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El sueño profundo puede actuar como antienvejecimiento

A medida que envejecemos, nuestras noches suelen estar plagadas de episodios de vigilia, viajes al baño y otras molestias a medida que perdemos nuestra capacidad de generar el sueño profundo y reparador que se disfrutaba en la juventud. 

¿Pero eso significa que las personas mayores, simplemente necesitan dormir menos? No, según un equipo de investigadores del Center for Human Sleep Science en UC Berkeley, quienes argumentan en un artículo publicado en la revista Neuron, que las necesidades de sueño en las personas mayores que no son cubiertas, elevan el riesgo de pérdida de memoria, además de una amplia gama de trastornos acumulativos físicos y cognitivos.

Según los investigadores de este estudio, muchas de las enfermedades relacionadas con el envejecimiento tienen un vínculo causal con la falta de sueño. La sociedad ha hecho un buen trabajo al extender la vida útil, pero no tan buen trabajo al extender los años con salud. Los investigadores ven el sueño y la mejora del sueño, como una nueva vía para ayudar a mejorar la salud durante más años. A diferencia de los marcadores más “cosméticos” del envejecimiento, como las arrugas y las canas, el deterioro del sueño se ha relacionado con afecciones como la enfermedad de Alzheimer, enfermedades cardíacas, obesidad, diabetes, accidente cerebrovascular, etc.

Numerosos estudios neurológicos revelan cómo la falta de sueño produce deterioro cognitivo. Además, el cambio de un sueño profundo y consolidado en la juventud a un sueño irregular e insuficiente, puede comenzar desde una edad temprana, allanando el camino para las dolencias cognitivas y físicas posteriores en la mediana edad.

Y mientras que la industria farmacéutica invierte muchos recursos para atender a personas con insomnio, los investigadores advierten que los medicamentos o suplementos diseñados para ayudarnos a dormir son un pobre sustituto de los ciclos naturales del sueño que el cerebro necesita para funcionar bien.

El equipo de científicos cita estudios previos, incluidos algunos propios, que muestran que un cerebro envejecido tiene problemas para generar el tipo de ondas cerebrales lentas que promueven el sueño curativo profundo, así como los neuroquímicos, que nos pueden ayudar a pasar de manera estable del sueño profundo a la vigilia. Las partes del cerebro que se deterioran más temprano precisamente son las mismas regiones que nos proporcionan ese sueño profundo.

El envejecimiento generalmente provoca una disminución en el movimiento ocular profundo (NREM) o “sueño de ondas lentas”, junto con ondas más rápidas conocidas como “husos del sueño”, que ayudan a transferir recuerdos e información del hipocampo, que proporciona la memoria a corto plazo, a la corteza prefrontal, que consolida la información y actúa como el almacenamiento de la información a más largo plazo.

Lamentablemente, ambos tipos de ondas cerebrales del sueño disminuyen notablemente a medida que envejecemos, y en los últimos años se conoce mejor la influencia de estas alteraciones del sueño que afecta a la disminución de la memoria según avanza nuestra vida.

Otro de los efectos acumulativos de esta desregularización del sueño, es la incapacidad de regular los neuroquímicos que estabilizan nuestro sueño y nos ayudan a pasar del sueño a los estados de vigilia. Estos neuroquímicos incluyen Galanina, que promueve el sueño y Orexina, que promueve la vigilia. Una desregularización del ritmo sueño-vigilia, suele dejar a los adultos mayores fatigados durante el día pero inquietos y nerviosos por la noche.

Lo interesante también de estas investigaciones es poder explorar intervenciones no farmacéuticas para mejorar la calidad del sueño. Según los investigadores, los medicamentos para dormir sedan el cerebro, en lugar de ayudarlo a dormir de forma natural, por lo que es una prioridad en sus líneas de investigación, encontrar mejores tratamientos para restaurar un sueño saludable de forma natural en los adultos mayores. Destacan algunas técnicas en estudio a partir de la estimulación eléctrica para amplificar las ondas cerebrales durante el sueño y los tonos acústicos que actúan como un metrónomo para ralentizar los ritmos cerebrales.

Por supuesto, no todo el mundo es vulnerable a los cambios del sueño en la edad adulta. Así como algunas personas envejecen con más éxito que otras, algunas personas duermen mejor que otras a medida que envejecen, y esa es otra línea de investigación que intentan explorar los investigadores. En todo caso, mientras todas estas investigaciones siguen avanzando, debemos intentar poner atención en nuestra cultura del sueño, no sólo en cantidad sino también en calidad.

