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El gran fraude del hombre de Piltdown: divertida instantánea entre bambalinas

 

 

El año que viene  (2012) celebraremos (Dios Mediante) otro par de centenarios: el del Titanic y el del hombre de Piltdown, uno de los fraudes más sonados de la historia.

Los paranoides y conspiranoicos podremos entretenernos en  ver si el hundimiento del Titanic fue o no preparado. En lo que concierne al segundo caso, en él los conspiranoicos ya no tenemos nada que decir. Todas las previsiones se quedaron cortas y la tarea está en pie  para los historiadores de la ciencia: ¿Quiénes fueron los implicados? ¿Estuvo el padre Teilhard de Chardin, SJ,  metido en el ajo?

La imagen presenta el retrato que hizo John Cooke in 1915 en el que podemos ver algunos de los participantes en el caso Piltdown: Fila de atrás (de izquierda a derecha) F. O. Barlow, G. Elliot Smith, Charles Dawson, Arthur Smith Woodward. Fila de enfrente: A. S. Underwood, Arthur Keith, W. P. Pycraft, and Sir Ray Lankester.

Como en tantas otras ocasiones ni están todos los que son ni son todos los que están. Nótese, empero, el retrato de Charles Darwin en la pared de atrás,  como vigilando que el ataque a la Torre de Cristal que él había comenzado, siguiera ejecutándose en toda regla, impunemente.

La imagen presenta el retrato que hizo John Cooke in 1915 en el que podemos ver algunos de los participantes en el caso Piltdown: Fila de atrás (de izquierda a derecha) F. O. Barlow, G. Elliot Smith, Charles Dawson, Arthur Smith Woodward. Fila de adelante: A. S. Underwood, Arthur Keith, W. P. Pycraft, and Sir Ray Lankester.

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La ciencia como religión corta

Como aportación al curso sobre Periodismo Científico que se desarrolla actualmente en diversas entradas del Blog Universo Invisible y a la tarea de discutir aspectos de la divulgación científica que se lleva a cabo en el grupo Periodismo Científico de la red LinkedIN, traigo hoy al recuerdo un viejo texto de Rafael Barrett (1876-1919), escritor de origen español que desarrolló su tarea en Paraguay.

La ciencia

La ciencia, la del momento, es una religión corta. Como en las demás religiones, la turba no iniciada cree a pies juntos, y son los altos sacerdotes los que vacilan. Hay devotos de los rayos X y devotos de San Expedito. La ignorancia está siempre en terreno firme. Ocupa el seno seguro de los valles, largamente apisonado por las acémilas. Arriba reina el vértigo. ¿Qué papa no habrá sido ateo un instante? ¿A qué sabio no ha estremecido de angustia el soplo de lo ignorado?

Para los débiles, dudar es desplomarse; para los fuertes, dudar es creer. Sólo nos acercamos a la verdad mientras dudamos; sólo mientras dudamos somos religiosos. La duda al desgarrar ensancha. La certidumbre es una falsedad y un sacrilegio. No hay pensador -hablo de los auténticos, limpios de popularidad- cuya obra no haya sido negación y duda. Los que suspendidos en el vacío de la duda avanzan sin caer, son los que tienen alas: con ellas pasarán sobre la sima, y subirán hacia la luz de las tinieblas.

Los débiles necesitan demostrar lo que ven y lo que no ven, o darlo por demostrado; necesitan la fe, una barra que les sostenga, aunque les empale; necesitan la prueba, el signo, el milagro. De puro débiles no juzgan posible vivir sino por milagro. Necesitan un Dios prestidigitador. La ciencia en uso, eminentemente prestidigitadora, les satisface. Los milagros antiguos eran desordenados y a veces inoportunos. Cuando hacían más falta no acudían y llegaban cuando se les esperaba menos. Los de ahora son dóciles, naturales. Las academias los explican. El débil se figura que la ciencia explica, que la ciencia resuelve, y que debemos maravillarnos de unas cosas más que de otras. En cambio el fuerte sabe que todo es igualmente sobrenatural.

