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Enseñanza online III. Glocalidad y plataformas Elearning, clave en el modelo educativo de las universidades innovadoras

Como hacía referencia en un post anterior, el confinamiento (cuarentenas) que se viven en el mundo motivado por la expansión del Coronavirus COVID-19, ha traído como consecuencia cambios en la vida social, política, económica y educativa, además, claro está, del impacto en el sistema sanitario de las naciones del mundo. Cada vez más, expertos de todas las disciplinas no dudan en afirmar que la pandemia hará que se adquieran nuevos hábitos en la vida de las personas  ya que muchas cosas no volverán a ser como antes.

El entorno educativo, y concretamente, el universitario, se ha visto afectado con creces por esta situación, tanto así, que muchas universidades ante la acción pandémica han tenido que poner de manifiesto sus capacidades de reacción (acción/reacción). Para empezar, asumir que vivimos situaciones cada vez más glocales (como lo demuestra la propias acción del virus COVID-19). La Glocalidad (acrónimo de global y local, que según Roland Robertson es un concepto que implica “pensar globalmente y actuar localmente”) se convierte en una corriente para diseñar estrategias de comportamiento y conocimiento. En lo primero, baste señalar las directrices de prevención en materia de salud que emanan de las diferentes instituciones nacionales, internacionales y supranacionales (OMS, OPS, ONU) o en materia económica (FMI, BM, UE, BID).

En los segundo, esto es, en materia de conocimiento y, en lo que atañe a las universidades, dependiendo de cada país y continente, en donde la actividad académica está por finalizar el curso académico (segundo ciclo o semestre) mientras que en otras regiones estaba -o está- por empezar el curso académico (primer ciclo o semestre), muchas instituciones han tenido que asumir la posibilidad de continuar el curso a distancia o, más eficazmente, bajo la modalidad de enseñanza online a través de diversas plataformas elearning.

Sin ánimo de remontarnos demasiado en el tiempo, en España, el modelo de docencia online empezó en 1995 con la UOC- Universitat Oberta de Catalunya (a la sazón, la primera universidad en que empiezo a impartir docencia en el curso 2000-01). Un modelo de enseñanza mediada por ordenador (computadora) utilizando la plataforma Internet y una serie de recursos y herramientas que la institución ponía –pone- a disposición de docentes y estudiantes. Posteriormente, este modelo fue imitado en parte por otras instituciones como UDIMA (Universidad a Distancia de Madrid) o la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja). Obviamente, en la década de los noventa, universidades de otros países como Estados Unidos, Japón, China, Rusia y otras instituciones de Europa y América latina, han venido desarrollando modelos educativos basándose en el modelo de enseñanza online.

Pero, el uso de las plataformas virtuales (o Elearning) no ha sido una virtud de la UOC o de otras universidades que eligieron el modelo de internet, sino, también, las universidades tradicionales (presenciales) han adoptado desde hace mucho tiempo diversas aplicaciones de enseñanza a distancia a través de Internet (Elearning) junto a un conjunto de herramientas y recursos tecnológicos que ponen al servicio de su profesorado y alumnado.

Así, plataformas de campus virtual como Dokeos, Moodle (desde sus primeras versiones), Blackboard, Sakai, Chamilo, Web CT, Campusred (de Fundación Telefónica), por citar algunas de las más conocidas, además de su uso por las instituciones de “corte virtual” (universidades, escuelas de negocio, organizaciones, etc.) han venido siendo –y son- utilizadas como herramientas eficaces, innovadoras y complementarias de la enseñanza presencial.

Al mismo tiempo, el avance tecnológico y la evolución en la educación ha conllevado la proliferación de otras plataformas de enseñanza virtual tales como Coursera, MiriadaX, OpenClass, EdX (de la Universidad de Harvard y MIT), UniMOOC o Udacity, entre otras, que son exponentes de los Cursos Abiertos y Masivos en Línea (o por su acrónimo en inglés Massive Open Online Course, MOOC) donde a diferencia de la educación presencial y la educación a distancia, el aprendizaje no está centrado en el profesor o en el alumno, respectivamente, sino que su naturaleza de aprendizaje se basa en los materiales didácticos de estas plataformas, usualmente en las video lecturas. La característica de los cursos MOOC que difiere de una clase online (reglada) es que este tipo de cursos (MOOC) permite el acceso a miles de estudiantes, no siendo posible que un docente o experto en la materia evalúe el desempeño de los estudiantes. Aunque algunos programas de cursos hacen alarde de interacción, es sumamente complicado que exista una verdadera interacción profesor-estudiante. Solo es posible la revisión automática y el apoyo entre pares (entre los propios estudiantes participantes). Esta es una razón por la que los cursos que son impartidos bajo esta modalidad carecen de un valor curricular. Aunque esa razón no contradice su objetivo: la formación específica y complementaria.

