, pues, en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten; o, en caso de que algún investigador honesto lo consiga, simplemente acallarlo, desprestigiarlo, encarcelarlo y lo que haga falta.

Se cumple así de modo rotundo la profecía de Comte. La ciencia funciona estrictamente como una forma de religión14, cuyos dogmas vienen a entroncar con el discurso reaccionario del capitalismo genocida: progreso científico, progreso lineal, progreso económico… para las minorías privilegiadas.

Frente a ese discurso fundamentalista15, aquí se defiende que lo científico no es objetivo —mucho menos cuando se aplica a lo vivo16—, que el método científico —en realidad un mecanismo autorreferente— no es la única posible aproximación al conocimiento, y que la imposición de la ortodoxia —bajo auspicios de la Farmafia y del imperialismo como expresión final de las instancias de poder de Occidente— tiene consecuencias fatales para el medio ecológico y para la salud y el bienestar de la humanidad.

Retomando las palabras de Aracil: en modo alguno vivimos en un mundo artificial que haya «superado» el mundo natural o siquiera se haya independizado de él. Hemos introducido elementos artificiales en el mundo natural; eso no significa que no sigamos sometidos a las leyes de la naturaleza: «en lugar de pretender corregir la naturaleza, aprendamos de ella», decía Wilhelm Reich.

La ciencia ha construido un mundo virtual en el que sus predicciones funcionan, pero las consecuencias reales de sus actos constituyen una agresión contra el equilibrio vital del planeta.

1 «El mito de la «ciencia» y su papel en la sociedad», Cuadernos Teorema, 53, Valencia, 1979, p. 26.

2 Transcripción de su intervención en la mesa redonda «Ciencia: pro y contra», celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, Archipiélago, 20, primavera de 1995, pp. 75-83.

3 Flavio GIGLI, «Michel Foucault: aportes para una nueva filosofía política», Problemas de Democracia y Política. Revista Peruana de Filosofía Aplicada (http://filosofia-aplicada.humanists.net/).

4 Michel FOUCAULT, Un diálogo sobre el poder (Bib.), p. 145.

5 «Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares la que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica». Enmanuel LIZCANO, Ciencia e ideología. En Diccionario Crítico de Ciencias Sociales . Ver también del mismo autor: «La construcción retórica de la imagen pública de la tecnociencia», Política y Sociedad, 23, 1996, Madrid, pp. 137-146; y «La ciencia, ese mito moderno», Claves de razón práctica, 32, 1993, pp. 66-70.

6 «El progreso científico técnico promovería, en este contexto, la concepción de que su propia práctica responde a un tipo de acción racional descontextualizada

[…] autoadjudicándose asepsia valorativa y aplicando a la obtención de fines “eficaces” que promuevan la disposición técnica. […] La ciencia sería, de todas las actividades humanas, la única que podría sustraerse a la responsabilidad

». María Cristina SOLANGE DONDA, «Producción científica, producción de verdad y discurso ético», Investigación, 8, Universidad Blas Pascal.

7 «Vivimos en un mundo artificial», suplemento Culturas, Diario de Sevilla, 25 de marzo de 1999, pp. 22-23.

8 María del Carmen VIDAL CASERO, «El Proyecto Genoma Humano. Sus ventajas, sus inconvenientes y sus problemas éticos», Cuadernos de bioética Vol. 12, 46, 2001 (ejemplar monográfico: «¿En qué fundamentamos la bioética?»), pp. 393-414.

9 «La ciencia del siglo veinte ha abandonado toda prentensión filosófica y se ha convertido en un gigantesco negocio. Ya no amenaza a la sociedad, es uno de sus más poderosos soportes». Paul K. FEYERABEND, obra citada.

10 Federico DI TROCCHIO, Las mentiras de la ciencia (Bib.), pp. 19-38.

11 Diálogo acerca de los sistemas máximos. Citado por Trocchio.

12 http://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton.

13 Karl Raimund POPPER, La lógica de la investigación científica y Conjeturas

y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico (Bib.), entre otras obras.

14 «… la ciencia funciona efectivamente en las sociedades desarrolladas como una forma específica de religión. Su extensión misionera en forma de desarrollo científico-técnico, fuera del cual no cabe salvación, revelaría entonces la llamada modernización como un proceso intrínsecamente religioso. Emanuel LIZCANO, «La Religión científica de la humanidad», Diccionario Crítico de Ciencias Sociales (http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/R/index.html).

15 Emanuel LIZCANO, «El fundamentalismo científico». Kiliedro (http://www.kiliedro.com/index.php?option=com_content&task=view&id=103).

