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Fin de un capítulo imposible y receta para el insomnio en el párrafo centésimo nonagésimo séptimo de El Origen de las Especies

 

Largo es éste último párrafo de tan central capítulo. Encontraremos en él gran diversidad de objetos: un ornitorrinco, un gran árbol con  sus ramitas verdes que matan a las de alrededoren la gran batalla por la vida, ramas grandes y también otras ramas caídas, de varios tamaños. Con éstas últimas así como con otros objetos variados bien podría hacerse un buen fuego.

Tan sólo un consejo en relación con este párrafo, último de tan crucial capítulo: Reservarlo para las noches de insomnio. Su lectura es soporífera.

 

 

197.

The affinities of all the beings of the same class have sometimes been represented by a great tree. I believe this simile largely speaks the truth. The green and budding twigs may represent existing species; and those produced during former years may represent the long succession of extinct species. At each period of growth all the growing twigs have tried to branch out on all sides, and to overtop and kill the surrounding twigs and branches, in the same manner as species and groups of species have at all times overmastered other species in the great battle for life. The limbs divided into great branches, and these into lesser and lesser branches, were themselves once, when the tree was young, budding twigs; and this connexion of the former and present buds by ramifying branches may well represent the classification of all extinct and living species in groups subordinate to groups. Of the many twigs which flourished when the tree was a mere bush, only two or three, now grown into great branches, yet survive and bear the other branches; so with the species which lived during long-past geological periods, very few have left living and modified descendants. From the first growth of the tree, many a limb and branch has decayed and dropped off; and these fallen branches of various sizes may represent those whole orders, families, and genera which have now no living representatives, and which are known to us only in a fossil state. As we here and there see a thin, straggling branch springing from a fork low down in a tree, and which by some chance has been favoured and is still alive on its summit, so we occasionally see an animal like the Ornithorhynchus or Lepidosiren, which in some small degree connects by its affinities two large branches of life, and which has apparently been saved from fatal competition by having inhabited a protected station. As buds give rise by growth to fresh buds, and these, if vigorous, branch out and overtop on all sides many a feebler branch, so by generation I believe it has been with the great Tree of Life, which fills with its dead and broken branches the crust of the earth, and covers the surface with its ever-branching and beautiful ramifications.

 

 

Las afinidades de todos los seres de la misma clase se han representado algunas veces por un gran árbol. Creo que este ejemplo expresa mucho la verdad; las ramitas verdes y que dan brotes pueden representar especies vivientes, y las producidas durante años anteriores pueden representar la larga sucesión de especies extinguidas. En cada período de crecimiento, todas las ramitas que crecen han procurado ramificarse por todos lados y sobrepujar y matar a los brotes y ramas de alrededor, del mismo modo que las especies y grupos de especies, en todo tiempo han dominado a otras especies en la gran batalla por la vida. Las ramas mayores, que arrancan del tronco y se dividen en ramas grandes, las cuales se subdividen en ramas cada vez menores, fueron en un tiempo, cuando el árbol era joven, ramitas que brotaban, y esta relación entre los brotes pasados y los presentes, mediante la ramificación, puede representar bien la clasificación de todas las especies vivientes y extinguidas en grupos subordinados unos a otros. De las muchas ramitas que florecieron cuando el árbol era un simple arbolillo, sólo dos o tres, convertidas ahora en ramas grandes, sobreviven todavía y llevan las otras ramas; de igual modo, de las especies que vivieron durante períodos geológicos muy antiguos, poquísimas han dejado descendientes vivos modificados. Desde el primer crecimiento del árbol, muchas ramas de todos tamaños se han secado y caído, y estas ramas caídas, de varios tamaños, pueden representar todos aquellos órdenes, familias y géneros enteros que no tienen actualmente representantes vivientes y que nos son conocidos tan sólo en estado fósil. Del mismo modo que, de vez en cuando, vemos una ramita perdida que sale de una ramificación baja de un árbol, y que por alguna circunstancia ha sido favorecida y está todavía viva en su punta, también de vez en cuando encontramos un animal, como el Ornithorhynchus o el Lepidosiren, que, hasta cierto punto, enlaza, por sus afinidades, dos grandes ramas de la vida, y que, al parecer, se ha salvado de competencia fatal por haber vivido en sitios protegidos. Así como los brotes, por crecimiento, dan origen a nuevos brotes, y éstos, si son vigorosos, se ramifican y sobrepujan por todos lados a muchas ramas más débiles, así también, a mi parecer, ha ocurrido, mediante generación, en el gran Árbol de la Vida, que con sus ramas muertas y rotas llena la corteza de la tierra, cuya superficie se llena con progresivas y hermosas  ramificaciones.

 

 

 

 

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Disparates en serie atendiendo las objeciones de Mr Watson en el párrafo centésimo nonagésimo segundo de El Origen de las Especies

 

Sigue el particular diálogo interior con Mr Watson que el autor había comenzado en el párrafo anterior. Llegados a este punto tan avanzado de un capítulo tan largo y obscuro, el autor dispone ya de una absoluta libertad que sólo puede tener como consecuencia la colección de disparates reunida en este párrafo, escasamente leído con afán crítico hasta la fecha. Me permito escribir a continuación una lista de algunos de los disparates que contiene éste jugoso párrafo. Primero en forma de lista:

 

1.

Por lo que se refiere a las condiciones puramente inorgánicas, parece probable que un número suficiente de especies se adaptaría pronto a todas las diferencias tan considerables de calor, humedad, etc

 

2.

 pero yo admito por completo que son más importantes las relaciones mutuas de los seres orgánicos, y, como el número de especies en cualquier país va aumentando, las condiciones orgánicas de vida tienen que irse haciendo cada vez más complicadas.

 

3.

 Por consiguiente, parece a primera vista que no hay límite para la diversificación ventajosa de estructura, ni, por tanto, para el número de especies que puedan producirse.

 

4.

 No sabemos que esté completamente poblado de formas específicas, ni aun el territorio más fecundo: en el Cabo de Buena Esperanza y en Australia, donde vive un número de especies tan asombroso, se han aclimatado muchas plantas europeas, y la Geología nos muestra que el número de especies de conchas, desde un tiempo muy antiguo del período terciario, y el número de mamíferos, desde la mitad del mismo período, no ha aumentado mucho, si es que ha aumentado algo.

 

5.

 La cantidad de vida -no me refiero al número de formas específicas- mantenida por un territorio dependiendo tanto como depende de las condiciones físicas ha de tener un límite, y, por consiguiente, si un territorio está habitado por muchísimas especies, todas o casi todas estarán representadas por pocos individuos y estas especies estarán expuestas a destrucción por las fluctuaciones accidentales que ocurran en la naturaleza de las estaciones o en el número de sus enemigos.

 

6.

