¿Qué pasa con los niños y el coronavirus?¿Es seguro abrir las escuelas?

Uno de los mayores enigmas desde el comienzo de la pandemia ha sido cómo responden los niños al nuevo coronavirus. Los niños, especialmente los menores de 10 años, no parecen ser tan vulnerables al virus como los adultos, y los científicos y los pediatras no están seguros de por qué esto es así. Por un lado, esta observación entra en conflicto con el hecho de que los niños suelen ser más susceptibles a las infecciones respiratorias. Los pediatras afirman que, casi todo infecta a los niños más que a los adultos. Desde su punto de vista, esta enfermedad es inusual.

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Los primeros datos de Europa y Asia proporcionaron la esperanza de que los niños fueran casi inmunes al virus. En Islandia, ninguno de los 848 niños seleccionados al azar menores de 10 años dieron positivo para el coronavirus, y la proporción de niños que fueron examinados porque se sospechaba que habían estado expuestos al virus fue la mitad que la de los adultos los adultos. Un estudio realizado al principio de la pandemia en China reportó cifras similares, solo el 1% de todos los casos de Covid-19 se daban en niños menores de 10 años, y otro 1% de los casos en niños de 10 a 19 años. Modelos estadísticos recientes basados en datos globales de Covid-19 respaldan estas observaciones optimistas, proponiendo que los niños son la mitad de susceptibles al virus que los adultos.

En los Estados Unidos, en junio prácticamente no hubo casos en los campamentos de día y guarderías de YMCA que habían permanecido abiertos desde el comienzo de la pandemia, en 40,000 niños. Pero en julio, todo cambió, cuando se detectó un incremento de cinco veces en los casos de niños menores de 10 años en Oregón, múltiples brotes en las guarderías de Texas y en Florida  un tercio de los niños examinados dieron positivo al virus. El último brote en un campamento en Georgia afectó a 232 niños, el 45% de los asistentes, entre las edades de seis y 17 años, con un 26% de los casos positivos asintomáticos. Como resultado, se cuestiona si los niños son realmente son inmunes.

Algunos afirman que los niños son resistentes. Los niños no son superhéroes; no están cubiertos por un extraño antivirus de plástico. Pero también decir que son tan infecciosos como los adultos cuando sabemos que es menos probable que sean sintomáticos también parece incorrecto.
Sin una imagen clara de la probabilidad de infección en los niños, una pregunta crucial es por qué podrían ser menos susceptibles. ¿Existe realmente alguna base biológica que haga que los niños sean menos propensos a enfermar si contraen el virus, o existen diferencias de comportamiento que significan que es menos probable que entren en contacto con él?

La comprensión de este problema podría proporcionar orientación sobre cuándo y cómo volver a abrir las escuelas en el otoño. Algunas teorías sobre por qué los niños parecen menos susceptibles son las siguientes.

EFE

1. El coronavirus tiene problemas para “entrar” en el cuerpo de un niño
Al observar la biología de las infecciones por coronavirus, una teoría que ha ganado apoyo es el descubrimiento de que los niños tienen menos receptores ACE2 que los adultos. Estos receptores, que el nuevo coronavirus usa para entrar en las células, están presentes en todo el cuerpo, pero se expresa mucho en las vías respiratorias desde la nariz hasta los pulmones.

En un estudio publicado en el Journal of the American Medical Association en mayo, sobre asma, describen que los niños tenían significativamente menos receptores ACE2 en la nariz que los adultos. Es un aumento relacionado con la edad, lo que significa que los niños más pequeños tenían menos y los pacientes mayores tenían más. Es algo muy rudimentario, pero es posible que menos expresión del receptor signifique menos capacidad de entrada del virus en el cuerpo.

Este estudio fue el primero que proporcionó una posible explicación de las tasas de infección más bajas en los niños. Debido a que tienen menos de estos receptores, van a tener menos células respiratorias infectadas y van a tener menos de estas células respiratorias convertidas en pequeñas fábricas de virus.

Sin embargo, un estudio reciente de Suiza mostró que los niños que dieron positivo para el virus tienen tantas partículas de virus presentes en la nariz como los adultos, lo que sugiere que pueden ser tan contagiosos como los adultos. Una nueva investigación publicada recientemente por científicos en Chicago respalda este hallazgo, revelando que los niños tienen tanto, y en algunos casos hasta cien veces más, ARN de virus presente en la nariz y la garganta. En otras palabras, a pesar de que hay menos receptores ACE2 en el tracto respiratorio superior, el virus pudo entrar en suficientes células como para producir la misma cantidad de virus que los adultos.

