Archivo de mayo, 2009

¿POR QUÉ TENGO UNA BITÁCORA?

Somos muchos los que de una u otra forma participamos de este mundo global con nuestras aportaciones. Creemos,  modestia aparte, que lo de pensamos y decimos puede serles de interés a otros, puede contribuir a generar o cambiar opiniones, tal vez aumentar el reconocimiento propio o de nuestras organizaciones o disciplinas, y, siendo un poco pretenciosos, mejorar este maltrecho mundo.

En nuestro caso la idea de crear una bitácora o blog vino movida por aportar opiniones, sugerencias e informaciones que pudieran ser útiles para otros fisioterapeutas, además de divulgar las mismas entre otros profesionales y público en general. Siempre desde la perspectiva de compromiso con la Fisioterapia como disciplina científica acuciada por problemas compartidos y propios. Además, desde una posición éticamente comprometida con la idea de servicio público de los servicios sanitarios orientada a la prestación de altos niveles de calidad. Por otro lado, imbuida también por una vocación docente, inspirada igualmente en la necesidad de fomentar una formación pre y posgrado tendente a la práctica basada en las aportaciones científicas propias y de otras disciplinas (para ver la aportación de las bitácoras al mundo educativo ver aquí).

Todos estos propósitos pueden calificarse de generosos, altruistas, fruto de un espíritu desprendido, pues normalmente el tiempo dedicado a las contribuciones más o menos periódicas a nuestras bitácoras no conlleva más contraprestación que comentarios alentadores de algún lector. Es la maravilla de  Internet la que nos alienta a pensar que no todo se hace a cambio de algo. Sin embargo, reconocemos o intuimos en los creadores de páginas o publicadores de entradas en blogs, depositantes de contenidos en las redes sociales, bases de datos virtuales, o sitios de intercambio, una cierta vanidad bien entendida. Esa valentía supone la intención de presentar o hacer valer nuestras opiniones o inquietudes, nuestras creaciones, nuestras experiencias, con el ánimo de que alguien o muchos les presten atención.

Más allá de estas consideraciones hay otras de índole práctico que animan a publicar lo que pensamos y conocemos. Las ventajas de internet son muchas. Nos proporciona una plataforma generalmente gratuita para editar los mensajes, de una forma inmediata, con la periodicidad que nos marque nuestra voluntad o disponibilidad, sin filtros ni intermediaciones, con la posibilidad de interaccionar con el lector a través de sus mensajes, o de enlazar con otros sitios de interés. Y todo ello sometido a una suerte de “darwinismo internauta” que nos desplazará de la atención de los buscadores y lectores si no les gustamos o atraemos.

Sin embargo, las ventajas de este formato de publicación no le eximen de peligros. La libertad con la que nos expresamos está marcada por la subjetividad en muchas ocasiones, con el sesgo sobre la realidad que ello puede suponer. Esa vanidad antes aludida puede convertirse en presunción, espoleada por el ansia de lectores, en la necesidad de publicar sin calibrar el alcance ola calidad de lo dicho. Si además ello logra audiencia, se pueden propagar mensajes que confundan al lector.

Creemos firmemente en la bondad de estas herramientas. Como otras muchas cosas todo depende del uso que se le dé. Nosotros, como hasta ahora, seguiremos publicando sobre todo lo que creamos que pueda fomentar una mejor Fisioterapia, una mejor sanidad y, con ello, una mejor sociedad. Además, esta es nuestra particular blogterapia, pues nos hace sentir que aportamos algo a nuestros colegas y a quien quiera escuchar.

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INFORME DE SALUD Y GÉNERO

Se ha publicado el Informe Salud y Género 2007-2008, Mujeres y Hombres en las Profesiones Sanitarias, elaborado por el Observatorio de Salud de la Mujer del Ministerio de Sanidad y Política Social.

La presencia de las mujeres en  un número cada vez mayor de ámbitos laborales, en la educación superior y, en concreto, en todo lo concerniente a las profesiones sanitarias, es objeto de tratamiento en este trabajo. Se aborda la llegada al mundo laboral cualificado de la mujer, su presencia en puestos de responsabilidad, los obstáculos que paradigmas incrustados en nuestra mentalidad social suponen para el desarrollo profesional de la mujer, la presencia femenina en los altos puestos de la universidad o su implicación en la investigación y publicación de trabajos.

Las profesiones sanitarias son cada vez más femeninas. La Medicina se está sometiendo a un proceso de feminización y la Enfermería se consideró durante mucho tiempo, desde una perspectiva peyorativa, como una profesión de mujeres. La Fisioterapia es hoy día ejercida en su mayor parte por mujeres. Sin embargo, esto se contrapone a la escasa presencia de la mujer a la cabeza de colegios profesionales, organismos de educación superior o como investigadoras y publicadoras de ciencia.

La Fisioterapia no supone una excepción aunque, junto con Psicología, Farmacia y Enfermería, supera el 40% de mujeres en las juntas directivas de los consejos generales de los colegios profesionales. La Fisioterapia es una de las profesiones más feminizadas, con un 67 % de mujeres colegiadas. En cambio, solamente un 7% de las presidencias de los colegios de Fisioterapia están ocupados por mujeres.