Referencia: Bryce A. Mander, Joseph R. Winer, Matthew P. Walker. Sleep and Human Aging. Neuron. (2017) Apr 5; 94(1): 19-36. DOI: 10.1016/j.neuron.2017.02.004

 

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La contaminación del aire podría influir en las capacidades cognitivas durante el envejecimiento

Una reciente investigación sugiere que una mayor exposición a la contaminación del aire durante la infancia puede estar relacionada con un efecto perjudicial posterior sobre las capacidades cognitivas de las personas hasta 60 años más tarde.

Se trata de de un estudio del Centro de Investigación de la Demencia de Alzheimer de la Universidad de Edimburgo en Escocia, a partir de un estudio más amplio denominado Lothian Birth Cohort 1936, en el cual se ha realizado un seguimiento de un grupo de individuos que nacieron en 1936 y participaron en una encuesta de 1947 denominada Scottish Mental Survey. Desde 1999, los investigadores han estado trabajando con las cohortes de nacimiento de Lothian para trazar cómo cambia la capacidad del pensamiento de una persona a lo largo de su vida. En este estudio se ha hecho un análisis de las capacidades cognitivas de más de 500 personas que hicieron una prueba inicial sobre los 11 años y de las cuales se ha realizado un seguimiento posterior hasta los 70-80 años.

Con estos datos y los registros sobre el nacimiento y dónde había vivido cada persona a lo largo de su vida, se ha estimado el nivel de contaminación del aire que habían experimentado en sus primeros años de vida, teniendo en cuenta también factores relacionados con el estilo de vida, el nivel socioeconómico y el tabaquismo. Con todos estos datos, el equipo utilizó modelos estadísticos para analizar la relación entre la exposición a la contaminación y las habilidades de pensamiento en la edad adulta.

Los hallazgos mostraron que la exposición a la contaminación del aire en la infancia tenía una asociación pequeña pero detectable con la disminución cognitiva entre los 11 años y posteriormente a los 70-80 años.

Los investigadores mencionan que hasta ahora no se había podido explorar el impacto de la exposición temprana a la contaminación del aire sobre las capacidades cognitivas en la vida posterior debido a la falta de datos sobre los niveles de contaminación del aire antes de la década de 1990, cuando comenzó a generalizarse las mediciones de contaminantes atmosféricos.

Para este estudio, los investigadores utilizaron un modelo llamado Atmospheric Chemistry Transport Model (EMEP4UK) para determinar los niveles de contaminación, conocidos como concentraciones históricas de partículas finas (PM2.5), para los años 1935, 1950, 1970, 1980 y 1990. Ellos combinaron estos hallazgos históricos con datos modelados contemporáneos de 2001 para estimar la exposición del curso de vida de los participantes en la encuesta de Lothian.

El estudio muestra que es posible estimar la contaminación atmosférica histórica y explorar cómo esta se puede relacionar con la capacidad cognitiva a lo largo de la vida, lo que podría ayudar a reducir el riesgo de demencia para las futuras generaciones.

Referencia: Tom C. Russ, Mark P.C. Cherrie, Chris Dibben, Sam Tomlinson, Stefan Reis, Ulrike Dragosits, Massimo Vieno, Rachel Beck, Ed Carnell, Niamh K. Shortt, Graciela Muniz-Terrera, Paul Redmond, Adele M. Taylor, Tom Clemens, Martie van Tongeren, Raymond M. Agius, John M. Starr, Ian J. Deary, Jamie R. Pearce. Life Course Air Pollution Exposure and Cognitive Decline: Modelled Historical Air Pollution Data and the Lothian Birth Cohort 1936Journal of Alzheimer’s Disease, 2021; 1 DOI: 10.3233/JAD-200910

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El pensamiento positivo puede favorecer un envejecimiento saludable

Las personas que son capaces de proyectar su pensamiento de manera positiva en el futuro para verse como una persona saludable y con un proyecto vital al llegar a la edad adulta, es mucho más probable que experimenten ese resultado. La forma en que pensamos acerca de quiénes seremos en la vejez, es muy predictiva de cómo seremos aproximadamente, según muestra un estudio reciente de la Universidad Estatal de Oregón.

