‘Actividad física’

La revolución de la longevidad

Alexandre Kalache, uno de los mayores expertos internacionales en temas de longevidad, ha sido el encargado de pronunciar la conferencia de apertura de la exposición de la Fundación General CSIC “A vivir que son 100 años. Una visión científica de la longevidad y el envejecimiento saludable”, inaugurada en la Casa de la Ciencia de Sevilla el día 1 de octubre con motivo de la celebración del “Día Internacional de las Personas de Edad”.

En su conferencia,  titulada  “La revolución de la longevidad”, Alexandre Kalache, quien actualmente preside la Alianza Global de Centros Internacionales de Longevidad (ILC Global Alliance) y el Centro Internacional de Longevidad Brasil (ILC-BR), ha  puesto de relieve que nos encontramos en un momento clave: estamos viviendo una revolución a nivel global en la que todos estamos inmersos, la revolución de la longevidad, ya que actualmente hay en el planeta más personas vivas mayores de 60 años que la suma de todas las que ha habido a lo largo de la historia de la humanidad. En su opinión, tenemos que celebrar que estamos viviendo y que cumplimos años, todo lo demás es una muerte prematura. Por eso, para este experto, “el envejecimiento activo es lo que nos anima a estar en movimiento”.

Kalache, que fue director del departamento de Envejecimiento y Curso de la Vida de Organización Mundial de la Salud, donde concibió en 2002 el marco político del Envejecimiento Activo y, en 2007, el movimiento global de las Ciudades Amigables de las Personas Mayores, ha destacado la importancia de esta red. “Estas ciudades están orientadas a apoyar y permitir a las personas mayores vivir dignamente, disfrutar de una buena salud y continuar participando en la sociedad de manera plena y activa. La vida ha dejado de ser una carrera de 100 metros, para convertirse en una maratón para la que hay que prepararse tanto individualmente como a nivel social”.

 

La exposición “A vivir que son 100 años”, una iniciativa de la Fundación General CSIC en el marco del proyecto “Centro Internacional sobre el Envejecimiento” (CENIE), cofinanciado por fondos FEDER Interreg V-A (POCTEP 2014-2020), pretende ser un recorrido por los aspectos que forman parte de nuestro envejecimiento como individuos y como sociedad. Estructurada en cinco ámbitos, la muestra da respuestas a algunas de las preguntas que nos hacemos durante este recorrido vital: ¿Qué es el envejecimiento? ¿Qué hace la gente para tener vidas tan largas? ¿Cómo condiciona el entorno a nuestra forma de envejecer? ¿Qué debo hacer para conseguir un envejecimiento saludable? Y un paso más ¿qué hacer para alcanzar los 100 años saludablemente?

Más información de la exposición

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Vivir Felices: Ideas, tecnologías e innovación. Soluciones para el envejecimiento activo, saludable y feliz

El grupo de investigación Life Supporting Technologies (LST), de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros en Telecomunicación de la Universidad Politécnica de Madrid, organizó ayer 26 de abril una jornada para analizar, intercambiar y construir caminos que permitan superar uno de los grandes desafíos a los que se enfrenta la sociedad actual: cómo vivir más felices y construir la propia felicidad centrado en las personas mayores pero con una visión a lo largo de todas las generaciones.

La jornada se realizó en el marco del proyecto europeo ACTIVAGE, una iniciativa de Horizonte 2020 que aborda el paradigma del Internet de las Cosas con el fin de generar soluciones tecnológicas que permitan promover un envejecimiento activo y saludable.

La jornada cuanto menos resultó sorprendente,…sorpresa agradable!!. Acostumbrado a las conferencias científicas o de divulgación de la ciencia a la sociedad en la que el publico mayoritario son los propios científicos, esta jornada resultó un chorro de aire fresco. Desde el hilo conductor de “Vivir Felices”, la Dra. María Teresa Arredondo, Directora del LST, nos transmitió toda su energía y nos dio paso a la jornada con una serie de conferencias breves que planteaban el desafío de construir la propia felicidad, situación del envejecimiento poblacional, cómo podemos cuidar el cerebro y la importancia de conectarnos con la emoción y las ilusiones.