Las especies raras -y toda especie llegará a ser rara si el número de especies de un país aumenta indefinidamente- presentarán, según el principio tantas veces explicado, dentro de un período dado, pocas variaciones favorables; en consecuencia, se retardaría de este modo el proceso de dar nacimiento a especies nuevas.

 

 

7.

Cuando cualquier especie se convierte en especie rara, los  cruzamientos cercanos contribuirán a exterminarla

 

8.

Alph. de Candolle ha demostrado que las especies que se propagan ampliamente generalmente tienden a propagarse muy ampliamente,

 

 

 

 

 

 

192.

Mr. Watson has also objected that the continued action of natural selection, together with divergence of character, would tend to make an indefinite number of specific forms. As far as mere inorganic conditions are concerned, it seems probable that a sufficient number of species would soon become adapted to all considerable diversities of heat, moisture, etc.; but I fully admit that the mutual relations of organic beings are more important; and as the number of species in any country goes on increasing, the organic conditions of life must become more and more complex. Consequently there seems at first no limit to the amount of profitable diversification of structure, and therefore no limit to the number of species which might be produced. We do not know that even the most prolific area is fully stocked with specific forms: at the Cape of Good Hope and in Australia, which support such an astonishing number of species, many European plants have become naturalised. But geology shows us, that from an early part of the tertiary period the number of species of shells, and that from the middle part of this same period, the number of mammals has not greatly or at all increased. What then checks an indefinite increase in the number of species? The amount of life (I do not mean the number of specific forms) supported on an area must have a limit, depending so largely as it does on physical conditions; therefore, if an area be inhabited by very many species, each or nearly each species will be represented by few individuals; and such species will be liable to extermination from accidental fluctuations in the nature of the seasons or in the number of their enemies. The process of extermination in such cases would be rapid, whereas the production of new species must always be slow. Imagine the extreme case of as many species as individuals in England, and the first severe winter or very dry summer would exterminate thousands on thousands of species. Rare species, and each species will become rare if the number of species in any country becomes indefinitely increased, will, on the principal often explained, present within a given period few favourable variations; consequently, the process of giving birth to new specific forms would thus be retarded. When any species becomes very rare, close interbreeding will help to exterminate it; authors have thought that this comes into play in accounting for the deterioration of the aurochs in Lithuania, of red deer in Scotland and of bears in Norway, etc. Lastly, and this I am inclined to think is the most important element, a dominant species, which has already beaten many competitors in its own home, will tend to spread and supplant many others. Alph. de Candolle has shown that those species which spread widely tend generally to spread VERY widely, consequently they will tend to supplant and exterminate several species in several areas, and thus check the inordinate increase of specific forms throughout the world. Dr. Hooker has recently shown that in the southeast corner of Australia, where, apparently, there are many invaders from different quarters of the globe, the endemic Australian species have been greatly reduced in number. How much weight to attribute to these several considerations I will not pretend to say; but conjointly they must limit in each country the tendency to an indefinite augmentation of specific forms.

 

Míster Watson ha hecho también la objeción de que la acción continua de la selección natural, junto con la divergencia de caracteres, tendería a producir un número indefinido de formas específicas. Por lo que se refiere a las condiciones puramente inorgánicas, parece probable que un número suficiente de especies se adaptaría pronto a todas las diferencias tan considerables de calor, humedad, etc.; pero yo admito por completo que son más importantes las relaciones mutuas de los seres orgánicos, y, como el número de especies en cualquier país va aumentando, las condiciones orgánicas de vida tienen que irse haciendo cada vez más complicadas. Por consiguiente, parece a primera vista que no hay límite para la diversificación ventajosa de estructura, ni, por tanto, para el número de especies que puedan producirse. No sabemos que esté completamente poblado de formas específicas, ni aun el territorio más fecundo: en el Cabo de Buena Esperanza y en Australia, donde vive un número de especies tan asombroso, se han aclimatado muchas plantas europeas, y la Geología nos muestra que el número de especies de conchas, desde un tiempo muy antiguo del período terciario, y el número de mamíferos, desde la mitad del mismo período, no ha aumentado mucho, si es que ha aumentado algo. ¿Qué es, pues, lo que impide un aumento indefinido en el número de especies? La cantidad de vida -no me refiero al número de formas específicas- mantenida por un territorio dependiendo tanto como depende de las condiciones físicas ha de tener un límite, y, por consiguiente, si un territorio está habitado por muchísimas especies, todas o casi todas estarán representadas por pocos individuos y estas especies estarán expuestas a destrucción por las fluctuaciones accidentales que ocurran en la naturaleza de las estaciones o en el número de sus enemigos. El proceso de destrucción en estos casos sería rápido, mientras que la producción de especies nuevas tiene que ser lenta. Imaginémonos el caso extremo de que hubiese en Inglaterra tantas especies como individuos, y el primer invierno crudo o el primer verano seco exterminaría miles y miles de especies. Las especies raras -y toda especie llegará a ser rara si el número de especies de un país aumenta indefinidamente- presentarán, según el principio tantas veces explicado, dentro de un período dado, pocas variaciones favorables; en consecuencia, se retardaría de este modo el proceso de dar nacimiento a especies nuevas.

 

Cuando cualquier especie se convierte en especie rara, los  cruzamientos cercanos contribuirán a exterminarla; autores han pensado que esto entre en juego en la contabilización del deterioro de los uros en Lituania, de ciervo en Escocia y de los osos en Noruega, etc Por último, y esto me inclino a pensar que es el elemento más importante, una especie dominante, que ya ha golpeado a muchos competidores en su propio hogar, tenderá a extenderse y suplantar muchos otros. Alph. de Candolle ha demostrado que las especies que se propagan ampliamente generalmente tienden a propagarse muy ampliamente, en consecuencia, tenderán a suplantar y exterminar a varias especies en varias áreas, y así frenar el aumento desmesurado de las formas específicas en todo el mundo. El doctor Hooker ha demostrado recientemente que en la esquina sureste de Australia, donde, al parecer, hay muchos invasores procedentes de diferentes barrios del planeta, las especies endémicas de Australia se han reducido considerablemente en número. No pretendo decir cuánta importancia hay que atribuir a estas varias consideraciones; pero en conjunto tienen que limitar en cada país la tendencia a un aumento indefinido de formas específicas.

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Contradicción en el párrafo septuagésimo tercero de El Origen de las Especies

 

Así es como terminaba el párrafo anterior (72):

Una variedad bien caracterizada puede, por consiguiente, denominarse especie incipiente, y si esta suposición está o no justificada, debe ser juzgado por el peso de los diferentes hechos y consideraciones que se expondrán en toda esta obra.

Pero ahora éste (73) empieza así :

No es necesario suponer que todas las variedades o especies incipientes alcancen la categoría de especies.

Es decir que algunas especies incipientes no darán lugar a especies. Entonces,…¿Por qué llamarlas especies incipientes si no lo son?