Estudios previos sobre el envejecimiento han encontrado que la forma en que las personas pensaban sobre sí mismas a los 50 años, podría predecir un alto porcentaje de casos sobre su estado de salud futura incluso hasta 40 años después, pudiéndose observar ese efecto tanto en eventos cardiovasculares, memoria, equilibrio, voluntad de vivir, hospitalizaciones, incluso en la propia mortalidad. Estas investigaciones han mostrado que las personas que tienen una visión positiva del envejecimiento a los 50 años viven de media hasta 7,5 años más, que las personas que no tienen esta predisposición.

Debido a que, en todas estas investigaciones previas, la autopercepción del envejecimiento se ha mostrado relacionada con muchos de los resultados de salud que se han podido seguir en el tiempo, los investigadores se propusieron en este estudio intentar comprender en qué influyen esas percepciones. Su estudio analizó específicamente la influencia de dos factores: la autopercepción como la capacidad percibida de una persona para convertirse en la persona que quiere ser en el futuro, y el optimismo como rasgo general de la personalidad.

Los investigadores midieron estos rasgos de la personalidad de los participantes mediante encuestas, pidiendo a los encuestados que comentaran en qué medida estaban de acuerdo o en desacuerdo con distintas afirmaciones. Los resultados mostraron que, como se predijo, un mayor optimismo se asoció con una autopercepción más positiva del envejecimiento, observando una correlación con su estado de salud futura.

Según los investigadores, un factor importante en la forma en que las personas se ven a sí mismas en el proceso de envejecimiento, es interiorizar los estereotipos de edad. Ejemplos de estos estereotipos incluyen la suposición de que los adultos mayores son malos conductores, o sufren problemas de memoria o ya no pueden realizar actividad física, etc. Según los investigadores, hasta los niños más pequeños ya tienen estereotipos negativos sobre las personas mayores, así que es probable que, si una persona tiene la suerte de vivir hasta la vejez y cree en esos estereotipos, es posible que se cumplan en esa persona.

Fomentar estos estereotipos pueden generar patrones de pensamiento que causan un daño real en el proceso de envejecimiento, según los investigadores. Lo que implicaría que las consecuencias negativas para la salud en la edad adulta, podrían no estar motivadas solamente desde el perfil biológico, ya que la mente y el cuerpo están completamente interrelacionados. Si una persona cree que esos pensamientos negativos van a suceder, con el tiempo, eso puede erosionar la voluntad de las personas o tal vez incluso eventualmente su capacidad para mantener unos hábitos saludables.

Una forma de mitigar esos estereotipos negativos sobre el envejecimiento sería fomentar las relaciones intergeneracionales, para que los más jóvenes puedan ver a los adultos mayores disfrutando de una vida feliz y saludable. Cuanto más estás rodeado de personas mayores, más te das cuenta de que no todo es malo. Aumentar las oportunidades para las relaciones intergeneracionales es una forma en que podríamos, como sociedad, hacer que las personas sean más optimistas sobre el envejecimiento.

Referencia: Shelbie G. Turner, Karen Hooker. Are Thoughts About the Future Associated With Perceptions in the Present?: Optimism, Possible Selves, and Self-Perceptions of AgingThe International Journal of Aging and Human Development, 2020; 009141502098188 DOI: 10.1177/0091415020981883

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Sangre y Riqueza…no es un título, son potenciales biomarcadores para predecir la futura discapacidad

Un nuevo estudio de investigación llevado acabo por la Escuela de Medicina de Norwich de la Universidad de East Anglia (Reino Unido), muestra cómo la salud biológica de las personas podría llegar a predecir la discapacidad y la demanda de atención médica en una ventana temporal de unos cinco años. Tan simple como un análisis de sangre en el que se miden algunos “biomarcadores” como el colesterol o la inflamación, podrían llegar a predecir la probabilidad de que una persona desarrolle alguna discapacidad.

Pero además en el proceso de investigación de esta población estudiada, los investigadores también encontraron una correlación positiva entre las personas con ingresos más altos y la probabilidades de buscar más citas con el médico de cabecera y los posteriores tratamientos ambulatorios para sus problemas médicos, en todos los tipos de uso de los servicios de salud.