En la primera conferencia la Dra. Dolores Puga, investigadora del CSIC y coordinadora del comité de expertos sobre envejecimiento de la FGCSIC, expuso desde una perspectiva positiva, el gran logro conseguido en la situación actual del envejecimiento demográfico y su previsible evolución. La Dra. Puga destacó la situación actual de la sociedad al ser todos mucho más iguales ante la muerte, frente a generaciones anteriores, ahora todos vivimos más y con más salud durante la vejez, retrasando el inicio de la senectud y siendo una población mucho más diversa. La Dra. Puga lanzó una duda muy razonable: ¿La sociedad actual esta envejeciendo o rejuveneciendo en realidad?. Además destacó, la próxima exposición itinerante que desarrollará la FGCSIC sobre el tema del envejecimiento, denominada: “A vivir que son 100 años”, que iniciará su andadura en octubre de este año en Sevilla.

En la segunda conferencia la Dra. Maite Garolera responsable de la Unidad de Neuropsicología y directora del grupo de investigación Cerebro, Cognición y Conducta del Consorcio Sanitario de Terrassa, intentó transmitir de una forma muy didáctica cómo cuidar nuestro cerebro y la importancia de ser felices, vivir experiencias y de qué manera eso influye en el modelado de nuestros cerebros. La importancia de la memoria para proyectar hacia el futuro y cómo cambia el cerebro cuanto “más vivimos”. Destacó el concepto de Reserva Cognitiva y cómo es beneficioso invertir en nuestro cerebro durante toda nuestra vida para llegado el momento del envejecimiento, nuestro cerebro pueda compensar la perdida cognitiva propia de la edad.

Posteriormente el Dr. Fermin Mayoral, doctor en Psiquiatría del Servicio Andaluz de Salud, trasmitió la importancia de la sonrisa, la emoción y la ilusión como fuerzas motoras para la felicidad y un envejecimiento exitoso. Hizo cuatro recomendaciones generales para luchar contra el envejecimiento y las enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer que se producen mayoritariamente durante el envejecimiento: Conectarte, mantener y generar nuevas relaciones y amistades, actividad física, experimentar emociones y fomentar la curiosidad y el aprendizaje continuo, como receta preventiva para un envejecimiento saludable.

Finalmente el Dr. Sergio Guillen, comento los aspectos clave de un ambicioso proyecto europeo para un envejecimiento activo, mediante soluciones que plantean el uso del Internet of Things (El Internet de las Cosas), denominado ACTIVAGE financiado por el Horizonte 2020. El proyecto desarrolla un concepto que se basa en la interconexión digital y que permitirá incrementar la seguridad de las personas mayores, favoreciendo el mantenimiento de su independencia y participación social, así como reducir el impacto negativo que implican enfermedades crónicas y el deterioro.

Al terminar las coferencias, hubo una exposición que invitaba a divertirse usando tecnologías para la vida diaria que permiten potenciar una vida más conectada e independiente. La exposición estaba concebida como un circuito interactivo para enseñar algunas de las aplicaciones para enfrentar la tristeza y la soledad, herramientas para el estrés y la depresión, juegos para fortalecer la motricidad, ejercicios de entrenamiento cognitivo o del equilibrio, además de una sorprendente rifa con premios para el público asistente, entre otros.

Sin duda una buena experiencia de divulgación científica y tecnológica para intentar “poner de moda” la felicidad y el envejecimiento saludable…

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La ciencia lo reafirma: una vida de ejercicio regular ralentiza el envejecimiento

facility_bikepath_PL.jpgUna investigación realizada sobre un grupo de personas mayores que han realizado ejercicio toda su vida, se compararon con un grupo de adultos de la misma edad y adultos más jóvenes que no hacen ejercicio regularmente. Los resultados mostraron que aquellos que han hecho ejercicio han desafiado el proceso de envejecimiento, teniendo la inmunidad, la masa muscular y los niveles de colesterol de una persona más joven.