 

El autor pretende quitar peso al concepto de especie y a tal fin va aportando aquí y allá, si no argumentos, si frases, construcciones verbales, juegos de palabras. En definitiva, confusión. Todos los ejemplos recopilados en este capítulo apuntan en esta dirección, pero si se hubiese molestado en juntar ejemplos para apoyar la idea contraria, es decir la importancia del concepto de especie, entonces no le habría bastado con un capítulo.   Por muchos ejemplos que junte  a favor o en contra hay un criterio: La reproducción. Las variedades pueden entrecruzarse, las especies, no.  Pero la variación en la naturaleza,  que es el tema del capítulo,  no debe limitarse a una discusión de la importancia o no de la especie. Además existen otras categorías taxonómicas bien definidas: El género, la familia, el orden la clase y el Philum. Louis Agassiz, contemporáneo de Darwin, se había preocupado seriamente por estas categorías en un trabajo riguroso, científico y metódico del que no se han editado ni la milésima parte de la cantidad de los ejemplares de OSMNS: Essay on Classification. En el Essay, Agassiz expresaba su opinión limpiamente, sin los ambages característicos de Darwin. Decía:

 

I confess that this question as to the nature and foundation of our scientific classifications appears to me to have the deepest importance

 

 

73.

It need not be supposed that all varieties or incipient species attain the rank of species. They may become extinct, or they may endure as varieties for very long periods, as has been shown to be the case by Mr. Wollaston with the varieties of certain fossil land-shells in Madeira, and with plants by Gaston de Saporta. If a variety were to flourish so as to exceed in numbers the parent species, it would then rank as the species, and the species as the variety; or it might come to supplant and exterminate the parent species; or both might co-exist, and both rank as independent species. But we shall hereafter return to this subject.

 

No es necesario suponer que todas las variedades o especies incipientes alcancen la categoría de especies. Pueden extinguirse o pueden continuar como variedades durante larguísimos períodos, como míster Wollaston ha demostrado que ocurre en las variedades de ciertos moluscos terrestres fósiles de la isla de la Madera, y Gaston de Saporta en los vegetales. Si una variedad llegase a florecer de tal modo que excediese en número a la especie madre, aquélla se clasificaría como especie y la especie como variedad; y podría llegar a suplantar y exterminar la especie madre, o ambas podrían coexistir y ambas se clasificarían como especies independientes. Pero más adelante insistiremos sobre este asunto.

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Ejemplos de especies dudosas en el sexagésimo cuarto párrafo de El Origen de las Especies

En el primer capítulo el autor se complacía presentando grandes diferencias en variedades de paloma, sin prestar atención al hecho fundamental que consiste en que, por muy diferentes que fuesen, todas pertenecían a la misma especie. Es decir,  que el concepto de especie es muy robusto y está basado en una propiedad observable en la naturaleza que consiste en la tendencia a mantener agrupadas determinadas características y, sobre todo,  la posibilidad de reproducción entre los individuos de distinto sexo que las poseen.

 

Ante tan abrumadora evidencia el  autor mira para otro lado haciendo caso omiso de la robustez del concepto de especie.  Cuando contempla la naturaleza en el segundo capítulo, el autor vuelve a fijarse en aquellos aspectos que convienen a su visión preconcebida, es decir, carga las tintas y dedica párrafos interminables a los casos dudosos en los que no hay diferencia clara si se trata de variedades o especies.  Serán muchos, sobre todo en aquellos casos en los que las especies correspondientes hayan sido insuficientemente estudiadas.  Podría haber hecho el autor el ejercicio complementario y nos habría asombrado con la cantidad de ejemplos que la naturaleza ofrece en apoyo de la solidez del concepto de especie.

 

La siguiente frase, no sabemos por qué viene entrecomillada en el texto original, puede que el autor la haya tomado de otro texto sin indicarlo. En cualquier caso no es correcta:

“No hay ninguna prueba posible, sino la opinión individual para determinar cuáles de ellos serán considerados como especies y cuáles variedades”.

 

Y es discutible en su contexto:

 

Las razas geográficas o subespecies son formas locales completamente fijas y aisladas, pero como no se diferencian entre sí por caracteres muy marcados e importantes, “No hay ninguna prueba posible, sino la opinión individual para determinar cuáles de ellos serán considerados como especies y cuáles variedades”.

Evidentemente, ante la falta de estudio, no hay prueba. Las pruebas sólo surgen como consecuencia del estudio que ha de consistir en la aplicación de una serie de métodos basados en criterios adecuados. Por ejemplo, si las razas a las que se refiere el autor pueden reproducirse entre sí, entonces pertenecen a la misma especie.

Parece que el autor cultiva la secreta intención de que la naturaleza le vaya mostrando lo que el espera encontrar. Descuida así el autor un aspecto importante que consiste en que  la tarea del naturalista es interpretar la naturaleza, no imponerle  su criterio.

 

64.

That varieties of this doubtful nature are far from uncommon cannot be disputed. Compare the several floras of Great Britain, of France, or of the United States, drawn up by different botanists, and see what a surprising number of forms have been ranked by one botanist as good species, and by another as mere varieties. Mr. H.C. Watson, to whom I lie under deep obligation for assistance of all kinds, has marked for me 182 British plants, which are generally considered as varieties, but which have all been ranked by botanists as species; and in making this list he has omitted many trifling varieties, but which nevertheless have been ranked by some botanists as species, and he has entirely omitted several highly polymorphic genera. Under genera, including the most polymorphic forms, Mr. Babington gives 251 species, whereas Mr. Bentham gives only 112—a difference of 139 doubtful forms! Among animals which unite for each birth, and which are highly locomotive, doubtful forms, ranked by one zoologist as a species and by another as a variety, can rarely be found within the same country, but are common in separated areas. How many of the birds and insects in North America and Europe, which differ very slightly from each other, have been ranked by one eminent naturalist as undoubted species, and by another as varieties, or, as they are often called, geographical races! Mr. Wallace, in several valuable papers on the various animals, especially on the Lepidoptera, inhabiting the islands of the great Malayan Archipelago, shows that they may be classed under four heads, namely, as variable forms, as local forms, as geographical races or sub-species, and as true representative species. The first or variable forms vary much within the limits of the same island. The local forms are moderately constant and distinct in each separate island; but when all from the several islands are compared together, the differences are seen to be so slight and graduated that it is impossible to define or describe them, though at the same time the extreme forms are sufficiently distinct. The geographical races or sub-species are local forms completely fixed and isolated; but as they do not differ from each other by strongly marked and important characters, “There is no possible test but individual opinion to determine which of them shall be considered as species and which as varieties.” Lastly, representative species fill the same place in the natural economy of each island as do the local forms and sub-species; but as they are distinguished from each other by a greater amount of difference than that between the local forms and sub-species, they are almost universally ranked by naturalists as true species. Nevertheless, no certain criterion can possibly be given by which variable forms, local forms, sub species and representative species can be recognised.

