Posts etiquetados con ‘Fundamentalismo darwinista’

Tres párrafos adicionales para comentar unas tablas imaginarias a partir del octogésimo párrafo de El Origen de las Especies

 

Sigue el autor comentando unas tablas que no ha presentado a  las que ahora dice haber aplicado procedimientos numéricos que no explica. Bajo estas condiciones  los resultados son los esperados, los deseados para soportar la hipótesis de partida. No podía ser de otro modo:

 

  1. Las especies de los géneros mayores se parecen a las variedades, más que las especies de los géneros menores.  (the species of the larger genera resemble varieties, more than do the species of the smaller genera).
  2. Muchas de las especies que se “fabrican” todavía, en cierta medida se parecen a las variedades, pues difieren entre sí por menos que la cantidad normal de diferencia. (that in the larger genera, in which a number of varieties or incipient species greater than the average are now manufacturing, many of the species already manufactured still to a certain extent resemble varieties, for they differ from each other by a less than the usual amount of difference.).

Inevitable permanecer tranquilo al leer ese  “Manufacturing” referido a la formación de una especie, prueba de que  OSMNS jamás pasó por revisión crítica alguna. Más bien al contrario………..

 

En definitiva: las especies no son sino variedades.  Lamentablemente las pruebas aportadas son nulas:

I have endeavoured to test this numerically by averages, and, as far as my imperfect results go, they confirm the view.

Si, de acuerdo, pero ¿Dónde están esos imperfect results?

Ante la falta de datos originales, el interés de la obra viene a ser de nuevo histórico o más exactamente sociológico: ¿Por qué vino a adquirir tan gran relevancia una publicación en la que falta el soporte científico de los datos?

 

La respuesta es sencilla: Porque no se trata de una publicación científica sino de una exposición ideológica.

El planteamiento es confuso:

Hemos visto que no hay un criterio infalible para distinguir las especies de las variedades bien marcadas;

Pero el concepto de especie no se basa en  un criterio para distinguir  las especies de las variedades, sino  para distinguir unas especies de otras. El científico no aspira a encontrar el fiel reflejo de sus pensamientos en la naturaleza, lo cual es fundamentalismo sino que más bien al contrario,   ha de adaptar sus pensamientos a la realidad que encuentra en la Naturaleza. Darwin es un naturalista aficionado,  fundador del darwinismo, una ideología o pseudociencia fundamentalista. Los naturalistas profesionales como Owen, von Baer o Agassiz tenían puntos de vista más adecuados con la ciencia,….

 

 

MANY OF THE SPECIES INCLUDED WITHIN THE LARGER GENERA RESEMBLE VARIETIES IN BEING VERY CLOSELY, BUT UNEQUALLY, RELATED TO EACH OTHER, AND IN HAVING RESTRICTED RANGES.

 

80.

There are other relations between the species of large genera and their recorded varieties which deserve notice. We have seen that there is no infallible criterion by which to distinguish species and well-marked varieties; and when intermediate links have not been found between doubtful forms, naturalists are compelled to come to a determination by the amount of difference between them, judging by analogy whether or not the amount suffices to raise one or both to the rank of species. Hence the amount of difference is one very important criterion in settling whether two forms should be ranked as species or varieties. Now Fries has remarked in regard to plants, and Westwood in regard to insects, that in large genera the amount of difference between the species is often exceedingly small. I have endeavoured to test this numerically by averages, and, as far as my imperfect results go, they confirm the view. I have also consulted some sagacious and experienced observers, and, after deliberation, they concur in this view. In this respect, therefore, the species of the larger genera resemble varieties, more than do the species of the smaller genera. Or the case may be put in another way, and it may be said, that in the larger genera, in which a number of varieties or incipient species greater than the average are now manufacturing, many of the species already manufactured still to a certain extent resemble varieties, for they differ from each other by a less than the usual amount of difference.

 

Entre las especies de los géneros grandes y sus variedades registradas existen otras relaciones dignas de mención. Hemos visto que no hay un criterio infalible para distinguir las especies de las variedades bien marcadas; y cuando no se han encontrado eslabones de enlace entre formas dudosas, los naturalistas se ven forzados a decidirse por el conjunto de diferencias entre ellas, juzgando por analogía si este conjunto es o no suficiente para elevar una forma, o ambas, a la categoría de especies. De aquí que la cantidad de diferencia es un criterio importantísimo para decidir si dos formas han de ser clasificadas como especies o como variedades. Ahora bien: Fries ha observado, por lo que se refiere a las plantas, y Westwood, por lo que toca a los insectos, que en los géneros grandes la cantidad de diferencia entre las especies es con frecuencia sumamente pequeña. Me he esforzado en comprobar esto numéricamente mediante promedios que, hasta donde alcanzan mis imperfectos resultados, confirman dicha opinión. He consultado también con algunos sagaces y experimentados observadores, y, después de deliberar, coinciden en esta opinión. En este respecto, pues, las especies de los géneros mayores se parecen a las variedades, más que las especies de los géneros menores. O el caso puede interpretarse de otro modo: puede decirse que en los géneros mayores, en los cuales se está ahora fabricando un número de variedades o especies incipientes mayor que el promedio, muchas de las especies que se fabrican todavía, en cierta medida se parecen a las variedades, pues difieren entre sí por menos que la cantidad normal de diferencia.

 

 

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El estilo belicoso triunfa en biología: Ejemplos a día de hoy (genes egoístas, combate genético, lucha celular,……………)

 

El darwinismo es la ideología imperante en la ciencia con minúscula o, dicho de otro modo, la  pseudociencia al servicio del poder.

Sin poner énfasis en la lucha, en la competición, un investigador no va a ninguna parte.  No es competitivo, se dice, como diciendo: ¡Caso perdido!.  Si,  por el contrario,  en los títulos que anuncian sus publicaciones en la prensa,   la naturaleza se convierte en la arena de un circo romano, entonces se abren las puertas del foro:  la  noticia triunfa, la investigación progresa.

Dos ejemplos proceden de las noticias de ayer, miércoles siete de marzo de 2012, sin ir más lejos. En primer lugar, en las noticias de Madrimasd tenemos esta perla:

 

Investigadores del CNIO descubren en ratones que un gen anticáncer también combate la obesidad

 

Un gen anticáncer que también combate la obesidad. El gen levantado en  armas tanto para la lucha contra el cáncer como la batalla sin cuartel contra la obesidad. Un verdadero portento de la milicia  de la prestigiosa Infantería Genética, lo más seguro.

 

En segundo lugar de la web de la Universidad de Salamanca:

 

Una investigación de la Universidad de Salamanca contribuye a entender cómo nuestras células luchan frente al denominado “estrés oxidativo”

 

Nuestras células tampoco son mancas. No iban a ser sólo los genes quienes se alzasen en armas. En su lucha diaria y sin cuartel, las células  cuentan asimismo con herramientas de última generación (misiles probablemente),  para enfrentarse al estrés oxidativo, otro peligroso enemigo a vencer en lid sin tregua.

