Archivo de junio 9th, 2008

Las corridas de toros en el Parlamento Europeo

En el mes de mayo, las comisiones correspondientes han recibido informes sobre las corridas de toros. Los Verdes han pedido que se estudie la situación y se retiren las subvenciones para celebrar este tipo de espectáculos, mientras que la Mesa del Toro ha elaborado un documento en su defensa. Patricia Hernández Medrán presenta su particular visión sobre la tauromaquia:

 

 “Todo oscuro, muy oscuro, una luz al final del pasillo, silencio, de repente un silbido, un grito, algo se mueve, corro hacia la luz, me ciego, ¡qué pasa! Parece que algo me incita, me llama. Llego al objeto y desaparece de mi vista. De nuevo se mueve, es de colores llamativos, voy otra vez. El sitio es enorme y hay mucha gente, ahora gritan, silban, un caballo, también un hombre sobre él. Me acerco, se muestra provocador, ¡voy a por él! De repente noto algo punzante en lo alto, un crujido de carnes que me desgarra. Arrecio el embiste. Me llaman, desvaído, sin fuerzas, intento correr. Noto cómo el líquido caliente de mi cuerpo fluye por el costado. Parado frente al caballo me dispongo a emplear de nuevo las armas que vilmente me han cercenado. Música. Se van los caballos y aparece un hombre, lleva algo entre sus manos, me provoca, ¡a por él! Ya no le veo, pero agujas de madera cuelgan de mis lomos. Dos, cuatro, seis, ¡hasta seis! Ahora parece que puedo descansar, me permiten andar, tomo aire. Un solo hombre se pasea a los lejos, un gesto y tira un objeto a la arena. ¡Me mareo! Se pasea orgulloso, me incita una y otra vez, no puedo dejar de acudir a su llamada pero me flaquean las fuerzas y las patas se me doblan. El silencio se convierte en jaleo, voces al unísono festejan cada uno de mis movimientos. Necesito apoyarme en las tablas pero me lo impiden. El hombre sí puede hacerlo y regresa sereno, oculta algo. Tranquilo, muy quieto, silencio absoluto, la mano me reclama, es mi oportunidad, podré vengar este dolor que siento. De repente, como si el cuerpo se me partiera en dos, comienzo a tambalearme, no veo, no oigo, no puedo respirar. Me echo en la arena, noto algo en mi nuca…”

 

Hay quien se permite llamarlo fiesta. Irónica y soez visión de un festejo en torno al sufrimiento y muerte de un animal, un animal que es capaz de herir y matar, pero piensen por un momento en qué harían ustedes si se encontraran es esa situación, relean el texto y pónganse en el lugar del morlaco.

Los hay que osan llamarlo arte. El único genio que acude fielmente a la plaza en días de toros es el fotógrafo, que cámara en mano, logra que antitaurinas como yo nos olvidemos por un instante de la injuria y disfrutemos de la belleza de las imágenes.

 

Patricia Hernández Medrán (9 de junio de 2008)

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