 

Es indiscutible que las variedades de esta naturaleza dudosa distan mucho de ser raras. Compárense las diversas floras de la Gran Bretaña, de Francia y de los Estados Unidos, escritas por diferentes naturalistas, y véase qué número tan sorprendente de formas han sido clasificadas por un botánico como buenas especies y por otro como simples variedades. Míster H. C. Watson, al cual estoy muy agradecido por auxilios de todas clases, me ha señalado 182 plantas británicas que son consideradas generalmente como variedades, pero que han sido todas clasificadas como especies por algunos botánicos, y al hacer esta lista omitió muchas variedades insignificantes que, no obstante, han sido clasificadas por algunos botánicos como especies, y ha omitido por completo varios géneros sumamente polimorfos. En los géneros que encierran las formas más polimorfas, míster Babington cita 251 especies, mientras que míster Bentha cita solamente 112. ¡Una diferencia de 139 formas dudosas! Entre los animales que se unen para cada cría y que cambian mucho de lugar, rara vez pueden hallarse en un mismo país formas dudosas clasificadas por un zoólogo como especies y por otro como variedades; pero son comunes en territorios separados. ¡Cuántos pájaros e insectos de América del Norte y de Europa que difieren entre sí ligerísimamente han sido clasificados por un naturalista eminente como especies dudosas y por otro como variedades, o razas geográficas,  Mr. Wallace, en varios documentos de valor en los distintos animales, especialmente en los lepidópteros, que habitan en las islas del gran archipiélago malayo, demuestra que se pueden clasificar en cuatro capítulos, a saber, las formas variables, como las formas locales, las razas geográficas o sub-especies, y como especies representativas verdaderas. Las primeras formas o variables varían mucho dentro de los límites de la misma isla. Las formas locales son medianamente constantes y distintas en cada isla por separado, pero cuando todos los de las islas se comparan varios juntos, las diferencias se ven tan ligeras y graduales en que es imposible de definir o describirlas, aunque al mismo tiempo la formas extremas son lo suficientemente distintas. Las razas geográficas o subespecies son formas locales completamente fijas y aisladas, pero como no se diferencian entre sí por caracteres muy marcados e importantes, “No hay ninguna prueba posible, sino la opinión individual para determinar cuáles de ellos serán considerados como especies y cuáles variedades”. Por último, las especies representativas ocupan el mismo lugar en la economía natural de cada isla, al igual que las formas locales y subespecies, pero a medida que se distinguen entre sí por una mayor cantidad de diferencia que la existente entre las formas locales y subespecies, son casi universalmente tomadas entre los naturalistas viajeros como especies verdaderas. Sin embargo, no hay un criterio determinado, posiblemente, que pueda darse por el cual las formas variables, las formas locales, las especies y sub especies representativas se puedan reconocer.

 

Y,  para terminar, parafraseando al autor:

 

………as some few naturalists have honestly confessed…….

…..como pocos naturalistas han confesado con sinceridad…

En serio, …..¿A esto llama el autor tratar sobre la variación en la naturaleza?


 


 

 

 

 

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Guía a seguir (bandwagon fallacy) en caso de duda en el sexagésimo tercer párrafo de El Origen de las Especies

 

Encontramos en éste párrafo al sentido común del autor en su momento de máximo esplendor: ¿Qué haremos si dos tipos son distintos, se tratará de especies diferentes o será más bien variedades? La respuesta es tajante:

the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow.

 

Afinando todavía más:

 

We must, however, in many cases, decide by a majority of naturalists

 

Nos encontramos ante un argumento contundentemente anti-científico:  Ante la duda, seguir los criterios de la mayoría.

 

De nuevo un ejemplo de Falacia ad Populum,  también llamada en ocasiones Bandwagon fallacy.

De haber seguido este esquema anti-científico, nada habrían podido contra la mayoría los razonamientos y los trabajos de Copérnico,  Galileo,  Newton o Euler.  Mucho más sencillo  habría sido aplicar este criterio democrático que el autor propone.  Adiós a esa fea costumbre de  dudar y  discutir las opiniones de la mayoría, costumbre propia de gente recia y pertinaz, de colmillo retorcido.  Nada de opiniones,  fuera la originalidad.  Suban todos al vagón.  Las opiniones de uno serán siempre nada frente al peso de una buena mayoría.

Por otra parte, cualquier cosa será válida si hemos conseguido que la mayoría la crea. Por lo tanto, sólo falta conocer ciertas estrategias que existen para hacer creer a la gente.  Seguro que las hay. Nuestro candoroso autor las revelará en alguna ocasión, más adelante,…..

 

 

 

 

 

63.

Hence, in determining whether a form should be ranked as a species or a variety, the opinion of naturalists having sound judgment and wide experience seems the only guide to follow. We must, however, in many cases, decide by a majority of naturalists, for few well-marked and well-known varieties can be named which have not been ranked as species by at least some competent judges.

 

De aquí que, al determinar si una forma ha de ser clasificada como especie o como variedad, la opinión de los naturalistas de buen juicio y amplia experiencia parece la única guía que seguir. En muchos casos, sin embargo, tenemos que decidir por mayoría de naturalistas, pues pocas variedades bien conocidas y caracterizadas pueden mencionarse que no hayan sido clasificadas como especies, a lo menos por algunos jueces competentes

 


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Trece párrafos dedicados a las especies dudosas comienzan con una advertencia en el sexagésimo segundo párrafo de El Origen de las Especies

 

Sin mención ni definición alguna de las categorías taxonómicas, otra que la pobres definiciones dadas de Especie y Variedad; olvidándose por completo de las categorías tan importantes de Género, Familia, Orden y Clase, continúa nuestro autor su capítulo dedicado a la variación en la naturaleza y aborda ahora cuestión tan espinosa como la de las especies dudosas, a la que dedicará trece párrafos, llevándonos casi al final del capítulo.

¿Qué pretende el autor al escribir un capítulo sobre variación en la naturaleza centrado en las excepciones y no en las reglas?

 

Lo que pretende es muy sencillo: Restar importancia al concepto de especie.

 

A tal fin emplea dos estrategias.

La primera, propia del capítulo primero (variación en estado doméstico), consiste en hacer ver que las diferencias entre variedades son del mismo tipo que las diferencias entre especies. Ya vimos cómo después de muchos párrafos, el autor debía reconocer el fracaso de su argumento,  indicando que todas las variedades de paloma pertenecen a la misma especie. Ahora, en este capítulo segundo el autor cambia de estrategia y muestra su empeño por demostrar que en la naturaleza hay una variación continua. A tal efecto, se extiende ampliamente en la descripción de casos dudosos que pueden ser considerados como especies o variedades, antes de proceder a un meticuloso recuento que el autor promete no hacer. Bien puede dedicar el autor trece, trece mil párrafos,  o los que quisiera a la descripción de casos dudosos. También podrían dedicarse otros trece, o trece mil o todavía más a la descripción meticulosa de casos en los que, sin lugar a dudas, una especie está bien definida, por la labor eficaz de la taxonomía, fundamento secular de la Historia Natural, y de la biología. No es  vana la tarea de los  botánicos: Adanson, Banks, Lamarck, Linneo, Jussieu, . ….Al contrario, sirve  para reducir las dificultades que el autor describe ahora como un hallazgo digno de mención.

