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El lenguaje de la evolución a veces parece ofuscar más que iluminar

 

Acabo de abrir el Boletín de noticias del  Sistema NotiWeb madri+d  correspondiente a hoy (23/10/2013 ) en cuyo encabezamiento, sección Cita del día,  leo con alegría la siguiente frase de Lynn Margulis (1938 – 2011):

“El lenguaje de la evolución a veces parece ofuscar más que iluminar”

 

Surgen dos preguntas:

 

  1. ¿En dónde publicó esto Lynn Margulis?

La respuesta, inmediata con ayuda de Google:  En su libro titulado Una Revolución en la Evolución (Colección Honoris Causa; Universidad de Valencia, 2002).

 

Y 2.  ¿Qué peaje tuvo que pagar para publicar esta frase tan abiertamente crítica con el sistema?

Muy sencillo. El pago consistió en la correspondiente adulación a Darwin y a su fantasía favorita: la Selección Natural. Dos páginas antes en su mismo libro se lee:

Charles Darwin estableció que las especies descendían de sus predecesores.  Toda la vida está conectada a través del tiempo hasta el mismo origen de la vida. Darwin mostró que muchas de las variaciones son hereditarias………etc etc etc que no me molestaré en copiar incluyendo argumentos  en relación con la selección natural.

 

Y ya para terminar:  ¿Puede un autor que está denunciando la oscuridad que hay en el lenguaje de la evolución haber escrito esto sólo un par de páginas antes? ¿Pueden proceder ambos párrafos del mismo autor que, con tanta claridad, ve en una página lo que ignoró en la anterior?   La respuesta no sólo es que sí.  Hay más. Tanta contradicción es habitual y es necesaria.  Para que alguien pueda escribir sobre evolución lo primero que debe aprender es a contradecirse. La ambigüedad ha de ser su doctrina.  La Selección Natural su guía.  Recuerden: Dentro de cincuenta años nadie entenderá de qué estamos hablando. Neolengua es Ingsoc e Ingsoc es Neolengua. Doblepensar. 1984. Orwell.

Imagen de Akifrases

 

Lectura aconsejada:

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El binomio Con-Con y algunos consejos para escribir el comentario de un libro con un contra-ejemplo reciente de la revista El Catoblepas

 

A la hora de escribir el comentario de un libro (recensión) conviene seguir las siguientes reglas:

 

  1. Leer el libro con detenimiento y atención. Siempre hay que dedicar a la lectura mucho más tiempo que el previsto.
  2. Una vez leído, intentar sintetizar su contenido al máximo. Para ello se responderá  a la siguiente pregunta: ¿De qué trata este libro? Se intentará resumir el contenido en uno o dos párrafos.
  3. Puestos ya a escribir, habrá que tener en cuenta la labor realizada por el autor del libro. Por ejemplo: ¿Ha escrito sobre un tema interesante? ¿Son sus aportaciones originales? En el caso de que el autor haya tenido que realizar una labor extraordinaria o especial, por ejemplo,  tratando una materia cuyo contenido desborda su especialidad, reconocerlo.
  4. Procurar ceñirse al contenido del libro evitando atribuir a su  autor juicios inventados o elaborados por el comentarista. Tampoco es conveniente aprovechar la ocasión para difundir ideas fuera del alcance de los contenidos del libro en cuestión.
  5. Evitar siempre el uso de atributos subjetivos y, en particular, de expresiones molestas y epítetos ofensivos.

 

 

Por su parte, las revistas deben abstenerse de publicar cualquier comentario o recensión que no siga  las reglas anteriores. Además, pondrán especial cuidado en  que los comentarios sean, en la medida de lo posible, independientes; es decir, no muestren tendencia alguna o afínidad con determinadas inclinaciones o finalidades sociales de la revista. En caso contrario, podría dar la impresión de que la revista es un instrumento publicitario en manos de tal o cual ideología, con lo cual el efecto conseguido podría ser su descrédito. Si una revista persiste en tales actitudes, entonces nos recordará mucho a ciertos párrafos de  la novela 1984,  de George Orwell,  en los que se sugiere que el Ingsoc y la Neolengua son herramientas del Partido para manipular el pensamiento. Podrá llegar a parecer, por lo tanto,  que la revista que publique este tipo de comentarios está buscando la  ambigüedad necesaria para que funcione el binomio CON-CON (Confusión-Control), un objetivo que puede asociarse con determinadas formas de poder.  Por ejemplo un párrafo de 1984 dice:

 

The Revolution will be complete when the language is perfect. Newspeak is Ingsoc and Ingsoc is Newspeak,’ he added with a sort of mystical satisfaction. ‘Has it ever occurred to you, Winston, that by the year 2050, at the very latest, not a single human being will be alive who could understand such a conversation as we are having now?’

