‘Análisis de datos’

Sangre y Riqueza…no es un título, son potenciales biomarcadores para predecir la futura discapacidad

Un nuevo estudio de investigación llevado acabo por la Escuela de Medicina de Norwich de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), muestra cómo la salud biológica de las personas podría llegar a predecir la discapacidad y la demanda de atención médica en una ventana temporal de unos cinco años. Tan simple como un análisis de sangre en el que se miden algunos “biomarcadores” como el colesterol o la inflamación, podrían llegar a predecir la probabilidad de que una persona desarrolle alguna discapacidad.

Pero además en el proceso de investigación de esta población estudiada, los investigadores también encontraron una correlación positiva entre las personas con ingresos más altos y la probabilidades de buscar más citas con el médico de cabecera y los posteriores tratamientos ambulatorios para sus problemas médicos, en todos los tipos de uso de los servicios de salud.

Es un patrón que se repite de forma habitual en casi todas las sociedades, las personas más pobres pierden más de una década de buena salud en comparación con las más ricas. Por lo que entender mejor los vínculos entre el estatus social de las personas y su estado de salud futura, ha sido uno de los principales objetivos de esta investigación, y comprobar si los análisis de sangre podrían ser un fácil predictor de discapacidad futura y del nivel de uso de los servicios de atención médica, lo que podría ayudar, entre otros, a los planificadores de salud pública para dimensionar sus políticas de gestión o desarrollar programas de detección y prevención.

A partir de estos supuestos, los investigadores observaron los biomarcadores elevados del torrente sanguíneo relacionados con diferentes enfermedades como una medida objetiva de la salud. Estos biomarcadores pueden proporcionar mucha información sobre lo que sucede en el organismo, incluso antes de que comiencen los primeros síntomas de las enfermedades. Las pruebas de colesterol “malo” en la sangre, por ejemplo, pueden mostrar un riesgo de enfermedad cardíaca.

El grupo de investigación, ya abordó en otros proyectos anteriores cómo los biomarcadores del estrés están relacionados con la posición socioeconómica y cómo esta correlación podía revelar algunos de los mecanismos ocultos que conectan la desigualdad social con la salud.

En este caso, este proyecto estudiaba los biomarcadores sanguíneos de una muestra de población de 5.286 participantes involucrados en un gran estudio longitudinal en el Reino Unido llamado Understanding Society. A través de estos datos, los investigadores observaron aspectos como el colesterol, la función e inflamación del hígado y los riñones, la respuesta del cuerpo a las infecciones o al estrés crónico, además de medidas de obesidad, fuerza de agarre, frecuencia cardíaca en reposo, presión arterial y función pulmonar, entre otros.

Tras el análisis de todos estos datos los investigadores encontraron que las diferencias de biomarcadores subyacentes están relacionadas con la discapacidad futura y que la salud de las personas está también relacionada con la demanda futura de servicios de salud como consultas médicas y ambulatorias, así como con el tiempo que pasan posteriormente en el hospital. Otro de los hallazgo en el análisis de estos datos fue que las personas con cierto n ivel de los biomarcadores elegidos pueden desarrollar una discapacidad en cinco años, lo que resulta en un aumento de las necesidades sociales y de atención médica. Entre los biomarcadores con mayor poder predictivo de discapacidad futura se encontraron los que están asociados con la función pulmonar, la fuerza de agarre, la obesidad, la anemia, las hormonas relacionadas con el estrés y la función hepática. Y aquellos indicadores como la presión arterial y el colesterol, que son el enfoque actual de los programas de detección de salud pública, son menos útiles como predictores de discapacidad.

Los autores del estudio destacan que todos estos datos podrían ser recogidos fácilmente utilizando muestras de sangre seca (gotas de sangre total recogidas en papel de filtro de un pinchazo en el dedo) que ofrece una base mínimamente invasiva para realizar una amplia gama de análisis de sangre a bajo costo y que facilitaría enormemente desarrollar programas de detección de salud pública más avanzados.

Referencia: Apostolos Davillas, Stephen Pudney. Biomarkers, disability and health care demandEconomics & Human Biology, 2020; 39: 100929 DOI: 10.1016/j.ehb.2020.100929

Etiquetas: , , , ,

El autocontrol y reflexión durante la infancia tiende a desarrollar un envejecimiento más saludable

Como en muchos otros artículos que podemos leer sobre envejecimiento, se constata la idea de una conexión entre el desarrollo de nuestra infancia y la evolución de nuestro envejecimiento. Este es otro de esos proyectos de investigación que reafirman esta idea.

En este caso la investigación se centra en la idea de cómo el autocontrol y la reflexión durante la infancia, pueden repercutir en un desarrollo más saludable en la edad adulta. El autocontrol es la capacidad de contener los propios pensamientos, sentimientos y comportamientos, y trabajar hacia un objetivo. Es uno de los rasgos de personalidad que hace que un niño esté listo para ir al colegio. Y resulta que este rasgo también les ayuda para enfrentarse a la vida que se encontrarán.

