Archivo de febrero, 2008

CLARO QUE ES RENTABLE INVESTIGAR EN ESPAÑA

La I+D, un objetivo nacional, sin necesidad de citar sin conocimiento de causa

 

Apenas estrenado el blog, me preguntan si en conciencia es rentable investigar en España. Naturalmente que lo es. Ningún país puede renunciar a crear conocimiento en el mundo actual, eso es obvio. Pero, la polémica sobre la Ciencia en España tiene raíces muy profundas, que se hunden en el pasado precisamente en situaciones de análisis y reflexión sobre nuestro propio ser nacional, en todos los aspectos. No cabe aquí un análisis exhaustivo, pero sí que quisiera hacer referencia a alguna cuestión no demasiado lejana en el tiempo. Me refiero a la famosa frase atribuida a Unamuno “que inventen ellos”, tan citada por muchos con poco conocimiento de causa. Es frecuente referirse al aserto del pensador vasco como si fuera una proclama que en España prendió y fue asumida a modo de mandato de cumplimiento inexcusable. Nada hay de eso. En uno de los ensayos unamunianos (El pórtico del templo. Salamanca 1906), algo parecido a esa propuesta forma parte de un supuesto diálogo entre dos personajes, Román y Sabino, que representan dos posturas, incluso dos visiones que pueden pugnar en uno mismo sobre el valor de las cosas tangibles y la importancia de las cuestiones del espíritu:

 ROMÁN – ¿Que nada hemos inventado? Y eso, ¿que le hace? Así nos hemos ahorrado el esfuerzo y ahínco de tener que inventar, y nos queda más lozano y más fresco el espíritu …

SABINO – Al contrario. Es el constante esfuerzo lo que nos mantiene la lozanía y la frescura espirituales. Se ablanda, languidece y desmirria el ingenio que no se emplea …

ROMAN – ¿Que no se emplea en inventar esas cosas?

SABINO – U otras cualesquiera …

ROMAN – ¡Ah! ¿Y quién te dice que no hemos inventado otras cosas?

SABINO – ¡Cosas inútiles!

ROMÁN – ¿Y quien es juez de su utilidad? Desengáñate: cuando no nos ponemos a inventar cosas de esas, es que no sentimos la necesidad de ellas.

SABINO – Pero así que otros las inventan, las tomamos de ellos, nos las apropiamos y de ellas nos servimos; ¡eso sí!

ROMAN – Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó.

SABINO – Acaso mejor.

ROMÁN – No me atrevía a decir yo tanto…

SABINO – Pero ellos, ejercitando su inventiva en inventar cosas tales, se ponen en disposición y facultad de seguir inventando, mientras nosotros…

ROMAN – Mientras nosotros ahorramos nuestro esfuerzo.

SABINO – ¿Para que?

ROMÁN – Para ir viviendo, y no es poco.

Unamuno volvería sobre el asunto en su correspondencia con Ortega y en el libro “Del sentimiento trágico de la vida”, en donde se formula la pregunta ¿Se hizo el hombre para la ciencia o se hizo la ciencia para el hombre? Todo ello después de haber abogado también por una auténtica apertura a Europa como la opción para España. Así de paradójico podía resultar el que fuera rector salmantino. Cabe naturalmente mucho debate sobre sus ideas y sus aportaciones a las preguntas básicas que el hombre puede hacerse sobre su propia existencia; de hecho entre los dos interlocutores hay también propuestas del valor de la invención que aquí podríamos extender a toda la práctica científica. Pero, yo me atrevo a proponer que se deje la cita de marras como arranque de cualquier discurso, intervención o comentario sobre la I+D en España. Nuestro análisis debe dar para bastante más.

 

Los puntos de referencia de la cuestión, a día de hoy, ni siquiera son los mismos que hace diez años. El sistema de I+D en todo el mundo ha ido evolucionando, aumentando en su envergadura y modificando sus prioridades; lo que hoy tenemos que hacer, para llegar al nivel que nos corresponde es distinto. De hecho hace falta más esfuerzo, porque los demás no se paran. De lo que no cabe duda es de que seguimos sin interpretar bien qué significa rentabilidad de la investigación, ni de que muchos siguen pensando que sólo vale la pena el esfuerzo si la rentabilidad –rendimiento económico se entiende- está garantizada. Pues bien, creo que se mire como se mire, hay todo tipo de razones para postular que es rentable, desde todos los puntos de vista. Si queremos aterrizar en lo económico, no podemos perder de vista nuestro déficit exterior que se agrava a medida que avanza la crisis económica que ya tenemos encima. El aumento de la productividad y el avance competitivo no pueden venir de otra cosa que del conocimiento (educación + investigación). Como tantos investigadores creo que es preciso diseñar bien las prioridades científicas, pero que la primera prioridad es la Ciencia como tal. Víctor, en este blog, insiste también en la necesidad de un apoyo social, que cristalizara en demandas por parte de la propia opinión pública de un esfuerzo mayor por nuestra parte. Así es a mi juicio. Ahora, en pleno proceso electoral, conviene que la demanda se plantee nítidamente a quienes aspiran a gobernar. Como en la investigación lo fundamental es hacer bien las cosas, conviene desterrar la forma desenfocada y tópica en que se presenta la cita unamuniana aquí comentada. Pero, igualmente necesario es evitar proclamas sobre supuestas medidas de apoyo a la investigación que no van más allá de planteamientos propagandísticos.

