Archivo de octubre, 2014

AMERICANOS, OS RECIBIMOS SIN ALEGRÍA

 

Pasaron los tiempos de Bienvenido Míster Marshall en los que aquello que venía de fuera, de América o de Alemania, era lo mejor. Claro, lo foráneo no es siempre lo mejor. Evidente. En el ámbito de las profesiones y de sus regulaciones tampoco. La Fisioterapia es un ejemplo.

Como de otras muchas cosas nos enteramos a través de las redes sociales de un mandato emitido por una instancia judicial en el Estado de Washington (EEUU), en la que se prohíbe a los fisioterapeutas realizar punción seca si no se han formado en ella. Textualmente la noticia dice:
«Under Washington law, the physical therapy scope of practice does not authorize the insertion of any type of needle, including acupuncture needles, for the purpose of “dry needling”, and their practice of “dry needling” constitutes the unlicensed practice of medicine».
No nos aventuramos a una traducción literal. El espíritu de la sentencia es el que hemos manifestado. Conviene aclarar que la sentencia exigiría que los fisioterapeutas que practiquen la inserción de agujas de acupuntura hayan obtenido una certificación adicional. Entendemos, entonces, que la aplicación de la técnica per se no estaría vetada al fisioterapeuta.

Merece recalcar que la restricción impuesta por esta norma es fruto de la demanda de una asociación de acupuntores. Estos aluden a la protección de la salud de los pacientes cuando hablan de la prohibición de aplicar punción a los fisioterapeutas. Para pinchar se requieren en Washington 500 horas de formación.

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Es inevitable pensar en la situación de la punción y de la acupuntura en España. Aquí la acupuntura no tiene la consideración de profesión, no hay una formación oficial y en el acervo sanitario se la considera como una medicina alternativa, sin base científica sólida. La demanda de la que hablamos sería impensable. Además, la punción seca sólo comparte con la acupuntura el instrumento. Ni los fundamentos, ni los objetivos, ni la aplicación coinciden.

La punción seca es una herramienta que viene siendo usada, en España al menos, fundamentalmente por fisioterapeutas. Entre ellos se ha desarrollado, son los que la han investigado y los que se forman en ella en el pregrado y , sobre todo, en el posgrado. Ha llegado a asumirse como un procedimiento de fisioterapia. Suponemos que ocurre en otros países.

Vemos pues como hay diferencias fundamentales que hacen improbable que en España se produzca algo parecido. El vacío legal, la no regulación de las mal llamadas terapias alternativas o complementarias, nos ha permitido a las profesiones reguladas incursiones en ellas. Por ello se han suscitado debates sobre su uso, la eficacia o ineficacia de las mismas, la ética de su aplicación. No pretendemos abordar esto aquí y ahora.

Lo sustancial para nosotros es que la hipotética regulación que se pudiera producir en el futuro de acupuntura, osteopatía, quiropraxia, etc., podría promover movimientos como los de lo americanos. No olvidemos que los fisioterapeutas de allí tienen encontronazos con esas profesiones (en EE.UU. tienen reconocimiento como tales) y ven restringido lo que aquí usamos con naturalidad. De ahí la reflexión que hemos expresado en otras ocasiones. La formas de aplicación de terapia manual son esenciales en la Fisioterapia. La ampliación de nuestras competencias con nuevos procedimientos, con aval científico, aunque sea empírico, es lícita, lógica y deseable, siempre que respetemos las competencias de otros profesionales. El modelo americano, con redundancias, solapamientos entre profesiones, además de culturalmente diferente no aporta ventajas más allá de la implantación de un libre y muy complejo mercado.

Aparte de una visión científica de la Fisioterapia es necesaria una visión política. La defensa de los intereses profesionales exige buscar la influencia en cualquier decisión que nos afecte. Puede calificarse esto de corporativismo, pero ello no tiene nada de malo a priori. Por ello, incluir las terapias manuales en general, la osteopatía, la quiropraxia u otras terapias complementarias entre las competencias del fisioterapeuta fue un acierto con una innegable visión de futuro.Quizá ello provoque rechazo en algunos colegas en aras de una integridad esencial, pero nos garantiza, posiblemente, la aplicación de procedimientos, muchos de ellos esenciales para la fisioterapia. El debate interno es sano y deseable. La crítica abierta puede dejar resquicios que perjudiquen a la profesión.

Nuestra posición es clara, entonces. Nos parece más inteligente mantener y propiciar un entorno legal que permita el ejercicio de las formas de tratamiento que ya realizamos, de las que emanan de ellas y de otras que formen parte de las esfera del tratamiento y el diagnóstico físicos. Y, no lo olvidemos, continuar con la prevención ante los intentos de inmiscuirse en lo que consitudinaria y competencialmente es fisioterapia.