Los datos recopilados en esta investigación científica se basan en el estudio multidisciplinar de salud y desarrollo de Dunedin, un gran estudio de investigación que ha seguido a mil personas desde su nacimiento hasta los 45 años en Nueva Zelanda. Este estudio ha sido desarrollado por un grupo de científicos de la Universidad de Michigan junto con la Universidad de Duke y que se ha publicado el 4 de enero de 2021 en Proceedings of the National Academy of Sciences, donde se determina que las personas que tenían niveles más altos de autocontrol y capacidad reflexiva durante su infancia se han convertido en adultos que envejecían más lentamente que otros compañeros del estudio a los 45 años. Para ello se han evaluado distintos indicadores psicológicos y fisiológicos, como el caracter de los niños, teniendo en cuenta también los criterios de sus padres y profesores a distintas edades. Se evaluó en los niños la impulsividad, la agresividad y otras formas de sobreactividad, perseverancia y falta de atención, entre otras. De los 26 a los 45 años, los participantes también fueron medidos en busca de signos fisiológicos del envejecimiento en varios órganos, incluido el cerebro. En todas las medidas, un mayor autocontrol y capacidad reflexiva durante la infancia se correlacionó con un envejecimiento más lento.

Los niños con mejor autocontrol tienden a ser de familias con mayor seguridad financiera y suelen tener un mayor coeficiente intelectual. Sin embargo, los hallazgos de un envejecimiento más lento a los 45 años con más autocontrol pueden separarse de su estado socioeconómico y de su coeficiente intelectual en la infancia. Sus análisis mostraron que el autocontrol fue el factor que marcó la diferencia.

En las entrevistas, el grupo evaluado con mayor autocontrol también mostró que pueden estar mejor equipados psicológicamente para manejar los desafíos de salud, financieros y sociales que se han encontrado a lo largo de su trayectoria vital. Los investigadores utilizaron entrevistas estructuradas y distintas verificaciones para evaluar la preparación ante estos retos. Los participantes con alto autocontrol infantil expresaron opiniones más positivas sobre el envejecimiento y se sintieron más satisfechos con la vida en la actualidad, ya con mediana edad.

Los investigadores también encontraron casos que habían cambiado sus niveles de autocontrol cuando eran adultos y esto también influyó en obtener mejores resultados de salud de lo que hubieran predicho las evaluaciones en su niñez. Esto podría demostrar que el autocontrol y la capacidad reflexiva también se pueden “enseñar y entrenar”. Los investigadores sugieren que una inversión social y psicológica en dicha capacitación podría mejorar la duración y la calidad de vida posterior, no solo durante la infancia, sino también quizás en la mediana edad. Existe una amplia evidencia de que cambiar los comportamientos en la mediana edad (dejar de fumar o hacer ejercicio por ejemplo) conducen a un envejecimiento más saludable, que no hacerlo en ningún momento.

Todo el mundo tememos tener un envejecimiento con enfermedades que nos impidan tener una mínima calidad de vida, envejecer en solitario o sin capacidad financiera para desarrollar las actividades que nos hacen más felices, por lo que envejecer de la forma más saludable también requiere que invirtamos en prepararnos desde lo más temprano posible, tanto en el aspecto físico como psicológico para enfrentar las posibles dificultades a lo largo de nuestra vida, pero en todo caso, nunca es tarde para ello.

Referencia: Leah S. Richmond-Rakerd, Avshalom Caspi, Antony Ambler, Tracy d’Arbeloff, Marieke de Bruine, Maxwell Elliott, HonaLee Harrington, Sean Hogan, Renate M. Houts, David Ireland, Ross Keenan, Annchen R. Knodt, Tracy R. Melzer, Sena Park, Richie Poulton, Sandhya Ramrakha, Line Jee Hartmann Rasmussen, Elizabeth Sack, Adam T. Schmidt, Maria L. Sison, Jasmin Wertz, Ahmad R. Hariri, Terrie E. Moffitt. Childhood self-control forecasts the pace of midlife aging and preparedness for old ageProceedings of the National Academy of Sciences, 2021; 118 (3): e2010211118 DOI: 10.1073/pnas.2010211118

Etiquetas: , , , ,

Entrenan un modelo de inteligencia artificial para escanear la retina y predecir el Alzheimer

Un grupo de investigación interdisciplinar (Neurología, Ingeniería Electrónica, Informática, Bioestadística y Bioinformática) liderado por el departamento de Oftalmología de la Universidad de Duke (Estados Unidos), ha desarrollado un modelo de inteligencia artificial diseñada para interpretar una combinación de imágenes de la retina con el objetivo de identificar con éxito a  pacientes con la enfermedad de Alzheimer, lo que podría usarse algún día como una herramienta no invasiva de predicción y diagnóstico temprano en individuos sintomáticos. Estos hallazgos se han publicado en la revista científica British Journal of Ophthalmology.

El diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer a menudo se basa en los síntomas y pruebas cognitivas, y en muchos casos pruebas adicionales para confirmar el diagnóstico que a menudo son costosas.

Este modelo analiza la estructura de la retina y los vasos sanguíneos a partir de imágenes del interior del ojo y que se han correlacionado con cambios cognitivos. Tener un método más accesible, rápido y no invasivo para identificar la enfermedad de Alzheimer, podría ayudar a los pacientes de muchas maneras, incluida la mejora de la precisión del diagnóstico y la planificación con mayor antelación para ajustar el estilo de vida al trascurso de la enfermedad.

El equipo de investigación se basó en un trabajo anterior en el que identificaron cambios en la densidad de los vasos sanguíneos de la retina que se correlacionaban con cambios cognitivos. Encontraron una disminución de la densidad de la red capilar alrededor del centro de la mácula en pacientes con enfermedad de Alzheimer. Usando ese conocimiento y los datos generados, entrenaron un modelo de aprendizaje automático, conocido como red neuronal convolucional (CNN), a partir de cuatro tipos de escaneos de la retina como datos de entrada para enseñar a la red a discernir diferencias relevantes entre imágenes.