 

La revolución será completa cuando la lengua sea  perfecta. Neolengua es Ingsoc y Ingsoc es neolengua », añadió con una especie de satisfacción mística. “Se le ha ocurrido a usted, Winston, que en el año 2050, como muy tarde, no habrá  un solo ser humano vivo que pueda  entender una conversación como la que estamos teniendo ahora?

 

 

Dicho todo esto vamos a comentar la recensión que José Luis Pozo ha titulado “Vacuidades en torno al darwinismo”, en la cual este autor pretende haber criticado, desde la postura del Materialismo Filosófico (otro genuino fantasma semántico),  el libro titulado “La Crisis Latente del Darwinismo” de Mauricio Abdalla.

 

 

Antes que nada indicaré que Mauricio Abdalla es filósofo de la Ciencia y ejerce como profesor en la Universidad Federal do Spirito Santo, en Brasil. En la introducción a su libro se tomó la molestia de explicar el origen de su planteamiento y las dificultades por las que hubo de pasar para afrontar temas tan complejos y originalmente ajenos a su especialidad:  El darwinismo y la evolución.  Mauricio Abdalla ha escrito ya una réplica a la recensión de José Luis Pozo y en ella tiene en cuenta,  con su habitual rigor,  algunos de los aspectos arriba mencionados. Esto me permite escribir aquí con mayor libertad sobre la recensión centrándome en sus dos errores principales que son dos facetas de uno mismo. Ya veremos si acierto…..

 

En su libro,  Abdalla aborda una tarea muy precisa: Mostrar aspectos del darwinismo que hacen imposible su pretendida posición como baluarte de teoría evolutiva alguna. Esto encaja plenamente con la propuesta que Thomas Kuhn presentó en su libro “Estructura de las Revoluciones Científicas”, propuesta para la cual se inspiró en postulados de otro autor  menos conocido,  Ludwig Fleck. Así, basándose en Kuhn, que a su vez se inspiró en Fleck, sin ser deudor de ninguno de ellos y metódicamente, lo que hace Abdalla en su libro es,  simplemente,  anunciar la caída del darwinismo. Un acontecimiento que parece molestar a muchos pero que, en contra de lo que vienen diciendo en sus planteamientos,  no dice nada al respecto de la excelente salud de la que puedan gozar otras teorías evolutivas múltiples y variadas que el autor de la recensión seguramente desconoce, puesto que de su lectura se deduce que,  erróneamente,  viene a asociar evolución con darwinismo. Este es su Primer Error Principal (PEP).

El autor de la recensión no reconoce la labor realizada por el autor del libro y, en el caso de que lo haya  leído con atención, no se ha percatado de ese aspecto crucial que Abdalla deja muy claro en su obra: la diferencia que hay entre evolución y darwinismo.  A  la incapacidad para distinguir entre evolución y darwinismo llamaremos, como decía y perdón por la reiteración, Primer Error Principal (PEP). Una extendida costumbre que suele ser la parte más visible de un Gran Error. En su réplica al comentario,  Abdalla señala otras reglas a las que ha fallado el comentarista. En interpretación menos académica que la suya diríamos que el autor se ha pasado  insultando y atribuyendo al texto comentado argumentos inventados a su gusto y conveniencia.

Todo esto dice bien poco a favor de la recensión y de la revista que la ha publicado: El Catoblepas. Pero hay todavía un segundo error principal (SEP), parte menos visible del mismo Gran Error, que  aparece cuando en la recensión surgen voces autoritarias. Por ejemplo, nada más empezar:

 

Tomando la propuesta en su literalidad, con este trabajo queremos mostrar que aceptamos el debate. Y si el autor considera este trabajo, tras su lectura, deudor de tal propaganda, quizá es porque no diferencia el significado de «debate» y de «consenso». Al segundo no se podrá llegar nunca desde estas páginas pues la confrontación con el punto de partida gnoseológico del autor (él la denomina «concepción epistemológica de fondo») es total.

