Archivo de octubre, 2020

La COVID-19 es un argumento más para investigar en el “rejuvenecimiento” del sistema inmunológico

En general, las enfermedades infecciosas representan un riesgo mayor para las personas mayores que para los jóvenes, como una condición impulsada por la debilidad del sistema inmunológico relacionada con la edad, que produce una creciente incapacidad eliminar patógenoscélulas de desecho, incluso para responder  eficazmente a las vacunas. Este es un estado conocido como inmunosenescencia, por el cual el sistema inmunológico a largo plazo se vuelve defectuoso e hiperactivo al mismo tiempo que pierde su eficacia, generando lo que se denomina una inflamación crónica que altera la función normal de los tejidos y estimula el desarrollo de numerosas enfermedades relacionadas con la edad. Restaurar una función inmunológica “rejuvenecida” sería enormemente beneficioso y reduciría en gran medida la mortalidad y las enfermedades relacionadas con la edad en general en las personas mayores. Este fenómeno propio de la edad, podría explicar por qué los grupos de personas mayores se ven más afectados por la COVID-19. Esto de por sí es una preocupación en aumento especialmente relevante en esta época de pandemia pero que puede tener otra implicación preocupante: las vacunas actuales y las que están por venir, y las cuales incitan al sistema inmunológico a luchar contra los invasores, sin embargo a menudo funcionan mal en las personas mayores. Lo que dejaría la principal esperanza actual para disminuir la incidencia de la pandemia, produciendo un menor efecto del deseado en el grupo poblacional que más la necesita.

El sistema inmunológico humano es increíblemente complejo y el envejecimiento afecta a casi todos los componentes. Algunos tipos de células inmunes se agotan: por ejemplo, los adultos mayores tienen menos células T inmaduras que responden a los nuevos invasores y menos células B, que producen anticuerpos que se adhieren a los patógenos invasores y los atacan para su eliminación. Aunque el proceso de inflamación temporal es una parte clave de las respuestas inmunológicas saludables, en el caso de las personas mayores, tienden a experimentar esta inflamación crónica permanente que produce que el sistema inmunológico responda posteriormente de forma menos eficaz a las agresiones externas, como resultadose produce una reacción más limitada a las infecciones y por tanto a la eficacia de las vacunas.

Fuente: Nature

Muchos de los cambios inmunológicos que vienen con el envejecimiento conducen al mismo resultado: inflamación. Debido a todo este contexto, la comunidad científica está buscando potenciales soluciones que rebajen esta respuesta inmunológica inflamatoria crónica. Una clase de fármacos, llamados senolíticos, podría ayudar a disminuir la presencia en el cuerpo de células senescentes que han dejado de dividirse pero que no morirán. Este tipo de células generalmente son eliminadas por el propio sistema inmunológico, pero a medida que el cuerpo envejece, el sistema inmunológico se hace menos eficiente y comienzan a acumularse este tipo de células, favoreciendo a su vez el aumento del estado inflamatorio crónico. En este sentido y como ejemplo de esta estratégia, un equipo de investigación realizó recientemente un estudio sobre 70 personas para probar si un senolítico llamado fisetina puede frenar la progresión de la COVID-19 en adultos mayores de 60 años. También planean probar si la fisetina puede prevenir la infección por la COVID-19 en los usuarios de residencias de ancianos.

En general, desarrollar medicamentos para mejorar la función inmunológica parece una estrategia muy interesante y que serviría de forma complementaria y sinérgica con la propia vacunación en las personas mayores. Las vacunas individuales se dirigen a patógenos específicos, pero se podría usar un medicamento de refuerzo inmunológico con cualquier vacuna para intentar aumentar su efecto en la población mayor.

Fuente: Cassandra Willyard. Nature

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Edad y probabilidad de infección por SARS-CoV-2

Los científicos han estimado que la edad de un individuo no indica la probabilidad de que esté infectado por el virus SARS-CoV-2 que produce la enfermedad de la COVID-19. Sin embargo, el desarrollo de los síntomas, la progresión de la enfermedad y la mortalidad si parece depender en mayor medida de la edad.

Por desgracia, se producen a diario una gran cantidad de muertes debido a la pandemia de la COVID-19, y se ha demostrado que las personas de edad avanzada desarrollan de manera desproporcionada síntomas graves y muestran una mayor mortalidad. Un equipo de científicos especializados en modelos epidemiológicos del Centro de Investigación para el Control de Zoonosis de la Universidad de Hokkaido, ha modelado los datos disponibles tanto de Japón como de España e Italia para mostrar que la susceptibilidad a la COVID-19 es independiente de la edad, mientras que la aparición de los síntomas más graves de la COVID-19 y la mortalidad probablemente dependan en mayor medida de la edad. Sus resultados fueron publicados en la revista Scientific Reports el 6 de octubre de 2020.

