¿Peces transgénicos, por qué no?

Los avances logrados recientemente en la transferencia de genes han ofrecido la posibilidad de manipular el crecimiento en los peces a través de la inserción de los genes de la hormona del crecimiento. La ingeniería genética es una vía alternativa a la selección artificial dirigida (aplicada ya en algunos casos). Tecnologías como la manipulación del genoma de estos animales mediante la inserción de genes o la manipulación de los genes ya existentes permiten conseguir animales transgénicos de alta tasa de crecimiento o resistentes a enfermedades sin necesidad de selección genética, normalmente lenta y limitada.

Desde que varias compañías presentaron su solicitud de permiso para comercializar salmón transgénico, no ha cesado de crecer la controversia en torno a estos peces manipulados. La investigación sobre líneas de peces transgénicas ha estado en marcha durante los últimos 15 años en todo el mundo, incluyendo fundamentalmente el salmón del Pacífico (Onchorrhynchus kisutch), varios miembros de la familia de los salmónidos y otros peces de interés comercial como el pez gato o la tilapia.

No sabemos si los salmones transgénicos presentan algún tipo de riesgo real pero sí se intuyen riesgos potenciales: El salmón cultivado (transgénico o no) se escapa de las jaulas en las que se cría en el agua. El salmón modificado genéticamente puede cruzarse con los salvajes liberando sus genes de la hormona del crecimiento a las poblaciones salvajes con resultados impredecibles. Las metodologías de esterilización no son eficaces al 100% y existe una gran variación en los resultados entre grupos de animales. Los salmones modificados genéticamente comen tres veces más en el laboratorio que los no modificados pero son menos cuidadosos con sus depredadores. ¿Serían menos capaces de sobrevivir en la naturaleza? Es necesaria más investigación sobre el posible impacto ecológico de estos peces modificados genéticamente antes de pasar a su producción comercial.

La Organización para los Alimentos y la Agricultura de las Naciones Unidas (FAO) predice que la producción de la acuicultura se doblará en la próxima década. Dado que la acuicultura en aguas costeras está dañando los ecosistemas, extendiendo enfermedades de peces y moluscos, modificando habitats, causando contaminación por el exceso de nutrientes y antibióticos y mediante la introducción de especies exóticas, se piensa que los legisladores pueden llegar a exigir que las granjas de peces se instalen solo en tierra. Si esto es así los peces modificados genéticamente que crezcan rápido podrían ser la única salida para que esta industria sea económicamente competitiva.

España está realizando un importante esfuerzo mediante el proyecto Ingenio 2010 Consolider Aquagenomics, cuyo objetivo principal es la selección de los más aptos mediante herramientas genómicas para conseguir mejores estirpes de peces que proporcionen una mayor calidad y rendimiento a un precio razonable. ¿Trangénesis en peces, por qué no?

Herramientas genéticas

La transgénesis se puede definir como la introducción de ADN en un genoma, de modo que se mantenga estable de forma hereditaria y afecte a todas las células en los organismos multicelulares. Generalmente, en animales, el ADN extraño, llamado transgén, se introduce en zigotos, y los embriones que hayan integrado el ADN extraño en su genoma, previamente a la primera división, producirán un organismo transgénico; de modo que, en algunos, el transgén pasará a las siguientes generaciones a través de la línea germinal (gametos).

Entre los métodos para obtener transgénicos se encuentran la microinyección., la electroporación, los liposomas y la manipulación de células madre. Entre las aplicaciones de los animales transgénicos se pueden destacar: La posibilidad de estudiar a nivel molecular el desarrollo embrionario y su regulación, de manipular de forma específica la expresión génica in vivo, estudiar la función de genes específicos, poder utilizar seres vivos como biorreactores para la producción de proteínas humanas o animales y la corrección de errores innatos de metabolismo mediante terapia génica.

En general existe cierto rechazo en la población hacia los organismos transgénicos, probablemente como una reacción hacia lo desconocido. De hecho, este desconocimiento nos lleva a admitir la descabellada posibilidad de que si comemos transgénicos nuestros genes se modifiquen.

Antonio Figueras es Profesor de Investigación en el Instituto de Investigaciones Marinas (CSIC).

Artículo publicado en El País el 3 de Agosto de 2010

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