La ciencia con minúscula no para de batallar. En sus combates ficticios, las noticias  van  arrollando todo lo que se les pone por delante incluyendo al sentido común  y hasta a la mismísima diosa razón.  Los contenidos originales de las publicaciones son alterados de acuerdo con el  gusto beligerante que domina en los medios de comunicación.  Su lógica  quijotesca consiste en ver batallas a diestro y siniestro, donde no las hay. Ya saben:  Pentapolín del arremangado brazo, Alifanfarón, Brandabarbarán de Boliche………son ahora visibles al microscopio.

La  fe en ese combate librado minuto a minuto entre genes, entre células,  es hoy vía de acceso preferente  a   la prensa científica. Vayan olvidándose de toda otra impedimenta y poniéndose la coraza:

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La fragilidad de los sabios y el fin del pensamiento

 

Oh Quam gravis est scriptura. Occulos gravat, renes frangit, simul et omnia membra contristat

(“¡Qué cansado es esto de escribir! Se te cansa la vista, los riñones se te hacen polvo, y acabas con todos los miembros entumecidos”)

Monje del siglo VIII. W. Watterbach: Das Schriftwessen in Mittelater, Leipzig 1896, red. Graaz 1958, p 283. Versión castellana de V. García Lobo.

Tomado de la p 67 de Scriptorium, Tábara Visigoda y Mozárabe, de Fernando Regueras Grande y Hermenegildo García-Aráez Ferrer.Ayto. de Tábara, CEB Ledo del Pozo y Parroquia de Tábara. 2001.

 

En Anno domini de 2009,  las Ediciones AKAL publicaron el libro de José Carlos Bermejo Barrera, con el siguiente título apocalíptico:

 

La fragilidad de los sabios y el fin del pensamiento

 

En su contraportada, se advierte:

 

 

A lo largo de la historia occidental, se creyó en la existencia de un determinado tipo de personas que dedicaron su vida al cultivo desinteresado del saber, obteniendo a cambio de ello un prestigio especial. Las figuras de estos sabios fueron durante muchos años la garantía de que las sociedades occidentales podían lograr el acceso sin trabas a la verdad. Sin embargo, dichos sabios fueron en realidad unos seres enormemente frágiles, debido a su carencia de recursos económicos y a su dependencia de los poderes reales: eclesiásticos y políticos.

 

Fue en el siglo XIX, con el nacimiento de la ciencia y las universidades modernas, cuando pareció haberse logrado un cierto equilibrio entre el poder, el dinero y el trabajo intelectual, gracias a la creación de las figuras de los profesores y los científicos, que deberían encarnar a un ser humano dotado de espíritu crítico e incensante y escéptico buscador de unos saberes que nunca habrían de ser definitivos. Con la instauración del sistema de la tecnociencia y del aparato militar-industrial después de la Segunda Guerra Mundial, esa figura ha encontrado ya su fin, al caer en la definitiva dependencia del poder económico y político, con lo que ello supone de pérdida de la dignidad que los reductos académicos garantizaban. Y el discurso que esos sabios han construido en torno a dos campos –el de la enfermedad mental y el de la cosmología– pone de manifiesto sus propias debilidades humanas, así como su vana pretensión de lograr la verdad definitiva, gracias a la construcción de unos saberes «cerrados» y «perfectos».

 

 

En su interior más cosas interesantes,  por ejemplo (p 28):

Los científicos del mundo de la tecnociencia hacen un uso pervertido de la ciencia y la razón, hasta el punto de que John Ralston Saul los ha llamado “los bastardos de Voltaire”, el autor que encarnó los valores liberadores de la Ilustración (Saul, 1998). Ello es así porque no sólo aceptan el orden político, como los viejos profesores, sino sobre todo el orden económico y su supuesta racionalidad, sentando las bases para la eliminación de la universidad, si es que trabajan en el cada vez más minoritario ámbito de la ciencia académica.

Si los valores del conocimiento y la dignidad e independencia académicas se sustituyen por los de eficacia y rentabilidad, se sientan las bases para el desmantelamiento o adelgazamiento de la universidad, tal como hace ya años señaló Bill Readings (Readings, 1996). Un profesor o un científico no pueden competir con un político en el campo de la política, en el que siempre llevarán las de perder, a menos que acepten las reglas del juego político y se conviertan en políticos de profesión, tal como hace muchos años había señalado Max Weber.

Lo mismo ocurriría en el campo de la rentabilidad empresarial. En él, lo scientíficos profesores tienen la guerra perdida, puesto que las empresas siempre serán más ágiles que las viejas universidades  y podrán utilizar a sus investigadores  como una parte dle proceso productivo, que puede ser a veces desechable , con la etiqueta de “recursos humanos”, complementarios de los recursos materiales.

 

 

 

 

Y también (p 91):

 

Desde hace algunos años, cuando se pone en duda la validez de constructos narrativos, como la “cosmología estándar” o la teoría de la evolución, los paladines de la ciencia acusan a quienes critican sus constructos no científicos, sino metacientíficos (o narrativos) , de defender el creacionismo o la Biblia, a pesar de que esos críticos, en muchos casos no lo hagan. Ello es así porque los defensores de la “ciencia”- que no son todos los científicos- son conscientes de que están asumiendo un papel que en otros tiempos correspondió a la religión: la producción de verdades absolutas, en último término.

 

 

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Imponer el pensamiento: Un ejemplo (Los editores contra el principio teleológico)

 

 

 

 

 

 

En  la introducción de su clásico tratado titulado “Plantas Medicinales, el Dioscórides renovado”, nos cuenta Pío Font Quer  éste caso tan curioso:

Esta misma empresa editorial que ha estampado “El Dioscórides renovado”  tiene en proyecto publicar un tratado de vulgarización botánica traducido de la obra francesa titulada “La vie des plantes”. En la figura 2 de la página 130 del original francés se lee el siguiente epígrafe:

“La Selaginelle, dite aussi fougère de la résurrection, par temps se replie sur elle même afin de limiter sa transpiration.”

Poco tiempo después de recibir la obra, la casa editora nos mandaba una lista de erratas a tener en cuenta al traducirla. Una de las tales enmiendas corresponde al epígrafe de la indicada figura. En lugar de “a fin de limiter”, hay que poner “ce qui limite”. Este pequeño cambio es transcendente porque me dice que la planta no se recoge sobre sí misma para evitar la transpiración excesiva, sino que, simplemente, la evita porque se recoge.