Las causas de la mortalidad en los ancianos pueden deberse a dos factores: la probabilidad de que estén infectados debido a su edad avanzada (susceptibilidad dependiente de la edad), que se refleja en el número de casos; y la probabilidad de que se vean afectados por una forma más grave de la enfermedad debido a su edad avanzada (gravedad dependiente de la edad), lo que se refleja en la tasa de mortalidad. Estos factores aún no se comprenden completamente para el caso de la COVID-19.

Los científicos optaron por analizar datos de Italia, España y Japón para determinar si existe alguna relación entre la edad, la susceptibilidad y la gravedadEstos tres países fueron elegidos porque tienen datos bien registrados y disponibles al público y son de los países más longevos dentro de los ranking de longevidad. En mayo de 2020, la tasa de mortalidad (número de muertes por cada 100.000) fue de 382,3 para Italia, 507,2 para España y 13,2 para Japón. Sin embargo, a pesar de la gran disparidad en las tasas de mortalidad, la distribución por edad de la mortalidad (el número proporcional de muertes por grupo de edad) fue similar para estos tres países.

Los científicos desarrollaron un modelo matemático para calcular la susceptibilidad en cada grupo de edad en diferentes condiciones. También tomaron en cuenta el nivel estimado de contacto de persona a persona en cada grupo de edad, así como los diferentes niveles de restricción para las actividades fuera del hogar en los tres países.

El modelo mostró que la edad no debe influir en la susceptibilidad, sino que debe influir negativamente en la gravedad y la mortalidad, para poder explicar el hecho de que la distribución por edades de la mortalidad es similar entre los tres países.

Referencia: Ryosuke Omori, Ryota Matsuyama, Yukihiko Nakata. The age distribution of mortality from novel coronavirus disease (COVID-19) suggests no large difference of susceptibility by ageScientific Reports, 2020; 10 (1) DOI: 10.1038/s41598-020-73777-8

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La senescencia celular como marcador de la gravedad de la COVID-19

El difícil equilibrio entre inflamación y envejecimiento, causante de preactivar muchas de las enfermedades relacionadas con la edad, ha puesto el foco en las células senescentes y el papel fundamental que juegan en todos estos procesos. Nuestras células se vuelven senescentes constantemente a lo largo de nuestra vida pero especialmente, según avanza la edad, tienden a permanecer en los tejidos y aumentar en número. Las células senescentes cesan su replicación, aumentan de tamaño y secretan una potente mezcla de señales inflamatorias pero normalmente se autodestruyen o son destruidas por el sistema inmunológico poco después de entrar en ese estado senescente. Sin embargo cumplen una serie de propósitos útiles cuando están presentes a corto plazo, como por ejemplo ayudar en la supresión del cáncer y curación de heridas. Sin embargo, cuando la señalización de las células senescentes continúa sin cesar, altera la estructura y función de los tejidos y activa el sistema inmunológico de una forma permanente dando lugar a un estado de inflamación crónica. Esta es una de las causas más importantes que contribuyen a la aparición de un estado de envejecimiento degenerativo.

En el caso del virus SARS-CoV-2, el nuevo coronavirus que infecta el tracto respiratorio inferior y puede causar la desgraciadamente tan famosa enfermedad de la COVID-19, muestra en los datos epidemiológicos que tiene una mortalidad alta especialmente entre personas de edad avanzada, lo que ha hecho pensar en una correlación directa entre la gravedad de la infección y el proceso de envejecimiento biológico que si los expertos consiguen comprender del todo, podría proporcionar una vía manejable para una terapia de prevención ante esta enfermedad.

En un artículo publicado en la revista Aging Cell, un grupo de investigadores han hecho una revisión sobre la hipótesis que relaciona de forma estrecha, el nivel de presencia de células senescentes y su contribución a la gravedad de la COVID-19, ya que existe una participación extra de las células senescentes para generar la tormenta de citocinas no controlada característica del agravamiento de la enfermedad y una reacción inflamatoria excesiva durante la fase inicial. Además se producen diversos mecanismos por los cuales las células senescentes promueven el daño tisular que conduce a la insuficiencia pulmonar y disfunciones en diferentes tejidos propios de los casos más graves. Los investigadores además, argumentan su teoría de porqué una presencia excesiva de células senescentes podría tener un impacto negativo en la eficacia de la futura vacuna contra la COVID-19.

