El drama de Haití NO ES una catástrofe natural
Boletín Nº 47
17 de enero de 2010
Haití, 12 de enero de 2010: un terremoto de magnitud7.0 provoca decenas de miles de muertos y millones de afectados… cuando el paísaún no se había recuperado de los cuatro huracanes que, en menos de un mes,provocaron en 2008…
medio millar de víctimas y cerca de un millón dedamnificados que quedaron sin hogar, además de cuantiosas pérdidas en la yadesastrosa economía del país.
Japón, 2005: unterremoto de la misma magnitud y próximo a una zona densamente poblada causótan sólo un muerto… a causa de un infarto.
No hablemos, pues,de desastres naturales, sino de catástrofes anunciadas, perfectamenteevitables, si dejamos de actuar movidos por intereses a corto plazo y nostomamos realmente en serio la lucha contra la pobreza extrema, contra ladegradación ambiental, contra el cambio climático que está incrementando lafrecuencia e intensidad de los fenómenos atmosféricos extremos en Haití y entodo el mundo.
Los terremotos,huracanes, inundaciones, erupciones volcánicas, etc., son fenómenos queaparecen ligados a las “potentes fuerzas de la naturaleza”, por loque son denominados “desastres naturales”. Sin embargo, el hecho deque dichos desastres estén experimentando un fuertísimo incremento llevó aJanet Abramovitz y a muchos otros investigadores, a fines del siglo XX, areconocer el papel de la acción humana en este incremento y a hablar de “desastresantinaturales“. Año tras año se superan los récords en desastres. Yaunque hasta aquí están afectando muy particularmente a quienes, víctimas deuna pobreza extrema, ocupan zonas de riesgo en viviendas sin protección alguna,inundaciones como las que sufre el centro de Europa o huracanes como el Katrinamuestran que no queda libre ninguna región del planeta, que nosenfrentamos, una vez más, a un problema planetario.
Como señala MiguelÁngel Herrero, director de Intermón-Oxfam para Centroamérica y Caribe, eldesastre en Haití lo causó el terremoto pero con la enorme ayuda del dumpingque obliga a los campesinos a abandonar sus campos de arroz y desplazarse a lacapital, las condiciones en las que se hacinan cientos de miles de personas enella, la falta de empleo, los deficientes servicios sanitarios, la insoportableinflación…. “La pobreza atrae al desastre”.
<!–[if !vml]–><!–[endif]–>Hemos deinsistir en que no se trata de “desastres naturales”: al destruir losbosques (Haití tiene una de las tasas de deforestación más altas del planeta),desecar las zonas húmedas o desestabilizar el clima, estamos atacando unsistema ecológico que nos protege de tormentas, grandes sequías, huracanes yotras calamidades. Con otras palabras, las acciones humanas guiadas porintereses a corto plazo, son responsables de la amplificación de los fenómenosextremos. No se puede evitar un terremoto pero si se puede hacer, y mucho, comosabemos ocurre en países como Japón, para reducir la vulnerabilidad de quienesviven en esa situación de alto riesgo. No será posible evitar los efectosdramáticos de las catástrofes si ignoramos los problemas medioambientales y lasdesigualdades sociales. Resulta particularmente chocante, además, que lasconsecuencias de estos desastres dependan de inciertas y puntuales ayudashumanitarias y que no exista un seguro mundial contra las catástrofes(naturales o no), que ponga fin a la vergüenza que supone la lentitud yprecariedad de la ayuda internacional tras los desastres, mientras disponemosde costosísimos sistemas militares de intervención ultrarrápida.
Ahora es elmomento, sin duda, de volcarse en proporcionar una ayuda inmediata al pueblo deHaití. Naciones Unidas e innumerables ONG están reclamando la ayuda ciudadana,además de la de de los Estados; tod as y to
dos nosotros hemos de responder en la medida de nuestras posibilidades. Pero es preciso no contentarse con ello yconfirmar que son siempre los más pobres los que sufren las peoresconsecuencias… a la espera de nuevos desastres. Es necesario contribuir a crearun nuevo sistema productivo y un nuevo marco internacional que evite laimposición de intereses particulares perjudiciales para todos.Necesitamos un nuevo concepto de cooperación y solidaridad para la reduccióndel impacto ecológico de nuestras actividades y el logro de un desarrollohumano sostenible.
El drama de Haitíha de potenciar la exigencia ciudadana por el cumplimiento de los Objetivos delMilenio, de los compromisos de ayuda al desarrollo. Y hemos de movilizarnospara exigir el paso de una economía “marrón” a una economía verde,solidaria y sostenible, para lograr que este mismo año se firme en México unacuerdo efectivo, justo y vinculante contra el cambio climático. Sintodo ello, Haití y muchos otros lugares del planeta volverán a ser triste noticiade graves desastres que podemos y debemos evitar.
Educadores por la sostenibilidad
Boletín Nº 47, 18 de enero de 2010
http://www.oei.es/decada/boletin047.htm
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