En donde se indica que el autor de la recensión, desde su posición de autoridad, nunca podrá estar de acuerdo con los planteamientos de Abdalla. Por el contrario, se limitará a vencerlo, expulsándolo de sus terrenos cual furioso Catoblepas o Basilisco.

 

No puedo entender cómo un autor incapaz de distinguir evolución de darwinismo (PEP), puede haber escrito la recensión de un libro precisamente basado en tal disyuntiva. Tampoco puedo entender cómo revista alguna admite tal recensión.  A no ser que sus decisiones se tomen desde puntos de vista puramente autoritarios, lo cual quedaría pendiente de demostración de no haber sido precisamente demostrado con la aparición del segundo error principal (SEP), que no es otro que el tono autoritario de la recensión. Es decir que,  más que de una revista estaríamos hablando de un cuartel.  El cabo haciendo la recensión del soldado.  ¿Hemos llegado ya al mundo profetizado por Orwell en 1984? En algunos aspectos, parece que sí.

El darwinismo es como  un iceberg.  Su parte visible consiste en el empeño por parecer idéntico a la Evolución. Pero en un estado excitado, como por ejemplo, sometido a una presión o en un debate, el darwinista puede dar la vuelta mostrando su otra “parte”, que es la principal: Su apoyo en la autoridad más auténtica y desnuda, diríamos cuartelera. Tal comportamiento no es exclusivo del darwinismo.

Algunos portavoces de la filosofía académica podrían, poco a poco, haber tomado las riendas y modales del poder y,  desde sus revistas y cátedras intentarían así imponer una auténtica neolengua. La proliferación de fantasmas semánticos del tipo contradictio in adiecto, es decir expresiones sin significado alguno, pero que se repiten hasta la saciedad en el discurso académico, viene a apoyar esta visión. Así, es posible que el fantasma semántico del materialismo filosófico tan mencionado a lo largo y ancho de la recensión, tenga más apego (incardinación podríamos decir también) con ese otro fantasma semántico de la selección natural que es la base del darwinismo, de lo que muchos podrían imaginar. Quizás ambos están encadenados con la misma cadena o incardinados con otra cosa que planea por encima de ambos: La autoridad (SEP).  Nos encontraríamos así que, en algunos casos (no sé si decir muchos), tanto en biología como en filosófía, el diálogo no se rige por la razón sino por la autoridad. Puro Orwell. Ingsoc es Neolengua.

Con autoridad dice Pozo en su recensión:

 

Aunque solo hemos enunciado las aportaciones de los autores en que Abdalla argumenta su tesis, sí consideramos necesario mostrar nuestra postura crítica ante la forma en que presenta tales argumentos, y ello pese a la erudición que constantemente nos muestra en el texto, una erudición muy común en la inmensa mayoría de los departamentos de filosofía, en estos comienzos del siglo XXI. Estos departamentos en su mayoría se dedican a llevar a cabo una tarea de investigación doxográfica, siempre alejada del sistematismo que nos procure un aparato completo, un sistema, como lo es el del materialismo filosófico. Así pues, las argumentaciones de Abdalla están alejadas totalmente de lo que consideramos que es una tarea seria para hacer filosofía.

Demostrando que quien no se exprese, como él, en neolengua, queda fuera de juego, arrestado o fuera del cuartel. Pero además demostrando la  incomodidad de su autor por dos razones: La erudición de Abdalla y el tipo de su investigación calificada aquí como Doxográfica.  Despreciando la Erudición (dato curioso pero importante), contrapone el autor doxografía con sistematismo. No lo entiendo bien porque doxografía no está en el diccionario (sistematismo es lo que se ajusta a un sistema) pero sospecho que al autor le gustan poco las palabras con un significado claro (Erudición) y que, por el contrario algunas de sus expresiones favoritas, incluyendo el mismísimo Materialismo Filosófico y su Plana Mayor,  podrían ser, como decía, fantasmas semánticos. Pura neolengua. Ingsoc.

Dicho de otro modo, que el autor más que criticar libro alguno, viene aquí a hacer propaganda de su propio sistema: El Materialismo Filosófico,  el Ingsoc, la  Neolengua,  que, aunque escrito con minúsculas en el comentario, bien merecería mayúsculas.  Otro fantasma semántico primo hermano de la selección natural.

