Archivo de abril, 2020

Radiografía de la incidencia de la COVID-19 en las residencias de mayores

Cada día nos levantamos con un baile de cifras y datos sobre el drama de la incidencia de la COVID-19 en los distintos países, y especialmente en España dónde además se suman las informaciones de cada Comunidad Autónoma (CC.AA.) y las distintas metodologías de contabilizar la pandemia en nuestro país. Todo esto se agudiza aún más si nos referimos a la población mayor y vulnerable que es hasta ahora la más golpeada por esta pandemia y concretamente la situación en las residencias de mayores, en la que el baile de cifras es un día tras otro más confuso y dramático.

Reflexionando sobre esta situación en las residencias españolas donde hay registradas a finales de 2019 unos 5.417 centros residenciales para mayores que completan una oferta de 372.985 plazas con un ratio de unas 4,1 plazas por cada 100 personas mayores de 65 años, en las que el 72,8% son privadas y el 27,2% son de gestión pública, nos cabe la pregunta si este modelo residencial ha influenciado de alguna manera en la dramática cifra de muertos que las últimas informaciones estiman en 15.323 usuarios de residencias que han fallecido con la COVID-19 o síntomas compatibles, la mayoría de ellos en residencias situadas en Madrid, Cataluña, Castilla y León y Castilla-La Mancha. Así, los fallecidos en residencias equivaldrían a un 68% del total notificado oficialmente por el Ministerio de Sanidad.

Ante esta situación cabría preguntarse si este modelo residencial para mayores actualmente implantado de forma más o menos general y su distribución geográfica, ha influido en esta alta diseminación del coronavirus en estos centros. Todas estas reflexiones serán imprescindibles y seguramente ahora es demasiado pronto para tener una perspectiva adecuada pero antes o después nos tendremos que preguntar si existen modelos mejor adaptados para las necesidades de nuestros mayores de ahora, y para los que seremos en algunos años, no sólo para evitar las posibles pandemias del futuro sino para replantearnos si es la manera idónea de envejecer.

Posiblemente con los datos que disponemos ahora mismo, no podamos obtener las respuestas adecuadas a estas cuestiones, pero no está de más intentar analizar los datos de los que disponemos para ver una posible “imagen aérea” que nos aproxime esa deseada perspectiva.

Para ello con los datos disponibles actualmente a día 25 de abril de 2020, trazamos un mapa con la distribución de la incidencia de casos generales de la COVID-19 en la población en cada CC.AA.

Como se puede observar, Madrid y Cataluña son las dos comunidades autónomas que concentran el mayor número de casos con un 28,1% y 21,2% respectivamente.

Si nos centramos en los datos de mortalidad en las residencias por CC.AA. (aunque los datos se han ido proporcionando de forma parcial y poco homogénea por cada CC.AA.), la tendencia es la misma siendo las comunidades de Madrid, Cataluña, Castilla y León y Castilla-La Mancha las que concentran la mayoría de los casos y fallecimientos en las residencias.

Referencia: https://www.rtve.es

“Madrid y Cataluña suman más de 8.000 fallecidos en residencias”

 

En la Comunidad de Madrid se han reportado[1] desde el 8 de marzo 5.558 personas fallecidas en los 475 centros de residencias de mayores (968 positivos y 4.572 con síntomas compatibles con la COVID-19) que supone casi un 82% de los fallecidos en las propias residencias y un 71,6% de todos los fallecidos en la Comunidad.

En la Comunidad de Cataluña se han reportado desde el 15 de marzo 2.658 personas fallecidas en los 1.073 centros residenciales para mayores distribuidos en las distintas provincias, fundamentalmente concentradas en la Provincia de Barcelona con un 75,4% de las residencias de Cataluña. Estas cifras suponen un 62% de todos los fallecidos en Cataluña. Además, cabe mencionar que el Departamento de Salud de la Generalitat ha informado que se han detectado 9.104 casos positivos y 17.099 casos sospechosos compatibles con la enfermedad.