Como conjunto de datos se utilizaron escaneos de 159 participantes del estudio para construir la red, 123 pacientes eran cognitivamente sanos, siendo 36 de ellos positivos en la enfermedad de Alzheimer. Los investigadores probaron varios enfoques diferentes, siendo el modelo con mejor rendimiento el que combinaba imágenes de la retina con otros datos clínicos adicionales. La red neuronal diferenciaba a los pacientes con enfermedad de Alzheimer sintomática de los participantes cognitivamente sanos en un grupo de prueba independiente.

Aún con estos resultados esperanzadores, es necesario seguir entrenando y revisando el modelo con un grupo más amplio y diverso de pacientes para construir modelos que puedan predecir la enfermedad de Alzheimer en todos los grupos raciales, así como en aquellos que tienen afecciones como glaucoma y diabetes, que también pueden alterar las estructuras retinianas y vasculares.

Los investigadores advierten también que es necesario determinar cómo de bien se compara el enfoque de este modelo de Deep Learning con los métodos actuales de diagnóstico de la enfermedad de Alzheimer, que a menudo incluyen pruebas costosas e invasivas de neuroimagen y de líquido cefalorraquídeo.

La relación entre la enfermedad de Alzheimer y los cambios observados en la retina, junto con plataformas de imágenes de retina no invasivas, rentables y ampliamente disponibles, posicionan el análisis de este tipo de imágenes combinado con inteligencia artificial como una herramienta adicional esperanzadora para mejorar el diagnóstico de esta enfermedad neurodegenerativa.

Referencia: C. Ellis Wisely, Dong Wang, Ricardo Henao, Dilraj S. Grewal, Atalie C. Thompson, Cason B. Robbins, Stephen P. Yoon, Srinath Soundararajan, Bryce W. Polascik, James R. Burke, Andy Liu, Lawrence Carin, Sharon Fekrat. Convolutional neural network to identify symptomatic Alzheimer’s disease using multimodal retinal imagingBritish Journal of Ophthalmology, 2020; bjophthalmol-2020-317659 DOI: 10.1136/bjophthalmol-2020-317659

Etiquetas:

La falta de datos sobre las personas mayores tiene graves consecuencias para sus derechos

El Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas ha designado a partir de mayo de este año 2020, a Claudia Mahler como nueva Experta Independiente sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas mayores. Claudia Mahler ha realizado un informe que fue presentado este octubre en el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas en el que señala la preocupante ausencia de datos sobre las personas mayores y afirma que esto tiene graves repercusiones sobre sus derechos e invisibiliza las desigualdades que experimentan.

Según este informe, la información sobre las realidades que viven las personas mayores está fragmentada o, incluso, es inexistente. Por ejemplo, se identifican preocupantes deficiencias en ámbitos como el cuidado, la discriminación por razón de edad y la pobreza y se comprueba que las encuestas demográficas y de salud, generalmente, excluyen a las mujeres de 50 años o más y a los hombres de más de 55 o 60 años de su ámbito de aplicación.

La principal causa de este problema es que los planteamientos y las metodologías en la recopilación de datos son inadecuadas, según el amplio informe de Claudia Mahler que explica que “la exclusión de las personas de edad de encuestas y censos nacionales afecta la capacidad de comprender en qué medida pueden participar en la sociedad y disfrutar de sus derechos en igualdad de condiciones que los demás” y añade que los datos “favorecen los conocimientos básicos sobre las necesidades de las personas de edad” y permiten a los responsables políticos identificar las deficiencias y, por tanto, mejorar sus planteamientos y medidas. El informe también incide en que los datos contribuyen a la concienciación, al empoderamiento de las personas mayores y a visibilizar e identificar la discriminación por razón de edad estructural.

Ante esta situación, en el informe se exige una mejora de las metodologías de recogida de datos relacionados con las personas de edades avanzadas, en las que se establezcan normas y requisitos claros a la hora de presentar informes. En este sentido, se especifica que los datos deben desglosarse por edad y otras variables sociodemográficas importantes, tales como el género, las condiciones de vida, la educación, el empleo y los ingresos, para que puedan analizarse y compararse adecuadamente con otros grupos de población. Además, los grupos de edad tienen que reflejar la diversidad que existe entre la población de personas mayores, en cuanto a necesidades, capacidades y prioridades en sus vidas. Claudia Mahler también solicita en el informe que las personas mayores participen de forma activa en todas las etapas de recogida, análisis, uso y notificación de datos, incluso en la elaboración de encuestas.

Finalmente, en el informe se reconoce que la incidencia de la revolución digital en la recopilación de datos genera “posibilidades sin precedentes” a la hora de abordar las lagunas que existen en relación con las personas mayores, pero Mahler recalca que los datos deben emplearse exclusivamente para el propósito que las personas hayan aceptado, respetando el derecho a la privacidad, y pone de manifiesto que los rastros digitales pueden no ser representativos de las personas mayores porque el uso de tecnología digital “inteligente” y las redes sociales entre estas personas es notablemente inferior a la media de la población general.