16 Respecto al problema de la objetividad científica, Gustavo Bueno escribe: «los asuntos removidos por estas cuestiones no nos parecen propiamente científicos, ni susceptibles de ser tratados “sin prejuicios” con plena neutralidad ideológica [...] el tratamiento debido es constitutivamente polémico (dialéctico) y por ello la neutralidad es solo aparente y disimula el peor de los partidismos, a saber el partidismo clandestino, el que se enmascara y no se reconoce como tal a sí mismo» (en «Medicina, Magia y Milagro. Conceptos y estructuras mentales», El Basilisco, 14, 1993). Reich ya advirtió en 1948: «la forma en que se idean y ejecutan los experimentos depende del aparato sensóreo del investigador [...] es un error creer que los experimentos por sí solos pueden llevarnos a una conclusión. Siempre es el organismo viviente, sensible y pensante el que explora, experimenta y saca conclusiones» (en «La Biopatía del Cáncer» (Bib.)).

Imagen tomada de blogueros y correpondales de la revolución. Texto: Capítulo 2 pp 41- 46, en: “El Rapto de Higea” de Jesús García Blanca.

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Comer azúcar o ¿por qué la gente se queda satisfecha con la explicación de la Selección Natural?

Recibo una información interesante acerca de la peligrosa costumbre de comer azúcar. Por lo visto es habitual en nuestro entorno que una persona consuma como promedio 1.3 kilos de azúcar al día:  una peligrosa costumbre que conlleva elevados riesgos de obesidad, diabetes, enfermedades coronarias y otras y, no obstante, la sensación puede ser la de estar bien alimentado; o, al menos, de estar alimentado.

Algo semejante ocurre con las pseudo-explicaciones científicas, por ejemplo la Selección Natural.  Desde su blog Los Fallos de Darwin, Platypus está de acuerdo en que el principal problema de Darwin es el concepto de Selección Natural.  Por esto me pregunta:

¿por qué la gente se queda satisfecha con la explicación de la SN?

Con determinadas explicaciones ocurre algo semejante a lo que pasa con el azúcar en la dieta.  Crean una sensación (de alimentación, de satisfacción), cuando en realidad pueden estar provocando algo distinto (enfermedad, manipulación mental).

En lo que atañe al lenguaje en general, ya sabemos que su control es muy importante y por eso, tanto en la ficción como en la realidad, desde el poder se promueven diccionarios y enciclopedias.  El fenómeno lo describió Orwell en su novela 1984, cuyo protagonista Winston Smith, trabaja en el Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad, responsable entre otras tareas de la elaboración del diccionario de Neolengua; porque, no olvidemos que:

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado

La misma cuestión en el campo de la realidad, en el cual estaba inspirada la obra de Orwell,  la ha tratado Herbert Marcuse en su obra  “One dimensional man”.  Algunos de sus párrafos son muy ilustradores  al respecto.  Por ejemplo:

Las tendencias dominantes del habla, que niegan estas distinciones, son expresión de los cambios en los modos de pensamiento discutidos en los capítulos anteriores: el lenguaje funcionalizado, contraído y unificado es el lenguaje del pensamiento unidimensional. Para ilustrar esta novedad, lo compararé brevemente con una clásica filosofía de la gramática que trasciende el universo del comportamiento y relaciona las categorías lingüísticas con las ontológicas.

Y también:

He aludido a la filosofía de la gramática para mostrar el grado en el que las contracciones lingüísticas indican una contracción del pensamiento que, a su vez, ellas fortalecen y promueven. La insistencia en los elementos filosóficos en la gramática, o en la relación entre el “sujeto” gramatical, lógico y ontológico señala los contenidos que son suprimidos en el lenguaje funcional, eliminados de la expresión y la comunicación. La contracción del concepto en imágenes fijas; el desarrollo detenido en fórmulas hipnóticas que se auto-validan; la inmunidad contra la contradicción; la identificación de las cosas (y de las personas) con su función: estas tendencias revelan a la mente unidimensional en el idioma que habla.

O así mismo:

Si la conducta lingüística impide el desarrollo conceptual, si se opone a la abstracción y la mediación, si se rinde a los hechos inmediatos, rechaza el reconocimiento de los factores detrás de los hechos, y por lo tanto rechaza el reconocimiento de los hechos, y de su contenido histórico. En y para la sociedad, esta organización del discurso funcional es de importancia vital, sirve como vehículo de coordinación y subordinación. El lenguaje unificado y funcional es un lenguaje irreconciliablemente anti-crítico y anti-dialéctico. En él, la racionalidad operacional y behaviorista absorbe los elementos trascendentes, los negativos, y de oposición a la razón.