Nos advierte de la dificultad del tema:

But cases of great difficulty, which I will not here enumerate, sometimes arise in deciding whether or not to rank one form as a variety of another,…….

 

Pero a veces surgen casos de gran dificultad, que yo no enumeraré aquí, al decidir si hay que clasificar o no una forma como variedad de otra,

 

Y deja abierta la puerta de la conjetura:

 

and here a wide door for the entry of doubt and conjecture is opened.

y aquí queda abierta una amplia puerta para dar entrada a todo tipo de dudas y conjeturas.

 

La duda planteada en el párrafo sexagésimo, no se ha resuelto ni en éste ni en los que siguen. Para tratar sobre El Origen de las Especies no se pueden  dedicar cuarenta y siete párrafos a  la variación en estado doméstico y  veintiocho a la variación en la naturaleza. Sería necesario más espacio para condensar todos los conocimientos y resultados de la taxonomía, y no resulta equilibrado dedicar de los veintiocho párrafos de variación en la naturaleza,  unos cuantos a divagaciones varias y trece a especies dudosas. En conclusión, es evidente que el contenido de la obra se encuentra sesgado. El autor se está poniendo en evidencia cuando dice que las formas dudosas son las que más le interesan:

 

Las formas que poseen en grado algo considerable el carácter de especie, pero que son tan semejantes a otras formas, o que están tan estrechamente unidas a ellas por gradaciones intermedias, que los naturalistas no quieren clasificarlas como especies distintas, son, por varios conceptos, las más importantes para nosotros.

 

¿Por qué? Pues sencillamente porque lo que quiere es, lo veíamos arriba, restar importancia al concepto de especieA tal fin presenta una visión parcial más propia de una ideología que de un tratado científico.

 

¿Nos encontramos ante un tratado científico o ante la exposición de una ideología?, ¿Alguien puede por favor ayudarnos en esta disyuntiva? ¿Tal vez la resolveremos en la obra de algún lingüista o semiólogo? Pronto lo veremos…..

 

 

 

62.

The forms which possess in some considerable degree the character of species, but which are so closely similar to other forms, or are so closely linked to them by intermediate gradations, that naturalists do not like to rank them as distinct species, are in several respects the most important for us. We have every reason to believe that many of these doubtful and closely allied forms have permanently retained their characters for a long time; for as long, as far as we know, as have good and true species. Practically, when a naturalist can unite by means of intermediate links any two forms, he treats the one as a variety of the other, ranking the most common, but sometimes the one first described as the species, and the other as the variety. But cases of great difficulty, which I will not here enumerate, sometimes arise in deciding whether or not to rank one form as a variety of another, even when they are closely connected by intermediate links; nor will the commonly assumed hybrid nature of the intermediate forms always remove the difficulty. In very many cases, however, one form is ranked as a variety of another, not because the intermediate links have actually been found, but because analogy leads the observer to suppose either that they do now somewhere exist, or may formerly have existed; and here a wide door for the entry of doubt and conjecture is opened.

 

Las formas que poseen en grado algo considerable el carácter de especie, pero que son tan semejantes a otras formas, o que están tan estrechamente unidas a ellas por gradaciones intermedias, que los naturalistas no quieren clasificarlas como especies distintas, son, por varios conceptos, las más importantes para nosotros. Tenemos todo fundamento para creer que muchas de estas formas dudosas y muy afines han conservado fijos sus caracteres durante largo tiempo, tan largo, hasta donde nosotros podemos saberlo, como las buenas y verdaderas especies. Prácticamente, cuando el naturalista puede unir mediante formas intermedias dos formas cualesquiera, considera la una como variedad de la otra, clasificando la más común -o a veces la descrita primero- como especie, y la otra como variedad. Pero a veces surgen casos de gran dificultad, que yo no enumeraré aquí, al decidir si hay que clasificar o no una forma como variedad de otra, aun cuando estén estrechamente unidas por formas intermedias; y tampoco suprimirá siempre la dificultad la naturaleza híbrida -comúnmente admitida- de las formas intermedias. En muchísimos casos, sin embargo, se clasifica una forma como variedad de otra, no porque se hayan encontrado realmente los eslabones intermedios, sino porque la analogía lleva al observador a suponer que éstos existen actualmente en alguna parte o pueden haber existido antes, y aquí queda abierta una amplia puerta para dar entrada a las conjeturas y a la duda.

 


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Las mimbres y el cesto: la ciencia brilla por su ausencia en OSMNS

 

Llevamos leidos cinco párrafos de los veintisiete que componen el segundo capítulo de El Origen de las Especies por medio de la Selección Natural (Origin of Species by Means of Natural Selection; OSMNS) y, hasta ahora hemos visto bien poco acerca de lo que promete su título: Sobre la Variación en la Naturaleza.

La taxonomía brilla por su ausencia. No se nos ha explicado qué son las Categorías Taxonómicas.  De la definición de especie mejor no hablar, de la de variedad, menos. Ni se mencionan las categorías de Género, FamiliaÓrden y Clase, como si en la naturaleza todo estuviese dispuesto de cualquier manera, o, como si dijésemos, ahí tirado.

Por otra parte nos ha llamado la atención descubrir que el autor carece de titulación académica.  Ni es médico como lo fueron muchos naturalistas ilustres del XIX, ni tiene formación académica alguna en Ciencia. Además su horario de trabajo, según indica en sus propias memorias es más bien laxo, con jornadas comprendidas entre cero y cuatro horas y cuarto.

Finalmente, el autor que conoce bien lo que es la tautología y la acusa poniendo un buen ejemplo de ella,  la consiente sin dudarlo en su obra: La selección natural, la supervivencia del más apto, una pura tautología,  es eje central y elemento clave sobre el que montará toda su explicación del origen de las especies (OSMNS). Ocurre igual que con la taxonomía, disciplina a la que se aplica con tesón para sus investigaciones, pero a la que no da gran importancia cuando trata de ella en el capítulo segundo de su obra. Parece así estar aplicando un criterio especial, poco riguroso, al  escribir esta obra. El reino de la ambigüedad.

Resulta difícil creer cómo con estos mimbres se pueda tejer la que se considera obra fundamental en Biología y por eso seguimos pertinazmente leyéndola (OSMNS).  Ya veremos  si,  en un momento dado, en algún párrafo suena la flauta y  conseguimos encontrar su esencia, o al menos, encontrarle algún contenido de interés.  De momento,  no hay suerte y lo que encontramos en OSMNS se corresponde con exactitud con lo esperado para obra tejida con tan pobres  mimbres: Un pobre cesto . La ciencia brilla por su ausencia en OSMNS.

