PAUL NURSE: PRIMERO NECESITAMOS A LA CIENCIA, DESPUÉS A LA POLÍTICA

El siempre ingenioso y brillante Paul Nurse, Nobel de Medicina en 2001 y actual Presidente de la Royal Society, se ocupaba de Ciencia y Política recientemente en la Dimbleby Lecture en Londres, un acto anual en memoria de un célebre comunicador. Afrontando la cuestión de la relación entre Ciencia y Política no dudaba en postular que el científico tiene también otras batallas que van más allá de las estrictamente científicas. La frase que encabeza este artículo –primero necesitamos a la Ciencia, después a la Política-  resulta muy gráfica y de notable actualidad en estos momentos, en España y en Europa, tal vez en todo el mundo, pues de la reducción de presupuestos a la que obliga la crisis se habla en todas partes. Podemos encontrar científicos en todos los países más desarrollados que expresan preocupación por el futuro inmediato de la tarea científica, desde los presupuestos –que siempre habrán de ser limitados- hasta la forma de priorizar y repartir la mayor o menor escasez, porque, claro está, todo es relativo.

En nuestro caso las circunstancias son delicadas, lo vienen siendo, no lo olvidemos, desde que el propio Ministerio de Ciencia e Innovación comenzó ya en 2008 una sistemática reducción de los presupuestos de I+D. Tal vez, cabe decir que fue incapaz de mantener una tendencia al crecimiento que se había iniciado y mantenido por lo menos dos legislaturas antes. En estas dos legislaturas, se había producido un crecimiento constante de la inversión en I+D, como se puede constatar por la cifras consolidadas año tras año por el INE. Conviene examinar estas cifras, así lo he venido haciendo, y dejar aparte los pronunciamientos de la administración de turno, que casi siempre tiende a la propaganda. Porque la gestión pública y los recursos que se ponen al servicio de la I+D ha de valorarse con rigor: no es lo mismo lo que se presupuesta que lo que se ejecuta; no es lo mismo lo que aparece como activos financieros (préstamos que no computan como déficit, ni necesariamente se utilizan) que las transferencias para I+D en gastos corrientes o de inversión. La conclusión es que, en el presente siglo y hasta 2008, en España tuvimos un crecimiento global de nuestra I+D (pública + privada) del orden del 11-15% anual, significativo pero también insuficiente para tan siquiera acercarnos a ese mínimo imprescindible del 2% del PIB, ya ampliamente superado por muchos países, pero que representa la cifra a la que ya se acerca la media de la UE.

Conocido ya el montante de la inversión pública en I+D para este ejercicio, así como las previsiones para el próximo, es la hora de plantear a qué podemos aspirar con todo ello, cómo podemos superar estas carencias y hacia dónde va nuestro sistema científico. El titular de Economía y Competitividad, departamento actualmente responsable de I+D, ha mostrado escepticismo sobre la contribución de “nuestra” I+D, es decir tal como la hacemos en España, a la competitividad. Todo un reto será el responder, con datos y con hechos, para tantos científicos que llevamos años en el esfuerzo español por la I+D, y que hemos visto llegar resultados importantes, al tiempo que hemos reclamado mayores apoyos y esfuerzos y reconocido –claro que sí- una necesidad perentoria de mejorar, en producción, en calidad y en rentabilidad. Podríamos plantearnos, en primer lugar, qué ocurre si la investigación actual que llevamos a cabo, en universidades, OPIs, instituciones sanitarias, empresas, etc. desaparece. Hagamos ese ejercicio de simulación para adivinar el lugar al que nos veríamos desplazados. 

De las nuevas cifras queda claro que se resienten especialmente los capítulos de inversión en proyectos competitivos. Pero, también disminuyen notablemente los fondos para personal, afectando a las becas predoctorales y recortando drásticamente programas posgraduados, como los contratos Ramón y Cajal, verdadera puerta de entrada para las nuevas generaciones, tanto de científicos, como de profesores universitarios bien formados para la investigación. Ante todo ello, sí que cabe reclamar qué políticas se pondrán en marcha en esta etapa. Cifrarlas en la mera creación de una Agencia Española de Ciencia y Tecnología, como prevé la recién aprobada Ley de la Ciencia, no supone nada, hay que señalar qué nuevas políticas se encargará de aplicar, con qué recursos, etc. Indicar que se volverá a convocar el Programa Severo Ochoa, para poner marchamo de excelencia a cinco centros, representa muy poco ya que como es sabido este es un programa económicamente muy limitado. Y luego está el retorno europeo, algo fundamental. El programa marco de la UE, al que España como los otros países contribuye se según su PIB, supone más de lo que se suele pensar. Cierto es que de todo el esfuerzo comunitario en I+D no pasa de ser un 6-7% aproximadamente; sin embargo, del dinero para proyectos, al que podemos optar los investigadores europeos significa del orden del 20% o más. En definitiva, una buena parte de nuestras oportunidades de lograr financiación competitiva pasa por el programa marco de la UE. Actualmente se diseña el marco que regirá en el período 2014-2020, con un montante que podría suponer del orden de 80.000 millones de euros. Habremos de aportar lo que nos corresponde, pero con las actuales cifras de retorno que tenemos no cabe esperar muchos resultados. Téngase en cuenta que cada vez es más difícil competir en este ámbito sin una eficaz estrategia nacional; España retorna un 80% de lo que aporta mientras que el Reino Unido u Holanda logran el 140% de lo que cada uno de ellos aporta. Eso lo dice todo, somos contribuyentes netos a la I+D de países más ricos, además de que competir, invirtiendo menos aquí, será casi imposible. Es preciso diseñar una estrategia adecuada, desde para influir en la formulación del programa, hasta para hacer valer nuestras posibilidades.

Necesitamos saber cómo vamos a mantener a los grupos productivos de tantas universidades y centros de investigación, que han venido obteniendo lo básico de los programas nacionales y vienen produciendo investigación a buen nivel; es preciso formular una estrategia para seguir renovando el personal, tanto en formación como el que se incorpora a puestos más estables, porque no es aceptable que se pierdan varias promociones de nuevos científicos y tecnólogos; necesitamos, igualmente, que se articulen nuevas plataformas de transferencia de conocimiento, en un eficaz esfuerzo público-privado, del que tantos ejemplos encontramos en países desarrollados. España ha avanzado notablemente en producción científica y visibilidad internacional en los últimos 30 años. De nosotros y, en especial, de los nuevos responsables políticos depende el mantener lo fundamental y seguir avanzando. Necesitamos primero la Ciencia, como dice Nurse, la Política debe servir para atender más y mejor a la creación de conocimiento.

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Comentarios

no entiendo de que se quejan. con su inteligencia cientifica deberían ya estimar que la inteligencia humana ya no es tan necesaría. no importa que sea maravillosa, que sea difusa, que pueda con cosas que los computadores nunca lograrán, etc, etc. a la organización establecida le es mas util lo controlable, lo cuantificable, lo mesurable, y asi se esta autoorganizando… no importa lo que puede o pudo haber sido del espíritu y la diversidad humana.

Si alguien entendió el comentario anterior… ¿Me lo podría explicar?

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