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OPOSICIONES

 

Hace unos diás se celebró un proceso selectivo de personal para cubrir plazas de fisioterapeuta del Servicio Madrileño de Salud (SERMAS). Las esperanzas y anhelos de más de 5000 colegas se ponían en juego. Nosotros acudimos, más como curioso observador que como postulante. Y nos dimos cuenta de algunas cosas.

Han pasado varias jornadas y no queremos perder la frescura de algunas cavilaciones que se nos suscitaron. La más obvia, la ratio entre aspirantes y plazas, más de la treintena. La siguiente, derivada de la anterior, es la deducible masiva búsqueda de un empleo como el que se oferta. De esta emana la deducción de que las condiciones laborales de muchos fisioterapeutas son mejorables con un puesto en el servicio de salud convocante.

En el imaginario colectivo, expresión manida pero que viene a cuento, está incrustada la idea de que un empleo en la Administración nos sitúa en una posición segura y relativamente cómoda como alternativa laboral. Probablemente eso era lo que buscaban muchos opositores. Aspecto nada desdeñable en la situación del mercado laboral en España. Pero además, por lo dicho anteriormente, pensamos en las condiciones específicas que se dan en la Fisioterapia.

La cantidad de fisioterapeutas excede, seguro, la demanda de los mismos. Es evidente en la Sanidad Pública, pero también en el ámbito privado se dan síntomas de ello. La degradación de las condiciones laborales, los salarios, las minutas que se pueden ver en la publicidad de servicios de fisioterapia indican que para hacerse un hueco en el mercado laboral hay que bajar el listón de las aspiraciones profesionales.

El origen está, suponemos, en la proliferación de centros de formación desde hace ya décadas. La consecuencia lógica era la saturación del mercado. La solución, como hemos dicho en muchas ocasiones, es el establecimiento de medidas de regulación de la oferta formativa. Algo que nos tememos no va a ocurrir. El númerus clausus se hace necesario para esta y para otras profesiones. No tiene justificación emplear fondos públicos en formar profesionales a sabiendas que no podrán devolver a la sociedad lo que esta les entregó. No tiene sentido “engañar” a las familias pudientes o que se esfuerzan hasta límites que comprometen su economía doméstica para convencerlas de una formación excelente obviando  lo que hay tras la graduación.

Precariedad, desempleo, inestabilidad, además de anhelo de un trabajo seguro y regularmente remunerado, son las motivaciones de los opositores. Queremos suponer que hay también algo de espíritu se servicio, de ambición por proporcionar una fisioterapia pública de calidad, de intención de contribuir al crecimiento profesional y de la profesión en unas aceptables condiciones laborales. Nos gustaría que el que lo desee pudiera elegir la sanidad privada o concertada porque le ofreciera un ejercicio profesional satisfactorio. Sería un buen equilibrio. Pero, creemos que por mucho tiempo, no podremos ser optimistas.

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MÁS DE LO MISMO (III)

Como intuimos y advertimos en la entrada previa de esta saga, el tema del latente o manifiesto conflicto interprofesional ha sido, y será, recurrente. De nuevo otro episodio vivido por un fisioterapeuta nos ilustrará sobre una situación cotidiana en muchos servicios y unidades hospitalarias de la sanidad pública y privada del Estado español.

En un contexto de derivación con prescripción, emanado de un modelo presente y heredado del pasado, que se resiste a ser modificado por la inercia propia de los grandes sistemas sanitarios, los fisioterapeutas aplican sus tratamientos con criterios ajenos. No recuperaremos nuestros argumentos lapidarios, razonados, sobre esta situación. La Fisioterapia es una parte tan insignificante en los mastodónticos servicios de salud que recordarlos será, probablemente, clamar en el desierto. Esperemos que otros gestores descubran esta nimia representación de la ineficiente administración de la sanidad española.

Sin embargo, relataremos de nuevo un ejemplo concreto de las situaciones a las que esta forma de funcionar nos lleva y de las connotaciones éticas que de él se puedan extraer. Vamos pues. Un médico especialista en Rehabilitación, el cliente, nos pide aplicar unos determinados tratamientos a un paciente. Lo de pedir es un eufemismo, pues sea la relación cordial, amistosa o distante, en realidad la derivación lleva implícita o explícitamente una dirección, tutela o imposición. De otra manera el sentido de la derivación no tendría sentido. El fisioterapeuta decide que alguna de las peticiones no está de acuerdo con sus conocimientos basados en su experiencia pero también, menos mal, en lo publicado sobre situaciones similares. Obra en consecuencia, según lo que le exige el código deontológico y su lógica responsabilidad.  Lamentablemente, creemos, esto desata comentarios airados por el médico derivante, que reclama la supremacía de su criterio y el restablecimiento del tratamiento pautado. Como ya sabemos, esto no es otra cosa que negar al fisioterapeuta el desarrollo de su trabajo acorde a sus competencias legalmente reconocidas.

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