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Esperando la explicación prometida se encuentran algunas falacias en el párrafo sexagésimo primero de El Origen de las Especies

 

Había terminado el párrafo anterior con la promesa de una explicación de esta manera:

 

Me inclino a sospechar que, por lo menos en algunos de estos géneros polimorfos, vemos variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie, y que, por consiguiente, la selección natural no ha recogido ni precisado, según se explicará más adelante.

 

¿Nos explicará alguna una vez el autor  cómo ha intervenido la selección natural para recoger variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie? Sospecho que no. Antes  debería dar una explicación de lo que es la Selección Natural, para lo cual a su vez, debería haber empezado por el principio definiendo bien lo que entiende por selección:

Initium doctrinae sit consideratio nominis (principio de toda doctrina es la consideración o estudio de su nombre) decía Epicteto, citado por don Luis Mendizábal en su Tratado de Derecho Natural, quien añadía: “y a la verdad, examinar la significación de los términos, suele ayudar no poco a descubrir la naturaleza de las cosas por ellos representadas” .

La naturaleza no es clara;  su intérprete en esta gran obra tan celebrada y que tanto tiempo nos consume (OSMNS),  menos. A menudo parece  que su intención es crear la confusión. A tal efecto la obra está llena de falacias de todo tipo. Veamos algunos ejemplos:

1. Falacia ad populum (Argumentum ad populum). Al principio del párrafo:

Como todo el mundo sabe, los individuos de la misma especie presentan muchas veces, independientemente de la variación, grandes diferencias de conformación, como ocurre en los dos sexos de diversos animales, en las dos o tres clases de hembras estériles u obreras en los insectos, y en los estados joven y larvario de muchos de los animales inferiores

Al decir al principio de la frase Como todo el mundo sabe, impone su argumento mediante la aprobación popular. A continuación puede decir cualquier cosa que deberá admitirse porque todo el mundo la admite. Pero: ¿Cuáles son las diferencias independientes de la variación? Ninguna.

2. Falacia ad ignorantiam (Argumentum ad ignorantiam). Cuando el autor no encuentra lo que espera, se lo imagina. Lanza su argumento sin prueba alguna:

Aunque en la mayor parte de estos casos las dos o tres formas, tanto en los animales como en los vegetales, no están hoy unidas por gradaciones intermedias, es probable que en otro tiempo estuviesen unidas de este modo.

Y la simplificación a veces alcanza cotas inesperadas:

Nevertheless these cases are only exaggerations of the common fact that the female produces offspring of two sexes which sometimes differ from each other in a wonderful manner.

Sin embargo, estos casos son exageraciones sólo del hecho común de que la hembra produce crías de ambos sexos que a veces difieren entre sí de una manera maravillosa.

Da la sensación de que el autor estaría más a gusto si la naturaleza fuese más dócil. Si en la naturaleza no se presentasen exageraciones, sino tan solo el “hecho común” que el podría administrar a su gusto. Empero la nota dominante es siempre la contradicción, la ambigüedad, que a veces explota incontenible como al final del párrafo:

Sin embargo, estos casos son exageraciones sólo del hecho común de que la hembra produce crías de ambos sexos que a veces difieren entre sí de una manera maravillosa.

¿Qué quiere decir que es hecho común que las crías de ambos sexos difieren de manera maravillosa? ¿Acaso no hay contradicción entre hecho común y maravilloso? ¿Es lícito llamar exageraciones a casos naturales?

 

 

61.

Individuals of the same species often present, as is known to every one, great differences of structure, independently of variation, as in the two sexes of various animals, in the two or three castes of sterile females or workers among insects, and in the immature and larval states of many of the lower animals. There are, also, cases of dimorphism and trimorphism, both with animals and plants. Thus, Mr. Wallace, who has lately called attention to the subject, has shown that the females of certain species of butterflies, in the Malayan Archipelago, regularly appear under two or even three conspicuously distinct forms, not connected by intermediate varieties. Fritz Muller has described analogous but more extraordinary cases with the males of certain Brazilian Crustaceans: thus, the male of a Tanais regularly occurs under two distinct forms; one of these has strong and differently shaped pincers, and the other has antennae much more abundantly furnished with smelling-hairs. Although in most of these cases, the two or three forms, both with animals and plants, are not now connected by intermediate gradations, it is possible that they were once thus connected. Mr. Wallace, for instance, describes a certain butterfly which presents in the same island a great range of varieties connected by intermediate links, and the extreme links of the chain closely resemble the two forms of an allied dimorphic species inhabiting another part of the Malay Archipelago. Thus also with ants, the several worker-castes are generally quite distinct; but in some cases, as we shall hereafter see, the castes are connected together by finely graduated varieties. So it is, as I have myself observed, with some dimorphic plants. It certainly at first appears a highly remarkable fact that the same female butterfly should have the power of producing at the same time three distinct female forms and a male; and that an hermaphrodite plant should produce from the same seed-capsule three distinct hermaphrodite forms, bearing three different kinds of females and three or even six different kinds of males. Nevertheless these cases are only exaggerations of the common fact that the female produces offspring of two sexes which sometimes differ from each other in a wonderful manner.

 

 

Como todo el mundo sabe, los individuos de la misma especie presentan muchas veces, independientemente de la variación, grandes diferencias de conformación, como ocurre en los dos sexos de diversos animales, en las dos o tres clases de hembras estériles u obreras en los insectos, y en los estados joven y larvario de muchos de los animales inferiores. Existen también casos de dimorfismo y trimorfismo, tanto en los animales como en las plantas. Así, míster Wallace, que ha llamado recientemente la atención sobre este asunto, ha señalado que las hembras de algunas especies de mariposas en el Archipiélago Malayo, aparecen normalmente bajo dos, y aun bajo tres, formas notablemente distintas, no enlazadas por variedades intermedias. Fritz Müller ha descrito casos análogos, pero aún más extraordinarios, en los machos de ciertos crustáceos del Brasil: así, el macho de un Tanais se presenta normalmente bajo dos formas distintas: una de ellas tiene pinzas fuertes y de diferente hechura, y la otra tiene las antenas provistas de pelos olfativos mucho más abundantes. Aunque en la mayor parte de estos casos las dos o tres formas, tanto en los animales como en los vegetales, no están hoy unidas por gradaciones intermedias, es probable que en otro tiempo estuviesen unidas de este modo. Míster Wallace, por ejemplo, describe cierta mariposa que, en la misma isla, presenta una gran serie de variedades unidas por eslabones intermedios, y los eslabones extremos de la cadena se asemejan a las dos formas de una especie dimórfica relacionada que habita en otra parte del Archipiélago Malayo. Así también con las hormigas, las diversas castas de los trabajadores en general son bastante distintas, pero en algunos casos, como veremos después, las castas están conectadas entre sí por variedades finamente graduadas. Así ocurre, como yo mismo he observado, con algunas plantas dimorfas. Ciertamente, a primera vista parece un hecho muy notable que la misma mariposa hembra debe tener la capacidad de producir al mismo tiempo tres formas distintas femeninas y una masculina, y que una planta hermafrodita debe producir de la misma cápsula de la semilla tres formas distintas hermafroditas, teniendo tres tipos diferentes de hembras y tres o incluso seis tipos diferentes de machos. Sin embargo, estos casos son exageraciones sólo del hecho común de que la hembra produce crías de ambos sexos que a veces difieren entre sí de una manera maravillosa.