En la Comunidad de Castilla y León se han reportado 1.105 fallecidos en los 1.214 centros residenciales con coronavirus que supone el 51% de los fallecidos en residencias de mayores en la Comunidad, aunque se menciona por parte de la Consejería de familia que se han detectado otros 1.060 casos más de fallecidos con síntomas compatibles con la enfermedad. También cabe mencionar un dato estremecedor y es que de los fallecidos positivos o con sintomatología compatible, el 70,7% lo ha hecho en las propias residencias y el resto en los hospitales.

En la Comunidad de Castilla-La Mancha se han reportado 800 fallecidos con coronavirus en los 471 centros residenciales de la Comunidad que suponen un 36% de los fallecidos en estos centros. Además, al igual que otras Comunidades la Consejería de Sanidad han informado de 942 casos fallecidos compatibles con la enfermedad.

Focalizando en estas dramáticas cifras, se han recopilado los datos de información geográfica de las residencias españolas suministrado por el Mapa de recursos sociales y sanitarios del Departamento de Población del Instituto de Economía, Geografía y Demografía del Centro de Ciencias Humanas y Sociales, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y se han superpuesto con el mapa coroplético de incidencia de casos de coronavirus en la península, con la esperanza de obtener una visión sobre la manera que se distribuye la enfermedad y la influencia de la concentración de residencias en esta dinámica.

A simple vista se puede observar que las áreas con más concentración de centros residenciales coinciden con las comunidades autónomas con mayor número de casos de la COVID-19. Además, se observa que en estas áreas se concentran un importante número de residencias privadas frente a las residencias públicas. Sin embargo, no se puede establecer una correlación efecto-causa ya que existen otros núcleos poblacionales a lo largo de la península que concentran igualmente un número importante de centros residenciales y que sin embargo no muestran el mismo grado de casos de la COVID-19.

Para tener una fotografía aérea más focalizada en las áreas más afectadas por el coronavirus, se puede observar que tanto la provincia de Barcelona como la de Madrid presentan un alto porcentaje de centros residenciales privados, 82% en el caso de la capital catalana y un 76,5% en el caso de Madrid, en un área aparentemente muy concentrada en las capitales de las provincias. Focalizando esta situación en los diferentes municipios de las dos comunidades más afectadas, como en el caso anterior se representan la distribución geográfica de los distintos municipios junto con el posicionamiento de las residencias para observar las potenciales correlaciones entre concentración de residencias con la distribución de casos detectados de la COVID-19.

En cuanto a la incidencia de coronavirus por municipios y distritos en la Comunidad de Madrid, se observa que Puente de Vallecas y Leganés son los distritos del municipio de Madrid con mayor concentración de casos.

Sin embargo, se puede apreciar que no son los municipios o distritos que mayor concentración de plazas residenciales para mayores concentran, siendo en la zona norte de Madrid las áreas con mayor número de plazas residenciales disponibles. Solamente Leganés y Alcalá de Henares son las poblaciones que coinciden en alta concentración de casos positivos y mayor concentración de plazas residenciales.

En el caso de Cataluña, el efecto que se observa es parecido al de la Comunidad de Madrid, donde la mayor concentración de centros residenciales se sitúa en Barcelona y donde coincide el área con mayor concentración de casos positivos de la COVID-19 detectado desde el inicio de la pandemia en comparación con las otras provincias de Cataluña. Destaca el hecho de que en Barcelona y Sabadell concentra un número importante de plazas residenciales (16.216), la mayoría de ellas, casi un 80% son privadas.

Si focalizamos un poco más para tener una visión más clara de la zona dónde más casos de la COVID-19 se han detectado, apreciamos la concentración tan importante de centros residenciales en un área muy reducida.

Sí ponemos en relación los municipios que presentan mayor número de casos frente a los municipios con mayor concentración de plazas en centros residenciales para personas mayores observamos, que Barcelona concentra el mayor número de casos y el de plazas residenciales con mucha diferencia.

