Archivo de marzo, 2021

La actividad física aumenta el flujo sanguíneo al cerebro y puede prevenir el envejecimiento cognitivo

No son solo tus piernas y tu corazón los que se ejercitan cuando caminas o haces ejercicio sino también…tu cerebro.

Un nuevo estudio realizado por investigadores de UT Southwestern Medical Center muestra que cuando los adultos mayores con un inicio de pérdida leve de memoria o con un nivel de deterioro cognitivo leve, siguieron un programa de ejercicio durante un año, se observó un aumentó significativo del flujo sanguíneo al cerebro, lo que podría mejorar su memoria.

Hasta una quinta parte de las personas de 65 años o más muestran algún nivel de deterioro cognitivo leve (MCI): cambios leves en el cerebro que afectan la memoria, la toma de decisiones o las habilidades de razonamiento. En muchos casos, el MCI progresa a demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer. Los científicos han demostrado anteriormente que los niveles de flujo sanguíneo más bajos de lo habitual y los vasos sanguíneos más rígidos que fluyen hacia el cerebro están asociados con el deterioro cognitivo leve y la demencia. Los estudios también han sugerido que el ejercicio aeróbico regular puede ayudar a mejorar el estado cognitivo y la memoria en adultos mayores sanos.

Sin embargo, los científicos no han establecido si existe un vínculo directo entre el ejercicio, la rigidez de los vasos sanguíneos y el flujo sanguíneo cerebral. En este estudio, se siguieron a 70 hombres y mujeres de entre 55 y 80 años que habían sido diagnosticados con MCI. Los participantes se sometieron a exámenes cognitivos, pruebas de aptitud física y escáneres de resonancia magnética (IRM) del cerebro. Luego se les asignó al azar para seguir un programa de ejercicio aeróbico moderado o un programa de estiramientos durante un año. El programa de ejercicio incluía de tres a cinco sesiones de ejercicio a la semana, cada una con 30 a 40 minutos de ejercicio moderado, como una caminata rápida. En ambos programas, los fisioterapeutas supervisaron a los participantes durante las primeras cuatro a seis semanas, luego hicieron que los pacientes registraran sus ejercicios y usaran un monitor de frecuencia cardíaca durante el ejercicio.

Cuarenta y ocho participantes del estudio, 29 en el grupo de estiramientos y 19 en el grupo de ejercicio aeróbico, completaron el año de entrenamiento y regresaron para las pruebas de seguimiento. Entre ellos, los que realizaron ejercicio aeróbico mostraron una disminución de la rigidez de los vasos sanguíneos en el cuello y un aumento del flujo sanguíneo general del cerebro. Cuanto más aumentaba su consumo de oxígeno (un marcador de aptitud aeróbica), mayores eran los cambios en la rigidez de los vasos sanguíneos y el flujo sanguíneo cerebral. No se encontraron cambios en estas medidas entre las personas que siguieron el programa de estiramientos.

Si bien el estudio no encontró cambios especialmente significativos en la memoria u otra función cognitiva, los investigadores mencionan que puede deberse al tamaño pequeño o la corta duración del ensayo. Los cambios en el flujo sanguíneo podrían preceder a los cambios en la mejora cognitiva. Los investigadores ya están llevando a cabo un estudio más amplio de dos años, Reducción del riesgo de la enfermedad de Alzheimer (rrAD), que investiga más a fondo este vínculo entre el ejercicio y el deterioro cognitivo.

Según los investigadores, es probable que algunas personas se beneficien más del ejercicio que otras, pero con el tamaño de la muestra en este estudio, resulta complicado analizar subgrupos de personas para llegar a esas conclusiones. Aún así, los datos son importantes para ayudar a explicar los efectos del ejercicio en el cerebro y por qué puede ser beneficioso, además de ser útiles para los propios médicos cuando hablan con sus pacientes y tratan de justificar los beneficios del ejercicio.

