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Nueva estrategia contra la COVID-19 en personas mayores: los cuerpos cetónicos

Dado el impacto desproporcionado que la COVID-19 tiene en las personas mayores en términos de muerte y discapacidad, y el impacto de la morbilidad asociada relacionada con problemas de salud propias del envejecimiento como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, la comunidad científica desde una abordaje transdisciplinar, se han volcado en estudiar estrategias alternativas para luchar contra esta enfermedad. En este sentido destaca un consorcio de investigadores del Instituto Buck para la Investigación sobre el Envejecimiento, la Universidad Johns Hopkins y la Universidad de California San Francisco que estudian los ámbitos del envejecimiento, el metabolismo y la inmunidad, han publicado recientemente en la revista Cell Press (Med) una revisión científica centrada en los cuerpos cetónicos como una posible nueva estrategia de lucha contra la COVID-19, la gripe estacional y otras infecciones respiratorias.

Los cuerpos cetónicos son compuestos producidos naturalmente durante el metabolismo de las grasas y que proporcionan energía a las células y también pueden reprogramar las funciones celulares. Comer una dieta cetogénica, que es alta en grasas, baja en proteínas y en carbohidratos, aumenta la producción del ácido beta-hidroxibutirato de cetona primaria (BHB).

Si bien los supuestos beneficios de comer este tipo de dietas controladas, han hecho que los productos y suplementos alimenticios relacionados con cetogénicos sean muy populares, estos científicos señalan que se desconoce mucho acerca de la biología del BHB y la fisiología exacta de cómo impacta en el metabolismo. Según estos investigadores, no hay evidencia de que una dieta cetogénica proteja de ninguna manera contra la COVID-19, pero parece que hay algunos datos que pueden indicar que BHB podría mejorar alguno de los factores de riesgo relacionados con la edad para la COVID-19, como la enfermedad cardíaca y diabetes.

Pequeños ensayos clínicos en humanos han demostrado que BHB puede mejorar la función cardíaca en personas con insuficiencia cardíaca y mejorar aspectos clave de la salud cognitiva. En laboratorio, BHB se ha mostrado como prometedor contra la diabetes tipo 2 y ha presentado indicios de que puede amortiguar la inflamación crónica. La elevación de los niveles de cetonas en sangre parece que se ha mostrado protectora contra el daño tisular relacionado con la hipoxia, que ocurre en infecciones respiratorias graves. Los médicos de la Universidad Johns Hopkins planean probar una dieta cetogénica en un pequeño grupo de pacientes intubados que padecen la COVID-19. La esperanza es que la dieta mejore el intercambio de oxígeno, reduzca la duración del tiempo en los respiradores y quizás lo más importante, reduzca la inflamación sistémica que conduce a la tormenta exagerada de citocinas que a menudo continúa con el desarrollo del síndrome de dificultad respiratoria aguda.

Se está observando que algunas personas mayores que sobreviven a las graves consecuencias de la infección producida por la COVID-19,  presentan problemas severos de memoria a largo plazo, agotamiento extremo y debilidad por desgaste muscular después de un tiempo prolongado en la UCI. Señalando el hecho de que BHB y otras cetonas actúan en múltiples sistemas en el cuerpo, los autores esperan estudios clínicos que prueben la suplementación con cetonas como una forma de reforzar la función muscular y atenuar o evitar los problemas cognitivos asociados.

En la investigación básica de estos ensayos se muestra que BHB inhibe directamente la activación de la vía proinflamatoria NLRP3, que es fundamental para la patogénesis de la enfermedad de la COVID-19 y es probable que contribuya a la tormenta de citoquinas. Comprender cómo BHB impacta en la inmunidad innata después de la infección es una de las preguntas preclínicas clave que estos investigadores esperan abordar en siguientes estudios.