Además, el débil no concibe bien sino la fuerza. Es preciso ser fuerte para comprender que más allá de la fuerza hay algo. El Dios juglar de los débiles ha de manifestarse también hercúleo y suntuoso. Ha de hendir, incendiar, anegar, aplastar y machacar cuando convenga. Ha de conquistar, deslumbrar y explotar el mundo. Así se postra la turba ante la ciencia de la dinamita y de los martillos pilones, la ciencia industrial cebadora de trusts, la ciencia inevitable y práctica que acumula en moles ciclópeas el hierro y el oro.

¿De qué sirve al elegido, al que marcha delante, esa tumultuosa confianza, amplificada por la única fuerza de los débiles, que es el número? ¿De qué le sirve la baja ilusión de los beneficiados a máquina? Ni siquiera le alcanza el clamoreo común. No oye a los hombres, ni es oído. Está solo; es la proa de la humanidad; de frente al infinito, no toca más que aguas oscuras y la sombra magnífica. La ciencia en sus manos no es un arma, ni un amuleto, sino una sonda. Cada eslabón que añade ahonda el precipicio; cada antorcha que enciende revela lo impenetrable de los cielos. La soberbia magnitud de lo desconocido le hace temblar. Embriagado de misterio, y dueño de enriquecerlo y de esparcirlo mediante la ciencia, se siente creador del espectáculo sagrado. Descubre que el drama de la realidad se cumple en su propia conciencia, y que al hundir en la noche el follaje de su espíritu, expresa lo absoluto. De este modo se le aparece el Universo como el molde cambiante y fiel de lo invisible.

Publicado en “Germinal”, N.º 7, 13 de septiembre de 1908

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Apacibles generaciones

Al igual que en la época de Plinio y Columela hoy florece el jacinto en la Galia, la vinca en Iliria, la margarita sobre las ruinas de Numancia y mientras a su alrededor las ciudades han cambiado de dueños y de nombres, entrando algunas en la nada, mientras que las civilizaciones han sufrido choques, conmociones y rupturas,  apacibles  sus  generaciones han cruzado los siglos llegando a nosotros, frescas y sonrientes como en los tiempos de las batallas

Aujourd’hui comme au temps de Pline et de Columelle la jacinthe se plaît dans les Gaules, la pervenche en Illyrie, la marguerite sur les ruines de Numance et pendant qu’autour d’elles les villes on changé de maîtres, et de noms, que plusieurs sont entrées dans le néant, que les civilisations se sont choquées et brisées, leurs paisibles générations ont traversé les âges et sont arrivées jusqu’a nous, frâiches et riantes comme aux tours de batailles

Edgar Quinet. Citado en Richard Ellman. Joyce 2 p 316. Tel Gallimard 1987.

Imágenes:

Jacinto de linternaute,   Vinca de Visoflora,  margarita de IES Dolmen de Soto

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La ciencia al servicio del imperialismo

El texto que sigue, titulado “La ciencia al servicio del imperialismo”, es el  Capítulo 2 pp 41- 46, en:  “El Rapto de Higea

Mecanismos de poder en el terreno de la salud y la enfermedad”, por Jesús Garcia Blanca.

«Una ciencia que insiste en poseer el único método correcto y los únicos resultados aceptables es ideología y debe ser separada del estado y especialmente de la educación.»

Paul Feyerabend1

«No hay forma de Poder sobre la gente que pueda ejercerse si no es a través de la mentira [...] es la mentira y la mentira presentada como verdad y como objeto de fe lo que ha dado siempre fuerza al Poder y sigue dándosela hoy día [...] de forma que  ¿qué duda os cabe de que la encargada del mantenimiento de esta mentira es la ciencia y que no puede declararse inocente de nada?»

Agustín García Calvo2

Empecemos por algunas observaciones necesariamente concisas que sirvan para establecer el contexto de las ideas que alimentan este trabajo.

En esencia se comparte —y se utiliza como herramienta— la concepción foucaultiana3,  que podría resumirse así:

– Cada sociedad tiene su «régimen de verdad».

– La «verdad» está centrada sobre la forma del discurso científico y sobre las instituciones que lo producen.

– La «verdad» es producida y trasmitida bajo el control de aparatos políticos y económicos.

– La «verdad» está ligada a sistemas de poder, que la producen y la sostienen, y a efectos de poder que induce y que la prorrogan.