El estudio reclutó a 125 ciclistas aficionados de entre 55 a 79 años, 84 de los cuales eran hombres y 41 eran mujeres. Los hombres tenían que poder recorrer 100 km en menos de 6,5 horas, mientras que las mujeres debían poder recorrer 60 km en 5,5 horas. Los individuos fumadores, bebedores y aquellos con presión arterial alta u otras condiciones de salud fueron excluidos del estudio. Este grupo de participantes se sometieron a una serie de pruebas en el laboratorio y se compararon con un grupo de adultos que no participan en actividad física regular. Este grupo consistió en 75 personas saludables de entre 57 y 80 años y 55 adultos jóvenes sanos de entre 20 y 36 años.

El estudio mostró que la pérdida de masa muscular y de fuerza, no se produjo en aquellos que hacen ejercicio regularmente. Los ciclistas tampoco aumentaron sus niveles de grasa corporal o de colesterol con la edad y los niveles de testosterona en los hombres también se mantuvieron altos, lo que sugiere que es posible que hayan evitado la mayor parte de la “menopausia” masculina.

Con cierta sorpresa, el estudio también reveló que los beneficios del ejercicio se extienden más allá de los músculos, ya que los ciclistas también tenían un sistema inmune que tampoco parecía envejecer al ritmo normal. El timo (órgano linfático), hace que se produzcan menos células inmunitarias (células T) a partir de los 20 años, aproximadamente. En este estudio, sin embargo, el timo que presentaban los ciclistas estaban produciendo tantas células T como las de una persona más joven.

Los hallazgos de la investigación se detallan en dos artículos publicados en Aging Cell y son el resultado de un estudio conjunto entre las universidades de Birmingham y el King’s College de Londres, financiado por la Fundación BUPA.

Este tipo de investigaciones significan que cada vez disponemos de más pruebas sólidas para poder alentar a las personas a comprometerse con el ejercicio regular a lo largo de sus vidas como una solución viable al problema de vivir más pero con peor calidad y menos saludables.

Por tanto, encontrar un tipo de ejercicio con el que se disfrute en cualquier entorno y hacerlo un hábito de actividad física, probablemente se obtendrá una gran recompensa a largo plazo disfrutando de una vejez más saludable, independiente y productiva.

Referencia: Ross D. Pollock, Katie A. O’Brien, Lorna J. Daniels, Kathrine B. Nielsen, Anthea Rowlerson, Niharika A. Duggal, Norman R. Lazarus, Janet M. Lord, Andrew Philp, Stephen D. R. Harridge. Properties of the vastus lateralis muscle in relation to age and physiological function in master cyclists aged 55-79 yearsAging Cell, 2018; e12735 DOI: 10.1111/acel.12735

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La motivación como clave en un envejecimiento activo

En la población mayor, el nivel de actividad física disminuye a medida que se incrementa la edad. Este estado de inactividad física no solamente afecta a la intensidad del ejercicio, sino también a su duración, lo que conlleva una mayor dificultad en la realización de tareas cotidianas y un descenso en su calidad de vida.

La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ha participado en un estudio que evalúa el efecto de un programa de entrenamiento de fuerza con sobrecargas de intensidad moderada-alta en el que se incluyeron una serie de estrategias motivacionales sobre la composición corporal y la motivación autodeterminada. Uno de los objetivos ha sido analizar qué factores son determinantes para conseguir una adhesión a la práctica regular de actividades físicas y deportivas.

Numerosos estudios han mostrado que la realización de ejercicio físico regular por parte de las personas mayores puede posponer los efectos del envejecimiento. Sin embargo, ninguna investigación hasta ahora ha explicado por qué un porcentaje tan bajo de personas que buscan un estilo de vida saludable son capaces de integrar con éxito la actividad física en su forma de vida.