Es un patrón que se repite de forma habitual en casi todas las sociedades, las personas más pobres pierden más de una década de buena salud en comparación con las más ricas. Por lo que entender mejor los vínculos entre el estatus social de las personas y su estado de salud futura, ha sido uno de los principales objetivos de esta investigación, y comprobar si los análisis de sangre podrían ser un fácil predictor de discapacidad futura y del nivel de uso de los servicios de atención médica, lo que podría ayudar, entre otros, a los planificadores de salud pública para dimensionar sus políticas de gestión o desarrollar programas de detección y prevención.

A partir de estos supuestos, los investigadores observaron los biomarcadores elevados del torrente sanguíneo relacionados con diferentes enfermedades como una medida objetiva de la salud. Estos biomarcadores pueden proporcionar mucha información sobre lo que sucede en el organismo, incluso antes de que comiencen los primeros síntomas de las enfermedades. Las pruebas de colesterol “malo” en la sangre, por ejemplo, pueden mostrar un riesgo de enfermedad cardíaca.

El grupo de investigación, ya abordó en otros proyectos anteriores cómo los biomarcadores del estrés están relacionados con la posición socioeconómica y cómo esta correlación podía revelar algunos de los mecanismos ocultos que conectan la desigualdad social con la salud.

En este caso, este proyecto estudiaba los biomarcadores sanguíneos de una muestra de población de 5.286 participantes involucrados en un gran estudio longitudinal en el Reino Unido llamado Understanding Society. A través de estos datos, los investigadores observaron aspectos como el colesterol, la función e inflamación del hígado y los riñones, la respuesta del cuerpo a las infecciones o al estrés crónico, además de medidas de obesidad, fuerza de agarre, frecuencia cardíaca en reposo, presión arterial y función pulmonar, entre otros.

Tras el análisis de todos estos datos los investigadores encontraron que las diferencias de biomarcadores subyacentes están relacionadas con la discapacidad futura y que la salud de las personas está también relacionada con la demanda futura de servicios de salud como consultas médicas y ambulatorias, así como con el tiempo que pasan posteriormente en el hospital. Otro de los hallazgo en el análisis de estos datos fue que las personas con cierto n ivel de los biomarcadores elegidos pueden desarrollar una discapacidad en cinco años, lo que resulta en un aumento de las necesidades sociales y de atención médica. Entre los biomarcadores con mayor poder predictivo de discapacidad futura se encontraron los que están asociados con la función pulmonar, la fuerza de agarre, la obesidad, la anemia, las hormonas relacionadas con el estrés y la función hepática. Y aquellos indicadores como la presión arterial y el colesterol, que son el enfoque actual de los programas de detección de salud pública, son menos útiles como predictores de discapacidad.

Los autores del estudio destacan que todos estos datos podrían ser recogidos fácilmente utilizando muestras de sangre seca (gotas de sangre total recogidas en papel de filtro de un pinchazo en el dedo) que ofrece una base mínimamente invasiva para realizar una amplia gama de análisis de sangre a bajo costo y que facilitaría enormemente desarrollar programas de detección de salud pública más avanzados.

Referencia: Apostolos Davillas, Stephen Pudney. Biomarkers, disability and health care demandEconomics & Human Biology, 2020; 39: 100929 DOI: 10.1016/j.ehb.2020.100929

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El autocontrol y reflexión durante la infancia tiende a desarrollar un envejecimiento más saludable

Como en muchos otros artículos que podemos leer sobre envejecimiento, se constata la idea de una conexión entre el desarrollo de nuestra infancia y la evolución de nuestro envejecimiento. Este es otro de esos proyectos de investigación que reafirman esta idea.

En este caso la investigación se centra en la idea de cómo el autocontrol y la reflexión durante la infancia, pueden repercutir en un desarrollo más saludable en la edad adulta. El autocontrol es la capacidad de contener los propios pensamientos, sentimientos y comportamientos, y trabajar hacia un objetivo. Es uno de los rasgos de personalidad que hace que un niño esté listo para ir al colegio. Y resulta que este rasgo también les ayuda para enfrentarse a la vida que se encontrarán.