Con su habitual claridad indica  Font Quer  que los editores no quieren que su obra muestre ningún tipo de finalidad en la naturaleza (teleología).  El caso podría parecer curioso pero no es, ni mucho menos único. Ya vimos que para el reverendo Hodge, el principal objetivo de Darwin no era otro que desterrar la idea de diseño de la naturaleza y puede que a este motivo y no otro,  se deba que Darwin haya sido autor favorito de los editores durante décadas (para confirmar esto último no hay más que ver el número de ediciones de El Origen).

Tal empeño  editorial  por imponer el pensamiento en las mentes de sus incautos lectores borrando de ellas  toda noción de teleología , es decir la existencia o al menos la posibilidad de una finalidad, propósito o diseño en la Naturaleza,  no se limita a los casos descritos y podría ser mucho más antiguo.  Así cuando en su introducción a la obra Los Caracteres de Teofrasto, editada por Planeta d’Agostini en su colección Los Clásicos de Grecia y Roma,  Elisa Ruíz García nos describe la obra de Teofrasto que ha llegado hasta nosotros, dice:
En la actualidad poseemos:

Dos tratados relacionados con el mundo de la botánica: Historia de las Plantas, en nueve libros, y sobre los Orígenes de las Plantas, en seis.

Y sobre la palabra seis un número trece en superíndice remite a una nota a pie de página en donde se lee:

Algunos estudiosos opinan que la división en dos obras de sus escritos botánicos no fue establecida por el autor, sino por los editores de la época alejandrina, quienes distinguieron entre los pasajes  en los que invoca el principio teleológico y en los que lo evita cuidadosamente.

Y fíjense bien que no dice que se haya distinguido entre pasajes que invocan el principio teleológico y los que no lo invocan sino entre los que lo invocan y los que cuidadosamente lo evitan, siendo esto último, al parecer, más del gusto de los editores.

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Fundamento del darwinismo: La fe en la selección natural manifiesta en el noveno párrafo de El Origen de las Especies

 

Poco sabemos del origen de las especies: casi tan poco  como hace ciento cincuenta años.  Tampoco sabemos mucho acerca de las relaciones entre los seres que viven a nuestro alrededor, cuestión que  nos importa menos hoy que hace ciento cincuenta años.

Empero,  algo sabemos. Por ejemplo, que la Ciencia no trata tanto de si las cosas son o no posibles, como de las demostrables.  No consiste en llevar la contraria a una supuesta mayoría ignorante, y menos inventada por el propio autor, sino más bien al contrario, en reconocer cuanto hay de valor en las opiniones, sean mayoritarias, minoritarias o el producto de mentes excepcionales.

No se trata,  ni hoy ni hace cien o doscientos años, de saber si  las especies son o no son inmutables,  sino de saber cómo cambian.  Lamarck ya se había hecho la pregunta correcta cuando Darwin vestía pantalón corto.  El  error de Darwin se disimula mal y, aunque la magnitud de sus consecuencias todavía  se desconoce, en el punto de partida  tiene  dos aspectos:

1.  Confundirse de cuestión.  Presentando una que no lo es (¿Cambian las especies?) en lugar de la adecuada (¿Cómo cambian las especies?)

2. Asociar Hecho y Mecanismo, proceso y explicación. Todo en uno. Quedarse contento con una explicación que no explica y concluir ya en la introducción de manera que la Selección Natural es presentada como principio, dogma o axioma y no como conclusión de un conjunto de trabajos:

estoy convencido de que la selección natural ha sido el más importante, si no el único, medio de modificación.

Convencido, es decir tengo fe, porque tal convencimiento es expresado en la introducción y no en las conclusiones. Como si un juez pudiera dictar su veredicto antes del juicio. Pues no. Primero escuche los argumentos,  póngalos por escrito en los capítulos de su libro y a continuación, saque usted sus conclusiones.  No antes.

La misma fe, carente de todo fundamento, que Charles Darwin tiene en la selección natural, es la fe que Richard Dawkins tiene en la lucha entre genes para construir máquinas de supervivencia.

Pero en Ciencia no es suficiente con que un autor esté convencido, sino que su tarea consiste en  convencer a los demás.  A tal fin,  y antes de  manifestarlo , debería haber explicado Darwin el porqué de su convencimiento.  Haber aportado las pruebas suficientes. Si así fuese, la expresión de tal convencimiento estaría al final de la obra y no al final de su introducción. Si el autor se convence a sí mismo y pretende convencer a los demás sin pruebas eso no es ciencia, sino  poder de persuasión.  Nos encontramos así, no ante un científico, sino ante un gurú. El  darwinismo consiste en tener esa fe en la selección natural que, tanto en Darwin como en Dawkins , es independiente de toda evidencia científica.

 

 

 

 

 

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No one ought to feel surprise at much remaining as yet unexplained in regard to the origin of species and varieties, if he make due allowance for our profound ignorance in regard to the mutual relations of the many beings which live around us. Who can explain why one species ranges widely and is very numerous, and why another allied species has a narrow range and is rare? Yet these relations are of the highest importance, for they determine the present welfare and, as I believe, the future success and modification of every inhabitant of this world. Still less do we know of the mutual relations of the innumerable inhabitants of the world during the many past geological epochs in its history. Although much remains obscure, and will long remain obscure, I can entertain no doubt, after the most deliberate study and dispassionate judgment of which I am capable, that the view which most naturalists until recently entertained, and which I formerly entertained—namely, that each species has been independently created—is erroneous. I am fully convinced that species are not immutable; but that those belonging to what are called the same genera are lineal descendants of some other and generally extinct species, in the same manner as the acknowledged varieties of any one species are the descendants of that species. Furthermore, I am convinced that natural selection has been the most important, but not the exclusive, means of modification.

Nadie debe sentirse sorprendido por tanto como queda todavía inexplicado respecto al origen de las especies y variedades, si tenemos en cuenta nuestra profunda ignorancia en lo que respecta a las relaciones mutuas de los muchos seres que viven a nuestro alrededor. ¿Quién puede explicar por qué una especie se extiende ampliamente y es muy numerosa, y por qué otra especie afín tiene un rango estrecho, y es rara? Sin embargo, estas relaciones son de suma importancia, ya que determinan el bienestar presente y, como creo, el éxito futuro y la variación de todos los habitantes de este mundo. Menos aún sabemos de las relaciones mutuas de los innumerables habitantes del mundo durante las muchas épocas geológicas pasadas de su historia. Aunque mucho es lo que queda oscuro, y quedará en la oscuridad durante largo tiempo, puedo mantener, sin duda, después del estudio más deliberado y del más desapasionado juicio de que soy capaz, que la opinión que la mayoría de los naturalistas han mantenido hasta  hace poco , y que yo he mantenido anteriormente , es decir, que cada especie ha sido creada independientemente, es errónea. Estoy plenamente convencido no sólo de que las especies no son inmutables, sino que las que pertenecen a lo que se llama el mismo género son descendientes directos de alguna otra especie extinta  de la misma manera que las variedades reconocidas de cualquier especie son descendientes de ésta . Además, estoy convencido de que la selección natural ha sido el más importante, si no el único, medio de modificación.