Referencia: Brianna J. Stubbs, Andrew P. Koutnik, Emily L. Goldberg, Vaibhav Upadhyay, Peter J. Turnbaugh, Eric Verdin, John C. Newman. Investigating Ketone Bodies as Immunometabolic Countermeasures against Respiratory Viral InfectionsMed, 2020; DOI: 10.1016/j.medj.2020.06.008

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Los microARN responsables de atacar al coronavirus disminuyen con la edad.

La característica más importante y sorprendente de la COVID-19 es el aumento de la tasa de mortalidad en personas de edad avanzada, de tal manera que casi la mitad de los pacientes que requieren hospitalización tienen 65 años o más, y estas personas mayores representan alrededor del 80% de las muertes.

Ante la infección vírica, normalmente, el sistema inmune entra en juego para destruir al virus, pero en ocasiones ante una gran carga viral que además continúa replicándose, se produce una respuesta inflamatoria abrupta, que finalmente provoca “tormentas” de citoquinas que en estas cantidades destruyen en vez de proteger nuestros órganos. Un grupo de investigadores  del Departamento de Medicina y Centro para el Envejecimiento Saludable en el Colegio Médico de Georgia en la Universidad de Augusta, trabajan en la hipótesis que un grupo de microARN, que son algunos de los responsables de atacar al virus que causa la COVID-19, se ven disminuidos con la edad y los problemas de salud crónicos. Una reducción de estos niveles puede facilitar la gravedad de la enfermedad, esto  en cierta medida probablemente ayuda a explicar por qué las personas mayores y las personas con afecciones médicas preexistentes son poblaciones vulnerables.

Estos microARN desempeñan un papel importante en nuestro metabolismo en el control de la expresión génica, y también son una línea de contención frente a virus, de tal manera que se adhieren a ellos y cortan el ARN viral, el material genético del virus, desactivando la infección. Pero con la edad y algunas condicionantes de enfermedades crónicas, la cantidad de microARN disminuyen, reduciendo nuestra capacidad de responder a los virus. Al no disponer de suficientes “soldados”, el coronavirus secuestra nuestra maquinaria celular para poder replicarse, y estos microARN claves involucrados en la respuesta inmune al virus, no pueden identificarlos y desencadenar la respuesta adecuadamente.

Los investigadores de este etudio observaron la secuencia de ARN de dos coronavirus, el SARS, que apareció en 2002, y el actual SARS-CoV-2, que causa la COVID-19, y por otro lado la secuencia de los microARN que parecían ser los candidatos para defendernos contra esos virus. Utilizando una simulación por ordenador intentaron averiguar cuál de esos candidatos de microARN encajaría como piezas de puzzles para activar la defensa.

Encontraron que 848 microARN se dirigen al genoma del virus SARS y 873 al SARS-CoV-2, de los cuales 558 combaten a ambos virus. Los microARN con más capacidad para atacar el SARS-CoV-2 mostraron más de 10 sitios objetivo y, en última instancia, podrían ser los mejores candidatos en la lucha contra el virus. También descubrieron que los microARN dirigidos al SARS-CoV-2 estaban asociados con otros muchos procesos biológicos, desde la producción de moléculas hasta la respuesta inmune, etc. Se conoce además que estos microARN de estos procesos biológicos se desregulan y/o disminuyen con la edad. También las enfermedades subyacentes como diabetes y enfermedad cardiovascular, son un factor probable en la disminución de los niveles de microARN y por tanto, aumentaría la probabilidad de agravamiento de la enfermedad y las tasas de mortalidad observadas en estos individuos, según los propios investigadores.

Un ejemplo de este tipo de microARN es el miR-15b-5p, que tiene una alta afinidad por el SARS-CoV-2, pero en personas con patologías relacionadas con las arterias coronarias presentan niveles disminuidos. Sin embargo, en personas jóvenes y sanas, estos microARN con alta afinidad para unirse al virus en su presencia, son más propensos a hacer lo que deberían y evitar la replicación.

