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Una mirada interdisciplinar a la investigación sobre envejecimiento

La Fundación General CSIC (FGCSIC) ha publicado recientemente las Conclusiones del segundo Encuentro realizado en 2017 en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) en Santander, sobre el “Ritmo de la Senectud”, desde una mirada interdisciplinar a la investigación sobre envejecimiento.

En el encuentro se abordaron los aspectos clave en los límites  sobre uno de los grandes sueños humanos, el de morir tarde y bien. Los ponentes del encuentro expusieron sus impresiones entorno a la gran pregunta sobre los límites de la vida humana, así como sobre el inicio de la senectud y la velocidad de la misma. Se trataron también aspectos sobre cuáles son los principales moduladores de la longevidad, la salud y el funcionamiento a edades avanzadas y se abordo de manera especial el papel del género en el proceso de envejecimiento.

Las conclusiones destacan dos aspectos transversales en las respuestas planteadas en el encuentro de expertos:

A pesar de que somos cada vez más iguales ante la muerte, seguimos siendo muy desiguales tanto en términos de longevidad como de salud. La desigualdad, especialmente socioeconómica, tiene efectos notables sobre la longevidad, la discapacidad, el funcionamiento cognitivo, incluso sobre el reloj epigenético. ¿Cuáles son los mecanismos tras la asociación entre un menor nivel educativo y una menor metilación a nivel molecular, por ejemplo? Existen sectores de población que agrupan problemas físicos y psíquicos, y es también relevante conocer los mecanismos tras la desigualdad en longevidad saludable, de cara a una estratificación eficiente de las intervenciones.

Otro aspecto presente prácticamente en todas las respuestas fue la concepción del envejecimiento como un proceso continuo, de largo plazo, acumulativo a través de la trayectoria de vida. Envejecemos, en distintos aspectos, desde el final de la etapa reproductiva, desde la juventud, desde que nacemos e incluso desde mucho antes. La óptica de cohorte explica la compresión de la morbilidad, de la discapacidad y la longevidad extrema como resultados de un mismo proceso. Es la trayectoria a lo largo del curso de vida la que determina, en buena parte, cómo nos va al final de la misma. Y de ahí la relevancia de preguntarnos por las trayectorias de vida de las próximas generaciones.

En la Conclusiones se plantean una serie de respuestas a las preguntas planteadas en el Encuentro, entre las que se podrían destacar:

  • Los límites de la vida humana siguen siendo un misterio. Existen diversas intuiciones, creencias y esperanzas, pero lo que los datos existentes muestran de forma consistente, por ahora, es que seguimos ganando vida por encima de los 100 años. Es posible seguir alargando la vejez de la mayoría. Si bien en este ámbito es relevante no olvidar la fragilidad, no sólo de la vida, sino también de los datos.
  • Y la senectud, ¿podemos seguir retrasándola? En este caso las respuestas son todas positivas. Envejecer es normal, pero se puede modular, se puede retrasar, la fragilidad se puede revertir y el deterioro cognitivo -cuya incidencia no está aumentando en la generación masculina entre 70 y 75 años- es atribuible a factores reversibles en muchos casos. ¿Es, por tanto, posible una compresión completa de la morbilidad? Algunas poblaciones, como los centenarios saludables, comprimen la morbilidad prácticamente al 100%, la duración de la vida en estas poblaciones es casi idéntica a la duración de la vida en salud. ¿Cuál es el potencial mimético en otras poblaciones? Un marcador biológico capaz de predecir toda causa de mortalidad, el reloj epigenético, podría ayudarnos a encontrar la respuesta. Si bien también surgen nuevas preguntas: sabemos que este reloj funciona, pero ¿cómo funciona?.
  • ¿Qué mecanismos nos ayudan a envejecer mejor y más tarde? Existen mecanismos intrínsecos, genéticos, que actúan, por ejemplo, en la heredabilidad de la longevidad. Pero, existen también muchos y relevantes factores ambientales con efectos positivos sobre ese reloj biológico: bajas exposiciones a sustancias contaminantes, al sol, al humo de cigarrillos, dieta rica en pescado, vegetales y aves de corral, consumo moderado de alcohol, control de los afectos negativos, educación, nivel adquisitivo, actividad física, etcétera. El ejercicio es un medicamento para tratar la fragilidad, o quizás un suplemento, dada la relevancia de la iniciativa individual. Pero es importante que sea un ejercicio multicomponente, no sólo andar, sino trabajar también la fuerza, el equilibrio y la coordinación, y primar la sociabilidad, “ejercicio y diversión, poco encierro y mucho trato” decía Letamendi. También son relevantes las condiciones de personalidad, como la tenacidad, el afecto positivo y el control sobre nuestra propia vida. Por ejemplo, sabemos que, si fuésemos capaces de combatir la ansiedad, el Alzheimer disminuiría. Pautas comportamentales como la agresividad, la violencia, el cuidado o el apego, se asocian con cambios en la metilación del ADN del cerebro. Y es muy importante el ejercicio intelectual, la inteligencia cultural se mantiene muy alta a lo largo de nuestra vida si seguimos ejercitándola. En el entorno físico, social y tecnológico también nos encontramos facilitadores de un envejecimiento saludable. Es muy importante el acceso a información sobre la salud. Las infraestructuras, el espacio construido, el entorno de alimentación, condicionan el estilo de vida de los residentes en distintos barrios, en distintas ciudades y pueblos, en distintos países, estableciendo una relación entre los comportamientos individuales y el lugar en el que vivimos. El entorno tecnológico se está haciendo cada vez más usable, más invisible, ofreciendo alternativas a tratamientos farmacológicos, por ejemplo, o a tratamientos muy invasivos. El límite para el uso de la tecnología es la creatividad, el reto está en la usabilidad y la aceptabilidad de las intervenciones.
  • La relación entre género y envejecimiento es estrecha. El sexo y el género marcan no sólo nuestro recorrido por la vejez, sino también los recursos y los problemas con los que llegamos a la misma. La trayectoria del envejecimiento es distinta en hombres y mujeres y tiene una base biológica. Sabemos del papel protector de los estrógenos frente al estrés oxidativo con resultados en longevidad. En las hembras se produce también una evolución más lenta de determinadas enfermedades crónicas, así como diferencias en prevalencia de fragilidad. A ello se añade que la exposición a la adversidad a lo largo de la vida es muy diferente por género, y tiene importantes consecuencias en salud. En las trayectorias de vida femeninas existen diferencias en educación, poder, ocupaciones de prestigio, poder adquisitivo, exposición a la violencia, roles de género, cuidados familiares, historia reproductiva o cuidados médicos, entre otros aspectos. Todos ellos se relacionan con resultados en salud en la vejez. Hombres y mujeres tienen distintas redes sociales, siendo los amigos mucho más importantes para ellas en términos de longevidad en salud. Las pensiones femeninas son menores y en muchos casos insuficientes; solo en los segmentos adquisitivos más altos se matiza la desventaja femenina. Y la desventaja en liquidez financiera persiste en las proyecciones para las próximas generaciones de mujeres. Por ello, no se ha de olvidar la relevancia de políticas de redistribución que pongan el acento en una intersección crucial: la de género, edad y clase social.

Referencia: Conclusiones redactadas por la Doctora María Dolores Puga (CSIC), Directora del encuentro.

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La motivación como clave en un envejecimiento activo

En la población mayor, el nivel de actividad física disminuye a medida que se incrementa la edad. Este estado de inactividad física no solamente afecta a la intensidad del ejercicio, sino también a su duración, lo que conlleva una mayor dificultad en la realización de tareas cotidianas y un descenso en su calidad de vida.

La Universidad Rey Juan Carlos (URJC) ha participado en un estudio que evalúa el efecto de un programa de entrenamiento de fuerza con sobrecargas de intensidad moderada-alta en el que se incluyeron una serie de estrategias motivacionales sobre la composición corporal y la motivación autodeterminada. Uno de los objetivos ha sido analizar qué factores son determinantes para conseguir una adhesión a la práctica regular de actividades físicas y deportivas.

Numerosos estudios han mostrado que la realización de ejercicio físico regular por parte de las personas mayores puede posponer los efectos del envejecimiento. Sin embargo, ninguna investigación hasta ahora ha explicado por qué un porcentaje tan bajo de personas que buscan un estilo de vida saludable son capaces de integrar con éxito la actividad física en su forma de vida.

Las experiencias negativas en la práctica, la baja percepción de la competencia motriz o la falta de apoyo social y cultural son algunos factores que impiden que la población mayor realice ejercicio físico de forma regular.

Las estrategias incluidas en el estudio, en colaboración con la Universidad de Alicante y la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), se basan en reforzar las sensaciones más positivas hacia la práctica regular de ejercicio físico.

“Este trabajo ofrece 10 estrategias motivacionales para ser incluidas en programas de entrenamiento de la fuerza muscular en personas mayores, las cuales ayudan a los participantes a conseguir una mayor satisfacción de las necesidades psicológicas básicas de autonomía, competencia y relaciones sociales”, explica Alexander Gil Arias, investigador de Centro de Estudios del Deporte de la URJC. “Con una mayor motivación intrínseca hacia la práctica de ejercicio físico, junto con la realización de un adecuado programa de entrenamiento, se pueden alcanzar beneficios a nivel integral y mejorar la calidad de vida”.