Referencia: Tsubasa Tomoto, Jie Liu, Benjamin Y, Tseng, Evan P. Pasha, Danilo Cardim, Takashi Tarumi, Linda S. Hynan, C. Munro Cullum, Rong Zhang. One-Year Aerobic Exercise Reduced Carotid Arterial Stiffness and Increased Cerebral Blood Flow in Amnestic Mild Cognitive ImpairmentJournal of Alzheimer’s Disease, 2021 [abstract]

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La soledad, la distancia física, el confinamiento y sus repercusiones en el bienestar de las personas mayores que viven en residencias (Reflexiones de la Profesora Sacramento Pinazo-Hernandis)

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 Las personas que enferman en un centro residencial tienen derecho a la atención sanitaria pública y gratuita por su condición de ciudadanos y no es admisible que sean privados de este derecho por su edad o por tener discapacidad o dependencia”, son algunas de las reflexiones que la Profesora Sacramento Pinazo-Hernandis (Profesora de Psicología Social en la Universidad de Valencia) plantea en su artículo desarrollado para la plataforma Ágora* de la Fundación General CSIC (FGCSIC).

El artículo destaca que las medidas generales de contención de la pandemia adoptadas para las personas que viven en residencias de personas mayores han evitado contagios y en cierta medida han salvado vidas, pero no siempre tuvieron en cuenta las necesidades de esta población, ya que en muchas ocasiones se han vulnerado sus derechos y se han limitado sus libertades.

La profesora Pinazo-Hernandis centra su reflexión sobre las residencias, donde la mayor edad y las comorbilidades que presentan sus usuarios han sido y son factores de riesgo de gravedad que, junto con un entorno cerrado y en estrecho contacto con otros residentes y cuidadores, favorece la transmisión. Todo esto ha hecho que los efectos de la emergencia sanitaria provocada por la COVID-19 hayan sido particularmente graves en este grupo poblacional.

Pero a pesar de mencionar los graves efectos directos de la pandemia, el artículo se centra en mayor medida en los efectos indirectos, asociados a las consecuencias producidas por el confinamiento en los residentes durante este largo y triste año.

Se ha corroborado que el aislamiento producido por el confinamiento impacta directamente en aspectos físicos, emocionales y sociales muy relevantes para la salud de las personas mayores, relacionándose con un aumento de sentimientos de soledad, miedo o desamparo y en los índices de depresión y ansiedad que se han podido observar.

Según la profesora Pinazo-Hernandis, los centros residenciales no han tenido los recursos sanitarios necesarios para hacer frente a la pandemia, ya que no son centros sanitarios ni hospitalarios. Son espacios de convivencia y las normas que regulan su creación y funcionamiento, así como las actividades que se realizan en su interior a diario, son las de un lugar de vida.

El abordaje que se ha dado al problema de la COVID-19 no siempre ha considerado suficientemente los criterios generales de mantenimiento de la autonomía y dignidad de las personas mayores. Por el contrario, algunas de las medidas que se implementaron no tuvieron en cuenta suficientemente la voluntad y la situación de las personas en los centros residenciales. La atención integral debe considerar las necesidades físicas, sensoriales, cognitivas y emocionales, evitando la discontinuidad en los cuidados en todas sus dimensiones, tengan o no relación con la propagación del virus con el fin de preservar y mantener lo mejor posible las capacidades de los usuarios de las residencias.

Finalmente, la profesora Pinazo-Hernandis, aboga por la necesidad de una estrategia de consenso nacional para el cuidado relacional y el buen trato de las personas que viven en residencias que asegure la dignidad en la última etapa de la vida, manteniendo en la medida de lo posible la voluntad manifestada por la persona mayor y el respeto.

Puede leer el artículo completo descargando el documento PDF desde la plataforma Ágora FGCSIC.


* Ágora es un espacio de reflexión dirigido a la sociedad en su conjunto, en el que a través de la publicación de tribunas y artículos de divulgación se ofrece una visión fundamentada y de referencia sobre la actualidad científica y sus implicaciones económicas y sociales.

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