Las experiencias negativas en la práctica, la baja percepción de la competencia motriz o la falta de apoyo social y cultural son algunos factores que impiden que la población mayor realice ejercicio físico de forma regular.

Las estrategias incluidas en el estudio, en colaboración con la Universidad de Alicante y la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), se basan en reforzar las sensaciones más positivas hacia la práctica regular de ejercicio físico.

“Este trabajo ofrece 10 estrategias motivacionales para ser incluidas en programas de entrenamiento de la fuerza muscular en personas mayores, las cuales ayudan a los participantes a conseguir una mayor satisfacción de las necesidades psicológicas básicas de autonomía, competencia y relaciones sociales”, explica Alexander Gil Arias, investigador de Centro de Estudios del Deporte de la URJC. “Con una mayor motivación intrínseca hacia la práctica de ejercicio físico, junto con la realización de un adecuado programa de entrenamiento, se pueden alcanzar beneficios a nivel integral y mejorar la calidad de vida”.

Programa de entrenamiento específico

La investigación ha sido desarrollada a partir de un diseño cuasi-experimental con un grupo de control y un grupo experimental. Las sesiones fueron aplicadas tres veces por semana durante tres meses. El programa de entrenamiento incluyó ejercicios de fuerza en los grupos musculares de pecho, espalda, tríceps, bíceps, hombros y piernas. La intensidad de los ejercicios fue moderada y, a medida que los participantes podían realizar un mayor número de repeticiones de las prescritas inicialmente, se fue incrementando progresivamente. De forma complementaria al entrenamiento, se incluyeron una serie de estrategias motivacionales con el propósito de incrementar la adherencia al programa de intervención.

“Los participantes que pertenecían al grupo experimental, respecto a los sujetos del grupo control, mostraron una mayor autonomía, competencia y relaciones sociales y, consecuentemente, una mayor motivación intrínseca hacia la práctica de ejercicio físico”, explica Alexander Gil. Además, los investigadores han observado que los participantes del grupo experimental disminuyeron significativamente el porcentaje de masa grasa, peso corporal e índice de masa corporal, al mismo tiempo que se incrementó la masa magra.

A la luz de estos resultados, este programa de entrenamiento de la fuerza específico y de carácter multidimensional ha constatado los efectos positivos, tanto físicos como sociales y psicológicos, después de doce semanas de intervención.

La importancia de los educadores 

Los autores también hacen referencia al destacado papel que pueden llegar a tener los educadores físicodeportivos en la utilización de diferentes estrategias motivacionales durante los entrenamientos con personas mayores. Su labor puede ayudarles a adherirse, dentro de sus hábitos diarios, a la práctica regula de ejercicio físico y conseguir mejoras a nivel físico, psicológico y social.

“Son necesarios más proyectos de investigación de carácter multidimensional donde no solamente se investiguen variables biológicas, sino también variables psicosociales para conocer cuáles son los motivos que mueven a las personas a mantenerse regularmente en un programa de ejercicio físico”, según manifiesta el investigador de la URJC.

Los investigadores sugieren que los educadores físicodeportivos diseñen programas de entrenamiento de la fuerza para personas mayores en los que se incluyan estrategias motivacionales. El objetivo sería fomentar la motivación adecuada en la población mayor para adherirse a la práctica habitual de ejercicio físico y, como consecuencia de ello, ayudarles a disfrutar y mejorar su salud desde un punto de vista integral según los principios de la OMS.

Fuente: Agencia SINC

Material gráfico: Designed by iconicbestiary / Freepik

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Nunca es tarde si… el envejecimiento es bueno

El inicio de un hábito constante de ejercicios adaptados, puede revertir los daños coronarios en individuos con hábitos sedentarios, ayudando a prevenir el riesgo de futura insuficiencias cardíacas, según un nuevo estudio realizado por cardiólogos del Instituto de medicina deportiva y ambiental (IEEM) en Dallas (EEUU).