Los datos recopilados en esta investigación científica se basan en el estudio multidisciplinar de salud y desarrollo de Dunedin, un gran estudio de investigación que ha seguido a mil personas desde su nacimiento hasta los 45 años en Nueva Zelanda. Este estudio ha sido desarrollado por un grupo de científicos de la Universidad de Michigan junto con la Universidad de Duke y que se ha publicado el 4 de enero de 2021 en Proceedings of the National Academy of Sciences, donde se determina que las personas que tenían niveles más altos de autocontrol y capacidad reflexiva durante su infancia se han convertido en adultos que envejecían más lentamente que otros compañeros del estudio a los 45 años. Para ello se han evaluado distintos indicadores psicológicos y fisiológicos, como el caracter de los niños, teniendo en cuenta también los criterios de sus padres y profesores a distintas edades. Se evaluó en los niños la impulsividad, la agresividad y otras formas de sobreactividad, perseverancia y falta de atención, entre otras. De los 26 a los 45 años, los participantes también fueron medidos en busca de signos fisiológicos del envejecimiento en varios órganos, incluido el cerebro. En todas las medidas, un mayor autocontrol y capacidad reflexiva durante la infancia se correlacionó con un envejecimiento más lento.

Los niños con mejor autocontrol tienden a ser de familias con mayor seguridad financiera y suelen tener un mayor coeficiente intelectual. Sin embargo, los hallazgos de un envejecimiento más lento a los 45 años con más autocontrol pueden separarse de su estado socioeconómico y de su coeficiente intelectual en la infancia. Sus análisis mostraron que el autocontrol fue el factor que marcó la diferencia.

En las entrevistas, el grupo evaluado con mayor autocontrol también mostró que pueden estar mejor equipados psicológicamente para manejar los desafíos de salud, financieros y sociales que se han encontrado a lo largo de su trayectoria vital. Los investigadores utilizaron entrevistas estructuradas y distintas verificaciones para evaluar la preparación ante estos retos. Los participantes con alto autocontrol infantil expresaron opiniones más positivas sobre el envejecimiento y se sintieron más satisfechos con la vida en la actualidad, ya con mediana edad.

Los investigadores también encontraron casos que habían cambiado sus niveles de autocontrol cuando eran adultos y esto también influyó en obtener mejores resultados de salud de lo que hubieran predicho las evaluaciones en su niñez. Esto podría demostrar que el autocontrol y la capacidad reflexiva también se pueden “enseñar y entrenar”. Los investigadores sugieren que una inversión social y psicológica en dicha capacitación podría mejorar la duración y la calidad de vida posterior, no solo durante la infancia, sino también quizás en la mediana edad. Existe una amplia evidencia de que cambiar los comportamientos en la mediana edad (dejar de fumar o hacer ejercicio por ejemplo) conducen a un envejecimiento más saludable, que no hacerlo en ningún momento.

Todo el mundo tememos tener un envejecimiento con enfermedades que nos impidan tener una mínima calidad de vida, envejecer en solitario o sin capacidad financiera para desarrollar las actividades que nos hacen más felices, por lo que envejecer de la forma más saludable también requiere que invirtamos en prepararnos desde lo más temprano posible, tanto en el aspecto físico como psicológico para enfrentar las posibles dificultades a lo largo de nuestra vida, pero en todo caso, nunca es tarde para ello.

Referencia: Leah S. Richmond-Rakerd, Avshalom Caspi, Antony Ambler, Tracy d’Arbeloff, Marieke de Bruine, Maxwell Elliott, HonaLee Harrington, Sean Hogan, Renate M. Houts, David Ireland, Ross Keenan, Annchen R. Knodt, Tracy R. Melzer, Sena Park, Richie Poulton, Sandhya Ramrakha, Line Jee Hartmann Rasmussen, Elizabeth Sack, Adam T. Schmidt, Maria L. Sison, Jasmin Wertz, Ahmad R. Hariri, Terrie E. Moffitt. Childhood self-control forecasts the pace of midlife aging and preparedness for old ageProceedings of the National Academy of Sciences, 2021; 118 (3): e2010211118 DOI: 10.1073/pnas.2010211118

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Los beneficios del ejercicio sobre la salud cerebral ¿se podrían obtener con una sola proteína?

Una proteína hepática poco estudiada hasta ahora puede ser responsable de los bien conocidos beneficios del ejercicio sobre el envejecimiento del cerebro, según un nuevo estudio realizado en modelos animales de ratones llevado acabo por científicos de la Universidad de California San Francisco y que podría conducir al desarrollo de nuevas terapias para obtener los efectos neuroprotectores equivalentes a la actividad física en personas mayores que no pueden hacer ejercicio debido a limitaciones físicas.