– «El problema político esencial para el intelectual es saber si es posible constituir una nueva política de la verdad. El problema no es cambiar “la conciencia” de la gente o lo que tienen en la cabeza, sino el régimen político, económico e institucional de producción de la verdad»4.

La «verdad» es la mentira del Sistema que controla los procesos de producción y comunicación de los discursos. Solo produciendo a contracorriente, creando contra la «verdad» ponemos en marcha un auténtico proceso de transformación social.

Mundo virtual, sufrimiento real

La ciencia está siendo utilizada como fuente «objetiva» de conocimiento y producción de «verdad», constituyéndose por tanto en un mecanismo de poder cuya fuerza y efectividad radica precisamente en que no es percibido como tal5.

La interacción entre este mecanismo totalitario —que hace pasar una determinada construcción de la realidad por la realidad misma— y esa nueva ciencia que se presenta a sí misma como interdisciplinar y se adjudica la función de decidir hasta dónde debe dejarse actuar a la ciencia y sus aplicaciones, me refiero a la flamante bioética, abre la puerta a la impunidad: diagnósticos infalibles, curaciones milagrosas, seres humanos a la carta… la imposición sin trabas de un discurso ideológico con graves consecuencias sanitarias y ecológicas, escamoteado tras la pretendida objetividad científica6.

El siguiente extracto de un artículo del ingeniero Javier Aracil expresa de forma muy clara y sintética en qué consiste el actual paradigma científico y cuáles son las relaciones entre ciencia y técnica:

Hemos alterado nuestro entorno sustituyendo progresivamente el mundo natural [...] por otro medio artificial en el que nuestra vida es más larga y placentera [...]. En la construcción de ese mundo artificial han tenido un papel considerable los ingenieros [...] lo peculiar del ingeniero es relacionar mediante un acto de creación todos los elementos necesarios para producir efectos preconcebidos.7

Podríamos acompañar esta declaración con innumerables ejemplos —drásticamente teñidos de prepotencia mecanicista—referidos al ámbito de las biociencias, ejemplos del tipo: «El genoma es un conjunto de instrucciones agrupadas en unidades de información denominadas genes, que conjuntamente forman los cromosomas, situados en el núcleo de cada célula del organismo humano»8.

Esta visión sirve de sostén al discurso ideológico del capitalismo9 y su efectividad se basa —como decíamos— en pasar desapercibida como visión particular, parcial, construida; y, por supuesto, construida desde el sistema de pensamiento dominante.

El éxito del discurso científico ha sido conseguir que las mayorías crédulas formadas en las instituciones educativas del sistema acepten como realidad objetiva exterior lo que no es más que una construcción subjetiva, cuando no un montaje motivado por intereses inconfesables.

Por poner solo dos ejemplos suficientemente conocidos y rigurosamente documentados10 que afectan a figuras intocables de la historia de la ciencia: Galileo no llevó a cabo algunos de los experimentos claves cuyos «resultados» utilizó para refutar a Aristóteles, y Newton «adaptó» los resultados de sus cálculos para hacerlos coincidir con sus previsiones teóricas. El caso del primero es especialmente sangrante al haberse convertido en un símbolo del científico honesto que se opone a lo dogmático. Sin embargo, para justificar su burla del método científico que supuestamente estaba contribuyendo a instituir, escribió: «yo, sin hacer el experimento, estoy seguro de que el efecto tendrá lugar como os digo porque es necesario que así ocurra»11. En cuanto al segundo, considerado como «el científico más grande de todos los tiempos»12, sus manipulaciones fueron descritas por Richard Westfall en Science con el término fudge factor (factor de falsificación), un factor que —como estamos comprobando— no parece precisamente insignificante en los últimos cuatrocientos años de investigación científica. Esto no quiere decir que en los institutos estemos estudiando exclusivamente una sarta de mentiras. Lo que aquí estamos cuestionando es que mediante los métodos que proponen los científicos se puedan establecer verdades. De hecho, Kart Popper planteó precisamente lo contrario13: que lo único que puede demostrarse fehacientemente es lo que es falso, pero no lo que es verdadero. Lo cual implica que las teorías que son aceptadas simplemente lo son porque no han podido ser refutadas, no porque hayan sido demostradas, cosa que según Popper es imposible a partir de la experiencia.