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El lenguaje cerrado no demuestra ni  explica: comunica decisiones, fallos, órdenes. Cuando define, la definición se convierte en ” separación de lo bueno y lo malo”, establece lo que es correcto y lo equivocado sin permitir dudas, y un valor como justificación de otro. Se mueve por medio de tautologías, pero las tautologías son frases terriblemente eficaces. Expresan el juicio de una “forma prejuzgada”, pronuncian condenas. Por ejemplo, el “contenido objetivo”, es decir, la definición de términos como” desviacionista “,” revisionista “, es la de un código penal, y este tipo de validación hace nacer una conciencia para la que el lenguaje de los poderes fácticos es el lenguaje de la verdad [24].

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Este lenguaje controla mediante la reducción de las formas lingüísticas y los símbolos de reflexión, abstracción, desarrollo, contradicción, sustituyendo los conceptos por imágenes

Por todo esto, el lenguaje de Darwin es ejemplo de lenguaje cerrado, contraído, funcionalizado. Inmune a toda contradicción. Como consecuencia de todo ello la Selección Natural es una poderosa imagen, sí. Pero una imagen anticientífica. Un fantasma semántico.

Bibliografía

One dimensional man. Herbert Marcuse. 1964. El enlace lleva directamente al capítulo 4, de interesante lectura.

Versión española de Antonio Elorza para RBA Proyectos Editoriales. Planeta D’Agostini. Barcelona.

Imagen tomada del blog Cambia el mundo despierta. Entrada  Azúcar, epidemia mundial

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La postmodernidad desnuda y otras bromas de mal gusto

Una famosa “broma” fue protagonizada por Alan Sokal, al enviar un artículo escrito en jerigonza, es decir en un lenguaje difícil de entender pero al parecer carente de contenido científico, a la revista Social Text.  En el momento en que el artículo fue aceptado, Sokal  envió otro a la revista Lingua Franca ridiculizando a la primera revista por haber aceptado el primero, que no iba en serio sino de broma.  No contento con la hazaña, Sokal escribió el  libro titulado Intelectual Impostures en el que, con más o menos razón, crítica los textos de otros muchos autores. No sé si todos los que están incluidos en el libro son protagonistas de engaños o imposturas, pero sí me consta que son muchos los que no están.

Conociendo la historia, es fácil calificar como impostura al  artículo que hizo famoso a Sokal (“Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity“) , pero aún siendo éste escrito para pasar por tal impostura, hay que reconocer que  otras más graves llevan décadas pasando por no serlo. Incluso muchas de ellas permanecen en las estanterias de bibliotecas públicas en instituciones académicas y son habitualmente objeto de recomendada lectura, justa tortura para un alumnado siempre dócil. El libro de Sokal en colaboración con Bricmont parece interesante aunque seguro que no lo es tanto como el de Horace Freeman Judson;  pero,  por encima de todo,  lo que más  llama la atención es descubrir que un comentario al mismo publicado en Nature y pomposamente titulado Postmodernism Disrobed: La postmodernidad desnuda había sido escrito ni más ni menos que por ……….Richard Dawkins …..

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Esoterismo y exoterismo en la ciencia: Un matrimonio oficiado por Charles Sanders Pierce en 1893 y nuevos secretos del diccionario de Neolengua

Imagen: Matrimonio Arnolfini, de Jan van EycK (1434). Tomado de EMFC (Expressing myself for clarity)

 

 

Transgressing disciplinary boundaries … [is] a subversive undertaking since it is likely to violate the sanctuaries of accepted ways of perceiving. Among the most fortified boundaries have been those between the natural sciences and the humanities.

Valerie Greenberg, Transgressive Readings (1990, 1)

Ya vimos  el caso común de quienes sentados frente a un libro rumian bondadosamente sus páginas como benditas ovejas que todo se lo creen mientras que a la hora de enfrentarse con la lectura de los textos de un blog se convierten en lobos.

Una frase en respuesta a un comentario en la sección Blog del Día de Madrimasd tuvo que soportar las críticas de algún lector. Independientemente de su poca exactitud  su análisis puede llevarnos lejos. La frase es:

La ciencia no se ocupa de los hechos que nadie puede negar

Intentaremos analizarla pero en primer lugar llama la atención que a veces  importa más el origen de la frase que su contenido. Al parecer para admitir una frase se necesita el refrendo de autor consolidado por el mundo editorial y así un lector no para en su empeño de preguntarme quién sea el filósofo de la Ciencia autor de la referida frase.

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