Poesía: Si mi dolor y otros poemas

Es preciso reivindicar la poesía. Cada vez que alguien acierta a conjugar las palabaras precisas, el corazón se pone contento. El hombre ha vivido pegado a la poesía, a la construcción de la palabra. Aquí les ofrecemos dos poesías de nuestra colaboradora, Francisca Castillo Martín para disfrutar de la vida y pensar en otras vidas. Pasen y lean. Lean y disfruten.

SI MI DOLOR

Francisca Castillo Martín

Si mi dolor hace florecer la rosa,
bendito dolor, bendita rosa.
Aunque no haya corazón para abarcarlo,
ni manos para sujetarlo,
ni lenguas para refrenarlo,
si mi dolor hace florecer la rosa,
bendito dolor, bendita rosa.
Aunque no haya hombros para sostenerlo,
ni abismos donde arrojarlo,
ni infiernos donde padecerlo,
si mi dolor hace florecer la rosa,
bendito dolor, bendita rosa.
Aunque no haya palabras para aliviarlo,
ni dulces sones para consolarlo,
ni música para amansarlo,
si mi dolor hace florecer la rosa,
bendito dolor, bendita rosa.
Aunque no haya labios para susurrarlo,
ni caricias para aquietarlo,
ni tibia miel con que alimentarlo,
si mi dolor hace florecer la rosa,
bendito dolor, bendita rosa.
Aunque no haya  amigo para compartirlo,
ni  hermano con el que llorarlo,
ni  amante con quien añorarlo,
si mi dolor hace florecer la  rosa,
bendito dolor, bendita rosa.
Aunque nunca sepa quien siembra entre amarguras
en el campo yermo de mi desesperación
el amor que hoy siento y no es sentido,
si mi dolor hace florecer la rosa,
bendita rosa , bendito dolor.

EL BESO DEL MAR

Francisca Castillo Martín

Volvería de nuevo a ese momento en el que,
encinta de soledad y de nostalgia,
paseaba por la orilla rubicunda
y el mar me entregó un amoroso ósculo
que calmó mi corazón de caminar cansado.
Antes de ese beso, ¿qué hubo?
No recuerdo una vida anterior a ese beso.
Quizás traiciones y engaños jamás revelados,
que volvieron mi alma más pequeña, confusa y contrita.
Quizás un camino hacia ninguna parte,
una estela funeraria con mi desgracia en su piedra escrita.
Quizás nací de nuevo cuando el océano me entregó ese beso,
como un regalo envuelto en el papel de unos labios salados,
cuerda amable que me salvó del abismo
de tener que morir sin haber amado.

© 2007  De “Poemas del alma”. Todos los derechos reservados.

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