Más información:

Fuente: HelpAge International España

Etiquetas: , , , , ,

La edad es uno de los factores que aumentan el riesgo de accidente cerebrovascular entre los pacientes con la COVID-19

Tristemente la COVID-19 sigue siendo un tema candente en estos tiempos, siendo una pandemia mundial que afecta a millones de personas en todo el mundo. En muchos casos, los síntomas incluyen fiebre, tos seca persistente y dificultad para respirar, y pueden provocar niveles bajos de oxígenación en sangre. Sin embargo, la infección puede causar enfermedades en otros órganos, incluido el cerebro, y en casos más graves puede provocar un derrame  y una hemorragia cerebral.

Un equipo de científicos del Grupo de Investigación de Accidentes Cerebrovasculares de la Universidad de Cambridge ha llevado a cabo un metanálisis sobre el vínculo entre la COVID-19 y el accidente cerebrovascular. Mediante este enfoque de análisis de datos y estudios realizados, a menudo contradictorios o con poca relevancia, para extraer conclusiones más sólidas, se cubrieron 61 estudios, que en total hacían un seguimiento de más de 100.000 pacientes ingresados en el hospital y diagnosticados con la COVID-19. Los resultados de su estudio se han publicado en la revista International Journal of Stroke .

Los investigadores encontraron que el accidente cerebrovascular se produjo en 14 de cada 1.000 casos. La manifestación más común fue el ictus isquémico agudo, que se presentó en poco más de 12 de cada 1.000 casos. La hemorragia cerebral fue menos común, ocurriendo en 1,6 de cada 1.000 casos. La mayoría de los pacientes habían ingresado con síntomas de la COVID-19 y el accidente cerebrovascular se produjo unos días después.

La edad fue uno de los principales factores de riesgo, y los pacientes con la COVID-19 que desarrollaron un accidente cerebrovascular eran en promedio de 4,8 años mayores que los que no lo hicieron. Por otro lado, los pacientes que experimentaron un accidente cerebrovascular eran en promedio de 6 años más jóvenes que los pacientes con accidente cerebrovascular sin la COVID-19. No hubo diferencias de sexo ni diferencias significativas en las tasas de fumadores frente a no fumadores.

Las condiciones de salud preexistentes también aumentaron el riesgo de accidente cerebrovascular. Los pacientes con presión arterial alta tenían más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular que los pacientes con presión arterial normal, mientras que tanto la diabetes, como enfermedades relacionadas con las arterias coronarias, también aumentaban el riesgo. Los pacientes que tenían una infección más grave tras infectarse del virus SARSCoV2, también tenían más probabilidades de sufrir un accidente cerebrovascular.

Los investigadores encontraron que los accidentes cerebrovasculares asociados con la COVID-19 a menudo seguían un patrón característico, con un accidente cerebrovascular causado por el bloqueo de una arteria cerebral grande y las imágenes del cerebro que mostraban accidentes cerebrovasculares en más de una localización arterial cerebral. Según los investigadores, este patrón sugiere que la trombosis cerebral y/o el tromboembolismo son factores importantes que causan un accidente cerebrovascular en la COVID-19 y en general resultaron más graves y de mayor mortalidad.

Una pregunta importante que se han hecho los científicos de este estudio es, si la COVID-19 aumenta el riesgo de accidente cerebrovascular o si la asociación es simplemente el resultado de que la infección por la enfermedad de la pandemia es más generalizada ahora en la sociedad. Según los investigadores, es complicado responder esta cuestión con los datos actuales pero parece existir una relación causal en al menos una proporción de pacientes, sin embargo es probable que varios pacientes con la COVID-19 ya tengan un mayor riesgo de accidente cerebrovascular per se, y otros factores, como el estrés mental de la propia pandemia, puedan contribuir a aumentar este riesgo cerebrovascular.

Los investigadores piensan que puede haber varios mecanismos posibles detrás del vínculo entre la COVID-19 y el accidente cerebrovascular. Un mecanismo podría ser que el virus desencadene una respuesta inflamatoria que provoque un “espesamiento” de la sangre, lo que aumenta el riesgo de trombosis y accidente cerebrovascular. Otro se relaciona con ACE2, un receptor de proteína en la superficie de las células que el SARS-CoV-2 usa para penetrar en ellas. Este receptor se encuentra comúnmente en las células de los pulmones, el corazón, los riñones y en el revestimiento de los vasos sanguíneos, si el virus invade el revestimiento de los vasos sanguíneos, podría causar inflamación, contrayendo los vasos sanguíneos y restringiendo el flujo sanguíneo. Un tercer mecanismo posible es la reacción excesiva del sistema inmunológico a la infección, con la consiguiente liberación excesiva de proteínas conocidas como citocinas. Esta llamada “tormenta de citocinas” podría causar también daño cerebral.

El equipo dice que sus resultados pueden tener importantes implicaciones clínicas, por lo que reomiendan que los equípos médicos deberán estar atentos a los signos y síntomas de un accidente cerebrovascular, en particular entre los grupos que tienen mayor riesgo, teniendo en cuenta que el perfil de un paciente en riesgo es más joven de lo que cabría esperar, de tal manera que estos perfiles sean tratados como posibles casos de la COVID-19 hasta que los análisis sean negativos.

Referencia: Stefania Nannoni, Rosa de Groot, Steven Bell, Hugh S Markus. EXPRESS: Stroke in COVID-19: a systematic review and meta-analysisInternational Journal of Stroke, 2020; 174749302097292 DOI: 10.1177/1747493020972922

Etiquetas:

Edad y probabilidad de infección por SARS-CoV-2

Los científicos han estimado que la edad de un individuo no indica la probabilidad de que esté infectado por el virus SARS-CoV-2 que produce la enfermedad de la COVID-19. Sin embargo, el desarrollo de los síntomas, la progresión de la enfermedad y la mortalidad si parece depender en mayor medida de la edad.