Para terminar y confirmando lo dicho,  vamos a buscar en qué consiste la conclusión de la recensión, o, dicho de otra manera a ver si Pozo tenía algo que decir:

Final: a modo de conclusión

Lo primero que debemos señalar aquí es que, si idealista consideramos a Kuhn y su teoría de las revoluciones científicas, idealista consideramos también a sus seguidores en cualesquiera sean los departamentos de las facultades de filosofía de cualesquier lugares del mundo. Entre ellos por tanto consideramos a Mauricio Abdalla (pese a tratar de ofuscar a lo largo de todas las páginas el punto de partida ideológico) y su tesis sobre el cambio de paradigma darwinista en el siglo en que estamos viviendo. Abdalla no tiene en cuenta que lo más fértil de la teoría de la evolución seguirá siendo valioso pese a los posibles cambios que la teoría sufra con el paso del tiempo, los cuales no tendrán porque ser drásticos, revolucionarios. Por otra parte su defensa de la armonía en la naturaleza como fundamento del nuevo paradigma biológico, que augura surgirá en el siglo en que ya estamos viviendo, no nos parece relevante. Ni la gnoseología kuhniana ni el apoyo buscado en los distintos autores que cita van a poder destruir lo que el darwinismo soporta como valioso y que seguirá siendo importante en el futuro pues, como afirma la teoría –circularista, y no rupturista– del cierre categorial, el desarrollo científico es tal por desarrollarse a partir de los logros más firmes ya dados. Dejar estos de lado a cambio de creer en la bondad del dialogo o en realidades metafísicas hacen un flaco favor a la posibilidad de conocer lo que nos rodea.

Y pregunto: ¿Qué será lo más fértil de la teoría de la Evolución? Puesto que si el autor lo trata en su conclusión final y es tan importante, lo menos que podría hacer sería decirnos de qué se trata. Pero no, no lo dice. No se preocupen,  yo se lo diré…

Lo más fértil de la teoría de la Evolución  será,  si no lo evitamos antes de 2050, la libre producción de fantasmas semánticos que permite manipular libremente la opinión del ciudadano y controlar su pensamiento: La Selección Natural, la selección inconsciente, El materialismo filosófico,  son buenos ejemplos de ello. Recuerden:

 

…..no habrá  un solo ser humano vivo que pueda  entender una conversación como la que estamos teniendo ahora……………..

 

La Teoría de la Evolución, mediante la Selección Natural, su prima  la Filosofía Materialista y otros parientes fantasmas, aportarán las herramientas al servicio del poder para adoctrinar a sus súbditos.  Ejemplos del diccionario de la Neolengua que nos demuestran que los tiempos no pasan en balde y podríamos ya estar viviendo en la realidad anticipada por Orwell en su novela 1984.  Otro autor poco sistemático.

 

 

 

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Fantasma semántico: Ejemplos de Contradictio in adiecto

 

Entre los errores habituales en el uso del lenguaje,  en particular del lenguaje científico,  nos encontramos con distintos tipos de fantasmas semánticos, es decir construcciones perversas, carentes de significado, cuya función real no es otra que dirigir el comportamiento, obligando al hablante a transitar por determinados caminos sin salida. El fantasma semántico toma distintas formas, entre ellas  la Contradictio in adiecto.

 

 

Literalmente, Contradictio in adiecto, significa una contradicción por adición, y  se refiere a adición de contrarios, es decir presencia de dos significados contradictorios en la misma expresión.

En  un párrafo denso , pero muy rico en contenidos,  de su obra titulada “Sobre la Voluntad en la Naturaleza”,  Schopenhauer aporta dos ejemplos:

 

 