Aunque se puede vislumbrar que las áreas más duramente golpeadas por la pandemia por número de casos, presentan altas concentraciones de centros residenciales, no se puede concluir en una correlación directa entre ambos factores.

Es claro el dramático impacto que tiene la pandemia en las residencias y habrá que abordar una dura reflexión sobre la multitud de factores que seguramente han facilitado que la enfermedad se haya cebado en las personas mayores y en particular en estos centros residenciales y si se hubiera podido reducir este impacto con medidas preventivas más estrictas o si la incidencia hubiera sido menor con otros modelos residenciales, incluso de cara al futuro debemos reflexionar sobre la adopción de modelos que puedan prevenir este tipo de pandemias y que respeten la integridad de nuestros mayores, queda mucho trabajo por hacer…

Puede consultar más detalles del código del análisis de los datos del proyecto en Github.

Datos Recopilados de las Diferentes Consejerías de Sanidad de las CC.AA y del Instituto de Sanidad Carlos III.
Los Datos se han tratado mediante Python y el proyecto y los datos serán recopilado en breve en Github.

[1] Los datos se refieren a todos centros de servicios sociales de carácter residencial autorizados en la Comunidad de Madrid y que prestan atención a personas mayores, personas con discapacidad y personas con enfermedad mental

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El rejuvenecimiento del sistema inmunitario podría ser una de las estrategias para el tratamiento preventivo de la COVID-19 en personas mayores.

El envejecimiento es un proceso complejo y multifactorial que resulta el mayor factor de riesgo para las principales patologías humanas, como el cáncer, la diabetes, los trastornos cardiovasculares y las enfermedades neurodegenerativas.

Ahora, además, tristemente se suma la COVID-19 dentro de esta alta prevalencia en la que el virus se muestra más infeccioso y letal con las personas mayores. Las estadísticas mundiales de la pandemia del SARS-CoV-2 parecen indicar que es una infección que afecta en mayor proporción a las personas mayores. Según Worldometers, un recurso en línea que agrega datos sobre COVID-19, de las 1.864.639 personas infectadas en todo el mundo al 13 de abril de 2020, 433.825 pacientes se habían recuperado y 115.101 han muerto. En base a estos datos, se determina que la tasa de mortalidad (nº muertes/nº casos detectados) son hasta ahora de 3,6% para individuos de 60 a 69 años, 8% para individuos de 70 a 79 años y 14,8% para 80 años o más. La mayoría de la población infectada tiene 50 años o más, mientras que la mayoría de los fallecidos tiene 60 años o más.


Entre otras, una de las posibles causas de los aumentos mostrados en la mortalidad, gravedad y letalidad de la infección por la COVID-19 asociados con la edad es la inmunosenescencia, que es el deterioro gradual del sistema inmune provocado por el avance “natural” de la edad. Entre los factores que contribuyen a la inmunosenescencia se encuentra la disminución de la actividad crónica del timo con el transcurso de la edad. De hecho, las tasas de infección de COVID-19, estratificadas por edad, se correlacionan con esta disfunción del timo. Esta glándula es más activa en la edad infantil, alcanzando su tamaño máximo durante el primer año. Su actividad luego disminuye con la edad hasta que un individuo alcanza entre los 40 a 50 años, después de lo cual quedan pequeños rastros del timo restante, reemplazado por tejido conectivo fibroso. Como resultado de esta disfunción del timo, la generación de nuevas células T disminuyen significativamente según avanza la edad.

Esta inmunosenescencia asociada a la edad conduce a una capacidad cada vez más reducida para resistir las infecciones, lo cual produce daño biológico y pérdida de la homeostasis, lo que a su vez contribuye a un envejecimiento acelerado y al desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad generando una especie de “pescadilla que se muerde la cola”.

En este contexto, las medidas preventivas clásicas y las estrategias de tratamiento utilizadas hasta ahora para atacar enfermedades infecciosas como el caso de la COVID-19 pueden no ser tan efectivas, y podrían ser necesario contemplar estrategias alternativas geroprotectoras.