Por desgracia, se producen a diario una gran cantidad de muertes debido a la pandemia de la COVID-19, y se ha demostrado que las personas de edad avanzada desarrollan de manera desproporcionada síntomas graves y muestran una mayor mortalidad. Un equipo de científicos especializados en modelos epidemiológicos del Centro de Investigación para el Control de Zoonosis de la Universidad de Hokkaido, ha modelado los datos disponibles tanto de Japón como de España e Italia para mostrar que la susceptibilidad a la COVID-19 es independiente de la edad, mientras que la aparición de los síntomas más graves de la COVID-19 y la mortalidad probablemente dependan en mayor medida de la edad. Sus resultados fueron publicados en la revista Scientific Reports el 6 de octubre de 2020.

Las causas de la mortalidad en los ancianos pueden deberse a dos factores: la probabilidad de que estén infectados debido a su edad avanzada (susceptibilidad dependiente de la edad), que se refleja en el número de casos; y la probabilidad de que se vean afectados por una forma más grave de la enfermedad debido a su edad avanzada (gravedad dependiente de la edad), lo que se refleja en la tasa de mortalidad. Estos factores aún no se comprenden completamente para el caso de la COVID-19.

Los científicos optaron por analizar datos de Italia, España y Japón para determinar si existe alguna relación entre la edad, la susceptibilidad y la gravedadEstos tres países fueron elegidos porque tienen datos bien registrados y disponibles al público y son de los países más longevos dentro de los ranking de longevidad. En mayo de 2020, la tasa de mortalidad (número de muertes por cada 100.000) fue de 382,3 para Italia, 507,2 para España y 13,2 para Japón. Sin embargo, a pesar de la gran disparidad en las tasas de mortalidad, la distribución por edad de la mortalidad (el número proporcional de muertes por grupo de edad) fue similar para estos tres países.

Los científicos desarrollaron un modelo matemático para calcular la susceptibilidad en cada grupo de edad en diferentes condiciones. También tomaron en cuenta el nivel estimado de contacto de persona a persona en cada grupo de edad, así como los diferentes niveles de restricción para las actividades fuera del hogar en los tres países.

El modelo mostró que la edad no debe influir en la susceptibilidad, sino que debe influir negativamente en la gravedad y la mortalidad, para poder explicar el hecho de que la distribución por edades de la mortalidad es similar entre los tres países.

Referencia: Ryosuke Omori, Ryota Matsuyama, Yukihiko Nakata. The age distribution of mortality from novel coronavirus disease (COVID-19) suggests no large difference of susceptibility by ageScientific Reports, 2020; 10 (1) DOI: 10.1038/s41598-020-73777-8

Etiquetas: , , , ,

El delirio es una posible señal clave de la COVID-19 en personas mayores frágiles

Una nueva investigación basado en el análisis de datos realizado por científicos del King’s College London utilizando información de la aplicación COVID Symptom Study y de pacientes ingresados en el St Thomas ‘Hospital en Londres, intentan demostrar que el delirio, un estado de confusión aguda asociado con un mayor riesgo de enfermedad grave y muerte, aparece como un síntoma clave de la COVID-19 en personas mayores frágiles.

Los hallazgos, que han sido publicados en la revista Age and Aging, destacan que los médicos y cuidadores deben ser conscientes de que el delirio se puede  presentar como una posible señal de advertencia temprana de la COVID-19 en los ancianos, incluso en ausencia de síntomas más típicos como tos o fiebre.

Los investigadores analizaron datos de dos grupos de personas mayores de 65 años desde marzo a mayo. El primer grupo incluyó a 322 pacientes ingresados en el hospital con la COVID-19 confirmada, mientras que el segundo estaba compuesto por 535 usuarios de la aplicación COVID Symptom Study que informaron haber tenido un resultado positivo en la prueba.

A partir del análisis de todos estos datos descubrieron que los adultos mayores ingresados en el hospital que se clasificaron como frágiles según una escala estándar, tenían más probabilidades de haber tenido delirio como uno de sus síntomas iniciales que las personas de la misma edad que no estaban clasificadas como frágiles. El delirio, junto con el cansancio y la dificultad para respirar, también fueron más comunes en los usuarios más frágiles de la aplicación móvil, en comparación con las personas más en forma de la misma edad.

Un tercio de los usuarios de aplicaciones que experimentaron delirio no informaron haber sufrido los síntomas “clásicos” de la COVID-19 de tos y fiebre, mientras que el delirio fue el único síntoma para alrededor de uno de cada cinco (18,9%) de los pacientes hospitalizados.

La fragilidad en el grupo de pacientes hospitalizados se midió mediante la prueba Clinical Frailty Scale (CFS). Al mismo tiempo se pidió a los usuarios de la aplicación móvil que completaran un breve cuestionario preguntando sobre su salud, que es comparable a la CFS.

Este es el primer estudio que muestra que el delirio es un síntoma probable de la COVID-19 en adultos mayores frágiles, aunque aún debe aclararse cuál es la conexión biológica exacta entre las dos condiciones. Los invesatigadores aconsejan que los médicos y cuidadores deben estar atentos a cualquier cambios en el estado mental en personas mayores, como confusión o comportamiento extraño, y estén alerta al hecho de que esto podría ser un signo temprano de infección por coronavirus.