Para poderse sonreír de anticipado al oír hablar de simpatía secreta o de acción mágica, es preciso hallar al mundo por completo comprensible, cosa que no cabe le suceda más que a aquel que lo mira con superficial mirada, sin sospechar siquiera que estamos sumidos en un mar de enigmas y de incomprensibilidades, y que no conocemos inmediatamente a fondo las cosas ni a nosotros mismos. La opinión opuesta a ésta es la que hace precisamente que casi todos los grandes hombres, independientemente de tiempo y nacionalidad, hayan tenido un cierto tinte de supersticiosos.  Si nuestro modo natural de conocer fuera tal que nos procurase inmediatamente las cosas en sí y, por tanto, relaciones absolutamente verdaderas de las cosas y sus respectos, estaríamos autorizados a rechazar a priori e incondicionalmente, por consiguiente, toda presciencia del futuro, todas las apariciones de ausentes o de moribundos, o aun de difuntos, y toda influencia mágica. Mas si, como enseña Kant, lo que conocemos no es más que meros fenómenos, cuyas formas y leyes no se extienden a las mismas cosas en si, es evidentemente precipitado rechazar tales fenómenos, puesto que se apoya el tal rechazo en leyes cuya a-prioridad se limita a los fenómenos, quedando fuera de ellas las cosas en si, a que tiene que pertenecer también nuestro propio yo interno. Y son estas precisamente, las cosas en sí, las que pueden tener con nosotros relaciones de que broten los citados procesos, sobre que hay que esperar decisión a posteriori, sin anticiparnos a ella..  El que los ingleses y los franceses se obstinen en rechazar a priori la autenticidad de tales procesos, depende de que están todavía sometidos en lo esencial a filosofía lockiana, según la cual no conocemos la cosa en sí más que por impresión sensible y sacándola de ésta, teniéndose inconsecuencia por incondicionadas las leyes del mundo material y sin hacer valer otra que el influjo físico. Creen por lo tanto, en una física, pero no en metafísica alguna, y no estatuyen otra magia más que la llamada “magia natural”, expresión que encierra la misma contradictio in adiecto que física sobrenatural a pesar de lo cual empléasela en serio innumerables veces, y a esta otra expresión una sola vez y ella en broma por Lichtenberg.

 

 

En este texto, Schopenhauer nos muestra dos ejemplos de Contradictio in adiecto: magia natural y física sobrenatural. Del mundo de la política y del de las finanzas se podrían obtener más  ejemplos como Soberanía popular o Deuda soberana. Un ejemplo del mundo de la ciencia puede ser la autoridad científica. Otro frecuente e importante en el mundo de la física es el de Experimento mental o experimento imaginario.

Del mundo de la literatura tenemos buenos ejemplos, así el realismo mágico. El negroblanco de Orwell es otro buen ejemplo de Contradictio in adiecto. En este caso tiene una función clara: dar la razón a quien ostenta el poder. Es decir que si un cabo ve que algo es blanco, el soldado siempre ha de verlo blanco; pero si es el soldado quien lo ve blanco, puede darse el caso de que el cabo decida que ha de ser, no blanco sino negroblanco, es decir, negro.

De la lectura de los textos de Darwin hemos obtenido,  hasta el momento,  dos buenos ejemplos de Contradictio in adiecto. Son: Selección Natural y Selección inconsciente.  Fantasmas semánticos, construcciones mentales realizadas con un objetivo muy preciso:   la obligación de  transitar obedientemente por un camino que no conduce a ninguna parte.

Nota añadida el nueve de diciembre de 2011

 

Del mundo de la filosofía y a través de una recensión que el señor JL Pozo escribió del  libro “La Crisis Latente del Darwinismo”, de Mauricio Abdalla, obtenemos un importante fantasma semántico: La filosofía materialista o el materialismo filosófico.

Echada la bola a rodar, en los comentarios a la entrada en la que se criticaba aquel comentario, surgieron otros fantasmas semánticos importantes:   inteligencia emocional, revisionismo histórico, herejías científicas, competición democrática,…...

 

Seguiremos investigando,…….

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La incapacidad de los ingleses para la filosofía

 

George Orwell,  cuya capacidad profética ha desbordado toda expectativa, no habría apostado un penique  por la capacidad de sus compatriotas en filosofía.  En su obra El León y el Unicornio, dice:

He aquí un par de generalizaciones acerca de Inglaterra, que serían aceptadas por casi todos los observadores. Una es que los ingleses no están dotados artísticamente. Ni son tan musicales como los alemanes o los italianos, ni la pintura y la escultura han florecido nunca en Inglaterra como lo han hecho en Francia. Otra es que, comparados con los europeos, los ingleses no son intelectuales. Tienen horror al pensamiento abstracto, y no sienten necesidad de filosofía alguna o de ninguna “visión del mundo” sistemática.  Y esto no es debido a que sean “prácticos”, como tan orgullosamente proclaman de sí mismos. No hay más que mirar a sus métodos de planificación urbana y abastecimiento de agua, su apego obstinado a todo lo que está pasado de moda y constituye una molestia, un sistema de pronunciación que desafía el análisis, y un sistema de pesos y medidas que es inteligible sólo para los compiladores de los libros de aritmética, para darse cuenta de lo poco que les importa la mera eficiencia. Pero tienen un cierto poder de actuar sin reflexión previa. Su mundialmente famosa hipocresía – su actitud de doble cara hacia el Imperio, por ejemplo – está ligada a esto. Además, en los momentos de crisis suprema la nación entera de repente puede actuar al unísono poniendo en práctica una especie de instinto, en realidad un código de conducta que es entendido por casi todo el mundo, aunque nunca formulado. La frase que acuñó Hitler para los alemanes, “un pueblo sonámbulo”, habría sido mejor aplicada al inglés. No es que haya algo de qué enorgullecerse en ser llamado un sonámbulo.