El ejercicio es una de las formas más potentes y mejor estudiadas para proteger el cerebro del deterioro cognitivo relacionado con la edad y se ha demostrado que mejora el estado cognitivo en personas con riesgo de enfermedad neurodegenerativa como la enfermedad de Alzheimer y la demencia frontotemporal, incluso en aquellas personas con variantes genéticas que les predisponen a sufrir demencia.

Pero muchos adultos mayores no pueden hacer ejercicio regularmente debido a ciertas limitaciones físicas o discapacidades, y los investigadores están buscando terapias que puedan conferir algunos de los mismos beneficios neurológicos en personas con estos bajos niveles de actividad física.

En este nuevo estudio, publicado recientemente en Science, mostró que después de planificar rutinas de ejercicios en estos modelos de ratones, sus hígados secretaban una proteína en sangre llamada Gpld1, cuyos altos niveles se conoce que se correlaciona con una función cognitiva mejorada en ratones de edad avanzada, y que en una investigación anterior habían ya estudiado que esta proteína también se encontraba en altos niveles en la sangre en humanos de edad avanzada que hacen ejercicio regularmente. Pero los investigadores mostraron que el simple aumento de la cantidad de Gpld1 producida por el hígado del ratón podría conferir muchos de los mismos beneficios cerebrales que el ejercicio regular.

El laboratorio de este grupo de investigadores habían desarrollado un estudio previo que sugería que los factores biológicos presentes en la sangre de los ratones jóvenes pueden rejuvenecer el cerebro de un ratón envejecido y, por el contrario, los factores en la sangre de los ratones más viejos pueden provocar un deterioro cognitivo prematuro relacionado con la edad en ratones jóvenes.

Estos resultados anteriores llevaron al grupo de investigación a buscar factores transmitidos por la sangre que también podrían conferir los beneficios del ejercicio y disminuir el deterioro cognitivo en los  cerebros envejecidos de una manera similar a lo que observaron en los experimentos de laboratorio de los ratones mayores. Para ello midieron las cantidades de diferentes proteínas solubles en la sangre de ratones activos comparados con los sedentarios. Identificaron 30 proteínas candidatas, 19 de las cuales, para su sorpresa, se derivaron predominantemente del hígado y muchas de las cuales se habían relacionado previamente con funciones para controlar el metabolismo del cuerpo. Dos de estas proteínas, Gpld1 y Pon1, destacaron como particularmente importantes para los procesos metabólicos, y los investigadores decidieron estudiar Gpld1 con más detalle porque pocos estudios previos habían investigado su función.

El equipo descubrió que Gpld1 aumenta en la circulación sanguínea de los ratones después del ejercicio, y que los niveles de Gpld1 se correlaciona estrechamente con las mejoras en el rendimiento cognitivo en los modelos de ratones. Este conocimiento se añade a los estudios previos realizados en humanos cuyos datos recopilados mostraron que Gpld1 también está elevado en la sangre de adultos mayores sanos y activos en comparación con los ancianos menos activos.

Para probar si el Gpld1 en sí mismo podría generar los beneficios observados del ejercicio, los investigadores utilizaron la ingeniería genética para “convencer” a los hígados de ratones viejos para que produjeran Gpld1 en exceso, luego midieron el rendimiento de los animales en múltiples pruebas que controlan varios aspectos de la cognición y la memoria. Para su sorpresa, tres semanas de tratamiento produjeron efectos similares a seis semanas de ejercicio regular, junto con aumentos relevantes en el crecimiento de nuevas neuronas en el hipocampo.

Sin embargo es sorprendente que en otros experimentos de laboratorio han demostrado que Gpld1 producido por el hígado no pasa a través de la llamada barrera hematoencefálica, que protege al cerebro de agentes tóxicos o infecciosos en la sangre. En cambio, la proteína parece ejercer sus efectos en el cerebro a través de vías que reducen la inflamación y la coagulación de la sangre en todo el cuerpo. Se sabe que tanto la coagulación sanguínea como la inflamación aumentan con la edad y se han relacionado con la demencia y el deterioro cognitivo relacionado con la edad.

Pero, según los investigadores, a través de esta proteína, el hígado responde a la actividad física y produce algún tipo de señales secundarias para comunicarse con el cerebro y producir esos efectos beneficiosos para el rejuvenecimiento cerebral. Este es un ejemplo notable de comunicación de hígado a cerebro que hace preguntarse a los científicos qué más líneas de investigación podrían desarrollarse en el ámbito de la neurociencia para estudiar los potenciales efectos que otros órganos podrían tener en el cerebro y viceversa.

