De los tesoros en las bibliotecas

Al poeta Unamuno en el 75 aniversario de su muerte

JMSV

Los hay, se lo aseguro. En las bibliotecas hay tesoros a medida, como los trajes de los sastres. Esos lugares silenciosos, donde tomamos conciencia de que el ruido es perfectamente evitable, son como las grutas marinas, con cientos de especies raras y recovecos misteriosos donde piratas sin nombre (bibliotecarios) depositaron y depositan tesoros. Esta mañana he ido a mi gruta preferida y sin cruzar palabra con nadie he tomado el camino de las poesías. He metido la mano en el hueco de una roca y he encontrado un libro de Unamuno titulado Antología poética. Lo he hojeado primero y ojeado después, y me he detenido en la página 104 para mentalmente recorrer con la vista los tipos negros en el papel amarillento que ya cumple siete lustros:

Leer, leer, leer, vivir la vida

que otros soñaron.

Leer, leer, leer, el alma olvida

las cosas que pasaron.

Se quedan las que quedan, las ficciones,

las flores de la pluma,

las solas, las humanas creaciones,

el poso de la espuma

Leer, leer, leer; ¿seré lectura

mañana también yo?

¿Seré mi creador, mi criatura,

seré lo que pasó?

 

Se preguntaba Unamuno si sería lectura, y el poeta es, ha sido y será lectura. Su obra, su poesía, es un tesoro que por gracia de un pirata será descubierta una y mil veces por aventureros que crucen el umbral de las bibliotecas.

Miguel de Unamuno. Antología poética

El libro de bolsillo. Alianza Editorial, 1977

Introducción y selección: José María Valverde

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