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Cuando las teorías no son teorías: Teorías de la Enación y Telomática (When Theories are not Theories: Enation and Telome Theories)

 

kaplan1

 

 

Muchos tratados de botánica, entre ellos alguno tan difundido como el Strasburger, han ido incluyendo en sus páginas, edición tras edición, las teorías  de la Enación y Telomática para explicar el origen evolutivo de los haces vasculares en plantas.  El problema es que estas teorías no son tales teorías, sino más bien un soporte para las visiones evolutivas al uso (preconceptos, dogmas, tautologías,…..) y que, desde hace muchos años,  tales pseudo-teorías se han venido manteniendo única y exclusivamente con tal propósito (apuntalamiento de dogmas).  Dicho de otro modo, ni la Teoría de la Enación ni la Teoría Telomática son teorías científicas, sino más bien puras especulaciones para soportar los puntos de vista al uso.

 

En su artículo titulado “The science of plant morphology: definition, history, and role in modern biology”, publicado en 2001 (American Journal of Botany 88 (10): 1711-1741),  Donald R Kaplan nos explica:

 

The problem with both the enation and the telome theories is that they are gap-filling theories, or hypotheses. There is a gap between levels of plant organization, that of leafless rhyniophyte like plant body and that of leafy shoots. Both the enation and telome theories attempt to bridge this gap by inventing a set of intermediates between these two character states (Fig 6B, C and 6G, H). The problem is that the fossil plants discovered after this theoretical derivation are then slotted into the theory rather than being used to test and challenge it. Because these two theories have a phylogenetic slant, in contrast to the typologies of idealistic morphology, they have been taken more seriously than Troll’s models because they have been viewed as having been based in a more concrete reality (Zimmermann, 1931, 1953). In fact, Zimmerman’s theory is as hypothetical and as much a case of idealistic morphology as Troll typologies based on contemporary plants. It is just that Zimmerman pushed his type back earlier in time and based it on the morphology of a particular, seemingly concrete fossil form. Given their fundamental similarities, it is ironic that Troll and Zimmermann should have become such arch antagonists.

 

Que traduzco:

 

El problema tanto con la Teoría de la Enación como con la Teoría Telomática es que son teorías para llenar huecos, o hipótesis. Hay una brecha entre los niveles de organización de la planta, por un lado el tipo Rhynia sin hojas, y por el otro todas las plantas de tallos con hojas. Tanto la teoría de la Enación como la Telomática intentan llenar este vacío mediante la invención de una serie de intermediarios entre estos dos estados de caracteres (Fig. 6B, C y 6G, H). El problema es que las plantas fósiles descubiertas después de esta derivación teórica han venido incorporándose en la teoría en lugar de ser utilizadas para ponerla a prueba. Por tener estas dos teorías un sesgo filogenético, en contraste con las tipologías de la morfología idealista, se han tomado más en serio que los modelos de Troll, ya que se han visto como  basadas en una realidad más concreta (Zimmermann, 1931, 1953). De hecho, la teoría de Zimmerman es tan hipotética y hasta un caso de morfología idealista como la tipologías de Troll basadas en las plantas actuales. Zimmerman simplemente empujó su modelo  antes en el tiempo y lo basó en la morfología de una forma particular, aparentemente concreta, de fósiles. Teniendo en cuenta sus similitudes fundamentales, resulta irónico que el Troll y Zimmermann se han convertido en antagonistas.

 

Referencia

Kaplan, DR. 2001.  The science of plant morphology: definition, history, and role in modern biology. American Journal of Botany 88 (10): 1711-1741.

 

Lectura aconsejada:

 

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La ciencia como religión corta

Como aportación al curso sobre Periodismo Científico que se desarrolla actualmente en diversas entradas del Blog Universo Invisible y a la tarea de discutir aspectos de la divulgación científica que se lleva a cabo en el grupo Periodismo Científico de la red LinkedIN, traigo hoy al recuerdo un viejo texto de Rafael Barrett (1876-1919), escritor de origen español que desarrolló su tarea en Paraguay.

La ciencia

La ciencia, la del momento, es una religión corta. Como en las demás religiones, la turba no iniciada cree a pies juntos, y son los altos sacerdotes los que vacilan. Hay devotos de los rayos X y devotos de San Expedito. La ignorancia está siempre en terreno firme. Ocupa el seno seguro de los valles, largamente apisonado por las acémilas. Arriba reina el vértigo. ¿Qué papa no habrá sido ateo un instante? ¿A qué sabio no ha estremecido de angustia el soplo de lo ignorado?

Para los débiles, dudar es desplomarse; para los fuertes, dudar es creer. Sólo nos acercamos a la verdad mientras dudamos; sólo mientras dudamos somos religiosos. La duda al desgarrar ensancha. La certidumbre es una falsedad y un sacrilegio. No hay pensador -hablo de los auténticos, limpios de popularidad- cuya obra no haya sido negación y duda. Los que suspendidos en el vacío de la duda avanzan sin caer, son los que tienen alas: con ellas pasarán sobre la sima, y subirán hacia la luz de las tinieblas.

Los débiles necesitan demostrar lo que ven y lo que no ven, o darlo por demostrado; necesitan la fe, una barra que les sostenga, aunque les empale; necesitan la prueba, el signo, el milagro. De puro débiles no juzgan posible vivir sino por milagro. Necesitan un Dios prestidigitador. La ciencia en uso, eminentemente prestidigitadora, les satisface. Los milagros antiguos eran desordenados y a veces inoportunos. Cuando hacían más falta no acudían y llegaban cuando se les esperaba menos. Los de ahora son dóciles, naturales. Las academias los explican. El débil se figura que la ciencia explica, que la ciencia resuelve, y que debemos maravillarnos de unas cosas más que de otras. En cambio el fuerte sabe que todo es igualmente sobrenatural.

Además, el débil no concibe bien sino la fuerza. Es preciso ser fuerte para comprender que más allá de la fuerza hay algo. El Dios juglar de los débiles ha de manifestarse también hercúleo y suntuoso. Ha de hendir, incendiar, anegar, aplastar y machacar cuando convenga. Ha de conquistar, deslumbrar y explotar el mundo. Así se postra la turba ante la ciencia de la dinamita y de los martillos pilones, la ciencia industrial cebadora de trusts, la ciencia inevitable y práctica que acumula en moles ciclópeas el hierro y el oro.

