El sueño del toreo eterno de Morante
Desde el día del adiós de Morante algo dentro de mi, como aficionado, se fue con él.

Me gustaría decírselo en persona, pero mis palabras no fluirían de la misma manera. Me gustaría decirle, mirándole a la cara, que el toreo no es lo mismo sin él, que está huérfano, cojo y dolorido desde su marcha. Me encantaría pedirle e incluso rogarle, que vuelva a vestirse de luces lo más pronto posible, que recapacite y vuelva a cargarse de ilusión, que mira a la luz al final del túnel, que sus fieles siempre estaremos ahí para tenderle una mano cuando la necesite sólo a cambio de una cosa, verle de nuevo en el albero, en su terreno, donde él mejor se expresa y donde él consigue como nadie, que emocionar y estremecer con una sola verónica, un trincherazo o uno de sus naturales eternos.
Muchas noches sueño que regresa como si nada, sueño que el duende morantista despierta de su letargo con más entusiasmo que nunca. En mis sueños nunca ha dejado de torear, porque el toreo eterno nunca se ausenta, y el toreo de Morante se sueña, y ese duende vive en mis sueños más profundos, hasta el día que decida volver, entonces… todo volverá a ser real y perfecto.
Javier López
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se ha quitao de Rafael de Paula y de sus problemas psicológicos
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