 

Here are a couple of generalizations about England that would be accepted by almost all observers. One is that the English are not gifted artistically. They are not as musical as the Germans or Italians, painting and sculpture have never flourished in England as they have in France. Another is that, as Europeans go, the English are not intellectual. They have a horror of abstract thought, they feel no need for any philosophy or systematic ‘world-view’. Nor is this because they are ‘practical’, as they are so fond of claiming for themselves. One has only to look at their methods of town planning and water supply, their obstinate clinging to everything that is out of date and a nuisance, a spelling system that defies analysis, and a system of weights and measures that is intelligible only to the compilers of arithmetic books, to see how little they care about mere efficiency. But they have a certain power of acting without taking thought. Their world-famed hypocrisy – their double-faced attitude towards the Empire, for instance – is bound up with this. Also, in moments of supreme crisis the whole nation can suddenly draw together and act upon a species of instinct, really a code of conduct which is understood by almost everyone, though never formulated. The phrase that Hitler coined for the Germans, ‘a sleep-walking people’, would have been better applied to the English. Not that there is anything to be proud of in being called a sleep-walker.

 

 

 

Orwell anda, como de costumbre,  acertado.   Y si no, para muestra un botón, veamos algunos desatinos de uno de los considerados “grandes de la filosofía inglesa”, Bertrand Russell. En su libro “Sobre el Poder” dice:

 

Varios deseos han dominado la labor de los filósofos. Está el deseo de conocer, y, lo que no es de modo alguno la misma cosa, el deseo de demostrar que el mundo es conocible. Están el deseo de la felicidad, el deseo de la virtud y-síntesis de ambos-el deseo de la salvación. Está el deseo del sentimiento de unión con Dios o con los demás seres humanos. Está el deseo de la belleza, el deseo del goce y, finalmente, el deseo del poder…………

 

Las grandes religiones aspiran a la virtud, pero generalmente también a algo más. El cristianismo y el budismo buscan la salvación y, en sus formas mas místicas, la unión con dios o con el Universo. Las filosofías empíricas buscan la verdad mientras que los filósofos idealistas, desde Descartes hasta Kant, buscan la certidumbre. Prácticamente todos los grandes filósofos, hasta Kant inclusive, se relacionan principalmente con los deseos correspondientes a la parte cognoscitiva de la naturaleza humana. La filosofía de Bentham y de la escuela manchesteriana consideran el placer como fin, y la riqueza como el medio principal. Las filosofías del poder de los tiempos modernos han surgido en gran parte como una reacción contra el “manchesterismo”, y como una protesta contra la opinión de que el objeto de la vida es una serie de placeres, finalidad que condenan como fragmentaria y como insuficientemente activa.

…………………

Y más adelante una frase que viene a concretar todo esto:

 

Las ilusiones altamente similares, si son expresadas por hombres cultos en un lenguaje oscuro llevan al profesorado de la filosofía.

 

Hay otros disparates, pero por hoy sirvan éstos como ejemplo. Lo dicho, tenía mucha razón Orwell.

 

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Referencias

Orwell G.  Essays. The lion and the Unicorn.

Bertrand Russell.  El poder. Un análisis social. RBA

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Función social del científico: ¿Qué es la ciencia?, un viejo artículo de Orwell


Algunas de las cuestiones que plantea éste viejo artículo de Orwell publicado por primera vez en el diario Tribune, de Londres el 26 de octubre de 1945 son de actualidad en relación con la función social del científico.  El uso ambiguo de la palabra Ciencia que sigue teniendo dos significados tan diferentes como en los tiempos de Orwell constituye todavía un grave problema. Mientras la palabra mantenga estos dos significados tan dispares, se prestará a la manipulación. Tal ambigüedad, mantenida por científicos hace imposible entenderse acerca de aspectos fundamentales de la ciencia y contribuye a ponerla en manos de intereses económicos y partidistas. El autor da algunas claves acerca de la importancia de la formación humanista del científico.