Nos encontramos, pues, en manos de quienes tienen el poder suficiente para conseguir que sus teorías se acepten y para impedir que otros las refuten; o, en caso de que algún investigador honesto lo consiga, simplemente acallarlo, desprestigiarlo, encarcelarlo y lo que haga falta.

Se cumple así de modo rotundo la profecía de Comte. La ciencia funciona estrictamente como una forma de religión14, cuyos dogmas vienen a entroncar con el discurso reaccionario del capitalismo genocida: progreso científico, progreso lineal, progreso económico… para las minorías privilegiadas.

Frente a ese discurso fundamentalista15, aquí se defiende que lo científico no es objetivo —mucho menos cuando se aplica a lo vivo16—, que el método científico —en realidad un mecanismo autorreferente— no es la única posible aproximación al conocimiento, y que la imposición de la ortodoxia —bajo auspicios de la Farmafia y del imperialismo como expresión final de las instancias de poder de Occidente— tiene consecuencias fatales para el medio ecológico y para la salud y el bienestar de la humanidad.

Retomando las palabras de Aracil: en modo alguno vivimos en un mundo artificial que haya «superado» el mundo natural o siquiera se haya independizado de él. Hemos introducido elementos artificiales en el mundo natural; eso no significa que no sigamos sometidos a las leyes de la naturaleza: «en lugar de pretender corregir la naturaleza, aprendamos de ella», decía Wilhelm Reich.

La ciencia ha construido un mundo virtual en el que sus predicciones funcionan, pero las consecuencias reales de sus actos constituyen una agresión contra el equilibrio vital del planeta.

1 «El mito de la «ciencia» y su papel en la sociedad», Cuadernos Teorema, 53, Valencia, 1979, p. 26.

2 Transcripción de su intervención en la mesa redonda «Ciencia: pro y contra», celebrada el 15 de noviembre de 1994 en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona, Archipiélago, 20, primavera de 1995, pp. 75-83.

3 Flavio GIGLI, «Michel Foucault: aportes para una nueva filosofía política», Problemas de Democracia y Política. Revista Peruana de Filosofía Aplicada (http://filosofia-aplicada.humanists.net/).

4 Michel FOUCAULT, Un diálogo sobre el poder (Bib.), p. 145.

5 «Es precisamente esa pretensión de la ciencia de constituirse en metadiscurso verdadero por encima de las ideologías, saberes y opiniones particulares la que la constituye como ideología dominante […] su capacidad de persuadirnos de que no estamos siendo persuadidos, es precisamente esa mentira verdadera de la ciencia la que hace de ella la forma más potente de ideología en nuestros días: la ideología científica». Enmanuel LIZCANO, Ciencia e ideología. En Diccionario Crítico de Ciencias Sociales . Ver también del mismo autor: «La construcción retórica de la imagen pública de la tecnociencia», Política y Sociedad, 23, 1996, Madrid, pp. 137-146; y «La ciencia, ese mito moderno», Claves de razón práctica, 32, 1993, pp. 66-70.

6 «El progreso científico técnico promovería, en este contexto, la concepción de que su propia práctica responde a un tipo de acción racional descontextualizada

[…] autoadjudicándose asepsia valorativa y aplicando a la obtención de fines “eficaces” que promuevan la disposición técnica. […] La ciencia sería, de todas las actividades humanas, la única que podría sustraerse a la responsabilidad

». María Cristina SOLANGE DONDA, «Producción científica, producción de verdad y discurso ético», Investigación, 8, Universidad Blas Pascal.

7 «Vivimos en un mundo artificial», suplemento Culturas, Diario de Sevilla, 25 de marzo de 1999, pp. 22-23.

8 María del Carmen VIDAL CASERO, «El Proyecto Genoma Humano. Sus ventajas, sus inconvenientes y sus problemas éticos», Cuadernos de bioética Vol. 12, 46, 2001 (ejemplar monográfico: «¿En qué fundamentamos la bioética?»), pp. 393-414.

9 «La ciencia del siglo veinte ha abandonado toda prentensión filosófica y se ha convertido en un gigantesco negocio. Ya no amenaza a la sociedad, es uno de sus más poderosos soportes». Paul K. FEYERABEND, obra citada.