Estas alternativas de intervención deberían permitir especialmente a las personas mayores inmunocomprometidas generar una respuesta inmune más eficiente a las vacunas que se desarrollaran para ayudar a erradicar la enfermedad y así reducir la mortalidad asociada. Una vez que podamos salir de esta fase de intervención y con el propósito de disminuir esta tasa de mortalidad y mejorar la calidad de vida, principalmente entre las personas mayores y las poblaciones más vulnerable, los gobiernos y los sistemas de salud deben investigar estrategias preventivas y de intervención derivadas de los avances ya realizados en las investigaciones del envejecimiento.

Se han iniciado en la mayoría de los países y a nivel global diferentes vías de financiación para la investigación de tratamientos de enfermedades infecciosas en respuesta a la COVID-19, y aunque sin duda se invertirá mucho dinero en diferentes alternativas investigadoras, quizás sería interesante también asegurar la financiación de aquellas líneas prometedoras que ya estaban en marcha como por ejemplo las mencionadas sobre la mejora de la función inmune en las personas mayores.

En este punto podemos hacer una breve mención de las investigaciones alrededor de la mejora de la función inmune más destacables realizadas hasta la fecha como por ejemplo, la estrategia ya mencionada sobre el desarrollo de medicamentos que apuntan a la reactivación del timo atrofiado, donde se reactiva la producción de células T, o el desarrollo de inhibidores de mTOR que parece que han mostrado signos de ajustar el metabolismo para mejorar el sistema inmune.

Otras estrategias prometedoras son la regeneración de los ganglios linfáticos, vital para la coordinación de una respuesta inmunológica adecuada o la regeneración de la población de células madre hematopoyéticas que crea todas las células inmunes o la destrucción selectiva de células inmunes defectuosas o senescentes, las cuales han mostrado ser enfoques prometedores, pero todavía lejos de estar preparados para su salto a los ensayos clínicos. Quizás la estrategia de eliminación de células senescentes mediante terapias senolíticas es una perspectiva a más corto plazo para poder hacerse realidad.

Por tanto, resultaría interesante tener presente para aplicar en las etapas más avanzadas, estrategias preventivas de investigación contra la COVID-19 que puedan proporcionar terapias capaces de hacer que una persona de 70 años exhiba el perfil y la respuesta inmune de una persona más joven. Para ello, se requiere la voluntad para asegurar ahora los fondos de investigación para avanzar en las investigaciones más prometedoras de rejuvenecimiento del sistema inmune.

Referencia: Geroprotective and senoremediative strategies to reduce the comorbidity, infection rates, severity, and lethality in gerophilic and gerolavic infections. Alex Zhavoronkov. https://www.aging-us.com/article/102988/text

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Cuestionario que ayudará a analizar el impacto de la COVID-19 en las personas mayores

Como ya es sabido la COVID-19 está teniendo un alto impacto en toda la sociedad, pero especialmente en las personas mayores, al ser éste un grupo especialmente vulnerable.

Ante esta situación tan excepcional y llena de incertidumbres parece importante conocer cómo se está afrontando, con el fin tanto de aprender de ello como, tal vez, de mejorar qué hacer ante situaciones tan difíciles e inusuales en el futuro, lo cual contribuiría a manejar la situación en mejores condiciones ante potenciales nuevas oleadas de la pandemia.

Iniciativas en este sentido para tratar de analizar el impacto de la crisis que el coronavirus está generando en nuestro colectivo de personas mayores son de agradecer. Por este motivo es destacable la iniciativa del Grupo de investigación EVEN-UAM (Evaluación y Envejecimiento), liderado por  la Dra. Rocío Fernández-Ballesteros García, Catedrática Emérita de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid junto a Macarena Sánchez-Izquierdo, Doctora en Psicogerontología de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia Comillas, que han desarrollado un cuestionario online destinado al colectivo de personas mayores con el objetivo de analizar y conocer el impacto del Coronavirus en la población mayor.