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2. El sistema inmunitario de un niño está preparado por el resfriado común
Otra teoría es que los niños tienen inmunidad parcial previa al nuevo coronavirus debido a la exposición reciente a otros coronavirus que causan el resfriado común. Varios estudios en adultos han encontrado que aproximadamente el 50% de las personas analizadas tienen células inmunes que responden al nuevo coronavirus, incluso aunque nunca se hayan infectado. Es posible que esas células inmunes, que ayudan a producir anticuerpos, estén programadas para reconocer un coronavirus similar que encontraron en una infección anterior, y ahora pueden montar una defensa más fuerte y más rápida contra la nueva amenaza. Esta respuesta inmune rápida podría provocar infecciones asintomáticas o incluso evitarlas a pesar del encuentro con el virus.

Se sabe que los niños, especialmente los más pequeños, se resfrían casi cada dos semanas, por lo que si otros coronavirus realmente ofrecen inmunidad parcial al nuevo coronavirus, muchos niños podrían estar protegidos. Sin embargo, la exposición a esos otros coronavirus circulantes no protege a los niños de resfriados año tras año. Además, los adultos, que han estado expuestos a muchos más coronavirus circulantes a lo largo de los años, tendrían una mayor inmunidad preexistente que los niños.

Es posible que los niños sean los que respondan normalmente al nuevo coronavirus y que los adultos con infecciones graves reaccionen de manera anormal, precisamente debido a infecciones pasadas por otros coronavirus. Hay algunos ejemplos de virus, como el dengue, donde las exposiciones múltiples a variaciones ligeramente diferentes del patógeno pueden causar una respuesta inmune extrema. Puede ser que el nuevo coronavirus provoque una infección muy leve, pero en adultos que han tenido una exposición reciente a otro virus, el sistema inmune reacciona de forma exagerada, lo que provoca inflamación extrema y más daños al cuerpo.

Una hipótesis plausible es que tal vez algunos individuos estén predispuestos a tener una infección grave, porque previamente han visto alguna otra infección, ya sea un coronavirus diferente o tal vez tuvieron la gripe, y están predispuestos para montar una respuesta inmune desordenada. Esta es una hipótesis de que, esencialmente, algunos individuos tienen una inmunidad preexistente que está esencialmente desordenada en el escenario del nuevo coronavirus.

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3. Los factores de riesgo aumentan con la edad.
Otra posibilidad es que hay algo diferente en el sistema inmune de los niños pequeños que los científicos aún no han tenido en cuenta o descubierto. A medida que los niños envejecen y sus cuerpos pasan la pubertad y se parecen más a los adultos, también comienzan a responder al virus más como adultos. Por ejemplo, en países que han reabierto las escuelas, se han producido varios brotes en las escuelas secundarias, pero ha habido relativamente pocos casos en las escuelas primarias.

Los niños mayores y los adolescentes y jóvenes, son más susceptibles porque fisiológicamente se parecen más a los adultos. Además, algunos de los factores de riesgo como la obesidad y la diabetes también pueden comenzar a aparecer en la adolescencia y, en algunos casos, también pueden aumentar el riesgo de contraer la enfermedad.

MANUEL BRUQUE

4. El aislamiento social mantiene a salvo a los niños pequeños.
Sin una explicación biológica clara, y a la luz de los brotes recientes, algunos científicos se preguntan si la respuesta puede estar en el comportamiento y el entorno de los niños. La falta de infecciones infantiles podría deberse en gran parte a una falta de exposición al virus en primer lugar. Con las escuelas cerradas, los niños ya no se mezclaban con otros niños, y nunca tuvieron que salir de la casa para ir de compras o al trabajo como un trabajador esencial como lo hicieron algunos adultos. En resumen, los niños pequeños no habrían tenido el mismo nivel de exposición que los adultos, especialmente durante las fases más estrictas de encierro. Sin embargo, los niños aún podrían haber sido infectados por sus padres que tuvieron que aventurarse, lo que explicaría el número limitado de casos.

En un estudio realizado en Suiza que analizó las tasas de prevalencia de anticuerpos contra el virus, los niños entre las edades de cinco y nueve y los adultos mayores de 65 tuvieron significativamente menos probabilidades de ser positivos en la prueba de anticuerpos frente al virus que los adultos entre las edades de 20 y 49. Las diferentes tasas de anticuerpos probablemente se deban a diferencias en el comportamiento, específicamente el confinamiento, que protegía a los muy viejos y muy jóvenes de entrar en contacto con el virus.