No pretendemos dar explicación  de este fenómeno pero es fácil entender que el lastre del pasado es de difícil y lento alivio. Los roles asumidos por las mujeres, las injustamente asumidas tareas sobre el hogar y el cuidado de los hijos, dificultaron y dificultan el ejercicio de una profesión que requiera un cierto grado de dedicación. Es verdad que la pretendida conciliación entre familia y trabajo se antoja imposible en determinados puestos. Y también es cierto que dada la incompatibilidad, real o incorporada al conjunto de nuestras creencias, se ha supuesto que es la mujer la que sacrificaría su profesión o una dedicación más intensa a la misma que promoviera su progreso. Parece que el discurso predominante, a pesar de las normas legales, mantiene el trasfondo de una mentalidad que pretendemos o quiesieramos superada.

Como fisioterapeutas estamos acostumbrados a trabajar con y entre mayoría de mujeres y nos parece lo más normal en los centros de trabajo sanitarios. No somos conscientes de diferencias salariales o laborales más que por motivos de obligada necesidad como los derivados de la maternidad y lactancia. Tal vez esta situación pueda ser distinta en ámbitos de la sanidad privada. Pero de lo que sí nos percatamos es de los recogido en el referido informe: el hecho de la maternidad condiciona el desarrollo profesional de muchas mujeres. Existen otras diferencias relacionadas con el género en el entorno sanitario. Así se habla de atención diferenciada en cuanto a la atribución de diferentes formas y objetivos en el tratamiento del paciente si este es hombre o mujer; la diferente atención en la consulta, cuando las médicos mantienen, por ejemplo,una actitud más comunicativa y participativa que los médicos; diferencias en el diagnóstico y el esfuerzo terapéutico (diferentes diagnósticos según género del médico, diferentes tratamientos  según género del paciente, diferente grado de consumo de medicación, etc.);  diferencias en el nivel de satisfacción, con preferencias por uno u otro sexo según zona corporal a tratar, mayor valoración de la mujer médico, o con prejuicios negativos si el tratante es mujer y además joven.

En cuanto a la formación de los profesionales sanitarios se afirma que  “es preciso advertir a profesionales, en su periodo de formación académica y de la forma más normalizada posible, sobre los mecanismos de acción de los estereotipos. Porque los estereotipos condicionarán sus opiniones, valores y expectativas profesionales sobre cuestiones claves, como los modos de enfermar de hombres y mujeres, las enfermedades o los puestos de trabajo propios de cada sexo, las profesiones masculinas y femeninas, el antitético valor de los cuidados y las innovaciones, o el diferente uso del tiempo profesional que destinarán ellos y ellas a la investigación y a la escucha de la población en la consulta “.

En lo que atañe a la Fisioterapia se ha observado “una diferente disposición a la promoción entre mujeres y hombres, más común entre los hombres, como también era más probable que los hombres publicaran más artículos que sus colegas. Las mujeres tenían menos contacto con sus superiores. Estas diferencias contribuían a las diferencias salariales, de rango y liderazgo entre colegas de una misma especialidad”.

De lo expuesto se distinguen diferentes actitudes según género de los profesionales en su ejercicio, de los pacientes hacia los profesionales, de los profesionales ante los retos y demandas laborales y familiares. Esto repercute en la practica diaria y en la proyección del profesional hacia los usuarios y hacia su carrera. Pero, además, afecta de lleno a la evolución de la profesión. En el caso de la Fisioterapia las distintas sensibilidades en los dirigentes de colegios, asociaciones, sociedades, condicionadas por el género, pueden influir en las directrices y prioridades de los mismos. Tal vez la orientación que se de en actividades formativas, la importancia que se de a facetas de la salud de la mujer (fisioterapia uroginecológica, fisioterapia en pre y postparto, etc.) sea distinta. La formación del fisioterapeuta debe tener en cuenta las consideraciones en cuanto a las percepciones sobre género de los pacientes y la diferencias expuestas sobre la práctica del profesional. En nuestra tarea formadora de pregrado hemos de tener en cuenta nuestras actitudes hacia los usuarios haciendo que tiendan a la eliminación de los prejuicios y las creencias  aludidos. No es admisible aceptar posturas y comentarios que privilegien la labor de un fisioterapeuta en razón de su género. Por otro lado, dado el desequilibrio que se da en el ámbito investigador en cuanto  a la presencia en el mismo por parte de la mujer, es una pérdida lamentable que las ideas, las aportaciones y el trabajo de  muchos fisioterapeutas, se vea constreñido o abortado por las dificultades sobrevenidas por ser mujer. Dada la necesidad de la investigación y de la formación en la misma deberíamos impulsar la implicación de cuantos más mejor. Ello puede suponer medidas de discriminación positiva en la asignación de recursos y becas hacia las mujeres interesadas. Es sólo una idea. Cualquier aportación que contibuya a fomentar el cambio de aptitudes y talantes en pro de una equiparación real de hombres y mujeres en el ámbito sanitario servirá de ejemplo para propiciar un cambio social, mejorar la calidad de la asistencia y a promover una mejor Fisioterapia.

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