10 Federico DI TROCCHIO, Las mentiras de la ciencia (Bib.), pp. 19-38.

11 Diálogo acerca de los sistemas máximos. Citado por Trocchio.

12 http://es.wikipedia.org/wiki/Isaac_Newton.

13 Karl Raimund POPPER, La lógica de la investigación científica y Conjeturas

y refutaciones: el desarrollo del conocimiento científico (Bib.), entre otras obras.

14 «… la ciencia funciona efectivamente en las sociedades desarrolladas como una forma específica de religión. Su extensión misionera en forma de desarrollo científico-técnico, fuera del cual no cabe salvación, revelaría entonces la llamada modernización como un proceso intrínsecamente religioso. Emanuel LIZCANO, «La Religión científica de la humanidad», Diccionario Crítico de Ciencias Sociales (http://www.ucm.es/info/eurotheo/diccionario/R/index.html).

15 Emanuel LIZCANO, «El fundamentalismo científico». Kiliedro (http://www.kiliedro.com/index.php?option=com_content&task=view&id=103).

16 Respecto al problema de la objetividad científica, Gustavo Bueno escribe: «los asuntos removidos por estas cuestiones no nos parecen propiamente científicos, ni susceptibles de ser tratados “sin prejuicios” con plena neutralidad ideológica [...] el tratamiento debido es constitutivamente polémico (dialéctico) y por ello la neutralidad es solo aparente y disimula el peor de los partidismos, a saber el partidismo clandestino, el que se enmascara y no se reconoce como tal a sí mismo» (en «Medicina, Magia y Milagro. Conceptos y estructuras mentales», El Basilisco, 14, 1993). Reich ya advirtió en 1948: «la forma en que se idean y ejecutan los experimentos depende del aparato sensóreo del investigador [...] es un error creer que los experimentos por sí solos pueden llevarnos a una conclusión. Siempre es el organismo viviente, sensible y pensante el que explora, experimenta y saca conclusiones» (en «La Biopatía del Cáncer» (Bib.)).

Imagen tomada de blogueros y correpondales de la revolución. Texto: Capítulo 2 pp 41- 46, en: “El Rapto de Higea” de Jesús García Blanca.

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El progreso como retroceso: La idea de dignidad se ha perdido

Ciertamente en materia de respeto y dignidad el progreso es más bien un retraso.  Cuando veo como se envilecen algunos políticos diciendo ciertas cosas, pienso: “¡Hombre,  cómo no tienen sentido de la dignidad!”. La idea de dignidad se ha perdido.

Página39 en : La Ciencia y la vida. Valentín Fuster, José Luis Sampedro y Olga Lucas. Plaza y Janés 2008

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Metamorfosis de las plantas: Una introducción

Francisco Javier Sánchez Marcos firma la introducción a la versión española del Libro La Metamorfosis de las Plantas de Goethe, publicada por la colección Afinidades, de la Asociación Valle-Inclán del País Vasco, con el apoyo del Ministerio de Educación y Ciencia en 1994.

En la breve y concisa introducción al texto se lee:

El concepto de cosmos de Anaximandro, en el siglo VI a C es la fuente documental primera en la que podemos basar nuestro correcto entendimiento de la Metamorfosis de las Plantas y de la obra de Goethe en general. No nos debe extrañar que esto sea así, pues el pensamiento griego es la primera piedra de toque de todo trabajador de la cultura en Occidente.

Goethe, como los antiguos filósofos-poetas, desarrolla una obra exhaustiva en el campo de la ciencia natural, bajo una perspectiva enriquecedora y que supera la vía muerta de la ciencia actual: un orden sistemático impera sobre todo, en palabras del propio Goethe, “todo se teje hacia la totalidad”.

Este concepto fundamental de Anaximandro repercutió en múltiples formas y transformaciones hasta el fin de la antigüedad y todavía después hasta el renacimiento (Giordano Bruno), incluso aflora en Alexander von Humboldt.

El poeta filósofo se acerca al mundo natural para aprender de él. En palabras de W Jaeger, el hombre, “para poder llevar la vida que le corresponde, necesita del conocimiento y del cumplimiento de las leyes que rigen el cosmos” (Paideia).

