SEVERO OCHOA: PREMIO NOBEL DE MEDICINA O FISIOLOGÍA HACE 50 AÑOS

Se cumple medio siglo de la concesión del Premio Nobel a Severo Ochoa. Su papel en la promoción de la Biología Experimental fue decisivo.

En los cincuenta del pasado siglo se configura el despegue de la Biología Molecular tal como hoy la conocemos. La Fundación Nobel anunciaba en Octubre de 1959 la concesión del galardón de Medicina o Fisiología a Severo Ochoa y Arthur Kornberg. Kornberg se había formado como enzimólogo en el laboratorio de Ochoa en los años cuarenta, cuando el científico asturiano ya había alcanzado una posición de liderazgo en la Bioquímica mundial. La amistad y mutua admiración y confianza, entre los dos nobel de 1959 permanecería de por vida. Transcurridos bastantes años después de la muerte de Severo Ochoa, Kornberg se refería a su figura en estos términos:

…”el recuerdo de Severo Ochoa como un gran maestro, inspirador de carreras de científicos, perdurará en la memoria de toda una legión de postdoctorales, doctorandos y colaboradores visitantes que se acercaron a él, desde todos los rincones del mundo, para a su retorno alcanzar posiciones de liderazgo, muchos en la nación española“.
Arthur Kornberg. Remembering our teachers. J. Biol. Chem. 276, 3-11. 2001. Publicado como parte de la serie JBC Centenal 1905-2005. 100 years of Biochemistry and Molecular Biology.

Los testimonios entusiastas sobre lo que supusieron los largos años de trabajo entusiasmado en los laboratorios de Ochoa, en el Centro Médico de New York University, han sido realmente muchos. En la misma publicación expresa Kornberg que “mas que desplegar una inteligencia cegadora, Ochoa me enseñó que las cosas irían bien si perseveraba en la ética de la experimentación”.

Daniel Lane, otro brillante bioquímico que en sus comienzos llegó a competir con el propio Ochoa pero, con el tiempo, acabaría recibiendo una invitación para incorporarse a su lado, como profesor en Nueva York escribía a propósito del ambiente en el laboratorio de Ochoa:

Hoy día hablamos con ligereza acerca del índice de impacto (las citaciones) como medida del valor de las publicaciones de cualquiera, sin embargo, lo que nos motivó fue el entusiasmo y satisfacción de hacer ciencia“.
The biotin conexion: Severo Ochoa, Harland Wood and Feodor Lynen. J. Biol. Chem. 279, 39187-39194. 2004.

Severo Ochoa lidera uno de los grupos clave que, en los cincuenta y sesenta del pasado siglo, consolidan el triunfo de la Biología Experimental. No se puede entender esta etapa sin la aportación de varios científicos destacados, todos ellos compitiendo, en el mejor sentido de la palabra, por seguir proporcionando pasos decisivos para el avance. La Bioquímica de enzimas –gracias en buena medida al trabajo de Ochoa- había proporcionado infinidad de datos sobre cómo estas enzimas catalizan miles de reacciones químicas de las células. Pero, cabía aspirar entonces a una comprensión global, integrada, de los fenómenos biológicos en lo que tienen de valor general aplicable a todos los seres vivos. Elaboraciones teóricas, como la doble hélice de Watson y Crick (1953), o formulaciones posteriores como la de Jacob y Monod sobre el mensajero, o la propuesta de Crick de que el código genético se organizaba en tripletes, permitían avanzar explicaciones con esa vocación de interpretación global.

La lógica del avance investigador imponía verificar, comprobar, en definitiva demostrar –experimentalmente- la validez de muchas de estas formulaciones. Ochoa habría de estar presente, como uno de los protagonistas, en dos de esos momentos estelares del avance científico.

Uno es la demostración en 1955 de la síntesis de ácido ribonucleíco en el tubo de ensayo, empleando polinucleótidofosforilasa. Una enzima que se revelaría finalmente como una nucleasa, de poca significación biológica para la célula, que actuaba de forma reversible en el tubo de ensayo, cuando fue descubierta por Ochoa y Grumberg-Manago. Pero esta enzima poco después abría la carrera hacia una mejor comprensión de la vida in vitro.

El otro vendría de la mano ya de esos ácidos nucléicos que se lograban en el tubo de ensayo. La carrera contra el tiempo, en noble competencia, que tanto brillo ha dado al avance científico, hizo que en este caso fuera el joven investigador Marshall Nierember, en 1960, el primero que lograra la síntesis de una proteína bajo de dirección de un ácido ribonucléico mensajero sintético. Fue un experimento que cabe calificar de milagroso, los componentes de un extracto celular funcionaban concertadamente -con aporte de energía incluida- para sintetizar una proteína bajo la dirección de un mensajero artificial. Se identificaba el primer triplete del código genético (UUU-fenilalanina), empezaba una carrera en la que Ochoa -ya Premio Nobel- pronto logró notable ventaja y estableció la composición de otros muchos tripletes, el código genético en pocos años sería descifrado, gracias a esa nueva forma de experimentar.

La Biología Experimental triunfó con el desarrollo de la Biología Molecular, gracias a Ochoa y otros destacados científicos. El progreso posterior fue imparable, al abordar la comprensión, el control y la modificación del funcionamiento de los seres vivos. El avance en el conocimiento integrado de la información (ADN, ARN) y su relación con la funcionalidad (proteínas) fue decisivo.

Penetrar en la organización del mundo de lo vivo, en lo que tiene de común para todos, fue el gran tema que entusiasmó a Ochoa a lo largo de toda su vida, su fecunda vida de investigador. Este año, acabamos de ver cómo la fundación sueca distingue con el Nobel de Química avances acordes con el descubrimiento de estructuras biológicas, en función de lo que posibilita la experimentación al nivel, en este caso, no ya de las moléculas sino de los átomos. Resolver la estructura detallada de los ribosomas, las factorías celulares donde se producen las proteínas, ha sido reconocido con el preciado galardón de este año. Es de justicia recordar el trabajo pionero del Nobel asturiano. Tras contribuir a descifrar el código genético, dedicó muchos años a entender el funcionamiento de los ribosomas para la síntesis de las proteínas.

La Biología experimental hoy recorre un camino en buena medida opuesto al de otras épocas, pero con el mismo propósito. De los datos sobre componentes biológicos aislados, en el tubo de ensayo, a la integración de sus propiedades en las células, tejidos y órganos. Vamos a un conocimiento que entusiasma, como entusiasmó a Severo Ochoa, pero desde ahí a conocer las enfermedades y la salud, para avanzar en la calidad de vida. La Biomedicina de hoy es tributaria del esfuerzo y la imaginación de científicos como Severo Ochoa. Sigamos entendiendo su propuesta para España, avanzar en el conocimiento puede ser una gran meta para nuestra nación.www.carmenyseveroochoa.es

Etiquetas:

Si te gustó esta entrada anímate a escribir un comentario o suscribirte al feed y obtener los artículos futuros en tu lector de feeds.

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Escribe un comentario

(requerido)

(requerido)


*