Hipotéticamente, los adolescentes habrían experimentado una caída similar en su exposición potencial, excepto que es bastante razonable suponer que los adolescentes han logrado reunirse mucho más a menudo. Un niño de seis años no se escapa para salir a la calle a pasar el rato con amigos.
Debido a que sus movimientos son controlados por sus padres, creo que es mucho más fácil distanciar socialmente y hacer cumplir eso en los niños muy pequeños en edad escolar. De hecho sus mundos se han derrumbado, probablemente más que los de los adolescentes.
Ahora que las restricciones han comenzado a levantarse y los niños pueden salir de la casa nuevamente, sus tasas de infección también han comenzado a aumentar.


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5. A los niños no se les realizan tests con mucha frecuencia
Otra posibilidad es que los niños realmente tengan tasas de infección similares a los adultos, simplemente no se hacen las pruebas con tanta frecuencia porque es más probable que sean asintomáticos. Apoyando esta teoría, un estudio realizado en China que se basó en el rastreo de contactos encontró que los niños tenían la misma probabilidad de contraer el virus que los adultos, pero tenían más probabilidades de ser asintomáticos. Esto sugiere que el bajo número de casos en los niños puede deberse a pruebas insuficientes: los niños contraen el virus, pero no tienen ningún síntoma, por lo que les hacen la prueba.

Todo esto parece sugerir que puede haber muchas infecciones asintomáticas en los niños, y por eso en los estudios los niños están relativamente subrepresentados si no hay un rastreo y detección de contactos generalizados, incluso de individuos asintomáticos.

Si los niños pequeños se infectan con tasas similares, aún es posible que no transmitan el virus tan fácilmente debido a las diferencias cinéticas de la replicación viral. Los niños tienen menos capacidad pulmonar que los adultos, por lo que no respiran ni tosen con tanta fuerza. Como resultado, pueden expulsar menos partículas virales al aire, infectando así a menos personas. Un estudio reciente de Corea del Sur respalda este hecho, sugiriendo que los niños mayores y menores difieren en su capacidad de transmitir el virus. Los niños mayores de 10 a 19 años transmiten el virus a otras personas con tanta frecuencia, y en algunos casos con mayor frecuencia, que los adultos, pero los niños menores de 10 años tenían la mitad de probabilidades de infectar a otra persona.

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Si bien el debate sobre el riesgo de los niños de contraer y propagar el virus no está resuelto, los expertos saben cómo detener la propagación del nuevo coronavirus, y las reglas son las mismas para los niños que para los adultos: mascarillas, distancia, buena ventilación y buena higiene de manos. Estas medidas de prevención, además de tener en cuenta la propagación de la comunidad local, se recomiendan en las directrices recientes sobre la reapertura de las escuelas de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., la Academia Estadounidense de Pediatría y las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina.

Si se puede detener la transmisión en un hospital siguiendo estos pasos, se pueden evitar brotes en una escuela. No se trata de que los niños sean mágicamente inmunes al virus, se trata de emplear medidas de prevención diligentes. Requiere mucha voluntad, disciplina y muchos recursos. Esto es probablemente lo más difícil para las escuelas: no es algo barato. ¿Es factible? En teoría sí.

En la práctica es complicado. A finales de mayo Israel reabrió las escuelas. En pocos días los brotes llevaron al cierre de cientos de escuelas en todo el país. Los infectados eran jóvenes, estudiantes y familiares. En Israel se produjo una relajación porque sucedió una ola de calor y los padres pidieron que sus hijos dejaran de usar la mascarilla y todo comenzó de nuevo. En vez de interrumpir las clases, se les dijo a los alumnos que se quedasen en clase, dejaran de usar las mascarillas y pusieron en marcha el aire acondicionado.  El 60% de los estudiantes eran asintomáticos. En el caso de los profesores y familias no sucedió lo mismo y hubo casos graves. Israel abre sus escuelas el próximo día 1 de septiembre.

La lección es que incluso las comunidades que parecen haber controlado el avance del virus necesitan tomar medidas estrictas al reabrir la escuelas: clases pequeñas, uso de mascarillas,  pupitres a dos metros de distancia y ventilación adecuada y regular. Estas medidas van a ser cruciales hasta disponer de una vacuna. Cuando bajan los casos se produce la ilusión de que  se ha vencido a la enfermedad. Se puede abrir el sistema educativo gradualmente. Los padres necesitan volver a trabajar pero con la  tranquilidad de que sus hijos están a salvo. Los niños necesitan volver a clase por su salud mental y social. La pandemia durará años y no podemos tener las escuelas cerradas

¿Es posible para la mayoría de las escuelas? Eso va a comprobarse caso a caso.

Fuentes:

Este post se basa fundamentalmente en What’s the Deal With Kids and the Coronavirus: Five Leading Theories por Dana G Smith

When Covid Subsided, Israel Reopened Its Schools. It Didn’t Go Well. 

Dan Balilty for The New York Times

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