Programa de entrenamiento específico

La investigación ha sido desarrollada a partir de un diseño cuasi-experimental con un grupo de control y un grupo experimental. Las sesiones fueron aplicadas tres veces por semana durante tres meses. El programa de entrenamiento incluyó ejercicios de fuerza en los grupos musculares de pecho, espalda, tríceps, bíceps, hombros y piernas. La intensidad de los ejercicios fue moderada y, a medida que los participantes podían realizar un mayor número de repeticiones de las prescritas inicialmente, se fue incrementando progresivamente. De forma complementaria al entrenamiento, se incluyeron una serie de estrategias motivacionales con el propósito de incrementar la adherencia al programa de intervención.

“Los participantes que pertenecían al grupo experimental, respecto a los sujetos del grupo control, mostraron una mayor autonomía, competencia y relaciones sociales y, consecuentemente, una mayor motivación intrínseca hacia la práctica de ejercicio físico”, explica Alexander Gil. Además, los investigadores han observado que los participantes del grupo experimental disminuyeron significativamente el porcentaje de masa grasa, peso corporal e índice de masa corporal, al mismo tiempo que se incrementó la masa magra.

A la luz de estos resultados, este programa de entrenamiento de la fuerza específico y de carácter multidimensional ha constatado los efectos positivos, tanto físicos como sociales y psicológicos, después de doce semanas de intervención.

La importancia de los educadores 

Los autores también hacen referencia al destacado papel que pueden llegar a tener los educadores físicodeportivos en la utilización de diferentes estrategias motivacionales durante los entrenamientos con personas mayores. Su labor puede ayudarles a adherirse, dentro de sus hábitos diarios, a la práctica regula de ejercicio físico y conseguir mejoras a nivel físico, psicológico y social.

“Son necesarios más proyectos de investigación de carácter multidimensional donde no solamente se investiguen variables biológicas, sino también variables psicosociales para conocer cuáles son los motivos que mueven a las personas a mantenerse regularmente en un programa de ejercicio físico”, según manifiesta el investigador de la URJC.

Los investigadores sugieren que los educadores físicodeportivos diseñen programas de entrenamiento de la fuerza para personas mayores en los que se incluyan estrategias motivacionales. El objetivo sería fomentar la motivación adecuada en la población mayor para adherirse a la práctica habitual de ejercicio físico y, como consecuencia de ello, ayudarles a disfrutar y mejorar su salud desde un punto de vista integral según los principios de la OMS.

Fuente: Agencia SINC

Material gráfico: Designed by iconicbestiary / Freepik

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Nunca es tarde si… el envejecimiento es bueno

El inicio de un hábito constante de ejercicios adaptados, puede revertir los daños coronarios en individuos con hábitos sedentarios, ayudando a prevenir el riesgo de futura insuficiencias cardíacas, según un nuevo estudio realizado por cardiólogos del Instituto de medicina deportiva y ambiental (IEEM) en Dallas (EEUU).

Para obtener el mayor beneficio de este tipo de rutinas deportivas, debe comenzar hacia la mediana edad (antes de los 65), cuando el corazón aparentemente dispone todavía de la suficiente plasticidad y capacidad de remodelarse, según los hallazgos de los investigadores. Según este estudio, cuanto más tarde se comienza a desarrollar un hábito de vida saludable menor impacto en la salud cardiovascular. De tal manera que empezando en la mediana edad, debe realizarse de cuatro a cinco sesiones por semana, ya que dos o tres veces no han demostrado ser lo suficientemente efectivo para revertir los posibles daños coronarios.

Los participantes del estudio acumularon esos niveles de ejercicio, comenzando con tres sesiones de ejercicio moderadas de 30 minutos durante los primeros 3 meses y alcanzaron su punto máximo a los 10 meses cuando se agregaron dos sesiones más de intervalos aeróbicos de alta intensidad.

Los más de 50 participantes en el estudio entre los 45 y los 65 años, se dividieron en dos grupos, uno de los cuales recibió dos años de entrenamiento de ejercicio supervisado y el otro grupo de control, que participó sólo en entrenamiento de yoga y equilibrio.

Al final del estudio durante dos años, los que se ejercitaron más intensamente mostraron una mejora del 18% en su consumo máximo de oxígeno durante el ejercicio y una mejora de más del 25% en el cumplimiento o la elasticidad del músculo ventricular izquierdo del corazón.