Este estudio se ha desarrollado a partir de 29 muestras de enfermos tomadas entre enero y abril de 2020 de cinco continentes que cubren 17 países desde Estados Unidos hasta Alemania y Tailandia, observándose la presencia de los mismos tipos de microARN, lo que indica que el virus tiene una presencia bastante uniforme a nivel internacional y que cualquier tratamiento o vacuna desarrollada debería  ser eficaz en un amplio rango geográfico de la población.

Al haber sido una investigación con modelos por ordenador, el siguiente paso según los investigadores, es desarrollar estudios in-vitro y en animales de laboratorio para garantizar que los hallazgos son consistentes con el análisis por ordenador desarrollado en el estudio actual.

Si se confirman estos estudios preliminares, podrían existir un conjunto clave de microARN que son importantes para procesos biológicos normales pero también muy importantes para desencadenar una respuesta inmune adecuada al ataque del virus y por tanto, comprobar si esto podría ser utilizado como una herramienta terapéutica complementaria.

Ante todos estos hallazgos, se nos plantean otro tipo de dudas, por ejemplo en el caso de personas jóvenes afectadas gravemente por la COVID-19 y que no es la edad la desencadenante de la disminución de los niveles de estos microRNA, en estos casos, ¿cuál sería el patrón?.

Como siempre, todos estos estudios parecen esperanzadores para encontrar estrategias que nos acerquen al fin último de tener una terapia para luchar contra esta pandemia lo antes posible, pero debemos ser muy cautos con este tipo de avances por que queda mucha etapas por desarrollar para confirmar su validez.

Referencia: Fulzele Sadanand, Sahay Bikash, Yusufu Ibrahim, Lee Tae Jin, Sharma Ashok, Kolhe Ravindra, Isales Carlos M. COVID-19 Virulence in Aged Patients Might Be Impacted by the Host Cellular MicroRNAs Abundance/ProfileAging and Disease, 2020; 11 (3): 509-522 DOI: 10.14336/AD.2020.0428 

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El rejuvenecimiento del sistema inmunitario podría ser una de las estrategias para el tratamiento preventivo de la COVID-19 en personas mayores.

El envejecimiento es un proceso complejo y multifactorial que resulta el mayor factor de riesgo para las principales patologías humanas, como el cáncer, la diabetes, los trastornos cardiovasculares y las enfermedades neurodegenerativas.

Ahora, además, tristemente se suma la COVID-19 dentro de esta alta prevalencia en la que el virus se muestra más infeccioso y letal con las personas mayores. Las estadísticas mundiales de la pandemia del SARS-CoV-2 parecen indicar que es una infección que afecta en mayor proporción a las personas mayores. Según Worldometers, un recurso en línea que agrega datos sobre COVID-19, de las 1.864.639 personas infectadas en todo el mundo al 13 de abril de 2020, 433.825 pacientes se habían recuperado y 115.101 han muerto. En base a estos datos, se determina que la tasa de mortalidad (nº muertes/nº casos detectados) son hasta ahora de 3,6% para individuos de 60 a 69 años, 8% para individuos de 70 a 79 años y 14,8% para 80 años o más. La mayoría de la población infectada tiene 50 años o más, mientras que la mayoría de los fallecidos tiene 60 años o más.


Entre otras, una de las posibles causas de los aumentos mostrados en la mortalidad, gravedad y letalidad de la infección por la COVID-19 asociados con la edad es la inmunosenescencia, que es el deterioro gradual del sistema inmune provocado por el avance “natural” de la edad. Entre los factores que contribuyen a la inmunosenescencia se encuentra la disminución de la actividad crónica del timo con el transcurso de la edad. De hecho, las tasas de infección de COVID-19, estratificadas por edad, se correlacionan con esta disfunción del timo. Esta glándula es más activa en la edad infantil, alcanzando su tamaño máximo durante el primer año. Su actividad luego disminuye con la edad hasta que un individuo alcanza entre los 40 a 50 años, después de lo cual quedan pequeños rastros del timo restante, reemplazado por tejido conectivo fibroso. Como resultado de esta disfunción del timo, la generación de nuevas células T disminuyen significativamente según avanza la edad.