Para obtener el mayor beneficio de este tipo de rutinas deportivas, debe comenzar hacia la mediana edad (antes de los 65), cuando el corazón aparentemente dispone todavía de la suficiente plasticidad y capacidad de remodelarse, según los hallazgos de los investigadores. Según este estudio, cuanto más tarde se comienza a desarrollar un hábito de vida saludable menor impacto en la salud cardiovascular. De tal manera que empezando en la mediana edad, debe realizarse de cuatro a cinco sesiones por semana, ya que dos o tres veces no han demostrado ser lo suficientemente efectivo para revertir los posibles daños coronarios.

Los participantes del estudio acumularon esos niveles de ejercicio, comenzando con tres sesiones de ejercicio moderadas de 30 minutos durante los primeros 3 meses y alcanzaron su punto máximo a los 10 meses cuando se agregaron dos sesiones más de intervalos aeróbicos de alta intensidad.

Los más de 50 participantes en el estudio entre los 45 y los 65 años, se dividieron en dos grupos, uno de los cuales recibió dos años de entrenamiento de ejercicio supervisado y el otro grupo de control, que participó sólo en entrenamiento de yoga y equilibrio.

Al final del estudio durante dos años, los que se ejercitaron más intensamente mostraron una mejora del 18% en su consumo máximo de oxígeno durante el ejercicio y una mejora de más del 25% en el cumplimiento o la elasticidad del músculo ventricular izquierdo del corazón.

Los hábitos de vida sedentarios, especialmente durante el proceso de envejecimiento en edades más avanzadas, puede llevar a una aceleración de la rigidez del músculo en el ventrículo izquierdo del corazón, la cámara que bombea sangre rica en oxígeno hacia sistema circulatorio. Cuando se produce este “endurezimiento” en el músculo cardíaco, se puede producir una gran presión sobre las cavidades cardíacas, lo que favorece un llenado deficiente y por tanto una posible insuficiencia cardíaca.  Esto suele producirse a menudo en individuos de mediana edad que no hacen ejercicio y no están en forma, dejándolas con cámaras pequeñas y rígidas con dificultades para bombear sangre.

Sin embargo, los investigadores destacan que la cámara del corazón en atletas competitivos sigue siendo grande y elástica, y que incluso, en personas con hábitos deportivos saludables (no atletas profesionales) con sesiones de cuatro a cinco días de ejercicio durante décadas, es suficiente para obtener la mayor parte de estos beneficios de la elasticidad cardiovascular.

En el estudio en cuestión, los investigadores querían saber si el ejercicio puede restaurar la elasticidad del corazón en individuos previamente sedentarios, especialmente si se inició a finales de la mediana edad. Los resultados presentados, muestran mejoras sustanciales en el cumplimiento cardíaco en los individuos más jóvenes del estudio después de un año de entrenamiento, pero sorprendentemente pocos cambios si el entrenamiento comenzó después de los 65 años.

Estos resultados muestran, que aunque nunca es tarde para iniciar unos hábitos saludables y vida activa, cuanto antes iniciemos esas rutinas adaptadas a cada persona y edad, antes nos aprovecharemos de sus amplios beneficios.

Referencia: Erin J. Howden, Satyam Sarma, Justin S. Lawley, Mildred Opondo, William Cornwell, Douglas Stoller, Marcus A. Urey, Beverley Adams-Huet, Benjamin D. Levine. Reversing the Cardiac Effects of Sedentary Aging in Middle Age—A Randomized Controlled Trial: Implications For Heart Failure PreventionCirculation, 2018; CIRCULATIONAHA.117.030617 DOI: 10.1161/CIRCULATIONAHA.117.030617

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Agregar vida a los años…

El aumento de la longevidad es un objetivo generalizado en las políticas de salud pública e incluso un objetivo de la propia población humana, pero cuando se focaliza individualmente, la mayoría de las personas solo quiere vivir una vida más larga si es saludable. Esto es lo que muestra un nuevo estudio de un equipo de gerontólogos (liderados por el Dr. Ekerdt) de la Universidad de Kansas, publicado en el Journal of Aging Studies que desarrollo entrevistas con una muestra poblacional de 90 personas de más de 61 años y de diferentes culturas y regiones (30 personas por región: Alemania, Hong Kong y los Estados Unidos). El estudio es parte de un proyecto más amplio de ámbito internacional denominado “Aging as Future” apoyado por una subvención de la Fundación Volkswagen en Alemania.