El filósofo Heráclito capta el pensamiento verdaderamente decisivo, expresándolo magistralmente en su método aforístico: “Sólo en una cosa radica la sabiduría, en conocer el pensamiento por el cual todas las cosas son dirigidas por todas las cosas”. El cosmos, en su eterno nacer y morir, es “una cobertura viviente de la divinidad”, como dice Goethe, que tan a menudo se expresa en el Werther al estilo de Heráclito.

Imagen tomada de Ganas de Escribir

Referencia

Goethe, JW. 1994. La Metamorfosis de las Plantas. Afinidades. Asociación Valle Inclán Elkartea. Universidad del Pais Vaso.


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Comer azúcar o ¿por qué la gente se queda satisfecha con la explicación de la Selección Natural?

Recibo una información interesante acerca de la peligrosa costumbre de comer azúcar. Por lo visto es habitual en nuestro entorno que una persona consuma como promedio 1.3 kilos de azúcar al día:  una peligrosa costumbre que conlleva elevados riesgos de obesidad, diabetes, enfermedades coronarias y otras y, no obstante, la sensación puede ser la de estar bien alimentado; o, al menos, de estar alimentado.

Algo semejante ocurre con las pseudo-explicaciones científicas, por ejemplo la Selección Natural.  Desde su blog Los Fallos de Darwin, Platypus está de acuerdo en que el principal problema de Darwin es el concepto de Selección Natural.  Por esto me pregunta:

¿por qué la gente se queda satisfecha con la explicación de la SN?

Con determinadas explicaciones ocurre algo semejante a lo que pasa con el azúcar en la dieta.  Crean una sensación (de alimentación, de satisfacción), cuando en realidad pueden estar provocando algo distinto (enfermedad, manipulación mental).

En lo que atañe al lenguaje en general, ya sabemos que su control es muy importante y por eso, tanto en la ficción como en la realidad, desde el poder se promueven diccionarios y enciclopedias.  El fenómeno lo describió Orwell en su novela 1984, cuyo protagonista Winston Smith, trabaja en el Departamento de Registro del Ministerio de la Verdad, responsable entre otras tareas de la elaboración del diccionario de Neolengua; porque, no olvidemos que:

Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado

La misma cuestión en el campo de la realidad, en el cual estaba inspirada la obra de Orwell,  la ha tratado Herbert Marcuse en su obra  “One dimensional man”.  Algunos de sus párrafos son muy ilustradores  al respecto.  Por ejemplo:

Las tendencias dominantes del habla, que niegan estas distinciones, son expresión de los cambios en los modos de pensamiento discutidos en los capítulos anteriores: el lenguaje funcionalizado, contraído y unificado es el lenguaje del pensamiento unidimensional. Para ilustrar esta novedad, lo compararé brevemente con una clásica filosofía de la gramática que trasciende el universo del comportamiento y relaciona las categorías lingüísticas con las ontológicas.

Y también:

He aludido a la filosofía de la gramática para mostrar el grado en el que las contracciones lingüísticas indican una contracción del pensamiento que, a su vez, ellas fortalecen y promueven. La insistencia en los elementos filosóficos en la gramática, o en la relación entre el “sujeto” gramatical, lógico y ontológico señala los contenidos que son suprimidos en el lenguaje funcional, eliminados de la expresión y la comunicación. La contracción del concepto en imágenes fijas; el desarrollo detenido en fórmulas hipnóticas que se auto-validan; la inmunidad contra la contradicción; la identificación de las cosas (y de las personas) con su función: estas tendencias revelan a la mente unidimensional en el idioma que habla.

O así mismo:

Si la conducta lingüística impide el desarrollo conceptual, si se opone a la abstracción y la mediación, si se rinde a los hechos inmediatos, rechaza el reconocimiento de los factores detrás de los hechos, y por lo tanto rechaza el reconocimiento de los hechos, y de su contenido histórico. En y para la sociedad, esta organización del discurso funcional es de importancia vital, sirve como vehículo de coordinación y subordinación. El lenguaje unificado y funcional es un lenguaje irreconciliablemente anti-crítico y anti-dialéctico. En él, la racionalidad operacional y behaviorista absorbe los elementos trascendentes, los negativos, y de oposición a la razón.