Los últimos seis meses han demostrado que la COVID-19 puede propagarse de manera catastrófica a través de las residencias de mayores. Saber que el delirio es un síntoma en las personas más frágiles ayudará a las familias y a los cuidadores a detectar los signos de la COVID -19 y actuar de manera apropiada y poner en marcha medidas tempranas de control de infecciones como aislamiento, mayor higiene y equipo de protección personal para proteger a este grupo altamente vulnerable.

Los hallazgos también destacan la necesidad de una evaluación sistemática de la fragilidad de las personas mayores, junto con la concienciación y la detección del delirio para esta población vulnerable principalmente en hospitales, residencias, y centros sociales.

Referencia: Maria Beatrice Zazzara, Rose S Penfold, Amy L Roberts, Karla A Lee, Hannah Dooley, Carole H Sudre, Carly Welch, Ruth C E Bowyer, Alessia Visconti, Massimo Mangino, Maxim B Freydin, Julia S El-Sayed Moustafa, Kerrin Small, Benjamin Murray, Marc Modat, Jonathan Wolf, Sebastien Ourselin, Mark S Graham, Finbarr C Martin, Claire J Steves, Mary Ni Lochlainn. Probable delirium is a presenting symptom of COVID-19 in frail, older adults: a cohort study of 322 hospitalised and 535 community-based older adultsAge and Ageing, 2020; DOI: 10.1093/ageing/afaa223

Etiquetas: , , , , ,

Nueva teoría de la Bradicinina explicaría las complicaciones de la COVID-19 en personas mayores

No parece estar claro del todo a día de hoy la explicación de la variabilidad de los síntomas que se presentan en la COVID-19, ni su distinta incidencia en la población. Se sabe que mientras que en algunas personas la enfermedad tiene un curso leve, incluso asintomático, en otras tiene una forma grave y de distinta sintomatología y alteración de las funciones de órganos vitales.

La teoría más extendida para explicar este proceso de la enfermedad es lo que se ha llamado la “tormenta de citoquinas”, un fenómeno en el que el cuerpo comienza a producir una respuesta inflamatoria sistémica mediada por citoquinas proinflamatorias. Cuando la repuesta inmune no es capaz de controlar eficazmente el virus, como en personas mayores con un sistema inmune debilitado, el virus se propagaría de forma más eficaz produciendo daño tisular pulmonar, lo que activaría a los macrófagos y granulocitos y conduciría a la liberación masiva de citoquinas proinflamatorias que favorecería una hiperinflamación pulmonar asociada al síndrome de insuficiencia respiratoria aguda que se ha descrito como la principal causa de mortalidad.

Ahora surgen nuevas teorías que explicarían la diversidad de síntomas que se observan clínicamente y su mayor incidencia en personas mayores. Se trata de la teoría de la Bradicinina

Al inicio de este verano, la supercomputadora Summit del Laboratorio Nacional Oak Ridge en Tennessee se dedicó a procesar datos de más de 40.000 genes de unos 17.000 muestras genéticas en un esfuerzo por comprender mejor el proceso de infección y desarrollo de la COVID-19. El proceso de análisis de los datos en esta supercomputadora, a pesar de ser la segunda computadora más rápida del mundo, implicó más de 2.500 millones de combinaciones genéticas, y llevó más de una semana de intensas operaciones computacionales. Tras el análisis de los datos, los científicos encontraron una nueva teoría sobre cómo la COVID-19 impacta en el organismo humanoLa hipótesis proporciona un modelo que explica muchos de los síntomas de la enfermedad, incluidos algunos de los más extraños que se han ido observando. También sugiere más de 10 tratamientos potenciales, muchos de los cuales ya están aprobados para otras dolencias por la FDA. El grupo de investigadores publicó sus resultados en un artículo en la revista eLife a principios del mes de julio.

Según estos hallazgos, una infección por SARS-CoV-2 generalmente comienza cuando el virus ingresa al cuerpo a través de los receptores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA2) localizados en la la nariz (los receptores, a los que se sabe que ataca el virus, son abundantes allí). Posteriormente el virus avanza a través de los distintos tejidos del cuerpo, llegando a otros órganos donde también está presente la ECA2, como el sistema digestivo, los riñones y el corazón. Esto probablemente explica al menos, algunos de los síntomas cardíacos y gastrointestinales de la enfermedad. Pero según los datos analizados por la supercomputadora muestran que el virus no se contenta simplemente con infectar células que ya expresan muchos receptores ECA2, sino que secuestran activamente los propios sistemas del cuerpo, engañándolos para que regulen al alza los receptores ECA2 en lugares donde generalmente se expresan en niveles bajos o medios, como por ejemplo los pulmones. Por usar una analogía[1], se podría asemejar el SARS-CoV-2 a un ladrón que entra a robar nuestra casa pero no contento con ello, abre todas las puertas y ventanas para que al resto de ladrones les sea más fácil entrar también.