El grupo de investigación ahora está trabajando para comprender mejor cómo Gpld1 interactúa con los sistemas de señalización bioquímica para producir estos efectos estimulantes detectados en el cerebro, con la esperanza de identificar objetivos específicos para desarrollar una terapia que algún día podrían conferir muchos de los beneficios protectores del ejercicio para el envejecimiento del cerebro en personas mayores con limitadas capacidades físicas.

Referencia: Alana M. Horowitz et al. Blood factors transfer beneficial effects of exercise on neurogenesis and cognition to the aged brainScience, 2020 DOI: 10.1126/science.aaw2622

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¿Por qué envejecen las arterias? Un nuevo estudio explora el vínculo entre el sistema circulatorio, las bacterias intestinales y la dieta

En un reciente estudio de un grupo de investigación de la Universidad de Colorado Boulder, publicado en la revista Hypertension de la American Heart Association, sugiere que las personas pueden prevenir o incluso revertir el riesgo de enfermedades cardiovasculares relacionadas con el envejecimiento a través de cambios en la dieta.

Al iniciarse el proceso digestivo, las bacterias intestinales se ponen a trabajar de inmediato para descomponer el alimento deglutido, a medida que metabolizan los aminoácidos L-carnitina y colina, producen un subproducto metabólico llamado trimetilamina, que el hígado convierte en trimetilamina-N-óxido (TMAO) y envía a través del torrente sanguíneo. Este proceso es especialmente intenso en dietas ricas en carnes rojas aunque incluso los vegetarianos producen algo de este metabolito. Ya en estudios anteriores se había analizado que las personas con niveles más altos de TMAO en sangre tienen más del doble de probabilidades de sufrir diferentes cardiopatías, pero no se había podido entender del todo por qué sucedía esto.

En este nuevo estudio basado en muestras de animales y de humanos, el equipo de investigación ha tratado de responder algunas de las preguntas que todavía quedaban en el aire: ¿TMAO de alguna manera daña nuestro sistema vascular? ¿Si es así, cómo? ¿Y podría ser una razón por la cual la salud cardiovascular empeora a medida que envejecemos, incluso entre las personas que llevan una vida más saludable?

Los investigadores analizaron los metabolitos de la sangre y la salud arterial de 101 adultos mayores y 22 adultos jóvenes y descubrieron que los niveles de TMAO aumentan significativamente con la edad. (Esto coincide con estudios previos que muestra que el microbioma intestinal, o su colección de bacterias intestinales, cambia con la edad, generando más bacterias que ayudan a producir TMAO). Los resultados del estudio mostraron que los niveles más altos de TMAO en sangre se encontraban en los adultos más mayores, presentando una función arterial significativamente peor, además de apreciarse signos de estrés oxidativo o daño tisular en el revestimiento de los vasos sanguíneos.

En la parte de la experimentación animal, cuando los investigadores aumentaron los niveles de TMAO mediante la alimentación a los ratones jóvenes durante algunos meses, sus vasos sanguíneos envejecieron rápidamente. De tal manera que los ratones de 12 meses (el equivalente de los humanos de unos 35 años) se parecían más a los ratones de 27 meses (80 años equivalente en personas). Los datos preliminares también dejan ver que los ratones con niveles más altos de TMAO muestran disminuciones en el aprendizaje y la memoria, lo que sugiere que el compuesto también podría desempeñar un papel en el deterioro cognitivo relacionado con la edad.

Por otro lado, en el estudio con animales, los ratones más viejos que comieron un compuesto llamado dimetilbutanol (que se encuentra en pequeñas cantidades en el aceite de oliva, el vinagre y el vino tinto) mostraron signos de revertir las alteraciones vasculares, lo que llevó a pensar a los investigadores que estos compuestos podrían impedir la producción de TMAO.

El equipo de investigación ahora está explorando los potenciales compuestos que podrían bloquear la producción de TMAO para prevenir el deterioro vascular relacionado con la edad.

El envejecimiento es el principal factor de riesgo para la enfermedad cardiovascular, principalmente como resultado del estrés oxidativo en nuestras arterias. ¿Pero qué causa el estrés oxidativo en nuestras arterias a medida que envejecemos? Esa ha sido la gran incógnita. Este estudio identifica lo que podría ser un factor importante a considerar.