 

 

Imagen: Ejemplo del “hecho común” al que se refiere el autor al final de este párrafo. Tomada de Focuspsychology.

Referencia

[1] SANCHO IZQUIERDO, Miguel, Tratado elemental de Filosofía del Derecho y Principios de Derecho Natural. Segunda edición, Librería General, Zaragoza, 1944, pp. 7 y 8.

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Epíteto mal traducido y eterna promesa de una explicación futura en el sexagésimo párrafo de El Origen de las Especies

El autor no pone mucho cuidado en distinguir lo que son diferencias individuales de las diferencias entre especies, pero esto no nos sorprende porque las categorías taxonómicas es algo que no le preocupa lo más mínimo. Si su definición de especie es peregrina, la de género,  familia, orden o clase,  no aparecen por ningún lado.

Donde  en inglés dice:

in which species present an inordinate amount of variation

Se ha traducido a veces:

en los cuales las especies presentan una extraordinaria variación

 

Pero la  traducción correcta del epíteto inordinate es inmoderado o excesivo, con lo cual en español la frase es:

en los cuales las especies presentan una inmoderada variación

 

O bien:

en los cuales las especies presentan una variación excesiva

Pero,…….: ¿Quién puede aspirar a la objetividad si encuentra en la naturaleza aspectos inmoderados o excesivos?

Lo correcto sería decir simplemente:

 

in which species present a great amount of variation

en los cuales las especies presentan una gran variación

 

Esto sería más exacto, pero iría contra la retórica pomposa del autor a quien como en otros casos,  una traducción justa habría puesto en evidencia, revelando la incorrección.  El autor habla de la naturaleza como quien habla de una obra humana. A un edificio, a una granja, a un cuartel se pueden aplicar los epítetos inmoderado o excesivo; a una obra de la naturaleza, no. Ni el Kilimanjaro es inmoderado ni el Nilo excesivo.

 

La frase final tiene mucha gracia y nos deja en suspense en espera de una explicación que nunca llegará:

 

I am inclined to suspect that we see, at least in some of these polymorphic genera, variations which are of no service or disservice to the species, and which consequently have not been seized on and rendered definite by natural selection, as hereafter to be explained.

 

Me inclino a sospechar que, por lo menos en algunos de estos géneros polimorfos, vemos variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie, y que, por consiguiente, la selección natural no ha recogido ni precisado, según se explicará más adelante.

 

There is one point connected with individual differences which is extremely perplexing: I refer to those genera which have been called “protean” or “polymorphic,” in which species present an inordinate amount of variation. With respect to many of these forms, hardly two naturalists agree whether to rank them as species or as varieties. We may instance Rubus, Rosa, and Hieracium among plants, several genera of insects, and of Brachiopod shells. In most polymorphic genera some of the species have fixed and definite characters. Genera which are polymorphic in one country seem to be, with a few exceptions, polymorphic in other countries, and likewise, judging from Brachiopod shells, at former periods of time. These facts are very perplexing, for they seem to show that this kind of variability is independent of the conditions of life. I am inclined to suspect that we see, at least in some of these polymorphic genera, variations which are of no service or disservice to the species, and which consequently have not been seized on and rendered definite by natural selection, as hereafter to be explained.

 

Existe un punto relacionado con las diferencias individuales que es en extremo desconcertante: me refiero a aquellos géneros que han sido llamados proteos o polimorfos, en los cuales las especies presentan una extraordinaria variación. Por lo que se refiere a muchas de estas formas, difícilmente dos naturalistas se ponen de acuerdo en clasificarlas como especies o como variedades. Podemos poner como ejemplo Rubus, Rosa y Hieracium, entre las plantas; algunos géneros de insectos y de braquiópodos. En la mayor parte de los géneros polimorfos, algunas de las especies tienen caracteres fijos y definidos. Los géneros que son polimorfos en un país parecen ser, con pocas excepciones, polimorfos en otros países, y también -a juzgar por los braquiópodos- en períodos anteriores. Estos hechos son muy desconcertantes, porque parecen demostrar que esta clase de variabilidad es independiente de las condiciones de vida. Me inclino a sospechar que, por lo menos en algunos de estos géneros polimorfos, vemos variaciones que no son ni de utilidad ni de perjuicio para la especie, y que, por consiguiente, la selección natural no ha recogido ni precisado, según se explicará más adelante.

 

 

Imagen: Polyommatus icarus, una especie, al parecer, polimorfa. Tomada de  Asturnatura.com

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Como un fantasma (semántico): sorprendente entrada de la Selección Natural junto a la descripción de un razonamiento circular en el párrafo quincuagésimo noveno de El Origen de las Especies

 

Después de una breve pero impresionante introducción al segundo capítulo, tres párrafos a partir del quincuagésimo noveno tratan de las diferencias individuales. Curiosa manera de describir de la variación en la naturaleza, puesto que otros aspectos merecerían tal vez considerarse antes que las diferencias individuales.

Aquí si que se toma la molestia el autor de dar una definición, aunque algo cuestionable puesto que las diferencias individuales ni tienen por qué darse en una localidad confinada, ni tienen por qué darse en la descendencia de los mismos parentales, ni tampoco tienen por que ser las más ligeras.

 

Las diferencias individuales son las que tienen lugar entre individuos, viene a decir.  O ,….más exactamente en otra de sus frases lapidarias:

 

No one supposes that all the individuals of the same species are cast in the same actual mould

Es decir:

Nadie supone que todos los individuos de la misma especie estén fundidos absolutamente en el mismo molde

 

Cierto. Decir lo contrario habría sido equivalente a admitir el círculo cuadrado o el negroblanco. Aunque puede ser que todos los individuos de una misma especie respondan a la misma idea, compartan características o se parezcan, no es correcto decir que todos están fundidos en el mismo molde.  Al menos,  no antes de haber visto el molde.  Siendo tal visión improbable, tal y como ocurre el desarrollo de los organismos, parece acertado el autor al indicar ausencia de moldes.   Otra cosa son, como digo, las ideas, terreno muy lejano al autor, quien sigue así con su costumbre de introducir un tema de manera obvia, para luego pasar a los disparates. Una manera de solipsismo, o de hablar consigo mismo. Boxeando con su propia sombra,  pero en terrenos peligrosos en los que  fácilmente se pasa de la obviedad al error porque leemos:

 

These individual differences are of the highest importance for us, for they are often inherited, as must be familiar to every one; and they thus afford materials for natural selection to act on and accumulate, in the same manner as man accumulates in any given direction individual differences in his domesticated productions.