……………………………………………

El lenguaje cerrado no demuestra ni  explica: comunica decisiones, fallos, órdenes. Cuando define, la definición se convierte en ” separación de lo bueno y lo malo”, establece lo que es correcto y lo equivocado sin permitir dudas, y un valor como justificación de otro. Se mueve por medio de tautologías, pero las tautologías son frases terriblemente eficaces. Expresan el juicio de una “forma prejuzgada”, pronuncian condenas. Por ejemplo, el “contenido objetivo”, es decir, la definición de términos como” desviacionista “,” revisionista “, es la de un código penal, y este tipo de validación hace nacer una conciencia para la que el lenguaje de los poderes fácticos es el lenguaje de la verdad [24].

…………………………………………………..

Este lenguaje controla mediante la reducción de las formas lingüísticas y los símbolos de reflexión, abstracción, desarrollo, contradicción, sustituyendo los conceptos por imágenes

Por todo esto, el lenguaje de Darwin es ejemplo de lenguaje cerrado, contraído, funcionalizado. Inmune a toda contradicción. Como consecuencia de todo ello la Selección Natural es una poderosa imagen, sí. Pero una imagen anticientífica. Un fantasma semántico.

Bibliografía

One dimensional man. Herbert Marcuse. 1964. El enlace lleva directamente al capítulo 4, de interesante lectura.

Versión española de Antonio Elorza para RBA Proyectos Editoriales. Planeta D’Agostini. Barcelona.

Imagen tomada del blog Cambia el mundo despierta. Entrada  Azúcar, epidemia mundial

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El darwinismo ha periclitado. Comentario de un libro de Oscar Hertwig por Ramiro Ledesma, publicado en Madrid el 1 de abril de 1929

El siguiente comentario del libro titulado “Génesis de los organismos”, de Oscar Hertwig (Madrid, Espasa-Calpe),  por Ramiro Ledesma Ramos fue publicado en  La Gaceta Literaria de Madrid, el  1 de abril de 1929.

Hertwig y el postdarwinismo

He aquí un libro de pura biología. Júzguese de su rango y significación por un solo detalle: aparece en una colección de «Ideas del siglo XX» (Espasa-Calpe), que dirige nuestro gran Ortega y Gasset, seleccionador irreprochable. («Génesis de los organismos», de Oscar Hertwig. Espasa-Calpe). Forma parte de esta serie, sin embargo, un libro de Bonola, sobre «Geometrías no euclidianas», cuya inclusión entre libros de Ideas del siglo XX, no podría ser justificada con facilidad. En un libro próximo sobre los Fundamentos filosóficos de estas Geometrías, trato de probar que el espíritu que las informa se enlaza con otras manifestaciones del ochocientos, de filiación vigorosa y estricta.

Como toda teoría científica de amplias márgenes que tiende a una concepción absoluta del universo, el darwinismo ha periclitado. El darwinismo tenía algún sabor a cosa definitiva y conclusa, y ha desaparecido por asfixia entre sus propias metas.

Oscar Hertwig, uno de los biólogos más concienzudos, a quien se deben en los últimos veinticinco años trabajos muy notables de experimentación, ensaya en este libro una seria labor de examen reflexivo acerca de los problemas biológicos del momento. Algún día, no hace muchos años, las investigaciones se polarizaban en dos tendencias irreductibles: la vitalista y la mecanicista, que absorbían por completo, una u otra, la atención de los sabios. Hertwig supera esta dicotomía y se declara partidario de una tercera dirección que él denomina biológica.

Por un lado, es un poco ingenuo que trate de explicarse por medios físico-químicos los problemas fundamentales de la vida. Aparte de que estas ciencias permanecen aún en un estadio casi inicial, de indudable pequeño radio frente a las grandes posibilidades, que las obliga a refugiarse, como denuncia el buen Kolbe «en rebosantes juegos de imaginación», existe una radical imposibilidad que hace poco aptos para la biología los métodos físico-químicos. Esto se patentiza de continuo en Química orgánica, comprobándose cada día mejor una divergencia evidente con la eficacia de los propósitos. No hay forma de representar simbólicamente las complicaciones moleculares que surgen; por ejemplo, los compuestos de diversas proteínas cuando derivan de un complejo superior, en virtud de afinidades de orden biológico.