El sistema renina-angiotensina (RAS) controla muchos aspectos del sistema circulatorio, incluidos los niveles corporales de una sustancia química llamada bradicinina, que normalmente ayuda a regular la presión arterial. Según los investigadores, el virus modifica el RAS y provoca que los mecanismos para regular la bradicinina se alteren y deje de descomponerse de manera efectiva. (La ECA normalmente degrada la bradiquinina, pero cuando el virus la desregula, no puede hacerlo con la misma eficacia). El resultado final es la liberación de una “tormenta” de bradicinina, que produce una acumulación masiva y descontrolada en el cuerpo. Según esta hipótesis, es esta tormenta la responsable en última instancia de muchos de los efectos mortales de la COVID-19. El equipo de investigación trabaja con la hipótesis de que la patología de la COVID-19 es probablemente el resultado de tormentas de bradicinina en lugar de tormentas de citoquinas, aunque los dos procesos pueden estar estrechamente relacionados.

A medida que la bradicinina se acumula en el cuerpo, aumenta drásticamente la permeabilidad vascularEn resumen, hace que los vasos sanguíneos tengan “fugas”. Esto se alinea con datos clínicos recientes, que ven cada vez más a la COVID-19 principalmente como una enfermedad vascular, en lugar de respiratoria pero con un efecto sobre los pulmones que pueden llenarse de líquido y células inmunes que provocan una alta inflamación.

Esta teoría de la bradicinina también podría explicar la mayor incidencia en personas mayores ya que la presión arterial aumenta con la edad y, por lo tanto, el riesgo de que una persona sea hipertensa aumenta en las personas mayores de 65 años. A esta edad su prevalencia alcanza entre el 60% y el 70% y es en este grupo poblacional donde abundan los tratamientos para tratar la presión arterial alta que producen un efecto similar al virus SARS-CoV-2 en el sistema RAS, aumentando los niveles de bradicinina. Esta descompensación influiría en el desequilibrio del sistema RAS que controla aspectos de las contracciones cardíacas y la presión arterial. Estos fármacos (inhibidores de la ECA) para bajar la presión arterial, es sabido que como efectos secundarios a veces causan tos seca, fatiga, pérdida del gusto y el olfato, que son síntomas que se producen también en la COVID-19. Esto haría que se produjera un efecto acumulativo que potenciaría esa tormenta de la bradicinina, según los investigadores.

Aunque sigue siendo una teoría inicial, la hipótesis de la bradicinina explica varios otros síntomas aparentemente extraños de la COVID-19. El equipo de investigadores especulan que el aumento de la permeabilidad vascular causada por las tormentas de bradicinina podría ser también responsable de los efectos neurológicos de la COVID-19, que son algunos de los elementos más sorprendentes y preocupantes de la enfermedad. Estos síntomas (que incluyen mareos, convulsiones, delirio y accidente cerebrovascular) están presentes en hasta la mitad de los pacientes hospitalizados con la COVID-19La bradicinina, especialmente en dosis altas, puede provocar una ruptura de la barrera hematoencefálicaEn circunstancias normales, esta barrera actúa como un filtro entre el cerebro y el sistema circulatorio, dejando entrar sólo nutrientes y moléculas pequeñas necesarias para su funcionamiento, mientras mantiene alejadas las toxinas y patógenos. Sin embargo con la ruptura de esa barrera, podría permitir la entrada de compuestos dañinos al cerebro, lo que provocaría inflamación, potencial daño cerebral y algunos de los síntomas neurológicos que experimentan los pacientes con la COVID-19.

Según los investigadores, esta teoría también podría explicar otros síntomas que se presentan en menor medida como los dedos de los pies morados, una condición que involucra dedos hinchados y magullados que experimentan algunos pacientes. La bradicinina también puede afectar a la glándula tiroides, lo que podría producir los síntomas de la tiroides recientemente observados en algunos pacientes.

La “buena” noticia sería que varios medicamentos existentes (incluída la Vitamina D) y aprobados ya por la FDA para otras dolencias, reducen la producción de bradicinina o reducen su señalización, lo que podrían ser potencialmente aplicadas para el tratamiento de la COVID-19.

Como siempre es necesario recordar que cualquiera de estas intervenciones farmacológicas debe estudiarse previamente en ensayos clínicos bien diseñados y con tiempo suficiente, para confirmar todas estas hipótesis previas.

Referencias:

1. Thomas Smith. A Supercomputer Analyzed Covid-19 — and an Interesting New Theory Has Emerged. Elemental (Medium)

2. Joseph A. Roche, Renuka Roche. A hypothesized role for dysregulated bradykinin signaling in COVID‐19 respiratory complications. 2020 May 2: 10.1096/fj.202000967

3. Euronews. Bradiquinina, la esperanza para entender el Covid-19 venida de un superordenador.

Etiquetas: , , , ,

Las vacunas contra la gripe y la neumonía podrían estar relacionadas con un menor riesgo de demencia

Con la pandemia de la COVID-19, las vacunas están en la primera línea de debate sobre las soluciones principales de salud pública contra el coronavirus. El desarrollo de la tan ansiada vacuna que haga remitir la pandemia, se encuentra entre las prioridades de los países más afectados, pero incluso más allá de esto, es importante explorar su beneficio no solo en la protección contra la infección viral o bacteriana, sino también en la mejora de los resultados de salud pública a largo plazo.