 

Es decir:

 

Estas diferencias individuales son de la mayor importancia para nosotros, porque frecuentemente, como es muy conocido de todo el mundo, son hereditarias, y aportan así materiales para que la selección natural actúe sobre ellas y las acumule, de la misma manera que el hombre acumula en una dirección dada las diferencias individuales de sus producciones domésticas

 

Y esto es una sarta de disparates. En primer lugar, las diferencias individuales no tienen por qué ser hereditarias. Además,  el hombre no acumula diferencias individuales mediante selección, sino mediante mejora (selección y mejora son cosas diferentes; mejora, además de selección incluye apareamiento con descendencia). La selección es según la RAE, Acción y efecto de elegir a una o varias personas o cosas entre otras, separándolas de ellas y prefiriéndolas. Acción y efecto de elegir,  voluntariamente y con una finalidad, en el caso de la mejora genética.

Si la naturaleza no es favorable, no hay mejora y toda selección es inútil. Selección implica intención, voluntad. En la naturaleza no hay intención y, por lo tanto,  en la naturaleza no hay selección. La idea de selección natural se ha introducido ilícitamente como consecuencia de que el autor no entiende el significado de selección (acción voluntaria humana) y tampoco entiende que la selección es parte del proceso de mejora.

 

Párrafos atrás el autor había dicho que el tipo de condiciones es de importancia secundaria en comparación a la naturaleza del organismo en la determinación de cada forma particular de variación. Cierto. Pues ahora debería haber tenido en cuenta que el hombre no puede mejorar sólo mediante selección puesto que después de la selección vendrá un proceso de cruzamientos dirigidos (este es el plan de un programa de mejora, actividad que incluye la selección, pero que va más allá de ella, mientras que el autor confunde ambas).

Al final del párrafo se incluye un buen ejemplo de razonamiento circular, con lo cual podemos deducir que  el autor sabía bien lo que hacía al introducir la tautología de la selección natural y que, por lo tanto,   aplica un rasero diferente, más estricto para otros autores y menos estricto,  más relajado para sí mismo. No será la única vez que, en esta obra, observemos tal contradicción, tan ajena a la ciencia y muy propia del discurso ideológico o autoritario. Pero para tratar acerca del discurso ideológico o autoritario necesitaremos acudir a otros autores y lo haremos en próximas ocasiones. Entretanto, no se pierdan la frase a que me refiero, es la última del párrafo:

 

 

 

59.

 

The many slight differences which appear in the offspring from the same parents, or which it may be presumed have thus arisen, from being observed in the individuals of the same species inhabiting the same confined locality, may be called individual differences. No one supposes that all the individuals of the same species are cast in the same actual mould. These individual differences are of the highest importance for us, for they are often inherited, as must be familiar to every one; and they thus afford materials for natural selection to act on and accumulate, in the same manner as man accumulates in any given direction individual differences in his domesticated productions. These individual differences generally affect what naturalists consider unimportant parts; but I could show, by a long catalogue of facts, that parts which must be called important, whether viewed under a physiological or classificatory point of view, sometimes vary in the individuals of the same species. I am convinced that the most experienced naturalist would be surprised at the number of the cases of variability, even in important parts of structure, which he could collect on good authority, as I have collected, during a course of years. It should be remembered that systematists are far from being pleased at finding variability in important characters, and that there are not many men who will laboriously examine internal and important organs, and compare them in many specimens of the same species. It would never have been expected that the branching of the main nerves close to the great central ganglion of an insect would have been variable in the same species; it might have been thought that changes of this nature could have been effected only by slow degrees; yet Sir J. Lubbock has shown a degree of variability in these main nerves in Coccus, which may almost be compared to the irregular branching of the stem of a tree. This philosophical naturalist, I may add, has also shown that the muscles in the larvae of certain insects are far from uniform. Authors sometimes argue in a circle when they state that important organs never vary; for these same authors practically rank those parts as important (as some few naturalists have honestly confessed) which do not vary; and, under this point of view, no instance will ever be found of an important part varying; but under any other point of view many instances assuredly can be given.

 

 

 

 

Las muchas diferencias ligeras que aparecen en la descendencia de los mismos padres, o que puede presumirse que han surgido así por haberse observado en individuos de una misma especie que habitan una misma localidad confinada, pueden llamarse diferencias individuales. Nadie supone que todos los individuos de la misma especie estén fundidos absolutamente en el mismo molde. Estas diferencias individuales son de la mayor importancia para nosotros, porque frecuentemente, como es muy conocido de todo el mundo, son hereditarias, y aportan así materiales para que la selección natural actúe sobre ellas y las acumule, de la misma manera que el hombre acumula en una dirección dada las diferencias individuales de sus producciones domésticas. Estas diferencias individuales afectan generalmente a lo que los naturalistas consideran como partes sin importancia; pero podría demostrar, mediante un largo catálogo de hechos, que partes que deben llamarse importantes, tanto sí se las mira desde un punto fisiológico como desde el de la clasificación, varían algunas veces en los individuos de una misma especie. Estoy convencido de que el más experimentado naturalista se sorprendería del número de casos de variación, aun en partes importantes de estructura, que podría recopilar autorizadamente, como los he recopilado yo durante el transcurso de años. Hay que recordar que los sistemáticos están lejos de complacerse al hallar variabilidad en caracteres importantes, y que no hay muchos hombres que laboriosamente hayan examinado los órganos internos e importantes, y los hayan comparado en muchos ejemplares de la misma especie. Nunca se habría esperado que las ramificaciones de los nervios principales cerca del gran ganglio central de un insecto fuesen variables en la misma especie, sino que podría haberse pensado que cambios de esta naturaleza podría haber sido efectuada sólo por lentas gradaciones; sin embargo, Sir J. Lubbock ha mostrado un grado de variabilidad de estos nervios principales en Coccus, que casi se puede comparar a la ramificación irregular del tronco de un árbol. Este naturalista filosófico, puedo agregar, también ha demostrado que los músculos de las larvas de algunos insectos distan de ser uniformes. Los autores argumentan a veces en círculo cuando afirman que no varían los órganos más importantes, ya que los mismos autores clásifican esas partes tan importantes (como pocos naturalistas han confesado con sinceridad) como aquellas que no varían, y, bajo este punto de vista, ningún caso se se encontrará de una parte importante que varía, pero bajo cualquier otro punto de vista, seguramente se pueden dar muchos casos.

 

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