¿De qué sirve al elegido, al que marcha delante, esa tumultuosa confianza, amplificada por la única fuerza de los débiles, que es el número? ¿De qué le sirve la baja ilusión de los beneficiados a máquina? Ni siquiera le alcanza el clamoreo común. No oye a los hombres, ni es oído. Está solo; es la proa de la humanidad; de frente al infinito, no toca más que aguas oscuras y la sombra magnífica. La ciencia en sus manos no es un arma, ni un amuleto, sino una sonda. Cada eslabón que añade ahonda el precipicio; cada antorcha que enciende revela lo impenetrable de los cielos. La soberbia magnitud de lo desconocido le hace temblar. Embriagado de misterio, y dueño de enriquecerlo y de esparcirlo mediante la ciencia, se siente creador del espectáculo sagrado. Descubre que el drama de la realidad se cumple en su propia conciencia, y que al hundir en la noche el follaje de su espíritu, expresa lo absoluto. De este modo se le aparece el Universo como el molde cambiante y fiel de lo invisible.

Publicado en “Germinal”, N.º 7, 13 de septiembre de 1908

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La ciencia al servicio del imperialismo

El texto que sigue, titulado “La ciencia al servicio del imperialismo”, es el  Capítulo 2 pp 41- 46, en:  “El Rapto de Higea

Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad”, por Jesús Garcia Blanca.

«Una ciencia que insiste en poseer el único método correcto y los únicos resultados aceptables es ideología y debe ser separada del estado y especialmente de la educación.»

Paul Feyerabend1

«No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira [...] es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día [...] de forma que  ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la ciencia y que no puede declararse inocente de nada?»

Agustín García Calvo2

Empecemos por algunas observaciones necesariamente concisas que sirvan para establecer el contexto de las ideas que alimentan este trabajo.

En esencia se comparte —y se utiliza como herramienta— la concepción foucaultiana3,  que podría resumirse así:

– Cada sociedad tiene su «régimen de verdad».

– La «verdad» está centrada sobre la forma del discurso científico y sobre las instituciones que lo producen.

– La «verdad» es producida y trasmitida bajo el control de aparatos políticos y económicos.

– La «verdad» está ligada a sistemas de poder, que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que induce y que la prorrogan.

– «El problema político esencial para el intelectual es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es cambiar “la conciencia” de la gente o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico e institucional de producción de la verdad»4.

La «verdad» es la mentira del Sistema que controla los procesos de producción y comunicación de los discursos. Solo produciendo a contracorriente, creando contra la «verdad» ponemos en marcha un auténtico proceso de transformación social.

Mundo virtual, sufrimiento real

La ciencia está siendo utilizada como fuente «objetiva» de conocimiento y producción de «verdad», constituyéndose por tanto en un mecanismo de poder cuya fuerza y efectividad radica precisamente en que no es percibido como tal5.

La interacción entre este mecanismo totalitario —que hace pasar una determinada construcción de la realidad por la realidad misma— y esa nueva ciencia que se presenta a sí misma como interdisciplinar y se adjudica la función de decidir hasta dónde debe dejarse actuar a la ciencia y sus aplicaciones, me refiero a la flamante bioética, abre la puerta a la impunidad: diagnósticos infalibles, curaciones milagrosas, seres humanos a la carta… la imposición sin trabas de un discurso ideológico con graves consecuencias sanitarias y ecológicas, escamoteado tras la pretendida objetividad científica6.

El siguiente extracto de un artículo del ingeniero Javier Aracil expresa de forma muy clara y sintética en qué consiste el actual paradigma científico y cuáles son las relaciones entre ciencia y técnica:

Hemos alterado nuestro entorno sustituyendo progresivamente el mundo natural [...] por otro medio artificial en el que nuestra vida es más larga y placentera [...]. En la construcción de ese mundo artificial han tenido un papel considerable los ingenieros [...] lo peculiar del ingeniero es relacionar mediante un acto de creación todos los elementos necesarios para producir efectos preconcebidos.7

Podríamos acompañar esta declaración con innumerables ejemplos —drásticamente teñidos de prepotencia mecanicista—referidos al ámbito de las biociencias, ejemplos del tipo: «El genoma es un conjunto de instrucciones agrupadas en unidades de información denominadas genes, que conjuntamente forman los cromosomas, situados en el núcleo de cada célula del organismo humano»8.

Esta visión sirve de sostén al discurso ideológico del capitalismo9 y su efectividad se basa —como decíamos— en pasar desapercibida como visión particular, parcial, construida; y, por supuesto, construida desde el sistema de pensamiento dominante.

El éxito del discurso científico ha sido conseguir que las mayorías crédulas formadas en las instituciones educativas del sistema acepten como realidad objetiva exterior lo que no es más que una construcción subjetiva, cuando no un montaje motivado por intereses inconfesables.

Por poner solo dos ejemplos suficientemente conocidos y rigurosamente documentados10 que afectan a figuras intocables de la historia de la ciencia: Galileo no llevó a cabo algunos de los experimentos claves cuyos «resultados» utilizó para refutar a Aristóteles, y Newton «adaptó» los resultados de sus cálculos para hacerlos coincidir con sus previsiones teóricas. El caso del primero es especialmente sangrante al haberse convertido en un símbolo del científico honesto que se opone a lo dogmático. Sin embargo, para justificar su burla del método científico que supuestamente estaba contribuyendo a instituir, escribió: «yo, sin hacer el experimento, estoy seguro de que el efecto tendrá lugar como os digo porque es necesario que así ocurra»11. En cuanto al segundo, considerado como «el científico más grande de todos los tiempos»12, sus manipulaciones fueron descritas por Richard Westfall en Science con el término fudge factor (factor de falsificación), un factor que —como estamos comprobando— no parece precisamente insignificante en los últimos cuatrocientos años de investigación científica. Esto no quiere decir que en los institutos estemos estudiando exclusivamente una sarta de mentiras. Lo que aquí estamos cuestionando es que mediante los métodos que proponen los científicos se puedan establecer verdades. De hecho, Kart Popper planteó precisamente lo contrario13: que lo único que puede demostrarse fehacientemente es lo que es falso, pero no lo que es verdadero. Lo cual implica que las teorías que son aceptadas simplemente lo son porque no han podido ser refutadas, no porque hayan sido demostradas, cosa que según Popper es imposible a partir de la experiencia.

Nos encontramos, pues, en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten; o, en caso de que algún investigador honesto lo consiga, simplemente acallarlo, desprestigiarlo, encarcelarlo y lo que haga falta.

Se cumple así de modo rotundo la profecía de Comte. La ciencia funciona estrictamente como una forma de religión14, cuyos dogmas vienen a entroncar con el discurso reaccionario del capitalismo genocida: progreso científico, progreso lineal, progreso económico… para las minorías privilegiadas.