Esta inmunosenescencia asociada a la edad conduce a una capacidad cada vez más reducida para resistir las infecciones, lo cual produce daño biológico y pérdida de la homeostasis, lo que a su vez contribuye a un envejecimiento acelerado y al desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad generando una especie de “pescadilla que se muerde la cola”.

En este contexto, las medidas preventivas clásicas y las estrategias de tratamiento utilizadas hasta ahora para atacar enfermedades infecciosas como el caso de la COVID-19 pueden no ser tan efectivas, y podrían ser necesario contemplar estrategias alternativas geroprotectoras.

Estas alternativas de intervención deberían permitir especialmente a las personas mayores inmunocomprometidas generar una respuesta inmune más eficiente a las vacunas que se desarrollaran para ayudar a erradicar la enfermedad y así reducir la mortalidad asociada. Una vez que podamos salir de esta fase de intervención y con el propósito de disminuir esta tasa de mortalidad y mejorar la calidad de vida, principalmente entre las personas mayores y las poblaciones más vulnerable, los gobiernos y los sistemas de salud deben investigar estrategias preventivas y de intervención derivadas de los avances ya realizados en las investigaciones del envejecimiento.

Se han iniciado en la mayoría de los países y a nivel global diferentes vías de financiación para la investigación de tratamientos de enfermedades infecciosas en respuesta a la COVID-19, y aunque sin duda se invertirá mucho dinero en diferentes alternativas investigadoras, quizás sería interesante también asegurar la financiación de aquellas líneas prometedoras que ya estaban en marcha como por ejemplo las mencionadas sobre la mejora de la función inmune en las personas mayores.

En este punto podemos hacer una breve mención de las investigaciones alrededor de la mejora de la función inmune más destacables realizadas hasta la fecha como por ejemplo, la estrategia ya mencionada sobre el desarrollo de medicamentos que apuntan a la reactivación del timo atrofiado, donde se reactiva la producción de células T, o el desarrollo de inhibidores de mTOR que parece que han mostrado signos de ajustar el metabolismo para mejorar el sistema inmune.

Otras estrategias prometedoras son la regeneración de los ganglios linfáticos, vital para la coordinación de una respuesta inmunológica adecuada o la regeneración de la población de células madre hematopoyéticas que crea todas las células inmunes o la destrucción selectiva de células inmunes defectuosas o senescentes, las cuales han mostrado ser enfoques prometedores, pero todavía lejos de estar preparados para su salto a los ensayos clínicos. Quizás la estrategia de eliminación de células senescentes mediante terapias senolíticas es una perspectiva a más corto plazo para poder hacerse realidad.

Por tanto, resultaría interesante tener presente para aplicar en las etapas más avanzadas, estrategias preventivas de investigación contra la COVID-19 que puedan proporcionar terapias capaces de hacer que una persona de 70 años exhiba el perfil y la respuesta inmune de una persona más joven. Para ello, se requiere la voluntad para asegurar ahora los fondos de investigación para avanzar en las investigaciones más prometedoras de rejuvenecimiento del sistema inmune.

Referencia: Geroprotective and senoremediative strategies to reduce the comorbidity, infection rates, severity, and lethality in gerophilic and gerolavic infections. Alex Zhavoronkov. https://www.aging-us.com/article/102988/text

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Cuestionario que ayudará a analizar el impacto de la COVID-19 en las personas mayores

Como ya es sabido la COVID-19 está teniendo un alto impacto en toda la sociedad, pero especialmente en las personas mayores, al ser éste un grupo especialmente vulnerable.

Ante esta situación tan excepcional y llena de incertidumbres parece importante conocer cómo se está afrontando, con el fin tanto de aprender de ello como, tal vez, de mejorar qué hacer ante situaciones tan difíciles e inusuales en el futuro, lo cual contribuiría a manejar la situación en mejores condiciones ante potenciales nuevas oleadas de la pandemia.