 

César Nombela    

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A CIENCIA Y CONCIENCIA

Vivimos momentos clave para el avance científico. La tarea de quienes se ocupan del progreso del conocimiento, en todo el mundo, es inacabable. Porque, las preguntas que la investigación es capaz de responder propician siempre nuevas interrogantes. Las conjeturas de algunos acerca de lo que queda por saber, como si ya se pudieran inventariar por completo los territorios que el conocimiento puede alcanzar en un futuro, tal vez no lejano, me parecen que no pasan de eso, conjeturas. Soy de los que están convencidos de que la Ciencia nos seguirá deparando nuevos avances, hallazgos sorprendentes y, sobre todo, nuevos itinerarios por los que transitar en busca de claves sobre la realidad, las claves que aun permanecen desconocidas. En cualquier caso, entiendo que está bien el análisis de lo que aun está por conquistar para el conocimiento humano. Se trata de una reflexión que creo necesaria y productiva.

Pero la tarea científica, aquí y ahora, en España y en el mundo, tiene también una vertiente absolutamente tangible, que hace referencia a nuestro día a día en la investigación, y en lo que ésta representa para nuestra sociedad. Es imposible sustraerse a considerar el estado real de nuestro sistema de Ciencia y Tecnología. Todo ello nos conduce a una enorme cantidad de facetas: desde las circunstancias en las que se puede desarrollar una carrera de científico o de tecnólogo, en nuestro ambiente, hasta la organización de los programas de la investigación o la gestión de las políticas científicas. Son temáticas que requieren una valoración continua, por lo que demandan un debate mantenido, como única forma de favorecer las acciones que realmente necesita nuestro sistema de Ciencia y Tecnología.

Descendiendo, por tanto, a las cuestiones más tangibles, me parece esencial formular algunos planteamientos como base para una valoración profunda, libre y constructiva de nuestro sistema científico:

-          Nuestra actividad de I+D está aun lejos de los niveles de esfuerzo que requiere un país como el nuestro. No cabe duda de que ha habido un despegue claro en los últimos treinta años, con un crecimiento sostenido aunque irregular. Pero, no es menos cierto que nos falta un segundo despegue que no acaba de llegar. La legislatura actual acabará, en poco más del 1,25% de inversión en I+D como porcentaje del PIB a finales de 2007. Muy lejos del 2% prometido por el Gobierno, y a años-luz del 3% que era el objetivo de 2010. Nuestro déficit tecnológico no deja de crecer. En conclusión, hace falta mucho más esfuerzo y otra gestión. Reformas importantes en universidades, OPIs, etc.

-          Como en tantas otras cuestiones, en la valoración y la crítica de todo lo relacionado con la I+D, estamos excesivamente condicionados por la “corrección política”. Lo políticamente correcto puede ir cambiando, pero no deja de ser siempre un intento de imponer un pensamiento único. Hay demasiadas cosas que parecen intocables.

-          Necesitamos profundizar más en el marco de referencias éticas para la investigación. La Bioética está de actualidad porque abarca muchos de los nuevos dilemas éticos y, sobre todo, porque las intervenciones sobre la vida humana son cada vez más factibles en la tarea actual. Pero, hace falta plantear con amplitud un marco de valores en los que encajar la tarea científica. La Ética científica, y en concreto la Bioética, son con frecuencia terrenos de debate, también de discrepancias y de cruce de argumentos enfrentados. Entiendo, no obstante, que las propuestas se han de formular con claridad. Y considero que el mayor sesgo, con frecuencia, se produce en lo que es el propio origen de las cuestiones sobre las que hay que discernir, es decir, en una valoración poco rigurosa de los hechos científicos objeto de análisis. El punto de partida –esa creo que es la aportación fundamental de los científicos- debe ser, precisamente, un planteamiento riguroso de las hipótesis científicas y de su viabilidad, para después analizar su validez desde el marco ético. Se trata un largo camino para nuestra sociedad actual; yo creo que puede ser productivo y que, además, la ética no debe entenderse como una lista de prohibiciones, sino como un marco fundamental para que la dignidad humana sea la referencia esencial.

Trabajar por y para la Ciencia es una tarea muy seria, algo que sólo cabe hacerlo a conciencia. Trataremos de servir a ese objetivo, desde este rincón de la red.     

César Nombela

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