Frente a ese discurso fundamentalista15, aquí se defiende que lo científico no es objetivo —mucho menos cuando se aplica a lo vivo16—, que el método científico —en realidad un mecanismo autorreferente— no es la única posible aproximación al conocimiento, y que la imposición de la ortodoxia —bajo auspicios de la Farmafia y del imperialismo como expresión final de las instancias de poder de Occidente— tiene consecuencias fatales para el medio ecológico y para la salud y el bienestar de la humanidad.

Retomando las palabras de Aracil: en modo alguno vivimos en un mundo artificial que haya «superado» el mundo natural o siquiera se haya independizado de él. Hemos introducido elementos artificiales en el mundo natural; eso no significa que no sigamos sometidos a las leyes de la naturaleza: «en lugar de pretender corregir la naturaleza, aprendamos de ella», decía Wilhelm Reich.

La ciencia ha construido un mundo virtual en el que sus predicciones funcionan, pero las consecuencias reales de sus actos constituyen una agresión contra el equilibrio vital del planeta.

1 «El mito de la «ciencia» y su papel en la sociedad», Cuadernos Teorema, 53, Valencia, 1979, p. 26.

2 Transcripción de su intervención en la mesa redonda «Ciencia: pro y contra», celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, Archipiélago, 20, primavera de 1995, pp. 75-83.

3 Flavio GIGLI, «Michel Foucault: aportes para una nueva filosofía política», Problemas de Democracia y Política. Revista Peruana de Filosofía Aplicada (http://filosofia-aplicada.humanists.net/).

4 Michel FOUCAULT, Un diálogo sobre el poder (Bib.), p. 145.

5 «Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares la que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica». Enmanuel LIZCANO, Ciencia e ideología. En Diccionario Crítico de Ciencias Sociales . Ver también del mismo autor: «La construcción retórica de la imagen pública de la tecnociencia», Política y Sociedad, 23, 1996, Madrid, pp. 137-146; y «La ciencia, ese mito moderno», Claves de razón práctica, 32, 1993, pp. 66-70.

6 «El progreso científico técnico promovería, en este contexto, la concepción de que su propia práctica responde a un tipo de acción racional descontextualizada

[…] autoadjudicándose asepsia valorativa y aplicando a la obtención de fines “eficaces” que promuevan la disposición técnica. […] La ciencia sería, de todas las actividades humanas, la única que podría sustraerse a la responsabilidad

». María Cristina SOLANGE DONDA, «Producción científica, producción de verdad y discurso ético», Investigación, 8, Universidad Blas Pascal.

7 «Vivimos en un mundo artificial», suplemento Culturas, Diario de Sevilla, 25 de marzo de 1999, pp. 22-23.

8 María del Carmen VIDAL CASERO, «El Proyecto Genoma Humano. Sus ventajas, sus inconvenientes y sus problemas éticos», Cuadernos de bioética Vol. 12, 46, 2001 (ejemplar monográfico: «¿En qué fundamentamos la bioética?»), pp. 393-414.

9 «La ciencia del siglo veinte ha abandonado toda prentensión filosófica y se ha convertido en un gigantesco negocio. Ya no amenaza a la sociedad, es uno de sus más poderosos soportes». Paul K. FEYERABEND, obra citada.

10 Federico DI TROCCHIO, Las mentiras de la ciencia (Bib.), pp. 19-38.

11 Diálogo acerca de los sistemas máximos. Citado por Trocchio.

12 http://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton.

13 Karl Raimund POPPER, La lógica de la investigación científica y Conjeturas

y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico (Bib.), entre otras obras.

14 «… la ciencia funciona efectivamente en las sociedades desarrolladas como una forma específica de religión. Su extensión misionera en forma de desarrollo científico-técnico, fuera del cual no cabe salvación, revelaría entonces la llamada modernización como un proceso intrínsecamente religioso. Emanuel LIZCANO, «La Religión científica de la humanidad», Diccionario Crítico de Ciencias Sociales (http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/R/index.html).

15 Emanuel LIZCANO, «El fundamentalismo científico». Kiliedro (http://www.kiliedro.com/index.php?option=com_content&task=view&id=103).

16 Respecto al problema de la objetividad científica, Gustavo Bueno escribe: «los asuntos removidos por estas cuestiones no nos parecen propiamente científicos, ni susceptibles de ser tratados “sin prejuicios” con plena neutralidad ideológica [...] el tratamiento debido es constitutivamente polémico (dialéctico) y por ello la neutralidad es solo aparente y disimula el peor de los partidismos, a saber el partidismo clandestino, el que se enmascara y no se reconoce como tal a sí mismo» (en «Medicina, Magia y Milagro. Conceptos y estructuras mentales», El Basilisco, 14, 1993). Reich ya advirtió en 1948: «la forma en que se idean y ejecutan los experimentos depende del aparato sensóreo del investigador [...] es un error creer que los experimentos por sí solos pueden llevarnos a una conclusión. Siempre es el organismo viviente, sensible y pensante el que explora, experimenta y saca conclusiones» (en «La Biopatía del Cáncer» (Bib.)).

Imagen tomada de blogueros y correpondales de la revolución. Texto: Capítulo 2 pp 41- 46, en: “El Rapto de Higea” de Jesús García Blanca.

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El sopicharco, base nutritiva del materialismo

“Las condiciones de las aguas del océano primitivo durante aquellos tiempos remotos se parecían bastante a las condiciones que reproducimos en un laboratorio hoy en día. Lo que nos hace pensar que en cualquier parte de aquel océano, laguna o charco, debieron formarse unas sustancias orgánicas complejas iguales a las creadas en el matraz de Butlerov, en la vasija de Baj o en experimentos similares.”

Alexander Oparin. El origen de la vida  (p 123).

Nada sospechoso de idealismo o de inspiración religiosa,  el diccionario de Neolengua (spanish version) dice esto de Oparin:

Según el profesor Loren S. Graham en su ensayo Science, philosophy, and human behavior in the Soviet Union. New York: Columbia University Press Oparin recibió el impulso para comenzar sus investigaciones en un intento de demostrar el materialismo dialéctico en el contexto de la guerra fría en la antigua Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pero ninguno de los dos, ni Loren Graham ni la versión española del diccionario de Neolengua indica en qué consistieron las investigaciones de Oparin. Basta con acudir a la versión inglesa para darse cuenta de que no existen. El texto de Oparin es escritura libre. Su apoyo experimental, nulo:

While Oparin himself was unable to do extensive experiments to investigate any of these ideas, scientists were later able to………..

¿Qué es por lo tanto la obra de Oparin?  Un apoyo teórico al materialismo dialéctico.

¿Por qué un manifiesto se mantiene y se considera en la base del pensamiento acerca de la evolución?  Porque apoya el paradigma que conviene a la sociedad materialista.