Quien quiera leerlo en su versión original en inglés puede hacerlo aquí.



¿Qué es la ciencia?

En el Tribune de la semana pasada, una interesante carta del Sr. J. Stewart Cook sugería que la mejor manera de evitar el peligro de una “jerarquía científica” consistiría en velar por que todos los miembros del público en general, en la medida de lo posible, fuesen científicamente cultos. Al mismo tiempo, los científicos deberían salir de su aislamiento y participar más en la política y la administración.

En general, creo que la mayoría de nosotros estaría de acuerdo con esto, pero me doy cuenta de que, como de costumbre, el Sr. Cook no define la ciencia, y sólo de paso, implica que se refiere a ciertas ciencias exactas, cuyos experimentos se pueden realizar bajo condiciones de laboratorio. Así, cuando al referirse a la educación de los adultos dice que tiende “a descuidar los estudios científicos en favor de temas literarios, económicos y sociales”, no considera a la economía y la sociología como ramas de la ciencia. Aparentemente. Este punto es de gran importancia. Porque la palabra ciencia en la actualidad es utilizada con, al menos, dos significados, y toda la cuestión de la educación científica es oscurecida por la tendencia actual a saltar de uno a otro.

La palabra Ciencia se toma generalmente en el sentido de (a) las ciencias exactas, tales como la química, física, etc., o (b) un método de pensamiento que obtiene resultados verificables por el razonamiento lógico de los hechos observados.

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Darwinismo: Una palabra, dos significados y un grave error semántico

La definición que el diccionario de la RAE da para la palabra darwinismo es la siguiente:

Teoría según la cual la evolución de las especies se produce por selección natural de los individuos, y se perpetúa por la herencia

 

Así incumple el diccionario las misiones declaradas en el lema de la RAE de limpiar, fijar y dar esplendor a la lengua, al presentar una definición tan incompleta e incorrecta.Incorrecta, porque no puede haber teoría científica consistente en que la evolución de las especies se produzca por selección natural de los individuos. Tal cosa es sumamente ambigua, no puede ponerse a prueba y por lo tanto, no es científica. Pero aquí, de momento, no criticaremos su incorrección sino su falta de compleción.

La definición es incompleta puesto que carece de uno de los dos significados diferentes de la palabra, el principal y el único válido. El diccionario del uso del castellano de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, escrito utilizando algunos ejemplos del mundo real, de la prensa y de la literatura es algo más claro al respecto y deja ver ya dos significados en la palabra, aunque no se moleste mucho en explicar el segundo, que es el único verdadero. En sus tres definiciones consecutivas de Darwiniano, Darwinismo y Darwinista demuestra claramente que en sus significados hay algo que no tiene nada que ver con teoría científica alguna; sin embargo, no explica claramente el qué. Dice literalmente:

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Wikipedia como neolengua de Orwell: una prueba en su entrada dedicada al Antidarwinismo


- ¿No ves que la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente?

En realidad no habrá pensamiento en el sentido en que ahora lo entendemos. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento. Nuestra ortodoxia es la inconsciencia.

George Orwell. 1984. Fragmentos del Capítulo 5.


¿Podría Wikipedia, la enciclopedia libre y democrática de Internet, responder a cierto afán de adoctrinamiento o manipulación?, ¿Incluiría tal vez entre tanta información alguna que otra con intención tendenciosa y manipuladora en cuestiones clave? ¿Estaríamos así ante un lobo con piel de cordero?

Pues bien: parece que la respuesta a todas estas preguntas va a ser que sí. Que la enciclopedia popular y democrática podría contener aquí y allá, entre sus entradas, algunas escritas, corregidas y mantenidas con la intención principal de adoctrinar a las masas tal y como proféticamente describió Orwell en su novela 1984.


En una entrada anterior encontrábamos cierta semejanza entre Wikipedia y la neolengua de Orwell. El lobo con piel de cordero. Ahora, otro ejemplo ha venido a confirmarlo, pero antes de entrar en harina, veamos algunas huellas de neolengua en tan popular enciclopedia.


Hace meses vimos como Wikipedia, que es darwinista, ejerce una censura en contra de interpretaciones no-darwinistas de la evolución.  En la discusión del artículo titulado “Evolución biológica”se puede apreciar esta censura, denunciada francamente por uno de los participantes cuando dice:

 

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