Según las conclusiones de este estudio, en términos generales los individuos encuestados son reacios a especificar su longevidad deseada por lo que, según los investigadores, es interesante ya que la longevidad es un objetivo claro de salud pública, pero a nivel individual, las vidas más largas son deseables solo si son a partir de vidas saludables.

Promover vidas más largas tiene un gran valor, especialmente para reducir la mortalidad a edades más tempranas. Sin embargo, la investigación sobre cómo las personas consideran la longevidad también cobra una gran importante porque proporciona una idea de cómo piensan las personas sobre el proceso de envejecimiento.

Los resultados de estas entrevistas refuerzan hallazgos previos que muestran cómo muchos adultos mayores, en diversas culturas, piensan sobre la vida, no cómo un pensamiento continuo desde jóvenes hasta mayores sino que se segmenta en diferentes estados. Los investigadores se refieren a cuatro “edades” o etapas de la vida, incluida la tercera edad, que es una jubilación activa donde las personas abandonan el trabajo tradicional y los roles familiares, seguidos de la cuarta edad. Esta última etapa es vista por los adultos mayores  como menos deseada, que es básicamente el período en que uno podría experimentar una discapacidad o un posible declive de la salud.

Alrededor de un tercio de los encuestados no expresó sus aspiraciones de una vida más larga. Este “cluster” mostro una tendencia a pensar que sus vidas ya habían alcanzado una etapa de finalización o como una forma de aceptación del destino. Otra agrupación mayor de encuestados mencionaron que querían extender sus vidas. Sin embargo, menos de la mitad de ese grupo notó una cantidad específica de tiempo que deseaban vivir. El cluster más amplio mostraba una tendencia más fuerte hacia expresar su deseo de vivir más tiempo solo si mantenían sus niveles de salud actuales o lo que consideraban aceptable.

Estas conclusiones podrían tener una implicación para las políticas de salud pública y los gerontólogos para añadir entre sus prioridades una focalización, no solo en la longevidad como tal, sino también en la salud o la calidad de vida que las acompaña.

Referencia: David J. Ekerdt, Catheryn S. Koss, Angel Li, Anne Münch, Stephan Lessenich, Helene H. Fung. Is longevity a value for older adults? Journal of Aging Studies, 2017; 43: 46 DOI: 10.1016/j.jaging.2017.10.002

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El tai chi puede ayudar a prevenir caídas en personas mayores

World Tai Chi Day
Practicar ejercicios de tai chi de manera habitual, unas tres sesiones por semana, mejora el equilibrio y la flexibilidad en personas mayores de 65 años, lo que puede ayudar a reducir hasta en 64% el riesgo de caídas y fracturas, una de las principales causas de discapacidad y pérdida de autonomía asociadas al envejecimiento.

El tai chi es una antigua práctica china, centrada en la flexibilidad y la coordinación del cuerpo entero, que promueve el movimiento armonizado en el espacio. Investigaciones anteriores ya han demostrado que se trata de un ejercicio eficaz para mejorar el control del equilibrio.

Esta vez, dos nuevos trabajados confirman la utilidad de esta práctica para prevenir caídas. Uno de ellos fue realizado por el doctor Rafael Lomas-Vega, de la Universidad de Jaén, en España. En él se analizaron 10 ensayos clínicos sobre el efecto del tai chi en comparación con otras intervenciones, como fisioterapia o ejercicios de baja intensidad.

Los resultados (publicados hoy en el Diario de la Sociedad Americana de Geriatría), muestran que el tai chi redujo significativamente la tasa de caídas en 43%, al cabo de un año de seguimiento. En cuanto a caídas potencialmente perjudiciales, que habrían generado alguna fractura, el riesgo se redujo en 50% en igual período.