En la antigua Unión Soviética,  para  Bodganov la Ciencia es la experiencia organizada de la sociedad humana (Constructivismo social) de acuerdo con el empirismo radical de Mach: La Ciencia como instrumento para la economía del conocimiento (Roll-Hansen, 2005).

Oparin nació en 1894 y publicó “El origen de la vida” en ruso en Moscú (1924).  Colaboró con Lysenko, cuya reputación en el entorno occidental corrió, sin duda, peor suerte. En su obra, Oparin muestra a Engels como modelo y apoya manifiestamente a Darwin (“Charles Darwin estableció en el Origen de las Especies los fundamentos biológicos de la evolución” se lee en alguna parte) lo cual confirma de nuevo a la obra de Darwin como apoyo fundamental del materialismo dialéctico.

“El origen de la vida” es un manifiesto a favor del materialismo. Dicho de otro modo: Un panfleto. Su capítulo primero se titula “El materialismo enfrentado al idealismo y la religión en torno al emocionante y polémico problema del origen de la vida” y en él se parte explícitamente de que la vida es de naturaleza material, si bien no queda claro lo que esto sea. Sus capítulos sobre el origen de las moléculas, la estructuración del protoplasma vivo y el origen de los organismos primitivos son un conjunto de disparatadas especulaciones carentes de base científica. Por ejemplo leemos (p 76-77):

Si partimos de que la vida es de naturaleza material, estudiando las leyes que la rigen debemos hacer lo que esté en nuestras manos por cambiar de forma consciente y en el sentido deseado a los seres vivos. Si por el contrario, un principio espiritual es el creador de todo aquello que está vivo, y nos es imposible conocer su esencia, no podremos hacer otra cosa que contemplar de forma pasiva la naturaleza viva, incapaz ante fenómenos que nuestro conocimiento no puede entender, y a los que se atribuye un origen sobrenatural que huye de la racionalidad característica del ser humano………

Y un poco  más adelante:

La observación, la experiencia más objetiva y la práctica de la naturaleza viva constituirán los parámetros del materialismo para dar una respuesta racional a la cuestión de la vida

Bibliografía

Nils Roll-Hansen, The Lysenko Effect: The Politics of Science. New York: Humanity Books,
2005. Pp. 335. ISBN 1-59102-262-2. £17.99 (paperback). doi:10.1017/S0007087407009739

Oparin A. El Origen de la vida. Clásicos Universales Fontana 1998.

Imagen: Cuadro de Hugo Fontela.

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Locomotora a la luna: Finalidad social de la obra de Darwin revelada en el Historical Sketch en la sexta edición del Origen de las Especies. Segunda parte: La finalidad social de Darwin revelada por Sedgwick

Continúa aquí un resumen del artículo titulado “Locomotora a la luna: Finalidad social de la obra de Darwin revelada en el Historical Sketch de la sexta edición del Origen de las Especies”. La primera parte del resumen se encuentra aquí y el artículo completo publicado en Digital CSIC.

Imágenes: Karl Friedrich Burdach, Jean Baptiste Bory de Saint Vicent,  de Wikipedia.

Poca ciencia en el Sketch

 

Ya ha quedado claro que la transformación de las especies no es aportación de Darwin. El mérito de ser el autor de tal aportación a la ciencia, se reconoce en el Sketch, es de Lamarck. Habiendo reconocido en los párrafos segundo y tercero que el mérito es de Lamarck, y que similares opiniones tuvieron su abuelo, Geoffroy Saint-Hilaire y Goethe, Darwin manifiesta a partir de ahí otro objetivo: Exponer entre todos los naturalistas mencionados, cuáles son partidarios de la transformación y cuáles no lo son.

En el párrafo 18 de este sketch se citan conjuntamente a Bory St. Vincent, Burdach, Poiret and Fries. Su final no tiene desperdicio:

From other references in Godron’s work “Sur l’Espece”, it seems that Bory St. Vincent, Burdach, Poiret and Fries, have all admitted that new species are continually being produced. I may add, that of the thirty-four authors named in this Historical Sketch, who believe in the modification of species, or at least disbelieve in separate acts of creation, twenty-seven have written on special branches of natural history or geology.)

Indicando que, de los treinta y siete autores mencionados, treinta y cuatro creen en la modificación de las especies. Se deja en manos del lector el resolver quiénes sean los tres que no creen: Posiblemente los dos reverendos (Hon. and Rev. W. Herbert; Rev. Baden Powell) y Aristóteles, en definitiva tan reverendo o más que los anteriores.

Poco importa que en el mismo párrafo los treinta y cuatro autores queden reducidos a veintisiete. En cualquier caso muchos autores han escrito sobre la transformación de las especies antes de Darwin.

Podría ser que la aportación de Darwin consistiera en otra cosa, no en la transformación de las especies sino en la teoría propuesta para explicar la tal transformación: La  Selección Natural. Pero ya en el cuarto párrafo queda claro que W.C. Wells, ya en 1818 reconocía el principio de Selección Natural, si bien aplicado sólo a la raza humana y, dentro de esta a ciertos caracteres.

……………………..

Por si fuera poco, párrafos más adelante Darwin cuenta de manera algo tosca su disputa con Owen. Entre otras cosas se trata de la paternidad del concepto Selección Natural, pero en este aspecto no queda lugar a dudas cuando leemos:

As far as the mere enunciation of the principle of natural selection is concerned, it is quite immaterial whether or not Professor Owen preceded me, for both of us, as shown in this historical sketch, were long ago preceded by Dr. Wells and Mr. Matthews.

 

Pero la paternidad de semejante joya, patrimonio mundial de la ambigüedad, el concepto de Selección Natural no corresponde a Owen ni a Darwin sino, según éste último al Dr. Wells o a Mr. Matthews, salvo que, como veremos inmediatamente corresponda a otro autor muy anterior. Y es que, ya en el primer párrafo de este curioso Sketch, donde su autor dice que Mr Clair Grece, le mencionó un párrafo de Aristóteles, en realidad podría haber indicado que Mr Clair Grece le hizo saber que la selección natural era algo conocido en el mundo antiguo, por lo menos esto es lo que se lee en un letra de Clair Greece a Darwin fechada el día 12 de noviembre de 1866:

You may recollect me as having some year or two since pointed out to you a passage from Aristotle, shewing that “Natural Selection” was known to the ancients.”

En definitiva y por ir centrando el tema, del análisis del Historical Sketch (en su versión de la sexta edición) se deduce en primer lugar cuáles no eran aportaciones de Darwin: Ni la transformación de las Especies, ni la Selección Natural. En segundo lugar queda claro que la intención de Darwin no es discutir detalladamente la aportación de cada uno de los naturalistas mencionados sino otra….¿Cuál?…….