Diferentes estudios de investigación publicados durante 2020 en la revista científica Alzheimer’s Association International Conference® (AAIC®) sugieren la posibilidad de que las vacunas contra la gripe (influenza) y la neumonía puedan estar asociadas con un menor riesgo de padecer demencia debido a diferentes enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer. Entre estos estudios destacan, al menos, dos interesantes abordajes:

1. La vacuna contra la gripe estacional puede reducir la incidencia de la demencia por la enfermedad de Alzheimer
Varias investigaciones anteriores ya habían sugerido que las vacunas pueden tener un factor protector contra el deterioro cognitivo, pero no se habían llegado a realizar estudios más específicos e integrales centrados en la vacuna contra la gripe y su relación con el riesgo de enfermedad de Alzheimer. Ahora un grupo de investigación de la Escuela de Medicina McGovern en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en Houston, han investigado un gran conjunto de datos de registros de salud en la población estadounidenses en el que encontraron que tener una vacuna contra la gripe se asoció con una menor prevalencia de Alzheimer, además aquellos que se vacunaban periódicamente este prevalencia disminuía más aún. Esto se tradujo en una reducción de casi un 6% en el riesgo de enfermedad de Alzheimer para pacientes entre las edades de 75-84 en datos analizados durante 16 años.

Los investigadores encontraron que la relación protectora entre la vacuna contra la gripe y el riesgo de Alzheimer era más fuerte para aquellos que recibieron su primera vacuna a una edad más temprana, por ejemplo, las personas que recibieron su primera vacuna documentada contra la gripe a los 60 años se beneficiaron más que las que recibieron su primera vacuna contra la gripe a los 70 años.

Los investigadores de este estudio sugieren que el uso regular de una intervención de salud pública muy accesible y relativamente barata, como es la vacuna contra la gripe, puede reducir significativamente el riesgo de demencia de Alzheimer. Sin embargo estas afirmaciones hay que tomarlas con cautela y se necesitan más investigaciones para explorar el mecanismo biológico subyacente por el que se produce este efecto, lo cual es importante a medida que se exploran terapias preventivas efectivas contra las enfermedades neurodegenerativas.

Fuente: Albert Amran, et al. Influenza Vaccination is associated with a reduced incidence of Alzheimer’s Disease (Funder(s): U.S. National Institutes of Health, Christopher Sarofim Family Professorship, the CPRIT RR180012, UT Stars award)

2. La vacuna contra la neumonía también parece haber mostrado una disminución del riesgo de padecer algunos tipos de demencias

Otro de los estudios de un grupo de investigación en la Unidad de Investigación de Biodemografía del Envejecimiento (BARU) en el Instituto de Investigación de Ciencias Sociales de la Universidad de Duk, destaca que la la vacunación contra la neumonía (antineumocócica) entre las edades de 65 y 75 parece reducir el riesgo de Alzheimer hasta en un 40% dependiendo de los genes individuales que predisponen a la enfermedad. El estudio analiza las asociaciones entre la vacuna contra la neumonía, con y sin una vacuna asociada contra la gripe estacional, y el riesgo de la enfermedad de Alzheimer entre una muestra de 5.146 participantes mayores de 65 años de un Estudio de Salud Cardiovascular. El equipo de investigadores también tuvo en cuenta un factor de riesgo genético conocido para la enfermedad de Alzheimer, como es el alelo G rs2075650 en el gen TOMM40.

Los investigadores encontraron que la vacunación neumocócica entre las edades de 65-75 redujo el riesgo de desarrollar Alzheimer en un 25-30% después de ajustar por sexo, raza, cohorte de nacimiento, educación, tabaquismo y número de alelos G. La mayor reducción en el riesgo de Alzheimer (hasta 40%) se observó entre las personas vacunadas contra la neumonía que no eran portadoras del gen de riesgo. El número total de vacunas contra la neumonía y la gripe entre las edades de 65 y 75 también se asoció con un menor riesgo de Alzheimer. A partir de estos estudios, los investigadores sugieren que la vacuna antineumocócica puede ser un candidato prometedor para la prevención personalizada de la enfermedad de Alzheimer, particularmente en los no portadores de ciertos genes de riesgo.

Ahora que tan en boga se encuentran el desarrollo de vacunas como una respuesta mundial contra la pandemia de la COVID-19, la reutilización de las vacunas ya existentes podría ser un novedoso enfoque prometedor para la prevención de otras enfermedades que provocan alteraciones neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.

Fuente: Svetlana Ukraintseva, PhD, et al. Repurposing of existing vaccines for personalized prevention of Alzheimer’s disease: Vaccination against pneumonia may reduce AD risk depending on genotype (Funded by U.S. National Institute on Aging)

Referencias: Asociación de Alzheimer.

Etiquetas: , , , , ,

Envejeciendo en la frontera: Proyecto ModulEn – Nuevo modelo predictivo para la detección precoz de la fragilidad

En el tercero de los vídeos de “Envejeciendo en la frontera”, María Teresa Moreno Casbas, directora de Investén-Instituto de Salud Carlos III, expone la investigación llevada a cabo en el programa coordinado ModulEn, que estudia el establecimiento de un modelo predictivo como posible modulador del envejecimiento en salud.

El trabajo propone el uso de sensores de fácil utilización para una monitorización continua y proactiva de los ritmos circadianos, actividad física o patrones alimentarios en personas mayores, para detectar desórdenes en el cuerpo que podrían llevar asociados estados prematuros de fragilidad. Con la información recogida y el uso de tecnologías de inteligencia ambiental y Big Data, se pretende implementar y evaluar un nuevo sistema predictivo, que pueda ponerse a disposición de la comunidad científica y de los profesionales de la salud, para la detección precoz y automatizada de estados de fragilidad en el propio entorno donde la persona mayor desarrolla su vida diaria.

Etiquetas: , , , ,