Iniciativas en este sentido para tratar de analizar el impacto de la crisis que el coronavirus está generando en nuestro colectivo de personas mayores son de agradecer. Por este motivo es destacable la iniciativa del Grupo de investigación EVEN-UAM (Evaluación y Envejecimiento), liderado por  la Dra. Rocío Fernández-Ballesteros García, Catedrática Emérita de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid junto a Macarena Sánchez-Izquierdo, Doctora en Psicogerontología de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales de la Universidad Pontificia Comillas, que han desarrollado un cuestionario online destinado al colectivo de personas mayores con el objetivo de analizar y conocer el impacto del Coronavirus en la población mayor.

El cuestionario (de no más de 10 minutos) es anónimo y tiene el objetivo de conocer las respuestas de las personas mayores ante la situación actual de la COVID-19, y tras el análisis de las distintas oleadas de recogidas de datos las conclusiones que se esperan extraer se centrarán fundamentalmente en cinco aspectos: 1) Datos sociodemográficos y hábitat; 2) Situación de la COVID-19; 3) Salud y estilos vida; 4) Relaciones sociales y uso del tiempo libre;  y 5) Afrontamiento de la situación.

Un aspecto también interesante al final del cuestionario, es que se facilitan una serie de recursos, que se ponen a disposición de los participantes que pueden ser convenientes ante una situación de confinamiento como ésta.

PARTICIPAR EN EL CUESTIONARIO

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Correlación entre la actividad física y la reducción de la mortalidad en la vejez

En este periodo de confinamiento tan difícil en los que se nos ha reducido drásticamente la posibilidad de realizar actividad física, los que más pueden sufrir esta limitación obligatoria son una vez más, las personas mayores. Analizando diferentes estudios científicos sobre este aspecto, se vuelve a constatar la importancia del ejercicio para conseguir un envejecimiento saludable, incluso cuando se inicia en edades más tardías. Sin embargo, dada la forma en que se recopilan los datos  y la forma en que se realizan los estudios epidemiológicos, es difícil determinar la causalidad. Podríamos preguntarnos ¿La propia actividad física es la que ejerce la protección, o es que las personas más robustas viven más y hacen ejercicio con más frecuencia? Afortunadamente, los estudios equivalentes en animales sobre el ejercicio no son ambiguos y muestran que el ejercicio en realidad actúa para mejorar la salud a largo plazo y reducir la mortalidad prematuraAquí, los investigadores amplían la evidencia existente al enfocarse en las tendencias del ejercicio físico en la edad adulta, y cómo esas tendencias se correlacionan negativamente con la mortalidad, ya que una reducción en el ejercicio con el tiempo es peor que las demás alternativas.

La actividad física iniciada a temprana edad  y a largo plazo promueve una amplia gama de beneficios para la salud y ha sido reconocida como un importante factor de protección ante las enfermedades crónicas. Estos efectos beneficiosos se traducen constantemente en tasas de mortalidad más bajas tanto en hombres como en mujeres. Los efectos saludables de la actividad física podrían extenderse hasta la vejez, ya que se sabe que retrasan el inicio de la discapacidad y aumentan la esperanza de vida. Además, el ejercicio moderado podría estar asociada negativamente con otros resultados adversos como la hospitalización, reduciendo así el gasto en atención médica. Sorprendentemente, a edades avanzadas, los niveles de actividad física pueden superar otros factores de riesgo cardiovascular o sociodemográfico que se asocian normalmente con resultados adversos en cohortes de población más jóvenes.

Reforzando estas certezas y focalizando en nuestro entorno cercano, se puede consultar un estudio longitudinal sobre el síndrome de fragilidad en una población mayor de España (concretamente en Toledo, denominado Toledo Study of Healthy Aging) con el objetivo de investigar la influencia de diferentes trayectorias de actividad física dentro de la población mayor.