El cuestionario (de no más de 10 minutos) es anónimo y tiene el objetivo de conocer las respuestas de las personas mayores ante la situación actual de la COVID-19, y tras el análisis de las distintas oleadas de recogidas de datos las conclusiones que se esperan extraer se centrarán fundamentalmente en cinco aspectos: 1) Datos sociodemográficos y hábitat; 2) Situación de la COVID-19; 3) Salud y estilos vida; 4) Relaciones sociales y uso del tiempo libre;  y 5) Afrontamiento de la situación.

Un aspecto también interesante al final del cuestionario, es que se facilitan una serie de recursos, que se ponen a disposición de los participantes que pueden ser convenientes ante una situación de confinamiento como ésta.

PARTICIPAR EN EL CUESTIONARIO

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Correlación entre la actividad física y la reducción de la mortalidad en la vejez

En este periodo de confinamiento tan difícil en los que se nos ha reducido drásticamente la posibilidad de realizar actividad física, los que más pueden sufrir esta limitación obligatoria son una vez más, las personas mayores. Analizando diferentes estudios científicos sobre este aspecto, se vuelve a constatar la importancia del ejercicio para conseguir un envejecimiento saludable, incluso cuando se inicia en edades más tardías. Sin embargo, dada la forma en que se recopilan los datos  y la forma en que se realizan los estudios epidemiológicos, es difícil determinar la causalidad. Podríamos preguntarnos ¿La propia actividad física es la que ejerce la protección, o es que las personas más robustas viven más y hacen ejercicio con más frecuencia? Afortunadamente, los estudios equivalentes en animales sobre el ejercicio no son ambiguos y muestran que el ejercicio en realidad actúa para mejorar la salud a largo plazo y reducir la mortalidad prematuraAquí, los investigadores amplían la evidencia existente al enfocarse en las tendencias del ejercicio físico en la edad adulta, y cómo esas tendencias se correlacionan negativamente con la mortalidad, ya que una reducción en el ejercicio con el tiempo es peor que las demás alternativas.

La actividad física iniciada a temprana edad  y a largo plazo promueve una amplia gama de beneficios para la salud y ha sido reconocida como un importante factor de protección ante las enfermedades crónicas. Estos efectos beneficiosos se traducen constantemente en tasas de mortalidad más bajas tanto en hombres como en mujeres. Los efectos saludables de la actividad física podrían extenderse hasta la vejez, ya que se sabe que retrasan el inicio de la discapacidad y aumentan la esperanza de vida. Además, el ejercicio moderado podría estar asociada negativamente con otros resultados adversos como la hospitalización, reduciendo así el gasto en atención médica. Sorprendentemente, a edades avanzadas, los niveles de actividad física pueden superar otros factores de riesgo cardiovascular o sociodemográfico que se asocian normalmente con resultados adversos en cohortes de población más jóvenes.

Reforzando estas certezas y focalizando en nuestro entorno cercano, se puede consultar un estudio longitudinal sobre el síndrome de fragilidad en una población mayor de España (concretamente en Toledo, denominado Toledo Study of Healthy Aging) con el objetivo de investigar la influencia de diferentes trayectorias de actividad física dentro de la población mayor.

Todo esto ahonda en la necesidad de que aún con la reducción de las posibilidades de movilidad en estos días, mucho más complicada para las personas mayores, sigamos buscando la manera de mantenernos activos dentro de nuestras posibilidades, y especialmente en el caso de las personas mayores.

En este sentido existen multitud de recursos, aquí destacamos algunos:

PROYECTO “DIAPOW” – sesión de entrenamiento a domicilio adaptada para personas mayores INEF-UPM

- Recomendaciones de la Sociedad Española de Medicina del Deporte, la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España.

- Guía de actuación y actividad física para personas mayores ante el confinamiento – Universidad de Cádiz

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