El cuento no es un género literario tan “chico”

JC Marcos Recio

Grandes narradores dedicaron parte de su vida al cuento. Hubo quien denostó este género literario y quien no dejo de alabarlo. Para el argentino Borges, su obra era un cuento que se asemejaba a las novelas, pero el primera valor era el seguro. Ahora que los tiempos de lo audiovisual nos recuerdan algunos de esos cuentos, adaptados de mejor a peor manera, la lectura de alguno de ellos es una garantía de que el verano nos hará sentirnos mucho mejor. Pequeñas historias. Grandes personajes. Hay intriga, aventura, acción, romanticismo y amor, mucho amor y ternura.

Esa manera en que los cuentos cuentan la historia, enredando y desenredando la madeja, obedece a técnicas creativas reflejo de la sociedad en la que se han escrito y sobre todo a una gran agudeza por parte del autor. En la mayoría de ellos, se deja al lector que piense varias opciones para que luego se encuentre con la que no había pensado. El cuento no es un género literario tan “chico”. Es una obra que nos mueve a actuar, a ser generosos, a desarrollar nuestro intelecto, a convertirnos en héroes o en villanos, pero no nos deja indiferentes. Quien no haya leído cuentos con regularidad, no habrá vivido lo suficiente y estará condenado al fuego eterno a leerlos, porque los libros que contienen cuentos no arden en el infierno, siguen vivos en la mente de quien los creó y más en la de cada lector que los encubra más allá del cielo y el infierno.

No quiero hacer una lista de los grandes que han escrito cuentos. Siempre quedarían autores fuera. Cualquier de ustedes la tendría en una búsqueda sencilla en Internet. Les pondré algunos de los que yo he leído y sigo releyendo. Los rusos Dostoievski y Tolstói, Antón Chéjov por supuesto, me sorprendió en mi estancia en México. Los franceses: Charles Perrault, Alphonse Daudet, Guy de Maupassant, Charles Nodier,  Julio Verne y Émile Zola, a los que he leído en diferente etapas de mi vida. Y también recuerdo con especial disfrute a nuestro Pedro Antonio de Alarcón, del que aprendí a ver una España diferente.

Pero estas líneas obedecen a un libro especial que tengo entre manos. Es una edición del Fondo de Cultura Económica y la UNAM, en su sección: Clásicos del Fondo. Apareció hace unos meses. Se trata de la obra: “Cuentos Populares Mexicanos”, recopilados y reescritos por Fabio Morábito. Casi todos los Estados de México aportan historias breves, pero intensas, llenas de puro sabor mexicano. Acabo de leer: “Juan Turulete”: “Yo soy Juan Turulete, que de un golpe espanta a ocho y maya a siete”, pero anoche disfruté con el titulado: “Los cargadores del mundo”, una versión de porque la envidia termina con el ser humano y le pone a trabajar.

En fin, el cuento es siempre un apoyo literario, listo para el disfrute, apresto para enseñarnos y libre porque cada lectura nos da otra visión de la vida. Den un giro en su vida. Vayan a una biblioteca (incluso las hay en la playa). Pidan un cuento. Compren un cuento. Lean y disfruten un cuento.

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