Todo esto ahonda en la necesidad de que aún con la reducción de las posibilidades de movilidad en estos días, mucho más complicada para las personas mayores, sigamos buscando la manera de mantenernos activos dentro de nuestras posibilidades, y especialmente en el caso de las personas mayores.

En este sentido existen multitud de recursos, aquí destacamos algunos:

PROYECTO “DIAPOW” – sesión de entrenamiento a domicilio adaptada para personas mayores INEF-UPM

- Recomendaciones de la Sociedad Española de Medicina del Deporte, la Agencia Española de Protección de la Salud en el Deporte y el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España.

- Guía de actuación y actividad física para personas mayores ante el confinamiento – Universidad de Cádiz

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Categorias: Actividad física

Jornada Sobre Prevención Malos Tratos y Abusos a Personas Mayores

Resultado de imagen de udp unión democrático pensionistasLa Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España, organiza el próximo 29 de octubre la  XLIII Jornada “Prevención Malos Tratos y abusos a Personas Mayores”, en el Salón de actos Santa Úrsula de la Universidad Católica de Valencia (Carrer de Guillem de Castro 96, 46001 Valencia).

Se trata de la segunda jornada sobre prevención de los malos tratos y abusos a Personas Mayores que organiza UDP en 2019. Una actividad presencial, de intervención Social y gratuita.

La jornada se desarrollará de 09:00 a 14:00 horas en dos mesas redondas enmarcadas en “Política y Justicia ante el maltrato a las Personas Mayores” y “los servicios sociales y sanitarios ante casos de maltrato”, dónde se tratará la violencia sobre las mujeres mayores, las experiencias y casos reales de la policía local en la detección, apoyo e intervención en los malos tratos a mayores, los protocolos de actuación de los servicios sociales y sanitarios o el modelo “Centros libres de sujeciones” entre otros temas, para abarcar este grave problema social de manera multidisciplinar.

Las mujeres mayores, más vulnerables ante los malos tratos

Mujer, viuda y mayor de 75 años de edad: la víctima más recurrente en los muchos casos de malos tratos que se dan en nuestro país. Las mujeres mayores deben hacer frente a una doble discriminación: por edad y género.

Por ello la XLIII Jornada Sobre Prevención de los Malos Tratos y Abusos a Personas Mayores, reivindicará la perspectiva de género en la actuación y prevención en los malos tratos y abusos a personas mayores.

En este sentido, UDP cree que la mejor forma de prevenir es conocer la existencia del maltrato a la persona mayor y fundamentalmente el maltrato que se produce a las mujeres mayores.

Con la XLIII Jornada de “Prevención Malos Tratos a Personas Mayores” UDP celebra una nueva formación para sensibilizar a la sociedad sobre los malos tratos que sufren las Personas Mayores, analizar el tratamiento jurídico-penal de la violación de los derechos de las Personas Mayores y determinar los indicios o signos externos que permitan detectar que una persona mayor está siendo maltratada.

Pero también se planteará y abordará posibles iniciativas y reformas legislativas y sociales dirigidas a paliar o solucionar el problema y para lograr una adecuada protección de los derechos y libertades de las Personas Mayores.

En 2019, UDP cumple 17 años formando en la identificación de las características, riesgos y consecuencias de los malos tratos, como pilar fundamental para sensibilizar a la sociedad, los profesionales y a las Administraciones, con el objetivo de establecer medidas y protocolos de prevención adecuados.

El próximo 29 de octubre, se podrá seguir el desarrollo de la jornada a través del Twitter y Facebook o a través del hastag #MayoresSINabusos

Tras la realización de la jornada, las personas asistentes que lo deseen podrán leer y descargar las ponencias de las personas participantes y expertas en el apartado del programa de Mayores UDP, al que se puede acceder desde aquí.

Para asistir a la XLIII Jornada “Prevención Malos Tratos y Abusos a Personas Mayores”, es necesaria la inscripción a la misma, a través del siguiente formulario.

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