‘Cuentos para contar’

Leticia Martín gana el concurso de Expozaragoza 2008 “Cuentos del agua”

La escritora tinerfeña Leticia Martín ha sido la ganadora del certamen de relato ‘Cuentos del agua’, organizado por Expo Zaragoza 2008, la editorial Laberinto de las Artes y Escuela de Escritores. El relato El reflejo de Samuel Hesse ha recibido la máxima puntuación del Jurado –entre cuyos miembros figuraban los escritores Jorge Edwards, Javier Tomeo, Lorenzo Silva, Andrés Neuman y Soledad Puértolas- entre los 1.113 originales presentados a concurso. El certamen está dotado con un primer premio de 6.000 euros y la publicación de la obra en la antología Cuentos del agua, que será presentada en Zaragoza el próximo 4 de abril y de la que también formarán parte los nueve relatos finalistas.

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El elefante encadenado (Cuento)

Estos días de invierno es tiempo de circo. Son varias las carpas instaladas en Madrid y aprovechan los padres los días de fiesta para irse con sus hijos al circo y recordarles viejas historias de cuando ellos eras niños. El circo es una manera de vivir de acá para allá, de convivir entre amigos y compañeros de trabajo y, sobre todo, de hacer amigos, de sonreir juntos y de pasar una tarde agradable. No lo es tanto este cuento que deberíamos leer junto a nuestros hijos antes de llevarles al circo. Es la historia de un animal, de los muchos que están en el circo, que ya no se acuerda de su libertad. Pasen y lean. Pasen y comenten.

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Ni carne ni pescado

No puedo comer carne ni pescado, ni nada que tenga ojos
o se mueva por sí mismo.

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Tinto de verano

Cuento del caballero con una huella en la frente
(A la gente del Cossío: una forma como otra cualquiera de daros las gracias)

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LA GABARDINA (Cuento 2007)

Embutido en la gabardina gris de paño, caminó unos metros embozado en el humo azul de su cigarro. Así, casi sin quererlo, llegó a una calle en la que no había estado nunca, o quizás sólo en sus sueños. La bruma envolvía las caras de las gentes, difuminaba las sombras de las esquinas y trazaba pequeños círculos en torno a las farolas. La calle parecía, a aquellas horas, un pequeño teatro cotidiano, casi vacío e inmaculado de puro viejo. El hombre todo lo observaba sin aspavientos, con el desdén de un dandy venido a menos. En sus ojos de color indefinido se reflejaban tibios recuerdos, imágenes apenas de ese pasado glorioso en el que casi había sido un dios…y un demonio.

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