Pero, no sólo las plataformas Elearning marcan las características de la enseñanza virtual distinto al presencial. Al uso de las  plataformas virtuales se suman una ingente cantidad de recursos y aplicaciones tecnológicas complementarias que enriquecen aun más el modelo docente online. En próximos textos analizaremos las aplicaciones más usadas en el nuevo ecosistema educacional.

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El prestigio de la universidad se adquiere destinando recursos a la investigación e innovación, no con campañas de imagen corporativa

Los gestores de algunas universidades creen que lanzando una campaña de imagen corporativa pueden alcanzar el prestigio y la solidez que requiere una institución académica. Lamentable error.

El prestigio de una institución universitaria no se adquiere ni se rige por estrategias de comunicación o marketing. Eso corresponde a una empresa o institución ajena al contexto científico y académico. Alcanzar los rankings mundiales de reputación como lo tiene Harvard, Columbia, Stanford  o Berkeley, por citar sólo algunas, no ha sido porque hayan desarrollado un buen plan o campaña de comunicación corporativa, sino, por haber potenciado el know how y el made how de sus académicos e investigadores, huyendo de la mediocridad y apostando por la innovación y avance del conocimiento científico. 

De ahí que, invertir en estrategias de comunicación que, repito, son necesarias en el mundo empresarial o corporativo pero no en universidades, es malgastar tiempo, dinero y recursos. El prestigio y la calidad de una institución académica se miden por la producción científica de sus miembros, mediante proyectos de investigación competitiva y publicación de artículos en revistas de prestigio internacional. Por tanto, es en este aspecto en donde deben dedicarse la mayor cantidad de recursos económicos que permitan disponer de mejores infraestructuras, con laboratorios innovadores, potenciando el bilingüismo, formando investigadores bajo un modelo de mentoring, promoviendo redes internacionales de investigación, etc. Sólo de esta forma se puede alcanzar el prestigio y la calidad deseada, evitando el anquilosamiento académico y contrarrestando los efectos de la obsolescencia de conocimientos,  consecuencia de la expansión de las tecnologías disruptivas.

Un artículo que publica el diario El País (28/02/2019), informa que el 34% de los catedráticos (3.600) y el 60% de los profesores titulares (16.200) no han demostrado producir ciencia de calidad a lo largo de toda su carrera, como revelan los datos recién publicados por el Ministerio de Educación. En este mismo artículo, como afirma Juan Romo, rector de la Universidad Carlos III de Madrid: “Lo que diferencia a una buena Universidad es que su plantilla esté en contacto con la frontera del conocimiento, profesorado que no solo transmita, sino que genere y transfiera ese conocimiento”.

En este contexto, los recursos deben destinarse en incentivos económicos para los académicos que si investigan, que si producen y que si proponen iniciativas como lo hacen las universidades internacionales y algunos centros españoles.

Según refiere Aurora García-Gallego, catedrática de Análisis Económico, en el diario El País: “es en los países anglosajones, donde el investigador cada año se reúne con su jefe y repasa la contribución científica de este, los fondos económicos que ha traído a su universidad para emprender líneas de investigación y la opinión que sus alumnos tienen de él”.

Sin embargo, hay universidades españolas, como la Carlos III, que si evalúa la labor del profesorado cada dos años y la premia económicamente. Según  el rector Juan Romo: “Hay que incentivar la investigación con complementos salariales, menos horas de clase, más laboratorios o más ayudantes”. Esto, lamentablemente, no es el común denominador.

