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Las personas con alto nivel de fragilidad y con la COVID-19, presentan mayor mortalidad

El estado de fragilidad es un síndrome clínico-biológico caracterizado por una disminución de la resistencia y de las reservas fisiológicas del adulto mayor ante situaciones estresantes, a consecuencia del acumulativo desgaste de los sistemas fisiológicos, causando mayor riesgo de sufrir efectos adversos para la salud. El riesgo de fragilidad aumenta a medida que envejecemos, pero también puede desarrollarse a diferentes edades[2].

Ahora un nuevo estudio desarrollado por la red de investigación del Geriatric Medicine Research Collaborative (GeMRC), cuya investigadora principal (Dra.Carly Welch) pertenece a la Universidad de Birmingham, ha revelado por primera vez hasta qué punto la fragilidad aumenta el riesgo de mortalidad en pacientes con la COVID-19. El estudio de observación clínica publicado este febrero de 2021 en la revista Age and Aging, se realizó con 5.711 pacientes infectados con la COVID-19, en 55 hospitales de 12 países diferentes, y en el que se pudo observar que las personas con alto nivel de fragilidad presentaban hasta tres veces más probabilidades de mortalidad que aquellas que no lo eran, incluso teniendo en cuenta su edad. También se observó que aquellos con fragilidad severa que sobrevivieron al virus tenían siete veces más probabilidades de necesitar más atención en su hogar o residencia.

No todas las personas mayores son iguales, todos envejecemos de maneras diferentes, algunas personas pueden vivir hasta bien entrados los 90 años sin desarrollar fragilidad, o incluso puede desarrollarse sin la presencia de otras afecciones a largo plazo. Según los investigadores, ahora existe mayor evidencia que muestra el aumento del riesgo en aquellos perfiles de población mayor, con alta fragilidad y/o condiciones de salud subyacentes y que padecen la COVID-19. Los hallazgos del estudio podrían demostrar que no solo la edad avanzada sino también la fragilidad, independientemente entre sí, aumentando el riesgo de muerte por la COVID-19 y también una mayor necesidad de atención para los que consiguen vencer el virus.

Los investigadores  de la red GeMRC, esperan que los hallazgos de la investigación influyan en las políticas de salud pública, incluidas las recomendaciones para priorizar la vacunación destinadas a aquellas personas con mayor fragilidad, independientemente de la edad. La investigación puede ayudar a disponer de una mayor comprensión de la fragilidad como algo que ocurre por separado de la edad, y que podría tener una consideración más importante, junto con la edad, en las políticas de salud pública tanto dentro como fuera de los hospitales.

Sin duda una mayor comprensión de la fragilidad entre el público en general, permitiría una óptima comunicación entre los gestores de políticas de salud, médicos, pacientes y sus familiares o cuidadores.

Referencias:

1.Red de investigadores del GeMRC. Age and frailty are independently associated with increased COVID-19 mortality and increased care needs in survivors: results of an international multi-centre studyAge and Ageing, 2021; DOI: 10.1093/ageing/afab026

2. Lluis Ramos, Guido Emilio y Llibre Rodríguez, Juan de Jesús. Fragilidad en el adulto mayor: Un primer acercamiento. Rev Cubana Med Gen Integr [online]. 2004, vol.20, n.4. ISSN 0864-2125.

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La pérdida de audición temprana es un factor de riesgo para la salud cardiovascular

Un nuevo estudio relaciona la pérdida auditiva con un mayor riesgo de mortalidad antes de los 75 años debido a una enfermedad cardiovascular. Investigadores del Centro de Envejecimiento Robert N. Butler Columbia, en la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia, hallaron entre sus resultados que la mortalidad entre las personas con pérdida auditiva es elevada, especialmente entre hombres y mujeres menores de 75 años y aquellos que están divorciados o separados. Sin embargo, el riesgo de mortalidad disminuyó en los adultos con una pareja con “buen oído”. Este es el primer estudio que investiga los efectos combinados de la pérdida de audición asociadas con las relaciones sociales-familiares y el aumento del riesgo de mortalidad. Los hallazgos se han publicado en la revista Social Science and Medicine.

Es bien conocido que el propio envejecimiento aumenta considerablemente el riesgo de pérdida de audiciónLa pérdida de audición es la 4ª causa principal de discapacidad. Dependiendo de la edad, la probabilidad de padecer perdida auditiva aumenta aproximadamente el 1% entre las personas de 40 a 44 años, hasta el 50% en mujeres y el 62% en hombres de 80 a 84 años.

Los investigadores analizaron datos de 50.462 adultos inscritos en el Estudio de Pérdida Auditiva de Nord-Trøndelag de 1996 a 1998. Utilizaron el Registro de Causas de Muerte de Noruega para identificar muertes hasta 2016. Los datos sobre el estado civil y el número de hijos se obtuvieron del Registro Nacional de Población . Los investigadores también categorizaron aquellos individuos fumadores, además de los hábitos de consumo de alcohol y la actividad física.

Tras el análisis de todos estos datos se obtuvieron varias correlaciones y patrones de asociación referidos a la pérdida de audición, las relaciones sociales y el aumento de mortalidad. Los hallazgos del grupo de investigación encontraron que el exceso de mortalidad entre los discapacitados auditivos puede ser particularmente mayor entre individuos con vínculos familiares-sociales más débiles, por ejemplo, entre los hombres divorciados o mujeres que no tienen hijos con pérdida auditiva por debajo de los 75 años, se encontraron mayores probabilidades de mortalidad. Estos resultados podrían explicarse ya que es más probable que las relaciones familiares más estrechas o con fuertes vínculos, podrían permitir que alguien con pérdida auditiva en mayor medida sea más activo socialmente, ya que el cónyuge o familiar puede brindar apoyo, tomar la iniciativa y ayudarlo a superar los umbrales para socializar con otros. Un cónyuge también podría alentar el uso de asistencia técnica, como audífonos, y ayudar en la consulta de servicios de salud cuando sea necesario. Tener vínculos familiares o de amistades fuertes también puede servir como un amortiguador contra las consecuencias anímicas y económicas perjudiciales de la pérdida auditiva.

Referencia: Bo Engdahl, Mariann Idstad, Vegard Skirbekk. Hearing loss, family status and mortality – Findings from the HUNT study, NorwaySocial Science & Medicine, 2019; 220: 219 DOI: 10.1016/j.socscimed.2018.11.022

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