“La práctica de tai chi puede ser recomendada para prevenir caídas en los adultos en riesgo y en adultos mayores en general. La frecuencia de las sesiones, de una hora, puede variar de una a tres veces por semana”, explica el doctor Lomas-Vega.

El otro trabajo, realizado por investigadores de la Universidad de Guangzhou, en China, se basó en datos recogidos en 18 ensayos clínicos anteriores, que incluían un total de casi 4.000 personas mayores de 65 años.

Así observaron que hasta el 40% de los mayores sufre un accidente de este tipo a lo largo de un año, porcentaje que aumenta al 50% en los que superan los 80 años.

Gracias a la respiración y a los movimientos lentos y controlados que caracterizan el tai chi, se redujo en 20% el riesgo sufrir alguna caída, además de mejorar su equilibrio, la fuerza en las rodillas y la flexibilidad. También se comprobó que quienes realizaban esta práctica al menos tres veces por semana reducían el riesgo de caídas en 64%.

Los beneficios del tai chi se ha visto que son múltiples. En febrero pasado, durante la reunión anual de la Asociación Americana del Infarto Cerebral, se estableció que practicar tai chi, junto con evitar el tabaquismo, hacer ejercicio aeróbico, mantener una buena higiene bucal y comer saludable, ayuda a evitar un infarto cerebral, ya que mantiene la presión arterial y el colesterol normales, y las paredes de las arterias flexibles.

Fuentes: Periódico El Mercurio/ Sección Vida Ciencia y Tecnología y Medical News Today

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Ejercicio regular vinculado a un menor envejecimiento celular

See you at the finish line.Una investigación de la Universidad Brigham Young explica como se puede retardar el envejecimiento celular, siempre que se esté dispuesto a “sudar”. El hecho de que se tenga 40 años, no quiere decir que exactamente esa sea la edad biológica…

Este estudio, publicado en el diario médico Preventive Medicine, muestra que las personas con altos niveles de actividad física tienen significativamente más largos los telómeros en comparación a aquellos que tienen un estilo de vida más sedentaria.

El estudio liderado por el profesor Larry Tucker, muestra que los adultos con niveles altos de actividad física disponen de telómeros que serían propios de personas con una edad biológica de 9 años más jóven en comparación con aquellas personas más sedentarias.

El grupo de investigación analizó datos de 5.823 adultos que participaron en las encuestas nacionales de Salud y Nutrición del Centro Nacional de Estadísticas de Salud (NCHS) de Estados Unidos, que es una de las pocas que incluye valores de longitud de los telómeros de los sujetos de estudio.

Tras el análisis de todos estos datos, el grupo de investigación encontró que los telómeros más cortos provenían de las personas con hábitos más sedentarios (disponían de unas 140 pares de bases de ADN menos al final de sus telómeros que los individuos más activos físicamente). Sorprendentemente, también descubrieron que no hubo diferencias estadísticamente significativas en la longitud de los telómeros entre los que tienen una actividad física moderada o baja y las personas sedentarias.

Aunque el mecanismo exacto de cómo el ejercicio preserva los telómeros se desconoce, el profesor Tucker teoriza con la posibilidad que podría estar vinculado a la inflamación y al estrés oxidativo. Estudios previos han demostrado la longitud del telómero está estrechamente relacionado con esos dos factores y se sabe que el ejercicio puede suprimir la inflamación y el estrés oxidativo con el tiempo.

Ya se conocía indudablemente los beneficios de la actividad físicas regular para reducir la mortalidad y prolongar la vida en condiciones más saludables, pero con este tipo de estudios podemos tratar de conocer si una parte de ese beneficio relacionado con la actividad física puede ser debido al mantenimiento de la longitud de los telómeros.

Referencia: Larry A. Tucker. Physical activity and telomere length in U.S. men and women: An NHANES investigationPreventive Medicine, 2017; 100: 145 DOI: 10.1016/j.ypmed.2017.04.027

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