Ingeniería social: la verdadera aportación de Darwin

 

Las del Historical Sketch son páginas escritas para cubrir ausencias; más paradójicamente sirven para poner de manifiesto otras ausencias. Quien las lea detenidamente reconocerá la falta de cualquier intención de describir en detalle la aportación de cada uno de los autores mencionados. El fallo de las primeras ediciones (faltaban referencias) es ahora cambiado por otro no menos importante (las referencias no hacen adecuada mención de las contribuciones científicas). Esto tiene ciertas consecuencias. En primer lugar queda claro que la descripción detenida y metódica de la obra de autores anteriores no interesa, lo que importa es otra cosa.

Asimismo queda establecido cuáles no son aportaciones de Darwin: Ni la transformación de las especies ni la selección natural son conceptos originales suyos.

El Sketch no trata sobre la cuestión científica que concierne a los detalles de la transformación de las especies, sino de otra cosa. Se está estableciendo una agrupación, diferenciando entre dos colectivos de autores. Por una parte los que creen en la transformación o que admiten que tal transformación ocurre y por otra parte aquellos autores que no creen o no admiten tal transformación. Éste y no otro es el aspecto que se destaca de cada uno de los naturalistas citados.

Queda definido así el terreno de un debate que no es científico sino socio-político, o lo que es peor el hacer de tal debate algo esencial para la ciencia. Engaño que todavía hoy perdura y mediante el cual la ciencia se esfuma para dejar espacio a una “nueva teoría” que se elevará triunfante. La cuestión en lid es más de filiación dogmática que científica. Como indicó George Gaylord Simpson, la obra “On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life” no trata sobre el Origen de las Especies. Trata sobre otra cosa ¿Qué aporta la obra de Darwin? Sedgwick lo expresa claramente en su carta dirigida a Darwin el 24 de noviembre de 1859 cuyo contenido íntegro ha sido obtenido del proyecto Darwin Correspondence y de la cual hemos extraído dos fragmentos (La carta se presenta entera en el apéndice 1 (tomada de http://www.darwinproject.ac.uk/entry-2548):

En primer lugar la aportación de Darwin consiste, para Sedgwick, en abandonar el método científico. Irónicamente expresado en la metáfora “construir una maquinaria tan salvaje como la locomotora del Obispo Wilkins que nos iba a llevar  a la luna”. Al menos esto dice en su carta:

 

You have deserted—after a start in that tram-road of all solid physical truth—the true method of induction—& started up a machinery as wild I think as Bishop Wilkin’s locomotive that was to sail with us to the Moon.

(Usted ha abandonado -después de un comienzo en la ruta de toda la sólida verdad física-el verdadero método de inducción y ha puesto en marcha una maquinaria creo que tan salvaje como locomotora del Obispo Wilkins que nos iba a llevar a la Luna.)

En Segundo lugar, desvincular lo material de lo moral para así brutalizar a la humanidad. Esto se obtiene también directamente de la carta de Sedgwick:

This view of nature you have stated admirably; tho’ admitted by all naturalists & denied by no one of common sense. We all admit development as a fact of history; but how came it about? Here, in language, & still more in logic, we are point blank at issue— There is a moral or metaphysical part of nature as well as a physical A man who denies this is deep in the mire of folly Tis the crown & glory of organic science that it does thro’ final cause , link material to moral; & yet does not allow us to mingle them in our first conception of laws, & our classification of such laws whether we consider one side of nature or the other— You have ignored this link; &, if I do not mistake your meaning, you have done your best in one or two pregnant cases to break it. Were it possible (which thank God it is not) to break it, humanity in my mind, would suffer a damage that might brutalize it—& sink the human race into a lower grade of degradation than any into which it has fallen since its written records tell us of its history. Take the case of the bee cells. If your development produced the successive modification of the bee & its cells (which no mortal can prove) final cause would stand good as the directing cause under which the successive generations acted & gradually improved— Passages in your book, like that to which I have alluded (& there are others almost as bad) greatly shocked my moral taste.

(La visión de la naturaleza que ha establecido admirablemente, admitida por todos los naturalistas y no negada por nadie con sentido común. Todos admitimos el desarrollo como hecho histórico, pero….¿cómo ocurrió? En el lenguaje y más aún en la lógica, somos completamente ignorantes al respecto – En la naturaleza, así como hay una parte física hay también una parte moral o metafísica-. Quien niegue esto  estará profundamente en el fango de la locura.  La corona y la gloria de la ciencia orgánica, mediante una causa final, enlazará lo material con lo moral, y sin embargo no permitirá que se mezclen ambos en nuestra primera concepción de las leyes, y en nuestra clasificación de dichas leyes si tenemos en cuenta un lado de la naturaleza o el otro. Usted ha ignorado esto, y, si no me equivoco en su significado, usted hace lo  mejor que puede para romper este enlace. Si fuera posible (que gracias a Dios no lo es) romperlo, la humanidad, en mi mente, sufriría un daño que puede brutalizarla y hundir a la raza humana en un grado inferior de degradación a cualquier otro en que haya caído desde que su historia se encuentra registrada en escritos. Tomemos el caso de las celdas de la abeja. Si su desarrollo hubiera producido la modificación sucesiva de la abeja y sus celdas (algo que ningún mortal puede probar) la causa final estaría en buena posición como la causa en virtud del cual la dirección de las generaciones sucesivas ha actuado y mejorado gradualmente- Con tales pasajes de su obra, al igual que a los que ya he aludido (y hay otros casi tan malos) sorprendió enormemente mi gusto moral.

 

 

Conclusión

Podríamos preguntarnos para terminar si los ciento cincuenta años transcurridos desde que Sedgwick escribió su carta con tan graves acusaciones le habrán dado la razón o por el contrario habrán demostrado que no la tenía. Si el darwinismo habrá sido o no responsable de brutalizar a la humanidad hundiéndola en una degradación nunca antes conocida.

Para José Antonio Zamora, en su libro titulado “Th W Adorno. Pensar contra la Barbarie”,  el darwinismo (darwinismo social dice pero yo no veo otro darwinismo que el social) es uno de los elementos emblemáticos de la Modernidad que ciertamente tienen relación con la mayor catástrofe: el genocidio.

 

Referencias

Burkhardt, Frederick et al. Eds. 2004.  The Correspondence of Charles Darwin. Vol 14, 1866. Carta de James Clair Greece a Charles Darwin del 12 de Noviembre de 1866. Página 386.

Darwin, Charles. On the Origin of Species by Means of Natural Selection, or the Preservation of Favoured Races in the Struggle for Life. Ediciones segunda y sexta en Gutenberg.org.

Zamora, José Antonio. Th W Adorno. Pensar contra la Barbarie. Editorial Trotta. 2004. Madrid.

 

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