Por otra parte, pretender aplicar a las ciencias naturales un patrón filosófico a priori, que no puede tener otra validez que la de satisfacer nuestro insobornable afán de ordenación y estructura, no parece tampoco muy fecundo.

Todo gira hoy alrededor de ese mundo maravilloso y microcósmico que es el mundo celular insospechado para el darwinismo, sobre el que se encuentran fijas todas las atenciones. Hertwig ha introducido en Biología el concepto de célula específica y una ley ontogenética sucedánea a base de una de las pocas y auténticas verdades de la biología moderna: es un hecho de riguroso conocimiento experimental que «de una determinada célula sexual se desarrolla siempre con infalible seguridad una sola especie bien determinada de organismos». Aquí, con esta ley, creemos da comienzo la Biología de nuestro tiempo, y significa para ella lo que el concepto de número natural significa para la matemática.

(Este libro de Hertwig ha sido traducido –bien traducido– por Lorente de No, el notable matemático y profesor de Mecánica racional en la Universidad.)

Tomado de la web “La Gaceta Literaria“, número 55,  1 de abril de 1929.

Imagen de Hertwig tomada de El devenir de la Ciencia.  Imagen de Ramiro Ledesma Ramos tomada de Hispaniainfo.

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¿Qué es el materialismo?

Preguntaba ayer un participante en este blog :

¿exactamente de que hablamos cuando hablamos de materialismo? ¿lo contrario de materialismo es la magia?

Basándome libremente en textos de de dos  clásicos contemporáneos, los profesores Agustín García Calvo y Emanuele Severino, propongo hoy dos respuestas. Así,  el  Materialismo  puede ser esa pretensión o  fe de que nos hablan  estos autores.  Del primero por ejemplo:

la pretensión de una phýsis o realidad ajena y anterior a todo lenguaje, independiente de arbitrio y razón, la apelación a algo que está por debajo de las palabras, es justamente la convención y falsedad que constituye la apariencia que los hombres (todos y cada uno) toman como verdad de las cosas y las relaciones

Del segundo:

Si se cree y esta es la fe fundamental que envuelve ya todo cuanto sucede en la tierra, que las cosas pueden ir a la nada y salir de la nada (y, por lo tanto pueden ser aniquiladas y creadas por el hombre o por un dios), entonces se cree que existe un tiempo en el que las cosas son nada: el tiempo en que estas, una vez aniquiladas ya son nada y el tiempo en que antes de salir de la nada, son todavía una nada. Pero creer que existe un tiempo en que las cosas (es decir los no-nada) son nada es como creer que existe un tiempo en que el círculo es cuadrado. Pero el enigma del mundo se resuelve cuando se hace evidente que no puede existir ningún tiempo en que las cosas (ni siquiera la más irrelevante de ellas) son nada, y cuando se hace evidente, pues que las cosas-todas, de las más humildes a las más grandes, de las más desvanecidas a las más patentes, de las más familiares a las más inquietantes-son todas ingenerables, incorruptibles, inmutables, eternas. Lo que llamamos devenir del mundo es por tanto el aparecer y el desaparecer de lo eterno. En sentido análogo a cuando se dice que el sol sigue brillando, eterno incluso cuando desaparece de la bóveda del cielo. No sólo los dioses sino todas las cosas tienen esta naturaleza solar.

Imagen de Agustín García Calvo del blog Lineas Paralelas

Imagen de Emanuele Severino de GrandiPassione

Bibliografía

García Calvo, A.  Razón común. Zamora, Editorial Lucina, 1985, 1999, 2006.

Severino, E. El parricidio fallido. Editorial: Destino, 1991.


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Impresionante artefacto del pensamiento decimonónico

Imagen de previsualización de YouTube

John Angus Campbell, profesor de retórica,  explora la manera en que Charles Darwin utiliza sus habilidades retóricas para persuadir a sus lectores del poder creador de la selección natural.   La entrevista analiza la lógica y la estructura de On the Origin of Species…….

(más…)

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