Por ahora con los conocimiento que tenemos, una dieta mediterranea y un estilo de vida saludable ayudará a mantener nuestro sistema cardiovascular lo más jóven posible.

Referencia: Vienna E. Brunt, Rachel A. Gioscia-Ryan, Abigail G. Casso, Nicholas S. VanDongen, Brian P. Ziemba, Zachary J. Sapinsley, James J. Richey, Melanie C. Zigler, Andrew P. Neilson, Kevin P. Davy, Douglas R. Seals. Trimethylamine-N-Oxide Promotes Age-Related Vascular Oxidative Stress and Endothelial Dysfunction in Mice and Healthy HumansHypertension, 2020; 76 (1): 101 DOI: 10.1161/HYPERTENSIONAHA.120.14759

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Envejeciendo en la frontera: Proyecto FragDetCog – La fragilidad como marcador precoz de deterioro cognitivo en personas mayores

En el sexto y último de los vídeos de “Envejeciendo en la frontera”, Jesús Ávila de Grado, director científico del Centro de Investigación Biomédica en Red sobre Enfermedades Neurodegenerativas (CIBERNED), describe la investigación llevada a cabo en el programa coordinado FragDetCog, que tiene como finalidad la predicción del deterioro cognitivo y demencia en personas mayores cognitivamente sanas.

Encontrar marcadores precoces de enfermedades neurodegenerativas se ha convertido en un reto de vital importancia para la comunidad médica y científica. Este proyecto explora si la fragilidad cognitiva (déficits cognitivos en personas mayores físicamente frágiles y sin demencia) puede representar una fase previa al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas, siendo, por tanto, un objetivo adecuado para la intervención temprana. Para el estudio se cuenta con la participación de un equipo multidisciplinar en investigación traslacional en enfermedades neurodegenerativas relacionadas con la edad, que incluye a expertos en neurología clínica, neuropsicología, neuroimagen, bioquímica, genética o biomarcadores. Con esta aproximación se pretenden hallar modelos predictivos que permitan el diagnóstico temprano de enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.

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Envejeciendo en la frontera: Proyecto FES-HAND – Herramientas para la rehabilitación funcional de la mano tras un accidente cerebrovascular

En el quinto de los vídeos de “Envejeciendo en la frontera”, Thierry Keller, director del Área de Neurorrehabilitación en la Fundación Tecnalia, expone la investigación llevada a cabo en el programa coordinado FES-HAND, que busca nuevas soluciones para la rehabilitación funcional de la destreza de la mano en pacientes tras un accidente cerebrovascular.

El objetivo general del programa es la investigación en nuevas herramientas para la recuperación de la destreza o movimientos finos de la mano en pacientes que tienen afectada la movilidad de la extremidad superior después de haber sufrido un daño cerebral. De esta forma, el aumento en la capacidad para el desempeño de actividades cotidianas, contribuye a la mejora de la calidad de vida de los afectados. Este trabajo también incluye el desarrollo de un prototipo de tecnología rehabilitadora, el estudio de su usabilidad y la valoración de su impacto de forma cuantitativa a través de equipos de medida externos.

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Envejeciendo en la frontera: Proyecto MOVE-AGED – Las infraestructuras de movilidad urbana vertical como elementos integradores para las personas mayores

En el cuarto de los vídeos de “Envejeciendo en la frontera”, Juan José Pons Izquierdo, profesor titular de la Universidad de Navarra, explica la investigación llevada a cabo en el programa coordinado MOVE-AGED, que analiza la importancia de las infraestructuras de movilidad urbana vertical como elementos integradores e inclusivos para los ancianos.

La posibilidad de que los mayores lleven una vida lo más activa posible desde el punto de vista de sus desplazamientos y movilidad urbana es esencial para su bienestar psicológico. El objetivo general del trabajo es realizar un estudio sobre el impacto que tienen las infraestructuras de movilidad vertical o IMUV (ascensores, rampas, escaleras mecánicas, funiculares y teleféricos) en la vida cotidiana de las personas mayores que viven en barrios donde la movilidad es especialmente complicada por la existencia de desniveles topográficos. Los resultados se pondrán a disposición de gestores públicos y profesionales de planificación urbanística para impulsar ciudades más amables y sostenibles para todos.

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