Archivo de enero, 2017

FÁRMACOS PARA LA INCONTINENCIA URINARIA

En la mayoría de nuestros pacientes es relevante la medicación que están tomando, tanto si está relacionada por el problema por el que acude como si no. En algunos casos será de una importancia capital, pues condicionará nuestra intervención. En otros la fisioterapia y la farmacología actuarán en sinergia. En otros, incluso pueden resultar incompatibles. Hoy nos ocupamos de la medicación en caso de incontinencia de orina.

Para ello recurrimos, como en otras ocaciones, al recurso “de apoyo para la toma de decisiones clínicas avanzado y actualizado continuamente” UpToDate, contratado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para la Sistema Nacional de Salud.

En primer lugar, la paciente con alguno de los tipos “puros” de incontinencia urinaria, de esfuerzo o de urgencia, y en situación peri o posmenopáusica puede beneficiarse de tratamiento tópico vaginal. Puede ser en forma de cremas, anillos o comprimidos vaginales. Las sustancias aplicadas son estrógenos que contrarrestan la atrofia vaginal. Sus efectos pueden demorarse hasta tres meses. La terapia estrogénica sistémica no se aconseja porque, contrariamente a lo que pudiera pensarse, puede empeorar la incontinencia urinaria.

En el caso de la incontinencia de esfuerzo el abordaje farmacológico parece que tiene escaso apoyo.  Se puede pensar en los inhibidores de la recaptación de adrenalina y noradrenalina, como la duloxetina. Si hay concurrencia de depresión e incontinencia de esfuerzo puede justificarse su uso. No es el caso de los agonistas alfadrenérgicos, que estimulan la contracción del esfínter liso, actualmente no recomendados.

Donde la medicación tiene más justificación es en el caso de incontinencia de urgencia, siempre que las medidas iniciales (modificación de estilo de vida y/o factores favorecedores, entrenamiento vesical, ejercicio del suelo pélvico, estrógenos tópicos) hayan sido ineficaces. En todo caso, cuando se recurre a la medicación combinarla con esas medidas aumenta las posibilidades de mejora. Los fármacos en este caso son los antimuscarínicos y mirabegrón (terapia betadrenérgica). Si el problema es la hiperactividad vesical el tratameinto es similar.

Los antimuscarínicos son parasimpaticolíticos, es decir, obstaculizan la acción del sistema nervioso parasimpático, precisamente el encargado del vaciado de la vejiga. Parece que los estudios muestran una reducción de la incontinencia de urgencia, aunque no sería completa. Entre ellos están darifenacina (no comercializada en España), fesoterodina (Toviaz®), oxibutinina (Ditropan®), solifenacina (Vesicare®),  trospio (Uraplex®)  y tolterodina (Detrusitol®). (más…)

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CARTA ABIERTA A “EL CLÍNICO”

Espero que los lectores que siguen a este escribidor poco prolífico, los visitantes fortuitos de esta bitácora y los responsables de los blogs de Madrimasd me permitan unas cuantas palabras de carácter personal, alejadas de cualquier pretendido o pretencioso tono científico. Me gustaría dirigirme, hoy sí en primera persona, a unos cuantos profesionales que nos han hecho más llevadera la desdicha sobrevenida allá por el mes de mayo.

Se veían las nieves, resistentes aún a este condenado cambio climático, en las cumbres de la Sierra de Madrid. Sin esperarlo, con la mente puesta ya en unas próximas y comprometidas vacaciones, una desgraciada fractura abierta de pierna, de consecuencias que estaba muy lejos de atisbar, irrumpió en la vida de quien me dió la vida. Diligentes, competentes, los profesionales del SUMMA prestaron su atención, su alivio y, nada esperado en esas circunstancias, su comprensión. Nos propusieron el Hospital Clínico para el traslado, aceptamos tras algún titubeo. Al fin y al cabo era el hospital de referencia de toda la vida. Un poco más tranquilos, Servicio de Urgencias, personal de enfermería y aparecen esos médicos jóvenes y piensas que serán los MIR del turno de sábado por la tarde, de cuya competencia no quieres dudar, pero esperando que tras esas puertas haya algún adjunto avezado. Son momentos de sufrimiento, llamadas, llanto escondido, algún reproche y mucha, mucha incertidumbre. Por fin, “la operamos esta misma tarde”. Alivio. Incertidumbre de nuevo.

Tras unas horas la operación sale bien, pero hay que atender a las circunstancias propias de un hueso añoso y fragmentado. Pasa a la Unidad de Reanimación, o URPA , como allí la llaman. Le das la mano, muchos besos, “todo va a salir bien”, y tratas de que no aparezca la lágrima que la inquiete. Pasa a planta, y te quedas con la enferma, no se debe quedar sola cuando siente, y siento, otra dosis de incertidumbre. Comienza esa primera etapa de ingreso, heridas frescas, rutina hospitalaria: comidas, curas, cuñas. Aparecen visitas, distintos médicos, con pijamas de distintos colores, con informaciones varias, a veces muy parcas. Otras, pausadas, detalladas, concretas, como las del geriatra, Mora. Llega la lucha por la aceptación de la independencia perdida, la aceptación de la ayuda para lo más simple e íntimo. Y aparece la reflexión de un profesional que, como este fisioterapeuta escribidor, ha pasado al otro lado. Escudriñas en tus actos y en los de “tus compañeros”, los cuidados cotidianos toman otra dimensión, las palabras de ánimo y de cariño hacia tu ser querido las ves a 72 puntos. Y aparece un enfermero, pongamos que se llama Sergio. Mirada limpia, cuidado sereno, te cuenta, te explica, y está muy predispuesto a ayudar.

Alta, dependencia, soledad, cuidados ajenos, espera, y más, más incertidumbre. Semanas, varias consultas, “vamos a esperar un poco más para apoyar”, “esa herida hay que vigilarla”. Seis semanas,  y apoya, anda, nos lo dice Antonio, se apellida Urda. Se ha levantado, te ha dado la mano, y te enseña la radiografía con explicaciones de cómo va ese hueso añoso.  Te das cuenta de la importancia de esos gestos. Pero la herida sigue regulín. Debes ver al que sabe de eso, otro médico, el cirujano plástico. Te recibe pronto, se llama Rubén. Y cuando ya no estás busca un momento para telefonearte, que vayas en dos días que quiere adelantar las pruebas porque, otra vez, la tienen que operar. Es mayor, su tejidos, sus arterias aguantan menos una cirugía de colgajo. Te lo explica, lo dibuja, sabe que soy fisioterapeuta porque se lo dijo el traumatólogo, y algo entenderé. Otra vez a quirófano, otra vez la maldita incertidumbre. (más…)

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