Por tanto, para alcanzar el prestigio que corresponde a una institución académica, se han de dedicar los esfuerzos en recursos a la investigación, a infraestructuras, a la innovación y, en suma, a las iniciativas de sus miembros que desean contribuir a la grandeza de la universidad. Un ejemplo de ello, se tiene con la reciente presentación del nuevo centro de donación de cuerpos de la facultad de Medicina, el más moderno de Europa, perteneciente a la Universidad Complutense de Madrid. Sobre la institución pesaba la losa de haberse desentendido durante años de los cadáveres donados a la ciencia, que se apilaban en condiciones insalubres en los bajos del departamento de Anatomía. Hoy, el centro, inaugurado el 28/02/2019, no necesitó de ninguna campaña de comunicación corporativa para mejorar su imagen, sino de dotar de una infraestructura de calidad para sus estudiantes y profesorado.

Fuentes: El País

https://elpais.com/ccaa/2019/02/28/madrid/1551379677_634042.html

https://elpais.com/sociedad/2019/02/27/actualidad/1551285363_939435.html?id_externo_rsoc=TW_CC

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Evolución y tendencias en la enseñanza-aprendizaje del Ciberperiodismo (Parte I)

En un reciente análisis titulado “Evolution and Trends in Teaching and Learning of Cyberjournalism” (Evolución y tendencias en la enseñanza-aprendizaje del Ciberperiodismo) de próxima publicación como capítulo del libro “Organizational Transformation and Managing Innovation in the Fourth Industrial Revolution”, coordinado por Alicia Guerra, profesora de la Universidad de Extremadura y editado por IGI Global (https://www.igi-global.com/), analizo los aspectos formativos, las tendencias y las iniciativas que algunas facultades y escuelas pueden y deben desarrollar -algunas ya lo hacen- como parte experimental de un nuevo ecosistema educacional.

En dicho capitulo, propongo, entre otros temas, una reflexión del periodismo como disciplina profesional y científica, cuya enseñanza está avalada y justificada en las universidades de prestigio mundial en donde se fomenta la investigación aplicada de modelos periodísticos con tecnologías emergentes a través de medialabs. Todo ello sin menoscabo de mantener en alza los principios éticos, el uso y contraste de fuentes de información, el fomento de la calidad en la redacción de contenidos e ilustraciones creadas y producidas en plataformas digitales y multimedia.

La amalgama de estudios e informes, derivados de proyectos de innovación docente, cuyos resultados parciales se divulgan en el blog Cultura de Red de la Plataforma de Divulgación Científica del Sistema Madri+d (http://www.madrimasd.org/blogs/culturadered/), abordan cuestiones fundamentales sobre el cambio y transformación que deben darse en las facultades de comunicación y escuelas de periodismo como consecuencia del impacto tecnológico y digital.

Para los agoreros, el periodismo como profesión está en crisis hasta el punto de vaticinar su desaparición, por lo menos, en el formato papel. Pero, los optimistas (que afortunadamente son más), ven como las tecnologías generan grandes oportunidades de negocio basado en los nuevos medios digitales. En este escenario, las facultades tienen un papel fundamental por cuanto poseen el rol de la formación de periodistas. Aunque, diversos expertos, investigadores y académicos a ambos lados del Atlántico, se pronuncian reflexionando sobre lo (in)necesario? de la formación académica o la situación actual de los estudios de periodismo y el cambio en la currícula formativa. Como he analizado en diversos artículos, las posiciones suelen ser contrapuestas entre aquellos/as que promueven el ejercicio del periodismo previa titulación adquirida en una facultad y, por otro lado, aquellos/as que defienden que el hacer periodístico no requiere de titulación alguna (situación que pasa en España) puesto que la que decide quien es periodista es la empresa periodística que contrata los servicios de profesionales (con titulación o no) para desarrollar labores de reporterismo (u otras afines), a quienes entrega un carne de periodista.

El periodismo es el pilar de toda sociedad democrática, por consiguiente su presencia es y seguirá siendo necesaria. Y más necesaria aun cuando vemos que aumenta la `infoxicación´ (información toxica), fake news (bulos), post verdad, etc, lo que conlleva a que su desarrollo y practica deba ser realizada por periodistas profesionales altamente cualificados. Cualificados no solo en el manejo de herramientas tecnológicas, sino, también, en la propia cultura del periodismo profesional: crítico, influenciador, de opinión e interpretador de los hechos con la objetividad, subjetividad y valores éticos que caracteriza a un profesional de los medios, ejemplos que podemos encontrar en la propia historia del periodismo. La evolución del ecosistema informativo nos lleva por ese camino.

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