Los hábitos de vida sedentarios, especialmente durante el proceso de envejecimiento en edades más avanzadas, puede llevar a una aceleración de la rigidez del músculo en el ventrículo izquierdo del corazón, la cámara que bombea sangre rica en oxígeno hacia sistema circulatorio. Cuando se produce este “endurezimiento” en el músculo cardíaco, se puede producir una gran presión sobre las cavidades cardíacas, lo que favorece un llenado deficiente y por tanto una posible insuficiencia cardíaca.  Esto suele producirse a menudo en individuos de mediana edad que no hacen ejercicio y no están en forma, dejándolas con cámaras pequeñas y rígidas con dificultades para bombear sangre.

Sin embargo, los investigadores destacan que la cámara del corazón en atletas competitivos sigue siendo grande y elástica, y que incluso, en personas con hábitos deportivos saludables (no atletas profesionales) con sesiones de cuatro a cinco días de ejercicio durante décadas, es suficiente para obtener la mayor parte de estos beneficios de la elasticidad cardiovascular.

En el estudio en cuestión, los investigadores querían saber si el ejercicio puede restaurar la elasticidad del corazón en individuos previamente sedentarios, especialmente si se inició a finales de la mediana edad. Los resultados presentados, muestran mejoras sustanciales en el cumplimiento cardíaco en los individuos más jóvenes del estudio después de un año de entrenamiento, pero sorprendentemente pocos cambios si el entrenamiento comenzó después de los 65 años.

Estos resultados muestran, que aunque nunca es tarde para iniciar unos hábitos saludables y vida activa, cuanto antes iniciemos esas rutinas adaptadas a cada persona y edad, antes nos aprovecharemos de sus amplios beneficios.

Referencia: Erin J. Howden, Satyam Sarma, Justin S. Lawley, Mildred Opondo, William Cornwell, Douglas Stoller, Marcus A. Urey, Beverley Adams-Huet, Benjamin D. Levine. Reversing the Cardiac Effects of Sedentary Aging in Middle Age—A Randomized Controlled Trial: Implications For Heart Failure PreventionCirculation, 2018; CIRCULATIONAHA.117.030617 DOI: 10.1161/CIRCULATIONAHA.117.030617

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Posible vínculo entre el envejecimiento saludable y un intestino sano

En un trabajo de investigación desarrollado por un equipo de científicos de Canadá (Lawson Health Research Institute) y China, han estudiado la población de bacterias intestinales en una muestra poblacional de más de 1.000 individuos chinos en una variedad de rangos de edad de entre 3 a más de 100 años que fueron seleccionados por ser saludables sin tener problemas de salud conocidos y sin antecedentes familiares de enfermedad. Los resultados mostraron una correlación directa entre la salud y los microbios en el intestino.

El objetivo de la investigación era el potencial desarrollo de nuevos sistemas de diagnóstico microbiológico a las poblaciones y utilizar recomendaciones nutricionales y probióticos para tratar de mejorar los biomarcadores de la salud. Ante esta investigación, los científicos se plantean la pregunta: ¿Mantenerse activo y comer bien, envejecerá mejor?, o ¿Es el envejecimiento saludable predecible por un biomarcador como son las poblaciones bacterianas del intestino?”

El estudio, publicado este mes en la revista mSphere , mostró que la composición microbiana general del grupo de personas mayores sanas era similar a la de las personas más jóvenes y que la microbiota intestinal difería poco entre individuos de 30 a más de 100 años.

La conclusión principal es que si una persona mayor con cerca de 90 años y sana, su microbiota intestinal no es tan diferente de un jóven sano de 30 años en la misma población. Si esto es causa o efecto es desconocido, pero los autores del estudio señalan que es la diversidad de la microbiota intestinal se mantuvo a través de su grupo de estudio. Esto podría demostrar que mantener la diversidad de la microbiota del intestino a medida que se envejece es un biomarcador del envejecimiento saludable, al igual que el bajo colesterol es un biomarcador de un sistema circulatorio saludable.

Referencia: Gaorui Bian, Gregory B. Gloor, Aihua Gong, Changsheng Jia, Wei Zhang, Jun Hu, Hong Zhang, Yumei Zhang, Zhenqing Zhou, Jiangao Zhang, Jeremy P. Burton, Gregor Reid, Yongliang Xiao, Qiang Zeng, Kaiping Yang, Jiangang Li. The Gut Microbiota of Healthy Aged Chinese Is Similar to That of the Healthy YoungmSphere, 2017; 2 (5): e00327-17 DOI: 10.1128/mSphere.00327-17

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