Por tanto según estos investigadores, utilizar el nivel de senescencia celular de un individuo podría servir como marcador predictor temprano de la gravedad de la COVID-19, lo que podría proporcionar mejores estrategias para atacar los mecanismos asociados a la senescencia antes y después de la infección por SARS-CoV-2 para intentar limitar los daños más graves y mejorar la eficacia de las futuras vacunas.

Referencia: Nehme J, Borghesan M, Mackedenski S, Bird TG, Demaria M. Cellular senescence as a potential mediator of COVID‐19 severity in the elderly. Aging Cell. 2020;00:e13237. https://doi.org/10.1111/acel.13237

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El delirio es una posible señal clave de la COVID-19 en personas mayores frágiles

Una nueva investigación basado en el análisis de datos realizado por científicos del King’s College London utilizando información de la aplicación COVID Symptom Study y de pacientes ingresados en el St Thomas ‘Hospital en Londres, intentan demostrar que el delirio, un estado de confusión aguda asociado con un mayor riesgo de enfermedad grave y muerte, aparece como un síntoma clave de la COVID-19 en personas mayores frágiles.

Los hallazgos, que han sido publicados en la revista Age and Aging, destacan que los médicos y cuidadores deben ser conscientes de que el delirio se puede  presentar como una posible señal de advertencia temprana de la COVID-19 en los ancianos, incluso en ausencia de síntomas más típicos como tos o fiebre.

Los investigadores analizaron datos de dos grupos de personas mayores de 65 años desde marzo a mayo. El primer grupo incluyó a 322 pacientes ingresados en el hospital con la COVID-19 confirmada, mientras que el segundo estaba compuesto por 535 usuarios de la aplicación COVID Symptom Study que informaron haber tenido un resultado positivo en la prueba.

A partir del análisis de todos estos datos descubrieron que los adultos mayores ingresados en el hospital que se clasificaron como frágiles según una escala estándar, tenían más probabilidades de haber tenido delirio como uno de sus síntomas iniciales que las personas de la misma edad que no estaban clasificadas como frágiles. El delirio, junto con el cansancio y la dificultad para respirar, también fueron más comunes en los usuarios más frágiles de la aplicación móvil, en comparación con las personas más en forma de la misma edad.

Un tercio de los usuarios de aplicaciones que experimentaron delirio no informaron haber sufrido los síntomas “clásicos” de la COVID-19 de tos y fiebre, mientras que el delirio fue el único síntoma para alrededor de uno de cada cinco (18,9%) de los pacientes hospitalizados.

La fragilidad en el grupo de pacientes hospitalizados se midió mediante la prueba Clinical Frailty Scale (CFS). Al mismo tiempo se pidió a los usuarios de la aplicación móvil que completaran un breve cuestionario preguntando sobre su salud, que es comparable a la CFS.

Este es el primer estudio que muestra que el delirio es un síntoma probable de la COVID-19 en adultos mayores frágiles, aunque aún debe aclararse cuál es la conexión biológica exacta entre las dos condiciones. Los invesatigadores aconsejan que los médicos y cuidadores deben estar atentos a cualquier cambios en el estado mental en personas mayores, como confusión o comportamiento extraño, y estén alerta al hecho de que esto podría ser un signo temprano de infección por coronavirus.

Los últimos seis meses han demostrado que la COVID-19 puede propagarse de manera catastrófica a través de las residencias de mayores. Saber que el delirio es un síntoma en las personas más frágiles ayudará a las familias y a los cuidadores a detectar los signos de la COVID -19 y actuar de manera apropiada y poner en marcha medidas tempranas de control de infecciones como aislamiento, mayor higiene y equipo de protección personal para proteger a este grupo altamente vulnerable.

Los hallazgos también destacan la necesidad de una evaluación sistemática de la fragilidad de las personas mayores, junto con la concienciación y la detección del delirio para esta población vulnerable principalmente en hospitales, residencias, y centros sociales.

Referencia: Maria Beatrice Zazzara, Rose S Penfold, Amy L Roberts, Karla A Lee, Hannah Dooley, Carole H Sudre, Carly Welch, Ruth C E Bowyer, Alessia Visconti, Massimo Mangino, Maxim B Freydin, Julia S El-Sayed Moustafa, Kerrin Small, Benjamin Murray, Marc Modat, Jonathan Wolf, Sebastien Ourselin, Mark S Graham, Finbarr C Martin, Claire J Steves, Mary Ni Lochlainn. Probable delirium is a presenting symptom of COVID-19 in frail, older adults: a cohort study of 322 hospitalised and 535 community-based older adultsAge and Ageing, 2020; DOI: 10.1093/ageing/afaa223

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